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martes, 21 de abril de 2020

Los asesinatos de fe: La verdadera historia de crimen en la comunidad de los testigos de Jehová



LOS ASESINATOS DE FE: LA VERDADERA HISTORIA DE CRIMEN EN LA COMUNIDAD DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ
Por James Kostelniuk


Un padre que perdió a sus hijos habla de crimen y traición dentro de la comunidad de los Testigos de Jehová


Ilustración por James McMullan

Estaba en casa con mi esposa, Marge, al tiempo que llegó el oficial del RCMP. Mi mente hizo un frenético recorrido por todas las posibles razones para su visita. Vestía de paisano y entendí por su porte que no se trataba de una llamada rutinaria. Recuerdo que no parecían las maneras que se espera de un policía, es decir, de forma calmada e impersonal. De hecho aparentaba estar muy nervioso.

El oficial parecía como si tuviera necesidad de algo firme sobre lo que sentarse y le ofrecí una silla en la mesa de la cocina. Tomó el asiento cautelosamente, como si pudiera romperse. Bajando la mirada hizo una pausa que pareció larga. Oí el papel que había sacado de su bolsillo y que sonaba entre sus manos, siendo entonces cuando advertí que estaba tembloroso. Pensé, "algo terrible ha sucedido". Entonces me di cuenta de que también yo estaba temblando.

Al fin le afloraron las palabras. "¿Es usted el padre de Juri y Lindsay Kostelniuk"? Sobrepuse mi ánimo y le dije que sí. "Siento comunicarle que ellos y su madre, Kim Anderson, han sido asesinados hoy hacia las 12, 30 del medio día en Burnaby, British Columbia. Jeff Anderson, marido de Kim, está bajo custodia de la policía".

Me descompuse y una especie de náusea me recorrió el cuerpo. Me sentí hecho añicos, como si una parte de mí estuviera estuviera observando desde cada rincón de la habitación.

"¿Cómo... han muerto?" , llegué a preguntar. ¿"Qué tipo de arma"?.

El oficial echó una ojeada a su papel y carraspeó. "Ha sido por disparos de escopeta, señor".

De nuevo las náuseas. Estreché mi estómago y me retorcí de dolor. ¿Una escopeta?

La voz de Marge sobresalió emocionada. "¿Por qué los niños?", gritó. "¿Qué han hecho? ¿Por qué...?"

El oficial hizo una mueca y se encogió de hombros impotente. "Lo siento", dijo. Es todo cuanto sé.

¿Qué otra cosa podría decir? ¿Qué podría decir nadie?

Ese día, 29 de agosto de 1985, marcaría el final de la vida que había llevado hasta entonces, así como el comienzo de un inconcebible estado de angustia y una pena interminable. También daría comienzo a una despiadada búsqueda de respuestas que me llevaría a hacer un examen de los rincones más oscuros de la experiencia humana.

A manera de terapia, comencé a escribir un diario, anotando mis sueños y los recuerdos de mi primera esposa y de los niños. Este ejercicio me llevó a darme cuenta de lo poco que llegué a saber de ellos después de nuestra separación. Empecé a trasladar el gran vacío que su asesinato dejó hacia una necesidad de información, sin la cual nunca llegaría a entender sus muertes. Y comencé de manera creciente a enfocar la atención sobre Jeff Anderson, el hombre que los había asesinado, como la única fuente de información.

A principios de abril de 1987, al recoger el correo, entre otros documentos, encontré un sobre delgado, color blanco, tamaño correo de negocios, pulcro y dirigido a mí. En el extremo superior izquierdo ponía: "Jeff Anderson, Internado, Kent Institution, Agassiz, British Columbia".

La carta estaba fechada el 2 de abril de 1987 y comenzaba así: "No hay palabras que puedan expresar la angustia por lo horrible de lo que hice...

Tomé la decisión de contestarle un mes después. Ese primer intercambio fue el comienzo de una correspondencia que durraría unos cinco años. Eventualmente serviría para poner de manifiesto toda la información que ansiaba.

Cuando conocí a Kim Evans en la primavera de 1972, en casa de un amigo, yo tenía veinticinco años, estaba soltero y andaba en busca de una chica testigo de Jehová apropiada para mí. Kim contaba con dieciocho años, recién graduada de la escuela superior. Era una testigo de Jehová de segunda generación, no una conversa como lo era yo, y tan sólo había conocido esa clase de vida.

Nos casamos al año siguiente y permanecimos juntos por casi seis años, no muy felices en su mayor parte. Kim era una ama de casa práctica y una excelente madre para Juri, nacido en 1974, y Lindsay, que nació en 1977, pero a menudo se sentía deprimida. Yo cumplía con mi obligación como proveedor de la casa, pero estaba un tanto alejado de la imagen que tenía Kim del marido ideal como Testigo. Según la doctrina de los testigos, el hombre de la familia ha de ser su cabeza espiritual, el que conduzca a sus miembros a través del camino recto y estrecho y manteniéndolos fieles. En lugar de proporcionar estabilidad, comencé a expresar profunda insatisfacción con la fe de los testigos de Jehová. Mis dudas amenazaban con alejar cada vez más a Kim y a los niños de lo que ella consideraba como su seguridad.

En abril de 1975 observé en las noticias de la noche que la guerra de Vietnam iba a terminarse. La guerra y todas sus atrocidades era algo repugnante para mí, pero los testigos de Jehová casi veían con displicencia su final. La doctrina de los Testigos ve en la guerra la señal del desorden que pudiera ser el desencadenante de Armagedón y la venida del Reino de Cristo. Los Testigos se veían desilusionados por el hecho de que el mundo parecía estar dando pasos hacia la paz. Comencé a darme cuenta de que 1975 no iba a ser un año diferente a cualesquiera otras fechas anteriores marcadas para ser el día del gran juicio, e intenté convencer a Kim de que aquellas predicciones eran disparatadas. Ella rehusó cuestionar o incluso considerar conmigo la doctrina de los testigos. Una y otra vez me decía que cualesquiera dudas o cuestiones que tuviera las expusiera a los ancianos.

Tres años más tarde decidí abandonar la religión de los Testigos de Jehová. Sabía que ello supondría el fin de mi matrimonio, y sabía que tendría que afrontar lo que ello representaría para mis hijos: Los Testigos de Jehová creen que los niños estarían mejor muertos que a cargo de un familiar incrédulo. Sabiendo cuán fuerte era el sentimiento de Kim hacia su fe, había decidido dejar la educación religiosa de nuestros hijos en sus manos.

Kim decía que encontraría un nuevo padre, alguien que asumiera el modelo espiritual para los niños y que fuera capaz de proporcionarle la vida de familia ideal que siempre deseó.

En mayo de 1980, un mes después de que Kim recibiera la notificación oficial de nuestro divorcio, ella dejó a los niños con su madre, Jackie, y se ausentó un fin de semana de vacaciones en Maui. Estuvo en un pequeño establecimiento con derecho a cama y desayuno en donde varios otros testigos de Jehová hacían vacaciones.

Allí conoció a Jeff Anderson, un testigo cinco años más joven que se presentó a sí mismo. Sin que Kim estuviera al tanto de ello, él acababa de escapar a Maui desde su casa en Texas, en donde era buscado por la policía local por robo. Había escapado con algo más de 300 dólares, una maleta y ropa. Al final de la semana había declarado su amor hacia Kim. Al pedirle una respuesta, ella sonrió nerviosa y dijo: "no sé. Me siento asustada.". Anderson le dijo que le gustaría irse cerca de ella (A Canadá) para continuar su relación. Ella contestó que le gustaría.

Después de un número de llamadas telefónicas de larga distancia y muchas cartas, Anderson abandonó Maui para vivir cerca de Tacoma, Washington, en donde contó a Kim que había obtenido un trabajo "en unos negocios". Los fines de semana había de cruzar la frontera a Canadá para visitar a Kim. En junio de 1981 propuso el matrimonio a Kim y ella aceptó. Poco después se casaron en Texas. Kim se fue a vivir con los niños a Houston.

Rápidamente Kim descubrió que Anderson le había mentido desde el primer momento que se conocieron. Le había hecho entender que llevaba una vida estable, pero su llamada carrera, en la radio, fue algo casual. Le reveló también que carecía de dinero para pagar el billete desde Canada, o el alquiler y depósito de garantía para su nuevo apartamento.

Anderson comenzó a ganar un pequeño sueldo como mecánico en la tienda de sus hermanos, pero no era suficiente para el sostén de dos niños y dos personas adultas. Kim tuvo que retirar dinero de sus escasos ahorros para mantener la familia y eventualmente hubo de echar mano de las cuentas de ahorro de los niños para atender las necesidades.

Kim llegó a estar temerosa por su situación financiera y el cada vez más enrarecido entorno de Anderson. Este insistió en llevar control de todo cuanto hacía la familia: las compras, la limpieza, la vestimenta de los niños, a dónde iban y lo que Kim hacía con su tiempo. Kim sintió una repugnancia hacia el sexo, cosa que también sintió en nuestro anterior matrimonio, pero que ahora se acentuó debido a la creciente crispación y temor ante Anderson. Cuando ella rechazó "el cumplimiento de su deber de esposa", él la amenazó con violencia y la intervención de los ancianos Testigos.

Kim se volvió a Calgary. Aterrorizada por lo que yo pudiera descubrir en ralación a su situación familiar e intentar obtener la custodia de los niños, a nadie habló de sus problemas.

Perplejo por las razones que la hubieran llevado a regresar tan pronto de Houston, la llamé por teléfono. Me dijo que no había razón para que me preocupara. Cuando le mencioné que deseaba visitar a los niños objetó con vehemencia. Dijo tajante que una Atalaya de septiembre de 1981 había puesto de manifiesto una normativa con respecto a la "desasociación" o expulsión de la comunidad. Todos los Testigos de Jehová corrían el riesgo permanente de ser expulsados si se asociaban con un Testigo expulsado o descarriado de alguna manera. Ella trataba de seguir al pie de la letra esa política.

"Pero Juri y Lindsay son pequeños", dije. "No son lo suficientemente adultos como para poder tomar una decisión como esa con respecto a su padre".

Kim replicó lenta y seriamente, "ellos probablemente no quieren tomar esa decisión, pero ellos quieren agradar a Jehová".

Entre tanto Anderson se desplazó en coche a Burnaby, B.C., a donde, a la sazón, Kim se había trasladado, con la determinación de solucionar el asunto de su matrimonio. Sus discusiones se intensificaron a tal grado que los niños llegaron a sentirse emocionalmente perturbados, gritando con frecuencia o enfureciéndose . Incapaz de manejar la situación, Kim se puso en contacto con los ancianos locales. Formuló acusaciones contra Anderson, en la confianza de que lo que ella les contaba llegaría a convencer a los ancianos de la justificación para una separación matrimonial. Al contrario de eso, ellos ordenaron a la pareja a que volvieran a convivir. Kim regresó a casa contrariada y desconcertada.

En julio de 1984, Kim se contactó con un asistente social del Ministerio de Servicios Sociales, quien le aconsejó que de inmediato abandonara a Anderson a fin de proteger a los niños. Anderson se puso en contacto con los ancianos Testigos, quienes ordenaron a Kim que volviera con su marido. Ella rehusó y pudo recobrar la aprobación de la congregación mediante la dedicación de más y más horas como precursora en la predicación de puerta en puerta. Así quedó restaurada su honorabilidad.

Yo hacía frecuentes llamadas telefónicas a Kim solicitándole visitar a los niños, pero, salvo en una ocasión en la que me permitió visitar a Lindsay, siempre recibía la misma respuesta: Los niños deseaban obedecer a Jehová y evitar la asociación con quienes han sido expulsados. Kim se mostraba cortés y amable, pensando que era natural y razonable lo que decía, pero calmadamente me explicaba que no podía esperar ver de nuevo a mis hijos a menos que regresara al redil de los Testigos.

Siendo muy improbable que yo volviera a ser nuevamente Testigo de Jehová, fui aceptando de mala gana el hecho de que, probablemente, no llegaría a tener una relación con ninguno de mis hijos hasta que alcanzaran suficiente madurez como para poder decidir por sí mismos. Sólo me quedaba la esperanza de que no siguieran ciegamente las enseñanzas de los testigos por el resto de sus vidas.

Mi propia vida había tomado un mejor rumbo cuando conocí a Merge Erhart Romanyshyn en 1980. Nos casamos en 1981 en una ceremonio de la Iglesia Unificada. Nuestro matrimonio era estable y placentero.

Con frecuencia mis hijos, físicamente separados de mí, aparecían en mis sueños; a menudo experimenté períodos de intensa tristeza y ansias por ellos. También tuve sentimientos de culpa por haber dejado a mi familia en manos de los Testigos de Jehová. De muchas maneras llegué a sentir que había obtenido mi felicidad personal a expensas de mis hijos y esperaba castigo de Dios por mi egoismo.

En mayo de 1985, observé un pequeño animal muerto en la carretera. Al acercarme vi que se trataba de un pequeño petirrojo ricién atropellado. La vista del cuerpo aplastado me perturbó profundamente y no pude alejar aquella imagen de mi mente. Me dije que me estaba comportando irracionalmente, pero llegué al convencimiento de que aquello era un mal presagio y que algo tenía que hacer con mis hijos. Durante muchos días después estuve preocupado por ellos.

Aunque los sentimientos eventualmente remitieron, continué sintiéndome inquieto y en diversas ocasiones tuve que vencer el impulso de llamar a Kim para ver cómo les iba a los niños.

Entre tanto Jeff Anderson se había mudado a un apartamento sótano por debajo del complejo de apartamentos de Beta Avenue en Burnaby, donde vivía Kim con los niños, y asistía a las reuniones de la misma congregación de los Testigos.

Kim rehusó dar contestación a sus largas y frecuentes cartas, y Juri y Lindsay eventualmente dejaron de reconocerlo en público.

El entorno de Anderson se hizo cada vez más perturbador. Kim se vio obligada a cambiar la cerradura de las puertas y cerrar las ventanas por la noche después de darse cuenta de que Anderson andaba al acecho en más de una ocasión por los alrededores del apartamento. Habiendo tenido noticia de que ella y los niños se tomaban unas vacaciones, pinchó los neumáticos del coche de Kim para evitar que se marcharan.

La madre de Anderson visitó Burnaby a finales de julio con la esperanza de hablarle para que se volviera con ella a Houston, pero él estaba absorto en la idea de regresar con Kim y los niños y rechazó marcharse de Barnaby sin ellos. Su madre le rogó que se olvidara de todo lo referente a Kim, pero fue en vano.

Anderson comenzó a pensar en la compra de un arma esa primavera, pero no estaba familiarizado con las leyes de tenencia de armas del Canadá. Se interesó por un revólver 357 Magnun de un anuncio en el periódico. Se trataba del mismo modelo que había tenido en Houston, pero el propietario rehusó vendérselo sin el Certificado de Adquisición de Armas de fuego. De modo que por 100 dólares logró comprar ilegalmente una escopeta. Después de comprar una caja de veinticinco proyectiles, recortó buena parte del cañón del arma, colocó tres balas en la cámara y la guardó junto a la munición debajo de su cama. Así mismo comenzó a escribir una carta a la madre y al padrastro de Kim.

A finales de julio de 1985, unos dos años después de que visité a Lindsay y tres años después de haber visto a Juri, tuve una serie de sueños aterradores, todos ellos en una misma noche. Estaba tan angustiado que al día siguiente llamé por teléfono a Kim tan pronto como me fue posible para interesarme por los niños.

En su respuesta había un tono de buen humor que hacía tiempo que no lo había oído. Me puso al corriente del progreso escolar de los niños. A Lidsay de ocho años le había ido especialmente bien en sus dos primeros años de enseñanza primaria e iba en camino de graduarse de tercero; Yuri de diez años se iba convirtiendo en un joven responsable, sintiendo predilección por las matemáticas y los programas de televisión que trataban sobre el espacio exterior. Tuve la sensación de que Kim había encontrado estabilidad y había logrado ser feliz después de separarse de Anderson y que estaba afrontando una nueva etapa en su vida. Mis inquietudes se desvanecieron.

Una vez más le pregunté si podía ir a Burnaby para visitar a los niños y, de nuevo, me respondió que los niños no querían desobedecer a Jehová. Ante mi insistencia me propuso que fueran los propios muchachos quienes por teléfono me lo expresaran. Recordando la última vez en que había intentado hablar por teléfono con Juri (una penosa conversación en la que él había apenas pronunció palabra), decliné la propuesta.

Kim pareció complacida con mi cooperación y continuó hablándome de los niños, haciéndome saber una vez más que probablemente ellos se sentirían muy felices de encontrarse conmigo en caso de que llegara a ser de nuevo un testigo de Jehová. En ningún momento de nuestra conversación hizo mención alguna sobre Anderson.

Juri y Lidsay Kostelniuk
con su madre, Kim Anderson, por cortesía de the Vancouver Sun

A primeros de agosto, Jeff Anderson partió de Burnaby en una gira de tres semanas en motocicleta por el sudoeste de los Estados Unidos. Durante su ausencia, su apartamento sótano en 250 Beta Avenue se inundó accidentalmente y una de las mantenedoras del edificio, también testigo de Jehová, descubrió el arma junto con la munición entre las pertenencias de Anderson. Comprensiblemente preocupada, consultó a dos ancianos Testigos de la localidad, quienes se entrevistaron con Anderson cuando éste volvió. Conocedores de que estaba deprimido, le preguntaron sobre lo que pensaba hacer con el arma. Al principio Anderson alegó que lo necesitaba como autodefensa para después confesar que había estado considerando el suicidio. Exigió de forma airada la devolución de lo suyo. Los ancianos se negaron y el arma fue entregada al RCMP el 24 de agosto de 1985.

Ese mismo dia Anderson se fue a comprar a crédito una escopeta semi-automática del calibre del doce, mediante una nueva tarjeta de crédito que acababa de obtener. Una vez más recortó los cañones, compró una caja de munición y cargó la recámara.

Al dia siguiente un policía de la RCMP de Burnaby fue al apartamento de Anderson para inquirir sobre la tenencia del arma. Anderson exhibió un pasaporte de los Estados Unidos y contó al oficial que había venido a Burnaby para reconciliarse con su esposa. Explicó que estaba familiarizado con las armas de fuego por haber sido guarda de seguridad en Texas y que no disponía del obligado Cerrtificado de Adquisición de Armas para la escopeta, porque no se había percibido de que fuera necesario. Preguntado por la razón para recortarle los cañones, respondió que de esa manera facilitaba su manejo. El oficial le explicó que era ilegal recortar los cañones a una escopeta y le dijo que haría indagaciones sobre él en Texas.

El policía no obtuvo información alguna procedente de Texas con respecto a Anderson y, como resultado, no vio necesidad de completar la investigación. Al tiempo de su visita, carecía de noticias relativas a la nueva escopeta que Anderson había adquirido el día anterior, la cual había colocado en un armario junto a la escalera, recién engrasada y puesta a punto en el momento en que el oficial llamaba a la puerta de Anderson.

En la mañana del 29 de agosto de 1985 Anderson terminó de redactar la nota de suicidio que había comenzado al principio de la primavera. La nota iba dirigida a la madre y al padrastro de Kim, Jackie y Norman Cole. En la misma expresaba su pesar por "la cosa terrible que he hecho", lamentándose por el "dolor", la "angustia", la "rabia" y la "frustración" que la "indiferencia" de Kim le había causado, el hecho de que Kim parecía estar "disfrutando de su liberación" y "retregándoselo por el rostro". Terminaba la carta afirmando que no merecía la pena vivir más y "en modo alguno lo deseaba sin Kim".

Al terminar la carta hizo una corta gira en motocicleta. Cuando volvió a su apartamento colocó la escopeta de cañones recortados verticalmente en una gran bolsa de papel de una tienda y cubrió los cañones cocn una funda de trípode. Había tres balas en el arma y el resto de la munición (veintidós balas) en los bolsillos de su chaqueta. Poco después de las once de la mañana telefoneó a Kim.

Cuando Kim atendió al teléfono, él colgó sin decir palabra. Pensando que podría haber sido su madre, Kim telefoneó inmediatamente a Jackie.

Después de colgar el telófono Anderson dejó la carta de suicidio en su apartamento y caminó media manzana hasta el apartamento de Kim en 107-205 Beta Avenue. Al llegar frente a la puerta sacó el arma de la bolsa. Al encontrar la puerta abierta entró al apartamento, cerró sigilosamente la puerta tras sí y avanzó dos o tres pasos por el salón hacia la cocina.

Anderson encontró a Kim en camisón sentada a la mesa de la cocina, hablando por teléfono con su madre. Apoyando el arma a la altura del cuello, la apunto hacia ella y esperó a que ella lo advirtiera. Le pidió que colgara el teléfono y le dijo que necesitaba hablarle. Kim lo observó por un momento y tranquilamente dijo a su madre: "He de dejarte. Hay un arma apuntándome". Jackie preguntó si podía llamar a la policía y Kim le dijo que sí. Kim colgó el teléfono y se levantó.

Momentos después volvió a sonar el teléfono, pero ninguno de ellos se movió para contestar. De pie a la entrada, entre el salón y la cocina, Anderson pidió a Kim que fuera al dormitorio. Creyendo que intentaba forzarla sexualmente, como había hecho antes, ella se negó. "Eso sería violación". Anderson dijo que lo único que quería era hablar. Le advirtió, además, que lo tomara en serio y le preguntó si sabía "lo que una escopeta de cañones recortados podria hacer". Ella movió la cabeza afirmativamente, pero cuando él se le acercó más, ella confiadamente pasó por delante de él, empujando el arma un poco a un lado y diciendo: "No sé con respecto a ti, pero por mi parte voy a preparar la comida de los niños".

Anderson fue en busca de Juri y Lindsay y los encontró juntos en su dormitorio cerca de una ventana, mirando atónitos. El asomó su cabeza a la entrada y dijo: "Chicos, tranquilos, estoy aquí sólo para hablar. Nadie va a salir lastimado". A continuación volvió a la cocina. Kim parecía más preocupada ahora que Anderson había encontrado a los muchachos. "Déjalos", dijo, "y puedes tenerme". Anderson rehusó.

Volvió a sonar el teléfono y atendió Kim. El policía del RCMP, Mel Trekofski, le dijo que llamaba a petición de Jackie Cole. Kim suspiró aliviada y se produjo un diálogo de cuatro minutos en el que Trekofski habló en primer lugar con Kim y después con Anderson.

Kim: "Ah, por favor... Mis hijos están... El va hacia el dormitorio donde están mis hijos con un arma. Espere, por favor."

Trekofski: "De acuerdo, ¿Quién está ahí?, ¿Quién es?"

Kim: "Es Jeff, mi marido".

Trekofsky: "¿Está bebido?"

Kim: "No, está muy sobrio"

Después de algunas otras palabras, Trekofski preguntó: "¿Qué cree que va a hacer?". Kim respondió: "No sé. Ahora mismo está colocando una cadenilla en la puerta". Poco más tarde ella añadió: "Está cerrando las cortinas. No desea que la gente observe". Después Trekofski preguntó: "¿Por qué no quiere hablar conmigo ahora?"

Kim: "¿Por qué no quieres hablar con él, Jeff? [A Trekofski] Me dice que deje el telófono y vaya con él".

Trekofski: ¿"Perdón"?

Kim: "Me ha dicho que deje el telófono y vaya para allá. A dónde no lo sé, si a la habitación de mis hijos o a la mía, y no quiere hablarme. No, parece que no quiere hacerlo, pero tiene una escopeta de cañones recortados".

Trekofsky: "¿De cañones recortados?"

Kim: "Estoy muy preocupada por mis hijos".

Después de posterior diálogo, Anderson se puso finalmente al teléfono. Trekofski se identificó y dijo: "Nos gustaría aclarar las cosas, lo sabes. Nos gustaría ayudar, si se puede".

Anderson: "No creo que pueda. Se ha llegado a una situación límite. Ahora, existe una posibilidad que pensaré mientras usted permanezca ahí. Nosotros dos... Cada cual ve las cosas según le va. Sabemos cómo ocurre. Dejémoslo así durante tres o cuatro horas. Quizá ella llegue a sentir el sufrimiento y la desdicha que siento yo".

Trekofski: "Bien, así no va por el buen camino, Jeff"

Anderson: "Estoy seguro de que ahora se están apostando fuera. Si intervienen, si hacen algo, tendré que herirla. Tendré que dispararle a ella y luego a los niños"

Trekofski: "No haga eso".

Anderson: "Hay la posibilidad de que me pueda hablar de ello si permanece ahí. Me mantendré en contacto con usted a través del teléfono. Permanezca ahí de momento".

A continuación, Anderson colgó el teléfono. Eran las once y dieciséis de la mañana. Para entonces los oficiales de la RCMP habían rodeado la casa. No intentaron entrar debido a la intención de Anderson de disparar contra Kim y los niños, si intentaban intervenir.

En ese preciso momento Anderson entró en el dormitorio de los niños. Kim les había dado instrucciones para que se separaran de la ventana y se sentaran en la litera inferior. Lindsay se sentó en la esquina de la cama junto a la pared y Juri lo hizo a su izquierda. Entre ellos había un juego de cartas sobre la cama. Kim se sentó sobre una caja amarilla crema al final de la cama, cerca de la ventana.

Anderson apuntó el arma a Kim y le dijo que tenían que hablar. La habitación era pequeña y calurosa, y no permitió que Kim o los niños salieran. Durante aproximadamente una hora se dedicó a censurar airadamente el rechazo de Kim. ¿Por qué le era tan indiferente? ¿No se daba ella cuenta que lo estaba pasando mal, cuán deplorable era su situación? ¿No había recibido sus muchos mensajes, sus cartas? Pidió explicación sobre todo lo que siempre había querido saber, asuntos a los que ella no había dado respuesta por carta, por teléfono o en su puerta cuando la había llamado.

Kim se sentó al lado de Anderson con preocupación y temor en sus ojos. Se sentó inclinada hacia delante con sus manos juntas, apoyando en ocasiones su barbilla en sus palmas. A medida que Anderson hablaba, ella ocasionalmente volvía la cabeza y le echaba una ojeada fugaz.

El le preguntó si ella se daba cuenta de que él había intentado llevar el asunto según "la manera de Jehová". Dijo que había intentado vivir de acuerdo el patrón de ella, conforme a las normas de los Testigos. ¿Por qué estaba ella prolongando la separación? ¿No se daba cuenta cuán desgraciados eran todos? Parecía que su matrimonio permanecería para siempre en el limbo. ¿Nunca se había planteado volver con él?

Kim mencionó algo respecto a haber fracasado en dos matrimonios y que se acababa para ella el matrimonio completamente. Intentó distraerlo preguntándole otras cosas, principalmente con respecto a sus vacaciones en motocicleta. Los niños comenzaron a quejarse de que "tenían hambre y estaban cansados". En un momento determinado preguntaron a Anderson si les iba a disparar, a lo que éste replicó: "No, os quiero demasiado".

Anderson explicó a Kim cuánto la amaba, cuánto quería a los niños, cómo había deseado que volvieran a estar juntos de nueva ella, los niños y él.

Anderson se preguntaba en voz alta si siempre había estado un poco chiflado. Pensaba que tal vez la situación por resolver entre ellos había hecho aflorar su estupidez. Pidió excusas por lo que iba a hacer, diciendo a ella que había esperado tener suficiente coraje para dispararse después. Dijo a Kim que temía, si no lo hacía así, que el castigo fuera peor, la vida en la prisión en donde un hombre podría ser violado y apuñalado.

Anderson: "Lo siento. He de hacer eso".

Kim: "Tú no tienes por qué hacer eso".

Anderson: "No, he de hacerlo. Lo siento, soy un hombre enfermo".

Kim: "No, no estás enfermo. Puedes obtener ayuda".

Preguntó a Kim si ella le había amado alguna vez y ella le dijo que no le había querido desde que le abandonó en Houston. El le preguntó por qué ella no le amaba ahora, por qué había dejado de quererle. Las últimas palabras de Kim fueron: "No lo sé".

Anderson pidió a Kim un último abrazo. Cuando ella lo rechazó, él comenzó a disparar.

¿Por qué Jeff Anderson mató a Kim y a mis hijos? ¿Por qué fracasé en evitarlo? ¿Por qué permitió Dios que murieran?

Después de los asesinatos, mi vida se vio afectada por estas tres cuestiones. No importa las veces que me dijera que nunca podría obtener una respuesta. Continuamente estas cuestiones iban y venían en mi subconsciente como una machacona cantinela. Desesperado volví a la visita del sicoterapeuta. Repetidamente solicité la opinión de mi terapeuta sobre la mente y las motivaciones de Anderson. Semana tras semana el terapeuta me informaba de que probablemente Anderson padecía un trastorno de personalidad y resultaba imposible la interpretación sobre un acto irracional. Amablemente siempre me llevaba al mismo punto: "Anderson no es su problema, Jim".

Unos meses después de la muerte de mis hijos tuve un sueño extraordinario. Juri, Lindsay y yo estábamos en una extensa piscina cubierta. El agua era azul brillante en la superficie y más oscura hacia el fondo. Juri se sumergió hasta el fondo, desapareciendo por largo rato. Al salir a la superficie vino caminando hacia mí, ofreciéndome joyas relucientes recogidas del fondo de la piscina.

Por vez primera comencé a creer que mis hijos se encontraban a salvo en otra dimensión. Empecé a sentir el hálito curativo del soplo de Dios sobre mí.

Un día de aquel verano Marge se sentó en nuestro balcón con una bebida fría en la mano, gimiendo silenciosamente. Aquello me hizo ver hasta qué grado había llevado ella su propio dolor el pasado año a fin de mostrarse fuerte. "Lo siento", dije, tratando interiormente de mostrarme como fuerte soporte para ella, al igual que ella lo había sido para mí. Dí gracias a Dios por proporcionarme una mujer tan extraordinaria.

El 29 de agosto de 1986, en el primer aniversario de la muerte de los niños, Marge y yo visitamos su tumba. La habíamos visitado muchas veces antes en primavera y verano y, en cada ocasión, Marge había cortado cuidadosamente la hierba que la cubría. Al observar con cuánta uniformidad cortaba cada brizna, frunciendo el entrecejo, le pregunté por qué siempre hacía esa tarea tan concienzudamente.

Ella se puso en cuclillas y me miró: "Es cuanto puedo hacer por ellos ahora", dijo.

Jeffery Lynn Anderson fue condenado a tres sentencias de cadena perpetua por asesinato en primer grado. Actualmente cumple condena en la prisión B.C. y no podrá gozar de libertad condicional hasta el 2011. Sin embargo, el 29 de agosto de 2000 pudo solicitar reducción de ese tiempo bajo Bill C-45, una cláusula con escasa posibilidad.

James y Marge Kostelniuk fundaron en 1988 el grupo de apoyo a los Familiares Supervivientes de Homicidio. James Kostelniuk y Jeffery Anderson mantuvieron correspondencia durante cinco años, hasta que Kostelniuk descubrió que Anderson había revelado a un criminalista de Vancouver que él había estado abusando sexualmente de uno de los hijos de Kostelniuk. Posteriormente Anderson lo negó, alegando que cuaalesquiera comentarios que hubiera hecho fueron debidos a presión y manipulación.

El libro de Kostelniuk, del que se ha extraido este artículo, se titula Lobos entre Ovejas: La Verdadera Historia de Crimen en la Comunidad de los Testigos de Jehová.

Fuente católicodefiendetufe

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miércoles, 25 de marzo de 2020

¿Cómo vencer mis miedos y tener verdadera confianza en Dios?



¿CÓMO VENCER MIS MIEDOS Y TENER VERDADERA CONFIANZA EN DIOS?
Por: Padre Ignacio Larrañaga

El proceso de liberación del miedo se logra en el trato personal y la amistad con Dios

En general, nuestros miedos provienen de la experiencia de la soledad existencial.

Al sentirnos solitarios, nos sentimos también inseguros, desprotegidos; y de la inseguridad nace el miedo. Ahora tenemos que retroceder paso a paso venciendo los obstáculos.

¿Cómo vencer el miedo? Venciendo la inseguridad. ¿Cómo vencer la inseguridad? Venciendo la soledad. Y hay una sola manera de vencer la soledad: poblándola de PRESENCIA (así, con mayúscula), y esta Presencia “es” Aquél que está presente en todo tiempo y en todo lugar.

Cuando el creyente, víctima del miedo, y hasta del pánico, toma conciencia de que el Poderoso es también el Amoroso, y Él está conmigo de día y de noche a donde quiera que yo vaya; y pase lo que pase, todo acabará bien porque si mi Dios es omnipotente y está conmigo, también yo soy omnipotente; ¿miedo a qué?; ¿la aflicción, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? En todo vencemos fácilmente por Aquél que nos ha amado (Rm 8, 35-37)

Para derrotar al supremo enemigo del corazón del hombre que es el miedo, no hay en las ciencias humanas otra arma invencible sino la fe viva.

Dios, que es Puro Amor, gratuito y eterno, habita en mi interior como una presencia poderosa, amorosa y materna, y me cuida, y me protege. Y, dentro de mí y reina la paz eterna. Vendrá el mañana con sus problemas, pero también con sus soluciones.

Ya lo dice la Biblia. “el amor perfecto echa afuera el miedo” (1Jn 4, 18), y nace en el lugar último en donde se da la intimidad entre el alma y Dios, nace la paz. Cuanto más entrañable la intimidad, mayor la seguridad. Y a tanta seguridad, tanta libertad. Y a tanta libertad, tanta paz. Y la paz de Dios, que habita en la última estancia del alma, es la suprema victoria sobre el miedo.

Todo esto presupone una viva fe en Alguien que vive para siempre, y nos mira, y nos cuida, y nos ama. Y Él es, para nosotros, la seguridad, y la fortaleza, y la esperanza y la dulcedumbre. No solo tiene Él la solución para todos nuestros problemas sino que, en Él, todo está solucionado. O mejor, Él es la Solución para todo.

Este proceso de liberación se consuma por el camino del trato personal, de dentro a dentro, en el misterio de la comunicación personal, en la relación íntima Yo-Tú. Dios mismo es el interlocutor para comunicarle nuestros problemas personales, pedirle en nuestras necesidades, recibir fuerzas de su amor y pedir respuestas a nuestros interrogantes.

Este creyente que camina en la presencia de Dios puede publicar a los cuatro vientos esta gran verdad: “No sé lo que el futuro me reserva: pero sé quién controla mi futuro”.

Esta convicción le infundirá seguridad y tranquilidad contra todos y cualesquiera miedos. Esto capacitará a la persona para crecer y adaptarse a los cambios y peligros, conservando la confianza en el poder y amor de Dios.

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martes, 4 de febrero de 2020

¿Cómo hace la Iglesia para saber si una aparición de la Virgen María es verdadera?


¿CÓMO HACE LA IGLESIA PARA SABER SI UNA APARICIÓN DE LA VIRGEN MARÍA ES VERDADERA?

Por: Luis Lira Merlo

La Iglesia no acepta cualquier aparición así por así

Pregunta:


Me preguntó un hermano, ¿Por qué los católicos tienen tantas vírgenes?
Respuesta:

Al explicarle que solo creemos en UNA María Virgen y que cada título dado a ella es a causa de sus dones o por una de sus apariciones (Por ejemplo Virgen de Fátima porque María apareció en la ciudad de Fátima, Portugal) el amigo evangélico me dijo que “esas apariciones son cosa del diablo, porque dice la Biblia que satanás se disfraza de ángel de luz” citando para ello 2 Corintios 11:14 que dice:

"Y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz" 

Ante esta cita bíblica decidí aceptar, que bien es cierto que Satanás mismo podría estar detrás de muchos "milagros" o "portentos" y por ello, para sorpresa de muchos feligreses, y no tantos, la Iglesia no acepta cualquier aparición así por así.

(No es como la gente crédula que sale en los noticieros sensacionalistas que ven la cara de Jesús o María en cada mancha de agua, o de cosas peores)

La Iglesia se toma muy en serio su trabajo de "examinarlo todo, retener lo bueno y desechar lo malo" (1 Tesalonicenses 5:21) siendo así que la Iglesia pasa horas, días o años determinando si una supuesta aparición es real o no y ojo, muchas se han quedado fuera de nuestra lista oficiales, ya sea porque el mensaje no esta acorde con la enseñanza bíblica o porque ha dado profecías falsas o promueven formas de cultos ajenas a nuestra fe.

Para explicarlo mejor he preparado estos tres puntos tomando de referencia la famosa aparición de Fatima.

1. En realidad las apariciones marianas son analizadas por nuestra Iglesia antes de aprobarlas como legítimas y algo en lo que realmente es cuidadosa es en el mensaje de dicha aparición. De Fátima, por ejemplo tenemos esa hermosa oración que se ha añadido al rosario:

"Oh Jesús mío. Perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia"

Estoy seguro que nadie en su sano juicio tendría alguna queja de esta hermosa oración.

Por eso la Biblia misma nos dice en 1 Corintios 12:3

"Por tanto, os hago saber que nadie hablando por el Espíritu de Dios, dice: Jesús es anatema; y nadie puede decir: Jesús es el Señor, excepto por el Espíritu Santo"

Además Jesús nos dice previniéndonos de los falsos profetas que analicemos los frutos, ya que por el fruto conoceremos al árbol, (Mateo 7:15-20) ahora viendo el mensaje de María en Fátima y la hermosa oración que ha resultado de esa aparición ¿Creen que es un fruto del diablo? ¿El diablo quisiera que se haga esa oración a Jesús? ¿Promueve la adoración a María o nos invita a adorar a Jesús?

Este mensaje es en lo primero que la Iglesia se fio para declarar la aparición de Fatima como verdadera.

2. En Fátima, la Virgen dijo el 13 de julio de 1917, que "Rusia esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia y los buenos serán martirizados...varias naciones serán arrasadas"

Esto sucedió años antes que el comunismo promovido por Rusia se extendiera por el mundo, María nos invitó a orar por Rusia para que el comunismo no venciera y dijo que si eso hacíamos el comunismo ruso no superaría el año de 1990, milagrosamente todo esto se cumplió tal como María lo predijo.

Estas profecias marianas es algo mas que nos muestra su credibilidad, ya que la Biblia, en Deuteronomio 18:21-22 dice

"Y si dices en tu corazón: ``¿Cómo conoceremos la palabra que el SEÑOR no ha hablado? Cuando un profeta hable en el nombre del SEÑOR, si la cosa no acontece ni se cumple, ésa es palabra que el SEÑOR no ha hablado; con arrogancia la ha hablado el profeta; no tendrás temor de él."

Para conocer si una profecía viene de Dios la Biblia recomienda analizar si esta se cumple o no. Maravillosamente las profecías dada por María a los niños de Fátima se cumplieron al pie de la letra, en cuanto a las guerras, en cuanto al comunismo y la persecución contra la Iglesia, además de su caída en el periodo que se profetizó. Todo esto es garantía de que Dios mismo mandó a María a entregarnos ese mensaje. Cosa que o sucede con profetas modernos que hablan sobre el fin del mundo y nunca suceden... (creo que ya he sobrevivido a muchos fin del mundo).

3. La meta final de las apariciones de Fátima es que el mundo entero se arrepienta de sus pecados y se entregue fervorosamente a Jesús nuestro Señor, tanto así que ella mando a "entregar nuestro corazón a Jesús" haciendo eco de lo que nos dice la Biblia en Salmos 51:17

"Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás"

Entregar nuestro corazón al sagrado corazón de Jesús, que él mismo nos transformará.

Por ello al celebrar el centenario de estas apariciones la Iglesia nos manda a tomar en cuenta ese mensaje y acercarnos al sacramento de la confesión.

Concluir:

Alguien dijo una vez (no recuerdo quien) que “El Señor no obra milagros arbitrariamente, sino con el propósito de atraernos hacia Él, donde se encuentra nuestra verdadera felicidad” por ello, si realmente quieres celebrar las apariciones de Fatima, haz lo que ella nos dijo, acerquémonos al sagrado corazón de nuestro Señor Jesucristo.

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martes, 7 de enero de 2020

¡Lo que nos salva es la verdadera fe, las buenas obras y los sacramentos, no el modernismo!


¡LO QUE NOS SALVA ES LA VERDADERA FE, LAS BUENAS OBRAS Y LOS SACRAMENTOS, NO EL MODERNISMO!

Puedes haber sido bautizado, haber recibido la Eucaristía, haber sido confirmado, te pudiste haber casado en la parroquia u ordenado sacerdote, haber servido en la Iglesia y recibido las exequias de difuntos en el templo, y aun así terminar en el infierno, porque estuviste solo materialmente en la Iglesia y no profesaste la genuina FE CATÓLICA ni obraste conforme a ella.

La Fe dejada en depósito por nuestro Señor Jesucristo a los apóstoles, no cambia jamás y sus pilares son la Sagrada Escritura y la Tradición, así como el Magisterio que interpreta y define la doctrina conforme a esas dos fuentes de la Revelación Divina.

Hemos de custodiar la Fe y huir de la herejía modernista enquistada e infiltrada en la Iglesia. Solo la verdadera Iglesia católica es camino de salvación. La Contraiglesia y las falsas religiones creadas por el hombre son caminos de perdición.

Quien anuncia otra fe, o cambia la Fe en una coma, apostata de la Fe, es decir, traiciona a Cristo por voluntad propia, porque no ama la Verdad, sino a sí mismo.

No se salva el que no permanece en el amor, aunque esté incorporado a la Iglesia, porque está en su seno solo con el "cuerpo", pero no con el corazón.

¿No os inquieta vivir una vida sin problemas que sean generados por defender la Fe? ¿En que Fe vives? Si tu Fe no se contrapone con el mundo, seguramente no profesas la verdadera Fe sino una falsa, contaminada de la herejía modernista.

Hemos de ser tratados como lo fue nuestro Señor Jesucristo, pues el discípulo no es mayor que su Maestro.

Lo que nos salva es la fe íntegra, la fe verdadera que guarda incólume todos los dogmas y la moral católica. Lo que nos salva son las buenas obras, la obediencia a los DIEZ mandamientos. No a nueve ni a ocho o siete, sino a diez. Lo que nos salva es la práctica de los sacramentos, como la necesaria Confesión de los pecados (con genuino arrepentimiento y propósito de enmienda) al sacerdote cuando hemos infringido un mandamiento y la posterior recepción de la Eucaristía en estado de gracia (esto es, sin pecado mortal). Lo que nos salva es la oración. Lo que nos salva, en fin, es el verdadero amor a Dios y a nuestro prójimo.

A SU RETORNO, ¿HALLARÁ CRISTO VERDADERA FE SOBRE LA TIERRA?

Tremenda la pregunta que hizo Cristo en referencia al tiempo último: "Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?". (Lucas 18, 8)

Roguemos a Santa María de Guadalupe:

"Salva nuestra Patria, conserva nuestra fe y defiéndenos de los falsos pastores".

Y a Dios Padre recemos el padre nuestro rogando que nos auxilie para no caer en tentación y poder vivir continuamente en estado de gracia santificante.

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martes, 1 de octubre de 2019

La verdadera razón de porque los protestantes quitaron los libros Deuterocanónicos


¿CUÁL FUE LA VERDADERA RAZÓN QUE OCULTAN LOS PROTESTANTES PARA EXCLUIR LOS LIBROS DEUTEROCANÓNICOS?


¿FUE POR INSPIRACIÓN DEL ESPÍRITU SANTO, O DEL “ESPÍRITU TANTO” $$$$?
Por Jesús Mondragón (Saulo de Tarso)

Es bien sabido que las “biblias” protestantes, aparte de estar tergiversadas y amañadas en su traducción, y en muchos casos de plano falsificadas, principalmente sufren la mutilación de nada menos que 7 libros.

Ellos aseguran que fue la Iglesia Católica la que añadió tales libros. Afirmación que no pueden probar con ninguna Enciclopedia ni documento histórico. Además de que “fieles” a no creer nada que no venga en la Biblia, tampoco pueden probar bíblicamente que la Iglesia realizó tal añadidura.

Lo que sí está total y ampliamente sustentado con documentación histórica, es que la Iglesia Católica dio origen y forma al canon o lista oficial de libros que contiene la Biblia.

Principalmente en el sínodo de Roma en 382, bajo la autoridad del Papa Dámaso I, en los concilios de Hipona y Cartago en los años 393 y 397 después de Cristo. Así lo reconocen varias fuentes protestantes como el mismo fundador de los “cristianos evangélicos” Martín Lutero:

“Estamos obligados a conceder a los Papistas que ellos tienen la Palabra de Dios, que la hemos recibido de ellos, y que sin ellos no tendríamos conocimiento alguno de ella”. (Comentario sobre San Juan).

Y en la época actual el pastor evangélico y Profesor de griego Yattenciy Bonilla, entre muchos otros.

Por otra parte, es común leer o escuchar que Martín Lutero quitó de la Biblia los 7 libros deuterocanónicos. Dicha afirmación es falsa, o por lo menos, no corresponde fielmente a la realidad, por lo que debemos terminar de una vez por todas con ese mito. NI MARTÍN LUTERO, NI PRÁCTICAMENTE NINGÚN OTRO LÍDER DE LA MAL LLAMADA “REFORMA PROTESTANTE”, QUITARON NUNCA LOS 7 LIBROS
DEUTEROCANÓNICOS DE LA BIBLIA.

Lo que ellos hicieron fue colocarlos al final de sus “biblias”, con una nota explicativa de que esos libros (según ellos) no eran inspirados. LOS LIBROS DEUTEROCANÓNICOS SIEMPRE ESTUVIERON EN LAS BIBLIAS PROTESTANTES, HASTA QUE FUERON RETIRADOS DEFINITIVAMENTE EN
1825-1827.

Si la “reforma protestante” ocurrió en el siglo XVI. ¿Por qué fue hasta el siglo XIX, es decir, 3 siglos después que finalmente decidieron sacar los 7 libros deuterocanónicos de la Biblia?

¿Fue acaso por inspiración del Espíritu Santo, que los “cristianos evangélicos” decidieron reunidos en concilio retirar los deuterocanónicos?

La respuesta a esas preguntas nos la da ¡UN PROTESTANTE!

No es que los católicos lo ignoremos, pero preferimos citar una fuente de ellos mismos, para que luego no salgan con que son inventos nuestros.

El reconocido mundialmente, Pastor, Teólogo, Lingüista y biblista evangélico Gonzalo Báez Camargo, quien fue miembro del equipo de traductores de la Biblia Dios Habla Hoy, de las Sociedades Bíblicas Unidas, en su libro “Breve historia del canon bíblico”, nos dice lo siguiente:

"En 1824 confirmó esa decisión, pero ese mismo año la reconsideró, y, volviendo al criterio oficial de la Iglesia de Inglaterra, acordó ayudar a la publicación de biblias con los deuterocanónicos a condición de que éstos se imprimieran como apéndice a los protocanónicos. Con lo cual la controversia arreció más todavía, e hizo crisis al año siguiente, cuando la sociedad de Edimburgo notificó a la de Londres que de seguir ésta ayudando a la publicación y distribución de biblias con aquellos libros, LE SUSPENDERÍA SU APORTACIÓN ECONÓMICA, la cual ascendía ya entonces a más de 5000 libras esterlinas anuales. COMO ESTO SERÍA UN GOLPE MUY DURO A LAS FINANZAS DE LA SBBE, ésta tomó en 1824, reiterándola en 1825, y completándola en 1827, una decisión que sería la final: "Que se reconozca plena y claramente que la ley fundamental de la Sociedad, que limita sus operaciones a la circulación de las Sagradas Escrituras, excluye la circulación de los deuterocanónicos (Apocrypha)". Esto significaba de inmediato que la Sociedad no destinaría más fondos en lo sucesivo a costear o subvencionar ediciones de la Biblia que contuvieran los libros deuterocanónicos". (El énfasis es mío).

Ahí lo tienes querido lector, no fue por inspiración del Espíritu Santo, sino más bien del “espíritu tanto” $ que finalmente los 7 libros deuterocanónicos fueron mutilados de la Biblia. Poderoso señor es “Don Dinero”. Ya después se encargarían los “cristianos evangélicos” de inventarse una y mil razones o más bien pretextos para justificar su rechazo a los libros en cuestión de la Sagrada Escritura. Pretextos que nos hemos encargado de refutar en otros post.

PAX ET BONUM

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miércoles, 20 de marzo de 2019

Papa Francisco y el camino de la verdadera felicidad


PAPA FRANCISCO Y EL CAMINO DE LA VERDADERA FELICIDAD
Por Sergio Centofanti – Ciudad del Vaticano

Este 20 de marzo se celebra la Jornada Mundial de la Felicidad. En esta ocasión Vatican News propone una especie de decálogo de la alegría, extraído del magisterio del Papa Francisco.

“La búsqueda de la felicidad”, afirma el Papa Francisco, es algo común en todas las personas, de todos los tiempos y edades” porque ha sido Dios quien ha puesto “en el corazón de todo hombre y mujer un deseo irreprimible de la felicidad, de la plenitud”. “Nuestros corazones están inquietos y en continua búsqueda de un bienestar que pueda saciar su sed de infinito” (Mensaje JMJ 2015), nostalgia invisible de Aquel que nos ha creado y que es Él mismo, el amor, la alegría, la paz la belleza y la verdad. A continuación diez puntos sobre las reflexiones del Papa Francisco sobre el tema de la felicidad.

1. El inicio de la alegría es comenzar a pensar en los demás
El camino de la felicidad comienza contra corriente: es necesario pasar del egoísmo al pensar en los demás. Estar tristes, decían los padres del desierto, es casi siempre pensar en sí mismos. De esta manera, observa Francisco, “cuando la vida interior se encierra en los propios intereses” y no “hay espacio para los demás” no se goza más de “la dulce alegría” del amor. En efecto, “no se puede ser felices solos”. El Papa invita a redescubrir la generosidad, porque “porque Dios ama al dador alegre” (2Cor 9,7). Es necesario vencer la tentación de encerrarse a sí mismo, de aislarse, creyéndose autosuficientes, porque todos tenemos necesidad de fraternidad. La vida adquiere sentido “en buscar el bienestar del prójimo” deseando la felicidad de los demás: “Si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, esto es ya suficiente para justificar el don de mi vida” (Evangelii gaudium, 182).

2. Sacar la malinconía
A Francisco le encanta citar Sirácides: “Hijo mío, haz buen uso de todo lo que tengas …..Disfruta de la vida y no desdeñes un gusto legítimo si se te presenta en el camino." (Sir 14,11.14). “ Dios desea la felicidad de sus hijos también e n esta tierra, aunque estén llamados a la plenitud eterna, porque Él creó todas las cosas "para que" todos puedan disfrutarlas ". "El cristianismo - recuerda el Papa - no consiste en una serie de prohibiciones que reprimen nuestros deseos de felicidad, sino en un proyecto de vida que puede fascinar nuestros corazones" (Mensaje JMJ 2015). El cristiano, por lo tanto, aleja la malvada tentación de la melancolía y la tristeza. Dios "quiere que seamos positivos", que disfrutemos las cosas pequeñas de cada día y no que seamos prisioneros "de complicaciones interminables" y pensamientos negativos. El Papa recuerda un famoso dicho: la verdadera santidad es alegría, porque "un santo triste es un santo afligido".

3. No el poder, el dinero o los placeres efímeros sino el amor que da alegría

"La felicidad no es algo que se compra en el supermercado, subraya Francisco, la felicidad viene solo de amar y dejarse amar" (Palabras en la peregrinación Macerata-Loreto, 9 de junio de 2018). "Cuando buscamos el éxito, el placer, el tener en forma egoísta y hacemos ídolos, también podemos experimentar momentos de intoxicación, una falsa sensación de satisfacción; pero al final nos convertimos en esclavos, nunca estamos satisfechos, nos vemos obligados a buscar más y más "(Mensaje JMJ 2014). "La alegría no es la emoción de un momento: ¡es otra cosa! La verdadera alegría no viene de las cosas, de tener, ¡no! Nace del encuentro, de la relación con los demás, nace del sentirse aceptado, comprendidos, amados y del aceptar, del comprender y del amar; y esto no por un momento, sino porque el otro, la otra es una persona. La alegría viene de la gratuidad de una reunión "(Discurso a los seminaristas, 6 de julio de 2013). Lo que es efímero no da felicidad, sino que solo el amor satisface la sed del infinito que hay en nosotros.

4. Tener sentido del humor

El camino de la alegría, dice el Papa Francisco, también tiene un sentido del humor: saber cómo reírse de las cosas, de los demás y de uno mismo es profundamente humano, es una actitud "cercana a la gracia". Es ese buen relativismo, el relativismo de la alegría "que nace del Espíritu Santo". "Sin perder el realismo" uno se vuelve capaz de iluminar a otros "con un espíritu positivo y lleno de esperanza". Se otorga especial importancia a la auto-ironía para vencer la tentación del narcisismo: los narcisistas, dice el Papa, "se miran en el espejo, se peinan". Y él da este consejo: cuando te miras en el espejo, "ríete de ti mismo. Te hará bien "(Discurso a los estudiantes de los Colegios eclesiásticos, 16 de marzo de 2108). Un poco de lo que dijo Benedicto XVI cuando citó a Chesterton: "¿Sabes por qué vuelan los ángeles? Porque se toman a la ligera ". Y el Papa Ratzinger agregó: "Porque no se toman a sí mismos demasiado en serio" Y " nosotros tal vez podríamos también volar un poco más, si no nos damos tanta importancia".

5. Saber agradecer

La alegría también es poder ver los regalos que se reciben todos los días. Es la maravilla de la belleza de la vida y de las cosas grandes y pequeñas que llenan nuestros días. El Papa Francisco señala el ejemplo de San Francisco de Asís, quien "pudo sentirse conmovido por la gratitud frente a un pedazo de pan duro, o alabar a Dios felizmente solo por la brisa que acariciaba su rostro" (Gaudete et exsultate, 127 ). "A veces, la tristeza está relacionada con la ingratitud, estando tan cerrado en uno mismo como para sentirnos incapaces de reconocer los dones de Dios (Gaudete et exsultate, 126)". Vivir con alegría, por otro lado, es la "capacidad de degustar lo esencial" con sobriedad y compartir lo que uno tiene, renovando "cada día la maravilla por la bondad de las cosas, sin agobiarnos en la opacidad del voraz consumo" (Angelus, 29 de enero de 2017). Un corazón que sabe ver bien, sabe cómo agradecer y alabar, es un corazón que sabe cómo regocijarse.

6. Saber perdonar y pedir perdón

En un corazón lleno de ira y rencor no hay lugar para la felicidad. El que no perdona se hace daño a sí mismo ante todo. El odio genera tristeza. Francisco habla de la alegría de quienes perdonan a los demás y saben cómo pedir perdón. La raíz de este gozo es comprender que Dios nos perdona. El Papa cita al profeta Sofonías: "Alégrate, regocíjate, gritos de gozo porque el Señor ha revocado tu condena" (Cfr. Sof 3-14-15), es decir "Él te ha perdonado, no eres culpable, ha olvidado" tus faltas. Desafortunadamente - observa Francisco - a veces "no somos conscientes del perdón de Dios" y esto se ve por las caras tristes. Recuerda lo que dijo un filósofo: "Los cristianos dicen que tienen un Redentor; Yo creeré, creeré en el Redentor cuando tengan la cara de redimidos, felices de ser redimidos "(Misa en Santa Marta, 21 de diciembre de 2017). Aquí, entonces, está lo que hace el perdón: "Ampliar el corazón, genera el compartir, da serenidad y paz" (Angelus, 26 de diciembre de 2018).

7. La alegría del compromiso y el descanso

El Papa nos invita a experimentar la alegría de trabajar con otros y por los otros para que construyan un mundo más justo y fraterno. Significa vivir las labores de cada día en el espíritu de las Bienaventuranzas: este es el "camino de la verdadera felicidad" que Jesús indicó. Es "una novedad revolucionaria, un modelo de felicidad opuesto" al "pensamiento dominante" (Mensaje de la JMJ 2014). Son felices "los sencillos, los humildes que dejan espacio para Dios, que saben llorar por los demás y por sus errores, siguen permaneciendo tranquilos, luchan por la justicia, son misericordiosos con todos, guardan la pureza del corazón, siempre trabajan por la paz y permanecen en la alegría, no odian e, incluso cuando sufren, responden al mal con el bien "(Angelus, 1 de noviembre de 2017). Las bienaventuranzas "no requieren gestos llamativos", no son comportamientos y virtudes para los héroes, sino un estilo de vida para aquellos que se reconocen como necesitados de Dios. Son vividas por personas sencillas que "respiran como todos, el aire contaminado por el mal que existe en el mundo, pero en el recorrido nunca pierden de vista el camino de Jesús ": siempre están con Él en el trabajo y saben cómo descansar con Él para emprender el recorrido con alegría.

8. Oración y fraternidad

El camino hacia la alegría se ve dificultado por las pruebas y los fracasos de la vida que llevan al desaliento. El Papa ofrece dos indicaciones para no perder la esperanza y no rendirse: perseverar en la oración y nunca caminar solo. "Podemos estar seguros, dice Francisco, que Dios responderá” a nuestra oración, aunque a veces esté seca. "Tal vez tengamos que insistir toda la vida, pero Él responderá" (Audiencia general, 9 de enero de 2019). "La oración cambia la realidad, no lo olvidemos. Cambia las cosas o cambia nuestro corazón, pero siempre cambia. Orar es ahora la victoria sobre la soledad y la desesperación ". Segunda indicación: siempre hay alguien en la vida "que nos ayuda a levantarnos" porque "el Señor nos salva al hacernos parte de un pueblo". El Papa advierte contra la tentación del individualismo: "No dejes que el mundo te haga creer que es mejor caminar solo. Nunca llegas solo. Sí, podrás tener éxito en la vida, pero sin amor, sin compañeros, sin pertenecer a un pueblo, sin esa experiencia tan hermosa que es el arriesgar juntos. No se puede caminar solo "(Encuentro con jóvenes en Vilnius, 22 de septiembre de 2018).

9. Abandonarse en las manos de Dios

En la vida está el tiempo de la cruz, hay momentos oscuros que nos hacen sentirnos abandonados por Dios y en este silencio de Dios necesitamos más que nunca abandonarnos en sus manos. Entonces, observa Francisco, descendemos a la “primera grada de la alegría" que es la paz, esa paz profunda que proviene de confiarse completamente a Dios. Es una "alegría sobrenatural" que nada puede destruir y "se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un rayo de luz que proviene de la certeza de que "las gracias del Señor no han terminado, sus misericordias no se agotan" porque "su fidelidad es grande", como dice Jesús: "Tu tristeza cambiará en alegría "y" nadie puede quitarte tu alegría ". "La Buena Nueva es la alegría de un Padre que no quiere que ninguno de sus hijos se pierda" (Evangelii gaudium, 237).

10. Saber que eres amado
El verdadero gozo, afirma el Papa, proviene del encuentro con Jesús, de creer que nos amó hasta el punto de dar su vida por nosotros. La alegría es saber que somos amados por Dios, que es Padre. La verdadera alegría no es el fruto de nuestros esfuerzos, sino del Espíritu Santo que nos pide que abramos nuestros corazones para llenarlos de felicidad. "Si permitimos que el Señor nos haga salir de nuestro caparazón y cambiemos nuestras vidas, entonces podremos darnos cuenta de lo que San Pablo pedía:" Estén siempre alegres en el Señor, repito: alegrémonos "(Gaudete et exsultate, 122)". Por lo tanto, la alegría es escuchar a Dios que nos dice: "Tú eres importante para mí, te amo, cuento contigo". De esto viene la alegría, desde el momento en que Jesús me miró: "Sentirse amados por Dios, sentir que por Él no somos números, sino personas; y sentir que es Él quien nos llama "(Discurso a los seminaristas, 6 de julio de 2013). Los santos, observa Francisco, no son superhombres, sino aquellos "que descubrieron el secreto de la felicidad auténtica, que vive en el fondo del alma y tienen su origen en el amor de Dios" (Misa en Malmö, 1 de noviembre de 2016). "La felicidad no se trata de tener algo o de convertirse en alguien, no, la verdadera felicidad es estar con el Señor y vivir por amor" (Angelus, 1 de noviembre de 2017), porque "nacimos para no morir nunca más, nacimos para disfrutar". ¡La felicidad de Dios! "(Angelus, 1 de noviembre de 2018).

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