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martes, 11 de agosto de 2020

¡Cuidado! Existe una devoción a la preciosa sangre de nuestro señor Jesucristo que no es aprobada por la Iglesia Católica

 

¡CUIDADO! EXISTE UNA DEVOCIÓN A LA PRECIOSA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO QUE NO ES APROBADA POR LA IGLESIA CATÓLICA
Por Jorge Luis Zarazúa 

Esta devoción surgió en Olo (Nigeria) y está TERMINANTEMENTE PROHIBIDA en la Arquidiócesis Primada

UNA DEVOCIÓN SURGIDA EN NIGERIA

Desde hace algún tiempo se ha difundido en México una devoción a la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo que se ha originado en Nigeria a partir del mes de julio de 1995. Se ha difundido especialmente a través de un libro titulado “Devoción a la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. La devoción más grande de nuestro tiempo”. El libro es editado por Queenship Publishing Company, una editorial con sede en Goleta, CA, USA y consta de unas 106 páginas.

Lo interesante es que el contenido del libro no sólo se atribuye Bernabé Nwoye, posible vidente, sino que se afirma que habría sido dictado por Nuestro Señor Jesucristo a Bernabé. Además, se afirma que diversos mensajes difundidos por Bernabé Nwoye provienen de la Santísima Virgen María y “una multitud de ángeles y santos, como San José, San Miguel Arcángel y otros arcángeles, San Antonio de Padua, Santa Brígida de Suecia, San Pío, Santa Gertrudis, San Judas Tadeo y muchos otros”. También se señala que, en varias ocasiones, “Bernabé ha visto a la Santísima Trinidad simultáneamente bendiciendo cuando los sacerdotes pronuncian la bendición final en la Misa”.

Según información presentada por el sitio “Foros de la Virgen”, el libro de oraciones, que habría sido dictado por Jesús a Bernabé, “ha recibido el Imprimátur del Obispo Ayo María Atoyebi de la diócesis de Llorín”, en Nigeria, África. Por otra parte, los controversiales mensajes “han recibido el Nihil Obstat oficial del Reverendo Stephen Obiukwu, una autoridad arquidiocesana”, encargado de Propagación de la Fe.

PRIMERA INTERVENCIÓN DE LA ARQUIDIÓCESIS PRIMADA DE MÉXICO

La devoción se ha difundido abundantemente en la República Mexicana, particularmente en la Parroquia La Lupita, en la Colonia San Rafael, y en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Tere Iturralde empezó a difundirla en México a partir de 2008. La devoción contó con el apoyo decidido de Unión de Voluntades. Pues bien, sobre la labor de Tere Iturralde hubo acusaciones de varias irregularidades que motivaron a la Arquidiócesis a investigar.

En efecto, el 26 de junio de 2015, en carta circular firmada por el Canciller de la Arquidiócesis Primada de México, el P. José V. Ortíz Montes, CCR, se da a conocer un Comunicado de la Comisión para la Doctrina de la Fe, dirigido a los Señores Obispos Auxiliares, a los Vicarios Generales y Episcopales, A los Señores Párrocos, Administradores Parroquiales, Rectores de Templos, Capellanes, Superiores Religiosos y Sociedades de Vida Apostólica y todos los Fieles laicos de la Arquidiócesis de México y personas de buena voluntad, donde se expresa el deseo del Cardenal Norberto Rivera Carrera de que esta devoción sea orientada en estricto apego al Evangelio y a la Doctrina Universal de la Iglesia Católica.

Así pues, el Señor Cardenal instruyó al Pbro. Dr. Rogelio Alcántara, director de la Comisión para la Doctrina de la Fe de esta Arquidiócesis Primada, para que dispusiera las siguientes acciones: coordinar el recto cauce de las prácticas devocionales, revisar los materiales rigurosamente, analizar las imágenes que se utilizan en esta devoción y mantener el contacto con quienes promueven esta devoción desde Nigeria.

Asimismo, se pidió a quienes promueven en la Arquidiócesis esta devoción no distribuir ningún libro o cualquier otro material hasta que no sea revisado y se le otorgue la debida licencia eclesiástica para su publicación.

SEGUNDA INTERVENCIÓN

El 20 de noviembre de 2015, en una nueva carta circular, firmada también por el Canciller, P. José V. Ortíz Montes, CCR, se dan a conocer las conclusiones de las gestiones dirigidas por el Pbro. Dr. Rogelio Alcántara, director de la Comisión para la Doctrina de la Fe.

Pues bien, ¿Cuáles son las decisiones a las que se llegó en la Arquidiócesis?

La Cancillería comunicó que ESTÁ TERMINANTEMENTE PROHIBIDA la literatura, iconografía y doctrina de la “Devoción a la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo” venida de Olo, Nigeria.

Las razones aducidas para esta prohibición son las siguientes, basándose en una lectura atenta del libro “Devoción a la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo”, cuyas páginas se señalan entre paréntesis:

La devoción afirma que la Iglesia Católica está “embriagada con hiel y amargura” (p. 641) y que ya no se puede confiar en ella porque:

Saboteadores subversivos (masones) se han infiltrado en ella y han cambiado, y siguen cambiando, el Magisterio infalible de la Iglesia (p. 15 – 16).

El Papa está bajo la influencia del demonio (pp. 18, 63; cf. p. 61), porque “en la Sede de Pedro” el demonio “ha levantado el trono de su abominable impiedad” (p. 64).

El libro afirma que dicha infiltración se hizo para preparar la “apostasía final” mencionada en Dn 9, 21; Mt 24, 15 y 2Ts 2, 3. (p. 15 – 16).

Sostiene que quien siga a la Iglesia Católica como actualmente se encuentra, muy probablemente “terminará en el infierno”, dado que “toda clase de evangelios están siendo predicados aún [sic] dentro del catolicismo” (p. 18). Según sus autores, esta devoción es para no perder la verdadera fe durante la Tribulación actual. No es para llevar un proceso de conversión que lleve a vivir las obras de misericordia.

Presenta una devoción a la Preciosa Sangre totalmente ajena a la auténtica devoción ya secular en la Iglesia, promovida por santos como San Gaspar el Búfalo, San Juan XIII, etc.

Dice que el rezo de sus oraciones hace que “la Hora del Reino en la tierra venga más pronto” (p. 58), por lo que pasan por alto que el Reino de Dios ya llegó con Jesucristo (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 541- 556) y que la salvación ha sido ya realizada por su Misterio Pascual.

Afirma que si no se recibe el misterioso “Gran Sello de la Preciosa Sangre”, recibirá “el sello del enemigo, el 666” (p. 16). Este Sello se presenta como un pseudo-sacramento de naturaleza esotérica que concede la gracia santificante (p. 90), la presencia verdadera de Jesús “en [los] corazones” (p. 88), y la “gloria” divina (p. 90). Los ministros de este pseudo-sacramento, afirma, no son los sacerdotes, sino los mismos “ángeles de Dios” (p. 88).

Presenta a este “Gran Sello” como superior a todas las devociones de la Iglesia, a todos sus sacramentos e incluso a la misma Iglesia. Promueven un reino puramente terreno que consistirá en la reunión de todas las tribus de Jacob en un “nuevo Israel”, una nueva Iglesia cuyo inicio se ha dado ya en Olo, Nigeria (p. 16).

Por ministerio, la aprobación de supuestas apariciones y revelaciones compete al Ordinario del lugar donde se dieron (cf. Congregación para la Doctrina de la Fe: Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas Apariciones y Revelaciones, aprobado por Pablo VI en 1978). El Ordinario, en ese entonces, Mons. Anthony Gbuji, Obispo de Enugu, Nigeria, no solo NO aprobó la doctrina derivada de las supuestas apariciones a Bernabé Nwoye, sino que las prohibió, pidiendo a todos los seguidores de esta devoción en su Diócesis que obedecieran al Obispo.

CONCLUSIÓN

Pues bien, ante todas estas irregularidades, la Carta Circular señala que “no se puede considerar que esta devoción esté en consonancia con el Magisterio de la Iglesia Católica”. Por lo tanto, apunta, ESTÁ TERMINANTEMENTE PROHIBIDA la literatura, iconografía y doctrina de la “Devoción a la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo” venida de Olo, Nigeria, a fin de tutelar la fe y correcta devoción de todo fiel cristiano.


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miércoles, 8 de julio de 2020

¿Desde cuándo existe la vestidura cleriacal?


¿DESDE CUÁNDO EXISTE LA VESTIDURA CLERICAL?

En el año 428, por una carta del Papa Celestino, sabemos dos cosas: que en Roma no existía una vestidura clerical, pero que en la Galia algunos obispos ya la usaban. La carta del Papa, curiosamente, exhorta a que los clérigos se distingan de los laicos no por las ropas, sino por sus virtudes. Pero ni siquiera esta opinión papal pudo detener el curso de la historia que ineludiblemente llevaba a mostrar externamente esa distinción.

Y así, este desarrollo lento de las vestiduras clericales, lleva a que en el 572, el Concilio de Braga ordene que los clérigos de esa zona de la península ibérica vistan la túnica talar. A partir de entonces, los decretos sobre la ropa clerical se fueron haciendo más y más frecuentes, en el sentido de que los clérigos no vistieran las ropas seculares, ni siguieran sus modas.

Entre el siglo VI y el VIII, los testimonios escritos muestran que el uso de la vestidura clerical se hizo obligatorio. Al principio, los colores no estaban unificados. Dándose muchos colores y diversas tonalidades. El color negro fue el que finalmente predominó por una razón esencial, se trata de un color muy solemne. Después, a posteriori, se le pudo dar sentidos simbólicos a ese color, como el de la muerte al mundo, pero la razón por la que prevaleció fue ésa: se trata de un color que expresa seriedad, solemnidad.

Frente a la opción del negro, el blanco hubiera podido también predominar, es el color de la lana sin tintes, pero tenía un problema: cualquier mancha se ve con facilidad. Y, aunque se lave una y otra vez, el uso deja restos de las antiguas manchas. Por eso el blanco se reservó para las funciones litúrgicas desde el principio, y para la vida ordinaria el negro acabó prevaleciendo.

Al principio, el hábito eclesiástico era una túnica sin botones. Muy a menudo con cinturón de cuero con hebilla. Los botones que recorren la sotana de arriba abajo, predominaron a partir del siglo XIV y XV. Hasta el siglo XIV, en la vestidura clerical no existía el alzacuellos. Pero a partir de entonces, las camisas comenzaron a dejar ver su parte superior por encima del hábito.

¿Cuándo surge el alzacuellos?

Al principio, sobresalía el cuello de la camisa blanca sin solapas. Después, cuando ya hubo solapas como las actuales, éstas o sobresalían verticales (cerradas por un botón) más allá de donde acaba el hábito, o bien caían hacia abajo por encima del hábito. Las solapas que caían sobre el hábito, evolucionaron hasta el siglo XVII tomando la forma de lo que se llamaba el babero. Las solapas verticales evolucionaron hasta formar el alzacuellos.

El alzacuellos se formó como prenda aparte, porque era mucho más fácil lavar la parte del cuello si ésta era una prenda independiente. Démonos cuenta de que en otras épocas las camisas no se lavaban diariamente, pues un clérigo humilde poseía pocas camisas. Un humilde párroco de pueblo en el siglo XVII podría tener cuatro camisas y una sola sotana.

Un clérigo de baja posición no tenía tres o cuatro sotanas, sino uno sola que se remendaba las veces que hiciera falta. Muchos consideran la capucha como privativa de los monjes. Pero lo específico de ellos era el escapulario o la cogulla. El escapulario es la prenda rectangular que cae por delante y por la espalda, hasta casi el borde de la túnica. La capucha era habitual entre las ropas de los laicos, y por tanto también entre el clero secular. En el clero secular, la capucha se llevaba no en el hábito talar, sino en la muceta. La muceta sobre los hombros era una prenda de abrigo, la llevaba cualquier clérigo y solía tener una capucha.

Esta costumbre de la capucha en el clero secular llegó hasta el siglo XX. La muceta de los cardenales tenía capucha, así como la de los Papas. Cardenales y Papas llevaban esa capucha en la muceta, aunque no pertenecieran al clero secular. Sin bien, más allá de la Edad Media, muchas mucetas muestran unas capuchas exiguas que ya no hubiera sido posible ponerlas sobre la cabeza.

Aunque el uso del hábito eclesiástico ha sido lo habitual desde el siglo VII más o menos, ya se ha dicho que siempre ha habido clérigos que han deseado vestir de un modo secular, casos así ha habido desde la Edad Media hasta nuestros días, siglo tras siglo. Pero, aunque normalmente, estos casos han sido excepcionales, lo que sí que ha sido más frecuente es el deseo de secularizar el hábito eclesiástico.


¿Cuál es la historia de la sotana?

Y así, hay testimonios desde el siglo XVII reprobando el uso de sotanas cortas que llegaban sólo hasta la rodilla. Esta lucha entre la secularización del hábito eclesiástico y el mantenimiento del estilo eclesiástico por encima de toda moda mundana, también se puede rastrear en toda época. Incluso en la Edad Media hay obispos que vestían más como caballeros que como prelados.

Finalmente, en el siglo XIX se hizo frecuente el habito piano o hábito corto. La parte superior era igual que la de la sotana, con su alzacuellos o su babero. Pero la sotana había sido sustituida por una especie de chaleco que llegaba sólo hasta la cintura, a partir de la cual eran visibles unos pantalones cortos que acababan en calzas negras. Encima del chaleco, se llevaba una casaca.

Este hábito corto fue desapareciendo, y a comienzos del siglo XX los curas llevaron sotana solamente. Hasta que en los años 7 0, apareció el clériman (también escrito clergyman). Una vez que hubo desaparecido el hábito corto, éste continuó entre los curas católicos de Estados Unidos, por influencia de los pastores de la iglesia episcopaliana que vestían así. Y de los curas católicos norteamericanos retornó al resto de países en los años 70. Este deseo de que las vestiduras de los sacerdotes fueran enteramente clericales, conllevó que los sombreros tuvieran formas y hechuras propias.

La forma de cubrirse la cabeza los eclesiásticos siempre había sido por antonomasia la capucha, entre el clero regular y secular. Pero ya en la Edad Media se abrieron paso los gorros académicos o los civiles entre los eclesiásticos, frente a la capucha que parecía demasiado monástica y demasiado primitiva. Pero siempre se luchó por parte de las diócesis para que los gorros eclesiásticos tuvieran una hechura propia y no fueran iguales que los de los laicos. Aunque siempre había clérigos a los que les gustaba ponerse gorros que fueran más con la moda civil porque les parecían más elegantes.

Los sombreros eclesiásticos evolucionaron a raíz de dos modelos diversos. Un modelo procedía de las gorras académicas, y de allí surgió la birreta, el birrete o bonete. Otro modelo procedía de tipos de sombreros más parecidos a los civiles, de ahí surgieron diversos tipos de sombreros con ala plana, redonda o rectangular: teja, saturno, galero. El solideo es la evolución de un gorro que cubría la cabeza desde la frente a la nuca. La función era preservar del frío, pero poco a poco se hizo de él una prenda constante. Al llevarlo en toda estación, con el pasar de las generaciones, se fue haciendo más ligero para que no diera tanto calor, llevándolos de lana en invierno.

La vestidura de abrigo era la muceta sobre los hombros, pero si hacía más frío se llevaba la capa. Cuando los abrigos aparecieron, muchos fueron arrinconando la capa. Pero para que el abrigo no fuera igual que el de los laicos, se diseñó de forma que llegara hasta el borde de la sotana, llamándose este abrigo dulleta. Sin embargo, la capa y la dulleta coexistieron.
En España, la capa daba una vuelta colocándose sobre el hombro. Esta capa más larga se designaba con el nombre de manteo. En toda esta evolución de los trajes eclesiásticos, la costumbre era que cuando uno se ordenaba como clérigo, a partir de ese momento, todas sus vestiduras eran clericales. Manifestando de forma externa y visible la consagración total a Dios del propio ser, de la propia vida, de todos los pensamientos y deseos. Por eso, desde la recepción de la orden menor de la tonsura todas las vestiduras debían ser clericales. La tonsura era el signo de esta mentalidad. El sacerdote no sólo llevaba ropas sacerdotales, sino que incluso sus cabellos llevaban el signo de la consagración.

El clergyman hoy tan popular (traje oscuro de civil con cuello romano) surguio entre los Anglicanos en el Siglo XIX.

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viernes, 14 de febrero de 2020

¿Existe realmente el infierno?



¿EXISTE REALMENTE EL INFIERNO?
Por Lucrecia Rego de Planas

El infierno es un estado que corresponde, en el más allá, a los que mueren en pecado mortal y enemistad con Dios.

¿Qué es el infierno?

El infierno es un estado que corresponde, en el más allá, a los que mueren en pecado mortal y enemistad con Dios, habiendo perdido la gracia santificante por un acto personal, es decir, inteligente, libre y voluntario.

¿En verdad existe el infierno?

Jesucristo habla del infierno muchísimas veces en el Evangelio y expresa claramente su carácter de castigo doloroso y eterno.

¿Crees que si no existiera el infierno, Jesús hubiera empleado su tiempo, que Él sabía muy valioso, hablando de una mentira, algo ficticio, sólo para asustar a los hombres?

Jesucristo sabía lo que es el infierno y por eso vino al mundo: a librarnos de ese castigo, a enseñarnos el camino para llegar al Cielo.

Por otra parte, si el infierno no existiera, ¿qué sentido tendría la salvación? ¿A qué hubiera venido Jesús al mundo? ¿A salvarnos de qué?

No podemos escapar de creer que el infierno es algo real. Debemos tomar en serio la posibilidad de ser desgraciados para siempre. La existencia del infierno y de que es eterno, fue definido dogma de fe en el IV Concilio de Letrán.

¿Cómo es posible que exista el infierno si Dios es infinitamente misericordioso?

"Dios quiere que todos los hombres se salven" nos lo dice San Pablo en la primera carta a Timoteo. Esto nos puede llevar a pensar que si Dios quiere que todos nos salvemos entonces no debería existir el infierno. Pero el apóstol nos dice que Dios "quiere", no que Dios "afirma" que todos los hombres se salvarán. Es como si yo dijera: "quiero aprobar mi examen final", ese "quiero" no significa que aprobaré. De mí depende el que pase o no.

Muchas veces se oye entre estudiantes: "El profesor me reprobó". Pero no es verdad, el profesor no le reprobó, él se reprobó a sí mismo al no estudiar lo suficiente para pasar el examen. Y así sucede con Dios. Él no nos condena. Respeta nuestra libertad. De nosotros depende si queremos prepararnos para el examen final o seguir tan campantes esperando aprobarlo sin tocar un libro. Dios cuando nos crea, nos crea para que nos salvemos, puso dentro de nosotros unas leyes que debemos respetar y nos mandó a su Hijo para enseñarnos cómo respetarlas, pero no puede hacer nada si nosotros no queremos colaborar.

Si a un automóvil no le cambiamos el aceite, si en vez de ponerle gasolina le ponemos alcohol o agua, si no le revisamos el motor... seguramente se descompondrá. Lo mismo sucede con el hombre, si no respeta las leyes inscritas en su naturaleza, no podrá cumplir con su fin último que es la salvación eterna. Ojalá que todos nos preparemos para pasar el examen final, el más importante que haremos en toda nuestra vida, ante el tribunal de Dios, pues si lo pasamos podemos decir que nuestra vida ha tenido un sentido.

¿En qué consistirán las penas del infierno?

Así como en el Cielo disfrutaremos plenamente como hombres formados de cuerpo y alma, en el infierno también habrá dos elementos de sufrimiento:

El sufrimiento del alma por no poder ver a Dios, llamado pena de daño. Este sufrimiento se deriva de que los que fueron condenados ya vieron a Dios, con toda su belleza y grandiosidad, en el día del juicio y… ya no lo podrán ver jamás. Es el sufrimiento ocasionado por sentirse irresistiblemente atraídos hacia Dios sabiéndose eternamente rechazados por Él.

El sufrimiento del cuerpo o pena de sentido. Aquí se trata de un elemento material que causa un daño físico, un dolor intensísimo en el cuerpo. Para significar este gran sufrimiento, Cristo habla en el Evangelio de "fuego", y aunque no necesariamente es un fuego como el que conocemos en la Tierra, ésta es la imagen que comúnmente tenemos de las penas del infierno.

¿Puede un condenado arrepentirse?

¡Ojalá pudiera, pero ya no tiene esta posibilidad! El hombre que ha rechazado en su vida la amistad con Dios, ya no es admitido a ella.

En el momento de la muerte, el alma separada, por ser espíritu puro, queda fija para siempre en la posición a favor o en contra de Dios que tenía en el último momento de vida. Dios rechaza eternamente al condenado, pero no porque lo odie, pues su amor es siempre fiel, sino porque el condenado está eternamente cerrado a recibir el perdón. ¿Cómo poder perdonar a alguien que no quiere ser perdonado?

Esta conciencia de no admisión y el saber que ya no tiene remedio, que ya no hay posibilidad de conversión, hace que surja en el condenado el odio y el endurecimiento. Sufren por no estar con Dios, pero ese sufrimiento se transforma en envidia y en odio. Se convierten en enemigos de Dios.

Santa María Magdalena de Pazzi oyó una vez la voz de Dios que le dijo:

Entre los condenados reina el odio, pues cada uno ve ahí a aquél que fue la causa de su condenación y lo odia por haberlo llevado ahí. De esta manera, los recién llegados aumentan la rabia que ya existía antes de su llegada.

¿Podemos imaginar el infierno?

Si hacemos la operación inversa a pensar en el Cielo podemos darnos una idea aproximada acerca de cómo podrá ser el infierno, aunque será una analogía, pues el cuerpo resucitado no será un cuerpo como el que ahora tenemos, sino diferente, que ya no estará sujeto al espacio y al tiempo.

Para hacerte una idea de lo que es el infierno, imagina el lugar más horrible que puedas, quítale lo poco bello que le quede y llénalo de las cosas más repugnantes y aterradoras. Imagínate haciendo lo que más aborreces, sufriendo unos dolores indecibles en todo el cuerpo: contemplando imágenes espantosas; escuchando sonidos estridentes y desafinados; experimentando los sabores más amargos; sufriendo con los olores más desagradables y sintiendo en tu corazón los peores sentimientos: envidia, celos, remordimiento, rencor, odio. Después, rodéate de las personas más abominables que te puedas imaginar: orgullosas, envidiosas, egoístas, criticonas, sarcásticas, sádicas y degeneradas. Y lo peor de todo… te sientes irresistiblemente atraído hacia Dios y sabes que nunca podrás llegar a estar con Él. Piensa que en ese lugar estás aprisionado para siempre, sin posibilidad alguna de escapar. Esta puede ser una imagen semejante al infierno, pero debes tener la seguridad de que cualquier cosa que te imagines será mínima frente a la realidad, pues nuestra condición humana nos hace incapaces de imaginar un sufrimiento sin límites.

¿Hay alguien que realmente esté en el infierno?
 
Eso no lo podemos afirmar. Sabemos que existe el infierno con tanta certeza como sabemos que existe el Cielo. La Iglesia nos asegura que hay gente en el Cielo y que son aquellas personas que han sido canonizadas, pero nunca se ha hecho una "canonización al revés", que nos asegure que cierta persona está en el infierno.

Sin embargo, hay muchos santos a quienes Dios les ha concedido una visión del infierno y que nos han dicho: Ví almas que caían al infierno como hojas que caen en el otoño.


¿Puedo salvarme si me arrepiento en el último momento?
Es demasiado arriesgado pensar que puedes vivir como quieras y arrepentirte en el momento de la muerte, pues ese momento será muy difícil para ti.

Como dice la Madre Teresa: En el momento de la agonía, el hombre sufre tanto, que es muy fácil que se sienta invadido por la desesperación y la angustia, y estos sentimientos lo vuelvan incapaz de arrepentirse y recibir el perdón de Dios.

Será muy difícil que en el último momento tengas la fuerza y la valentía para arrepentirte, si viviste toda tu vida lejos de Dios. Sin embargo, si te empeñas en arriesgarte, es verdad que Dios te da la posibilidad de arrepentirte hasta el último instante de vida y puedes salvarte con ese único acto de arrepentimiento.

Algunas citas evangélicas sobre el infierno:
Mt 5,22: ...y quien dijere a su hermano "insensato", será reo de la gehena del fuego.
Mt 10,28: No temáis a los que matan el cuerpo… temed más bien a los que pueden arruinar el cuerpo y el alma en el fuego eterno.
Mc 9,43-48: ...más te vale entrar manco al Cielo, que entrar con las dos manos a la gehena, al fuego inextinguible.
Mt 13,50: ...y los echarán al horno de fuego; allí llorarán y les rechinarán los dientes.
Mt 25,41: Apartaos de mi malditos al fuego eterno.
Mt 22,13: ...atadlo y echadlo fuera a las tinieblas, donde habrá llanto y crujir de dientes.
Mt 25,30: ...y el siervo inútil será arrojado a las tinieblas.
Lc16,28: ...para que no vengan también ellos a este lugar de tormento…
Mt 25,46: ...e irán estos al tormento eterno.


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viernes, 31 de enero de 2020

¿Y si Dios no existe?


¿Y SI DIOS NO EXISTE?
Por: Fernando de Navascués
La propuesta de Blaise Pascal y la de los papas Benedicto XVI y Francisco

Blaise Pascal fue una mente privilegiada del siglo XVII que murió muy joven, con apenas 39 años. Fue uno de los científicos y pensadores más importantes del occidente cristiano, con una serie de aportaciones fundamentales a la Matemática, la Historia Natural, la Física (sobre todo en el tema de fluidos) y, como hombre de su tiempo, también a la Filosofía y a la Teología. En este último campo, hay una obra especialmente significativa titulada: “Apología de la religión cristiana”, en la que se engloban diferentes pensamientos e ideas, pero uno especialmente llamativo acerca de la posible o no existencia de Dios.

Pascal plantea las posibles respuestas que se puedan dar ante la existencia de Dios. La idea fundamental es, y por la que él apuesta, que optemos por querer y aceptar a Dios en nuestras vidas. Esto puede parecer lógico para un creyente. Y así es. Pero él también plantea esa aceptación para las personas que no creen o dudan de la existencia de Dios.

La tesis de Pascal es que, si una persona cree en Dios, y efectivamente Dios existe, y tiene una vida coherente con esa creencia, ciertamente este creyente ganará la vida eterna.

También existe el caso contrario: afirmar que Dios no existe, y que Dios no exista. En este caso, la persona no pierde nada: no cree, y además Dios no existe. No pierde nada porque no hay nada después.

Otra posibilidad es que haya una persona que no crea en Dios, pero sí exista la divinidad. ¿Qué pasaría entonces? De entrada, hasta donde nosotros podemos llegar, es que el ateo “ha perdido la apuesta” y se encontrará en un serio aprieto.

Con todo, Blaise Pascal plantea una cuarta opción, muy utilitarista, interesada, pero no tan descabellada, una opción destinada a los ateos y agnósticos, y es afirmar y vivir como como si Dios existiera. Si al final del camino resulta que Dios existe… entonces habrás ganado la vida eterna. Y si Dios no existe… pues no ha pasado nada. No había nada que ganar.

Este planteamiento es útil, por decirlo de alguna forma, para aquellos que no tienen fe. Pero en realidad es un planteamiento muy alejado de lo que la fe cristiana cree y profesa. Basta recordar la encíclica Deus Caritas est, del papa Benedicto XVI, en la que se explica que nadie se hace cristiano por una decisión racional, sino por un encuentro personal con Jesucristo: “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, 1).

Esto me lleva a algo que es fundamental: nuestra misión de apóstoles no está relacionada con una parroquia, con un Movimiento, con una asociación… sino con Jesucristo. Como apóstoles no se nos preguntará si hicimos crecer el número de los miembros de nuestro Movimiento, o si hicimos tales o cuales obras de apostolado, sino si presentamos a Cristo a tal o cual persona. No son la pomposidad de las obras o los números, sino más bien si estamos siendo facilitadores del encuentro con Cristo con aquellas personas con las que nos encontramos.

Es una visión radicalmente opuesta a la de Pascal. Lejos del planteamiento utilitarista y filosófico de Pascal, hoy lo que los hombres y mujeres del siglo XXI necesitan son testigos. Testigos de Jesucristo dispuestos a ser misioneros suyos allí donde nos encontremos. El papa Francisco habla de la “parresía” en su exhortación apostólica Gaudete et exultate, y habla de lo que tiene que ser un testigo de Jesucristo: “Nos moviliza el ejemplo de tantos sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que se dedican a anunciar y a servir con gran fidelidad, muchas veces arriesgando sus vidas y ciertamente a costa de su comodidad. Su testimonio nos recuerda que la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida. Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante” (Gaudete et exultate, 138).

Que sea esta nuestra apuesta y no la del cálculo interesado.


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domingo, 20 de octubre de 2019

Si Dios es bueno, ¿Por qué existe el mal?


SI DIOS ES BUENO, ¿POR QUÉ EXISTE EL MAL?

Por Myriam Ponce

La existencia del mal ha sido un debate sumamente profundo a lo largo del tiempo. Sabemos que Dios es bueno, pero muchos escépticos han descartado Su existencia argumentando la presencia del “mal” en el mundo.


A la luz de las constantes guerras, el terrorismo extremista, el hambre, la pobreza persistente, el abandono social y la enfermedad recurrente, es natural preguntarnos: ¿por qué Dios permite el mal? Estas experiencias del sufrimiento del inocente constituyen un argumento existencialmente muy fuerte sobre la creencia en Dios, basándose en la teoría del conocimiento, las ciencias y algunas ideologías. El mismo Juan Pablo II, en su catequesis sobre el Credo (1986), indicó que la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo “constituyen para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad la Providencia Divina”. Después de todo, Él, siendo Dios, sería capaz de erradicarlo.

Pero, la verdad es que la existencia del mal exhibe, de manera indirecta, la existencia de Dios.

Considera real, por un minuto, el argumento ateo que dice: “si el mal existe entonces Dios no puede existir”. Sólo por un minuto. Si así fuera, la existencia del ser humano sería un “accidente cósmico”, sin sentido y sin ningún valor más allá que un producto de la materia y el azar. De ser así, ¿Cómo fundamentaríamos nuestros valores morales? ¿Cómo podemos afirmar que algo está mal? ¿bajo qué fundamento consideramos que el Holocausto fue un evento terrible, o que el tráfico de humanos daña la voluntad personal? ¿Qué rige el bien o el mal?

Entendemos que estas acciones son universalmente degradantes porque agreden el valor mismo del ser humano. Por ende, comprendemos que el ser humano tiene un valor por sí mismo, regido por su voluntad y su libertad. Pero, ¿Cómo justificamos ese valor si somos un mero accidente sin propósito? En la ausencia de Dios, nuestro “valor” carece de sentido, por lo que nuestros principios sociales son meras construcciones que difieren incluso de persona a persona. Lo que es bueno para ti, podría no ser tan bueno para otro. Siendo así, los conceptos del bien y el mal carecerían de mera objetividad. Como mencionó el novelista ruso Fyodor Dostoyevsky: “si Dios no existe, todo es permitido”.

Y, ¡cuánta razón tenía!

Muchos podrán decir que el bien y el mal son meras edificaciones sociales, pero nadie vive bajo ese principio. Nadie ve un ataque terrorista y piensa: “Vaya, no importa. Sólo es resultado de una construcción social”. En el fondo todos reconocemos, a través de nuestra experiencia moral, que el mal existe y es todo aquello que no debe ser (1Jn 3, 4). Pero, si hay algo que no debe ser, entonces tendría que haber un estándar de lo que debe ser. Es decir, irónicamente, el mal solo puede existir si Dios existe, siendo Él el ejemplo máximo del bien.

Ahora, Si Dios es bueno, ¿por qué permite el mal? La respuesta se esconde en dos palabras:

Libre albedrío

Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, dotado de voluntad e inteligencia. Hemos sido creados con la capacidad de hacer el auténtico bien moral, en semejanza a Dios, que es bueno.

No obstante, la libertad de hacer el bien también tiene su contraparte. Todos podemos decidir entre seguir los designios de Dios y atender Su Voluntad, o no hacerlo. Por tanto, el origen del mal moral es el mal uso de nuestra libertad. Los males físicos, son sólo consecuencias de este primer mal.

Ahora bien, ¿por qué Dios no evita el mal? Por qué cualquier intervención en nuestras decisiones significaría corromper nuestra libertad, eliminando nuestro individualismo y humanidad. En esencia, Dios permite el mal, aunque no lo desea, porque quiere una relación con nosotros.

Es importante recordar que Dios siempre extrae bienes de los males y, por sobre todo, siempre hará brillar Su justicia. El mismo Catecismo de la Iglesia Católica (272) afirma que “la fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento”. Entonces, Dios permite el mal, sí, pero su fin siempre será un bien mayor. Así, la cruel muerte de Cristo fue un terrible sufrimiento a través del cual se consiguió el mayor bien concebible: la salvación de todos.

Es posible que, como le sucedió a Job, nos sea difícil comprender el porqué de muchas situaciones en nuestra vida y en el mundo. Pero, una cosa es segura: el amor de Dios es inmenso y fue garantizado en la Cruz. Dios no nos ha dejado abandonados en medio de la aflicción, Él nos ha mostrado el camino de la verdad.

Un día Dios erradicará todo mal, eso es verdad y en la Biblia está. Pero, en su increíble bondad y paciencia, nos permite volver a Él y ser salvos, en nuestra propia libertad para seguirlo. Aunque, estoy plenamente convencida que espera con ansia que volvamos a casa.


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miércoles, 2 de octubre de 2019

La rebelión de Lucifer, el origen del mal


SI DIOS ES BUENO, ¿POR QUÉ EXISTE EL MAL?


DIOS NO HIZO AL DIABLO, DIOS CREÓ UN ÁNGEL DE LUZ QUE LIBREMENTE ESCOGIÓ EL MAL
Por Jesús Mondragón ( Saulo de Tarso) 

Si Dios es bueno y existe ¿Por qué permite el mal? ¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo? Son las preguntas que muchas personas se hacen.

Comencemos diciendo que lo quieran o no, lo sepan o no, todo ser humano se encuentra envuelto en un conflicto, una guerra entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, entre la salvación y la condenación. Tal conflicto nos envuelve a todos, como objeto y víctimas.

Ésta guerra tiene su origen antes del principio de los tiempos, antes de que el hombre y el universo fueran creados, cuando Dios creó a incontables espíritus puros, seres de luz e infinita belleza llamados Ángeles. Existe sin embargo un libro inspirado por Dios, un libro llamado Biblia, que nos permite reunir los cabos sueltos y conocer lo que pasó.

Pero antes de realizar su obra, Dios creó las leyes que regirían su creación, las leyes de la física que regirían el mundo material, gracias a las cuales, el universo es un cosmos y no un caos y las leyes naturales o morales que regirían el cosmos y a sus criaturas.

A éstos ángeles de luz se les dotó desde el principio de su creación de una ciencia infusa, es decir, los ángeles nacieron sabiendo todo lo que debían saber, todos los secretos del universo y las leyes que lo rigen. Tenían también conocimiento de su creador, conocían a Dios, pero no le podían ver, es decir, no gozaban de la visión beatífica de Dios. Antes, debían pasar una prueba, la prueba de la SANTA OBEDIENCIA.

Todo rey en la tierra debe recibir el juramento de lealtad y obediencia de todos y cada uno sus súbditos. Así también los ángeles debían manifestar a Dios, a su creador; lealtad, obediencia y adoración. Pero entre todos ellos, entre todos los ángeles, había uno, que era el más hermoso, el más poderoso, el más bello, el predilecto de Dios. Ese ángel era el depositario de todas las gracias angélicas y a su vez, era él, el encargado de transmitirlas a todos los demás ángeles. Su nombre era LUZBEL.

Sin embargo, ese ángel, al verse tan hermoso, tan poderoso, al ver su belleza, su potencia, se enamoró de sí mismo. En lugar de mirar a su Dios, a su creador. Es que en su interior, había surgido el germen de la maldad, de la envidia, del pecado. No era tan fuerte aún, no como para rebelarse. Así que, al mirar a todos los incontables ángeles postrarse ante Dios y jurarle lealtad, obediencia y adoración, él también se postró, pero no por amor, no por obediencia, sino ¡PORQUE NO TENÍA OPCIÓN!

Luzbel mientras tanto, en su interior concebía planes secretos contra la soberanía y majestad de Dios.

Isaías 29,15
Ay de los que se esconden de Yahveh para ocultar sus planes, y ejecutan sus obras en las tinieblas, y dicen: «¿Quién nos ve, quién nos conoce?»


Pero no pienses querido lector, que todo esto tomó a Dios por sorpresa, Él que conoce los pensamientos de todas sus criaturas, en un arranque de amor infinito advirtió al hermoso ángel del peligro de sus pensamientos. Jesucristo diría posteriormente que Satanás es homicida desde el principio. Así que la Biblia nos revela lo que Dios le dijo al primer homicida, en la advertencia que le hizo a Caín, el primer homicida humano, antes de matar a su hermano Abel.

«¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro? ¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar.» Génesis 4,6-7.

En un momento dado, Dios reveló a los ángeles la creación de nuevos seres, hombres, de naturaleza inferior a los ángeles, a los que Dios les daría el honor de ser “hijos de Dios”, pues los ángeles no tienen la gracia, el honor de ser hijos de Dios.

“En efecto, ¿a qué ángel dijo alguna vez: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy; y también: Yo seré para él Padre, y él será para mi Hijo? Hebreos 1,5.

También les reveló, que el hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se haría hombre, y aún como hombre los ángeles tendrían que adorarlo.

“Y nuevamente al introducir a su Primogénito en el mundo dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios” Hebreos 1,6.

Adorar y postrarse ante una naturaleza inferior a la suya, era algo que Luzbel no pudo soportar. ¿Yo, adorar a Dios hecho hombre? ¡Jamás! Y gritó con voz luciferiana una exclamación que estremecería el cielo: ¡YO NO SERVIRÉ! Porque ¡¿QUIÉN ES COMO YO?!

Al fin el pecado surgido en el interior de Luzbel había adquirido la fuerza para rebelarse, porque Dios lo había hecho tan bello, tan excelso, que la Sagrada Escritura nos lo cuenta así:

“...Así dice el Señor Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en belleza. En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu creación. Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en tu conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló iniquidad en ti. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban. Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y has desaparecido para siempre” Ezequiel 28,12-19.

Inmediatamente, Luzbel comenzó a sembrar la discordia entre los demás ángeles, pintando a Dios como un opresor. Recordemos cómo Satanás, sembró la discordia entre Dios y el hombre al decir a la mujer: “Dios no quiere que coman porque el día que lo hagan, seréis como dioses” ¿Qué fue lo que Luzbel prometió a los ángeles si se rebelaban contra Dios y lo seguían a él?

“¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra, dominador de naciones! Tú que habías dicho en tu corazón: «Al cielo voy a subir, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión, en el extremo norte. Subiré a las alturas del nublado, me asemejaré al Altísimo” Isaías 14,12-14.

Y una tercera parte de los ángeles de Dios lo escucharon y le creyeron. ¿Cómo fue posible, que seres de luz perfectos y tan inteligentes creyeran que Luzbel podía poner su trono por encima del trono de Dios y reinar sobre ellos (las estrellas de Dios)? ¿En qué momento se le ocurrió a Luzbel, que podría derrocar a Dios?

Ante todo debemos tomar en cuenta que Luzbel era muy querido, respetado y admirado por los demás ángeles, y que hasta ese momento los ángeles no tenían malicia y nunca habían escuchado una mentira. Con cuánta razón diría Jesucristo que, ¡Satanás es el padre de la mentira! Juan 8,44.

¿CÓMO REACCIONARÍA DIOS ANTE LA REBELIÓN DE SU ÁNGEL PREDILECTO?

Primero que nada, Dios experimentó un profundo dolor y decepción.

Él podía terminar la rebelión destruyendo a Lucifer, pero eso, lejos de solucionar las cosas, las empeoraría, y ante los ojos de los demás ángeles rebeldes, significaría que Luzbel tenía razón.

Obedecerían a Dios, no por amor, ni por propia voluntad, sino por miedo a las represalias. Y el amor, la lealtad, la obediencia, para que sean genuinos ¡tienen que ser libres! El libre albedrío es algo tan sagrado para Dios, que Él mismo, jamás violaría nuestra voluntad.

Si Dios quisiera exterminar la maldad, tendría que destruir a todos los seres humanos, pues en mayor o menor medida, tú querido lector, y yo, somos todos pecadores. La libertad es un don precioso que Dios nos dio, de lo contrario, sólo seríamos robots, siguiendo instrucciones programadas.

Pero la libertad también tiene sus desventajas. Como que alguien decida rebelarse contra el orden establecido por Dios. La libertad lleva implícito el riesgo de la rebeldía. ¿Qué decisión tomaría Dios? Sin duda la más sabia…

“Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?" El les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" Díceles: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero."» Mateo 13,27-30.

Lucifer y sus ángeles no podían permanecer en el cielo para seguir sembrando la discordia y atentando contra el gobierno de Dios. Pero una cosa era clara, ellos no se irían voluntariamente. No quedaba sino un sólo camino… ¡LA GUERRA!

Cuando estuvo en la tierra, Jesucristo declaró ante Pilatos: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.» Juan 18,36 Y EN EL CIELO, EN SU MUNDO, EN SU REINO, SUS SERVIDORES FUERON A LA GUERRA POR SU SEÑOR, POR SU REY, POR SU DIOS...

¿Cómo se peleó, qué armas se utilizaron y cuánto duró? Son cosas que la mente humana no puede comprender, sólo sabemos que a diferencia de Lucifer, que se miró a sí mismo y se enamoró de su belleza. Otro ángel se despreció a sí mismo, miró a su Dios, a su creador y se enamoró de Él. Y exclamó con un fuerte grito, el que vendría a ser su nombre: MIGUEL, ¡¿QUIÉN COMO DIOS?! Y éste ángel ocupó el lugar que perdió Lucifer. San Miguel Arcángel, Príncipe de los ejércitos celestiales, comandaría a los ejércitos de Dios ¡en la Madre de todas las batallas!

“Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él. Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios. Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte. Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar! porque el Diablo ha bajado donde vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo»” Apocalipsis 12,7-12.

Satanás fue expulsado para siempre, y ese hermoso ángel de luz, privado de la gloria del resplandor de Dios, fue perdiendo su brillo, su esplendor, su belleza, y se convirtió en un ser que hoy en día sólo causa espanto y horror.

Dios dejó crecer el mal junto con el bien. Los ángeles ya tomaron su decisión. La decisión de un ángel es irrevocable, un ángel no se arrepiente, no cambia de opinión, por eso Dios no podría perdonarlos, porque DIOS NO PUEDE PERDONAR A QUIEN NO QUIERE SER PERDONADO.

Ahora corresponde al hombre elegir el bando en el que quiera servir. En adelante, los hombres serán, o los hijos de la luz, o los hijos de las tinieblas. Al final del mundo serán separados los malos de los buenos y cada quien recibirá lo que merece. No olvides que Lucifer ignoró a Dios y se miró a sí mismo, y Miguel se despreció a sí mismo y levantó los ojos hacia Dios.

Siempre que te olvidas de Dios y te miras a ti mismo, tus logros, tu autosuficiencia, debes tener mucho cuidado ¡porque estás pisando terrenos luciferianos!

¡GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD, ¡¿QUIÉN ES COMO DIOS?!

PAX ET BONUM

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