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martes, 16 de junio de 2020

¡Por Cristo, con él y en él! ¿Quién debe decir esas palabras en misa?


¡POR CRISTO, CON ÉL Y EN ÉL! ¿QUIÉN DEBE DECIR ESAS PALABRAS EN MISA?

La manera de celebrar la misa no sale de lo que a cada sacerdote se le ocurra. Hay unos criterios básicos que son necesarios cumplirlos a cabalidad.

Tal vez has participado de alguna Santa Misa en la que has presenciado que la comunidad, espontáneamente, y cuando se termina la Plegaria eucarística, se une en oración al Sacerdote celebrante y pronuncian las palabras "Por Cristo, con Él y en Él, a Ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén"

En otros casos, ha sido el Sacerdote mismo quien anima a la comunidad a DECIR JUNTOS esas Doxología; pero realmente, ¿Quién debe decir estas palabras? ¿Únicamente el Sacerdote? ¿La comunidad y el sacerdote?

Para responder a esta pregunta, nos dirigimos a una respuesta dada por Fray Nelson Medina, Sacerdote predicador de la Orden de los Dominicos, en la que explica el uso correcto de esta Doxología durante la celebración de la Santa Misa


Forma correcta de celebrar Misa

La manera de celebrar la misa no sale de lo que a cada sacerdote se le ocurra. Hay unos criterios básicos que son necesarios porque ni el sacerdote ni ninguna comunidad particular pueden considerarse "dueños" de la Misa.

La "manera de celebrar" la indican los misales que se usan en las parroquias e iglesias a través de un documento que se llama la "Instrucción general del Misal Romano," usualmente abreviado IGMR, que todos puede consultar haciendo Clic aquí

El numero 151 de la IGMR dice textualmente:

"Después de la consagración, habiendo dicho el sacerdote: Este es el Sacramento de nuestra fe, el pueblo dice la aclamación, empleando una de las fórmulas determinadas. Al final de la Plegaria Eucarística, el sacerdote, toma la patena con la Hostia y el cáliz, los eleva simultáneamente y pronuncia la doxología él solo: Por Cristo, con Él y en Él. Al fin el pueblo aclama: Amén. En seguida, el sacerdote coloca la patena y el cáliz sobre el corporal"
No hay entonces margen de duda: esas palabras ha de decirlas solamente el Sacerdote.

Alguien puede estar en desacuerdo y aducir algunas razones sobre por qué las cosas deberían ser de otro modo. Pero podemos imaginar lo que sucede si cada uno pretende imponer lo que considera que debería hacerse.

Y no hay que imaginar mucho: ya esos caprichos los vimos en los años inmediatamente posteriores al Concilio Vaticano II, incluyendo el caso de sacerdotes que creían que la misa "debería" celebrarse con tortillas de maíz.

Como no hay necesidad de volver a esos tiempos y a esas discusiones, lo mejor es que todos comprendamos que la liturgia es un bien público de nuestra fe y que merece amor, cuidado y respeto.

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Respuesta por Fray Nelson Medina, OP


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miércoles, 29 de enero de 2020

Hasta que la muerte nos separe y en el cielo amarnos más y por siempre...


HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE Y EN EL CIELO AMARNOS MÁS Y POR SIEMPRE...

UNA VERDADERA HISTORIA DE AMOR

"Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana, mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno, sufrió un infarto y cayó. Mi padre la levantó como pudo y, casi a rastras, la subió a la camioneta. A toda velocidad, sin respetar semáforos, la condujo hasta el hospital.

Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló; su mirada estaba perdida. Casi no lloró.

Esa noche, sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia, recordamos hermosas anécdotas y él pidió a mi hermano, teólogo, que le dijera donde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, y de conjeturas de cómo y dónde estaría ella.

Mi padre escuchaba con atención. De pronto pidió que lo lleváramos al cementerio.

"¡Papá!", respondimos, "¡son las 11 de la noche, no podemos ir al cementerio ahora!".

Alzó la voz, y con una mirada vidriosa dijo:

"No discutan conmigo, por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años".

Se produjo un momento de respetuoso silencio, no discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador. Con una linterna llegamos a la tumba. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos, que veíamos la escena conmovidos:

"Fueron 55 años... ¿saben? Nadie puede hablar del amor verdadero, si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer".

Hizo una pausa, y se limpió la cara. "Ella y yo, estuvimos juntos en aquella crisis. Cambié de empleo...", continuó. "Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de los seres queridos, oramos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores... Hijos, ahora se ha ido, y estoy contento, ¿saben por qué?

Porque se fue antes que yo. Ella no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto, que no me hubiera gustado que sufriera...".

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado en lágrimas. Lo abrazamos, y él nos consoló: "Todo está bien, podemos irnos a casa; ha sido un buen día".

Esa noche entendí lo que es el verdadero amor; dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, ni con el sexo, más bien se vincula al trabajo, al complemento, al cuidado y, sobre todo, al verdadero amor que se profesan dos personas realmente comprometidas".


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jueves, 16 de enero de 2020

¿Por qué a los malos siempre les va bien?

Foto: netflix

¿POR QUÉ A LOS MALOS SIEMPRE LES VA BIEN?
Por Mónica Muñoz

Al que verdaderamente le va bien es a aquella persona que trabaja y gana el pan con el sudor de su frente.

Hace muy poco escuché esta frase: “a los malos siempre les va bien”. Y la verdad, me hizo pensar mucho, no porque yo lo crea sino porque hay mucha gente que piensa que es cierto. Sobre todo, con el clima de inseguridad que se vive en nuestro país, situación que agrava la visión de los habitantes de la mayoría de los estados de la República. Pero analicemos detenidamente esta aseveración: ¿será cierto que a los malos siempre les va bien?

En primer lugar, ¿Quiénes son los malos? Podría parecer muy fácil responder: todos los que dañan a los demás son los malos. Los seres humanos somos buenos por naturaleza, pues Dios nos hizo así. Con la edad y las experiencias de la vida vamos adquiriendo la noción de maldad y bondad. Un bebé llora para expresar sus necesidades, no para molestar a su madre. Su acto no es realizado por maldad, sencillamente no puede hacer otra cosa para llamar la atención. Igual puede pasar con un niño pequeño que toma un dulce sin permiso o extrae algún juguete de una tienda o pelea con su hermano, no saben que esos actos son indebidos hasta que se les explica que no deben hacerlos.

Ahora bien, cuando la persona tiene uso de razón, ya está capacitada para saber distinguir lo bueno de lo malo, tanto que su conciencia le reprocha cuando daña a su prójimo, sea cual sea la manera en que lo haga. Pero para tener la certeza de que esa persona entiende que está incurriendo en un mal, tendría que reunir varias condiciones, como que él o ella, sepa que el acto es intrínsecamente malo, es decir, que independientemente de la intención o las circunstancias en que se dé, se trata de algo malo, como atentar contra la vida en cualquiera de sus etapas. Además, debe ser una acto libre y voluntario, sin que nada ni nadie lo haya forzado a cometerlo, sin embargo, hay ocasiones en que la conciencia de la persona puede estar deformada por una enfermedad mental o un daño psicológico, caso en el que su voluntad estaría afectada seriamente y que disminuiría la responsabilidad del acto.

Pero entendamos bien algo, nada justifica matar y menos si se trata de un inocente o indefenso, tampoco esclavizar, maltratar o atentar contra la integridad de las personas. Y en esto se incluye desear la muerte, independientemente de las acciones del otro, aunque haya causado un gran daño.

Ahora bien, ya que desmenuzamos la parte de la maldad, viene lo interesante: todos, en algún momento de nuestra vida, podemos ser malos. Cada quien haga su examen de conciencia y pensemos en las mentiras, maledicencias, pleitos, desdenes, altanerías, rechazo a la voluntad divina, en fin, todas las acciones, pensamientos, palabras y bienes que hemos dejado de hacer porque no somos cien por ciento buenos. Todos tenemos nuestros momentos oscuros.

Pero volvamos nuestra atención a los casos extremos, donde claramente, nos damos cuenta de que hay individuos que cometen atrocidades y que son conscientes de que hacen mal y, al parecer, no les importa. A esos nos estamos refiriendo entonces cuando creemos que siempre les va bien. Quizá en un principio, sí, aparentemente. Cuando comienzan con sus fechorías y no los atrapan, o viven con lujos y comodidades obtenidos con injusticias, podemos caer en el espejismo de su bienestar. Sin embargo, no es verdad que les vaya bien. Viven en constante zozobra porque saben que en un descuido pueden perder todo, incluso su vida o la de sus seres queridos. Van sembrando enemistades que, tarde o temprano, les cobrarán factura. Rompen lazos de amistad y confianza porque son incapaces de practicar la lealtad. Se hunden en vicios y excesos de toda clase que tarde o temprano acabarán con su salud. No, no les va bien. Han decidido escoger el hedonismo y la vida fácil dando placer a todos sus sentidos y pasando encima de los demás, pero no son felices.

Al que verdaderamente le va bien es a aquella persona que trabaja y gana el pan con el sudor de su frente, que come del fruto de su esfuerzo, que construye relaciones fuertes y estables, basadas en valores como el respeto, la honradez y la honestidad, que vive cada día agradecido con lo que Dios le da, aunque muchas veces atraviese por duras pruebas, que tiene una familia que ama y que vive para él, que alcanza sus metas con voluntad y ayuda a sus semejantes para que alcancen las suyas, que se solidariza con quienes sufren y pone en obra sus convicciones, que entiende que en esta vida todo el bien que se siembra se cosechará en algún momento y se esmera para que otros colaboren sirviendo a la sociedad en la que viven. Esa persona es feliz, y sí, le va bien, aunque a veces, no se dé cuenta.

Abramos los ojos y el corazón a lo que Dios nos da diariamente y aprovechemos cada segundo de los bienes que recibimos, porque la vida se va y no regresa.

¡Que tengan una excelente semana!

Fuente católicodefiendetufe

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lunes, 14 de octubre de 2019

¿Por qué NO se deben levantar las manos durante el Padre Nuestro en Misa?




¿POR QUÉ NO SE DEBE LEVANTAR LAS MANOS DURANTE EL PADRE NUESTRO EN LA MISA ?

Existen tres posicionamientos en temas de expresión dentro de la Santa Misa, hay quienes ven la innovación como una expresión sana de cristianismo, hay los que ven toda expresión como incorrecto y hay quienes buscan actuar según lo que dice la Iglesia.

A continuación les compartimos un video, donde el Padre Montijo nos dice que debemos hacer durante el Padre Nuestro ¿Podemos levantar las manos?

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal. Amén.




Fuente  enlace catolico


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