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martes, 11 de agosto de 2020

El Arco Iris: La señal del Pacto entre Dios y la humanidad.

 

EL ARCO IRIS: LA SEÑAL DEL PACTO ENTRE DIOS Y LA HUMANIDAD.

Más Allá del Arco Iris

Explorando el significado de la bendición que se recita al ver un arco iris.

Por Dr. Asher Meir

El judaísmo tiene una gran admiración por las bellezas de la naturaleza, y nos enseña a recitar bendiciones especiales cuando nos encontramos frente maravillas naturales tales como el mar, inmensas montañas, y mucho más.

Por ello, es difícil sorprenderse al saber que también tenemos una bendición para el arco iris, que es uno de los acontecimientos más impresionantes de la naturaleza. Pero esta bendición es distinta a las demás, ya que no se enfoca en el rol de Dios como Creador del universo y su belleza, si no que se centra, en el especial pacto con Noaj (Noé), que fue sellado con la señal del arco iris (Génesis, Capítulo 9). Esta bendición alaba a Dios “Quien recuerda el pacto, es fiel a Su pacto y cumple Su palabra”.

Otro aspecto destacable de esta bendición, es que, mientras es recomendable mirar el arco iris, y así apreciar y reconocer los regalos de Dios, el Talmud nos enseña que no debemos hacerlo excesivamente.

Aquí hay una forma para entender esta bendición y sus costumbres.

Cuando “vemos” un arco iris, lo que realmente estamos viendo es el sol; ya que su luz es refractada a través de una fina nube. Ahora, el efecto normal de una nube es bloquear los rayos del sol, y así nos evita el poder verlo directamente. Pero si la nube es muy fina, sucede lo contrario: lejos de bloquear los rayos del sol, la ligera neblina nos revela su verdadera naturaleza. Normalmente, vemos la luz del sol de un simple color blanco, pero el arco iris nos revela que de hecho los rayos del sol comprenden en si brillantes colores – ¡de hecho, un arco iris!

Podemos ver esto como una metáfora de nuestra existencia física. Desafortunadamente, el efecto usual al involucrarnos en asuntos materiales, es alejar la presencia de Dios. Claro está, que hasta las más densas nubes raramente bloquean toda la luz del sol, y un día tormentoso no es igual a la noche. Asimismo, una persona que está hundida en los asuntos mundanos, puede aún encontrar un aspecto espiritual en las cosas. Una persona así, no está completamente cubierta por la oscuridad, y la luz divina de todas maneras ilumina su mundo. Sin embargo, él es incapaz de reconocer la fuente de esa luz.

Por el contrario, cuando nos liberamos completamente de nuestro apego hacia los asuntos mundanos, cuando regresamos al Mundo de la Verdad, nada oscurece nuestra percepción de la fuente de luz espiritual. El cielo esta despejado y somos capaces de ver la deslumbrante luz del juicio Divino.

Sin embargo, hay un nivel intermedio. La persona verdaderamente justa, mantiene una refinada participación en este mundo. Tal persona se asemeja a la niebla a través de la cual el arco iris brilla. La persona creyente, demuestra que solo a través de una participación medida en este mundo, se puede percibir el deslumbrante espectro de colores en el arco iris de Dios.

El mundo material se convierte en un lente para revelar el esplendor de Dios

Este es el pacto que Dios hizo con Noaj y con la humanidad. La Torá presenta a Noaj como un hombre justo que siguió la senda de Dios (Génesis 6:9). A través de una persona como esta, el mundo material se convierte en un lente para revelar el esplendor de Dios – no en una neblina para obstruir su luminosidad. Por lo tanto, un mundo fundado por Noaj nunca hubiera tenido que ser destruido.

Entonces, ¿Por qué la prohibición de mirar excesivamente el arco iris? Hemos resaltado que mirar el arco iris en el cielo, es en verdad una forma de mirar el sol. Sin embargo, si enfocamos nuestra mirada solamente en el arco iris, entonces hemos perdido de vista el sol y estamos viendo la nube. En vez de mirar a través de la neblina estamos viendo la neblina misma.

El mensaje es, que mientras podamos percibir esas maravillosas expresiones divinas en la vida y en el mundo, si vivimos con moderación y rectitud, nunca debemos cometer el error de pensar que tal esplendor se origina en el mundo material. Esto es como confundir el arco iris con una luminosidad originada en la nube misma, y se podría identificar con la herejía del panteísmo. Nosotros tenemos permitido y hasta encomendado el ver la belleza del mundo, siempre y cuando utilicemos esta visión para profundizar en nuestra conciencia que la fuente primordial de belleza está en Dios.

Fuente Aish Latino

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miércoles, 8 de enero de 2020

La Señal de la Cruz


LA SEÑAL DE LA CRUZ

En la tradición Protestante prácticamente está prohibido hacer la señal de la cruz o persignarse, porque tal práctica alude supuestamente a una superstición católica Romana. Sin embargo, antes de que el Cristianismo fuera Romano o Reformado, era Católico. Con frecuencia podemos ver en la historia de la iglesia las referencias que se hacen a esta práctica en la iglesia primitiva. Los padres de la iglesia estaban conscientes de esta práctica, pero cómo no explican el mecanismo de está, no sabemos exactamente como se hacía. Sin embargo, el poder no radica en cómo se hace, sino en la cruz misma.

Tertuliano uno de los primeros padres apostólicos (c. 225 AD) escribe sobre la señal de la cruz:

“En cada paso que damos y en cada movimiento, en cada ir y venir, cuando nos vestimos y calzamos, cuando nos bañamos, cuando nos sentamos, cuando prendemos nuestras lámparas, en una piedra, en una silla, en todas las acciones ordinarias de la vida, trazamos sobre la frente la señal. Si buscas una ley en las Escrituras que valide nuestra práctica, no hallarás ninguna: la tradición es quién la origina, la costumbre la confirma, y la fe es fiel observador.” (De Corona 3).

Aquí podemos ver cómo Tertuliano está defendiendo lo que ya se ha establecido como tradición entre los primeros Cristianos. Admite que el persignarse no está en la Escritura, pero esa no es la cuestión, para él lo que importa es la fe viva de los Cristianos: las cosas que los Creyentes pueden hacer. La señal de la cruz es para Tertuliano algo que los Cristianos hacen infinidad de veces durante el curso de su vida diaria.

Casi un siglo después encontramos a Cirilo de Jerusalén (c. 386 AD) enseñando que los nuevos creyentes deben continuar la tradición que ha llegado a través de los siglos:

“No nos vamos a avergonzar de confesar al Crucificado. Vamos a poner la señal de la cruz como un sello en nuestra frente: sobre el pan que comemos, sobre las copas donde bebemos; en nuestra salida y en nuestra entrada; antes de dormir; al descansar y al levantarnos; cuando vayamos por el camino o mientras continuemos nuestra marcha. Es un poderoso salvavidas; no tiene precio; por el amor al pobre; sin fatiga, por encima de la enfermedad; porque es la gracia que proviene de Dios, una insignia de la fe, y el terror de los demonios; porque “Él los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” [Col 2:15]. Porque cuando miran la cruz, se les recuerda al Crucificado.” (Un Tesoro Patrístico: Sabiduría en la Iglesia Primitiva para nuestros días)

Tal vez fue el “racionalismo” quién marcó a la tradición como superstición. Sin embargo, no veo porque no podemos hacer la señal de la cruz en nuestra vida, al fin y al cabo es el símbolo de nuestra fe.

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 15 de octubre de 2019

Que hacemos cuando nos realizamos la Señal de la Cruz



QUE HACEMOS CUANDO NOS REALIZAMOS LA SEÑAL DE LA CRUZ

Hacernos la Señal de la Cruces un gesto simple pero a la vez una profunda expresión de fe tanto de los Católicos como de los Cristianos Ortodoxos.

Como católicos, es algo que hacemos cuando entramos en una iglesia, luego de recibir la comunión, antes de comer y cada vez que oramos. Pero, ¿qué es realmente lo que hacemos cuando nos santiguamos? Aquí hay 21 cosas:

1.- Orar.

Comenzamos y finalizamos nuestras oraciones con el Signo de la Cruz, tal vez no comprendiendo que el signo de la cruz es en sí mismo una oración.

Si la oración es en esencia “la elevación de nuestra mente a Dios” como lo dice San Juan Damasceno, entonces el Signo de la Cruz califica perfectamente como tal.

“No es un gesto vacío, el signo de la cruz es una potente oración que conecta al Espíritu Santo como nuestro Divino Intercesor y generador de una exitosa vida cristiana” (Bert Ghezzi)

2.- Abrirnos a la gracia


Como un sacramental, el Signo de la Cruz nos prepara para recibir la bendición de Dios y nos dispone para cooperar con Su gracia, de acuerdo a Ghezzi.

3.- Santificar el día

Como un acto que realizamos repetidas veces a lo largo del día, la Señal de la Cruz santifica nuestro día.

“En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz”. (Tertuliano)

4.- Consagrar todo nuestro ser a Cristo

En el movimiento de nuestras manos, desde nuestra frente a nuestro pecho y luego hacia ambos hombros, le estamos pidiendo a Dios su bendición para nuestra mente, nuestras pasiones y deseos, nuestros propios cuerpos.

En otras palabras, la Señal de la Cruz nos consagra en cuerpo y alma, mente y corazón a Cristo.

“Deja que tome todo tu ser, cuerpo, alma, mente, voluntad, pensamientos, sentimientos, tus acciones y omisiones, y sellándolos con la cruz, fortalécelo y conságralo todo con la fuerza de Cristo, en el nombre de la Divina Trinidad”. (Romano Guardini, teólogo del siglo XX)

5.- Recordamos la Encarnación

Nuestro movimiento es hacia abajo, desde nuestra frente a nuestro pecho “porque Cristo descendió de los cielos a la tierra”, escribía el Papa Inocente III en sus instrucciones para hacer la Señal de la Cruz.

Sosteniendo dos dedos juntos, ya sea el pulgar con el anular o el índice, también representan las dos naturalezas (humana y divina) de Cristo.

6.- Recordamos la pasión de Nuestro Señor

Fundamentalmente, al trazar las líneas de la cruz sobre nosotros, estamos recordando la crucifixión de Cristo.

Esta remembranza se ve profundizada si mantenemos nuestra mano derecha abierta, usando los cinco dedos para hacer la señal- correspondiente a las cinco heridas que sufrió Cristo.

7.- Afirmar la Trinidad


Al invocar el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, estamos afirmando nuestra creencia en un Dios Trino.

Esto también se refuerza si usamos los tres dedos para hacer la señal, de acuerdo al Papa Inocente III.

8.- Enfocar nuestra oración en Dios

Una de las tentaciones cuando oramos, es dirigirnos a Dios con nuestra concepción personal de Él- El hombre de arriba, nuestro amigo, una especie de genio cósmico, etc.

Pero cuando esto sucede, nuestras oraciones se tratan más de nosotros que de un encuentro con el Dios viviente.

La Señal de la Cruz inmediatamente nos enfoca en el Dios verdadero, de acuerdo a Ghezzi:

“Cuando invocamos la Santísima Trinidad, ponemos nuestra atención en el Dios que nos creó, no en el Dios que nosotros hemos creado. Dejamos de un lado esas imágenes y dirigimos nuestras oraciones a Dios que se ha revelado a sí mismo como: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

9.- Afirmar la procedencia del Hijo y El Espíritu


Al levantar primero nuestra mano a la frente recordamos que El Padre es La Primera Persona de la Trinidad.

Al bajar nuestra mano nosotros “expresamos que El Hijo procede de El Padre”. Y, al finalizar con El Espíritu Santo, aseguramos que El Espíritu procede del Padre y del Hijo, como lo dice San Francisco de Sales.

10.- Confesar nuestra fe


Al afirmar nuestra creencia en la Encarnación, crucifixión y en la Trinidad, estamos haciendo una mini confesión de fe en palabras y gestos, proclamando las verdades fundamentales de nuestro credo.

11.- Invocar el poder del nombre de Dios


En la escritura, el nombre de Dios tiene poder. San Pablo nos dice:

“Ante al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos” (Filipenses 2,10)

Y Jesús mismo dijo:

“Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el Padre sea glorificado en su Hijo. Y también haré lo que me pidan invocando mi Nombre”. (Juan 14,13-14)

12.- Crucificarnos personalmente con Cristo

Todo el que quiera seguir a Jesús debe “negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirlo” (Mateo 16,24). “He sido crucificado con Cristo”, escribIió San Pablo a los Gálatas en el capítulo 2,19.

“Proclamar la Señal de la Cruz es proclamar nuestro si a la condición de discípulos de Cristo” (Ghezzi)

13.- Pedir apoyo en nuestro sufrimiento


Al cruzar sobre nuestros hombros le pedimos a Dios “que nos dé apoyo- nos meta el hombro- en nuestro sufrimiento”, escribe Ghezzi.

14.- Reafirmar nuestro bautismo

Al usar las mismas palabras con las que hemos sido bautizados, la Señal de la Cruz es un “resumen y aceptación de nuestro bautismo” de acuerdo al Cardinal Joseph Ratzinger.

15.- Revertir la maldición


La Señal de la Cruz recuerda el perdón de nuestros pecados y da vuelta a nuestra caída pasando “del lado izquierdo de la maldición al derecho de la bendición” de acuerdo a De Sales.

El movimiento de izquierda a derecha también significa nuestro futuro paso de la miseria del presente a la gloria futura, como Cristo ha “cruzado de la muerte a la vida y del infierno al Cielo”, escribió el Papa Inocente II.

16.- Rehacernos a imagen de Cristo


En Colosenses 3, San Pablo usa la imagen de la vestimenta para describir como nuestra naturaleza pecadora se transforma en Cristo.

Debemos tomar nuestro ser viejo y ponerlo en el ser “que está siendo renovado… a imagen de su creador”, nos dice Pablo.

Los Padres de la Iglesia veían una conexión entre este verso y el desnudar a Cristo en la cruz, “nos muestra que debemos despojarnos de nuestra vieja naturaleza en el bautismo y ponernos una nueva como participación de nuestra desnudez con Cristo en Su crucifixión”, escribía Ghezzi.

Él concluye que podemos ver la Señal de la Cruz como “nuestra forma de participar en la desnudez de Cristo en la Crucifixión y ser vestidos con la gloria de Su resurrección”.

Así que al hacer la Señal de la Cruz, estamos identificando radicalmente con todo el evento de la crucifixión- no solo con esas partes que podemos aceptar o que podemos procesar sin dañar nuestras sensibilidades.

17.- Marcarnos a nosotros mismos por Cristo

En la Antigua Grecia, la palabra para señal era “sphragis”, que también era una señal de propiedad, de acuerdo a Ghezzi. “Por ejemplo, un pastor marcaba sus ovejas como su propiedad con una marca que llamaban sphragis” escribe Ghezzi.

Al hacer la Señal de la Cruz, nos marcábamos como pertenencia de Cristo, nuestro verdadero Pastor.

18.- Ser soldados para Cristo


El “sphragis” era también un término para el nombre de un general que era tatuado en sus soldados de acuerdo a Ghezzi.

Esto también es una metáfora de la vida cristiana: mientras podemos ser comparados a ovejas en el sentido que seguimos a Cristo como nuestro pastor, no debemos ser tímidos o mansos.

Más bien somos llamados a ser soldados para Cristo como lo escribe San Pablo en Efesios 6:

“Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza; tengan buen calzado, estando listos para propagar el Evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios”.

19.- Poderosa arma contra el demonio

La Señal de la Cruz es una de las muchas armas que usamos en la batalla con el demonio. Como decía un predicador del medievo llamado Aelfric:

“Un hombre puede mover sus brazos maravillosamente sin crear ninguna bendición hasta que hace la Señal de la Cruz. Pero, si lo hace, el enemigo pronto sentirá temor a cuenta de la victoria ya reclamada”.

En otra afirmación, atribuida a San Juan Crisóstomo, se dice que:

“Los demonios vuelan lejos ante la Señal de la Cruz “temiéndola como un bastón con el que están siendo abatidos”. (Fuente: Enciclopedia Católica)

20.- Sellarnos con El Espíritu

En el Nuevo Testamento, la palabra “sphragis”, mencionada antes, es a veces traducida como sello, como en 2 Corintios 1,22, donde San Pablo escribe que:

“Y Dios es el que nos da fuerza, a nosotros y a ustedes, para Cristo; él nos ha ungido y nos ha marcado con su propio sello al depositar en nosotros los primeros dones del Espíritu”.

Al hacer la Señal de la Cruz, estamos nuevamente sellándonos en el Espíritu, invocando Su poderosa intervención en nuestras vidas.

21.- Ser testigos para otros

Como un gesto que a menudo hacemos en público, la Señal de la Cruz es una simple forma de testificar nuestra fe para otros.

“No nos sintamos avergonzados de confesar al Crucificado. Que la Cruz sea nuestro sello hecho con valentía por nuestros dedos en nuestra frente, y en todo; sobre el pan que comemos, en las copas que bebemos; en nuestras entradas y salidas; antes de dormir, cuando nos acostamos y cuando nos levantamos; cuando estamos en camino y cuando estamos quietos” (San Cirilo de Jerusalén)

Fuente enlace católico

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