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martes, 11 de agosto de 2020

22 razones por las que nunca me hice protestante... Y podrían ser más

 
22 RAZONES POR LA QUE NUNCA ME HICE PROTESTANTE... Y PODRÍAN SER MÁS
Por Jesús Mondragón (Saulo de Tarso) 

Desde muy joven fui ateo por el estudio y convicción propia. Mi llamado me llegó paradójicamente con los testigos de Jehová. Con ellos estuve dos años, pero nunca me simbolicé (así llaman ellos al bautismo). Posteriormente asistí a "Vida nueva para el mundo" del pastor Armando Alducin, cuando todavía no era famoso ni salía en televisión, jamás me "bauticé" con ellos. Después me encontré con los mormones, rápidamente me di cuenta de que el mormonismo es un patético fraude. 

A Dios gracias, la verdad plena la descubrí donde menos pensé, pero sobre todo, donde menos quería encontrarla: en la Iglesia Católica. Y no quería encontrarla ahí, porque en lo único que conicidieron los testigos de Jehová, evangélicos y mormones; fue en inculcarme y adoctrinarme en el prejuicio, en el odio brutal e irracional hacía la Iglesia Católica. Pero al final, ni todas esas doctrinas, ni todo el odio, impidieron que pudiera conocer a la verdadera Iglesia que fundó Jesucristo sobre el Apóstol Pedro. La pregunta es:

¿POR QUÉ NUNCA ME HICE PROTESTANTE? 

Encontré el otro día por ahí una lista anónima de las razones por las que cierta persona no se hace protestante. A esas razones que comparto plenamente y son también las mías, añadí otras más que aquí les presento, a la que cualquier persona puede añadir las suyas. 

RAZONES POR LAS QUE NUNCA ME HICE PROTESTANTE 

1. Porque no son Iglesia, son sectas fundadas por hombres. 

2. Porque a pesar de que Cristo dijo: “Que todos sean UNO como , tú y yo Padre somos uno…” (Juan 17, 11; Gal. 3, 28) Ellos son más de 70.000. 

3. Porque nacen de la división y la división de una secta a otra y seguirán siendo división. 

4. Porque todas esas sectas creen en doctrinas diferentes, ¡Y con la misma Biblia! Con la misma biblia unas niegan lo que enseñan las otras. Y todos dicen estar inspirados por el Espíritu Santo. 

5. Porque mal interpretan la Biblia a su antojo y conveniencia, son fundamentalistas. 

6. Porque les encanta mandar al infierno (condenar) a todos aquellos que no pertenezcan a sus filas igual que los fariseos en tiempos de Jesús. 

7. Porque se creen los únicos sabios y entendidos de las Santas Escrituras igual que los antiguos fariseos. 

8. Porque les encanta juzgar a los demás igual que los fariseos. 

9. Porque critican las supuestas “riquezas del Papa”, mientras sus pastores se hacen ricos y poderosos con los diezmos, pactos y ofrendas. 

10. Porque se creen los “únicos” santos, salvos y herederos de la Vida eterna igual que los fariseos.

11. Porque realizan espectáculos bochornosos de brincos, meneos, convulsiones, bailes grotescos en sus oraciones y lo peor es que se lo atribuyen al Espíritu Santo. 

12. Por su enorme cantidad de: injurias, blasfemias, calumnias, difamaciones y herejías en contra de aquellos que no pertenecen a sus filas, especialmente la Iglesia Católica. 

13. Porque niegan y peor aún, maldicen los sagrados Sacramentos. 

14. Porque ellos creen que: “No cometen pecado”. 

15. Porque critican las supuestas “idolatrías” de los católicos pero ellos idolatran la fama, el dinero y el poder. 

16. Porque creen tener “la verdad” absoluta. No se “equivocan”. 

17. Porque ellos cometen exactamente los mismos pecados que cometemos todos, sólo que a escondidas, pero los hipócritas somos nosotros. 

18. Porque no creo en los que se nombran "pastores" ellos mismos sólo para poder cobrar el diezmo. 

19. Porque no creo en la "biblia" pirata, mutilada y tergiversada que ellos utilizan. 

20. Porque no creo que el culto debido a Dios sea sólo criticar, odiar, hablar mal de las otras religiones, y cantar y bailar para que YO "sienta bonito". 

21. Porque no creo en los "milagros" realizados por los pastores evangélicos en el culto, cuando en la calle no sanan a ningún extraño. 

22. Porque mis amigos y familiares que han enfermado de gravedad como cáncer y otros males, "no han ido con el pastor para que los sane", han tenido que ir al médico y someterse a cirugías o simplemente han muerto, como todo mundo. 

Si tú tienes otra razón puedes añadirla. 


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sábado, 1 de agosto de 2020

Señor, permíteme ser valiente como Santo Tomás



SEÑOR, PERMÍTEME SER VALIENTE COMO SANTO TOMÁS

Santo Tomás Apóstol fue uno de los privilegiados discípulos elegidos por Jesús en los primeros días de su vida pública. El propio San Juan relata diversas intervenciones de Tomás que nos revelan su carácter, como cuando Jesús se preparaba para partir hacia Betania en el momento de la muerte de Lázaro, corre peligro y los discípulos le recuerdan: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos» (Jn 11, 8). Pero, Tomás dice a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él» (Jn 11, 16). Tomando la batuta en liderazgo y la valentía de llegar a ofrecer la vida por su Maestro.

Igualmente, en la escena de la Última Cena cuando Jesús anuncia su partida, es Tomás quien, con un nudo en la garganta, le pregunta: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿Cómo podemos saber el camino? » (Jn 14, 5). Jesús le respondo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6).

No obstante, el famoso apóstol debe su celebridad a sus dudas más que a su fe, hasta se le conoce como Tomás el incrédulo. Y el nombramiento se remonta al momento cuando los demás discípulos le mencionan: «Hemos visto al Señor» (Jn 20, 25), y él contesta: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25). Esto, presumiendo de un espíritu “científico” que cree sólo en aquello que ha verificado.

Pero, lo curioso se encuentra algunos versículos antes:

«Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en eso entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «La paz esté con ustedes».

(Jn 20, 19)
La Biblia lo dice, los discípulos estaban encerrados en la casa por miedo a ser perseguidos y atrapados por los judíos. Ante su temor Jesús les dice: «La paz esté con ustedes», como una invitación a tranquilizarse y dejar el miedo a un lado porque Dios estaba con ellos.

Pero, ¡Tomás no estaba ahí! Él estaba fuera, posiblemente predicando cuánto Jesús les había enseñado. Él, convencido del mensaje de salvación, había vencido el miedo a la persecución y, en su valentía, había salido mientras los demás temían. El creyó y confió profundamente en las enseñanzas y promesas de Cristo,… tanto así que al salir se arriesgó y entregó totalmente, consciente de que Dios estaba con ellos.

Él fue el valiente que, en la plena confianza en su Maestro, salió.

Cuenta la escritura que ocho días después, los discípulos estaban aún dentro, pero ahora Tomás estaba con ellos. Llegó Jesús, estando aún cerradas las puertas del lugar, y se puso en medio de ellos, de nuevo recordándoles que la Paz estaba con ellos. Se dirigió a Tomás y le dijo: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» (Jn 20, 27). Es en este momento cuando Tomás se convierte en el primero que reconoce a Jesús con su verdadero título, diciéndole: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20, 28). Es el primero que llega con su fe a este extremo, un reconocimiento que no nació de un instante, sino de toda una experiencia de entrega profunda.

Reflexionando, podemos ver a Tomás como un verdadero hombre moderno, un realista y existencialista que no quiere vivir de ilusiones y que teme que se le engañe, por eso es que menciona: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos (…), no lo creo”. Pero, a la vez podemos entender estas palabras como una respuesta en prevención al sufrimiento por el que todos habían pasado, un no quererse arriesgar de nuevo a la pérdida. Pero, al final, Jesús responde de manera inaudita y Santo Tomás Apóstol es bañado por su Amor e Indulgencia.

Del apóstol, quien pareciera responder escéptico y exigente, obtiene Jesús uno de los actos de fe más hermosos de todo el Evangelio. Pidamos a Dios que nos de la valentía de Santo Tomás para salir y hablar de la Verdad, en pleno convencimiento. Especialmente ante las presentes crisis de fe que experimenta nuestra época. Pidamos, también, por un constante entusiasmo por reforzar nuestra fe, para que en nuestras crisis podamos crecer y caminar hacia la Casa de nuestro Padre.

Oro por ti,

Por Myriam Ponce

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Bebé "revive" tras ser bautizado en una unidad de cuidados intensivos


BEBÉ “REVIVE” TRAS SER BAUTIZADO EN UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS

Una publicación en el Facebook del Instituto de la Vida y la Familia titulada “Fui testigo de un milagro” viralizó el testimonio de una médica que bautizó a un bebé que ya había sido declarado fallecido, pero que poco después recobró sus signos vitales.

El caso ocurrió el 22 de marzo de 2019 en una unidad de cuidados intensivos (UCI) neonatal de Jundiaí, en Sao Paulo, Brasil.

En una entrevista con ACI Digital -agencia en portugués del Grupo ACI-, la cirujana pediatra que realizó el bautismo explicó que prefiere permanecer en el anonimato.



“Nunca fue mi interés que yo apareciera en la historia, porque el milagro es el que debía ser contado y Dios es quien tiene que ser glorificado y no las personas”, dijo, y agregó que su decisión tiene que ver con el cumplimiento de la confidencialidad médica.

En su testimonio, la profesional recuerda que se encontraba almorzando cuando recibió la información de “un bebé de dos días nacido que estaba en la UCI neonatal con neumotórax (cuando se genera un ‘agujero’ en el pulmón, se impide su expansión y dificulta la respiración).

“Era necesario hacer una intervención quirúrgica llamada drenaje torácico (procedimiento en que se coloca una ‘manguera’ en el tórax para que el aire salga y deje de comprimir el pulmón)”, relata. Luego, solicitó que separaran los materiales necesarios para el procedimiento y orientó a un pediatra a realizar la punción del tórax para sacar al bebé de la situación de emergencia y disminuir el riesgo inminente de muerte.



La médica dijo que 15 minutos después recibió una llamada “informando que el bebé padeció un paro cardíaco y no resistió”. Al llegar al hospital, 10 minutos después, encontró “biombos alrededor del lecho del bebé”.

El personal médico rodeó la incubadora y se realizó el electrocardiograma para constatar el deceso. El bebé todavía estaba entubado y acoplado al ventilador, pero su oxigenación era mínima y ya no tenía latidos del corazón. Estaba muy hinchado y la piel tenía una coloración oscura más intensa en los labios. No tenía ningún movimiento ni reflejos”, recuerda.

Además, “el equipo médico había realizado la punción torácica y las maniobras de reanimación por más de 20 minutos, sin éxito. Los padres ya temían lo peor”.

Fue cuando uno de los médicos que acompañaba el caso le dijo que ya no había nada que hacer. Pero, la cirujana cuenta que “incluso con el deceso constatado” decidió “realizar el drenaje torácico de cualquier forma”.

En aquel momento la cirujana pediátrica pensó en realizar el bautismo. Sin embargo, reveló a ACI Digital que se “quedó en duda”.



“Sabía que el rito del bautismo debe ser hecho en el paciente que está vivo y yo me quedé sin saber si se podía bautizar o no. En ese momento sentí que necesitaba bautizar a ese bebé”, narró.

Fue entonces cuando, después del procedimiento, bautizó al bebé y lo consagró a la Virgen María y al Padre Pío.

“En mi corazón dijo al Señor: Señor, tú eres el Dios de la vida y la vida te pertenece. Si estás en tu voluntad, salva a este bebé”, cuenta en su testimonio.

“Permanecí pocos minutos al lado del bebé para volver a colocarlo en la incubadora mientras el equipo de enfermería organizaba todo para que los padres pudieran ver a su hijo por última vez. Fue entonces que percibí que el bebé se había vuelto rosado de nuevo y pedí que revisaran sus latidos del corazón. Pero la respuesta fue la misma: el corazón continuaba sin golpear”.

Hasta que, minutos después, “oímos el ruido en el monitor indicando el retorno de los latidos del corazón”. “Llegamos a pensar que las drogas utilizadas durante la reanimación pudieron haber provocado el retorno temporal de los latidos, como en muchas situaciones ya habíamos presenciado, pero que cesaban después de algún tiempo confirmando el deceso”.



“Sin embargo, esta vez era diferente. En vez de golpear pocas veces y parar definitivamente, ese corazón empezó a golpearse cada vez más fuerte y en una frecuencia que alcanzó la frecuencia normal para asombro de todo el equipo. Oí a muchos exclamar diciendo que sólo podía ser un milagro. Todos estaban visiblemente emocionados y un médico llegó a decir: ‘¡Dios mío, nosotros íbamos a apagar los aparatos!’”, recordó la cirujana pediatra.

Cuando la publicación fue publicada en Facebook el 7 de abril, la médica concluyó su texto afirmando: “Esto me sucedió y este bebé está vivo hasta hoy. ¡Bendito sea Dios por permitirnos presenciar tan gran milagro!”.

Sin embargo, en entrevista con ACI Digital, contó que, “desafortunadamente, el bebé se quedó vivo por unos quince días y luego murió, porque tenía una malformación cardíaca muy grave”.

Reafirmar en la fe

La cirujana pediatra, de 35 años, contó que esta experiencia fue también un modo de reafirmar su fe.

“Yo vengo de un camino de 11 años desde que tuve mi primer encuentro con Dios. Yo no era un médico que rezaba o que me importara eso. En realidad, ni siquiera creía en milagros”, aseguró.



La médica hoy forma parte de una comunidad católica y es miembro del Instituto Familia y Vida, el cual “comenzó el año pasado, con el propósito de hacer esa lucha provida, de orientar a las mujeres que piensan en abortar, también sobre el uso de anticonceptivos, del DIU, etc.

Asimismo, contó que fue una monja quien le enseñó “a hacer los bautismos en la UCI”, pues, como cirujana pediatra, atiende “muchos niños graves” desde hace cinco años.

Según el numeral 1256 del Catecismo, “en caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. La Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios y en la necesidad del Bautismo para la salvación”.

Por último, la cirujana contó que, en diciembre y enero, visitó San Giovanni Rotondo, en Italia, donde consagró su vida profesional a San Padre Pío.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en ACI Digital.

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martes, 16 de junio de 2020

Una pareja de lesbianas mata a sus hijos adoptivos y se suicida tras ser acusadas de abuso


UNA PAREJA DE LESBIANAS MATA A SUS SEIS HIJOS ADOPTIVOS Y SE SUICIDA TRAS SER ACUSADAS DE ABUSO

JENNIFER Y SARAH HART DESPEÑARON EL COCHE FAMILIAR EN UN ACANTILADO DE 30 METROS CON LOS SEIS CHICOS EN EL INTERIOR DEL VEHÍCULO

Un espanto que pone los pelos de punta (Este facineroso golpea y rapa el pelo a su esposa porque no quiso bailar delante de sus amigos).

El 25 de marzo de 2018, Jennifer Hart conducía el SUV de la familia después de haberse tomado cinco cervezas.

Jennifer, lesbiana militante, siempre fue una persona muy decidida.

Su esposa Sarah, sentada en el asiento del copiloto, buscaba en su móvil en internet preguntas como:

«¿Con qué facilidad puedo tomar una sobredosis de medicamentos de venta libre?», «¿Pueden 500 mg de Benadryl matar a una mujer de 57 kilos?», «¿Cuánto tiempo lleva morir de hipotermia mientras se ahoga en un automóvil?».

En los asientos de detrás se encontraban sus seis hijos adoptivos, al menos dos de ellos bajo efectos sedantes provocados por unas pastillas.

Poco tiempo después, el coche caería por un acantilado de 30 metros en la costa del Pacífico, provocando la muerte de toda la familia.

Un año después, un jurado de California ha sentenciado que la tragedia fue provocada, lo que ha obligado a cambiar los informes del atestado de «accidente» a «suicidio», para en el caso de las dos mujeres, y a «homicidio», en los documentos referentes a los seis hijos adoptivos de la pareja.

La justicia ha determinado que Jennifer Hart habría bebido alcohol para «envalentonarse» y Sarah habría tomado varias pastillas, al igual que sus hijos, para «atontarse».

Ambas mujeres estaban previamente acusadas de graves delitos de abuso sobre sus hijos adoptivos, y las autoridades indican que posiblemente tomaron la decisión de suicidarse junto a sus hijos por la presión.

Antecedentes de abusos

Todo comenzó dos años antes, cuando empezaron las denuncias de los allegados sobre supuestos abusos sobre los chicos: Markis (19 años), Jeremiah (14 años), Abigail (14 años), Devonte (15 años), Hannah (16 años) y la pequeña Ciera (12 años).

A pesar de que en las fotos en las redes sociales de la pareja siempre se podían ver amplias sonrisas, camisetas a juego y eslóganes como «el amor siempre es hermoso», la realidad dentro de la casa Hart parecía diferente: las acusaciones de racismo -había niños de diferentes etnias-, abusos y que las madres mataban de hambre a sus hijos llegaron a los titulares nacionales.

En el momento del suceso se estaban investigando los hechos, aunque las autoridades no entraron a la casa hasta después del suicidio.

Un informe ha revelado que en la casa donde supuestamente vivía la familia solo se encontraba decoración en las zonas comunes y que no daba la sensación de que los chicos vivieran allí.

«Cuando las autoridades entraron a la casa de Hart, todo parecía limpio, ordenado y recién remodelado.

Pero mientras las habitaciones de Jennifer y Sarah estaban decoradas, las de los niños se encontraban vacías», afirmó el investigador Jake Slates de la patrulla de Caminos de California, según refleja la CNN.

Pidiendo ayuda y comida en medio de la noche

Días antes del trágico accidente, los Servicios de Protección Infantil en Washington solicitaron que un agente se pasara por la vivienda de la familia, para comprobar el bienestar de los chavales.

No era la primera vez. En 2008 uno de los niños le dijo a un adulto que Jennifer le golpeó el brazo, pero el estado cerró el caso alegando que el chico en realidad se había caído.

En 2011 Sarah Hart se declaró culpable de asalto doméstico después de admitir a la policía que hirió a otra de sus hijas al pegarle con el borde de una bañera.

Después de este suceso, la familia se mudó a Woodland (Washington), donde las quejas de los chicos continuaron. Uno de sus vecinos, Bruce DeKalb, afirmó que los chavales llegaron a su puerta pidiendo ayuda y comida en medio de la noche.

Sin embargo, otros testigos aseguran que los hijos adoptados eran «extremadamente disciplinados, casi hasta el punto de ser robóticos», que caminaban en fila hasta el dormitorio y que se les decía cuándo ir al baño.

Fue precisamente DeKalb quien informó el 23 de marzo del pasado año (dos días antes de la tragedia) a los servicios sociales de la penosa situación que le transmitieron los hijos de las Hart.

Al día siguiente, la familia hizo las maletas -aunque no cogieron los cepillos de dientes, dato que extrañó a los agentes y que les hizo sospechar que el suicidio habría sido premeditado- y comenzaron su viaje de Washington a California, donde finalmente morirían los ocho, si bien aún no se ha recuperado uno de los cadáveres.


Aún falta por recuperar uno de los cadáveres

Después del suicidio, las autoridades solo pudieron identificar a las mujeres y a dos de los niños. Jennifer estaba borracha y Sarah y dos de los niños dieron positivo por difenhidramina, un ingrediente activo en Benadryl.

El cuerpo de Ciera fue encontrado en una playa al norte del acantilado dos semanas después. Partes de un pie en un zapato se encontraron en una playa en mayo, pero los investigadores no pudieron identificar los restos como un niño de las Hart hasta enero de este año, cuando una muestra de ADN demostró que era Hannah.

Devonte sigue desaparecido y, aunque creen que pereció con sus hermanos y hermanas, las autoridades aún conservan un halo de esperanza y que alguien revele que sigue con vida.

Los fallos del sistema

Aunque Jennifer y Sarah no pueden ser juzgadas por lo que sucedió en ese acantilado de California, este caso puede ayudar a revisar la supervisión federal en torno a posibles abusos, ya que cinco estados están involucrados con las adopciones de los chicos y las denuncias de abuso.

No existe una base de datos nacional para conocer los antecedentes de los futuros padres adoptivos, por lo que los responsables afirman que este momento puede ser clave para legislar en torno a los abusos infantiles.

Por periodista digital

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miércoles, 13 de mayo de 2020

Las ventajas de ser Cristianas para las mujeres en el mundo pagano


LAS VENTAJAS DE SER CRISTIANAS PARA LAS MUJERES EN EL MUNDO PAGANO
Por Miguel Pastorino

Contra los prejuicios anticristianos infundados y las manipulación de datos históricos

En medio de la avalancha de slogans y artículos superficiales que acusan al cristianismo de patriarcal y sexista, pocos conocen que la Iglesia primitiva tenía un poderoso atractivo para las mujeres que vivían bajo la cultura grecolatina.

Porque, de hecho, las mujeres en el cristianismo gozaban de un status muy superior al que tenían en el mundo pagano. Y si bien cualquier experto en historia antigua lo sabe, lo lamentable es que no se conozca en forma masiva del mismo modo en que circulan los mitos y las leyendas negras sobre el cristianismo primitivo.

Las mujeres tuvieron un papel fundamental en la expansión del cristianismo dentro del Imperio Romano. Las fuentes históricas y la arqueología moderna siguen confirmando la tesis defendida por expertos en el cristianismo antiguo de las ventajas de ser cristiana para las mujeres en la antigüedad. Si bien a lo largo de la historia y en la actualidad pueden encontrarse muchas actitudes machistas entre los cristianos, lo cierto es que el cristianismo en su origen es la fuente en la cultura occidental de los valores de igualdad entre hombres y mujeres y del respeto por la dignidad de todo ser humano.


La brutalidad del paganismo greco-romano con la mujer
La cultura grecolatina no era benévola con las mujeres. El derecho romano estaba concebido en función de los varones romanos y libres. Las mujeres tenían un status muy inferior, como una propiedad del varón. Ellas se encontraban en un nivel cercano a los esclavos o a los niños.

El infanticidio femenino era moneda corriente tanto en Roma como en Atenas, y a las mujeres que sobrevivían se les brindaba poca o nula educación. Su status legal en el mundo griego era análogo al del niño y durante toda su vida eran propiedad de un varón.

Si enviudaban las romanas estaban obligadas a volver a casarse lo antes posible y sus bienes pasaban a su nuevo cónyuge. El matrimonio de la mujer se arreglaba en su niñez y se realizaba a partir de los doce años, pero a veces siendo menores de esa edad. Estando casada, el varón podía expulsarla de su casa fácilmente y si era seducida o violada, legalmente quedaba abandonada por su cónyuge.

En Roma el culto a la violencia tenía un especial desprecio por todo aquello que pudiera ser considerado débil. Por ello el infanticidio femenino era común, naturalizado y legitimado. Tácito en sus “Historias” escribe con desprecio que los judíos condenaban como pecado el “matar a un hijo no deseado”, porque los romanos lo veían como normal. Por razones distintas también los pensadores griegos recomendaban el infanticidio en caso de necesidad política. Aunque según hallazgos arqueológicos los niños abandonados al nacer o asesinados pertenecían a ambos sexos, la mayoría aplastante eran niñas. Un texto conocido y citado por especialistas muestra la naturalidad para expresarlo, en la carta de un romano llamado Hilarion a su esposa Alis:

Estoy aún en Alejandría y no te preocupes si todos regresan y yo me quedo en Alejandría. Te ruego que cuides de nuestro hijito y tan pronto como me paguen te haré llegar el dinero. Si das a luz, consérvalo si es varón, y si es hembra, desembarázate de ella. Me has escrito que no te olvide. ¿Cómo iba a olvidarte? Te suplico que no te preocupes.

En una de las investigaciones más eruditas y recientes sobre el tema, el sociólogo Rodney Stark demuestra claramente la situación desfavorable de la mujer en el mundo grecorromano, que muchos idealizan como si hubiera sido feminista, y como en realidad fue todo lo contrario. El cristianismo supuso para la civilización occidental y para la mujer un nuevo comienzo de dignidad y libertad.

La mujer en el cristianismo primitivo
Mientras que muchas novelas y libros pseudohistóricos, desde el código Da Vinci de Dan Brown, hasta el indocumentado libro de la periodista británica Catherine Nixey (“La edad de la penumbra”), que están plagados de prejuicios anticristianos infundados y que manipulan los datos históricos, cuando no los tergiversan completamente; los historiadores e investigadores académicos sobre el tema no solo desmienten todos estos mitos, sino que unánimemente sostienen el contraste positivo que supuso el cristianismo para las mujeres en el mundo antiguo frente a la cultura patriarcal del mundo greco-latino. Y la mayoría de estos autores son historiadores y no necesariamente cristianos.

Los escritos del Nuevo Testamento atestiguan en diversos pasajes el modo en que Jesús actuó contra la cultura dominante, para sorpresa y escándalo de sus contemporáneos. Las integró a las mujeres dentro del grupo de sus discípulos en trato igualitario y la primera testigo de la resurrección es una mujer (María Magdalena), llamada por los primeros padres de la Iglesia como “apóstol de los apóstoles”. Pablo de Tarso en sus cartas narra no solo que no existían diferencias entre hombres y mujeres (Gal, 3,27-28), sino que nombra a diversas mujeres que lideraban comunidades y ejercían importantes ministerios en las comunidades cristianas (Rm 16, 1-7).

El cristianismo al igual que el judaísmo condenaba duramente el infanticidio. La moral cristiana que tenía estrictas normas en cuanto a la fidelidad conyugal, eran parejas para el hombre y la mujer, donde estaba igualmente mal visto el adulterio masculino como el femenino. Las viudas eran bien recibidas y todas las mujeres que se convertían al cristianismo contaban con ventajas respecto de su vida anterior, como contraer matrimonio a una edad mayor que sus coetáneas y podían elegir a su cónyuge.

De hecho, la población femenina era mucho mayor en el cristianismo que en las otras religiones, antes de que se convirtiera en religión oficial. En una sociedad donde los varones eran demográficamente muchos más, el cristianismo tenía una gran mayoría de mujeres. Y con el tiempo ellas fueron las que transmitieron la fe a sus esposos paganos. Las fuentes muestran la cantidad de disposiciones eclesiásticas a que las mujeres cristianas se pudieran casar con hombres no cristianos. Veían en ello una posibilidad evangelizadora y de hecho su influencia demográfica fue mayor, ya que influían sobre las familias que formaban aunque sus cónyuges siguieran siendo paganos.

Es cierto que algunos autores racionalistas criticaban este dato ridiculizando las conversiones femeninas a una religión irracional. ¿Entonces por qué no tenían tantas conversiones los cultos emocionales de los templos paganos? La verdadera razón de la mayoría aplastante de mujeres en el cristianismo era que gozaban de un espacio de dignidad, de igualdad y libertad que no existía en el mundo antiguo hasta el nacimiento del cristianismo.

Lo cierto es que el cristianismo no se impuso por la fuerza bruta al mundo pagano, sino por el protagonismo de la mujer en la transmisión de la fe, por un nuevo modo de comprender al ser humano, por un modo de ver que está en la base de la cultura occidental y que hoy muchos no conocen las raíces de esos valores. ¿Por qué la mujer ha logrado conquistar derechos en occidente como en ninguna otra cultura? Muchos cristianos a lo largo de la historia se han olvidado de sus orígenes y han consentido actitudes y una mentalidad patriarcal que han ido en contra de la dignidad de la mujer. Lo cierto es que a pesar de todo lo que todavía queda hoy por conquistar en reconocer la dignidad y los derechos de la mujer en muchas partes del mundo, y de todo lo que ellas han logrado después de siglos de desigualdad, el cristianismo está en la fuente de ese reconocimiento y de sus derechos.

Por Aleteia.org

Fuente católicodefiendetufe

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domingo, 19 de abril de 2020

Mujer... feliz de ser mujer


MUJER... FELIZ DE SER MUJER
Por: Lucrecia Rego de Planas

Tanto las mujeres que trabajan como las que no trabajan se sienten insatisfechas. Los culpables de esta insatisfacción... por supuesto, los hombres.

Ayer, mientras esperaba que mis hijos salieran de su clase de natación, no pude dejar de escuchar la conversación que se llevaba a cabo entre dos mujeres que estaban frente a mí.

Tendrían alrededor de 35-40 años. Una de ellas, vestía un traje sastre, traía un portafolios colgando del hombro y un bebé de unos seis meses en los brazos. La otra, en pants, traía una raqueta de padel y una niña de unos tres años, abrazada de su pierna. Las dos estaban acompañadas por sus nanas.

- Hace mucho que no te veía... ¿Cómo has estado?

- Uf... corriendo como una loca. Me acaban de dar el puesto del que era mi jefe. Estoy bien contenta, pero agotada.

- Qué bien, felicidades, pero ... ¿Cómo le haces con tu bebé?

- Bueno, llego muy tarde a la casa y casi no lo veo, pero... ya ves que dicen que "es mejor darles calidad que cantidad" de tiempo. Y, cuando llego, estoy con él, de verdad.

- A mí, la verdad, me encantaría ponerme a trabajar. Pero, por ahora, estoy dedicada "de tiempo completo" a mis hijos... Tal vez cuando crezcan.

Una conversación simplona, que se puede escuchar todos los días en cualquier lugar y que refleja la insatisfacción que sienten gran parte de las mujeres de hoy, independientemente de si trabajan o no, fuera del hogar.

Las mujeres que trabajan... insatisfechas

Si observamos un poco a una mujer que trabaja fuera del hogar, vemos que exteriormente, da siempre la imagen de estar autorrealizada, orgullosa de sí misma y permanentemente agobiada, como tratando de hacer ver a los demás, que ella sí está logrando exitosamente, ser mamá, esposa y profesionista, eso que el mundo dice que es algo imposible de lograr.

Cuando se encuentra con una mujer que no trabaja, simula envidiarla, con expresiones como: “qué rico que no trabajas, con razón tienes tu casa tan linda”, pero internamente la critica: “se levanta a las 10 a.m... es una floja”.

Vive en un estrés continuo, para demostrar al mundo entero, que ella no descuida nada, que es perfecta en todo, que es la mismísima mujer maravilla. Sin embargo, en el fondo de su corazón, se siente culpable de no estar con sus hijos lo suficiente, una culpabilidad que le reclama el estar “autorrealizándose” a costa de su familia.

Por supuesto, ante los demás, se escuda y se justifica, con la falacia de “es mejor darles calidad que cantidad”, aunque se da cuenta a leguas, de que eso no es cierto.

Las mujeres que no trabajan... insatisfechas también
La mujer que no trabaja, desearía estar trabajando, pues teniendo una profesión universitaria, se aburre terriblemente jugando padel tenis, haciendo flores de migajón y yendo al supermercado, pero... finge estar feliz y tranquila, pues ha oído que las mujeres “buenas” son las que se dedican exclusivamente al hogar y a los hijos. Oculta un sentimiento interno de frustración, por no estar autorrealizándose, por culpa de sus hijos.

Si se encuentra con una mujer que trabaja, la alaba con expresiones como “estás picudísima”, pero en el fondo la critica pensando “tiene a sus hijos abandonados con el chofer y la nana”.

Lo peor, es que sabe muy bien, que ella, aunque dice que se dedica "de tiempo completo" a los hijos, también los deja (y tal vez más que la otra), para ir a sus clases de gimnasia, costura, repostería, pintura, literatura y arte contemporáneo, a la peluquería, al café con las amigas, al banco, al supermercado y a todos esos lugares a los que tienen que ir las amas de casa.

Los culpables de esta insatisfacción... por supuesto, los hombres
Sin duda, los hombres son los culpables de que hoy por hoy, la mujer sienta esa insatisfacción. Por querer darle gusto, han accedido a tratarla como hombre y la han llevado a enfrentarse a un dilema que no tendría por que existir: ¿Trabajar para autorrealizarme o ... no trabajar, para ser buena esposa?

Los hombres se olvidaron de que la mujer funciona diferente que ellos, simplemente, porque no es un hombre.

El hombre, aunque tenga varios roles en su vida, es un personaje uni-canal, que cuando está trabajando, está totalmente concentrado en el trabajo y se olvida de que es esposo y padre. Cuando representa el rol de esposo, no piensa en su trabajo, ni de chiste. Su cerebro está programado para pensar en una sola cosa a la vez.

La mujer, en cambio, puede estar en cinco asuntos al mismo tiempo. Puede, perfectamente, estar atendiendo una llamada de negocios y cambiando un pañal, mientras revisa la tarea de otro de los niños y le entrega a la cocinera una nota con el menú del día siguiente.

No es nada del otro mundo, porque Dios dotó a las mujeres de un cerebro ”multi-canal”, que las hace capaces de ejercer varios roles al mismo tiempo, sin que uno u otro se vea deteriorado.

¿Cuándo surgió el dilema?

Hasta antes del siglo XIX, el trabajo era una parte integral de la vida de la mujer, quien representaba sus roles de esposa, madre, ama de casa y trabajadora, de una manera natural. Nadie se escandalizaba de saber que la esposa salía de la casa, para atender a algún enfermo, el puesto en el mercado, el comercio familiar, el trabajo en la agricultura o en la granja. La mujer siempre había trabajado como mujer (no como hombre) y eso era lo natural. En su casa, guardadas, sólo se quedaban las mujeres enfermas o minusválidas.

En el siglo XIX, con la Revolución industrial, los hombres vieron que el trabajo en las fábricas era demasiado rudo para la mujer (lo cual era cierto) y, queriendo protegerla y proteger a su familia del abandono materno, la excluyeron por completo de la opción de compartir su riqueza con el mundo. Decidieron, los hombres, que ellos se dedicarían a la empresa y la mujer solamente al hogar, enfrentándola a un problema que antes no existía: Maternidad, sí - Trabajo, no.

Esto significó una pérdida importante en la identidad intrínseca de la mujer, quien se sabe llamada a darse, no sólo a su marido y a sus hijos, sino también a la sociedad. La mujer del s XIX, como la de hoy, estaba convencida de poder atender hijos, marido, casa, sobrándole aún tiempo y capacidad para amar a los demás. Su naturaleza, llamada a la entrega, se sintió aprisionada en un espacio que le quedó chico y, con toda razón, se rebeló.

Fue entonces cuando la mujer, representada por el movimiento que iniciaron las ideas de Simone de Beauvoir, pidió el derecho de volver a trabajar, porque se sentía insatisfecha solamente con el trabajo de la casa, pero… aquí estuvo el gran error… el movimiento feminista, en lugar de pedir sus derechos de mujer, como mujer, pidió que la devolvieran al mundo laboral con condiciones iguales al varón. Al ser aceptada su propuesta, se metió en mil problemas, pues la mujer nunca podrá trabajar como un hombre. La mujer debe trabajar como mujer y el hombre como hombre.

No niego que la mujer es capaz de cubrir las responsabilidades de cualquier puesto de trabajo, y las puede cumplir tal vez mejor que cualquier hombre, pues por su misma naturaleza llamada a la entrega incondicional, involucra toda su persona en lo que realiza, se apasiona fácilmente y tiene una fuerza impresionante para vencer los obstáculos. Pero, para hacerlo bien, lo tendrá que hacer en su estilo femenino, de una manera integral, sin olvidar ni abandonar en ningún momento, su condición de ser esposa, madre y ama de casa.

Al exigir condiciones iguales al hombre, la mujer se vio enredada en unas "reglas del juego" imposibles de cumplir sin descuidar sus otros roles : horarios fijos de trabajo, jornadas extensas, competencia dentro de la empresa. Con estas condiciones, iguales a las del varón, incompatibles con sus roles de esposa y madre, la mujer se enfrentó al dilema contrario: "Trabajo sí, maternidad no."

En lugar de luchar por su derecho a darse, a entregarse a los demás, a enriquecer y ayudar al mundo, que es la inquietud del corazón de la mujer, el movimiento feminista distorsionó el mensaje y exigió para la mujer cosas totalmente contrarias al amor, cosas nacidas del egoísmo: el derecho a desarrollar-se, a superar-se, a enriquecer-se, a auto-realizar-se.

Con esto, la mujer perdió su identidad como mujer. El corazón de la mujer se deterioró cambiando el amor y el deseo de darse, por el egoísmo y el deseo de auto-realizarse.

Como consecuencia directa, la familia se empezó a deteriorar, por tener en su seno mujeres francamente deterioradas… mujeres que empezaron a ver a los hijos como "enemigos" u "obstáculos" de su auto-realización y que empezaron, por lo mismo, a tener menos hijos, más tiempo para sí mismas y por ende, más egoísmo, del cual ahora son víctimas los esposos, los hijos y la sociedad.

¿Qué podemos hacer para encontrar la verdadera realización?

El secreto está en regresar a lo propio de la mujer, que es la entrega de sí misma. Sólo entregándose totalmente, es como la mujer se puede sentir auténticamente realizada.

Hoy más que nunca, el mundo necesita de la mujer. La mujer no puede, ni debe, desperdiciar los dones que ha recibido, aún cuando haya decidido no trabajar para una empresa de manera formal.

Es injusto, no sólo para ella, sino para la sociedad completa, que una mujer que ha estudiado, que tiene una carrera profesional, que sabe varios idiomas, que tiene un corazón enorme para entregarlo a los demás, se quede con esos dones escondidos, guardados e inutilizados, llenando su tiempo libre en los gimnasios, los cafecitos, los centros comerciales y los salones de belleza.

La mujer plenamente realizada, no es aquélla que obtiene grandes éxitos profesionales a costa del descuido de su familia. Tampoco aquélla que se queda en casa de una manera egoísta, cómoda e insatisfecha. La mujer que se siente realizada, es la que ama y se siente amada, la que se entrega de manera plena, a su marido, a sus hijos y a la sociedad.

Así como comer, dormir, bañarse y cocinar, jugar tenis e ir a visitar a la amiga, son compatibles con la maternidad y la correcta educación de los hijos, también es compatible trabajar. Nunca debió de hacerse esa separación, pues el trabajo no es un derecho de la mujer, sino una responsabilidad natural para con el mundo entero.

El secreto está en hacerlo por amor y no por egoísmo, por compartir lo mucho que se ha recibido con el mundo y no por querer ocupar un lugar exitoso. Los hijos se darán perfecta cuenta de las intenciones de su mamá. Así como aborrecerán a una madre egoísta que los abandona sólo por buscar su propia satisfacción, la admirarán en cambio, si saben que los deja un rato por ir a hacer el bien en un mundo urgido de su sabiduría, ternura y cariño.

Fuente Catholic.net

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sábado, 18 de abril de 2020

¿Por qué no puede ser sacerdote una mujer?


¿POR QUÉ NO PUEDE SER SACERDOTE UNA MUJER?
Por: P. Miguel Ángel Fuentes

¿Qué dificultades ve la Iglesia en la ordenación sacerdotal de mujeres?

Pregunta:

¿Por qué la Iglesia Católica no acepta la ordenación sacerdotal de las mujeres? ¿No es esto una discriminación que ya han superado algunas confesiones como el Anglicanismo? La actitud de Cristo ¿No debe ser entendida, acaso, como propia de su tiempo y ya caducada?

Respuesta:

El problema de la admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial es uno de los problemas más candentes en los países con tradición anglicana y allí donde los autores del progresismo católico han tenido o tienen fuerza particular. Así, por ejemplo, E. Schillebeeckx O.P. dice: “...Las mujeres... no tienen autoridad, no tienen jurisdicción. Es una discriminación... La exclusión de las mujeres del ministerio es una cuestión puramente cultural que ahora no tiene sentido. ¿Por qué las mujeres no pueden presidir la eucaristía? ¿Por qué no pueden recibir la ordenación? No hay argumentos para oponerse al sacerdocio de las muje­res... En este sentido, estoy contento de la decisión [de la Iglesia anglicana] de conferir el sacer­docio también a las mujeres, y, en mi opinión, se trata de una gran apertura para el ecumenismo, más que de un obstáculo, porque muchos católicos van en la misma dirección” (1).

Por el contrario, el Magisterio católico ha mantenido de forma firme e invariable, la negativa sobre la posibilidad de la ordenación femenina, y esto en documentos de carácter definitivo (2).

¿Cuál es el motivo último por el que la mujer no puede acceder al sacerdocio ministerial?

1. A partir de la Tradición

El Magisterio apela a la Tradición, entendida no como “costumbre antigua” sino como garantía de la voluntad de Cristo sobre la constitución esencial de su Iglesia (y sacramentos). Esta Tradición se ve reflejada en tres cosas: la actitud de Cristo, la de sus discípulos y el Magisterio; veamos cada una de ellas señalando también las principales objeciones que suelen plantearse al respecto.

1) La actitud de Jesucristo. Históricamente Jesucristo no llamó a ninguna mujer a formar parte de los doce. En esto debe verse una voluntad explícita, pues podía hacerlo y manifestar con ello su voluntad. Jesucristo debía prever que al tomar la actitud que tomó, sus discípulos la interpretarían como que tal era su voluntad.

Objeción. La objeción más común es que Jesucristo obró de este modo para conformarse con los usos de su tiempo y de su ambiente (el judaísmo) en el que las mujeres no desempeñaban actividades sacerdotales.

Respuesta. Precisamente respecto de la mujer, Jesucristo no se atuvo a los usos del ambiente judío. Entre los judíos rígidos, las mujeres sufrían ciertamente una severa discriminación desde el momento de su nacimiento, que se extendía luego a la vida política y religiosa de la nación. “¡Ay de aquél cuya descendencia son hembras!”, dice el Talmud. Tristeza y fastidio causaba el nacimiento de una niña; y una vez crecida no tenía acceso al aprendizaje de la Ley. Dice la Mishná: “Que las palabras de la Torá (Ley) sean destruidas por el fuego antes que enseñársela a las mujeres... Quien enseña a su hija la Torá es como si le enseñase calamidades”. Las mujeres judías carecían frecuentemente de derechos, siendo consideradas como objetos en posesión de los varones. Un judío recitaba diariamente esta plegaria: “Bendito sea Dios que no me hizo pagano; bendito sea Dios que no me hizo mujer; bendito sea Dios que no me hizo esclavo”.

Por eso la actitud de Jesús respecto de la mujer contrasta fuertemente con la de los judíos contemporáneos, hasta un punto tal que sus apóstoles se llenaron de maravilla y estupor ante el trato que les brindaba (cf. Jn 4,27). Así:

–conversa públicamente con la samaritana (cf. Jn 4,27)

–no toma en cuenta la impureza legal de la hemorroísa (cf. Mt 9,20-22)

–deja que una pecadora se le acerque en casa de Simón el fariseo e incluso que lo toque para lavarle los pies (cf. Lc 7,37)

–perdona a la adultera, mostrando de este modo que no se puede ser más severo con el pecado de la mujer que con el del hombre (cf. Jn 8,11)

–toma distancia de la ley mosaica para afirmar la igualdad de derechos y deberes del hombre y la mujer respecto del vínculo matrimonial (cf. Mt 19,3-9; Mc 10,2-11).

–se hace acompañar y sostener en su ministerio itinerante por mujeres (cf. Lc 8,2-3)

–les encarga el primer mensaje pascual, incluso avisa a los Once su Resurrección por medio de ellas (cf. Mt 28,7-10 y paralelos).

Esta libertad de espíritu y esta toma de distancia son evidentes para mostrar que si Jesucristo quería la ordenación ministerial de las mujeres, los usos de su pueblo no representaban un obstáculo para Él.

2) Actitud de los Apóstoles. Los apóstoles siguieron la praxis de Jesús respecto del ministerio sacerdotal, llamando a él sólo a varones. Y esto a pesar de que María Santísima ocupaba un lugar central en la comunidad de los primeros discípulos (cf. Act 1,14). Cuando tienen que cubrir el lugar de Judas, eligen entre dos varones.

Objeción 1. Puede ponerse la misma objeción: también los apóstoles se atuvieron a las costumbres de su tiempo.

Respuesta. La objeción tiene menos valor que en el caso anterior, porque apenas los apóstoles y San Pablo salieron del mundo judío, se vieron obligados a romper con las prácticas mosaicas, como se ve en las discusiones paulinas con los judíos. Ahora bien, a menos que tuvieran en claro la voluntad de Cristo, el ambiente nuevo en que comenzaron a moverse los tendría que haber inducido al sacerdocio femenino, pues en el mundo helenístico muchos cultos paganos estaban confiados a sacerdotisas.

Su actitud tampoco puede deberse a desconfianza o menosprecio hacia la mujer, pues los Hechos Apostólicos demuestran con cuanta confianza San Pablo pide, acepta y agradece la colaboración de notables mujeres:

–Las saluda con gratitud y elogia su coraje y piedad (cf. Rom 16,3-12; Fil 4,3)

–Priscila completa la formación de Apolo (cf. Act 18,26)

–Febe está al servicio de la iglesia de Cencre (cf. Rom 16,1)

–Otras son mencionadas con admiración como Lidia, etc.

Pero San Pablo hace una distinción en el mismo lenguaje:

–cuando se refiere a hombres y mujeres indistintamente, los llama “mis colaboradores” (cf. Rom 16,3; Fil 4,2-3)

–cuando habla de Apolo, Timoteo y él mismo, habla de “cooperadores de Dios” (cf. 1 Cor 3,9; 1 Tes 3,2).

Objeción 2. Las disposiciones apostólicas y especialmente paulinas son claras, pero se trata de disposiciones que ya han caducado, como lo hecho otras, por ejemplo: la obligación para las mujeres de llevar el velo sobre la cabeza (cf. 1 Cor 11,2-6), de no hablar en la asamblea (cf. 1 Cor 14,34-35; 1 Tim 2,12), etc.

Respuesta. Como es evidente, el primer caso (el velo femenino) se trata de prácticas disciplinares de escasa importancia, mientras que la admisión al sacerdocio ministerial no puede ponerse en la misma categoría. En el segundo ejemplo, no se trata de “hablar” de cualquier modo, porque el mismo San Pablo reconoce a la mujer el don de profetizar en la asamblea (cf. 1 Cor 11,5); la prohibición respecta a la “función oficial de enseñar en la asamblea cristiana”, lo cual no ha cambiado, porque en cuanto tal, sólo toca al Obispo.

3) Actitud de los Padres, la Liturgia y del Magisterio. Cuando algunas sectas gnósticas heréticas de los primeros siglos quisieron confiar el ministerio sacerdotal a las mujeres, los Santos Padres juzgaron tal actitud inaceptable en la Iglesia. Especialmente en los documentos canónicos de la tradición antioquena y egipcia, esta actitud viene señalada como una obligación de permanecer fiel al ministerio ordenado por Cristo y escrupulosamente conservado por los apóstoles (3).

2. A la luz de la teología sacramental

La argumentación central es la anteriormente reseñada; podemos, sin embargo, acceder a otra vía argumentativa que pone más en evidencia que, la tradición que se remonta a Cristo no es una mera disposición disciplinar sino que tiene una base ontológica, es decir, se apoya en la misma estructura de la Iglesia y del sacramento del Orden. Los dos argumentos que damos a continuación apelan al simbolismo sacramental.

1) El sacerdocio ministerial es signo sacramental de Cristo Sacerdote. El sacerdote ministerial, especialmente en su acto central que es el Sacrificio Eucarístico, es signo de Cristo Sacerdote y Víctima. Ahora bien, la mujer no es signo adecuado de Cristo Sacerdote y Víctima, por eso no puede ser sacerdote ministerial.

En efecto, los signos sacramentales no son puramente convencionales. La economía sacramental está fundada sobre signos naturales que representan o significan por una natural semejanza: así el pan y el vino para la Eucaristía son signos adecuados por representar el alimento fundamental de los hombres, el agua para el bautismo por ser el medio natural de limpiar y lavar, etc. Esto vale no sólo para las cosas sino también para las personas. Por tanto, si en la Eucaristía es necesario expresar sacramentalmente el rol de Cristo, sólo puede darse una “semejanza natural” entre Cristo y su ministro si tal rol es desempeñado por un varón (4).

De hecho, la Encarnación del Verbo ha tenido lugar una Persona de sexo masculino. Es una cuestión de hecho que tiene relación con toda la teología de la creación en el Génesis (la relación entre Adán y Eva; Cristo como nuevo Adán, etc.) y que, si alguien no está de acuerdo con ella o con su interpretación, de todos modos se enfrenta con el hecho innegable de la masculinidad del Verbo encarnado. Si se quiere, por tanto, tendrá que discutirse el por qué Dios se encarna en un varón y no en una mujer; pero partiendo del hecho de que así fue, no puede discutirse que sólo un varón representa adecuadamente a Cristo-varón.

Objeción 1. La objeción de los anglicanos proclives a la ordenación femenina es que, según ellos, lo fundamental de la encarnación no es que Cristo se haya hecho varón sino que se haya hecho “hombre”. Por tanto, no es tanto el varón quien representa adecuadamente a Cristo sino el “ser humano” en cuanto tal.

Respuesta. El problema de la objeción consiste en un insuficiente concepto de lo que se denomina, en la teología sacramental, “representación adecuada”. Los signos sacramentales tienen que guardar una representación adecuada, es decir, lo más específica posible. Desde este punto de vista, el “ser humano” (varón-mujer) es una representación adecuada de Cristo pero en su sacerdocio común (el sacerdocio común de los fieles), no de Cristo en su Sacerdocio ministerial de la Nueva Alianza. El “ser humano” representa adecuadamente al Verbo hecho carne, pero representa sólo genérica y borrosamente a Cristo sacerdote. De hecho, el carácter sacerdotal (ministerial) es una subespecificación del carácter general cristiano que viene dado a todo hombre (varón y mujer) por el bautismo.

Objeción 2. Cristo está ahora en la condición celestial, por lo cual es indiferente que sea representado por un varón o por una mujer, ya que “en la resurrección no se toma ni mujer ni marido” (Mt 22,30).

Respuesta. Este texto (Mt 22,30) no significa que la glorificación de los cuerpos suprima la distinción sexual, porque ésta forma parte de la identidad propia de la persona. La distinción de los sexos y por tanto, la sexualidad propia de cada uno, es voluntad primordial de Dios: “varón y mujer los creó” (Gn 1,27).

2) El simbolismo nupcial. Cristo es presentado en la Sagrada Escritura como el Esposo de la Iglesia. De hecho en Él se plenifican todas las imágenes nupciales del Antiguo Testamento que se refieren a Dios como Esposo de su Pueblo Israel (cf. Os 1-3; Jer 2, etc.). Esta caracterización es constante en el Nuevo Testamento:

–en San Pablo: 2 Cor 11,2; Ef 5,22-33

–en San Juan: Jn 3,29; Ap 19,7.9

–en los Sinópticos: Mc 2,19; Mt 22,1-14

Ahora bien, esto resalta la función masculina de Cristo respecto de la función femenina de la Iglesia en general. Por tanto, para que en el simbolismo sacramental, el sujeto que hace de materia del sacramento del Orden (que representa a Cristo), y luego el sujeto que hace de ministro de la Eucaristía (que obra “in persona Christi”) sea un signo adecuado, tiene que ser un varón.

Objeción. El sacerdote también representa a la Iglesia, la cual tiene un rol pasivo respecto de Cristo. Ahora bien, la mujer puede representar adecuadamente a la Iglesia; entonces también puede ser sacerdote.

Respuesta. Es verdad que el sacerdote también representa a la Iglesia y que esto podría ser desenvuelto por una mujer. Pero el problema es que no sólo representa a la Iglesia sino también a Cristo y que esto, por todo cuanto hemos dicho, no puede representarlo una mujer. Por tanto, el varón puede representar ambos aspectos, pero la mujer sólo uno, el cual no es el propiamente sacerdotal.

3. Conclusión

Los errores principales giran en torno a dos problemas. El primero es no concebir adecuadamente el sacerdocio sacramental, confundiéndolo con el sacerdocio común de los fieles. El segundo, es dejarse llevar por los prejuicios que ven en el sacerdocio ministerial una discriminación de la mujer y paralelamente un enaltecimiento del varón en detrimento de la mujer; es una falta de óptica: en la Iglesia católica, el sacerdocio ministerial es un servicio al Pueblo de Dios y no una cuestión aristocrática; es más, esto último es precisamente, un abuso del sacerdocio ministerial semejante al que contaminó el fariseísmo y saduceísmo de los tiempos evangélicos. Finalmente, los más grandes en el Reino de los Cielos no son los ministros sino los santos; y –excluida la humanidad de Cristo– la más alta de las creaturas en honor y santidad, la Virgen María, no fue revestida por Dios de ningún carácter sacerdotal.

[1] E. Schillebeeckx O.P., Soy un teólogo feliz. Entrevista con F. Strazzati, Sociedad de Educación Atenas, Madrid 1994, pp. 117-118.

[2] Dos documentos han tocado explícitamente el tema: Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Inter insigniores, La cuestión de la admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial, 15 de octubre de 1976. Enchiridion Vaticanum, Volumen 5 (1974-1976), nnº 2110-2147; Carta Apostólica de Juan Pablo II, , 22 de mayo de 1994. A lo que hay que añadir: Card. Ratzinger Ordinatio Sacerdotalis, “Respuesta a la duda sobre la doctrina de la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis”, del 28 octubre de 1995.

[3] Cf. Inter insigniores, nº 2115.

[4] Inter insigniores, nº 2134.

Fuente Teólogoresponde.org

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