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domingo, 20 de junio de 2021

¿Es Francisco un Papa comunista y abortista como dicen algunos "católicos tradicionalistas"?



Por: Padre José Francisco Gómez Hinojosa.

Hace unos 40 años me invitaron a participar en un panel sobre cristianismo y marxismo. Mi asistente -entonces se le llamaba secretaria- le compartió a una amiga su preocupación: “El padre Paco va a dar una plática sobre el marxismo. Recemos por él”. Pasaron dos décadas y recibí la misma solicitud. La señorita se lo participó de nuevo a su confidente, solo que ahora con un tono de conmiseración: “¿Qué crees? ¡Todavía el padre está dando pláticas sobre el marxismo!”.

La lástima de mi colaboradora tenía qué ver con los acontecimientos de la época. En 1989 se dieron dos eventos paradigmáticos en Europa: la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, ambos emblemas del sistema comunista. El que yo, hacia fines del siglo pasado, todavía disertara sobre tales palabras -marxismo, socialismo, comunismo… eran para ella lo mismo- despertaba en ella sentimientos de ternura.

El capitalismo o neoliberalismo se proclamó triunfador y a partir de ese momento sus referencias contrarias pasaron a ocupar páginas en los diccionarios y los libros de historia. De vez en cuando surgirían remedos tropicalizados de lo que Marx y Lenin imaginaron, como en Cuba y Venezuela, por mencionar dos de los experimentos más publicitados. Pero de que el comunismo estaba muerto lo estaba.

Contra la economía de la exclusión

Pues parece que ese fallecido resucita de tiempo en tiempo, y de nuevo se le asocia con el papa Francisco. Ya había pasado cuando inició su pontificado, y en especial a raíz de la ‘Evangelii gaudium’, en los números 53 y 56 -en los que critica la economía de la exclusión, el que se tire la comida cuando hay gente que pasa hambre y el que las ganancias de unos pocos crezcan exponencialmente-, se ganó la enemistad de sectores conservadores norteamericanos, que lo tacharon de marxista.

Hoy vuelve la acusación, motivada por el videomensaje que el Papa ha dirigido con ocasión de la 109 Conferencia Internacional del Trabajo, y en la que declara que los sindicatos expresan el perfil profético de una sociedad pues, como los profetas, dan voz a los que no la tienen y protegen a los que no se les respetan sus derechos laborales.

También se refirió a los empresarios, a quienes recordó que su verdadera vocación es producir riqueza para el servicio de todos, y que al hablar de propiedad privada no debemos olvidar que es un derecho secundario, supeditado al destino universal de los bienes. Ambas declaraciones le han valido el despectivo epíteto.

Me parece que a Francisco de Roma le pasa lo que a Helder Cámara, el célebre obispo brasileño, quien declaró: “Si le doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy comunista”.

Así pues, mientras el Papa argentino pida por el fin de la pobreza en el mundo será aplaudido, pero si intenta escarbarle a sus causas estructurales será vilipendiado, es decir, tildado de comunista.

Pro-vocación. Por 168 votos a favor, 55 en contra y 6 abstenciones, los obispos norteamericanos, reunidos en asamblea virtual, aprobaron el redactar un documento sobre la eucaristía, que tiene como talón de fondo el impedir el acceso del presidente Joe Biden a la comunión, debido a su postura favorable hacia el aborto.

De nada sirvieron los llamados diplomáticos del Vaticano para no escalar un problema que minimizaría otros como la migración, la condena a la pobreza y al racismo, y la destrucción del medio ambiente; ni la indicación del Papa: “La eucaristía no es el premio de los santos sino el pan de los pecadores”. En fin. Ya acusarán también a Bergoglio, estoy seguro, de abortista.

jueves, 8 de abril de 2021

Amnistía Internacional presiona a El Salvador para que apruebe el aborto



Una vez más, la ONG transnacional Amnistía Internacional quiere influir al interior de un estado favoreciendo el aborto. Ahora ‘exige’ a los diputados de la Asamblea Legislativa de El Salvador la “despenalización completa del aborto” en el país.

Quien ha divulgado la presión de Amnistía Internacional es el diputado Andrés Velásquez Parker, que es provida, y quien reveló que en carta esta ONG denigra del país: “El Salvador es uno de los últimos países del mundo que prohíbe totalmente el aborto”, dice la carta.

“En su país se les imponen condenas muy severas a las mujeres que han optado por el aborto y a las personas que les hayan ayudado o participado en dicho aborto”
, dice la ONG internacional.

En El Salvador es persona el ser humano desde la concepción

En El Salvador la Constitución reconoce “como persona humana a todo ser humano desde el instante de la concepción”, y la legislación castiga a la mujer que se practica un aborto con una pena de entre dos y ocho años, aunque no hay mujeres en la cárcel por este crimen.

Amnistía Internacional alude en su campaña al caso de una mujer que fue encarcelada – Teodora Vásquez – , y pide para ella indemnización y amnistía. Su caso está siendo muy usado por quienes piden la legalización del aborto.

Vásquez fue sentenciada a 30 años de cárcel al abandonar a su hija recién nacida en el tanque de agua de un baño en una escuela. A ella se le conmutó la pena, pero no fue declarada inocente.

Sara Larín, fundadora de VIDA SV afirmó a Aciprensa que “Amnistía Internacional ha sido una de las organizaciones que más ha mentido al mundo, afirmando que a Teodora se le dejó en libertad por haber sufrido un aborto espontáneo”.

Larín también denunció “la injerencia de organizaciones extranjeras para forzar cambios en la legislación interna”.

“Los diputados deben cumplir con la Constitución, no beneficiar agendas políticas de grupos de poder”, dijo.

martes, 5 de mayo de 2020

Norma Mc Corvey: de líder abortista a defensora de la vida


NORMA MC CORVEY: DE LÍDER ABORTISTA A DEFENSORA DE LA VIDA
Por: Javier Ordovàs

El aborto en EEUU se basó en una mentira: la propia Jane Roe lo demuestra con 7 argumentos.

Live Action News publicó el cambio radical de la protagonista tras vivir en primera persona las terribles atrocidades que se cometían en las clínicas donde trabajaba. Además, fue engañada por los abogados que la eligieron como principal demandante para la presentación de esta ley.

Norma Mc Corvey, también conocida como “Jane Roe” por el caso Roe v. Wade que legalizó el aborto en EEUU, se ha convertido al cristianismo y ahora defiende la vida.


Norma Mc Corvey, fue la demandante que con 26 años habilitó el aborto legal en el Estado de Texas en 1973. Hoy, a sus 69 años, es pro-vida y difunde la verdad sobre la dignidad de todo ser humano desde su concepción hasta su muerte natural.



A continuación, las siete claves de Mc Corvey que muestran su conversión hacia la defensa de la vida de todo ser humano.


1. Las bases de Roe contra Wade se construyeron sobre falsas suposiciones

En 2003, con 53 años, McCorvey realizó una declaración que se presentó ante el Tribunal de Distrito de Nueva Jersey, en la que afirmaba que prácticamente toda la base del caso Roe contra Wade fue construida sobre falsas suposiciones y sin un juicio significativo.



2. “No supe que el caso Roe contra Wade acababa con la vida de seres humanos”


Mc Corvey, embarazada en 1973 cuando se celebró el juicio que legalizó el aborto, no tenía hogar y vivía en un parque público. Un abogado al que apenas conocía que se dedicaba a temas de adopción la envió junto a las ambiciosas y jóvenes abogadas Weddington y Coffee.

Estas mujeres, incapaces de encontrar a la demandante perfecta para su caso -hacer legal el aborto en EEUU-, le dijeron a McCorvey que era la elegida.

Según declaró la propia McCorvey, le dijeron: “Eres blanca, eres joven, estás embarazada y quieres abortar“. La candidata perfecta.

En ese momento, ‘Jane Rode’ no conocía la terrible finalidad de la demanda de estas abogadas y aceptó: “Me hicieron creer que podrían ayudarme a conseguir el aborto”.

Las abogadas le increpaban con preguntas como: “¿No crees que el aborto debería ser legal?“, y ella siempre declinada responder o alegaba que no lo sabía.

De hecho, ahora no se cansa de repetir que realmente no sabía lo que significaba el término “aborto”. En 1970 nadie hablaba de eso, era un tema tabú. Lo único que sabía del término era por algunas películas de guerra. Sabía que ‘abortar’ significaba que los soldados estaban ‘volviendo’. “Aborto”, para Mc Corvey, significaba “volver” a la condición de no estar embarazada.

“Nunca miré la palabra hasta en el diccionario hasta después de que ya había firmado la declaración”, insiste. Además, “las abogadas me mintieron sobre la naturaleza del aborto”, admite, ya que Weddington la convenció de que el feto era “sólo un tejido”.

3. “Me han utilizado para legalizar el aborto y terminar con la vida de más de 35 millones de bebés”

Mc Corvey antes se definía como una adolescente que sufrió abusos sexuales, pero ahora asegura que el peor de todos esos abusos fue el cometido en el sistema judicial. Los tribunales no se fijaron en las verdaderas circunstancias de Mc Corvey ni tampoco en el verdadero impacto que el aborto tendría sobre las mujeres.

4. “Había bebés muertos y en la clínica se acumulaban sus partes”

Mc Corvey, que trabajó en varias clínicas abortistas a lo largo de los años, asegura que todos los laboratorios eran igual de precarias en cuanto a las instalaciones y el “asesoramiento” que daban a las mujeres.

En 1995 trabajó en una clínica donde las lámparas y el yeso de la pared se caían del techo, los excrementos de ratas afloraban en los lavabos y había restos de sangre salpicada en las paredes. Pero lo peor era que los bebés no nacidos se acumulaban en bolsas de plástico.

5. “Nadie le explicó a la madre que su bebé ya existía y que estaba acabando con su vida”

Mc Corvey ha contado en varias ocasiones el “asesoramiento” que recibían las mujeres en aquellos lugares. Los “consejeros” y los abortistas estaban allí por una sola razón: vender abortos, es decir, ganar dinero, asegura Mc Corvey.

Mc Corvey: “lo único que les importa a los médicos y clínicas abortistas es ganar dinero”

“Las madres desconocían el procedimiento. Nadie les explicaba que el niño ya existía y que mientras se le practicaba el aborto, estaba acabando con la vida de un ser humano. Tampoco les explicaban las posibles opciones para el aborto o los riesgos psicológicos que podría sufrir la madre”, reconoce.

En estas situaciones, con ese protocolo, no hay tiempo para que la madre pueda reflexionar o consultar a alguien que le pueda ofrecer una alternativa y Mc Corvey insiste en que se aprovecharon de eso.

6. “Los trabajadores de la clínica sufren, las mujeres sufren y los bebés mueren”.

“En muchas ocasiones, la trabajadora era cómplice de las mentiras que les hacían llegar a las madres que habían abortado”, recuerda Mc Corvey, que apunta a otro incidente como muestra del horror que se vivía allí.

“Una mujer estaba abortando en el segundo trimestre en su clínica y vio la mano de su hijo antes de nacer”, narra la ahora defensora de la vida.

La mayor parte del tiempo, Mc Corvey tenía que recurrir a las drogas o el alcohol para continuar con su trabajo. “Es un trabajo de alta rotación”, cuenta, “debido a la verdadera naturaleza del negocio”.

“El negocio del aborto es algo deshumanizante. Una persona debe dejar a un lado su corazón para llevar a cabo estas horribles prácticas”.

7. “Anhelo el día en que se haga justicia y la carga de todas estas muertes sea eliminada de mis hombros”

La conversión a favor de la vida de ‘Jane Roe’ se produjo cuando los pro vida se trasladaron a un edificio al otro lado de la calle y comenzaron a comunicarse con ella y con los demás trabajadores del laboratorio.

Fue en 1995 cuando Roe se convirtió al cristianismo, fue bautizada y anunció que desde entonces defendería el derecho a la vida.

Los detalles sobre cómo se produjo su conversión pueden leerse en su libro Won by Love. Se ha convertido en una de las mayores defensoras del movimiento pro vida; sólo intenta deshacer todo el daño que ha causado.

Norma Mc Corvey murió a los 69 años, el 18 de febrero de 2017, en un hogar de cuidados en Texas (EE.UU.).

Fuente católicodefiendetufe

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lunes, 20 de abril de 2020

Abortista con más de 50,000 abortos, es visitado por un Santo Católico


ABORTISTA CON MÁS DE 50,000 ES VISITADO POR UN SANTO CATÓLICO

Conoce la historia de Stojan Adasevic, el médico de la antigua Yugoslavia que, después de realizar más de 50 mil abortos, descubrió la verdad sobre lo que hacía.

El serbio Stojan Adasevic jamás olvidará el día en que, aún como joven estudiante de medicina, estaba organizando algunos archivos en la sala de los médicos, y algunos ginecólogos entraron a la sala.

Sin prestar atención al estudiante agachado tras una pila de papeles en el rincón de la habitación, comenzaron a contar historias de su práctica médica.

El doctor Rado Ignatovic recordó a una paciente que lo había buscado para un aborto, y el procedimiento falló porque el médico no había sido capaz de alinear el cuello del útero.

Mientras los médicos continuaron discutiendo la historia de la mujer, Stojan, que estaba escuchando, repentinamente se tensionó.

Se dio cuenta que la mujer sobre la que estaban discutiendo, una antigua dentista que trabajaba en una clínica cercana, era nada menos que su madre.

“Ella ya murió –dijo uno de los médicos-, pero yo me pregunto qué sucedió con el hijo no deseado”.

Stojan no pudo resistir. “¡Yo soy ese niño!”, dijo él, levantándose. El silencio se apoderó de la sala. Segundos después, los médicos comenzaron a retirarse.

Durante muchos años, el doctor Adasevic se acordó varias veces de ese evento. Le quedaba perfectamente claro el hecho de que debía su vida a un aborto fallido. Él, por su parte, jamás cometería ese error. Muchas mujeres eran enviadas a él por la dificultad de alinear el cuello del útero.

Ese nunca fue un problema para Stojan. Él se volvió el mayor abortista de Belgrado y, en poco tiempo, superó a su maestro en la profesión, el Dr. Ignatovic, a cuya incompetencia le debía su vida.

“El secreto está en acostumbrar la mano a través de procedimientos frecuentes”, decía él, citando el proverbio alemán, Übung macht Meister, es decir, la práctica hace al maestro.

Fiel a esa máxima, él realizó de 20 a 30 abortos al día. Su récord fue 35 abortos en un solo día. A día de hoy, ha perdido la cuenta de la cantidad de abortos que realizó en sus 26 años de práctica.

Él calcula que entre 48 y 62 mil abortos.

Durante años estuvo convencido de que el aborto –como se enseñaba en las facultades y libros de medicina– era un procedimiento quirúrgico no muy distinto a la extirpación del apéndice.

La única diferencia estaba en el órgano a extirpar: un pedazo de intestino en un caso, un tejido embrionario en el otro.

Las dudas comenzaron a surgir sólo en los años 80, cuando la tecnología del ultrasonido llegó a los hospitales de la antigua Yugoslavia.

Fue entonces cuando Adasevic vio por primera vez en el monitor del ultrasonido lo que hasta ese momento era invisible para él: el interior del vientre de una mujer, un bebé vivo, chupándose el dedo, moviendo sus bracitos y piernitas.

Con relativa frecuencia, fragmentos de aquellos niños luego estarían sobre la mesa que quedaba a su lado.

“Yo veía sin ver –recuerda hoy-, pero todo cambió cuando comenzaron los sueños”.

Los sueños de Adasevic

Los sueños, en realidad, eran versiones diferentes de una sola escena, que lo atormentaba cada noche, día tras día, semana tras semana, mes tras mes.

Él soñaba que estaba paseando en un campo soleado, con bellas flores creciendo alrededor, y con el ambiente lleno de mariposas coloridas. Aunque parecía todo muy agradable, una sensación de ansiedad lo oprimía.

Repentinamente, el campo se llenaba de niños riendo, corriendo y jugando a la pelota. La edad de ellos variaba entre los tres o cuatro hasta alrededor de los veinte años. Todos eran increíblemente bellos.

Un niño en particular, y dos niñas, le parecían extrañamente familiares, pero él no lograba recordar dónde los había visto.

Cuando intentaba hablar con ellos, salían corriendo aterrados, gritando. Todo el cuadro estaba presidido por un hombre vestido de hábito negro que asistía atentamente a todo, en silencio.

Todas las noches Adasevic despertaba aterrado y quedaba despierto hasta la mañana. Las pastillas y medicinas de hierbas medicinales eran inútiles.

Una noche, se quedó perturbado durante el sueño y comenzó a perseguir a los niños, que huían. Agarró a uno de ellos, pero el niño lloraba de miedo: “¡Socorro! ¡Asesino! ¡Sálvenme del asesino!”.

En ese momento, el hombre vestido de negro se transformó en una águila, se acercó y le quitó al niño de sus manos.

El médico se despertó con el corazón latiendo como un martillo en sus costillas. El cuarto estaba frío, pero él estaba caliente y cubierto de sudor. A la mañana siguiente, decidió buscar a un psiquiatra. Como no había espacio disponible de inmediato, reservó una cita.

La noche de ese mismo día, sin embargo, decidió que pediría al hombre de sus sueños que se identificara. Fue lo que hizo. El extraño le dijo: “Aunque te lo dijera, mi nombre no significaría nada para ti”. Como el médico insistió, el hombre finalmente respondió: “Me llamo Tomás de Aquino”.

De hecho, el nombre no significaba nada para Adasevic. Era la primera vez que él lo oía. El hombre de negro continuó:

– ¿Por qué no preguntas quiénes son los niños? ¿No los reconoces?

Cuando el médico dijo que no, él respondió:

– Mentira. Tú los conoces muy bien. Estos son los niños que mataste mientras realizabas abortos.

– ¿Cómo es posible? –contestó él– Esos son niños grandes. Yo nunca maté niños ya nacidos. Yo nunca maté a un chico de veinte años.

Tomás contestó:

– Tú lo mataste hace veinte años –respondió el monje-, cuando él tenía tres meses de vida.

Fue entonces cuando Adasevic reconoció los rasgos del chico de veinte años y de las dos niñas.

Ellas se parecían a personas de su círculo cercano, personas a quienes les había realizado abortos a lo largo de los años. El chico se parecía a un amigo cercano de Adasevic. Stojan había realizado un aborto a su mujer hacía veinte años. En las dos niñas el médico reconoció a sus madres, una de las cuales resultó ser su sobrina.

Después de despertar, decidió nunca más practicar un aborto en su vida.

“Sujeté un corazón latiendo en mi mano”

Esa mañana en el hospital lo estaba esperando un sobrino suyo, acompañado de su novia. Ellos habían agendado un aborto con él.

Embarazada de cuatro meses, la mujer estaba lista para deshacerse de su noveno hijo consecutivo.

Adasevic se rehusó, pero su sobrino lo presionó tanto que él cedió, pero aquella sería, de hecho, la última vez.

En el monitor del ultrasonido él veía claramente al niño chupándose su dedo. Al abrir el útero, él introdujo los fórceps, aseguró algo y jaló. En las garras del instrumento estaba un bracito.

Él lo colocó sobre la mesa, pero una de las terminaciones nerviosas del miembro tocó una gota del yodo que estaba derramado ahí. De repente, el brazo comenzó a contraerse. La enfermera que estaba de pie a su lado casi soltó un grito.

Adasevic se estremeció, pero continuó con el aborto. Nuevamente él introdujo los fórceps, agarró algo y jaló. Esta vez, era una pierna. Él pensó para sí, “Mejor no la pondré en esa gota de alcohol”.

Una enfermera que estaba detrás de él dejó caer una bandeja de instrumentos quirúrgicos. Asustado por el ruido, el médico soltó los fórceps y el pie cayó al lado del brazo, y también comenzó a moverse.

El equipo jamás había visto algo así: miembros humanos contorsionándose en la mesa. Adasevic decidió moler lo que aún estaba en el útero y sacar todo en una masa amorfa. Comenzó a moler, aplastar, triturar.

Después de retirar los fórceps, seguro de que había reducido todo a una pasta, sacó un corazón humano. El órgano aún estaba latiendo, cada vez más débil, hasta que paró completamente.

Entonces se dio cuenta de que había matado a un ser humano.

Todo se oscureció a su alrededor. No logra recordar cuánto tiempo estuvo así. De repente, sintió un tirón en su brazo. La voz atemorizada de una enfermera gritaba: “¡Dr. Adasevic! ¡Dr. Adasevic!”.

La paciente sangraba. Por primera vez en años, el médico empezó a rezar de verdad: “¡Señor, no me salves a mí, sino a esta mujer!”.

Normalmente, el médico tardaba más de diez minutos en limpiar todos los restos del embrión que quedaban en el interior del útero. Esta vez, dos inserciones del instrumento por la vagina fueron suficientes para completar el servicio.

Cuando Adasevic se sacó los guantes, él sabía que aquél había sido el último aborto de su vida.

Un balde, instrumento de aborto

Cuando Stojan le informó al jefe del hospital de su decisión, hubo un tumulto considerable. Nunca antes en un hospital de Belgrado un ginecólogo se había rehusado a realizar abortos.

Comenzó, entonces, la presión. Su salario fue reducido a la mitad. Su hija fue despedida de su empleo. Su hijo fue reprobado de la selectividad. Adasevic fue atacado por la prensa y la televisión.

El estado socialista –decían– había educado a Adasevic para que él realizara abortos, y ahora él saboteaba al estado.

Dos años de persecución lo llevaron al borde de un colapso nervioso. Él estuvo a punto de pedir al administrador que lo recolocara nuevamente a hacer abortos, cuando Tomás de Aquino se le volvió a aparecer en sueños, tocando su hombro le dijo: “Tú eres mi buen amigo. Sigue luchando”.

Adasevic, entonces, comenzó a participar en el movimiento provida, viajando por toda Yugoslavia dando conferencias y charlas sobre el aborto. Logró exhibir dos veces en la emisora estatal del país el video El grito silencioso, del Dr. Bernard Nathanson:

Al inicio de los años 90, en gran parte gracias al activismo de Adasevic, el parlamento yugoslavo aprobó un decreto protegiendo los derechos del feto.

El decreto fue presentado al entonces presidente Slobodan Milosevic, que se rehusó a firmarlo. Con los conflictos en la región de los Balcanes, el decreto cayó en el olvido.

En cuanto a la guerra, Adasevic estaba convencido de que el genocidio que aconteció en la región no se debía a otra cosa sino a la alienación de Dios y a la falta de respeto por la vida humana.

Para probar su punto de vista, Adasevic describió una práctica común en la Yugoslavia socialista.

Como sus leyes protegían la vida del bebé sólo a partir del momento de su primera respiración, es decir, cuando llora por primera vez, los abortos eran legales en el séptimo, octavo y hasta en el noveno mes de gestación.

Al lado de la silla de partos había siempre un balde de agua. Antes de que el niño tuviese la oportunidad de llorar, el médico le tapaba la boca y lo sumergía en el agua. Oficialmente eso era un aborto, y era todo perfectamente legal, ya que el niño nunca respiraba por primera vez.

A ese respecto, a Adasevic le gustaba citar a Madre Teresa de Calcuta: “¿Si una madre puede matar a su propio hijo, cómo les decimos a las personas que no maten a otras?”.

Actualmente, la mayor parte de los abortos se realiza en clínicas privadas, las cuales no divulgan estadísticas sobre el procedimiento.

Incluso así, Adasevic calcula que un número muy alto de abortos sucede en la región:

“Lo que complica un análisis en esa área es el uso de abortivos como el DIU y la píldora RU-486, oficialmente clasificados como anticonceptivos. Los ancianos del Monte Athos, con los cuales hablé, clasifican los anticonceptivos entre pecaminosos y satánicos. Los primeros son los que previenen la unión del espermatozoide y el óvulo. Los segundos son los que matan al niño ya concebido – precisamente lo que el DIU y la píldora del día después hacen. El dispositivo intrauterino actúa como una espada, que separa al pequeño ser humano de su fuente de alimento en el útero. Es una muerte terrible. Un ser humano muere de hambre en un lugar lleno de nutrientes”.

Ahora que, gracias a la intervención de santo Tomás de Aquino, Adasevic es capaz de mirar la humanidad del feto, él está convencido de que existe una “guerra real” que se lleva a cabo, “trabada por los que ya nacieron contra los que no han nacido”.

“En esa guerra, ya crucé la frontera varias veces: primero, como feto condenado a la muerte, después cuando me volví abortista, y ahora como apóstol provida”.

Fuente: Os Peregrinos de São Miguel | Traducción y adaptación al portugués: Equipe Christo Nihil Praeponere

Fuente católicodefiendetufe

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sábado, 18 de abril de 2020

Abortista confiesa que corta la garganta de los fetos primero, "para no escuchar sus gritos"



ABORTISTA CONFIESA QUE CORTA LA GARGANTA DE LOS FETOS PRIMERO, “PARA NO ESCUCHAR SUS GRITOS”

La abortista insensible Leah Torres tuiteó un tweet de respuesta a alguien que criticaba su trabajo. En su tweet, Torres reveló abiertamente la naturaleza espantosa de lo que hace durante un procedimiento de aborto.

Cuando alguien le preguntó si escuchaba los gritos de los bebés que abortaba, Torres respondió:

No.

Sabes que los fetos no pueden gritar, ¿verdad? Corto el cordón primero, así que realmente no hay oportunidad, si están lo suficientemente lejos como para tener una laringe.

No me disculparé por hacer medicina. También soy un "desgarrador del útero externo", si así es como le gustaría describir la histerectomía.https://t.co/lng0W3ta5J


 Mientras que Torres no deja claro si está hablando  de cortar un cordón umbilical o las cuerdas vocales de un bebé, su declaración es sorprendentemente espantosa de cualquier manera. Pero es honesto. Y por supuesto, atrajo mucha atención. Según Lifesite News , “El aborto por transección del cordón umbilical es un método de aborto.Durante tal aborto, “utilizando el ultrasonido como guía, el médico pincha la membrana amniótica, inserta un instrumento en el útero, agarra el cordón umbilical y con otro instrumento corta el cordón umbilical. El médico debe esperar a que cese la actividad cardíaca fetal, que generalmente ocurre después de 10 minutos ".

Según Lifenews , "Curiosamente, a Cecile Richards, presidenta de Planned Parenthood, la cadena de abortos más grande de Estados Unidos, le gustaron varias de las publicaciones de Torres que defendían su tweet inicial".

David Daleiden, del Center for Medical Progress, declaró que la única razón por la que CMP no realizó investigaciones encubiertas de Utah Planned Parenthoods se debió a la reputación de Torres como un abortista insensible.

Lauren Enríquez, de la Coalición Humana, comparó acertadamente a los abortistas como Leah Torres con los experimentos nazis llevados a cabo durante la era del Tercer Reich con Adolf Hitler.

Más tarde, Torres eliminó el tweet, diciendo que lo hizo porque su amiga también le preguntó, y al mismo tiempo dijo que "no se disculpa" por el tweet.

El Comité Nacional del Derecho a la Vida describe lo que sucede durante un aborto por desmembramiento, como el abortista Leah Torres presume de actuar. “El aborto por desmembramiento es un tipo de aborto brutal con el propósito de causar la muerte de un niño por nacer, con el propósito de desmembrar a un niño por nacer vivo y extraerlo una pieza a la vez del útero mediante el uso de pinzas, pinzas de sujeción, pinzas "Tijeras o instrumentos similares que, a través de la convergencia de dos palancas rígidas, cortan, aplastan y / o agarran una parte del cuerpo del niño por nacer para cortarla o arrancarla".


domingo, 14 de abril de 2019

En medio de la avanzada abortista, la nueva generación provida es la "Gran Rebeldía" de este siglo


EN MEDIO DE LA AVANZADA ABORTISTA, LA NUEVA GENERACIÓN PROVIDA ES LA “GRAN REBELDÍA” DE ESTE SIGLO

BUENOS AIRES, (ACI Prensa).- La activista provida argentina Ana Belén Mármora afirmó que en medio una avanzada abortista que ha ganado espacios a nivel mediático y político, se ha gestado “la gran rebeldía de este nuevo siglo: la nueva generación provida”.

La directora ejecutiva de la agrupación Frente Joven en Argentina dedicó una columna de opinión para referirse al desafío de “ser jóvenes provida” en una sociedad donde los medios, las redes sociales, las universidades y otros actores sociales “se embanderan detrás de un pañuelo verde”.

“La propuesta del mundo seduce especialmente a la juventud y nos ofrece ser parte de la cultura del descarte que irrumpe en nuestras vidas para cegarnos con modas pasajeras y placeres efímeros bañados de un individualismo extremo y de una falta de compromiso que nos vuelve funcionales a los intereses de esa agenda”, explicó.

Advirtió incluso que este año “ha logrado especialmente que muchos de nosotros se agruparan bajo el canto de ‘aborto legal’, incluso sin siquiera saber lo que conlleva esa práctica”.

“Nos usan. Lo hacen del modo más maquiavélico: nos adoctrinan en el aula, nos mienten en las redes sociales y hasta en la serie que miramos; nos venden un paquete de ‘derechos’ que conquistar y buscan hacernos olvidar de lo más preciado: el valor de la vida”, dijo Mármora.

Pese a este complejo escenario, la activista destacó que “hemos gestado y hecho nacer una nueva generación que con una mirada crítica a esos oscuros propósitos se permite ir contra la corriente y es la gran rebeldía de este nuevo siglo: la nueva generación provida”.

Aseguró que “hemos asumido el desafío de llenar de color, canto y frescura estas nuevas batallas que nos mantienen en velo, que nos invitan a involucrarnos con la maternidad vulnerable, y que nos han dado un baño de realidad: necesitamos defender la vida de las mujeres y los niños por nacer, porque todas las vidas valen”.

Todos estos esfuerzos resultaron en la gran “ola celeste que crece” en cada rincón de Argentina y donde “llevamos nuestras convicciones a todos esos ámbitos que buscan confundirnos”.

“Nos inquietamos. No nos callamos. No nos da lo mismo. Nos agrupamos. Nos formamos. Movilizamos las calles y damos testimonio vivo en los medios de comunicación. Nos comprometemos”, sostuvo Mármora.

Con esta nueva generación provida, la activista del Frente Joven aseguró que “los jóvenes ya no estamos dormidos. Somos el pilar de esta nueva gesta. Juntos descubrimos que la patria nos llamaba, que necesitaba a hombres y mujeres que no tuvieran miedo de cuidar la vida. Sabemos que hay que actuar”.

“Tenemos la convicción profunda de que nuestro compromiso es con las futuras generaciones. Y por eso nacimos con fuerza. Y por eso, somos esperanza”, expresó.

Para esta joven, la clave para ser joven y provida en estos tiempo es que “no tengan miedo” y responder a la invitación de San Juan Pablo II a ser “los centinelas del mañana”.

“Luchemos por un mundo más humano, donde ninguna vida sea descartada, donde el vientre de una mujer sea siempre el lugar más seguro para un niño por nacer”, concluyó la Mármora.

Fuente  aciprensa

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