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lunes, 20 de abril de 2020

Los 10 NO del noviazgo


LOS 10  NO DEL NOVIAZGO
Por: Desde la Fe

10 cosas a las que hay que decir NO con firmeza para que el noviazgo lleve a un buen matrimonio.

El portal católico mexicano Desde la Fe presenta un completo repaso de cosas que hay que tener en cuenta para aprovechar el noviazgo y evitar malos matrimonios. Lo reproducimos por su interés.

Un buen matrimonio depende en gran parte de un buen noviazgo, de que él y ella aprovechen bien ese tiempo para conocerse.Además de amor, ¿Qué se necesita para tener un buen noviazgo? He aquí diez recomendaciones que conviene considerar:


1. NO dejar fuera a Dios

Antes que nada, pregúntale a Dios si tu vocación es el matrimonio. Consulta un director espiritual. Cuando creas haber conocido a la persona indicada, oren juntos, vayan juntos a Misa, encomiéndense a Dios y a María. Antes de casarse, acudan a un retiro para novios. Y después no se atengan a sus solas míseras fuerzas para amarse: no se vayan a vivir juntos ni se unan sólo por lo civil, sino mediante el sacramento del matrimonio, para recibir de Dios la gracia sobrenatural de ser fieles y amarse mutuamente como Dios los ama.

2. NO engañar

Esto abarca dos aspectos. Primero: no finjas lo que no eres. No digas que te gusta lo que no te gusta, que haces lo que nunca haces, etc. sólo para ser como crees que tu novia o novio espera que seas. Descubrirá tu engaño al casarse, y puede ser motivo para separarse. Sé tú mismo, tú misma. Si no es compatible contigo, ni modo, no fuerces las cosas, ya encontrarás a quien lo sea. Recuerda que “siempre hay un roto para un descosido”. Y, segundo: no seas infiel. La infidelidad en el noviazgo es motivo para terminar la relación, porque los novios infieles, suelen ser cónyuges infieles.
3. NO querer cambiar al otro
Hay quien piensa: “mi pareja tiene esta forma de ser, o este hábito, o este vicio que no me agrada, pero yo la voy a cambiar”. Es una falsa expectativa. La gente no suele cambiar. El introvertido nunca se volverá extrovertido; la parlanchina no sabrá quedarse callada; el novio que nunca se acomide a ayudar será un marido haragán; la novia desaliñada será una esposa de bata y pantuflas. Y las características que te molestan en el noviazgo, en el matrimonio pueden aumentar y resultarte intolerables. O le aceptas como es, o no te cases.

4. NO justificar lo injustificable

Si en el noviazgo, cuando se supone que están enamorados y desea complacerte, tiene desatenciones, te deja esperándole y no se disculpa; se la pasa viendo el celular, llega tarde, no te pregunta cómo estás, te calla, te critica, en el matrimonio será peor. No busques pretextos para justificar sus malas actitudes, busca mejor otra pareja.

5. NO violencia

Si en el noviazgo ya hay gritos, malos modos, insultos y hasta golpes, ¡hay que salir huyendo! Un novio que te levanta la voz, será un esposo que te levantará la mano; una novia que te humilla ante tus amigos, será una esposa que te humillará ante tus hijos. ¿A qué arriesgarse a casarse con alguien que puede poner en riesgo tu integridad y la de tu familia?

6. NO relaciones sexuales

El sexo es fabuloso. Decir esto parecería razón para practicarlo en el noviazgo, pero es justo lo contrario: puede hacer que una pareja crea que son compatibles, cuando en realidad sólo lo son en la cama. Un amante habilidoso no necesariamente es un buen esposo. Y hay muchos momentos en el matrimonio en que no será posible tener relaciones sexuales, así que si el sexo es lo único que los une, su relación irá a pique.

Una amiga me contó que su hija fue a confesarse de haber tenido relaciones sexuales con su novio, y el padre le dijo: “si se aman, no es pecado”. Sorprende semejante respuesta, porque Jesús menciona, en la lista de maldades que manchan al hombre, la fornicación, es decir, la relación sexual fuera del matrimonio (ver Mc 7, 14-23). La relación sexual está pensada para ser una donación total entre esposos que prometen, con la gracia de Dios, amarse toda la vida. No hay que banalizarla adelantándola, ni arriesgarse a un embarazo no deseado. Y, sobre todo, no hay que olvidar que para unos novios católicos tener relaciones sexuales pre-matrimoniales no es algo que alguien pueda autorizar por encima de la Palabra de Dios y de la Iglesia, que enseñan que es pecado (ver Catecismo de la Iglesia Católica #1755; 1852; 2353).

7. NO desoír opiniones y consejos

Por tener una visión desde fuera, puede suceder que tus familiares y amigos capten actitudes de tu pareja que tú no has percibido. “ay, mijita, tu novio toma demasiado”, “ay, hijo, ella trata muy feo a su mamá”, “oye, amiga, como que tu novio es ojo alegre, lo he visto coqueteando…”; “híjole carnal, me late que esa chava sólo te busca por tu dinero, se la pasa haciéndote gastar…”; “uy, le vi fumando mariguana”. Presta atención, no cierres los oídos. En los procesos de declaración de nulidad matrimonial, suelen preguntar cuál era la opinión de quienes rodeaban a los novios. Y es casi seguro que hubo muchas críticas que fueron desoídas…

8. NO suponer, mejor preguntar

El noviazgo es un tiempo para conocerse, para hablar, hablar y hablar de todos los temas habidos y por haber, para preguntar. Muchos matrimonios se rompen porque no descubrieron a tiempo que pensaban muy distinto: “¡creí que sí querías tener hijos!”; “¡no pensé que te molestara que trabaje!”; “¡no sabía que tu mamá vendría a vivir con nosotros!”. Más vale dialogar que lamentar.

9. NO dejar de considerar a la familia

No sólo hay que fijarse en la pareja, sino en su familia. ¿Cómo es?, ¿Cómo se llevan sus miembros entre sí?, ¿Cuáles son sus valores? Recuerda que muy probablemente tendrás que convivir con ellos en Navidad, año nuevo, cumpleaños, aniversarios, algunos fines de semana, etc. Sus papás serán abuelos de tus hijos, y tus cuñados, sus tíos; querrán pasar tiempo con ellos, ¿qué clase de ejemplo les darán? ¿Es ésta la familia a la que quieres pertenecer?, ¿o vas a discutir y a pelearte cada vez que tu cónyuge la quiera ver?

10. NO sólo buscar “que te haga feliz”

Muchos se casan pensando: “ésta me hará feliz” (porque es bonita y puede lucirla en las fiestas de la oficina, o porque cocina rico, o es hacendosa), o éste me hará feliz, (porque es tan guapo que sus amigas la envidiarán; o porque gana tanto que podrá darle una vida de lujos). Buscan la pareja que los haga felices. Pero si la bonita se pone fea o se enferma, al guapo le sale panza, o pierde la chamba, ya no “hace feliz”, es hora de descartarlo.

La motivación para casarse no debe ser “que me haga feliz”, sino “quiero hacerle feliz”. Y qué mayor felicidad que santificarse mutuamente para llegar al cielo. Si tanto él como ella dicen: “le amo tanto que quiero dedicarme a que sea feliz aquí y por toda la eternidad”, eso sí que con la ayuda de Dios, se puede lograr pase lo que pase, en la salud y en la enfermedad, en lo próspero y en lo adverso, hasta que la muerte los separe en este mundo y puedan reencontrarse en la vida eterna para siempre.

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religion en Libertad

Fuente católicodefiendetufe

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sábado, 18 de abril de 2020

¿Relaciones sexuales en el noviazgo?


¿RELACIONES SEXUALES EN EL NOVIAZGO?

Por: INEsea | Fuente: Centro de Espiritualidad Santa María

Volvamos a educar en la castidad

Si escuchamos las voces de nuestra cultura y de nuestro mundo, no podemos apartar la vista de una realidad muy generalizada entre nuestros adolescentes y jóvenes. Hoy la mayoría, con o sin formación cristiana, consideran algo natural tener relaciones sexuales, y no sólo con el novio sino también con aquel o aquella que están saliendo para conocerse más.

Sabemos que el principio "todo el mundo lo hace" no justifica su moralidad pero sí vale para adentrarnos en sus causas y en sus consecuencias.

Como padres deseamos lo mejor para nuestros hijos; que sepan elegir bien, que se casen, tengan hijos y una linda familia; pero a la hora de formarlos para el matrimonio, no estamos nada convencidos de porqué no es bueno para ellos que tengan relaciones sexuales. Son muchos los padres que aconsejan a sus hijos cómo cuidarse y si bien no lo fomentan, no los educan; y después sufrimos nuestro propio dolor, el de nuestros hijos y el de nuestros nietos.

La crisis por las consecuencias de este desorden también se manifiesta en la salud; son muchos los que contraen enfermedades venéreas a causa de excesos y relaciones promiscuas.

Si ampliamos la mirada y vemos qué pasa con estos adolescentes-jóvenes que han vivido así sus relaciones de amistad y noviazgo, no descubrimos que ha sido un aporte para los nuevos matrimonios, sino al contrario. Cada vez más las separaciones se dan en los primeros años del matrimonio. ¿Qué pasa?

Sin pretender dar respuestas quisiera reflexionar sobre la manera de vivir la sexualidad durante el noviazgo y profundizar en el desarrollo de la comunicación.

Nos confundimos al pensar que es sólo una cuestión "religiosa"; es mucho más honda, sus raíces se hunden nada menos que en el orden natural de nuestra comunicación.
Vamos a intentar profundizar en este tema sin pretender tener todas las respuestas.

Cuando varones y mujeres nos encontramos, descubrimos que esta capacidad de encuentro, de diálogo, de comunicación y por lo tanto de unión y de comunión, atraviesa todas nuestras dimensiones. Cuando la persona se comunica, lo hace con su cuerpo, con su alma y con su espíritu. Lo visible es el cuerpo, es lo que llama la atención, lo que atrae "a primera vista". Pero no es sólo el cuerpo, que es la corporeidad del alma y del espíritu, lo que nos atrae del otro, es también su interior que se transparenta y emana por medio del cuerpo y como un imán atrae el afuera hacia el adentro.

Y esto conlleva un orden con sus propias leyes que, cuando las quebramos se desordena algo muy profundo.

En el encuentro entre un varón y una mujer, lo primero que atrae es esta encanto del cuerpo; y es a través de la mirada y del lenguaje, verbal y gestual, que comenzamos el juego de la seducción.

Este juego es un arte ancestral. Nadie nos enseña a seducir, sencillamente emerge de lo más hondo de nuestra sexualidad y de nuestra capacidad de comunicarnos. Lo encontramos también en los animales, se acercan, se olfatean y, según las especies podemos encontrar maneras que van de lo más sencillo hasta lo más sofisticado para aparearse y procrear.

Esta atracción abre la puerta a algo más, a una comunicación de nuestro mundo interior, que se expresa por medio de gestos y palabras y nos invita a profundizar en el conocimiento mutuo.

a, ¡Quisiéramos estar juntos todo el tiempo! ¡Quisiéramos decirnos tantas cosas... revelar todo el misterio de lo que somos...!

La atracción es enorme, los sentidos corporales se activan, necesitamos mirarnos, escucharnos, tocarnos, olernos y gustarnos. La intimidad e intensidad de estas caricias va creciendo al mismo tiempo que se desarrollan los sentidos interiores y crece la comunicación espiritual.

El enamoramiento nos hace capaces de escucharnos en todo lo que tenemos que decirnos, y también de escucharnos en todo lo que no expresamos con palabras; Somos capaces de recibirnos con la mirada y con los gestos , con sólo verte me voy dando cuenta qué pasa en el interior de tu corazón, con solo tocarte siento que puedo tocar tu misterio. Es cuando nuestros gestos se van haciendo cada vez más elocuentes para quien nos ama. Como si el conocimiento de cada uno avanzara al mismo tiempo por la profundidad de lo que somos capaces de compartirnos, verbal y gestualmente. Palabras y gestos son los rieles por donde avanza la comunicación.

Cuando en el noviazgo la comunicación pretende avanzar sólo en un carril, en vez de avanzar se desordena. Pero este desorden no es percibido en la misma relación, que, aunque en forma desordenada, "parece" seguir avanzando.

El noviazgo es el tiempo aprender a comunicarnos, a intercambiar opiniones, visiones, a compartir nuestros pensamientos, creencias, ideales, para ver si congeniamos y si podemos construir un proyecto común cimentado con lo que los dos traemos de diferente. Es el tiempo de salir y de relacionarnos también con otras personas, conocer nuestra manera de ser y de comportarnos en distintas situaciones. No sólo lo que decimos, sino lo que hacemos y cómo lo hacemos.

Y mientras va avanzando nuestra comunicación, van surgiendo las primeras dificultades.
Y si bien la dificultad entorpece la relación y nos desanima, sin embargo es la única posibilidad de darnos cuenta si somos capaces de resolverla; si los dos contamos con los medios internos para atravesarla. Esto manifiesta nuestra capacidad de frustrarnos, de aceptar nuestras diferencias y, lo que es más importante, de ver si podemos resolverlas juntos. . El noviazgo es el tiempo de resolver nuestras dificultades a través de la palabra. Este proceso, largo y a veces trabajoso es el que permite que nuestras facultades del alma, nuestra psicología y nuestra dimensión espiritual vayan interactuando y compenetrándose.

En el noviazgo quebramos la armonía del orden en el desarrollo de la comunicación cuando dejamos que el gesto desplace a la palabra y nos apresuramos a resolver las dificultades por medio de la entrega íntima corporal, que es la culminación de la comunicación, el último paso y que supone nuestra mayor entrega.

Dejamos que nuestros cuerpos se fundan y se penetren el uno en el otro, sin que esta fusión / penetración se haya realizado al mismo tiempo en las otras dimensiones de nuestro ser.

No respetamos la sabiduría del ritmo que impone el mismo orden y deviene un desorden casi imperceptible en la misma relación ya que la comunicación continúa y "parece" avanzar porque nos "sentimos" muy bien, nuestro cuerpo está gratificado y colmado de sensaciones placenteras.

Sin embargo, en lo interior, en lo invisible, en el alma y en el espíritu de esas personas, está sucediendo otra cosa que todavía no puede ser comunicada por medio de la palabra.

La entrega íntima de nuestros cuerpos nos toma por entero, avasalla cualquier otro tipo de comunicación. Es la comunicación por excelencia cuando ocupa su lugar; cuando no es así, desplaza a todas las otras que necesitan crecer en consistencia.

Cuando rompemos este orden no estamos eligiendo, estamos actuando desde el impulso o la reacción, desde lo que "siento". Y las sensaciones pueden tener tanta fuerza que no nos ayudan a pensar para elegir. Es cuando nos dejamos llevar por las necesidades del cuerpo. Esto está bien para las funciones vitales, pero la comunicación es espiritual y exige de nuestra inteligencia, de las facultades de nuestra alma. Y ésta a su vez está supeditada a un orden que la trasciende; el orden espiritual que une a todas las personas entre sí con toda la creación y con su creador.

Es de esta hondura de mi espíritu humano unido al espíritu divino, de quien soy deudor y criatura, desde donde la persona elige el sentido último de su vida, quién es y qué va a hacer para realizarse en el ser.

La comunicación del alma y del espíritu requiere mucho más tiempo que la corporal. Al cuerpo le toca esperar y respetar el ritmo de cada dimensión de nuestros ser.

La relación sexual es el punto máximo de convergencia de la comunicación; en donde no sólo nuestros cuerpos exigen tal compenetración, también nuestras almas y nuestro espíritu. Es la comunicación más espiritual que somos capaces de tener como personas, por lo tanto el tener o no tener relaciones sexuales con otra persona es una decisión espiritual. El que mi cuerpo y la atracción que el otro ejerza sobre mí lo requieran, no debería ser, por sí mismo, un indicativo de mi elección.

Las desinteligencias del noviazgo deben solucionarse por medio de la palabra. Debemos conocer el límite de la palabra, la impotencia, la frustración, el no saber cómo decirte todo lo que quiero expresarte.; aprender a intercambiar opiniones y vivencias, a gozar la experiencia de "estar de acuerdo" y también a sufrir el "desacuerdo" para encontrar juntos la solución. Nos toca aprender a discutir, a pelearnos y a reconciliarnos sin faltarnos el respeto. Es el tiempo de darnos tiempo para aprender a poner en palabras lo que nos pasa, y a silenciarnos para poder escuchar lo que no somos capaces de decirnos, la humillación de la palabra da lugar a la comunicación sin palabras, la comunicación espiritual, de corazón a corazón.

Todo esto es parte del noviazgo. No es fácil aprender a aceptar nuestras diferencias, sólo si somos capaces de hacerlo estaremos en condiciones de dar un paso más; pero ¿Cómo lo sabremos si incluimos las relaciones sexuales para superarlas?

Por supuesto que en el noviazgo la relación sexual parece resolver casi todas las diferencias; en la intimidad sexual la palabra pierde toda su potencia para dejar espacio al gesto; Pero el gesto no resuelve la diferencia que queda sumergida para volver a aparecer en otro momento, muchas veces ya casados y con la tristísima experiencia de que no podemos ni sabemos solucionarlas.

El que antes era todo para mí, comienza a ser un desconocido. Nunca antes lo había oído hablar así, ni comportarse de esa manera. Nos sentimos dolidos y desilusionados, perdemos interés por estar juntos y nuestras diferencias nos van separando cada vez más.

Es importante que sepamos las consecuencias de este desorden para ser más responsables a la hora de actuar. La entrega sexual es la entrega de toda mi persona a otra persona, es el máximo exponente de nuestra capacidad de comunicarnos.

Es lícito que exija reciprocidad, privacidad, intimidad y respeto. Está abierta a la procreación, eso supone que asumo el riesgo de que pueda ser una entrega fecunda en un hijo.

Sabemos que aunque lo evitemos, el riesgo siempre está y esto por sí sólo debería ser un límite para quienes no están dispuestos o preparados para formar una familia.

La familia exige una casa, un hogar, un lecho común; Una vida compartida con todas sus consecuencias: Compromiso, seguridad, estabilidad y fidelidad. Cuando no estamos dispuestos a formar una familia, pero igual queremos tener relaciones sexuales, estamos desoyendo las exigencias que conlleva la relación sexual, pensando en nosotros mismos, en el ahora, pero sin proyectarnos en un compromiso estable. Y esto es un desorden, que muchas veces trae aparejados otros desordenes aún mayores.
De relaciones sexuales apuradas, surgen los matrimonios de apuro y los hijos no deseados y tantas veces abortados. Las familias que nacen así ya tienen en su constitución este desorden. Si bien pensaban casarse, la fecha anunciada fue por el hijo y no por un consentimiento responsable.

De relaciones sexuales apuradas surgen elecciones equivocadas , en las que falta la claridad suficiente para discernir, evaluar y elegir.

Muchas veces, los novios que viven situaciones de entrega casi matrimonial, no son muy libres para elegir si quieren o no continuar con la relación, quedan "pegados" a una forma de relacionarse desordenada que les quita libertad de elección.

Volvamos a mirar como queremos crecer en la comunicación del amor. La comunicación es espiritual y exige una inteligencia espiritual que es la integración de mi cuerpo con las facultades del alma y del espíritu que actúa como principio integrador de todo el ser.

Volvamos a educar en la castidad, que es la virtud que nos invita a ordenar toda nuestra sexualidad a la comunicación del amor. Aspiremos a la castidad, y no nos cansemos de las dificultades que vamos encontrando en el camino. ¡Que este sea nuestro deseo! Que esta sea nuestra aspiración. No importa que nos equivoquemos, o que las cosas "se nos desordenen" en el camino.

Sigamos caminando en un noviazgo casto y puro, poniendo nuestra mirada en los bienes más altos. Una y otra vez. Sin cansarnos ni desfallecer.



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viernes, 20 de marzo de 2020

Noviazgo santo, noviazgo contracorriente, tengo que esperar


NOVIAZGO SANTO, NOVIAZGO CONTRACORRIENTE, TENGO QUE ESPERAR
Por Myriam Ponce

En la actualidad, practicar la virtud de la castidad es ir contracorriente. Vivimos en un mundo hipersexualizado que nos plantea el placer vacío y sin propósito como la mayor representación de gozo, … no de amor. Nos han hecho creer que la sexualidad pertenece sólo al campo de la biología y no al ámbito de la persona misma en su máxima expresión. Esto nos ha guiado a considerar el cuerpo humano como objeto o simple instrumento.

¡Nos han intentado vender una versión barata!

La Iglesia, por el contrario, siempre ha fomentado el esperar a vivir la sexualidad hasta el matrimonio. Pero, ¿por qué?

Empecemos por lo más importante:

Tu eres un Don, así, con mayúscula.

Fuiste creado a imagen y semejanza de Dios, en el principio y con la finalidad del amor. Por tanto, has sido llamado(a) a ser Don, Comunión y Creador. Tus cualidades te hacen un ser único e irremplazable, un regalo para el mundo. Es así que, viviendo en sociedad, has sido convocado a vivir en comunión. Dios no llamó a nadie a la soledad, por el contrario, en comunión es que somos más semejantes a Él en Su Santa Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

Pero espera, hay otra buena noticia. Aparte de ser un Don, reflejo del amor de Dios y estar en constante comunión con Él, haz sido invitado a ser co-creador de Su obra.

Sí…, ¡TÚ!

Dios creó el amor para ti y para mí, considerando cada mínimo detalle, y nos ha dado una muestra plena del amor al encarnarse en Cristo. La clave de toda comunión en pareja está en amar como Cristo nos ama. Su amor fue fiel en la misión que Dios le encomendó, libre en decisión, total hasta el punto de entregar su vida por nosotros y dador de vida eterna para todos. La máxima prueba de amor que se fundamenta en estos cuatro pilares es: el matrimonio.

Al altar se llega con una disposición sincera de nunca permitir conscientemente ningún grado de infidelidad, anti-libertad, anti-totalidad, ni prohibición a la vida; con la Gracia de Dios.

El acto sexual es la encarnación de estos votos.
Es sólo en el acto sexual, dentro del matrimonio, donde se da una entrega fiel, total, libre y abierta a la vida. Los esposos son llamados a donarse, de modo explícito, sirviéndose correctamente del digno lenguaje del cuerpo. Es un testimonio de amor, conforme al significado justo y la grandeza del Sacramento. El consentimiento que une a los esposos entre sí, encuentra su plenitud en el hecho de que los dos “se vuelven una sola carne” (CIC 1627).

Sólo dentro del matrimonio se vivirá la plenitud que el mundo promete, pero no brinda realmente. La castidad prematrimonial es el proceso preparatorio para la verdadera esencia del matrimonio. Esperar, es un reto. Pero, radicalmente, ¡vale el esfuerzo!
El amor promete infinidad, eternidad, una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Pero, al mismo tiempo, se constata que el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificación y maduración que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el “eros” ni “envenenarlo”, sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza (Benedicto XVI, DC, 5).

Fuente católicodefiendetufe

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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Consejos para guardar la castidad en el noviazgo


CONSEJOS PARA GUARDAR LA CASTIDAD EN EL NOVIAZGO

Como mujeres jóvenes que somos, una vez decidamos vivir la castidad en nuestro noviazgo, habrá que establecer límites y evitar situaciones que nos lleven a manchar estar virtud, para así llegar realmente puros al sacramento del matrimonio. Por ello, en este artículo os dejaré algunos consejos que os servirán para lograr este propósito en obediencia y amor al Señor:

1. Ora y acude a Misa en compañía de tu novio

La oración junto al sacramento de la Eucaristía es primordial para vivir la castidad en el noviazgo. Deben intentar rezar continuamente para mantenerse puros y ser fuertes ante las tentaciones. También, muchos novios católicos hoy en día asisten juntos a Misa como una forma de encontrar apoyo espiritual y mayor unidad en su relación. La confesión frecuente a su vez, les ayudará a levantarse de otros pecados contra la pureza (masturbación, pensamientos impuros, etc.) que puedan ir surgiendo en este camino de castidad prematrimonial.


2. Evita estar a solas con tu novio
Una pareja de novios en un lugar cerrado, como una habitación o una casa sin otros miembros de la familia a su alrededor es prácticamente una bomba de relojería. Por ello, deberán evitar este tipo de ocasiones tentadoras y realizar solo estas visitas, cuando se encuentren familiares adultos (católicos practicantes o maduros en la fe) que les supervisen y puedan controlar mejor cualquier comportamiento sospechoso en la pareja.

3. No acudas a lugares que te tienten a caer
Las discotecas no son sitios adecuados para los jóvenes que intenten preservar la castidad y otras virtudes afines, debido al mal ambiente que se vive en ellas como los tragos, la oscuridad, los ritmos sensuales, la falta de pudor, etc. También los parques solitarios o asistir a fiestas hasta altas horas de la noche pueden ser peligrosas. Por último, evita las salidas a playas o piscinas, salvo se trate de un paseo familiar y que ambos cuiden las formas así como la modestia en el traje de baño.

4. Establece barreras en las demostraciones de amor

Crystalina Evert, evangelizadora católica en su libro Como encontrar a tu alma gemela sin perder tu alma, nos dice al respecto: “Establece límites claros. Por ejemplo, no caricias íntimas o recostarse juntos. Los antiguos libros sobre la castidad recomiendan que las parejas eviten los “arrumacos”. Siempre nos ha divertido el término porque hace sonar al novio como un cachorrito, pero hay cierta sabiduría allí. Mantén tus expresiones de afecto sencillas, porque mientras más lejos llegues, más lejos querrás llegar.”

En línea con lo que enseña Crystalina, yo aconsejo evitar besos y abrazos apasionados, caricias seductoras o comportarse demasiado pegajosos en los encuentros que se tengan como novios. También, ayuda el no limitarse sólo al cariño físico, sino intentar demostrar amor a través de otros detalles como cartas románticas, regalos originales, poemas, canciones, sorpresas, etc. Enfocar el enamoramiento a un plano más sentimental y espiritual, evita caer con mayor éxito, en las tentaciones carnales.

5. Busca hacer actividades religiosas, sanas y en grupo
 
Es importante que la pareja de novios, lleve una vida participativa en la Iglesia, así podrá tener un mayor apoyo espiritual tanto de sacerdotes como de otros jóvenes laicos que aspiren a lo mismo. Las actividades formativas y religiosas que ofrecen las parroquias o carismas a los grupos juveniles, son idóneas para vivir esta etapa y algunas incluso sirven como preparación para el sacramento del matrimonio.

6. Formaliza la relación con miras a un matrimonio cercano

Un noviazgo eterno no es una buena señal para lograr una relación exitosa. Se saben de muchos casos que cuando la pareja tarda mucho tiempo en comprometerse, son más propensas a faltar a la castidad que una que lo hace, aún incluso con los cuidados necesarios. Por otro lado, algunas decaen en infidelidad o ruptura debido a la rutina o falta de emoción de los primeros años. Tampoco es recomendable un noviazgo demasiado corto y precipitarse al casamiento, ya que muchas veces no se tiene la suficiente madurez o no se ha conocido bien a la otra persona. Sin embargo, esto último no debe ser pretexto para alargar demasiado esta etapa y más si hay tentaciones de por medio. Una buena forma de saber el tiempo recomendable para llegar a ello, es asesorarse con un sacerdote o buen director espiritual.

Por Yasmín Oré

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