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sábado, 20 de junio de 2020

Anne falleció con sólo ocho años, pero pese a su corta edad entró profundamente en el misterio de Dios


ANNE FALLECIÓ CON SÓLO OCHO AÑOS, PERO PESE A SU CORTA EDAD ENTRÓ PROFUNDAMENTE EN EL MISTERIO DE DIOS

Los obispos franceses dan vía libre al proceso de Anne Gabrielle Caron, fallecida en 2010

Murió con 8 años y va camino a los altares, «ejemplo de santidad para niños enfermos y sus familias»
Por Javier Lozano / ReL

Los obispos franceses han dado el visto bueno a la apertura de la causa de beatificación de Anne Gabrielle Caron, una niña de ocho años que falleció en 2010 debido a un agresivo cáncer de huesos. Pese a su corta vida dio un impresionante testimonio de fe y las gracias llevan tiempo llegando a la familia y a la diócesis de Fréjus-Toulon, cuyo obispo es Dominique Rey.

El 12 de septiembre, festividad del Dulce Nombre de María, será la apertura oficial de esta causa de beatificación de Anne en la iglesia de San Francisco de Paula de Toulon. Para monseñor Rey esta niña es “una figura de santidad para los niños enfermos y sus familias”.

Su forma de afrontar la enfermedad desde el amor a Jesús, su intención de parecerse a Santa Teresita de Lisieux y el anhelo por recibir la Comunión marcaron la vida de esta pequeña niña, que irradió luz a todo su entorno y mucho más allá.

Sensibilidad por el sufrimiento de los demás


Anne Gabrielle era la mayor de tres hermanos. Desde que aprendió a hablar y a tener uso de razón llamaba la atención por la sensibilidad que tenía por el sufrimiento de los demás. Con apenas dos años le gustaba consolar a Cristo crucificado. Siendo más mayor sorprendió a sus profesores por querer siempre ir al encuentro de los niños que estaban solos en el patio.


Este sufrimiento sería más tarde el que marcaría el resto de su vida. A los seis años empezó a sentir un fuerte dolor en una pierna. A los siete le diagnosticaron cáncer con metástasis. Los tratamientos, el avance y el retroceso de la enfermedad fueron marcando sus días en el que Jesús era el centro. Su fe y discernimiento no parecían propios de su edad.

El duro tratamiento que recibió al inicio de la enfermedad recién cumplidos los siete años le hizo a esta niña preguntarse por qué Dios la había elegido para esa prueba. El padre Dubrule la acompañó en todo este proceso y le hizo entender que no había respuesta para esta pregunta pero que sí podía dar sentido a sus sufrimientos ofreciéndolo por distintas intenciones. Esta conversación marcó profundamente a la pequeña Anne que lo integró muy rápido en su día a día. Para este sacerdote, ella inició su propio camino de santidad.

"¿Por qué me ha elegido a mí?"

“Mi hija me mostró el camino al cielo”, relataba en el pasado Marie-Dauphine Caron, explicando que “la pérdida de un hijo es terrible, ver el sufrimiento de un niño es también terrible porque te sientes impotente”. Pero a pesar de ello, tenía claro que su sufrimiento se ha convertido en una obra de amor en medio de un mundo hedonista.

“¿Por qué Dios me ha elegido a mí para esto?”, se preguntaba la pequeña cuando el dolor arreciaba. Pero rápidamente ella decía: “estoy dispuesto a aceptarlo”. Ella misma afirmaba que ofrecía todo aquel sufrimiento de la quimioterapia que la consumía por el resto de niños del hospital y por los médicos.

Su madre ha relatado numerosos momentos durante la enfermedad de su hija que atisbaban esta fama de santidad que se ha extendido una vez fallecida. “Aunque no me gusta estar enferma tengo suerte porque puedo ayudar al buen Dios a llevarle a la gente de nuevo a Él. Quiero ayudar a los que sufren”, decía Anne.

De hecho, cinco meses antes morir confesó una cosa a su madre que la dejó completamente estupefacta. “Le he pedido a Dios que me dé todos los sufrimientos de los niños del hospital”. Y Dios se los dio porque en ocasiones decía: ‘y estoy sufriendo tanto…’”, le dijo su hija.


Para la pequeña Anne Gabrielle su ejemplo era santa Teresa de Lisieux, a la que quería imitar en su vida. Una santa que, por otro lado, también sufrió mucho durante su corta vida. Y tenía tal confianza con Dios que ella alegremente, pese al sufrimiento, decía claramente: “seré santa”.

Otra confesión que hizo Anne emocionó profundamente a su madre: “Sabes mamá, creo de vez en cuando que cuando esté muerta no va a ser difícil para mí portarme bien. No será difícil ser agradable con la gente, pensar en los demás, obedecer y pintar con los hermanos”.

Pero en esta lucha no todo fue una aceptación total sino que el dolor provocado por este cáncer le hizo a la pequeña cuestionarse todo. “Necesito que alguien me diga que Dios es realmente bueno”, llegó a afirmar o “cuando veo que tan pocas personas creen en Dios, me pregunto si realmente existe”. Pero rápidamente volvía a abrazarse a su querido Jesús.

Su amor por la Eucaristía

Pero si algo marcó la parte final de la vida de Anne Gabrielle Caron fue su enorme deseo por la Eucaristía, marcado además por su Primera Comunión, un auténtico acontecimiento dadas las circunstancias.

Durante meses, ya enferma, la pequeña se preparó para recibir a Jesús. En marzo de 2009 decía: “me gustaría hacer mi primera comunión para poder hacer aún más sacrificios”. Unas semanas después ya sólo hablaba de su comunión, y no por la fiesta o los regalos. En mayo decía a su madre: “quiero recibir a Jesús. Te das cuenta que Él va a entrar en mi corazón, no puedo esperar”.

Su madre luego le preguntó si estaba así por llevar un vestido blanco y una bonita corona de flores. Pero Anne-Gabrielle respondió: “Oh mamá, por supuesto que me hará feliz. Pero lo que realmente me gusta es que voy a recibir a Jesús”.

La prueba de su Primera Comunión

Sin embargo, también aquí vivió una dura prueba. Su comunión sería el 7 de junio pero dos días antes su estado de salud empeoró por la enfermedad por lo que tuvo que ser trasladada al hospital. Sabía que no saldría de allí por su comunión. "¿Por qué, por qué el buen Señor permite esto? Le había pedido a la Virgen que no volviera al hospital. ¿Por qué? ¡Tenía tantas ganas de hacer mi primera comunión!”, decía entre lágrimas.

​Una cosa pidió a su madre, que rezara a la Virgen para que le diera a tiempo a salir del hospital para hacer su comunión. Ella estaba hospitalizada en Marsella. Con todo el que se cruzaba le pedían que rezara por esta intención.

Finalmente, como si fuera un milagro todas las pruebas médicas se fueron realizando rápidamente y su propio estado de salud fue mejorando. El domingo por la mañana le dieron el alta, pero era casi imposible llegar a la iglesia de Toulon.

Cuando llegaron a la autopista eran las 11 de la mañana y la misa ya había comenzado. Su padre condujo lo más rápido que pudo y juntos rezaron a la Santísima Virgen para que los ayudase a llegar a tiempo. A medida que avanzaban, también recitaron las oraciones para prepararse para la comunión. Creían que llegarían, esperando contra toda esperanza.

Pero al llegar a Toulon quedaron atrapados en un atasco. Su padre empezó a mentalizar a Anne de que no podría hacer la primera comunión. Pero aún así lo intentó y 20 minutos más tarde llegaron a la iglesia. La misa acababa de terminar y los niños estaban preparados para hacer la procesión de salida.

Anne, el día de su comunión, que recibió una vez acabada la misa.
"Ver a Anne Gabrielle fue ver a Dios"
Anne-Gabrielle entró llorando a la iglesia con su vestido blanco. De repente, el coro dejó de cantar y el sacerdote decidió que Anne-Gabrielle hiciera su primera en ese momento y en presencia de toda la parroquia. Cumplió el gran deseo de su vida.

Cuando recibió a Jesús se hizo un gran silencio en toda la iglesia. Los fieles quedaron fascinados por la meditación de esta pequeña niña y conmovidos por este encuentro entre Dios y esta alma que tanto le amaba. El sacerdote mismo daría más tarde testimonio de su emoción: “Nunca he visto a nadie como ella. Para mi corazón sacerdotal, este sigue siendo un momento muy conmovedor".

Una vez que su salud empeoró y la muerte se aproximaba hasta el propio obispo Rey acudió a su casa a dar la comunión a la pequeña. En estas últimas semanas vivió su propia Pasión hasta que tras 30 horas de agonía fallecía el 23 de julio de 2010. “Ver a Anne-Gabrielle fue ver a Dios”, diría el sacerdote durante el funeral.

Años después de su muerte su madre lo ve claro: “Todo es gracia”. Ella enseñó a su familia y a su entorno a vivir el presente, “el día de Dios” y a ser feliz aun con las cosas más sencillas.

Desde entonces son numerosas las gracias en todo el mundo las que ha recibido la familia y los sacerdotes que llevan la causa. Su testimonio ha recorrido el mundo y su ejemplo ha ayudado a numerosas familias a las que ha golpeado la enfermedad, tanto a los propios niños como a sus padres

Fuente religionenlibertad.com

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miércoles, 22 de abril de 2020

La escalera de San José: un misterio que nadie ha podido explicar


LA ESCALERA DE SAN JOSÉ: UN MISTERIO QUE NADIE HA PODIDO EXPLICAR

La Capilla de Loreto en Santa Fe, Nuevo México guarda en su interior una misteriosa escalera “caracol” de 33 escalones y que se balancea como un resorte cuya construcción es atribuida, según una antigua devoción popular, a San José, el esposo de la Virgen María.

Sigue leyendo y conocerás la fascinante historia detrás de esta hermosa escalera.

El origen



En el año 1852 siete hermanas misioneras viajaron a Nuevo México y le pidieron al obispo que les diera permiso para fundar un nuevo convento dedicado a la educación de niñas. El obispo vio con agrado dicha petición y las hermanas misioneras se establecieron en dicha diócesis.

20 años después, y viendo los numerosos frutos que producía el trabajo de las hermanas, el obispo les sugirió que construyeran una capilla bajo la advocación de Nuestra Señora de la luz.

La capilla ya estaba casi terminada cuando el arquitecto encargado de la obra falleció quedando pendiente la construcción de la escalera que conectaría al coro de la capilla. Pero había un problema: ¡el arquitecto nunca dejó planos para dicha escalera! Evidentemente esto preocupaba mucho al obispo, a las misioneras y, sobre todo, a las hermanitas del coro.

La construcción de la escalera

Este hizo que las hermanas ofrecieran una novena a San José pidiendo su intercesión para resolver el problema. El último día de la novena un señor montado en un borrico se acercó a la capilla y se ofreció a construir una escalera con la única condición de que nunca revelaría su nombre. La madre superiora aceptó la oferta pues entendió que se trataba de una respuesta divina a sus oraciones.

Cuando la escalera fue terminada el carpintero desapareció sin cobrar nada por su trabajo. Por esa razón los fieles de dicha región dedujeron que se trataba de un milagro y que el carpintero era San José, a quien las hermanas pedían durante la novena.

Una escalera muy peculiar


La escalera atribuida a San José no solo es misteriosa por su constructor. En ella se empleó madera que no existe en los Estados Unidos… ¡Es madera de Medio Oriente! Algunos aseguran que se trata de abeto (un árbol muy común en Navidad) pero de una variedad muy extraña que es imposible de encontrar en esa zona.

Además, esta escalera en forma de caracol da dos vueltas de 360 grados sin ningún apoyo en el centro. A pesar de la complejidad de su construcción esta no utiliza clavos; los trozos curvados de madera encajan a la perfección como un gran rompecabezas. ]Es inexplicable que un solo hombre haya podido armarla en el año 1878.

Los 33 escalones tampoco están clavados. Por tal subir por ellos hay cierta sensación de elasticidad.

En la actualidad
En los años 60’s del siglo pasado las vocaciones religiosas se redujeron considerablemente y las hermanas de Loreto tuvieron que vender los terrenos donde fue construida su capilla. En el año 1971 la capilla fue finalmente desconsagrada y en la actualidad se conserva como monumento nacional. Hoy funciona como museo y suele ser alquilada para bodas.

La Iglesia Católica no tiene una postura oficial (ni a favor ni en contra) sobre el milagroso origen de la escalera, pero la piedad popular así lo sigue creyendo.

Fuente ChurchPop.com

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jueves, 26 de marzo de 2020

¡Ya viene! Navidad, el misterio más preciado


¡YA VIENE! NAVIDAD, EL MISTERIO MÁS PRECIADO

Por Myriam Ponce 

Tu madre cocinó tu platillo favorito, el clásico de cada año; hay ponche en una gran jarra y chocolate caliente en otra, para después de la cena. La frescura de la noche abraza el calor del hogar, y el olor a Navidad inunda la habitación. Está listo, todos reunidos, la cena servida y el ambiente en espera. Todos ansiosos, esperando comenzar.

Pero, aguarda, … falta el invitado principal.

A veces, en medio de la celebración, olvidamos el verdadero significado y propósito de la fecha. Claro, siendo cristianos, celebramos el nacimiento de Jesucristo, pero el trasfondo es mucho mayor.

Bajo el brillo de aquella estrella de Oriente, entre un sinfín de carencias, la Palabra de Dios se hizo carne, … repito:

La Palabra de Dios se hizo carne.

Y habitó entre nosotros (Jn 1, 14), dando inicio a la mayor prueba de amor que ha visto la humanidad. Dios, siendo Señor del Universo, vino a la Tierra en voluntad y razón, en cuerpo y alma, para mostrarnos Su amor infinito dentro de un inmenso misterio.

De la Navidad, lo más importante no es su aspecto exterior, reflejado en las diferentes tradiciones y costumbres, sino su significado interior, que verdaderamente resulta ser un gran tesoro.

El Señor vuelve a nacer siempre gustosamente en el espíritu de quienes así lo desean. Por eso, cada Navidad es una oportunidad para pedir que el Señor venga a renovar nuestro interior:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un firme espíritu.” (Sal 51, 12)

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre, pero se manifiesta a sí mismo en la medida en que sabe que lo puede asimilar quien lo recibe. Para ello, es sensato preparar nuestro corazón confiando que el Señor morará en él y lo transformará:

“Les daré un corazón nuevo y pondré en su interior un espíritu nuevo. Quitaré de su carne su corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Así caminarán según mis mandamientos, observarán mis leyes y las pondrán en práctica, entonces serán mi pueblo y yo seré su Dios.” (Ez 11, 19-20)

¡Imagina esto! Debe ser una eterna maravilla.

Este es el verdadero sentido de la Navidad. Todo adorno y celebración se funda en la confianza de que nuestra vida es eterna y que el Señor, en su sencillez, ha venido a mostrarnos el camino para alcanzarla.

Cuando ponemos nuestra disposición para desarrollar una relación sincera con un Padre amoroso, Él mismo nos ayuda a valorar cada oportunidad que nos ofrece para comenzar de nuevo, pero ahora de Su Mano, dejando atrás los errores y las culpas. Él, como nuestro Padre, anhela vernos avanzar y confiar en que un día podremos disfrutar de la eternidad que nos promete. Él cree en nosotros y confía en que seremos nuevas personas y reflejaremos Su Amor en nuestras vidas.

Esta Navidad, celebremos el nacimiento de Jesús en nuestros corazones y Su permanencia en nuestras vidas. Celebremos un renacer en humildad y servicio. Celebremos el misterio más preciado de nuestra historia. Celebremos el fortalecimiento de una relación sincera y de amor con Dios. Regocijémonos en el nacimiento de nuestro Salvador, celebremos el nacimiento del Hijo de Dios, el Creador, en la Tierra.

Por mi parte, ruego para que, durante esta época, y siempre, valoremos la pureza del relato del nacimiento de Cristo en nuestros corazones y veamos con gratitud nuestra renovación y determinación a seguirle; que Su nacimiento también sea oportunidad y motivo para acercarnos a nuestra familia, a nuestra Iglesia y a nuestro prójimo, esperando juntos Su pronto regreso.

¡Feliz Navidad!

Fuente católicodefiendetufe

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sábado, 4 de enero de 2020

Un misterio: ¿Dónde están sepultados los Reyes Magos?


UN MISTERIO: ¿DÓNDE ESTÁN SEPULTADOS LOS REYES MAGOS?

Hace 854 años que los restos de los Tres Reyes Magos yacen en la catedral alemana de Colonia, en el oeste del país. Pero, ¿Se trata realmente de Melchor, Gaspar y Baltasar?

Hace exactamente 854 años, el 23 de julio de 1164, el arzobispo Rainald von Dassel trasladó los restos hasta Colonia. Entonces nadie puso en duda su veracidad, pero hoy en día muchos quieren saber exactamente si los restos son o no son de sus majestades de Oriente.

La primera sorpresa: en la Biblia apenas se encuentran menciones sobre los Tres Reyes Magos. Tres de los cuatro evangelistas los ignoran. Sólo aparecen mencionados en el Evangelio de San Mateo, pero no habla de reyes, sino de “magoi”.

Cuando San Mateo escribió su Evangelio, el término “magoi” englobaba a los miembros de la casta de los sacerdotes persa-babilónica, que se ocupaban de la astronomía y de la astrología. El concepto “judiciario” (personas que estudian la posición y el movimiento de los astros) habría sido por ello el correcto.

No fue hasta el siglo V cuando los magos se convirtieron en reyes, debido seguramente a que en el Antiguo Testamento había una profecía que hablaba que el Mesías recibiría regalos de los reyes.

El evangelista también menciona otro detalle: el asunto de la estrella. “Vimos salir una estrella y la seguimos para adorarle‘, relatan los ‘magoi‘. ‘Y la estrella, que vieron en el cielo, les guió hasta el lugar donde estaba el niño”. Así, a lo largo de los años la existencia de la estrella de Belén no sólo cautivó a los teólogos, sino también a los astrónomos.

Actualmente muchos científicos están convencidos de que sí que apareció la estrella. Mientras en muchas imágenes es representada como un cometa con una larga estela, la mayoría de los investigadores creen que se trató de una conjunción -aspecto de dos astros que ocupan una misma casa celeste- creada al ponerse los planetas Saturno y Júpiter uno al lado del otro, muy cerca.

Por otro lado, el nombre de los Tres Reyes Magos no tiene su origen en la Biblia. La primera vez que aparecen Melchor, Gaspar y Baltasar fue en el siglo VI. El monje benedictino inglés Beda Venerabilis supo en torno al año 725 que Melchor fue un anciano con barba blanca, Baltasar un hombre de mediana edad con una barba tupida negra y Gaspar un mozalbete sin barba. En base a esto los asignó a los continentes conocidos entonces: Europa, Asia y África.

Posteriormente, Baltasar fue calificado como un moro noble de África. De esta manera, los reyes representaban a todos los hombres del planeta: mayores y jóvenes, negros y blancos.

Sin embargo, ¿Están sus restos realmente en el la catedral de Colonia? Para ello hay que seguir la historia de las reliquias. Al parecer Flavia Iulia Helena Augusta, también conocida como Helena de Constantinopla y madre del emperador romano Constantino I, descubrió los restos durante un viaje de peregrinación a Palestina.

A través de Constantinopla, los huesos llegaron a Milán, conquistada de nuevo en 1162 por el emperador Barbarroja. Inmediatamente después acabaron en manos del arzobispo de Colonia Rainald von Dassel. No está claro si fue un regalo del emperador o si él mismo llegó a ellos. En cualquier caso, llevó el trofeo de guerra en 1164 a la ciudad alemana.

Aunque los restos no habían causado demasiado revuelo hasta el momento, durante su viaje Dassel fue haciendo paradas y consiguió elevar enormemente la popularidad de las valiosas reliquias. Así, Colonia acabó convirtiéndose en una ciudad de peregrinación, junto a Santiago de Compostela y Roma, gracias a la llegada de las reliquias.

Para poner de relieve la gran importancia de los huesos, Colonia ordenó al más famoso orfebre, Nikolaus von Verdun, un trabajo de orfebrería titánico: la creación del cofre duró 40 años.

Pero aquello no era suficiente para albergar el mayor relicario de la cristiandad, según Colonia. Debían construir una nueva catedral, más grande que la antigua, para que fuera la mayor iglesia sobre la Tierra. Así comenzó la construcción de la nueva catedral de Colonia, que perduró hasta nuestros días.

Fue el 21 de julio de 1864 cuando los investigadores, con gran sorpresa, descubrieron los esqueletos casi completos de un joven de 12 años y de dos hombres mayores, de 30 y 50 años. Las edades encajaban con la representación de los Tres Reyes Magos.

Y no fue la única sorpresa. Más de cien años después, en 1979, se analizó la tela con la que habían envuelto los huesos. El resultado: se trataba de un damasco de seda y púrpura del siglo II o III después de Cristo. La ropa era por tanto más antigua de lo que se pensaba.

Fuente católicodefiendetufe

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domingo, 17 de noviembre de 2019

¡Ya viene! Navidad, el misterio más preciado


¡YA VIENE! NAVIDAD, EL MISTERIO MÁS PRECIADO
Por Myriam Ponce

Tu madre cocinó tu platillo favorito, el clásico de cada año; hay ponche en una gran jarra y chocolate caliente en otra, para después de la cena. La frescura de la noche abraza el calor del hogar, y el olor a Navidad inunda la habitación. Está listo, todos reunidos, la cena servida y el ambiente en espera. Todos ansiosos, esperando comenzar.



Pero, aguarda, … falta el invitado principal.

A veces, en medio de la celebración, olvidamos el verdadero significado y propósito de la fecha. Claro, siendo cristianos, celebramos el nacimiento de Jesucristo, pero el trasfondo es mucho mayor.

Bajo el brillo de aquella estrella de Oriente, entre un sinfín de carencias, la Palabra de Dios se hizo carne, … repito:

La Palabra de Dios se hizo carne.

Y habitó entre nosotros (Jn 1, 14), dando inicio a la mayor prueba de amor que ha visto la humanidad. Dios, siendo Señor del Universo, vino a la Tierra en voluntad y razón, en cuerpo y alma, para mostrarnos Su amor infinito dentro de un inmenso misterio.

De la Navidad, lo más importante no es su aspecto exterior, reflejado en las diferentes tradiciones y costumbres, sino su significado interior, que verdaderamente resulta ser un gran tesoro.

El Señor vuelve a nacer siempre gustosamente en el espíritu de quienes así lo desean. Por eso, cada Navidad es una oportunidad para pedir que el Señor venga a renovar nuestro interior:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un firme espíritu.” (Sal 51, 12)

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre, pero se manifiesta a sí mismo en la medida en que sabe que lo puede asimilar quien lo recibe. Para ello, es sensato preparar nuestro corazón confiando que el Señor morará en él y lo transformará:

“Les daré un corazón nuevo y pondré en su interior un espíritu nuevo. Quitaré de su carne su corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Así caminarán según mis mandamientos, observarán mis leyes y las pondrán en práctica, entonces serán mi pueblo y yo seré su Dios.” (Ez 11, 19-20)

¡Imagina esto! Debe ser una eterna maravilla.

Este es el verdadero sentido de la Navidad. Todo adorno y celebración se funda en la confianza de que nuestra vida es eterna y que el Señor, en su sencillez, ha venido a mostrarnos el camino para alcanzarla.

Cuando ponemos nuestra disposición para desarrollar una relación sincera con un Padre amoroso, Él mismo nos ayuda a valorar cada oportunidad que nos ofrece para comenzar de nuevo, pero ahora de Su Mano, dejando atrás los errores y las culpas. Él, como nuestro Padre, anhela vernos avanzar y confiar en que un día podremos disfrutar de la eternidad que nos promete. Él cree en nosotros y confía en que seremos nuevas personas y reflejaremos Su Amor en nuestras vidas.

Esta Navidad, celebremos el nacimiento de Jesús en nuestros corazones y Su permanencia en nuestras vidas. Celebremos un renacer en humildad y servicio. Celebremos el misterio más preciado de nuestra historia. Celebremos el fortalecimiento de una relación sincera y de amor con Dios. Regocijémonos en el nacimiento de nuestro Salvador, celebremos el nacimiento del Hijo de Dios, el Creador, en la Tierra.

Por mi parte, ruego para que, durante esta época, y siempre, valoremos la pureza del relato del nacimiento de Cristo en nuestros corazones y veamos con gratitud nuestra renovación y determinación a seguirle; que Su nacimiento también sea oportunidad y motivo para acercarnos a nuestra familia, a nuestra Iglesia y a nuestro prójimo, esperando juntos Su pronto regreso.

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martes, 29 de octubre de 2019

El misterio del rayo que mató a 25 personas en una iglesia y dejó ilesos a los sacerdotes


EL MISTERIO DEL RAYO QUE MATÓ A 25 PERSONAS EN UNA IGLESIA Y DEJÓ ILESOS A LOS SACERDOTES 

A principios del siglo pasado, en Allariz, vivieron una catástrofe que, a día de hoy, ostenta todavía el récord mundial. Cuarto Milenio se traslada a Orense para investigar la tragedia


Dicen que en Galicia no suele llover, pero cuando cae una tormenta nunca llega sola. Las desgracias acompañan a la lluvia, como cuando vuelca un barco y el mar devuelve a los pescadores a casa, o como el trágico verano de 1902, cuando provocó una catástrofe en la hoy desaparecida iglesia de San Salvador de Allariz (Orense) que sigue siendo un misterio para los científicos.

Había muerto un vecino del pueblo gallego y, como era costumbre, casi toda la aldea acudió a mostrar sus respetos a la iglesia. Se sumaron también varios labradores, en un fútil intento de escapar de la tormenta. Mojados por la lluvia, se hacinaron en la entrada de la iglesia, taponando la única vía de salida para la catástrofe que se avecinaba.

Tal y como ha recreado Cuarto Milenio, a través de una investigación para conocer este acontecimiento que ha dejado muy sorprendido a Iker Jiménez, mientras los feligreses rezaban se produjo una explosión, cuando un rayo penetró por el campanario y alcanzó a los vecinos que rezaban. Se escucharon gritos y lamentos, la gente no sabía que hacer, horrorizada ante la mala fortuna. Fue un caos inmenso.


En el suceso, que a día de hoy ostenta el récord mundial, tal y como explican en Cuarto Milenio, murieron de forma horrible 25 personas ese 24 de julio del año 1902 y hasta 40 resultaron heridos de gravedad. Sin embargo, lo más curioso de la tragedia es que los sacerdotes que impartían la misa salieron ilesos.


Recreación de cuarto milenio de la tragedia 

La coincidencia se mezcló con la superstición, y fue calando en el pueblo de Allariz que se había tratado de un castigo divino y que, quizás, el pueblo seguía maldito desde entonces.

Si bien no existe ninguna prueba que lo corrobore, sí es cierto que el miedo al lugar donde se produjo la misteriosa catástrofe derivó en que el pueblo abandonase la iglesia de San Salvador, de la que solo quedaron algunas piedras y la portada, que se integraron a la iglesia de San Pedro. Y en el lugar donde el rayó caló y mató a 25 personas, ya solo queda un vestigio de ese fatídico día: una cruz abandonada a la que nadie quiere acercarse.

Fuente ABC

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viernes, 25 de octubre de 2019

Un misterio: ¿Dónde están sepultados los Reyes Magos?


UN MISTERIO: ¿DÓNDE ESTÁN SEPULTADOS LOS REYES MAGOS?

Hace 854 años que los restos de los Tres Reyes Magos yacen en la catedral alemana de Colonia, en el oeste del país. Pero, ¿Se trata realmente de Melchor, Gaspar y Baltasar?

Hace exactamente 854 años, el 23 de julio de 1164, el arzobispo Rainald von Dassel trasladó los restos hasta Colonia. Entonces nadie puso en duda su veracidad, pero hoy en día muchos quieren saber exactamente si los restos son o no son de sus majestades de Oriente.

La primera sorpresa: en la Biblia apenas se encuentran menciones sobre los Tres Reyes Magos. Tres de los cuatro evangelistas los ignoran. Sólo aparecen mencionados en el Evangelio de San Mateo, pero no habla de reyes, sino de “magoi”.

Cuando San Mateo escribió su Evangelio, el término “magoi” englobaba a los miembros de la casta de los sacerdotes persa-babilónica, que se ocupaban de la astronomía y de la astrología. El concepto “judiciario” (personas que estudian la posición y el movimiento de los astros) habría sido por ello el correcto.

No fue hasta el siglo V cuando los magos se convirtieron en reyes, debido seguramente a que en el Antiguo Testamento había una profecía que hablaba que el Mesías recibiría regalos de los reyes.

El evangelista también menciona otro detalle: el asunto de la estrella. “Vimos salir una estrella y la seguimos para adorarle‘, relatan los ‘magoi‘. ‘Y la estrella, que vieron en el cielo, les guió hasta el lugar donde estaba el niño”. Así, a lo largo de los años la existencia de la estrella de Belén no sólo cautivó a los teólogos, sino también a los astrónomos.

Actualmente muchos científicos están convencidos de que sí que apareció la estrella. Mientras en muchas imágenes es representada como un cometa con una larga estela, la mayoría de los investigadores creen que se trató de una conjunción -aspecto de dos astros que ocupan una misma casa celeste- creada al ponerse los planetas Saturno y Júpiter uno al lado del otro, muy cerca.

Por otro lado, el nombre de los Tres Reyes Magos no tiene su origen en la Biblia. La primera vez que aparecen Melchor, Gaspar y Baltasar fue en el siglo VI. El monje benedictino inglés Beda Venerabilis supo en torno al año 725 que Melchor fue un anciano con barba blanca, Baltasar un hombre de mediana edad con una barba tupida negra y Gaspar un mozalbete sin barba. En base a esto los asignó a los continentes conocidos entonces: Europa, Asia y África.

Posteriormente, Baltasar fue calificado como un moro noble de África. De esta manera, los reyes representaban a todos los hombres del planeta: mayores y jóvenes, negros y blancos.

Sin embargo, ¿Están sus restos realmente en el la catedral de Colonia? Para ello hay que seguir la historia de las reliquias. Al parecer Flavia Iulia Helena Augusta, también conocida como Helena de Constantinopla y madre del emperador romano Constantino I, descubrió los restos durante un viaje de peregrinación a Palestina.



A través de Constantinopla, los huesos llegaron a Milán, conquistada de nuevo en 1162 por el emperador Barbarroja. Inmediatamente después acabaron en manos del arzobispo de Colonia Rainald von Dassel. No está claro si fue un regalo del emperador o si él mismo llegó a ellos. En cualquier caso, llevó el trofeo de guerra en 1164 a la ciudad alemana. 


Aunque los restos no habían causado demasiado revuelo hasta el momento, durante su viaje Dassel fue haciendo paradas y consiguió elevar enormemente la popularidad de las valiosas reliquias. Así, Colonia acabó convirtiéndose en una ciudad de peregrinación, junto a Santiago de Compostela y Roma, gracias a la llegada de las reliquias. 

Para poner de relieve la gran importancia de los huesos, Colonia ordenó al más famoso orfebre, Nikolaus von Verdun, un trabajo de orfebrería titánico: la creación del cofre duró 40 años.

Pero aquello no era suficiente para albergar el mayor relicario de la cristiandad, según Colonia. Debían construir una nueva catedral, más grande que la antigua, para que fuera la mayor iglesia sobre la Tierra. Así comenzó la construcción de la nueva catedral de Colonia, que perduró hasta nuestros días.


Fue el 21 de julio de 1864 cuando los investigadores, con gran sorpresa, descubrieron los esqueletos casi completos de un joven de 12 años y de dos hombres mayores, de 30 y 50 años. Las edades encajaban con la representación de los Tres Reyes Magos.

Y no fue la única sorpresa. Más de cien años después, en 1979, se analizó la tela con la que habían envuelto los huesos. El resultado: se trataba de un damasco de seda y púrpura del siglo II o III después de Cristo. La ropa era por tanto más antigua de lo que se pensaba.

Fuente católicodefiendetufe

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