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martes, 11 de agosto de 2020

Protestante y abogado de Yale, se hizo católico y dejó un importante bufete para hoy ser sacerdote

 

PROTESTANTE Y ABOGADO DE YALE, SE HIZO CATÓLICO Y DEJÓ UN IMPORTANTE BUFETE PARA HOY SER SACERDOTE
Por Javier Lozano

Christian Huebner nació y creció en una familia protestante, se graduó en Derecho en Yale, una de las universidades más selectas del mundo, y empezó a ejercer con éxito la abogacía en un importante bufete de Washington. Lo que menos se podría imaginar tanto él como cualquiera que le conociera es que acabaría siendo a sus 35 años ordenado como sacerdote católico.

El pasado 15 de junio este estadounidense recibía la ordenación junto a nueve diáconos más en la basílica de la Inmaculada Concepción culminando un proceso de conversión que comenzó en la universidad y que le llevó años de lucha hasta aceptar que Dios le llamaba a servirle a través del sacerdocio.

"Nunca imaginé que me convertiría en sacerdote católico"

En una entrevista con el Catholic Standard recordaba que “al crecer en una familia protestante nunca imaginé que me convertiría en un sacerdote católico”. Pero en realidad la llamada vocacional la empezó a sentir “poco después” de ser católico.

“Tras luchar durante varios años, me arrepentí y entré en el seminario. Una vez que cedí Dios me regaló una profunda paz. El Señor ha sido fiel en todo este camino”, explica.

El primer paso hasta llegar al sacerdocio fue su conversión al catolicismo y en este punto afirma que se produjo gracias al “Espíritu Santo en el contexto de la amistad”. Precisamente, el contacto con otros católicos jóvenes como él y coherentes con su fe le fue interrogando y llamando la atención hasta tal punto de querer dar el salto y tener esa misma relación con Dios.

Compañeros católicos en la universidad

“Fue durante mis años en la Escuela de Derecho donde conocí un grupo de amigos, muchos de los cuales eran católicos. Vi en ellos una forma de vida y una visión de conjunto que era intrigante”, explica este joven.

Muchas de las conversaciones que tuvo con estos amigos y otras personas católicas que fue conociendo acabaron siendo “providenciales” y fueron “profundizando mi interés” por el catolicismo hasta que incluso siendo aún protestante empezara a asistir a misa. “Entonces –señala Christian- un día una puerta se abrió en mi corazón y en mi menté, y pasé a través de ella”.

En este proceso de conversión y posterior vocación sacerdotal no encontró tampoco el rechazo de su familia, lo que fue de gran ayuda para este joven. Él mismo confiesa que “tengo la bendición de tener un padre, una madre y tres hermanas que desde el principio y hasta el día de hoy me han amado incondicionalmente. Cuando me convertí en católico, algunos se mostraron contentos y otros lo vieron más difícil. Lo mismo cuando decidí ingresar en el seminario. Pero costase lo que costase siempre he tenido su comprensión y amor”.

Un efecto arrastre en su familia

De hecho, la conversión de Christian y su vida como seminarista ha tenido un efecto arrastre en su propia familia y son ya varios familiares los que se han hecho católicos. “Hace unos años, una de mis hermanas, aquí en Washington, fue recibida en la Iglesia, y en esta última Pascua mi madre también se convirtió al catolicismo”, cuenta orgulloso, recordando además que él mismo pudo servir como diácono en esta Vigilia Pascual, algo que “fue muy especial”.

Tras acabar sus estudios de Derecho primero en el St. Olaf College de Minnesota y luego en la Escuela de Derecho de Yale, Christian había empezado a trabajar como abogado y por eso acabó trasladándose a Washington.

Dios le iba preparando el camino

Allí, ya como católico, asistía a la iglesia de San Pedro en el Capitolio. Pero fue un hecho más providencial el que fue alimentando en él la vocación. En la planta baja del edificio de oficinas que albergaba su bufete se encontraba el Centro de Información Católica y allí conoció a un sacerdote, Arne Panula, hoy fallecido, que acabaría siendo vital en este proceso.

“Llegar a al punto de decir ‘sí’ al seminario fue un camino difícil, pero una vez que recibí esa gracia del Señor no tuve muchos problemas para dejar atrás el Derecho”, confiesa.

Un signo que le confirmó que debía ser sacerdote

Este nuevo sacerdote explica que ha tenido "una buena vida trabajando como abogado, no sólo un buen trabajo y buenos compañeros, sino también buenos amigos y una fuerte comunidad católica, la oportunidad de hacer muchas cosas buenas. Pero nunca me sentí enteramente como un abogado porque siempre percibí que había algo más que Dios me pedía”.

Christian asegura que una vez que entró en el seminario vivió un acontecimiento que confirmó esta llamada al sacerdocio. “Me pidieron que prestara servicio en la Mass Red (conocida como Misa Roja y que consiste en una celebración litúrgica para jueces y juristas para dar inicio al año judicial) en la catedral y a ella asistieron muchos miembros de la comunidad legal. Desde mi lugar cerca del altar podía mirar alrededor y ver muchas caras conocidas, y sin embargo, era muy consciente de que estaba entre ellos pero de una manera fundamentalmente muy diferente, en un papel completamente distinto a lo que habría sido un mes antes. Y por alguna razón me sentía mejor estando en este nuevo rol, como si hubiera encontrado mi lugar”.

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sábado, 8 de febrero de 2020

Yasmín Oré: Dejó la fe Católica y fue misionera mormona


YASMÍN ORÉ: DEJÓ LA FE CATÓLICA Y FUE MISIONERA MORMONA
Por: Pablo J. Ginés

Descubrió que esa religión ni se sostenía en la Biblia ni respondía al anhelo de su corazón.

Yasmín Oré Ramírez, hoy con 31 años de edad, nació y creció en Lima, Perú, en una familia de tradición católica... hasta que una amiga le invitó a los mormones.

Recogemos su testimonio en primera persona, tal como lo contó a Religión en Libertad, porque explica cual es el proceso por el que se entra en este grupo, cómo captan nuevos miembros, cómo les entrenan y los envían a calles y casas.

»Mi familia era católica, aunque mis padres no estaban entonces casados por la iglesia, por unos problema de partidas de bautismo quemadas o perdidas. Dejaron el tema y se casaron por lo civil. Me dieron una educación católica: hice la secundaria en el colegio Presentación de María, de religiosas, recibí los sacramentos, la comunión y la confirmación. A los 19 años estudiaba derecho, iba a misa e incluso cantaba en el coro, pero mi formación y mi fe era muy superficial.

»Yo había oído hablar de sectas demoníacas y satanistas, y mi papá me prevenía contra los Testigos de Jehová que tocaban a menudo a la puerta. Pero nadie me había hablado de los mormones

La amiga y la acogida

»Yo tenía una amiga en mi colegio de monjas que era mormona. Me dijo: "acompáñame un domingo a ver mi iglesia". Así que un domingo me salté la misa para ir con ella a ver su iglesia. Y me gustó. La gente era muy acogedora: todos lo eran, las señoras, las chicas de mi edad, los chicos.

»Tenían reuniones para jóvenes en las que hablaban sobre las virtudes. A otros jóvenes quizá les parecería aburrido, pero yo era una chica con pocas amistades. No me gustaba salir de fiesta, las fiestas no me llenaban. En cambio, esta gente, que parecía tan pura, virtuosa e inocente, sí que me llenaba.

»Hoy que soy católica y adulta sé que tenemos que enfrentar el mal que hay en el mundo y en nuestras vidas, pero entonces, con 19 años, yo no quería enfrentarme a la realidad, no quería embarrarme. Yo quería protección, un entorno seguro, un grupo acogedor y virtuoso que me protegiese. Los mormones me ofrecían eso.

Dos chicos jóvenes hablando de Dios

»Ellos me enviaron dos jóvenes misioneros a visitarme a mi casa y darme charlas dos días por semana. Eran dos chicos de mi edad, de 19 años, uno peruano y otro de EEUU. Yo les decía a mis padres que eran cristianos y amigos de mi amiga y que venían a hablar de Cristo y de Dios. Ellos, demasiado confiados, nos dejaban solos en el salón.

»Yo estaba impresionada de que dos chicos de 19 años, de mi edad, me hablasen de Dios con pasión. Más aún, estaban dedicando 2 años de su vida joven sólo a eso, a hablar de Dios. Me sorprendía y admiraba: no conocía a nadie en la Iglesia católica que hiciese eso.

Mr. Smith y el "verdadero" cristianismo

»En las primeras charlas, te hablan del Libro de Mormón. Te dicen que la enseñanza plena cristiana se había perdido desde la muerte del apóstol Juan, y que no se ha recuperado hasta que un ángel revela al profeta Joseph Smith, hacia 1830, dónde está el Libro de Mormón con todas las enseñanzas perdidas.

»Usan siempre las mismas citas de la Biblia para apoyar al Libro de Mormón. Los mormones enseñan, según su libro, que Jesús, al resucitar, se apareció y enseñó a los pobladores de América. Eso lo apoyan en la Biblia cuando Jesús dice: "tengo otras ovejas que no son de este redil". Para justificar que además de la Biblia esté el Libro de Mormón citan Ezequiel 37, 15-17, que habla de "un palo de Judá" y "un palo de José, o Israel", que Dios ha de unir. Ellos dicen que esos dos palos son dos libros: la Biblia y las escrituras de Mormón. Y sobre el profeta Smith citan Amós 3,7: "el Señor no hará nada sin revelar sus secretos a sus siervos los profetas".

Hacer preguntas es bueno
»Yo en esa época escribía un diario, que aún conservo. Y apunté una idea que se me pasó por la cabeza: "si ese Libro de Mormón es otro testamento, ¿por qué no hay pruebas arqueológicas, por qué no hay papiros de él o pergaminos de él, como con la Biblia?" Ellos enseñan que el ángel se llevó el libro de láminas de oro que José Smith había leído y traducido al inglés. Pero ¿por qué Dios hizo algo tan distinto a lo que hizo con la Biblia? Me daba vergüenza preguntarles eso porque ¡ellos eran tan amables!

»A la pregunta de por qué no tenemos los textos que el ángel reveló a José Smith, ellos responden citando a San Pablo: "la fe es certeza de lo que no vemos", y también citando su propio libro: "hay muchas cosas de Dios que no las vas a ver".

»En realidad, como comprobé después siendo misionera mormona, a los jóvenes misioneros mormones no les enseñan muchas respuestas a las objeciones. Muy pronto responden a todo con esta frase: "Te invitamos a que ores a Dios esta noche y que Él te hable y verás que es verdad lo que enseñamos".

»Y oré esa noche. Y no sentí nada, Dios no me dijo nada. Y lo escribí así en mi diario, sinceramente.

»Pero a ellos, sugestionada o por lo que sea, les dije: "sí, siento que es verdad". Yo quería pertenecer a ellos. Sólo me pedían ser buena, y yo quería ser buena, y pensaba que la Iglesia verdadera sería simplemente la obediente a las cosas buenas, virtuosas, y parecían ser ellos.

»Era 2005, se acababa de morir Juan Pablo II, salía Benedicto XVI como nuevo Papa, y algunos me decían que si era feo, que vaya aspecto, que cómo iba a seguir yo en la Iglesia Católica.

Rebautizada mormona
»En fin, en esa fase, después de 4 o 5 charlas, te invitan a bautizarte como mormón. Para eso, te hacen antes una entrevista previa. Has de decir que crees en el Libro de Mormón y que aceptas al profeta Joseph Smith. También te preguntan si has matado a alguien, si has abortado, si has tenido relaciones sexuales. Creo que ellos no quieren aceptar a cualquiera, a gente que ha tenido una vida muy poco virtuosa, excepto si son parientes de alguien. Pueden rechazarte. Me parece que a las personas con inclinaciones homosexuales las rechazan a todas o casi todas, por ejemplo.

»A mí me aceptaron y organizamos mi bautismo mormón. Mi papá no vino: les dijo que éramos católicos "de la Virgen y del Señor de los Milagros". De mi familia solo vino mi mama ¡y mi madrina del bautismo católico! Hoy digo ¿Qué barbaridad, no? Mi madre lloraba: "hija, pero si yo te di los sacramentos en la Iglesia católica". Y yo le respondía: "¿prefieres que me vaya de discoteca cada sábado, por ahí?" Con eso la presionaba. Ellos me veían feliz, y veían que los jóvenes mormones parecían gente buena. Era una falsa elección: o ellos, o el mundo de la noche y las discotecas.

»En el bautismo mormón entras en una piscinita de cuerpo completo, con una túnica blanca. Tú escoges qué hombre te bautiza: yo escogí a los dos misioneros que conocía. Te echan para atrás, como hacen los baptistas y otros protestantes, y te sumergen y dicen: "en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo", pero, atención, porque ellos no piensan que es un único Dios; para ellos son 3 dioses distintos. A Joseph Smith se le aparecieron el Padre y el Hijo en un bosque, hay un dibujo típico que lo ilustra, como dos cuerpos distintos. Cada vez que en el Antiguo Testamento se dice que Moisés vio la cara de Yavé, o que Dios señaló con su dedo, o dio la espalda al pueblo, etc... ellos interpretan que Dios Padre tiene cuerpo, con dedos, cara, espalda, etc...

»En cuanto empiezas a ir a los mormones te animan a pasar con ellos mucho tiempo. Te hacen estar cómodo, es como tener otra familia. Ellos no creen que Dios habita en ti y te transforma y hace santo. No, ellos creen que por sus propias fuerzas serán perfectos, que ya lo están siendo, porque cada uno va a ser un dios. Y claro, esa perfección es imposible, pero esa es la fachada que intentan dar.

»Son muy exigentes en el control de la sexualidad: cualquier encíclica católica sobre el tema es mucho más humana, más comprensiva. Ellos son más tajantes, te controlan demasiado, como un robot. A las chicas las animan a estudiar, sí, pero lo ideal que plantean es que enseguida se casen y que tengan muchos hijos.

Muchos manuales para estudiar

»Una vez bautizado, te dan muchos manuales para estudiar, algo que haces cada domingo en su escuela dominical. Mi experiencia, y lo vi con otra gente poco dada a los estudios, es que los primeros meses al menos hay mucho interés y se leen los libros. Ellos ofrecían también un servicio para ayudar a encontrar y ayuda a la gente.

»Enseguida te dan un "llamamiento", que es un cargo, en mi casi era una función con jóvenes. Un año después me hicieron misionera de barrio: a tus ratos libres acompañas a los misioneros en sus visitas a las personas interesadas, que en su vocabulario se llaman "investigadores". Los acompañantes sirven para hacerse amigos de los "investigadores" (es decir, las personas no mormonas), invitarles, tender lazos, etc...

»También aprendí a rezar al estilo mormón, siguiendo un tríptico que lo explicaba. Hay que hacer una breve oración al levantarte, otra al acostarte y otra en cada comida. La estructura es siempre igual: "Padre Celestial, te damos gracias por tal cosa, te pedimos tal otra, en el nombre de Jesucristo". En las comidas, das gracias por la comida. Se dice siempre "Padre Celestial", no "Padre nuestro".

El culto mormón

»El domingo hay una reunión de unas tres horas. La llaman "reunión sacramental". Se juntan todos los miembros de una zona. No hay un oficiante sino un par de conferenciantes o discursante, los que les toque ese día. Uno habla del ayuno, otro del diezmo (un tema muy insistente). Otro día pueden hablar del bautismo de los muertos o del "sellamiento", como llaman al matrimonio. Al final, siempre alguien "da testimonio", pero eso no consiste en contar su experiencia sino simplemente en exponer, de una forma muy repetitiva, que dé seguridad, semana tras semana, que crees en Joseph Smith, en el Libro de Mormón y en su iglesia.

»Después me tocó ser misionera en el extranjero. Es algo que todos han de hacer: 2 años los hombres; uno y medio, las mujeres. Se realiza poco antes de acabar tus estudios. Te mirarían muy mal si no lo haces. Normalmente uno se casa después, a las chicas les animan a casarse con jóvenes que ya han misionado, porque son más maduros en la fe.

»Los misioneros mormones son, sobre todo, esos chicos y chicas jóvenes. También hay adultos ya jubilados que van como misioneros unos años al extranjero. Y hay además matrimonios mayores, a veces pre-jubilados, que pueden ser presidentes de misión. No hay misioneros "de por vida". Tampoco hay "pastores". Lo más parecido es el "obispo", pero no se mantiene con los diezmos, sino con un oficio. Los diezmos son para mantener las "capillas" (centros locales) y el resto va todo a la central a Estados Unidos. Por eso no hay escándalos de pastores con vehículos o gustos lujosos.

Pagar las misiones a tu hija

»En 2006, yo llevaba ya un año y medio de miembro, y mi novio era un mormón peruano que ya había sido misionero. Quedamos en que yo haría la misión y quizá luego nos casaríamos. El me animó a ir a la misión. Es caro: parte lo pagas tú, otra parte tus padres y otra la iglesia. Yo tenía ahorrados como 500 euros, mucho para Perú, que gasté en esto. Mis padres debían comprometerse a 100 euros mensuales. Mi madre lloraba: les quitaban a la hija y además había que pagar por ello. Y había que comprar mucha ropa y materiales, gastos que impacientaban a mi mamá. "Es una vez en la vida", le decía yo.

»Primero me mandaron a Colombia casi un mes a formarme. Era como un internado donde estábamos muchos muchachos y muchachas de Perú, Colombia, Venezuela...

Entrenamiento del joven misionero mormón

»Nos enseñaban cómo convencer a la gente, con unos vídeos, cómo hablar, qué hacer si te sale mal. Era muy pesado, pero yo estaba contenta. Te enseñaban las escrituras que hemos comentado y cómo responder las preguntas de los "investigadores" (la gente no mormona).

»Los mormones no quieren que les refutes mucho; el mormón da sus citas, y si le hacen preguntas dicen lo de "récelo y verá que es verdad". Ellos dicen que no tienen que perder tiempo refutando doctrinas. Apenas intentan tapar dudas con la Biblia o el Libro de mormón. Nos enseñaban a hablar sólo de Joseph Smith, de la nueva revelación completa, del Libro de Mormón.

»Nos explicaban que la enseñanza cristiana se pervirtió con Constantino en el siglo IV, que se corrompió el cristianismo. Luego aprendí que esto lo tomaron de otros protestantes. Allí nos enseñaron que Calvino y Lutero apenas "prepararon" el camino para la recuperación del cristianismo, que llega con Joseph Smith.

La compañera inflexible

»Llegué de misionera a Guayaquil, Ecuador, en marzo de 2007. Me pusieron una compañera chilena, de mi edad, muy reglista y exigente, que no admitía ningún decaimiento ni cansancio. Era hija de mormones, con 9 hermanos, crecida en familia mormona, no como yo. Los misioneros van en parejas, a todas horas excepto al baño. Espanta peligros, pero también "tentaciones".

»Cada día a las 6 y media de la mañana nos levantábamos a estudiar lo que hablaríamos en la calle. A las 9 y media salíamos, tratábamos a la gente, de pie, caminando, con el calor de Guayaquil. Un descanso para almorzar, y seguir hasta la noche. De noche nos arrodillábamos y rezábamos pidiendo más "investigadores". Si nos peleábamos entre nosotras, ese era un momento para pedirnos perdón. Aunque los lunes era día de descanso y otros misioneros hacían turismo, ella me ponía a estudiar.

»Y así, siendo misionera en Guayaquil, se quebró mi confianza en la fe mormona.

La anciana católica resistente

»La primera "caída" fue por una señora de unos 75 años, que era muy católica, aunque uno de sus hijos era evangélico y el otro era obispo mormón. Este obispo nos insistía y mi compañera se había encaprichado con conquistarla, y le llevaba postres y la visitábamos mucho.

»Cuando un católico se pone muy firme, nos habían enseñado en que hay que insistir en que la Iglesia católica ya no era de Cristo, que no lo era desde Constantino, que todo era malo desde entonces: las imágenes, la Virgen, el bautismo de niños, etc...

»Y mi compañera insistía tanto que yo recordé mi propio pasado católico y me emocioné. Y se lo dije a ella, a la compañera chilena, llorando: “si convenzo a esta señora siento que estoy traicionando algo mío”, dije. Mi compañera quedó de piedra. “Es normal, hace poco que eres miembro, eres de familia católica, yo hablaré con la señora”, respondió ella. No sirvió de nada: la señora llegó a la entrevista bautismal por insistencia de su hijo y sin convencimiento, pero como dijo que no pensaba ni dejar de fumar (algo importante), la rechazaron. Y la dejamos.

Evangélicos y testigos, ¡mucha Biblia!
»El caso es que descubrí que casi no teníamos argumentos ni respuestas. Los Testigos de Jehová nos ponían cabeza abajo, no aceptaban ni a Joseph Smith ni su libro y no estábamos preparadas para refutarles nada. Y también los evangélicos nos refutaban y yo pensaba:¿somos misioneras, entrenadas, pero no sabemos responder cosas supuestamente básicas de la Biblia? Y empecé a dudar. Esa era mi segunda "caída", ver que no teníamos respuestas. Y lloré otra vez: “estoy dudando de la fe”.

»La misión, que debía reforzar mi fe mormona, la estaba destruyendo. Y me preguntaba: "¿estaré haciendo bien al querer cambiarles su fe?, ¿tengo derecho a cambiar su vida? ¡Si hasta yo dudo!"

»Yo ya me había empezado a fijar en cosas: que los mormones casi no usan la Biblia, que habían tenido poligamia en un pasado reciente, que había doctrinas ocultas. Y yo me di cuenta que me gustaban y me emocionaban las campanas en las iglesias católicas, y ver la gente que salía en procesión, devota del Divino Niño. Y la Virgen. Me preguntaba: "¡cómo voy a decir que esto es malo y pagano!"

»Y en un encuentro con el obispo mormón le dije: “siento que miento cuando hablo” y dije que quería dejar la misión. Pedí a mi compañera: "Dile al presidente de la misión que me vuelvo a mi país, que me siento un robot".

Defendiendo al Papa

»El presidente de la misión intentó disuadirme para que no marchase. Pero yo no le dije simplemente "añoro a mi familia" o "estoy cansada". Yo defendí la Iglesia católica. Le dije que ya no quería hablar mal de la Iglesia católica, que yo pensaba bien del Papa, y que en la Iglesia católica hay santos y gente buena. Y eso le enfadó.

»Él me insistió, que la Iglesia y el Papa son la Ramera de las escrituras, que mis sentimientos venían del demonio, que si volvía al catolicismo mi vida sería un desastre en todos los sentidos. Durante una semana cada noche mi compañera me intentaba convencer; le daban instrucciones de cómo convencerme. Y le dije: “sal de mi cuarto que me confundes”. Y esos días, después de varios años, empecé a rezar a la Virgen, a pedirle que me protegiera, porque mi compañera se ponía muy sectaria y tenía miedo de que llegara a pegarme. Me dije: "en cuanto llegue a Perú con mi familia lo del mormonismo se va a acabar". Ya sabía que no podría encajar.

De vuelta a casa: un año de insistencia

Al final me pagaron el vuelo a Perú. Y fui a mi casa. Allí los mormones me enviaron a mi novio, a los amigos, a mi mejor amigo. Yo dudaba. ¿Volver? Pero ahora ellos me daban miedo, no seguridad. Ya mi hermano me había dicho: es una secta. Insistieron casi un año. Pero yo ni les recibía, ni a mi antiguo novio: no quería recaer por amistad. Mis papás me dijeron: corta con todos ellos. Mis padres cobraron la fuerza que antes no habían tenido.

»Estuve un buen tiempo aislada en mi casa, sólo con Internet, leyendo de gente que salía de sectas. Hablé con el párroco de mamá, pero sólo me dijo: “bienvenida, no te sientas mal”. No me dio más formación. Yo necesitaba una atención especial, acababa de salir de un grupo muy cerrado e intenso.

»Mis padres se estaban convirtiendo, avivando su fe católica en las catequesis del Camino Neocatecumenal, pero tampoco ellos me daban respuestas. Yo creía que la Iglesia católica era verdadera, y que la evangélica también lo era, porque leía muchos testimonios de ex-mormones en Internet que eran evangélicos. No había ningún “carisma” católico que me limpiase de mi experiencia mormona. Pero los pastores evangélicos tampoco me inspiraban confianza.

Los que sabían de sectas »Y un día mi madre me dio un folleto sobre sectas de los Apóstoles de la Palabra (www.apostolesdelapalabra.org), un apostolado católico muy basado en la apologética, en la defensa de la fe. Busqué su dirección. “Viven aquí en la esquina”, me dijeron. Llegué en bici, y allí estaban las Hermanas de los Apóstoles. Mi historia les asombró. "Nunca nos había llegado alguien con esta necesidad. Ven con nosotras los sábados”, me invitaron. Y fui a sus charlas: entendí la enseñanza católica sobre las imágenes, Dios, la naturaleza de Cristo, me dieron libros, todo bien explicado. Y ahora, cuando venían los mormones, ya no los rehuía: los enfrentaba, les sacaba la Biblia, les refutaba.

María y una vida nueva

»Hoy, mirando al pasado, creo que lo que mas me ayudó fue la presencia de la Virgen María, que he reconocido después. Al volver al catolicismo, vi películas sobre ella, le recé… María, creo, es lo que más me ha alegrado recuperar, y ella me ha atraído a través de sus imágenes.

Publiqué mi testimonio en algunas webs católicas, y conocí por Internet a quien hoy es mi esposo. Él también había estado cerca de los mormones por un amigo suyo y a mí me ayudó con argumentos y amistad. Él es español, de León. Después de tres años de novios "cibernéticos" nos casamos en Lima ya hora vivimos en Madrid. Somos catequistas de niños de Primera Comunión en la parroquia de San Romualdo. Y les damos pequeñas enseñanzas de una fe razonable, para defender la fe de la Iglesia de todo tipo de ataques.

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jueves, 23 de enero de 2020

15 consejos para jóvenes sacerdotes, que el Padre Jorge Loring dejó antes de morir


15 CONSEJOS PARA JÓVENES SACERDOTES, QUE EL PADRE JORGE LORING DEJÓ ANTES DE MORIR

Al cumplir los noventa años deseo informarte, joven sacerdote, de algunas normas que han orientado mi vida:

1. Me ordené a los 33 años, he cumplido los 90 y no me he arrepentido ni un minuto. Elegí bien. Si volviera a nacer elegiría lo mismo.

2. Valora tu vocación. El sacerdote es el mayor bienhechor de la humanidad, pues sólo él puede dar la vida eterna.

3. La autoestima es razonable; pero la vanidad, no. Ignorar los dones recibidos de Dios es ingratitud; pero envanecerse de ellos es ridículo, pues Dios pudo habérselos dado a otro y no a ti. Ya dijo San Pablo: ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si los has recibido, ¿de qué te engríes?

4. Procura tener una buena cultura, sobre todo en las materias afines al sacerdocio. Pero no olvides que la virtud es más importante que la cultura. El Cura de Ars, con poca cultura, ha salvado más almas que muchos sacerdotes muy cultos.

5. El tiempo es para evangelizar, estudiar y orar. Nada más. Descansar sólo lo indispensable.

6. Cuida tu salud para estar apto a las exigencias de la evangelización.

7. Cuida tu imagen; no por vanidad mundana, sino para ayudar a que reciban tu mensaje. Si resultas repelente, el rechazo a tu persona arrastrará el rechazo a tu mensaje.

8. Es posible que alguna mujer se enamore de ti. Recházala con caridad, pero con firmeza. No te creas invencible. Todos podemos perder la cabeza. No serías el primero ni el último. Sé humilde y toma precauciones.

9. La codicia es peor que la lujuria. El dinero hace falta para evangelizar. Muchos instrumentos de evangelización cuestan dinero. Pero el apego al dinero puede apartarnos de Dios.

10. Sé fiel al MAGISTERIO OFICIAL DE LA IGLESIA. Debemos dejarnos conducir por quien Dios ha puesto al timón de la Iglesia, y no por las opiniones de un marinero de cubierta.

11. Debemos procurar ser “otros Cristos” en la tierra: pasar haciendo el bien. Que todo el que se acerque a nosotros se aleje mejorado espiritualmente.

12. Y por supuesto, atiende a todos siempre con buena cara. Que nunca nadie pueda considerar que no lo has atendido bien.

13. Cuida mucho los juicios que emites de otros. Alguna persona se apartó de la Iglesia por lo que dijo de ella un sacerdote. Hay que combatir el error, pero sin despreciar a la persona equivocada.

14. Si te equivocas, reconócelo; y pide perdón si alguien se ha sentido herido por tu culpa. La soberbia en un sacerdote es funesta. La humildad resulta atractiva.

15. Que se te vea piadoso. Trata a la Eucaristía con todo respeto y devoción. El P. Ángel Peña, agustino recoleto, tiene un bonito libro titulado SACERDOTE PARA SIEMPRE, que termina con este consejo: ‘Sacerdote, celebra tu misa, como si fuera tu primera misa, como si fuera tu última misa, como si fuera tu única misa’.

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 29 de octubre de 2019

El misterio del rayo que mató a 25 personas en una iglesia y dejó ilesos a los sacerdotes


EL MISTERIO DEL RAYO QUE MATÓ A 25 PERSONAS EN UNA IGLESIA Y DEJÓ ILESOS A LOS SACERDOTES 

A principios del siglo pasado, en Allariz, vivieron una catástrofe que, a día de hoy, ostenta todavía el récord mundial. Cuarto Milenio se traslada a Orense para investigar la tragedia


Dicen que en Galicia no suele llover, pero cuando cae una tormenta nunca llega sola. Las desgracias acompañan a la lluvia, como cuando vuelca un barco y el mar devuelve a los pescadores a casa, o como el trágico verano de 1902, cuando provocó una catástrofe en la hoy desaparecida iglesia de San Salvador de Allariz (Orense) que sigue siendo un misterio para los científicos.

Había muerto un vecino del pueblo gallego y, como era costumbre, casi toda la aldea acudió a mostrar sus respetos a la iglesia. Se sumaron también varios labradores, en un fútil intento de escapar de la tormenta. Mojados por la lluvia, se hacinaron en la entrada de la iglesia, taponando la única vía de salida para la catástrofe que se avecinaba.

Tal y como ha recreado Cuarto Milenio, a través de una investigación para conocer este acontecimiento que ha dejado muy sorprendido a Iker Jiménez, mientras los feligreses rezaban se produjo una explosión, cuando un rayo penetró por el campanario y alcanzó a los vecinos que rezaban. Se escucharon gritos y lamentos, la gente no sabía que hacer, horrorizada ante la mala fortuna. Fue un caos inmenso.


En el suceso, que a día de hoy ostenta el récord mundial, tal y como explican en Cuarto Milenio, murieron de forma horrible 25 personas ese 24 de julio del año 1902 y hasta 40 resultaron heridos de gravedad. Sin embargo, lo más curioso de la tragedia es que los sacerdotes que impartían la misa salieron ilesos.


Recreación de cuarto milenio de la tragedia 

La coincidencia se mezcló con la superstición, y fue calando en el pueblo de Allariz que se había tratado de un castigo divino y que, quizás, el pueblo seguía maldito desde entonces.

Si bien no existe ninguna prueba que lo corrobore, sí es cierto que el miedo al lugar donde se produjo la misteriosa catástrofe derivó en que el pueblo abandonase la iglesia de San Salvador, de la que solo quedaron algunas piedras y la portada, que se integraron a la iglesia de San Pedro. Y en el lugar donde el rayó caló y mató a 25 personas, ya solo queda un vestigio de ese fatídico día: una cruz abandonada a la que nadie quiere acercarse.

Fuente ABC

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miércoles, 1 de mayo de 2019

Padre soltero: su novia quiso abortar, él no la dejó y ahora cría solo a su beba


PADRE SOLTERO: SU NOVIA QUISO ABORTAR, ÉL NO LA DEJÓ Y AHORA CRÍA SOLO A SU BEBA

La historia de este joven se hizo viral en las redes sociales, estaba acompañado por su hija, la cual cría solo.

La graduación de este joven se viralizó en las redes sociales.

«Este Joven luchó por su hija, no permitió que su novia abortara pues ella no quería tenerla. Él se hizo cargo solo y se enfrentó al mundo; ‘No podrás graduarte, para una mujer es posible ser madre soltera pero para un hombre no es posible ser padre soltero’, le decían. Aquí está en su graduación con su hija», explica el mensaje que acompaña la fotografía.


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