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lunes, 14 de junio de 2021

Teófilo: El sacerdote que hizo un pacto con el diablo y luego se arrepintió con la ayuda de la Virgen.



Esta historia sucedió en Sicilia, Italia, y dio origen a la famosa leyenda que inspiró el auto sacramental El milagro de Teófilo, uno de los más célebres de la literatura medieval.

Fue escrito por el sacerdote Eutiques de Constantinopla, testigo ocular del hecho, confirmado por san Pedro Damián, san Bernardo, san Buenaventura y san Antonio, entre otros.

¿Y cuál fue el caso de Teófilo?


Vicario de la iglesia de Adanas, en Sicilia, dirigió durante mucho tiempo, con dedicación y acierto, los bienes eclesiásticos, facilitando a su obispo la dirección de las almas. Llegó el día, sin embargo, en que el prelado entregó el alma al Creador, para gran desconsuelo y tristeza de los fieles.

¿Quién ocuparía la sede vacante? No hay duda: Teófilo, se decía por todas partes. El pueblo lo estimaba y lo quería para obispo, dignidad que él, por humildad, rechazó, respondiendo que su vocación era continuar ejerciendo las funciones de vicario. Por fin, otro obispo ocupó la sede vacante.


El nuevo prelado no confiaba en Teófilo y, algún tiempo después, lo quitó de su cargo. La desolación invadió entonces el alma del eclesiástico. Mientras vagaba por la ciudad, el demonio le susurraba: «Perder el cargo, la carrera. ¿Cómo fueron a hacerte eso a ti, Teófilo? Eso no puede quedar así».

Fue en ese estado que el infeliz sacerdote llamo a la puerta de un hechicero. Este, además, no le dio una solución fácil: "Sólo hay una salida: invocar la ayuda de los infiernos"

Teófilo dudó un instante. Pero el resentimiento le corroía el corazón y terminó aceptando la propuesta. Invocado por el hechicero, el diablo apareció con toda su hediondez.

Con gritos, blasfemias y palabrotas, fue dictando a Teófilo los términos de los actos a escribir en pergamino con la sangre del ex vicario y sellados con su anillo.

Él tenía que renunciar a la fe, a la Iglesia, a la santísima Virgen y a nuestro Señor Jesucristo. Arrodillándose, el ex vicario rindió lealtad al demonio.

Al día siguiente, el nuevo obispo reconoció la falsedad de las acusaciones contra Teófilo y le pidió perdón, restituyéndole el cargo que ocupaba.

La fortuna y el placer le sonreían, pero un profundo malestar lo atormentaba en su interior. Lloraba sin cesar, con la consciencia desgarrada por el arrepentimiento por el enorme pecado que había cometido.

Era como si una mano lo tomara por el corazón. Además, sólo de pensar que su felicidad terminaría un día, se volvía sumamente infeliz. Se llenaba de terror, por encima de todo, de saber de quién era siervo.

Al no poder soportar más la situación, entró un día en la iglesia y, lanzándose a los pies de una imagen de la santísima Virgen, lloró amargamente y le dijo:
«Oh, Madre de Dios, no quiero desesperarme. Aún me quedas tú, tú que eres tan compasiva y poderosa para ayudarme«.

Hizo lo mismo durante cuarenta días, renovando siempre sus súplicas y pidiendo perdón. Una noche, se le apareció la Madre de Misericordia y le dijo:
«¿Qué hiciste, Teófilo? Renunciaste a mi amistad y a la de mi Hijo y te entregaste a aquél que es enemigo tuyo y mío».

Teófilo, sin dejar de llorar, imploró misericordia de la Madre de Dios. Recordando el ejemplo de otros pecadores, como el profeta y rey David, santa María Magdalena y san Pedro, terminó diciendo:
«Señora, perdóname y obtén para mí el perdón de tu Hijo«.

Ella respondió que le perdonaría haberla negado, pero no podría perdonar la negación de su Hijo:
«Consuélate, que rogaré a Dios por ti«.

Tras oír estas palabras, reanimado, se intensificaron sus lágrimas, las oraciones y las penitencias, quedándose siempre a los pies de la imagen de María. Se le reapareció la Madre de Dios que, amablemente, le dijo:
«Teófilo, llénate de consuelo. Le presenté a Dios tus lágrimas y oraciones. De hoy en adelante, guárdale gratitud y fidelidad».

El triste Teófilo respondió:
"Señora mía, aún no estoy plenamente consolado. Aún conserva el demonio el impío documento en el que renuncié a ti y a tu Hijo. ¿Puedes hacer que lo regrese?".

Compadecida, ella misma se ofreció a ir a buscar el pergamino al infierno. Durante tres días Teófilo esperó postrado en tierra, al cabo de los cuales reapareció la Virgen con el pacto maldito, que entregó a Teófilo como símbolo de su perdón.

Al día siguiente, Teófilo fue a la iglesia, y arrodillándose a los pies del obispo, que en ese momento oficiaba, le contó entre sollozos todo lo que había sucedido.

Le entregó el impío documento, que el obispo hizo quemar inmediatamente frente a los fieles presentes, mientras lloraban todos de alegría, exaltando la bondad de Dios y la misericordia de María hacia aquel pobre pecador.

Teófilo volvió a la iglesia de Nuestra Señora y, después de tres días, murió contento, lleno de gratitud con Jesús y su Madre Santísima.

Una escultura medieval representa el hecho en la catedral de Notre-Dame: en ella se puede ver el auge de bondad de María.

Mientras el vicario arrepentido ora fervorosamente, la santísima Virgen obliga, espada en mano, al demonio a devolverle el pergamino.

Tres fisionomías marcan la escena: confianza y calma en Teófilo; protección maternal y fuerza en Nuestra Señora; cinismo y desesperación en el demonio.

Revista Catolicismo, nº 320, septiembre de 1977.

martes, 11 de agosto de 2020

El Arco Iris: La señal del Pacto entre Dios y la humanidad.

 

EL ARCO IRIS: LA SEÑAL DEL PACTO ENTRE DIOS Y LA HUMANIDAD.

Más Allá del Arco Iris

Explorando el significado de la bendición que se recita al ver un arco iris.

Por Dr. Asher Meir

El judaísmo tiene una gran admiración por las bellezas de la naturaleza, y nos enseña a recitar bendiciones especiales cuando nos encontramos frente maravillas naturales tales como el mar, inmensas montañas, y mucho más.

Por ello, es difícil sorprenderse al saber que también tenemos una bendición para el arco iris, que es uno de los acontecimientos más impresionantes de la naturaleza. Pero esta bendición es distinta a las demás, ya que no se enfoca en el rol de Dios como Creador del universo y su belleza, si no que se centra, en el especial pacto con Noaj (Noé), que fue sellado con la señal del arco iris (Génesis, Capítulo 9). Esta bendición alaba a Dios “Quien recuerda el pacto, es fiel a Su pacto y cumple Su palabra”.

Otro aspecto destacable de esta bendición, es que, mientras es recomendable mirar el arco iris, y así apreciar y reconocer los regalos de Dios, el Talmud nos enseña que no debemos hacerlo excesivamente.

Aquí hay una forma para entender esta bendición y sus costumbres.

Cuando “vemos” un arco iris, lo que realmente estamos viendo es el sol; ya que su luz es refractada a través de una fina nube. Ahora, el efecto normal de una nube es bloquear los rayos del sol, y así nos evita el poder verlo directamente. Pero si la nube es muy fina, sucede lo contrario: lejos de bloquear los rayos del sol, la ligera neblina nos revela su verdadera naturaleza. Normalmente, vemos la luz del sol de un simple color blanco, pero el arco iris nos revela que de hecho los rayos del sol comprenden en si brillantes colores – ¡de hecho, un arco iris!

Podemos ver esto como una metáfora de nuestra existencia física. Desafortunadamente, el efecto usual al involucrarnos en asuntos materiales, es alejar la presencia de Dios. Claro está, que hasta las más densas nubes raramente bloquean toda la luz del sol, y un día tormentoso no es igual a la noche. Asimismo, una persona que está hundida en los asuntos mundanos, puede aún encontrar un aspecto espiritual en las cosas. Una persona así, no está completamente cubierta por la oscuridad, y la luz divina de todas maneras ilumina su mundo. Sin embargo, él es incapaz de reconocer la fuente de esa luz.

Por el contrario, cuando nos liberamos completamente de nuestro apego hacia los asuntos mundanos, cuando regresamos al Mundo de la Verdad, nada oscurece nuestra percepción de la fuente de luz espiritual. El cielo esta despejado y somos capaces de ver la deslumbrante luz del juicio Divino.

Sin embargo, hay un nivel intermedio. La persona verdaderamente justa, mantiene una refinada participación en este mundo. Tal persona se asemeja a la niebla a través de la cual el arco iris brilla. La persona creyente, demuestra que solo a través de una participación medida en este mundo, se puede percibir el deslumbrante espectro de colores en el arco iris de Dios.

El mundo material se convierte en un lente para revelar el esplendor de Dios

Este es el pacto que Dios hizo con Noaj y con la humanidad. La Torá presenta a Noaj como un hombre justo que siguió la senda de Dios (Génesis 6:9). A través de una persona como esta, el mundo material se convierte en un lente para revelar el esplendor de Dios – no en una neblina para obstruir su luminosidad. Por lo tanto, un mundo fundado por Noaj nunca hubiera tenido que ser destruido.

Entonces, ¿Por qué la prohibición de mirar excesivamente el arco iris? Hemos resaltado que mirar el arco iris en el cielo, es en verdad una forma de mirar el sol. Sin embargo, si enfocamos nuestra mirada solamente en el arco iris, entonces hemos perdido de vista el sol y estamos viendo la nube. En vez de mirar a través de la neblina estamos viendo la neblina misma.

El mensaje es, que mientras podamos percibir esas maravillosas expresiones divinas en la vida y en el mundo, si vivimos con moderación y rectitud, nunca debemos cometer el error de pensar que tal esplendor se origina en el mundo material. Esto es como confundir el arco iris con una luminosidad originada en la nube misma, y se podría identificar con la herejía del panteísmo. Nosotros tenemos permitido y hasta encomendado el ver la belleza del mundo, siempre y cuando utilicemos esta visión para profundizar en nuestra conciencia que la fuente primordial de belleza está en Dios.

Fuente Aish Latino

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