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miércoles, 8 de septiembre de 2021

Padres deberán pagar 30 mil dólares a su hijo por destruir su colección de pornografía.



Un juez estadounidense le dio la victoria de un caso a un hombre cuyos padres se deshicieron de su extensa colección de material pornográfico; ahora la pareja tendrá que compensar los daños pagándole miles de dólares.

Recientemente, un juez le ordenó a una pareja de Michigan pagar a su hijo una indemnización valorada en más de 30,000 dólares, luego de destruir su colección de pornografía.

Durante un periodo de 10 meses, David Werking, de 43 años, se mudó a casa de sus padres tras haberse divorciado.

Eventualmente cambió su residencia a Muncie, Indiana, aunque sin llevar todas sus pertenencias con él. En casa de sus progenitores dejó una extensa colección de material erótico compuesta por películas y revistas.

Al percatarse de su olvido, se puso en contacto con su familia para recuperar sus pertenencias.

«Francamente, David, te hice un gran favor al deshacerme de todas estas cosas», le respondió su padre a través de un correo electrónico.

Según recopiló la agencia Associated Press, el juez federal de distrito Paul Maloney, concluyó que los progenitores deben devolver el dinero valorado en los daños hechos contra la «propiedad» de su hijo.

«No hay duda de que los objetos destruidos eran propiedad de David», explicó el experto en leyes días atrás. «Los acusados admitieron en reiteradas ocasiones que habían destruido la colección».

En medio de la disputa legal, los padres de la presunta víctima aseguraron que tenían el derecho de decidir sobre los objetos de Werking debido a que ejercieron la función de caseros del mismo.



«Los padres no citaron algún caso o estatuto legal que justifique su argumento de que como caseros podían destruir la propiedad que les desagradara», señaló el juez, contrarrestando las declaraciones de la pareja.

Maloney estableció el valor de los artículos destruidos en un total designado de 29,000 dólares, añadiendo también a la suma otros 14,400 dólares que los padres deberán pagar por los honorarios del abogado de su hijo.

sábado, 4 de septiembre de 2021

¿SABÍAS QUE GRACIAS A LA IGLESIA CATÓLICA HOY USAMOS LIBROS EN VEZ DE ROLLOS O PERGAMINOS?


DEL ROLLO AL LIBRO ENCUADERNADO UN AVANCE DE LA IGLESIA CATÓLICA PARA EL MUNDO
Por Jesús Mondragón

Muchos hombres y mujeres de mi familia han trabajado en una imprenta en alguna etapa de su vida. Imprenta Nuevo Mundo, Litho Ofsset Nacional, Galas de México, fueron desde niño, para mí, nombres y conceptos muy comunes.

El turno de unirme a las Artes Gráficas llegó para mí a la edad de 18 años, gracias a mi tío Camilo Mondragón, que en paz descanse y quien fue para mí como un padre. Tomé mis cursos en la Cámara Nacional de la Industria de las Artes Gráficas, fui prensista de Ofsset y jefe de producción en su mejor momento. Ahí aprendí a amar aún más y a imprimir los libros que siempre me gustó leer. El gremio de las Artes Gráficas es un medio muy culto, pues se lee mucho y se aprende de los maestros más viejos.

Aunque en esos años 1990 - 1992 yo me congregaba con los Testigos de Jehová, aprendí que gracias a la Iglesia Católica, hoy usamos en todo el mundo, libros encuadernados y cosidos, en vez de utilizar rollos o pergaminos como se hacía en épocas antiguas en todo el mundo.

EL ROLLO O PERGAMINO

En su Historia Natural, Plinio cuenta que el pergamino se originó en la ciudad de Pérgamo en época de Eumenes II (195-158 antes de Cristo), de donde habría tomado el nombre, aunque hallazgos como los de Dura-Europos hacen dudar de esta afirmación.

EL CÓDICE O LIBRO ENCUADERNADO MODERNO

El formato del libro moderno de hojas cosidas, llamado antiguamente codex o códice, tiene su origen en Roma, sí Roma, algo que seguramente molestará a muchos protestantes y grupos sectarios. El libro encuadernado o códice, se inspiró en los polípticos o tablillas de cera usados en la Antigua Roma, que consistía en varias tablillas de madera, unidas mediante argollas que estaban recubiertas por una capa de cera sobre la que se podía escribir con ayuda de un punzón llamado stilus estilo o estilete.

En casi todo el mundo se usaban los rollos o pergaminos. Los judíos mismos, escribieron el Antiguo Testamento de la Sagrada Escritura en rollos. Aunque los primeros Cristianos Católicos continuaron la costumbre judía de emplear rollos, bien pronto abandonaron su uso y comenzaron a utilizar el formato de libro encuadernado de hojas cosidas con hilo, primeramente para diferenciarse de los judíos y porque era mucho más práctico y manejable.

De modo que, durante los tres primeros siglos de la era moderna o Cristiana, coexistieron ambos formatos. No fue sino hasta el siglo IV con el avance de la predicación del Evangelio por parte de la Iglesia Católica, fiel al mandato de Cristo: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» Mateo 28,19, cuando el uso del formato de libro encuadernado se comenzó a generalizar en el mundo entero. 

Los judíos en cambio, siguieron utilizando rollos para diferenciarse de los Cristianos Católicos hasta el siglo IX, pero terminaron también por adoptar el libro encuadernado. Aunque aún hoy en día, los sectores judíos tradicionalistas siguen empleando rollos, al menos en lo que a la Sagrada Escritura se refiere.

Durante la Edad Media, las Biblias y los libros solían producirse en los Scriptorium, donde los monjes transcribían manuscritos a mano y encuadernaban artesanalmente con hilos y tapas sólidas de distintos materiales como metales, gemas, huesos o marfil.

La forma de libro por excelencia fue la del códice de pergamino o de papel y tras la invención de la imprenta en el siglo XV por el inventor Católico Johannes Gutenberg, se siguió utilizando hasta la aparición de los libros electrónicos en la era digital.

Aunque técnicamente hablando cualquier libro moderno es un códice, el término se utiliza comúnmente para libros escritos a mano (manuscritos) en el periodo previo a la imprenta, es decir, hasta el fin de la Edad Media.

Así que de hoy en adelante, cuando tomes un libro entre tus manos, recuerda que no estás usando un estorboso rollo, sino un libro encuadernado, otro aporte de la Iglesia Católica, para el mundo.


PAX ET BONUM

jueves, 22 de julio de 2021

¿Conoces la historia del sacerdote que fue ordenado adentro de un campo de concentración nazi?



Karl Leisner nació en 1915 y se crió en la localidad alemana de Cléveris. Pronto sintió la vocación a la vida sacerdotal, por lo que ingresó al seminario de Múnich a la edad de 19 años. En esa época, también ingresó al movimiento Schoenstatt, al que perteneció hasta su muerte.

Tras su ordenación diaconal en 1939, Karl tuvo que ser ingresado en el hospital debido a una tuberculosis. Algunos meses después, en noviembre del mismo año, Leisner fue arrestado por la Gestapo, la policía secreta del régimen nazi. Después de un tiempo en la prisión de Friburgo, es enviado al campo de concentración de Dachau. Hasta el día de hoy, este recinto de prisioneros es considerado el lugar donde más sacerdotes han sido asesinados del mundo, con la sangre de 1.034 clérigos en las manos de quienes administraban el lugar.

A pesar de las torturas de los nazis y el progresivo declive de la salud de Karl, él siempre mantuvo un gran ánimo. Así lo relata Guillaume Zeller en su biografía ‘La Barraca de los sacerdotes, Dachau, 1938-1945’, explicando que Leisner era “capaz de entusiasmar y atraer a otros”.

Una ordenación en el campo de concentración

El 6 de septiembre de 1944, el obispo francés Gabriel Piguet fue encarcelado en el campo de concentración. Ante esta situación, Leisner pidió a un amigo belga que solicitara por él al prelado que le ordenara sacerdote. Este accedió a la petición siempre que consiguiera la autorización del arzobispo de Múnich, algo que consiguieron gracias a un contacto en el exterior.

La intervención diplomática del Vaticano permitió la construcción de una pequeña capilla en el campo, y los sacerdotes se encargaron de hacer los preparativos. También ayudaron a que se produjera la ordenación algunos prisioneros protestantes y judíos. Finalmente, Karl Leisner fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1944, celebrando su primera y única Misa pocos días después, el 26 de diciembre.

Tras la liberación del campo de concentración, el P. Leisner se encontraba en muy mal estado de salud, algo que finalizaría con su fallecimiento cinco meses después, mientras pedía a Dios por el perdón y la bendición de sus enemigos.

jueves, 18 de febrero de 2021

¿Sabías que La Cenicienta está inspirada en la Cuaresma?



Parece ser una historia de hadas o infantil. ¿Cuántas veces la hemos leído o escuchado? Pero esta historia contiene toda una teología Cuaresmal.

La palabra “Cenicienta” quiere decir: “una jovencita que se sienta sobre ceniza”. Y aquí donde empezamos a entender mejor las cosas y esta historia.

La ceniza es polvo y el polvo es tierra o “humus“ en latín. De esta palabra salen las palabras “humanidad” y “humildad”. El símbolo de la ceniza ha sido utilizado por las grandes religiones durante siglos. "Sentarse sobre ceniza" implica que es tiempo de reflexión, y que estas haciendo penitencia.

Así lo hizo el rey David. El rey se arrepintió de su doble pecado cuando el profeta Natán le habló de parte de Dios, él se postro y se humilló sentándose en ceniza como señal de dolor y humillación, de un arrepentimiento de corazón.

Lo mismo sucedió cuando Jonás profetizó que Ninive seria destruido en 40 días. Todos se vistieron de cilicio y ceniza mostrando humillación.


Luego el profeta Isaías dice en 44,20: "Se alimentan de cenizas, se dejan engañar por su iluso corazón, no pueden salvarse a sí mismos, ni decir:¡Lo que tengo en mi diestra es una mentira!".

La joven Cenicienta pasó un tiempo de humillación (tuvo que sentarse sobre ceniza) pero luego encontró la verdadera felicidad, aunque no fue tan fácil (hasta perdió el zapato).

Dios siempre nos está esperando hasta que nos pone el zapato (él mismo se humilla - Jesús lavó los pies a sus apóstoles).

Hoy al recibir la ceniza sobre nuestra cabeza hay que recordar que es tiempo de sentarse sobre la ceniza como tuvo que hacer la Cenicienta. Es tiempo de humillar nuestro corazón. En el silencio vamos a encontrar el verdadero sentido de la vida.

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