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viernes, 3 de septiembre de 2021

Cómo será la vida eterna a partir de la física cuántica



¿Qué es la vida eterna a partir de la física cuántica? No hay mejor manera de explicarlo que bajo la cátedra tan interesante del sacerdote jesuita Manuel Carreira. Recuerda que estas líneas están basadas en las reflexiones sobre “La Resurrección desde la física cuántica”, del padre Carreira (1931-2020), astrofísico quien fuera miembro del Observatorio Vaticano.

Cristo lo dijo a los saduceos, hablando del matrimonio: en este mundo es necesario el matrimonio para perpetuar la raza humana, pero después de la resurrección no, porque no hay desgaste ni hay muerte. Tenemos así un modo de existir que no podemos imaginar, porque toda nuestra imaginación se basa en los sentidos, y los sentidos se basan en datos de espacio y tiempo.


Una estructura hecha a medida de mi espíritu


Y hablamos ahora de una existencia fuera del espacio y del tiempo, porque existir en la eternidad no es existir en un tiempo muy largo. Dios no existe en el tiempo. Existe de otra manera. Y esta es la existencia que se nos promete en la resurrección a toda la realidad humana, no sólo al espíritu, sino también al cuerpo. De esta manera, se puede entender un poco lo que significa la resurrección.

No es un volver a la vida con las limitaciones y las propiedades de la materia sujeta a espacio y tiempo, sino que es comenzar a vivir con el modo de vida propio del espíritu, con una libertad total de toda ley física, de todo desgaste, de todo cambio. Y así, cuando decimos que estamos llamados a una resurrección, con el mismo cuerpo que tenemos, esto no depende de que se guarden uno a uno todos los átomos en una tumba.

Da lo mismo que el cuerpo se haya destruido en la tumba, o porque haya un incendio o porque lo incineran. Da igual, todo eso no tiene importancia, porque lo que resucita es una estructura hecha a medida de mi espíritu a partir de ese sustrato imposible de imaginar que hemos llamado el vacío físico, cuyas deformaciones llamamos partículas que no se pueden distinguir una de otra y que tampoco se pueden distinguir de eso que llamamos energía.


Presente a pesar de que se fraccione


Todo eso permite a la omnipotencia de Dios, que naturalmente creó todo de la nada, que pueda hacer sin dificultad alguna que lo que ha creado y se modifica vuelva a ser mi cuerpo. Todo esto también lo debemos tener en cuenta cuando hablamos de otra verdad de la fe, que es la eucaristía. Cristo preparó para el anuncio de la eucaristía una serie de milagros que demostraron su control completo sobre la realidad física.

El primer milagro que hizo fue convertir el agua en vino. El milagro de la multiplicación de los panes hizo que cinco panes se hiciesen presentes en miles de panes para miles de personas. Él puede hacer todo eso y prometió hacerlo con su propio cuerpo. Por eso podemos decir que todo el cuerpo de Cristo está en cada partícula de la sagrada forma. Así es. Y no hay ningún absurdo físico en decir que una realidad está en muchos sitios.

Ese cuerpo de Cristo se hace presente en miles de lugares simultáneamente y no hay una contradicción con la física, tampoco. Está fuera del espacio y del tiempo, no le afecta lo que ocurre a su alrededor ni lo que se le hace. De modo que, al recibirlo en la comunión, su cuerpo no se rompe ni se deshace, sino que sigue estando presente a pesar de que se fraccione la sagrada hostia.

No podemos concebir ni imaginar esta manera de utilizar las propiedades de la materia, pero tampoco se puede decir que sea incompatible con la idea de materia, y esto es lo que quiero que les quede claro. No les explico cómo es la resurrección, porque no lo sé ni lo sabe nadie. No les explico cómo es la eucaristía, porque no lo puedo entender, ni ustedes tampoco.

Lo que quiero subrayar es que lo que dice la fe en esos casos no es incompatible con las propiedades de la materia que me da la física, sino que Dios utiliza las propiedades de la materia de una manera maravillosa para conseguir algo que no podríamos jamás soñar: para conseguir una vida eterna, sin desgaste, una vida a modo de espíritu aún para la materia.


Fuente: P. Manuel Carreira, SJ, ‘La Resurrección desde la física cuántica’.

lunes, 16 de agosto de 2021

El espíritu y la resurrección del cuerpo desde la física cuántica




¿Cómo se explica al espíritu desde la física cuántica?

Después de todo esto uno no sabe qué decir sobre lo que significa hablar de mi cuerpo. Pero yo diría que significa que es el conjunto material que está adaptado al espíritu y bajo el control del espíritu, de tal manera que en el cambio diario y año tras año del metabolismo de mis órganos, siempre puedo decir que el espíritu es el que da cohesión a toda esta estructura material y, controlándola, la hace ser mi cuerpo.

Ahora bien, hablemos de lo que nos dicen los evangelios de Cristo resucitado. Solamente en el caso de Cristo tenemos una descripción de lo que hace un cuerpo resucitado. ¿Qué nos dice el evangelio? Primeramente entra en el cenáculo donde están los apóstoles sin abrir la puerta: aparece en medio de ellos. ¿Por dónde ha entrado? La respuesta, naturalmente, es que no ha entrado por ningún sitio.

¿Cómo puede hacerse presente si antes no estaba dentro y no ha entrado? La respuesta se puede decir por la física: se puede ir de un sitio a otro sin pasar por el medio. ¿Y dónde estaba antes? La respuesta también puede venir por la física: no tenía que estar en ningún sitio. Porque la materia puede existir sin estar en ningún sitio. Así es, como en el caso del agujero negro.

Precisamente este es uno de los modos de hablar de la Resurrección: el cuerpo deja de estar sujeto a los límites del espacio. Y porque deja de estar sujeto a estos límites no hay que buscarlo con ningún tipo de mapa para ver dónde está cuando no quiere hacerse presente. No tiene que estar en ningún sitio y se hace presente directamente donde quiere, sin pasar por ningún camino intermedio.

Y cuando Cristo desaparece del cenáculo, tampoco pide que le abran la puerta. Desaparece sin más para estar fuera del espacio. No sabemos explicarnos ni imaginar qué es existir fuera del espacio, pero la física me da pie para pensar que esto es una realidad que se da también en el mundo de las partículas. Pero cuando Cristo se hace presente, tiene su cuerpo, ya lo creo que sí. Se le toca, puede comer y come, porque es un cuerpo real y tiene la capacidad de hacer lo que se hace por medio de esas cuatro fuerzas que definen a la materia.

Lo que el evangelio nos dice es que Cristo mismo, dirigiéndose a los apóstoles, les dice: ved que tengo carne y huesos, no soy ningún fantasma. Dice que le toquen. Y cuando todavía no se atreven a creerlo del todo les pide que le den de comer, y con ellos come un trozo de pescado. De modo que es un cuerpo verdadero, sí, con todas las posibilidades de actuar de un cuerpo humano. Luego desaparece y aparece a los discípulos de Emaús y no le reconocen.

¿Por qué? Porque, una vez más, no está sujeto a ninguna ley física que obliga a que tus átomos estén en una distribución determinada. Por tanto, puede tener el aspecto que quiera. No es necesariamente el cuerpo de Cristo el que tiene que tener tales dimensiones en cada uno de sus rasgos. Puede tener su propio cuerpo pero puede controlar completamente cómo se muestra, a quién se muestra y en qué forma se muestra. Si quieren que se lo diga de manera analógica y breve.

Cuando nosotros vivimos en nuestra vida mortal y normal, ¿cómo actúa nuestro espíritu? No actúa con la libertad propia de un espíritu, porque un espíritu no está sujeto a leyes físicas, ni a espacio ni a límites de movimiento ni de tiempo. Dios o un ángel, como espíritus puros, no están sujetos a este cambio espacio temporal propio de la materia. Sin embargo, nuestro espíritu se ve obligado a actuar casi como materia en el sentido de que yo estoy aquí y por mucho que lo piense mi espíritu no va a estar en Miami, está aquí.

Y por mucho que me esfuerce, no puedo actuar sino en un tiempo en el que me cuesta trabajo, esfuerzo y tiempo aprender algo, hacer un raciocinio filosófico o simplemente utilizar la capacidad de razonar en la vida diaria, de absorber la belleza de una poesía, de aprender una ley física… Todo esto me lleva tiempo. Por tanto, mi espíritu está limitado por su unión a la materia y actúa casi a modo de materia, constreñido por los límites de espacio y tiempo.

Esto, que es la realidad de nuestra vida, cambia al revés después de la Resurrección. Entonces es el espíritu el que manda y hace que la materia exista a modo de espíritu, libre de esas ataduras, de esos límites de espacio y tiempo. Este es el único significado lógico que tiene la frase de San Pablo: se siembra un cuerpo material, resucita un cuerpo espiritual. Cuerpo es el sustantivo, el nombre, por tanto, es estructura material.

Pero actúa ya a modo de espíritu. Y porque actúa a modo de espíritu este puede determinar que se haga o no visible en una forma o en otra, en un sitio o en otro, en un momento o en otro. El cuerpo está totalmente subordinado al espíritu. Y como estará fuera del tiempo, no hay desgaste, no hay metabolismo, no hay ningún tipo de necesidad de renovar estructuras ni de conseguir energía con alimentos.

Fuente: P. Manuel Carreira, SJ, “La Resurrección desde la física cuántica“.

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