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miércoles, 13 de mayo de 2020

Las drogas, armas de destrucción masiva


LAS DROGAS, ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA
Por: Javier Ordovàs

El origen del problema no son las drogas, sino por qué las personas se drogan.

El consumo de drogas causa 500.000 muertos anuales, según la OMS

Se consideran armas de destrucción masiva las nucleares, biológicas y químicas, ¿y por qué no las drogas?

La palabra droga hace referencia a cualquier sustancia química que es capaz de alterar la conciencia, la percepción, estado de ánimo y la conducta. Las condiciones que se han de dar para que una sustancia sea catalogada como droga son las siguientes:

• Cuando estas sustancias se introducen en el organismo modifican una o varias funciones psíquicas (por ejemplo, sensación de euforia).

• Provocan adicción, es decir, que la persona que lo consuma quiera repetir su uso, pues tienen un efecto potente sobre la región cerebral del refuerzo.

• Cuando el individuo deja de tomarlo, puede sentir un gran malestar, o síndrome de abstinencia.

• No tienen aplicación médica, y si la tienen pueden ser utilizadas con fines no terapéuticos.

Los mayores productores de droga del mundo son países latinoamericanos
Los 22 países que forman parte de la 'lista negra' son: Afganistán, Bahamas, Belice, Bolivia, Birmania, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, India, Jamaica, Laos, México, Nicaragua, Pakistán, Panamá, Perú y Venezuela.

El 5% de la población mundial consumió drogas en 2017

Se calcula que 1 de cada 20 adultos, es decir, alrededor de 250 millones de personas de entre 15 y 64 años, consumieron por lo menos una droga en 2014. Sin embargo, dado que se calcula que más de 29 millones de personas que consumen drogas sufren trastornos relacionados con ellas, y que 12 millones de esas personas son consumidores de drogas por inyección, de los cuales el 14% viven con el VIH, el impacto del consumo de drogas en lo que respecta a sus consecuencias para la salud sigue siendo devastador.

Hay que añadir el enorme número de muertos y el clima de violencia producidos por el enfrentamiento entre distintos grupos para conquistar mercados.

Y no se puede olvidar que ese 5% de la población está destrozando su vida personal, familiar y profesional, creando verdaderas tragedias sociales en su entorno.

El mercado de las distintas drogas genera un gran margen de beneficios en los distintos escalones desde la producción pasando por el transporte y la distribución mayorista y al detalle. Las cantidades destinadas al uso farmacéutico son insignificantes comparadas con el consumo global.

Son negocios que escapan al control legal y fiscal de los mercados nacionales e internacionales. Las cantidades de dinero que mueve este mercado es tan grande que distorsiona el mecanismo controlable del mercado de manera que deteriora el manejo de las magnitudes macroeconómicas, sobre todo en países más pequeños o emergentes.

El blanqueo de todos los beneficios generados añade aún mayor distorsión en el mercado y descontrol económico.

La corrupción que genera para impedir el control del tráfico y sus beneficios afecta a gobiernos, partidos políticos, jueces, policía y entidades financieras.

Los fondos públicos y privados destinados a perseguir el tráfico y curar a los enfermos drogadictos son muy grandes aunque sean aún insuficientes.

Control de la producción, de la oferta

Con todos los recursos técnicos actuales como las imágenes satelitales y reconocimiento aéreo no hay dificultad en el control y localización de los campos de producción de la droga. Para controlar las últimas más sofisticadas, las químicas, también hay sistemas de control aunque sean más complejos. Todo parece indicar que los gobiernos están más interesados en controlar el mercado de las drogas que en eliminarlo. Todo parece indicar que algunos gobiernos, partidos políticos e instituciones financieras se benefician grandemente con las drogas. Es decir, hay una poderosa complicidad.

La legalización de las drogas no es la solución.
Algunos países han comenzado a emplear la estrategia de la legalización de algunas drogas, como la marihuana, suponiendo que así se resuelve el problema. Eso no es cierto, el problema creado por las drogas solamente se resuelve de verdad, eliminando al máximo su consumo. La legalización solamente resuelve una parte del problema que es el control del mercado y la disminución de los beneficios que genera la clandestinidad. Eso, indudablemente es una mejora pero, el problema permanece, no se erradica, seguiría habiendo millones de consumidores, con todo el drama humano y perjuicio económico que eso supone.

Juan Pablo II dijo a los ex toxicómanos que "la droga no se supera con la droga sino que es necesario un amplio trabajo de prevención para reemplazar la cultura de la muerte con la cultura de la vida. Se debe ofrecer a la gente joven y a sus familias razones concretas con las que comprometerse y un apoyo efectivo en sus problemas diarios".

Los países han tomado la iniciativa en ponerse de acuerdo para frenar y controlar la amenaza de los distintos tipos de armas de destrucción masiva como las nucleares, las químicas y las biológicas. Las drogas son armas de destrucción masiva que no son una amenaza sino una realidad que ya nos ha explotado en las sociedades y nos limitamos a registrarla como una enfermedad más, cuando en realidad está destrozando a nuestra juventud, al relevo generacional. Es un arma de destrucción masiva que afecta al 5% de la población mundial, a más de 250 millones de personas.

Fuente católicodefiendetufe

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viernes, 25 de octubre de 2019

El nuevo orden mundial se basa en la destrucción de los valores cristianos


EL NUEVO ORDEN MUNDIAL SE BASA EN LA DESTRUCCIÓN DE LOS VALORES CRISTIANOS 

La advertencia es de Jaime Mayor Oreja, exministro del Interior de España durante la administración de José María Aznar. En diálogo con SEMANA dijo que los cristianos van camino a ser una minoría y que la recuperación de valores pasa por volver a penalizar, entre otras cosas, el aborto.

El nuevo orden mundial se basa en la destrucción de los valores cristianos

Que los cristianos van camino a ser una minoría; que la crisis actual más que política y económica es de valores; que no deben existir Estados confesionales, pero falta una mayor defensa de los valores cristianos; que para superar la crisis hay que acabar con el aborto, la eutanasia, la ideología de género y las leyes LGBTI; que hay un marxismo cultural que es la moda dominante; y que en todos los procesos de paz la contrapartida son las armas por el poder.

Así, directas y volcadas hacia la derecha del espectro político, pero alejándose del extremo, son las tesis que defiende el exministro del Interior de España Jaime Mayor Oreja, un político del Partido Popular (PP) de la línea de José María Aznar que dirige organizaciones “pro vida” en las que convergen casi todos los sectores de la derecha europea y algunos latinoamericanos. Estas son One of Us, Fundación Valores y Sociedad y la Red Política por los Valores.

Ha combatido al grupo terrorista ETA, promueve marchas y foros multitudinarios contra el aborto, desde el Parlamento Europeo ha sido incisivo en lo que considera es la defensa del derecho a la vida, cree que el extremismo yihadista ataca a países del viejo continente porque ve a sus sociedades débiles y quiere destruirlas, y asegura que se identifica con las posturas de los expresidentes colombianos Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. Habló con SEMANA.

-SEMANA: ¿Cuál es el origen de lo que usted llama crisis?

-Jaime Mayor Oreja: Todo lo que viene a continuación de la legalización y por ello legitimación del aborto como derecho, tanto como la ideología de género, los vientres de alquiler o la eutanasia, pues tiene su causa y origen en el momento en que el significado profundo de la vida se pierde.

-SEMANA: ¿Lo que ha llamado “ausencia de valores” nace al dar protección legal a estos temas?

-J. M. O.: Claro. Cuando se legaliza y se legitima el aborto, es decir cuando se pierde el significado profundo de la vida, llega un conjunto de falsos y nuevos derechos; supuestos nuevos derechos. Al final se está al servicio de la comodidad, en la que nos hemos instalado y, por ello, solo interesa inventarse nuevos derechos, aunque sean falsos. Y eso es exactamente lo que arranca desde los años 60 y 70 con aquél debate, singularmente en Francia y Estados Unidos, sobre la legalización del aborto. Es una especie de marxismo cultural que hoy, en nuestros ámbitos, constituye una moda dominante.

-SEMANA: ¿Cuáles son los propósitos de las organizaciones “pro vida” que usted dirige?

-J. M. O.: La concienciación de que la crisis que vivimos está en la persona. Es una crisis de principios y valores. No es una crisis estrictamente económica y política. Lo que pretendemos es concienciar de la causa de la crisis, de la gravedad de la situación y de que hay un nuevo orden mundial que se fundamenta y se basa en la destrucción de los valores cristianos. Lo que tratamos es de explicar la profundidad y causa de la crisis, y cómo debemos afrontarla, fundamentalmente en un cambio de actitud personal.

"La crisis que vivimos está en la persona. Es una crisis de principios y valores. No es una crisis estrictamente económica y política".

-SEMANA: ¿Quién o quiénes están detrás de esa crisis?

-J. M. O.: El nuevo orden mundial es la moda actual dominante, que está fundamentada en la nada, en el relativismo; en la socialización de la nada. Ese nuevo orden mundial es fruto de sociedades muy cómodas, que fundamentalmente han dejado de creer. Ese orden mundial tiende a asentarse con más fuerza que nunca en Europa, aunque el mismo debate de valores que tenemos aquí se da en América.

-SEMANA: ¿Qué son “valores cristianos”?

-J. M. O.: Pues hay muchos. El cristianismo no es solo una religión, que también lo es; es fundamentalmente una civilización, y nuestra civilización y sociedad se han asentado en raíces cristianas, en valores cristianos, como la dignidad de la persona, la defensa de la familia, del matrimonio, el valor de la austeridad, del sacrificio y de la generosidad. Es decir, alejados de la indolencia o de la comodidad. Esos valores han presidido la fundación de la Unión Europea, que nace tras la tragedia de la guerra y de los totalitarismos del nacional-socialismo y del comunismo. Otra cosa es que la Unión Europea está hoy dominada por el relativismo, presidida en buena medida por la nada. Esto en términos de valores.



En la imagen, Jaime Mayor Oreja a la izquierda Álvaro Uribe Vélez, en la tumba de los reyes católicos en Granada (España).



-SEMANA:
¿Eso es lo que se está perdiendo?

-J. M. O.: Esto pasa en la vida cuando se dejan arrastrar por la comodidad, porque se presenta un plano inclinado que lleva a la nada. Curiosamente, buena parte de lo que ahora se defiende como algo dominante en Europa, se defendía como instrumento para acabar con las civilizaciones occidentales desde la Unión Soviética en 1917. Estamos hablando en términos culturales, no políticos. Es una crisis antropológica que sacude a nuestras sociedades.

-SEMANA: ¿Esto quiere decir que el aborto, el matrimonio igualitario y muchos otros temas como la eutanasia deberían acabarse para recuperar el rumbo?

-J. M. O.: Básicamente, sí. Esos son falsos nuevos derechos, pero todos al final se cimientan en la comodidad. ¿Es que ahora vamos a definir el sexo como queramos, vamos a definir el género, vamos a sustituir el sexo por el género y vamos a ser hombres o mujeres según lo que nos interese a cada uno de nosotros? Eso es lo que venden como supuestos nuevos tiempos, pero son expresiones de una crisis de extremo egoísmo.

-SEMANA: Sus críticos dicen que sus posturas son igual de radicales a las que expresan los radicales islamistas…

-J. M. O.: El problema que tenemos no es de interdismo (prohibicionismo). Es que el adversario nuestro ha sido el relativismo. No hay cosa peor que engañarse con el adversario que tenemos en cada tiempo. Hoy, en nuestra civilización, el adversario que tenemos es que lo relativizamos todo; todo es igual, no hay referencias permanentes. No sé si en una o dos décadas el adversario será el extremismo, o el interdismo, o el radicalismo, pero hoy no lo es.

-SEMANA: ¿Eso qué tiene que ver con que los comparen con los extremistas islamistas?


-J. M. O.: El islamismo tiene otro ciclo y es otra cultura. No tienen nada que ver. Es evidente que hay tanto terrorista yihadista en la Europa occidental porque nos ven débiles, sin valores, sin cohesión y sin creer en nada y los radicales extremistas islamistas nos atacan; no es por la radicalización del islamismo. Nos ven débiles y sin protección en el seno de nuestra sociedad.



"Es evidente que hay tanto terrorista yihadista en la Europa occidental porque nos ven débiles, sin valores, sin cohesión y sin creer en nada".

-SEMANA: ¿Cuál es el fin de atacar esta sociedad?

-J. M. O.: Destruirla. Su interés siempre ha sido destruirnos e invadirnos. El terrorismo yihadista es un deseo de aniquilar una civilización. Nos golpean ahora, y no antes, porque nos ven débiles. Hay una ecuación que se debe trazar: a más valores, menos yihadismo; y a menos valores, menos cohesión y menos principios, pues habrá más yihadismo. Es como la ecuación que tracé cuando combatí a ETA: a más España menos ETA, pero a menos España más ETA.

-SEMANA: ¿Cómo hay que defenderse?

-J. M. O.: Con más cohesión en el seno de nuestra sociedad. Lo que no puede ser es que el nuevo orden mundial tenga obsesión por erradicar los cimientos y valores cristianos en todos los ámbitos de nuestra vida. Nadie pretende que en Europa todos seamos cristianos, no. Lo que sí pretendemos es que aceptemos nuestras raíces cristianas y, al mismo tiempo, que no se persigan como pasa ahora. Lo que hay ahora es una brecha entre los que se llaman progresistas y los conservadores; es una brecha suicida. Creo que tienen que haber conservadores y progresistas, cristianos y no cristianos. Lo que no es posible es la obsesión persecutoria de todos los valores sobre los que se ha edificado nuestra civilización.

-SEMANA: ¿En todo esto el mismo cristianismo tiene algo de responsabilidad?

-J. M. O.: Seguro. Está la falta de autenticidad, la falta de ejemplo. Mucha parte de la crisis es por quienes dicen tener ciertos valores, pero que en la práctica no son coherentes. Lo que pasa es que la solución no es socializar la nada. Lo que hay que hacer es aceptar los valores y no abrazarse al nuevo orden mundial. Por muy dominante que sea nunca es solución entregarse al adversario, pareciendo alguien acomplejado. Una cosa es decir y aceptar que en esto tenemos responsabilidad quienes hemos defendido determinados valores, pero otra cosa es abrazar otra civilización que, además, va a fracasar. Y va a fracasar porque todos los valores que ellos defienden se asientan en la nada. Una sociedad no se puede asentar en la ideología de género, ni tampoco se puede aceptar en la potenciación de todas las leyes LGBTI, o de la eutanasia, o del aborto; eso son negaciones. Eso es cultura de muerte o de crisis.

-SEMANA: Suena contradictorio defender la diversidad y también querer eliminar leyes como las relacionadas con el aborto…

-J. M. O.: Una cosa es que haya diversidad y otra es que se vulneren derechos absolutamente básicos como el de la vida. Es decir, la generalización del aborto no es un ejemplo de pluralidad, significa la destrucción del derecho a la vida. La legalización de la ideología de género es un disparate. No se pueden confundir nunca las reglas con las excepciones. Es que, por ejemplo, lo que ha pensado tradicionalmente la iglesia (católica) sobre el matrimonio o la eutanasia no se puede cambiar. El que la moda dominante sea otra cultura no quiere decir que nosotros tengamos que quedarnos callados. Hay una obsesión por destruir nuestras instituciones.

-SEMANA: Usted ha dicho que “hay que formar católicos en la vida pública”. ¿La iglesia católica debe tener un papel político más activo?

-J. M. O.: No hay que confundir la religión y la civilización. Un cristiano o católico tiene en el catolicismo o el cristianismo una religión, pero nadie quiere Estados confesionales; yo eso no lo quiero porque eso sí es de otra época. Lo que quiero es que no olvidemos nuestras raíces ni nuestros principios. Aunque claro que hay que educar en valores y debe haber universidades que se caractericen en esto. En el debate cultural hay que aceptar otras posturas, pero nuestra presencia también debe ser aceptada.

"Nadie plantea que la iglesia sea la protagonista del debate político, ni ella misma lo pretende. Ahora, la iglesia sí tiene que saber estar presente en todo este debate cultural".

-SEMANA: Eso no responde la pregunta…

-J. M. O.: Pues no. La iglesia está para lo que está, es una institución. Nadie plantea que la iglesia sea la protagonista del debate político, ni ella misma lo pretende. Ahora, la iglesia sí tiene que saber estar presente en todo este debate cultural. Pero en la defensa de los valores creo que los laicos tenemos la obligación de jugar un papel mucho más activo que la misma iglesia. Aunque los obispos son conscientes del debate que estamos viviendo.

-SEMANA: ¿Qué tanta acogida tiene su postura y, por supuesto, la de sus organizaciones?

-J. M. O.: Este mundo ha cambiado tanto que está todo por hacer. Ese nuevo orden mundial asentado en la nada o en el relativismo nos lleva a una nueva situación, en la que para poder defender determinados valores hay que iniciar casi desde cero. Hay que fortalecer la idea de la minoría activa, creativa, con la que tenemos que estar en la vanguardia de esta batalla cultural.

-SEMANA: ¿El cristianismo es una minoría?

-J. M. O.: Los cristianos en Europa seremos más minoría, evidentemente vamos a menos en número. Hay una moda dominante asentada en los valores contrarios.

-SEMANA: ¿Qué piensa del proceso de ruptura que se vive en Cataluña?

-J. M. O.: Allí se ve que ETA no fue vencida de forma definitiva. Es que ETA no es solo un grupo terrorista, es un proyecto de ruptura de España. Cuando ETA sufre por el avance del estado de derecho cambia de estrategia; necesita hacer treguas y pactos con otros partidos nacionalistas para dar un salto a Cataluña. Es que ETA, después de hacer un pacto con el nacionalismo vasco tradicional, llega a Cataluña impulsado por el proyecto de ruptura. Es que hasta vimos a un líder de Batasuna presidiendo en Cataluña la Diada (día de esta comunidad), porque hay consciencia de que ese proyecto político está hoy por hoy en Cataluña en términos de vanguardia.

-SEMANA: Usted es cercano a varios sectores de derecha en Colombia, incluso algunos pertenecen a sus organizaciones. ¿Cómo ve a este país y la polarización que atraviesa?

-J. M. O.: Mi opinión está alineada con lo que significaron los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. Tengo la experiencia de que los procesos de paz siempre suelen significar lo mismo: tú dejas de matar, yo cambio la sociedad y luego tú puedes alcanzar el poder. Básicamente en los procesos de paz la contrapartida son las armas por el poder, a veces con mayor o menor plazo. En el fondo siempre existe la misma ecuación. Por ejemplo, ETA dejó de matar porque hubo un pacto, un proceso de paz encubierto, no como el de Colombia que está a la luz.

Fuente semana

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