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domingo, 22 de marzo de 2020

El juicio particular y el juicio final


EL JUICIO PARTICULAR Y EL JUICIO FINAL

Por: Evangelizadores de Tiempo Completo

Significado que tiene decir: El fin del mundo, el Juicio particular y el Juicio final.

Todos hemos deseado en algunos momentos de nuestra vida, ser jueces de los demás. Opinamos con facilidad acerca de su vida juzgando si hicieron bien o mal. Sin embargo, nos cuesta trabajo pensar que nosotros también vamos a ser juzgados al final de nuestra vida y que nuestros actos, por más secretos que hayan sido, van a trascender más allá del momento en el que los hicimos.

¿Qué sucede con el alma después de la muerte?

Los cristianos encontramos en el Evangelio algunos pasajes que nos hablan acerca del destino del alma. Específicamente, en la parábola del pobre Lázaro (Lucas 16, 22) y en las palabras que Cristo dirige al buen ladrón, crucificado junto a Él (Lucas 23, 43).

Al morir, nuestra alma se separará de nuestro cuerpo. Se presentará ante Dios para recibir, de acuerdo con lo que nosotros mismos hayamos elegido en la vida terrena, la recompensa o el castigo eterno.

El Juicio Particular

Al morir, tendremos un Juicio Particular. En este juicio nos encontraremos ante Jesucristo y ante nuestra vida: todos nuestros actos, palabras, pensamientos y omisiones quedarán al descubierto.

Suena dramático, pero es real. Si nos encontramos en gracia de Dios, nuestra eternidad feliz empezará en ese momento. Si morimos en una actitud de rechazo total y voluntario a Dios, en pecado mortal, entonces empezará para nosotros el castigo eterno, el infierno.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de la “retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe” (n. 1021). El destino del alma será diferente para cada uno de nosotros, de acuerdo a cómo hayamos utilizado nuestro tiempo de vida en la Tierra.

Hay muchas personas que dicen: “Yo me voy a salvar, pues nunca he hecho el mal a nadie”. Hay que tener cuidado, pues ese día no se nos juzgará sólo por el mal que no hayamos hecho, sino también por el bien que hayamos dejado de hacer. Debemos preocuparnos no sólo por evitar hacer el mal, sino por hacer el bien a todo el que nos rodea. Si no hacemos el bien a los demás, llegaremos al juicio con las manos vacías y “no aprobaremos el examen”.

El Juicio Particular, como su nombre lo dice, será para cada uno de nosotros en lo personal. En éste, Dios nos preguntará: “¿Cuánto amaste?” Y cada uno de nosotros tendrá que responder a esta pregunta. Dios espera que cada uno de nuestros actos sea hecho por amor .

San Juan de la Cruz tiene una frase que dice: “Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor”.

El Juicio Final

El Juicio Final lo tendremos al final de los tiempos, cuando Jesús vuelva a venir glorioso a la Tierra. En él, todos los hombres seremos juzgados de acuerdo a nuestra fe y a nuestras obras.

La resurrección de todos los muertos, “de los justos y de los pecadores”, precederá al Juicio Final. Los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación (Juan 5, 28-29).

En la Biblia podemos leer cómo será este juicio en Mateo 25, 31.32.46: Lo que sucederá ese día, de acuerdo con la narración de Jesucristo, será como un examen de aquello que nos caracteriza como personas humanas: nuestra capacidad de amar.

En ese día saldrán a la luz todas nuestras acciones y se verá el amor hacia los demás que pusimos en cada una de ellas.

Este amor será el que nos juzgará:

"Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber…"

"Id malditos al fuego eterno… porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber…"

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “El Juicio Final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena” (n. 1039).

El juicio final es la prueba de que Dios es infinitamente justo y ha dispuesto todo con sabiduría para que la verdad se conozca y se aplique la justicia en cada hombre con el destino eterno que él mismo se haya merecido.

Algunas personas piensan que no hay que preocuparse por eso de los juicios, pues creen que Dios va a salvar a todos los hombres al final de los tiempos porque es infinitamente bueno y nos ama.

Es verdad que Dios es muy bueno, pero también es muy justo y respeta nuestra libertad. Cuando nosotros estamos en pecado mortal, libremente le hemos dicho a Dios que “no nos interesa salvarnos”. Si morimos en este estado, Dios respetará nuestra decisión. El hombre, con su libertad, alcanza la recompensa o el castigo eterno. 


Frente a Cristo se conocerá la verdad de la relación de cada hombre con Dios.
El Juicio Final revelará que la justicia de Dios triunfa sobre todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte.

Reflexionar tanto en el Juicio Particular como en el Juicio Final nos recuerda que mientras tengamos vida, tenemos oportunidad de alcanzar nuestra salvación. Cada día nos ofrece la posibilidad de amar a Dios y a los que nos rodean, de perdonar a los que nos ofenden, de vivir cristianamente.

¿Cuándo será el juicio final?

El mismo Jesucristo nos aclaró que ni siquiera Él conoce el día ni la hora en que se llevará a cabo este acontecimiento, sino sólo Dios Padre. Así que no debemos dejarnos engañar por personas que pretenden conocer la fecha del fin del mundo. No debemos preocuparnos por intentar conocer esa fecha, sino sólo por estar siempre bien preparados, pues no sabemos en qué momento sucederá.

Para profundizar, puedes leer el Catecismo de la Iglesia Católica núm. 668 - 682, 1021-1023, 1038-1042, 2831

Fuente católicodefiendetufe

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sábado, 8 de febrero de 2020

Los protestantes no creen en santos, pero "canonizan" a sus muertos; no creen en el juicio particular, pero creen que sus muertos ya están en el cielo

Imagen sólo de carácter ilustrativo
LOS PROTESTANTES NO CREEN EN SANTOS, PERO "CANONIZAN" A SUS MUERTOS, NO CREEN EN EL JUICIO PARTICULAR, PERO CREEN QUE SUS MUERTOS YA ESTÁN EN EL CIELO

Por José Leopoldo Fierro Córdova

Incongruencias de los protestantes incompatibles con sus doctrinas. Critican a la Iglesia por tener miles de santos canonizados y sucede que sus pastores a diario "CANONIZAN" a infinidad de santos.

Me refiero cuando celebran un servicio cultico en sus templos de funeral de sus adeptos. Siempre el pastor o la pastora en turno, declara que el hermano o hermana fallecido ya ESTÁ EN EL CIELO.

¿Cómo se atreven a declarar esto? Ninguna secta protestante cree que exista un JUICIO PARTICULAR inmediato a la muerte de cada ser humano. Entonces, si el difunto según sus doctrinas no será juzgado hasta el JUICIO UNIVERSAL al final de los tiempos, ¿Cómo puede el pastor o la pastora que preside el servicio de funeral, afirmar que dicho difunto, su alma ya está en el cielo? ¿Cómo pueden decir esto cuando muchos de ellos creen que las almas de los muertos están dormidas y no despertarán sino hasta el fin del mundo? ¿Es el cielo un dormitorio de almas? ¿Saben más que Dios?

Una persona que ya está en el cielo es UN SANTO. Entonces los protestantes cada vez que muere uno de ellos, su pastor o pastora está de hecho "canonizado" santos. Entonces, ¿Por qué critican a la Iglesia católica que canoniza santos?

En el funeral de un católico, la Iglesia nunca decreta por voz del sacerdote que celebra la Misa de funeral, que existe la certeza que el hermano fallecido ya esta en el cielo. Sólo implora al Altísimo por medio de Nuestro Señor Jesucristo, tenga misericordia del alma del hermano fallecido. No se asegura, como lo afirman los protestantes, de que ya está en el cielo, sino que se hacen rogativas a la misericordia de Dios, para que el hermano fallecido sea merecedor de su misericordia y entre al cielo a contemplar y gozar de Dios por toda la eternidad.

Nuestros hermanos protestantes aseguran que no se debe orar por los muertos. Sin embargo, en los funerales protestantes se proclaman oraciones como estas: nuestro(a) hermano(a) N. diciendo:

TE LO PEDIMOS, SEÑOR.

!Señor, tú que lloraste ante la tumba de Lázaro, dígnate
enjugar nuestras lágrimas, roguemos al Señor.
!Tú que resucitaste a los muertos, dígnate dar la vida
eterna a nuestro(a) hermano(a) N., roguemos al Señor.
!Tú que perdonaste en la cruz al buen ladrón y le
prometiste el paraíso, dígnate perdonar y llevar al cielo
a nuestro(a) hermano(a), roguemos al Señor.
!Tú que purificaste a nuestro(a) hermano(a) con el agua
del bautismo, dígnate admitirlo entre tus santos y
elegidos, roguemos al Señor.
!(Tú que alimentaste a nuestro(a) hermano(a) con tu
cuerpo y con tu sangre, dígnate también admitirlo(a) en
la mesa de tu reino, roguemos al Señor.
!Y a nosotros que lloramos su muerte, dígnate
confortarnos con la fe y la esperanza de la vida eterna,
roguemos al Señor.

LOS PROTESTANTES como ya desde esta vida se creen salvos aun siendo pecadores y rechazando la confesión sacramental instituida por Nuestro Señor Jesucristo, Juan 20,22; así como el sacramento de la unción de los enfermos Santiago 5,14.15. El pastor o pastora les reafirma INFALIBLEMENTE que su entrada al cielo es AUTOMÁTICA, aunque el difunto aún no haya sido juzgado por Dios en un juicio particular.

El pastor o pastora realiza ese juicio particular en el servicio del culto de funeral "canonizando" al difunto como Santo en el cielo. Su cuerpo se le sepulta y ya jamás se ora por él, ni en el templo, ni en la casa o familia del difunto implorando a Dios misericordia por el eterno descanso de su alma, porque ya para ellos es un "santo" canonizado por su líder.

La tumba del difunto se abandona para siempre. No como en el caso de la de difuntos católicos, que se visita y se le da mantenimiento a su lápida y se adorna con flores como se adorna un templo, porque sabemos que allí descansa el cuerpo del ser amado que en vida, fue templo del Espíritu Santo 1 Cor.6,19. En espera de su resurrección prometida por Jesucristo a todo aquel que depositó su fe en Él y realizó buenas obras unidas a Él, como el sarmiento a la Vid. Juan 15,5; reafirmando lo que la Biblia en Apocalipsis 14,13 Nos dice:

"Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus OBRAS con ellos siguen".

CONCLUSIÓN

El protestantismo es un yermo desierto de espiritualidad para sus adeptos aún en vida y aún más después de que estos mueren. Nunca más se les vuelve a recordar en oración alguna y su tumba queda en total olvido.

El protestantismo es un mar de confusión y contradicciones. Aseguran no creer en tantas cosas, pero de hecho las practican. Oremos por su conversión.


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