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sábado, 19 de junio de 2021

El niño que conoció a su hermana abortada en el cielo y regresó del coma para contarlo.



Los cristianos creemos que existe vida después de la muerte, mientras que otras personas dicen que después de morir ya no hay nada. Pero este niño tuvo una experiencia casi mortal e impactó a todo el mundo con sus declaraciones… Hasta el punto de hacer una película sobre ellas, El Cielo es Real (Heaven is For Real).

A los 4 años, Colton Burpo, tuvo una apendicitis aguda y tuvo que afrontar una cirugía de emergencia. La operación estaba considerada de riesgo muy elevado, y el niño quedó entre la vida y la muerte. Cuando despertó, reveló una experiencia increíble …

Colton tuvo una experiencia casi de muerte, y afirmó haber estado en el paraíso, conociendo a varios familiares ya fallecidos.

Al principio, nadie creyó en lo que decía, pero cuando empezó a contar historias de los parientes fallecidos, los padres quedaron impresionados. Él sabía cosas de las que poca gente tenía conocimiento, como las riñas que el padre había tenido con el abuelo, o de la existencia de la hermana que nunca llegó a nacer, debido a complicaciones en el embarazo.

“Yo mismo dudé de mi propia fe”, dijo el padre del niño.

El niño habló también en Jesús, diciendo que Él tenía “marcas en el cuerpo”, y que le mandó de vuelta para la tierra, debido a las oraciones de su padre.

sábado, 12 de junio de 2021

La madre monja, el hijo sacerdote. Conoce esta hermosa historia.




Con regularidad se puede pensar que los padres son los encargados de guiar a los hijos en un camino específico de la vida; sin embargo, en esta historia fue Jonas, un sacerdote brasileño, el que también logró mostrarle nuevos horizontes a su madre, quien encontró su vocación en la religión gracias a su hijo.

En una entrevista, Jonas Magno de Oliveira aseguró que desde los ocho años él tuvo clara su vocación religiosa, esto motivado por crecer en un hogar católico y por la labor de un sacerdote diocesano que lo inspiró. Sin embargo, considera que su familia, a excepción de su madre, vio su interés como algo pasajero, aunque no era así.

“Ella se inspiraba mucho en Nuestra Señora, que siempre fue silenciosa, dejaba que Cristo hiciera lo que tenía que hacer”, recuerda el sacerdote Jonas.

A los 13 años, mientras su madre estaba en un “retiro de silencio” y él se quedó en el seminario del Instituto del Verbo Encarnado, fue cuando pudo aclarar lo que quería para su futuro y confirmar su vocación.

Con su decisión tomada, lo único que le preocupaba a Jonas era el dejar a su madre sola, pues él es hijo único. Sin embargo, el camino religioso también le abrió las puertas a su madre.


“Mi mamá es enfermera, entonces las religiosas (de la familia del Verbo Encarnado) la invitaron a vivir con ellas porque necesitaban a una en el hogar donde cuidan a personas con deficiencias mentales. Mi mamá encontró maravillosa la idea”, aseguró el sacerdote.

Tras trabajar con el grupo religioso como enfermera, la madre de Jonas “descubrió su verdadera de vocación y entró al convento realizando su noviciado”, recuerda el hijo, quien detalló que su madre se inclinó por ser monja contemplativa.

La formación monástica de la madre del sacerdote comenzó en Brasil y continuó en la región de la Toscana en Italia, donde vive actualmente y lugar al que su hijo la fue alcanzar.

Tras ser ordenado sacerdote en mayo de 2020, Jonas cambió su residencia a Roma, muy cerca de su madre, lo cual él agradece a “por estar tan cerca de mi mamá”.

“… ahora estamos siguiendo a Cristo en el mismo camino, en la misma vocación y con el mismo carisma, lo que es algo bastante especial y para dar gracias a Dios”, mencionó el sacerdote.

lunes, 19 de abril de 2021

La madre quiso abortar, él se hizo cargo: "Crío yo solo a mi hijo porque su madre no lo quiso tener”



La historia de Luis Fernando Palacios sacudió las redes sociales. Fue en su cuenta de Facebook donde este mexicano de Monterrey, que trabaja como enfermero, relató cómo fue que tuvo que hacerse cargo en soledad del cuidado de su hijo Fabri.

En su extenso descargo explicó que todo empezó con un amorío fugaz. Era diciembre del 2017 y su vida por aquellos días, era completamente distinta a la de hoy. Contó que rápidamente se pusieron de novios y que su novia "ya tenía una hija cuando la conocí". En esos primeros días "todo iba muy bien" pero todo cambió cuando llegó el test de embarazo positivo.

"Quedó embarazada y obviamente estoy de acuerdo en que fue muy rápido y no la conocía mucho", explicó el joven y aseguró que desde ese momento ella cambió completamente. Celos, peleas en las que hasta intervenían otros familiares, discusiones tensas, la relación ya no era la misma y algunos días más tarde, la joven confesó que quería abortar.

"Aunque yo no quería y estaba rotundamente en desacuerdo, no podía hacer nada ya que era su cuerpo y ella decidía. A mí me tocó callar y alejarme", describió Palacios en su extenso texto. Allí también explicó que la joven utilizó pastillas para tratar de interrumpir el embarazo y la pareja finalmente se separó. Sin embargo, cinco semanas más tarde, la chica volvió a contactarlo.

Ella le explicó que algo no estaba bien con su tratamiento y fueron juntos al ginecólogo. "Al llegar ahí le hicieron un eco y nos confirmaron que el embarazo había continuado y que el bebé ya tenía 18 semanas y estaba bien formado".

Lo que siguió fue una pareja destruida, que como podía llevaba adelante la gestación del niño: "Eramos dos desconocidos con algo en común (Fabri). Yo la recogía con el auto, ella se subía e íbamos sin hablarnos hasta llegar al ginecólogo. Entrábamos veíamos al doctor y después yo la iba a dejar y todo sin decirnos una palabra. Así fueron los 9 meses".

Hasta que llegó el 31 de octubre: "A las 8 de la mañana me llamó un familiar de ella y me dijo que ya estaba en el hospital. Llegué y ya había dado a luz. Salió al otro día. Fui, la recogí, la dejé en su casa y me vine a la mía. Pasaron dos horas y llegó ella a mi casa con Fabri y todas las cosas que le había comprado para el bebé: ropa, leche, pañales, biberones, etc".

"Todos en mi familia nos quedamos sorprendidos. Ella me dejó el bebé a mí para que lo cuide mientras se recuperaba del parto. Vino al tercer día, estuvo 30 minutos solamente y después pasó una semana hasta que regresó".

El vínculo que se terminó


La madre poco a poco se fue alejando por lo que Luis presentó una denuncia para tener la total custodia del bebé.

Después de hacer los trámites legales, el joven obtuvo los derechos de su pequeño. "Llegamos a un acuerdo en el que yo tenía la guardia y custodia del bebé y la patria potestad sería compartida. Me acuerdo muy bien de las palabras que dijo ella ante la jueza: 'Lo quiero ver, pero no lo quiero tener'. La jueza se quedó impactada y fue cuando me dio los derechos".

El joven explicó que ella debía cubrir una pensión alimenticia de 200 pesos por semana y "tendría derecho a verlo las horas establecidas". Sin embargo, el vínculo entre la mujer y su hijo duró apenas unos meses.

"El último día que lo vio fue en marzo del 2019. Desde entonces que no sabemos nada de ella, y ni siquiera me habló para saber si está bien Fabri o no (que no me importa porque se que esta en buenas manos)".

En su relato, que ha ganado trascendencia en los últimos días, aseguró: "A mi hijo no le falta nada y el cariño de madre le sobra porque mi mamá es como su mamá".

Además, señaló que su hijo le cambió la vida: "Muchos pensaran quizás perjudicó o paró mi juventud, pero todo lo contrario. Yo llevaba una vida con excesos, no medía mis peligros, pero desde que llegó a mi vida hubo un cambio rotundo en mí".

"Quizás no me queda mucho dinero para mi porque todo es para él, pero he tenido muchos ángeles que me ayudaron a salir adelante".

"A todas esas personas que han estado cerca de él les estoy eternamente agradecido. Y mis padres y mis hermanos que nunca me han dejado solo, sin ellos no hubiera podido con tanta responsabilidad. Cuando tuve que salir a trabajar mi mamá se encargó completamente de él, sin ellos no sería nada", agregó.

Al finalizar, sentenció: "No todo padre es malo ni toda madre es buena".

sábado, 20 de junio de 2020

La muñeca diabólica del archivo de México, una historia de amor y locura. Francisco confiesa a la Santa Inquisición que su amor por Josefa lo condujop al diablo...


LA MUÑECA DIABÓLICA DEL ARCHIVO DE MÉXICO. FRANCISCO CONFIESA A LA SANTA INQUISICIÓN QUE SU AMOR POR JOSEFA LO CONDUJO AL DIABLO...

Un informe de la Inquisición de México resguardado en el Archivo General de la Nación destaca la historia de un sacerdote investigado en el siglo XVIII por confeccionar una muñeca de trapo que le recordaba a una mujer que amó. “Estaba tan desesperado que prefería la cárcel Inquisición a permanecer en el convento”, detalló el historiador Alejandro de Ávila.

El Archivo General de la Nación (AGN) de México guarda grandes historias como la de una muñeca de trapo del siglo XVIII que perteneció a Francisco Xavier Palacios, un hombre que, por amor, se adentró en la vida religiosa pero terminó vendiendo su alma al diablo.

Junto a la muñeca, se guarda también el informe que la Inquisición de México redactó cuando el propio Francisco se denunció a sí mismo por herejía.

Y la correspondencia que mantenía con su amada Josefa Sosa, quien confeccionó la muñeca para que la recordara, explicó a Efe el historiador y jefe del departamento educativo del AGN, Alejandro de Ávila.

El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de México se estableció en 1569 por mandato de Felipe II y era un organismo encargado de perseguir y castigar los actos contrarios a la fe.

En este caso, no fue necesario perseguir a Francisco porque en 1782 él mismo quiso colaborar con esta institución, que dejó por escrito el testimonio de quien fue fraile en el convento de Santo Domingo en la Ciudad de Oaxaca, además de las investigaciones llevadas a cabo por el comisario encargado del caso.

La historia comienza cuando Francisco tenía alrededor de 15 años y conoce a Josefa Sosa, quien doblaba su edad, estableciendo una relación más bien materno filial, ya que el joven había perdido a su madre y su padre lo trataba mal.


Pero poco después, se convirtieron en amantes.


Junto a la muñeca, se guarda también el informe de la inquisición de México redactó cuando el propio Francisco se denunció a si mismo por herejía.

Fue Josefa quien le pidió a Francisco que, aprovechando que cantaba en el coro de esta parroquia, entrara en la vida religiosa para así poder mantener una relación secreta y prohibida, puesto que, además de la diferencia de edad, ella estaba casada.

Aunque el joven aceptó, pronto se dio cuenta de que no estaba hecho para la vida religiosa, que implicaba castidad, clausura y pasar las 24 horas al servicio de Dios.

Por lo que, ante la negativa de su amante de sacarlo del convento, comenzó a tener problemas con sus compañeros y a pronunciar blasfemias a diario.

Tal era el odio que sentía Francisco por su entorno y por los límites a los que tenía que acogerse dentro de la vida religiosa, que incluso llegó a intentar quitarse la vida en dos ocasiones y, después de tratar por todos los medios de cambiar de vida, empezó a invocar al diablo.

Un día, cuando ya daba todo por perdido, la historia dice que un hombre que se presentó como el demonio apareció en su celda pidiéndole que cumpliera lo que había prometido.

Francisco le ofreció su alma a cambio de que lo sacara de la religión y que pudiera encandilar a cuantas mujeres quisiese, y así lo hizo ese diablo disfrazado de hombre.

Lo sacaría del convento en tres años y podría usar unos polvos tanto para abrir puertas como para llevarse al catre a mujeres, según contó el propio Francisco al tribunal inquisitorio.

Además, el supuesto demonio le pidió que una de sus amantes le confeccionara una muñeca de trapo mediante la cual adorarlo.

Después de algún tiempo llevando una vida alocada, los remordimientos acudieron a la mente del joven, quien decidió acudir a la Inquisición a denunciarse a sí mismo por herejía.

“Estaba tan desesperado que prefería la cárcel Inquisición a permanecer en el convento”, detalló De Ávila.

Fue entonces cuando la historia del fraile empezó a desmontarse: el comisario encargado del caso descubrió que las mujeres con las que Francisco había dicho tener relaciones no existían, hasta que llegó a Josefa.

La mujer explicó que la muñeca no fue hecha para adorar al diablo, sino para que, mientras Francisco estuviera encerrado en el convento, pudiera recordar a su amada al verla, “incluso con una connotación sexual”, añadió el historiador.

Ella también entregó las cartas que se enviaban, en las que mostraban el extraño fetiche de firmarlas con nombres como “tu negra”, “tu chino” o “tu chata”.

Y se despedían en ocasiones con LTMBS (la tierna mano beso solemnemente). “El TKM (te quiero mucho) de la época”, bromeó el historiador.

“Con esto Josefa reveló el amor que se tenían y la historia que Francisco Xavier Palacios había construido empezó a desmoronarse”, sentenció De Ávila.

Tras esto, el fraile fue condenado exclusivamente por haber dicho que el infierno era una mentira y que las almas cambian de cuerpo, conceptos que para la Inquisición del siglo XVIII eran totalmente inconcebibles.

Después de su condena, se desconoce cuál fue el destino de ambos amantes, si desaparecieron el uno de la vida del otro o si Francisco encauzó de alguna manera su vida.

En el Archivo General de la Nación se encuentran los más de 1.500 volúmenes de informes de la Inquisición, que fueron escondidos cuando se consumó la independencia de México y entregados al Museo de Antropología por el historiador Silvio Zavala el siglo pasado.

Fuente católicodefiendetufe

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miércoles, 27 de mayo de 2020

Las creadoras del feminismo odiaban el aborto y dirigían palabras muy duras a las mujeres que abortan



LAS CREADORAS DEL FEMINISMO ODIABAN EL ABORTO Y DIRIGÍAN PALABRAS MUY DURAS A LAS MUJERES QUE ABORTAN

El 8 de marzo está establecido por organismos y países de todo el mundo como Día Internacional de la Mujer, aprovechado como pantalla de las reivindicaciones feministas.

Con ese motivo, Sarah Terzo, que milita en el movimiento provida desde el ámbito del ateísmo y el secularismo (dirige la página web ClinicQuotes y es además miembro de la Prolife Alliance of Gays and Lesbians [Alianza Provida de Gays y Lesbianas]), ha recordado en un artículo en Live Action la postura ante el aborto de siete pioneras de los derechos de la mujer en Estados Unidos. No solamente todas ellas lo rechazaban, sino que dedicaban palabras muy duras a las madres que querían destruir o destruían la vida de sus hijos antes de nacer.

"The Revolution", referencia feminista y antiabortista



Elizabeth Cady Stanton (18151902) militó toda su vida en el abolicionismo y en el sufragismo. En 1848 participó decisivamente en la llamada Convención de Seneca Falls, que se considera como la primera muestra de feminismo organizado en Estados Unidos. Madre de siete hijos, dirigió la publicación The Revolution, donde dejó por escrito en más de una ocasión su opinión sobre el aborto.


Elizabeth Cady Stanton: "Asesinato", "maldad"... 
Por ejemplo, en el número del 12 de marzo de 1868, en un artículo titulado "Child murder [Asesinato de niños]" cita la investigación de un médico (el doctor Oaks), que habría descubierto, sólo en el condado de Androscoggin (Maine), "cuatrocientos asesinatos anuales producidos por aborto". Y añade: "Tiene que haber un remedio para esta maldad que clama al cielo".

Sarah F. Norton es conocida sobre todo por su batalla para que la Cornell University admitiese mujeres como alumnas, lo que finalmente logró en 1870. También en The Revolution, escribió un artículo contra el "feticidio", donde se expresaba con una sorprendente frescura, casi como podría hacerlo hoy: "Matar niños es un asunto fácil y cotidiano. Los asesinos de niños practican su profesión sin estorbo ni impedimento, abren carnicerías infantiles sin que nadie haga preguntas y se establecen con una impunidad que no se permite a los mataderos de ganado. Numerosas personas se muestran dispuestas a cometer esta forma de asesinato, y anuncian su negocio con descaro en los periódicos. A nadie parece sorprenderle. Se distribuyen folletos anunciando pastillas y pociones para conseguir ese objetivo, y de esa forma los nombres de semejantes asesinos de bebés y los métodos que practican se nos han hecho familiares... ¿Es que no hay remedio para todos estos asesinatos prenatales de niños? Tal vez llegue un día en el que una madre soltera no sea despreciada por su maternidad, y en el que no se negará al no nacido el derecho a nacer".

Palabras muy duras

Victoria Woodhull (18381927) fue, en 1872, la primera mujer que se proclamó candidata a la presidencia de Estados Unidos como forma de reclamar el voto femenino y una de las primeras mujeres brokers que operaron en Wall Street.

Victoria Woodhull: "No hay excusas", "la enormidad del crimen"... 
Era partidaria del amor libre y del divorcio, pero en cuanto al respeto a la vida humana no nacida, este párrafo deja claro que no admitía componendas ni paños calientes: "Las esposas permiten deliberadamente quedarse embarazadas de niños, y para evitar ser madres, con la misma deliberación los matan cuando aún están en su seno. ¿Puede haber una condición más inmoral que ésta? Somos conscientes de que muchas mujeres intentan excusarse a sí mismas de abortar, alegando que no es un asesinato. Pero el hecho de que recurran a un argumento tan débil sólo muestra con mayor evidencia que son plenamente conscientes de la enormidad del crimen".


Maddie H. Brinckerhoff fue una profesora en el Medio Oeste de Estados Unidos, sufragista y también colaboradora de The Revolution. Sarah Terzo explica que se ha alegado su defensa de la "maternidad voluntaria" para convertirla en defensora del aborto, pero nada más lejos de la realidad. Por ese término entendía que la mujer tuviese derecho a negarse a mantener relaciones sexuales con su marido, pero, una vez concebida una nueva vida, no había dudas: "Cuando un hombre roba para comer, concluimos lógicamente que algo no marcha bien en la sociedad. Del mismo modo, cuando una mujer destruye la vida de su hijo no nacido es una prueba de que algo se ha hecho muy mal en su educación o en sus circunstancias. La cuestión es: ¿Cómo evitar la destrucción de la vida y de la salud?".



Las primeras mujeres médico, tajantes

Elizabeth Blackwell (18211910), sufragista y abolicionista, fue la primera mujer en Estados Unidos en obtener el título de médico. En un artículo en el que describía física y fisiológicamente al embrión en términos de gran belleza, afirmaba que había que contemplarlo "con reverente admiración".

Elizabeth Blackwell: "Brutal perversión", "horror", "degradación"...
En su diario se lee, en referencia a una doctora que practicaba abortos en Nueva York, lo siguiente: "La brutal perversión y destrucción de la maternidad por la abortista me llenó de indignación y despertó en mí un antagonismo activo. Que el honroso título de ´mujer médico´ se aplique exclusivamente a mujeres que se dedican a este sorprendente comercio me parece un horror. Es una degradación total de lo que podría y debería ser la noble posición de la mujer".


Charlotte Lozier (18441870), "modelo e inspiración para la medicina, la ciencia y la investigación al servicio de la vida" (según el instituto que lleva su nombre), fue también una de las primeras mujeres médico de Estados Unidos.

Charlotte Lozier: "Vergonzoso", "repugnante", "antinatural"...


En 1869 un hombre acudió a su consulta en Nueva York un hombre que había venido desde Carolina del Sur, a quien acompañaba una chica de unos 18 años. El sujeto pretendía que la doctora Lozier le practicase un aborto. "La doctora", cuenta la crónica", "le espetó que había acudido al lugar adecuado para algo tan vergonzoso, repugnante, antinatural e ilegal. Ofreció su ayuda a la joven en lo que estuviese en su mano para el momento del parto, y la previno y aconsejó contra el terrible acto que ella y su acompañante (a quien denominaba ´primo´) pretendían".


Aparecen la "culpa" y el síndrome post-aborto

Susan B. Anthony (18201906) fue una de las principales colaboradoras de Elizabeth Cady Stanton en el movimiento sufragista, y una de las más célebres organizadoras pioneras del feminismo, no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa. En homenaje a su nombre existe la Susan B. Anthony List, un grupo de influencia que busca la elección de mujeres provida para cargos públicos, con objeto un día de revertir la legalización del aborto en el país.
Susan B. Anthony: "Culpable", "peso", "crimen"...

En un artículo que firmó con sus iniciales, pero que la mayor parte de los investigadores -explica Sarah Terzo- consideran suyo (se publicó en The Revolution, el periódico de su amiga y colaboradora), decía esto sobre la culpabilidad de la mujer en el aborto: "¿Culpable? Sí. No importa cuál sea el motivo, si el apego a una vida cómoda o el deseo de evitar sufrimientos al inocente no nacido, la mujer que comete el crimen es terriblemente culpable. Pesará sobre su conciencia toda la vida, amargará su alma hasta la muerte. Pero es triplemente culpable quien, por satisfacción egoísta, desoyendo las peticiones de ella, indiferente al destino que le aguarda a ella, la conduce a una desesperación que la empuja a ese crimen".

Y en un discurso de 1875 citaba el aborto junto a otros males ("rupturas del compromiso, divorcios, adulterios, bigamias, seducciones, violaciones, asesinatos de esposas, asesinatos de amantes, abortos, infanticidios") como prueba de "la incapacidad de los hombres para acabar con estos males sociales monstruosos".

El aborto, agresión del hombre



El resumen de los testimonios aportados es claro: las pioneras del feminismo consideraban monstruoso que una madre matara a su hijo fuesen cuales fuesen las circunstancias de su concepción. Veían el aborto como (la mayor parte de las veces) una agresión del hombre a la mujer, causándole un doble daño -como mujer y como madre- para librarse él de un problema. Y condenaban a una sociedad que, abocando a una estigmatización sin límites a la madre soltera, la empujaba al aborto.

Porque, como se ha visto, no ahorraban calificativos: ni hacia el crimen, ni hacia sus responsables.

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religion en Libertad

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domingo, 17 de mayo de 2020

La historia de la mujer que ha superado un parto prematuro de mellizos y un cáncer de mamá


LA HISTORIA DE LA MUJER QUE HA SUPERADO UN PARTO PREMATURO DE MELLIZOS Y UN CÁNCER DE MAMÁ
Por María Martínez López

La mujer ha recibido el premio Corazón de Madre de la Universidad CEU San Pablo por luchar por la vida de sus hijos

"Corazones ok". Diana Comas mandaba este mensaje cada día a su marido, durante las tres semanas que estuvo ingresada en el hospital de La Paz intentando evitar un parto prematuro para el que sus mellizos no estaban preparados. Luis y ella habían esperado a esos niños desde que se casaron cinco años antes, en 2009. "Como tardaban, yo rezaba y le pedía a Dios que me enviara algún hijo. Le prometí que si venía malito, lo cuidaría".

Llegó el embarazo. Todo iba bien hasta la semana 25, cuando Diana tuvo una amenaza de parto prematuro. "Una ginecóloga amiga mía me dijo con todo su amor que el niño no crecía y era probable que su corazón se apagara. Era inviable hacer una cesárea porque seguramente morirían los dos. Fue muy doloroso". Pero los diminutos corazones continuaban latiendo, y Diana estaba dispuesta a aguantar, tumbada e inmóvil, el tiempo que hiciera falta. Hasta que tres semanas después rompió aguas y los niños nacieron: Sancho con 752 gramos y Almudena con 960.

Cantando villancicos en la UCI...en junio

"Se paró el tiempo para nosotros", recuerda su madre. Durante casi un año desde ese 17 de diciembre de 2014, la vida del matrimonio giró en torno a la UCI de neonatos. Almudena evolucionó bien y en tres meses le dieron el alta. Pero Sancho tuvo que sobreponerse a un vía crucis de complicaciones: una hemorragia e infecciones cerebrales, 14 operaciones… "Nos decían que tendría parálisis, ceguera… Pero yo le miraba lo poco que se le veía de la carita, y veía fuerza en sus ojos".

Diana recogió el lunes el Premio Bárbara Castro a un Corazón de Madre, de la Universidad CEU San Pablo. Compartió acto con Jaime Mayor Oreja, presidente de la Federación Europea One of Us, premiado por su "defensa pública de la vida". La candidatura de Diana la presentaron su hermana y su cuñado, subrayando la fuerza y el ánimo que mantuvo esos largos meses. Pero ella reconoce que "nos sentíamos con el agua al cuello; vivíamos minuto a minuto". Como Almudena estaba ya en casa y Luis trabajaba, la madre de Diana se fue a vivir con ellos y contrataron a una persona en casa.

"Íbamos a casa como zombis, a comer algo y desplomarnos, sin saber qué nos encontraríamos al día siguiente: un paso adelante, un paso atrás… Pedía: 'Virgencita, cuídamelo'. Sí reconoce que "todos los días entraba en la UCI con unas ganas locas de hablarle y animarle. Como no estábamos muy puestos en canciones infantiles, ¡ahí estaba yo, cantando villancicos en junio! Igual de lícito hubiera sido encerrarme y llorar. Pero recibí de fuera una fuerza superior a mí. Pedimos mucha ayuda. Tiempo después, algunas personas me han parado por la calle para preguntarme si era la madre de Sancho y me han dicho que habían rezado por nosotros.

Un cáncer para Diana y días en urgencias con Sancho

Sancho llegó a casa en noviembre con menos secuelas de las previstas. Diana pudo permitirse dejar de trabajar gracias a la prestación por cuidado de menores con enfermedades graves aprobada en 2010, y gracias a mucha estimulación y terapias el pequeño empezó a andar con 3 años. También ve, al menos algo. "Y es súpervaliente; si ve una pelota, allá que se va. Se ríe de cosas graciosas, tiene picardía… Nos da muchas alegrías". Todavía no habla, y les han advertido de que seguramente tenga discapacidad intelectual. Además, cada vez que se acatarra «cae en picado y necesita oxígeno. Pero nosotros confiamos en Dios, en la Virgen, en él y en los terapeutas. Queremos que sea él el que nos demuestre que no puede hacer algo". Su hermana, Almudena, "piensa que es más pequeño que ella. Le explicamos que simplemente nació muy malito. Es lista como un ratón, y ahora intenta enseñarle palabras. Tienen una relación muy bonita".

Diana recuerda cómo, en el hospital con Sancho, "pedía a Dios que ya no tuvieran que operarle más de la cabeza. Que lo que le tuviera que pasar a él me lo enviara a mí". Funcionó. Cuando el niño ya estaba en casa y todos intentaban adaptarse al nuevo ritmo ("aún no habíamos levantado cabeza"), llegó otro golpe en una revisión rutinaria de unos quistes en su pecho: "Cáncer. ¡Qué horror! Es como si te dijeran que vas a tener que subir una montaña imposible. El día antes de empezar la quimioterapia le decía a un sacerdote: "Es que no quiero esta cruz”. “Cómo vas a quererla”, respondió. Pero poco a poco la he ido limpiando, haciéndola pequeñita, haciéndola mía".

Ya ha terminado el tratamiento, pero alguna vez tuvo que pedir que la llevaran a urgencias con Sancho nada más salir de una sesión de quimioterapia. Ella le quita importancia: "Cuando eso es tu rutina…". Siente sobre todo no haber podido atender bien a los niños ese tiempo. "Pero en la vida nadie se va de rositas. Hay veces que la gente no puede con dificultades pequeñas, y otras veces vienen las grandes y sí recibes esa fuerza. Igual que con Sancho pedimos muchas oraciones, ahora he tenido mucho que ofrecer. Y, de verdad, el sufrimiento tiene algo bonito, porque te quedas sin escudos y solamente puedes confiar. Yo me siento muy acompañada por mis amigos, por la Virgen y por Dios. Sé que nada que me pase será malo". Eso sí, "como Dios escucha mis oraciones (también le pedí ser de utilidad y ahora llega este premio)… ¡sí que le estoy pidiendo que nos dé una tregua!".

Fuente cope.es


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viernes, 8 de mayo de 2020

Kainut, la historia de cómo llegó a la Iglesia esta joven musulmana


KAINUT, LA HISTORIA DE CÓMO LLEGÓ A LA IGLESIA ESTA JOVEN MUSULMANA
Por: J. Lozano

Una joven dispuesta a morir para ser cristiana

Mientras en el Sínodo que se está celebrando en Roma los obispos debaten sobre cómo conseguir mantener a los jóvenes en la Iglesia, en el mundo hay otros jóvenes que literalmente se juegan la vida por su deseo de poder ser cristianos.

Es este, por ejemplo, el caso de Kainut, una joven musulmana que ha corrido grandes riesgos para poder bautizarse como católica en un país como Pakistán, donde los fundamentalistas islámicos tienen una gran influencia y en el que por ejemplo sigue condenada a muerte Asia Bibi.

Esta chica de 20 años creció como musulmana. Su padre era un fiel seguidor de Mahoma, y a su madre la obligaron a abandonar el cristianismo para convertirse al islam y casarse con él. Sin embargo, aquella fe de niña nunca le abandonó y en su corazón siguió amando a Cristo y a su Iglesia. Y precisamente este amor fue el que llevó a Kainut a querer abrazar esta misma fe, aun sabiendo a lo que se exponía.


Su madre cristiana fue secuestrada y obligada a ser musulmana

Ahora ella, su madre y sus hermanos están perseguidos, sufren acoso de los musulmanes extremistas y son discriminados. Sin embargo, están contentos por la decisión que tomaron. Ahora Kainut vive como católica y estudia Medicina.

En un testimonio relatado a Ayuda a la Iglesia Necesitada, esta joven cuenta cómo su madre cuando era estudiante “fue secuestrada por musulmanes que la obligaron a aceptar el islam y a casarse con mi padre. Es una práctica muy común en provincia convertir a la fuerza al islam a niñas hindúes y cristianas”.

Al final, prosigue esta joven, “mi madre admitió a mi padre como su marido y comenzó a vivir una vida normal con él. Tuvieron cuatro hijos, yo soy la mayor”.

Pese a ello, su madre nunca renegó de su fe y “fue secretamente a la Iglesia, y yo a menudo iba con ella”. En casa, Kainut recuerda que su madre leía a escondidas la Biblia. “Estaba claro que ella no abrazaba el islam, y en su corazón todavía era cristiana. También empecé a leer la Biblia e ir a la iglesia regularmente con mi madre”, explica.

Su enorme deseo de recibir la Comunión

Sin embargo, hubo un momento concreto en el Kainut decidió que realmente quería ser cristiana. “Una vez estuve en una iglesia –relata ella- y la gente estaba haciendo cola para recibir la Sagrada Comunión. Me uní a la fila, pero alguien me dijo que no se me permitía tomar la Comunión porque no era cristiana”.

El dolor que sintió por no poder recibir a Jesús la hizo llorar, y fue entonces cuando le dijo a su madre que quería poder tomar a Cristo en la Sagrada Comunión y que aceptaba a Jesús como su salvador.

Cuando todo parecía que se solucionaría...

De alguna manera, su padre se enteró y prohibió tanto a su madre como a ella ir a la iglesia, y durante un año entero no pudieron acudir al templo. Entonces su padre murió, pero lejos de que esto facilitase su conversión la complicó todavía más.

Sus abuelos paternos obligaron a su madre a casarse con un primo de su padre, lo que también es una práctica común entre los musulmanes. “Mi madre se resistió, pero no había salida y se tuvo que casar con él. Yo tenía 14 años en ese momento”, cuenta.

Su padrastro era también un musulmán estricto, pero Kainut tenía cada vez las cosas más claras y comenzó a leer la Biblia a diario en casa. Esta joven explica que “aunque él intentaba detenerme, mi madre me apoyaba. Cuando terminé de leer toda la Biblia, le dije a mi madre que quería ser cristiana, pero ella estaba muy preocupada de que mis abuelos y otros familiares pudieran matarnos”.

El sacerdote que no se atrevió a bautizarla

Aún así, esta paquistaní estaba dispuesta a ser católica a cualquier precio. “Fui a la Iglesia con mi madre, y le pedí a un sacerdote que me bautizara, pero él no estaba seguro: ‘esto es muy arriesgado, lo siento, no estoy en condición de bautizarte’, me dijo; el sacerdote temía que mis familiares u otros fanáticos musulmanes nos mataran si descubrían que me había bautizado. El tampoco quería crear un problema para sus feligreses”.

Ella aseguraba que estaba “dispuesta a morir por Cristo” así que aprovechando unas vacaciones de verano, fue a visitar a su tía, la hermana de su madre, a otra provincia. “Fuimos a la iglesia con ella y, nuevamente, me reuní con un sacerdote y le conté mi deseo de abrazar el cristianismo. Fue muy amable y me dio algunos libros para que los estudiara. Pasamos tres meses en la casa de mi tía yendo a misa todos los días. Y un domingo, después de la misa, el sacerdote me preguntó: ‘niña, ¿estás lista para el bautismo? Yo estaba muy feliz y le dije que sí. Finalmente, en 2013, mis dos hermanos, mi hermana y yo recibimos el Sacramento del Bautismo. Era más fácil en esa iglesia ya que estábamos lejos de casa”.

El día que por fin pudo comulgar

Después del bautismo regresaron a su casa, pero su padrastro había descubierto la conversión, y repudió a mi madre, que aceptó con alegría el divorcio. Consiguió trabajo y todos los hijos se mudaron a un apartamento e iban a misa todos los domingos.

Finalmente, su director espiritual pudo comunicarse con el cura que le había bautizado, y por fin la dieron permiso para recibir la Comunión. Era la chica más feliz del mundo.

Una nueva persecución

Pero los problemas no habían acabado para ella. Una noche en 2016, su padrastro y sus familiares irrumpieron en su casa diciendo a su madre que iban en búsqueda de Kainut. Querían impedir que se pudiera casar con un cristiano, y que en cambio fuera casada con un musulmán de 54 años. Ella tenía en ese momento 18. Su madre llamó a la Policía y finalmente les dejaron en paz, aunque temporalmente.

“Conté este incidente a mi director espiritual, y me alojó en un albergue dirigido por monjas, donde preparé mis exámenes para ingresar en la escuela de Medicina, porque quiero ser médico y servir a la humanidad”, afirma esta joven.

Pero la familia de su padre no se dio por vencida, y en octubre de 2017 dispararon a uno de sus hermanos. La bala impactó en sus pulmones y en las costillas. Su vida corrió peligro real.

“Mi familia se enfrenta a amenazas de muerte y no sé qué pasará con nosotros en el futuro, pero nuestra esperanza está en nuestro Señor Jesucristo”, concluye esta valiente católica paquistaní.

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religion en Libertad


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La historia del gato que busca la "protección" en la Virgen María


LA HISTORIA DEL GATO QUE BUSCA LA ‘PROTECCIÓN’ EN LA VIRGEN MARÍA
Por Cynthia Fabila

Monsi visita todos los días la iglesia de San Sebastián Mártir, en Chimalistac.
Monsi es el gato de la escritora Elena Poniatowska que se refugia a los pies de la Virgen María.

Uno de los personajes más asiduos a visitar la iglesia de San Sebastián Mártir, en Chimalistac y refugiarse a los pies de la imagen de la Virgen María, es “Monsi”, uno de los gatos de la escritora Elena Poniatowska que adoptó al morir el cronista de la ciudad, Carlos Monsiváis.

No es raro ver al gato merodear en el atrio de la iglesia, ni tampoco echado sobre una banca o estar presente en la Santa Misa en el regazo de alguna feligresa, comenta el padre Martín Muñoz, párroco San Sebastián.

Monsi, el atrevido

“Hay varios gatos por aquí, pero Monsi es el más atrevido. Cuando lo vemos en el templo tratamos de sacarlo, pero regresa. No sé, si odiar la terquedad del animalito o admirar su perseverancia”, ríe el padre Martín.

Asegura que el gato prácticamente pertenece a la comunidad, pues le traen comida, pero no cualquiera. “Le traen comida en sobres, que no es barata, y eso es lo que hace que el gato no se vaya”.

Monsi pareciera que es devoto a la Virgen María, destaca el padre, “siempre que lo queremos sacar, se va a refugiar a la falda de Nuestra Señora, la Virgen Dolorosa, eso me da pendiente, porque pueda dañar sus vestiduras. Sin embargo, es un animalito pacífico, es muy sociable, no es destructor, pero no a todos los feligreses les gustan los animales”.

El párroco asegura que el gato es muy remolón, porque insiste en que lo acaricien; “las señoras que ya lo conocen prefieren tenerlo cargado durante la Misa para que no esté paseando en la iglesia, porque hay gente que sí le molesta”.

No obstante, Monsi, el gato de Elena Poniatowska, se ha vuelto parte de la comunidad de la Parroquia de San Sebastián Mártir en Chimalistac, aunque su dueña no asista al templo.

Por desdelafe.mx

Fotos, Cynthia Fabila

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 5 de mayo de 2020

Una asombrosa historia de terror atada al poder del Santo Rosario


UNA ASOMBROSA HISTORIA DE TERROR ATADA AL PODER DEL SANTO ROSARIO
Por Miraculous Rosary

Reza el rosario cada día por protección y para derrotar a las fuerzas de Satanás! No te imaginas su increíble poder en el mundo espiritual.

Este es una poderosa e inquietante historia acerca del poder del Santo Rosario. En esta, se considera a un conocido asesino en serie en el estado de Florida, Estados Unidos, llamado Ted Bundy

Algunas personas están tan alejados de Dios y perdidos en el pecado que llegan a ser dominados completamente por el mal, pero nuestro Señor, a través de la Santísima Virgen María, tiene poder sobre ellos.

Rosario en mano

A las 3:00 de la mañana del 15 de enero, Ten Bundy ingresó en la casa de la hermandad «Chi Omega» en la Universidad Estatal de Florida y asesinó a dos chicas antes de ir a buscar a más víctimas.

Theodore "Ted" Robert Cowell Bundy

(1946-1989) secuestrador, violador, asesino en serie de mujeres.
Confesó 30 homicidios. Ejecutado en la silla eléctrica
el 24 de enero de 1989.Cuando entró en la habitación de la tercera chica con un bate como arma, él vio que la chica, aún durmiendo, tenía un rosario agarrado en la mano, entonces dejó caer el bate y huyó despavorido.

Más tarde, la niña dijo a las autoridades que antes de irse a la universidad ella le había prometido a su abuela que rezaría el rosario todas las noches por protección, aun cuando se hubiese quedado dormida en el proceso. Eso fue justo lo que había hecho esa noche, ella seguía sosteniendo el rosario cuando el asesino entró en su habitación.

Tend Bundy confesó más tarde, más de treinta asesinatos.

El Padre Joseph M. Esper narra en su libro «Con María a Jesús» lo siguiente:

"Irónicamente, cuando Ted Bundy fue condenado a muerte, en espera de ejecución por sus crímenes, él pidió al Monseñor Kerr que le sirviera como un consejero espiritual, y el sacerdote aprovechó la oportunidad para preguntarle sobre aquella terrible noche.

Bundy le explicó que cuando entró en la habitación de la tercera niña, que tenía la completa intención de asesinarla; un poder misterioso se lo impedía".

El Padre Esper añade:

"Y no sólo el rosario ayuda a nuestro propio crecimiento espiritual, sino que también socava el reino de Satanás".
El famoso exorcista de la Diócesis de Roma, el Padre Gabriele Amorth declaró en una oportunidad:

"Un día, un colega mío escuchó al diablo decir durante un exorcismo: «Cada Ave María es como un golpe en la cabeza. Si los cristianos supieran lo poderoso que es el Rosario, sería mi fin»"
Reza el rosario todos los días por tu protección y para derrotar a las fuerzas de Satanás!

El Señor te bendiga.

Adaptación y traducción por Qriswell Quero, del artículo publicado en: Miraculous Rosary, autor: Miraculous Rosary

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 21 de abril de 2020

Los asesinatos de fe: La verdadera historia de crimen en la comunidad de los testigos de Jehová



LOS ASESINATOS DE FE: LA VERDADERA HISTORIA DE CRIMEN EN LA COMUNIDAD DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ
Por James Kostelniuk


Un padre que perdió a sus hijos habla de crimen y traición dentro de la comunidad de los Testigos de Jehová


Ilustración por James McMullan

Estaba en casa con mi esposa, Marge, al tiempo que llegó el oficial del RCMP. Mi mente hizo un frenético recorrido por todas las posibles razones para su visita. Vestía de paisano y entendí por su porte que no se trataba de una llamada rutinaria. Recuerdo que no parecían las maneras que se espera de un policía, es decir, de forma calmada e impersonal. De hecho aparentaba estar muy nervioso.

El oficial parecía como si tuviera necesidad de algo firme sobre lo que sentarse y le ofrecí una silla en la mesa de la cocina. Tomó el asiento cautelosamente, como si pudiera romperse. Bajando la mirada hizo una pausa que pareció larga. Oí el papel que había sacado de su bolsillo y que sonaba entre sus manos, siendo entonces cuando advertí que estaba tembloroso. Pensé, "algo terrible ha sucedido". Entonces me di cuenta de que también yo estaba temblando.

Al fin le afloraron las palabras. "¿Es usted el padre de Juri y Lindsay Kostelniuk"? Sobrepuse mi ánimo y le dije que sí. "Siento comunicarle que ellos y su madre, Kim Anderson, han sido asesinados hoy hacia las 12, 30 del medio día en Burnaby, British Columbia. Jeff Anderson, marido de Kim, está bajo custodia de la policía".

Me descompuse y una especie de náusea me recorrió el cuerpo. Me sentí hecho añicos, como si una parte de mí estuviera estuviera observando desde cada rincón de la habitación.

"¿Cómo... han muerto?" , llegué a preguntar. ¿"Qué tipo de arma"?.

El oficial echó una ojeada a su papel y carraspeó. "Ha sido por disparos de escopeta, señor".

De nuevo las náuseas. Estreché mi estómago y me retorcí de dolor. ¿Una escopeta?

La voz de Marge sobresalió emocionada. "¿Por qué los niños?", gritó. "¿Qué han hecho? ¿Por qué...?"

El oficial hizo una mueca y se encogió de hombros impotente. "Lo siento", dijo. Es todo cuanto sé.

¿Qué otra cosa podría decir? ¿Qué podría decir nadie?

Ese día, 29 de agosto de 1985, marcaría el final de la vida que había llevado hasta entonces, así como el comienzo de un inconcebible estado de angustia y una pena interminable. También daría comienzo a una despiadada búsqueda de respuestas que me llevaría a hacer un examen de los rincones más oscuros de la experiencia humana.

A manera de terapia, comencé a escribir un diario, anotando mis sueños y los recuerdos de mi primera esposa y de los niños. Este ejercicio me llevó a darme cuenta de lo poco que llegué a saber de ellos después de nuestra separación. Empecé a trasladar el gran vacío que su asesinato dejó hacia una necesidad de información, sin la cual nunca llegaría a entender sus muertes. Y comencé de manera creciente a enfocar la atención sobre Jeff Anderson, el hombre que los había asesinado, como la única fuente de información.

A principios de abril de 1987, al recoger el correo, entre otros documentos, encontré un sobre delgado, color blanco, tamaño correo de negocios, pulcro y dirigido a mí. En el extremo superior izquierdo ponía: "Jeff Anderson, Internado, Kent Institution, Agassiz, British Columbia".

La carta estaba fechada el 2 de abril de 1987 y comenzaba así: "No hay palabras que puedan expresar la angustia por lo horrible de lo que hice...

Tomé la decisión de contestarle un mes después. Ese primer intercambio fue el comienzo de una correspondencia que durraría unos cinco años. Eventualmente serviría para poner de manifiesto toda la información que ansiaba.

Cuando conocí a Kim Evans en la primavera de 1972, en casa de un amigo, yo tenía veinticinco años, estaba soltero y andaba en busca de una chica testigo de Jehová apropiada para mí. Kim contaba con dieciocho años, recién graduada de la escuela superior. Era una testigo de Jehová de segunda generación, no una conversa como lo era yo, y tan sólo había conocido esa clase de vida.

Nos casamos al año siguiente y permanecimos juntos por casi seis años, no muy felices en su mayor parte. Kim era una ama de casa práctica y una excelente madre para Juri, nacido en 1974, y Lindsay, que nació en 1977, pero a menudo se sentía deprimida. Yo cumplía con mi obligación como proveedor de la casa, pero estaba un tanto alejado de la imagen que tenía Kim del marido ideal como Testigo. Según la doctrina de los testigos, el hombre de la familia ha de ser su cabeza espiritual, el que conduzca a sus miembros a través del camino recto y estrecho y manteniéndolos fieles. En lugar de proporcionar estabilidad, comencé a expresar profunda insatisfacción con la fe de los testigos de Jehová. Mis dudas amenazaban con alejar cada vez más a Kim y a los niños de lo que ella consideraba como su seguridad.

En abril de 1975 observé en las noticias de la noche que la guerra de Vietnam iba a terminarse. La guerra y todas sus atrocidades era algo repugnante para mí, pero los testigos de Jehová casi veían con displicencia su final. La doctrina de los Testigos ve en la guerra la señal del desorden que pudiera ser el desencadenante de Armagedón y la venida del Reino de Cristo. Los Testigos se veían desilusionados por el hecho de que el mundo parecía estar dando pasos hacia la paz. Comencé a darme cuenta de que 1975 no iba a ser un año diferente a cualesquiera otras fechas anteriores marcadas para ser el día del gran juicio, e intenté convencer a Kim de que aquellas predicciones eran disparatadas. Ella rehusó cuestionar o incluso considerar conmigo la doctrina de los testigos. Una y otra vez me decía que cualesquiera dudas o cuestiones que tuviera las expusiera a los ancianos.

Tres años más tarde decidí abandonar la religión de los Testigos de Jehová. Sabía que ello supondría el fin de mi matrimonio, y sabía que tendría que afrontar lo que ello representaría para mis hijos: Los Testigos de Jehová creen que los niños estarían mejor muertos que a cargo de un familiar incrédulo. Sabiendo cuán fuerte era el sentimiento de Kim hacia su fe, había decidido dejar la educación religiosa de nuestros hijos en sus manos.

Kim decía que encontraría un nuevo padre, alguien que asumiera el modelo espiritual para los niños y que fuera capaz de proporcionarle la vida de familia ideal que siempre deseó.

En mayo de 1980, un mes después de que Kim recibiera la notificación oficial de nuestro divorcio, ella dejó a los niños con su madre, Jackie, y se ausentó un fin de semana de vacaciones en Maui. Estuvo en un pequeño establecimiento con derecho a cama y desayuno en donde varios otros testigos de Jehová hacían vacaciones.

Allí conoció a Jeff Anderson, un testigo cinco años más joven que se presentó a sí mismo. Sin que Kim estuviera al tanto de ello, él acababa de escapar a Maui desde su casa en Texas, en donde era buscado por la policía local por robo. Había escapado con algo más de 300 dólares, una maleta y ropa. Al final de la semana había declarado su amor hacia Kim. Al pedirle una respuesta, ella sonrió nerviosa y dijo: "no sé. Me siento asustada.". Anderson le dijo que le gustaría irse cerca de ella (A Canadá) para continuar su relación. Ella contestó que le gustaría.

Después de un número de llamadas telefónicas de larga distancia y muchas cartas, Anderson abandonó Maui para vivir cerca de Tacoma, Washington, en donde contó a Kim que había obtenido un trabajo "en unos negocios". Los fines de semana había de cruzar la frontera a Canadá para visitar a Kim. En junio de 1981 propuso el matrimonio a Kim y ella aceptó. Poco después se casaron en Texas. Kim se fue a vivir con los niños a Houston.

Rápidamente Kim descubrió que Anderson le había mentido desde el primer momento que se conocieron. Le había hecho entender que llevaba una vida estable, pero su llamada carrera, en la radio, fue algo casual. Le reveló también que carecía de dinero para pagar el billete desde Canada, o el alquiler y depósito de garantía para su nuevo apartamento.

Anderson comenzó a ganar un pequeño sueldo como mecánico en la tienda de sus hermanos, pero no era suficiente para el sostén de dos niños y dos personas adultas. Kim tuvo que retirar dinero de sus escasos ahorros para mantener la familia y eventualmente hubo de echar mano de las cuentas de ahorro de los niños para atender las necesidades.

Kim llegó a estar temerosa por su situación financiera y el cada vez más enrarecido entorno de Anderson. Este insistió en llevar control de todo cuanto hacía la familia: las compras, la limpieza, la vestimenta de los niños, a dónde iban y lo que Kim hacía con su tiempo. Kim sintió una repugnancia hacia el sexo, cosa que también sintió en nuestro anterior matrimonio, pero que ahora se acentuó debido a la creciente crispación y temor ante Anderson. Cuando ella rechazó "el cumplimiento de su deber de esposa", él la amenazó con violencia y la intervención de los ancianos Testigos.

Kim se volvió a Calgary. Aterrorizada por lo que yo pudiera descubrir en ralación a su situación familiar e intentar obtener la custodia de los niños, a nadie habló de sus problemas.

Perplejo por las razones que la hubieran llevado a regresar tan pronto de Houston, la llamé por teléfono. Me dijo que no había razón para que me preocupara. Cuando le mencioné que deseaba visitar a los niños objetó con vehemencia. Dijo tajante que una Atalaya de septiembre de 1981 había puesto de manifiesto una normativa con respecto a la "desasociación" o expulsión de la comunidad. Todos los Testigos de Jehová corrían el riesgo permanente de ser expulsados si se asociaban con un Testigo expulsado o descarriado de alguna manera. Ella trataba de seguir al pie de la letra esa política.

"Pero Juri y Lindsay son pequeños", dije. "No son lo suficientemente adultos como para poder tomar una decisión como esa con respecto a su padre".

Kim replicó lenta y seriamente, "ellos probablemente no quieren tomar esa decisión, pero ellos quieren agradar a Jehová".

Entre tanto Anderson se desplazó en coche a Burnaby, B.C., a donde, a la sazón, Kim se había trasladado, con la determinación de solucionar el asunto de su matrimonio. Sus discusiones se intensificaron a tal grado que los niños llegaron a sentirse emocionalmente perturbados, gritando con frecuencia o enfureciéndose . Incapaz de manejar la situación, Kim se puso en contacto con los ancianos locales. Formuló acusaciones contra Anderson, en la confianza de que lo que ella les contaba llegaría a convencer a los ancianos de la justificación para una separación matrimonial. Al contrario de eso, ellos ordenaron a la pareja a que volvieran a convivir. Kim regresó a casa contrariada y desconcertada.

En julio de 1984, Kim se contactó con un asistente social del Ministerio de Servicios Sociales, quien le aconsejó que de inmediato abandonara a Anderson a fin de proteger a los niños. Anderson se puso en contacto con los ancianos Testigos, quienes ordenaron a Kim que volviera con su marido. Ella rehusó y pudo recobrar la aprobación de la congregación mediante la dedicación de más y más horas como precursora en la predicación de puerta en puerta. Así quedó restaurada su honorabilidad.

Yo hacía frecuentes llamadas telefónicas a Kim solicitándole visitar a los niños, pero, salvo en una ocasión en la que me permitió visitar a Lindsay, siempre recibía la misma respuesta: Los niños deseaban obedecer a Jehová y evitar la asociación con quienes han sido expulsados. Kim se mostraba cortés y amable, pensando que era natural y razonable lo que decía, pero calmadamente me explicaba que no podía esperar ver de nuevo a mis hijos a menos que regresara al redil de los Testigos.

Siendo muy improbable que yo volviera a ser nuevamente Testigo de Jehová, fui aceptando de mala gana el hecho de que, probablemente, no llegaría a tener una relación con ninguno de mis hijos hasta que alcanzaran suficiente madurez como para poder decidir por sí mismos. Sólo me quedaba la esperanza de que no siguieran ciegamente las enseñanzas de los testigos por el resto de sus vidas.

Mi propia vida había tomado un mejor rumbo cuando conocí a Merge Erhart Romanyshyn en 1980. Nos casamos en 1981 en una ceremonio de la Iglesia Unificada. Nuestro matrimonio era estable y placentero.

Con frecuencia mis hijos, físicamente separados de mí, aparecían en mis sueños; a menudo experimenté períodos de intensa tristeza y ansias por ellos. También tuve sentimientos de culpa por haber dejado a mi familia en manos de los Testigos de Jehová. De muchas maneras llegué a sentir que había obtenido mi felicidad personal a expensas de mis hijos y esperaba castigo de Dios por mi egoismo.

En mayo de 1985, observé un pequeño animal muerto en la carretera. Al acercarme vi que se trataba de un pequeño petirrojo ricién atropellado. La vista del cuerpo aplastado me perturbó profundamente y no pude alejar aquella imagen de mi mente. Me dije que me estaba comportando irracionalmente, pero llegué al convencimiento de que aquello era un mal presagio y que algo tenía que hacer con mis hijos. Durante muchos días después estuve preocupado por ellos.

Aunque los sentimientos eventualmente remitieron, continué sintiéndome inquieto y en diversas ocasiones tuve que vencer el impulso de llamar a Kim para ver cómo les iba a los niños.

Entre tanto Jeff Anderson se había mudado a un apartamento sótano por debajo del complejo de apartamentos de Beta Avenue en Burnaby, donde vivía Kim con los niños, y asistía a las reuniones de la misma congregación de los Testigos.

Kim rehusó dar contestación a sus largas y frecuentes cartas, y Juri y Lindsay eventualmente dejaron de reconocerlo en público.

El entorno de Anderson se hizo cada vez más perturbador. Kim se vio obligada a cambiar la cerradura de las puertas y cerrar las ventanas por la noche después de darse cuenta de que Anderson andaba al acecho en más de una ocasión por los alrededores del apartamento. Habiendo tenido noticia de que ella y los niños se tomaban unas vacaciones, pinchó los neumáticos del coche de Kim para evitar que se marcharan.

La madre de Anderson visitó Burnaby a finales de julio con la esperanza de hablarle para que se volviera con ella a Houston, pero él estaba absorto en la idea de regresar con Kim y los niños y rechazó marcharse de Barnaby sin ellos. Su madre le rogó que se olvidara de todo lo referente a Kim, pero fue en vano.

Anderson comenzó a pensar en la compra de un arma esa primavera, pero no estaba familiarizado con las leyes de tenencia de armas del Canadá. Se interesó por un revólver 357 Magnun de un anuncio en el periódico. Se trataba del mismo modelo que había tenido en Houston, pero el propietario rehusó vendérselo sin el Certificado de Adquisición de Armas de fuego. De modo que por 100 dólares logró comprar ilegalmente una escopeta. Después de comprar una caja de veinticinco proyectiles, recortó buena parte del cañón del arma, colocó tres balas en la cámara y la guardó junto a la munición debajo de su cama. Así mismo comenzó a escribir una carta a la madre y al padrastro de Kim.

A finales de julio de 1985, unos dos años después de que visité a Lindsay y tres años después de haber visto a Juri, tuve una serie de sueños aterradores, todos ellos en una misma noche. Estaba tan angustiado que al día siguiente llamé por teléfono a Kim tan pronto como me fue posible para interesarme por los niños.

En su respuesta había un tono de buen humor que hacía tiempo que no lo había oído. Me puso al corriente del progreso escolar de los niños. A Lidsay de ocho años le había ido especialmente bien en sus dos primeros años de enseñanza primaria e iba en camino de graduarse de tercero; Yuri de diez años se iba convirtiendo en un joven responsable, sintiendo predilección por las matemáticas y los programas de televisión que trataban sobre el espacio exterior. Tuve la sensación de que Kim había encontrado estabilidad y había logrado ser feliz después de separarse de Anderson y que estaba afrontando una nueva etapa en su vida. Mis inquietudes se desvanecieron.

Una vez más le pregunté si podía ir a Burnaby para visitar a los niños y, de nuevo, me respondió que los niños no querían desobedecer a Jehová. Ante mi insistencia me propuso que fueran los propios muchachos quienes por teléfono me lo expresaran. Recordando la última vez en que había intentado hablar por teléfono con Juri (una penosa conversación en la que él había apenas pronunció palabra), decliné la propuesta.

Kim pareció complacida con mi cooperación y continuó hablándome de los niños, haciéndome saber una vez más que probablemente ellos se sentirían muy felices de encontrarse conmigo en caso de que llegara a ser de nuevo un testigo de Jehová. En ningún momento de nuestra conversación hizo mención alguna sobre Anderson.

Juri y Lidsay Kostelniuk
con su madre, Kim Anderson, por cortesía de the Vancouver Sun

A primeros de agosto, Jeff Anderson partió de Burnaby en una gira de tres semanas en motocicleta por el sudoeste de los Estados Unidos. Durante su ausencia, su apartamento sótano en 250 Beta Avenue se inundó accidentalmente y una de las mantenedoras del edificio, también testigo de Jehová, descubrió el arma junto con la munición entre las pertenencias de Anderson. Comprensiblemente preocupada, consultó a dos ancianos Testigos de la localidad, quienes se entrevistaron con Anderson cuando éste volvió. Conocedores de que estaba deprimido, le preguntaron sobre lo que pensaba hacer con el arma. Al principio Anderson alegó que lo necesitaba como autodefensa para después confesar que había estado considerando el suicidio. Exigió de forma airada la devolución de lo suyo. Los ancianos se negaron y el arma fue entregada al RCMP el 24 de agosto de 1985.

Ese mismo dia Anderson se fue a comprar a crédito una escopeta semi-automática del calibre del doce, mediante una nueva tarjeta de crédito que acababa de obtener. Una vez más recortó los cañones, compró una caja de munición y cargó la recámara.

Al dia siguiente un policía de la RCMP de Burnaby fue al apartamento de Anderson para inquirir sobre la tenencia del arma. Anderson exhibió un pasaporte de los Estados Unidos y contó al oficial que había venido a Burnaby para reconciliarse con su esposa. Explicó que estaba familiarizado con las armas de fuego por haber sido guarda de seguridad en Texas y que no disponía del obligado Cerrtificado de Adquisición de Armas para la escopeta, porque no se había percibido de que fuera necesario. Preguntado por la razón para recortarle los cañones, respondió que de esa manera facilitaba su manejo. El oficial le explicó que era ilegal recortar los cañones a una escopeta y le dijo que haría indagaciones sobre él en Texas.

El policía no obtuvo información alguna procedente de Texas con respecto a Anderson y, como resultado, no vio necesidad de completar la investigación. Al tiempo de su visita, carecía de noticias relativas a la nueva escopeta que Anderson había adquirido el día anterior, la cual había colocado en un armario junto a la escalera, recién engrasada y puesta a punto en el momento en que el oficial llamaba a la puerta de Anderson.

En la mañana del 29 de agosto de 1985 Anderson terminó de redactar la nota de suicidio que había comenzado al principio de la primavera. La nota iba dirigida a la madre y al padrastro de Kim, Jackie y Norman Cole. En la misma expresaba su pesar por "la cosa terrible que he hecho", lamentándose por el "dolor", la "angustia", la "rabia" y la "frustración" que la "indiferencia" de Kim le había causado, el hecho de que Kim parecía estar "disfrutando de su liberación" y "retregándoselo por el rostro". Terminaba la carta afirmando que no merecía la pena vivir más y "en modo alguno lo deseaba sin Kim".

Al terminar la carta hizo una corta gira en motocicleta. Cuando volvió a su apartamento colocó la escopeta de cañones recortados verticalmente en una gran bolsa de papel de una tienda y cubrió los cañones cocn una funda de trípode. Había tres balas en el arma y el resto de la munición (veintidós balas) en los bolsillos de su chaqueta. Poco después de las once de la mañana telefoneó a Kim.

Cuando Kim atendió al teléfono, él colgó sin decir palabra. Pensando que podría haber sido su madre, Kim telefoneó inmediatamente a Jackie.

Después de colgar el telófono Anderson dejó la carta de suicidio en su apartamento y caminó media manzana hasta el apartamento de Kim en 107-205 Beta Avenue. Al llegar frente a la puerta sacó el arma de la bolsa. Al encontrar la puerta abierta entró al apartamento, cerró sigilosamente la puerta tras sí y avanzó dos o tres pasos por el salón hacia la cocina.

Anderson encontró a Kim en camisón sentada a la mesa de la cocina, hablando por teléfono con su madre. Apoyando el arma a la altura del cuello, la apunto hacia ella y esperó a que ella lo advirtiera. Le pidió que colgara el teléfono y le dijo que necesitaba hablarle. Kim lo observó por un momento y tranquilamente dijo a su madre: "He de dejarte. Hay un arma apuntándome". Jackie preguntó si podía llamar a la policía y Kim le dijo que sí. Kim colgó el teléfono y se levantó.

Momentos después volvió a sonar el teléfono, pero ninguno de ellos se movió para contestar. De pie a la entrada, entre el salón y la cocina, Anderson pidió a Kim que fuera al dormitorio. Creyendo que intentaba forzarla sexualmente, como había hecho antes, ella se negó. "Eso sería violación". Anderson dijo que lo único que quería era hablar. Le advirtió, además, que lo tomara en serio y le preguntó si sabía "lo que una escopeta de cañones recortados podria hacer". Ella movió la cabeza afirmativamente, pero cuando él se le acercó más, ella confiadamente pasó por delante de él, empujando el arma un poco a un lado y diciendo: "No sé con respecto a ti, pero por mi parte voy a preparar la comida de los niños".

Anderson fue en busca de Juri y Lindsay y los encontró juntos en su dormitorio cerca de una ventana, mirando atónitos. El asomó su cabeza a la entrada y dijo: "Chicos, tranquilos, estoy aquí sólo para hablar. Nadie va a salir lastimado". A continuación volvió a la cocina. Kim parecía más preocupada ahora que Anderson había encontrado a los muchachos. "Déjalos", dijo, "y puedes tenerme". Anderson rehusó.

Volvió a sonar el teléfono y atendió Kim. El policía del RCMP, Mel Trekofski, le dijo que llamaba a petición de Jackie Cole. Kim suspiró aliviada y se produjo un diálogo de cuatro minutos en el que Trekofski habló en primer lugar con Kim y después con Anderson.

Kim: "Ah, por favor... Mis hijos están... El va hacia el dormitorio donde están mis hijos con un arma. Espere, por favor."

Trekofski: "De acuerdo, ¿Quién está ahí?, ¿Quién es?"

Kim: "Es Jeff, mi marido".

Trekofsky: "¿Está bebido?"

Kim: "No, está muy sobrio"

Después de algunas otras palabras, Trekofski preguntó: "¿Qué cree que va a hacer?". Kim respondió: "No sé. Ahora mismo está colocando una cadenilla en la puerta". Poco más tarde ella añadió: "Está cerrando las cortinas. No desea que la gente observe". Después Trekofski preguntó: "¿Por qué no quiere hablar conmigo ahora?"

Kim: "¿Por qué no quieres hablar con él, Jeff? [A Trekofski] Me dice que deje el telófono y vaya con él".

Trekofski: ¿"Perdón"?

Kim: "Me ha dicho que deje el telófono y vaya para allá. A dónde no lo sé, si a la habitación de mis hijos o a la mía, y no quiere hablarme. No, parece que no quiere hacerlo, pero tiene una escopeta de cañones recortados".

Trekofsky: "¿De cañones recortados?"

Kim: "Estoy muy preocupada por mis hijos".

Después de posterior diálogo, Anderson se puso finalmente al teléfono. Trekofski se identificó y dijo: "Nos gustaría aclarar las cosas, lo sabes. Nos gustaría ayudar, si se puede".

Anderson: "No creo que pueda. Se ha llegado a una situación límite. Ahora, existe una posibilidad que pensaré mientras usted permanezca ahí. Nosotros dos... Cada cual ve las cosas según le va. Sabemos cómo ocurre. Dejémoslo así durante tres o cuatro horas. Quizá ella llegue a sentir el sufrimiento y la desdicha que siento yo".

Trekofski: "Bien, así no va por el buen camino, Jeff"

Anderson: "Estoy seguro de que ahora se están apostando fuera. Si intervienen, si hacen algo, tendré que herirla. Tendré que dispararle a ella y luego a los niños"

Trekofski: "No haga eso".

Anderson: "Hay la posibilidad de que me pueda hablar de ello si permanece ahí. Me mantendré en contacto con usted a través del teléfono. Permanezca ahí de momento".

A continuación, Anderson colgó el teléfono. Eran las once y dieciséis de la mañana. Para entonces los oficiales de la RCMP habían rodeado la casa. No intentaron entrar debido a la intención de Anderson de disparar contra Kim y los niños, si intentaban intervenir.

En ese preciso momento Anderson entró en el dormitorio de los niños. Kim les había dado instrucciones para que se separaran de la ventana y se sentaran en la litera inferior. Lindsay se sentó en la esquina de la cama junto a la pared y Juri lo hizo a su izquierda. Entre ellos había un juego de cartas sobre la cama. Kim se sentó sobre una caja amarilla crema al final de la cama, cerca de la ventana.

Anderson apuntó el arma a Kim y le dijo que tenían que hablar. La habitación era pequeña y calurosa, y no permitió que Kim o los niños salieran. Durante aproximadamente una hora se dedicó a censurar airadamente el rechazo de Kim. ¿Por qué le era tan indiferente? ¿No se daba ella cuenta que lo estaba pasando mal, cuán deplorable era su situación? ¿No había recibido sus muchos mensajes, sus cartas? Pidió explicación sobre todo lo que siempre había querido saber, asuntos a los que ella no había dado respuesta por carta, por teléfono o en su puerta cuando la había llamado.

Kim se sentó al lado de Anderson con preocupación y temor en sus ojos. Se sentó inclinada hacia delante con sus manos juntas, apoyando en ocasiones su barbilla en sus palmas. A medida que Anderson hablaba, ella ocasionalmente volvía la cabeza y le echaba una ojeada fugaz.

El le preguntó si ella se daba cuenta de que él había intentado llevar el asunto según "la manera de Jehová". Dijo que había intentado vivir de acuerdo el patrón de ella, conforme a las normas de los Testigos. ¿Por qué estaba ella prolongando la separación? ¿No se daba cuenta cuán desgraciados eran todos? Parecía que su matrimonio permanecería para siempre en el limbo. ¿Nunca se había planteado volver con él?

Kim mencionó algo respecto a haber fracasado en dos matrimonios y que se acababa para ella el matrimonio completamente. Intentó distraerlo preguntándole otras cosas, principalmente con respecto a sus vacaciones en motocicleta. Los niños comenzaron a quejarse de que "tenían hambre y estaban cansados". En un momento determinado preguntaron a Anderson si les iba a disparar, a lo que éste replicó: "No, os quiero demasiado".

Anderson explicó a Kim cuánto la amaba, cuánto quería a los niños, cómo había deseado que volvieran a estar juntos de nueva ella, los niños y él.

Anderson se preguntaba en voz alta si siempre había estado un poco chiflado. Pensaba que tal vez la situación por resolver entre ellos había hecho aflorar su estupidez. Pidió excusas por lo que iba a hacer, diciendo a ella que había esperado tener suficiente coraje para dispararse después. Dijo a Kim que temía, si no lo hacía así, que el castigo fuera peor, la vida en la prisión en donde un hombre podría ser violado y apuñalado.

Anderson: "Lo siento. He de hacer eso".

Kim: "Tú no tienes por qué hacer eso".

Anderson: "No, he de hacerlo. Lo siento, soy un hombre enfermo".

Kim: "No, no estás enfermo. Puedes obtener ayuda".

Preguntó a Kim si ella le había amado alguna vez y ella le dijo que no le había querido desde que le abandonó en Houston. El le preguntó por qué ella no le amaba ahora, por qué había dejado de quererle. Las últimas palabras de Kim fueron: "No lo sé".

Anderson pidió a Kim un último abrazo. Cuando ella lo rechazó, él comenzó a disparar.

¿Por qué Jeff Anderson mató a Kim y a mis hijos? ¿Por qué fracasé en evitarlo? ¿Por qué permitió Dios que murieran?

Después de los asesinatos, mi vida se vio afectada por estas tres cuestiones. No importa las veces que me dijera que nunca podría obtener una respuesta. Continuamente estas cuestiones iban y venían en mi subconsciente como una machacona cantinela. Desesperado volví a la visita del sicoterapeuta. Repetidamente solicité la opinión de mi terapeuta sobre la mente y las motivaciones de Anderson. Semana tras semana el terapeuta me informaba de que probablemente Anderson padecía un trastorno de personalidad y resultaba imposible la interpretación sobre un acto irracional. Amablemente siempre me llevaba al mismo punto: "Anderson no es su problema, Jim".

Unos meses después de la muerte de mis hijos tuve un sueño extraordinario. Juri, Lindsay y yo estábamos en una extensa piscina cubierta. El agua era azul brillante en la superficie y más oscura hacia el fondo. Juri se sumergió hasta el fondo, desapareciendo por largo rato. Al salir a la superficie vino caminando hacia mí, ofreciéndome joyas relucientes recogidas del fondo de la piscina.

Por vez primera comencé a creer que mis hijos se encontraban a salvo en otra dimensión. Empecé a sentir el hálito curativo del soplo de Dios sobre mí.

Un día de aquel verano Marge se sentó en nuestro balcón con una bebida fría en la mano, gimiendo silenciosamente. Aquello me hizo ver hasta qué grado había llevado ella su propio dolor el pasado año a fin de mostrarse fuerte. "Lo siento", dije, tratando interiormente de mostrarme como fuerte soporte para ella, al igual que ella lo había sido para mí. Dí gracias a Dios por proporcionarme una mujer tan extraordinaria.

El 29 de agosto de 1986, en el primer aniversario de la muerte de los niños, Marge y yo visitamos su tumba. La habíamos visitado muchas veces antes en primavera y verano y, en cada ocasión, Marge había cortado cuidadosamente la hierba que la cubría. Al observar con cuánta uniformidad cortaba cada brizna, frunciendo el entrecejo, le pregunté por qué siempre hacía esa tarea tan concienzudamente.

Ella se puso en cuclillas y me miró: "Es cuanto puedo hacer por ellos ahora", dijo.

Jeffery Lynn Anderson fue condenado a tres sentencias de cadena perpetua por asesinato en primer grado. Actualmente cumple condena en la prisión B.C. y no podrá gozar de libertad condicional hasta el 2011. Sin embargo, el 29 de agosto de 2000 pudo solicitar reducción de ese tiempo bajo Bill C-45, una cláusula con escasa posibilidad.

James y Marge Kostelniuk fundaron en 1988 el grupo de apoyo a los Familiares Supervivientes de Homicidio. James Kostelniuk y Jeffery Anderson mantuvieron correspondencia durante cinco años, hasta que Kostelniuk descubrió que Anderson había revelado a un criminalista de Vancouver que él había estado abusando sexualmente de uno de los hijos de Kostelniuk. Posteriormente Anderson lo negó, alegando que cuaalesquiera comentarios que hubiera hecho fueron debidos a presión y manipulación.

El libro de Kostelniuk, del que se ha extraido este artículo, se titula Lobos entre Ovejas: La Verdadera Historia de Crimen en la Comunidad de los Testigos de Jehová.

Fuente católicodefiendetufe

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