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lunes, 14 de junio de 2021

Teófilo: El sacerdote que hizo un pacto con el diablo y luego se arrepintió con la ayuda de la Virgen.



Esta historia sucedió en Sicilia, Italia, y dio origen a la famosa leyenda que inspiró el auto sacramental El milagro de Teófilo, uno de los más célebres de la literatura medieval.

Fue escrito por el sacerdote Eutiques de Constantinopla, testigo ocular del hecho, confirmado por san Pedro Damián, san Bernardo, san Buenaventura y san Antonio, entre otros.

¿Y cuál fue el caso de Teófilo?


Vicario de la iglesia de Adanas, en Sicilia, dirigió durante mucho tiempo, con dedicación y acierto, los bienes eclesiásticos, facilitando a su obispo la dirección de las almas. Llegó el día, sin embargo, en que el prelado entregó el alma al Creador, para gran desconsuelo y tristeza de los fieles.

¿Quién ocuparía la sede vacante? No hay duda: Teófilo, se decía por todas partes. El pueblo lo estimaba y lo quería para obispo, dignidad que él, por humildad, rechazó, respondiendo que su vocación era continuar ejerciendo las funciones de vicario. Por fin, otro obispo ocupó la sede vacante.


El nuevo prelado no confiaba en Teófilo y, algún tiempo después, lo quitó de su cargo. La desolación invadió entonces el alma del eclesiástico. Mientras vagaba por la ciudad, el demonio le susurraba: «Perder el cargo, la carrera. ¿Cómo fueron a hacerte eso a ti, Teófilo? Eso no puede quedar así».

Fue en ese estado que el infeliz sacerdote llamo a la puerta de un hechicero. Este, además, no le dio una solución fácil: "Sólo hay una salida: invocar la ayuda de los infiernos"

Teófilo dudó un instante. Pero el resentimiento le corroía el corazón y terminó aceptando la propuesta. Invocado por el hechicero, el diablo apareció con toda su hediondez.

Con gritos, blasfemias y palabrotas, fue dictando a Teófilo los términos de los actos a escribir en pergamino con la sangre del ex vicario y sellados con su anillo.

Él tenía que renunciar a la fe, a la Iglesia, a la santísima Virgen y a nuestro Señor Jesucristo. Arrodillándose, el ex vicario rindió lealtad al demonio.

Al día siguiente, el nuevo obispo reconoció la falsedad de las acusaciones contra Teófilo y le pidió perdón, restituyéndole el cargo que ocupaba.

La fortuna y el placer le sonreían, pero un profundo malestar lo atormentaba en su interior. Lloraba sin cesar, con la consciencia desgarrada por el arrepentimiento por el enorme pecado que había cometido.

Era como si una mano lo tomara por el corazón. Además, sólo de pensar que su felicidad terminaría un día, se volvía sumamente infeliz. Se llenaba de terror, por encima de todo, de saber de quién era siervo.

Al no poder soportar más la situación, entró un día en la iglesia y, lanzándose a los pies de una imagen de la santísima Virgen, lloró amargamente y le dijo:
«Oh, Madre de Dios, no quiero desesperarme. Aún me quedas tú, tú que eres tan compasiva y poderosa para ayudarme«.

Hizo lo mismo durante cuarenta días, renovando siempre sus súplicas y pidiendo perdón. Una noche, se le apareció la Madre de Misericordia y le dijo:
«¿Qué hiciste, Teófilo? Renunciaste a mi amistad y a la de mi Hijo y te entregaste a aquél que es enemigo tuyo y mío».

Teófilo, sin dejar de llorar, imploró misericordia de la Madre de Dios. Recordando el ejemplo de otros pecadores, como el profeta y rey David, santa María Magdalena y san Pedro, terminó diciendo:
«Señora, perdóname y obtén para mí el perdón de tu Hijo«.

Ella respondió que le perdonaría haberla negado, pero no podría perdonar la negación de su Hijo:
«Consuélate, que rogaré a Dios por ti«.

Tras oír estas palabras, reanimado, se intensificaron sus lágrimas, las oraciones y las penitencias, quedándose siempre a los pies de la imagen de María. Se le reapareció la Madre de Dios que, amablemente, le dijo:
«Teófilo, llénate de consuelo. Le presenté a Dios tus lágrimas y oraciones. De hoy en adelante, guárdale gratitud y fidelidad».

El triste Teófilo respondió:
"Señora mía, aún no estoy plenamente consolado. Aún conserva el demonio el impío documento en el que renuncié a ti y a tu Hijo. ¿Puedes hacer que lo regrese?".

Compadecida, ella misma se ofreció a ir a buscar el pergamino al infierno. Durante tres días Teófilo esperó postrado en tierra, al cabo de los cuales reapareció la Virgen con el pacto maldito, que entregó a Teófilo como símbolo de su perdón.

Al día siguiente, Teófilo fue a la iglesia, y arrodillándose a los pies del obispo, que en ese momento oficiaba, le contó entre sollozos todo lo que había sucedido.

Le entregó el impío documento, que el obispo hizo quemar inmediatamente frente a los fieles presentes, mientras lloraban todos de alegría, exaltando la bondad de Dios y la misericordia de María hacia aquel pobre pecador.

Teófilo volvió a la iglesia de Nuestra Señora y, después de tres días, murió contento, lleno de gratitud con Jesús y su Madre Santísima.

Una escultura medieval representa el hecho en la catedral de Notre-Dame: en ella se puede ver el auge de bondad de María.

Mientras el vicario arrepentido ora fervorosamente, la santísima Virgen obliga, espada en mano, al demonio a devolverle el pergamino.

Tres fisionomías marcan la escena: confianza y calma en Teófilo; protección maternal y fuerza en Nuestra Señora; cinismo y desesperación en el demonio.

Revista Catolicismo, nº 320, septiembre de 1977.

sábado, 29 de mayo de 2021

“He visto escenas terribles", confiesa un sacerdote exorcista.



Ramón Carrizo es el veterano exorcista oficial de la arquidiócesis argentina de Rosario, con 37 años de experiencia en el ministerio de sanación y liberación. No le importa hablar de su experiencia con los exorcismos. “Por supuesto que existe el demonio, yo me he enfrentado con él cara a cara. Pero jamás tuve miedo”, explicó en una entrevista a María Laura Favarel, del periódico argentino La Capital.

Durante muchos años ha sido el párroco de Nuestra Señora de Fátima, en la localidad de Villa Constitución. Allí conoció la Renovación Carismática Católica hace ya décadas. "El Señor me enganchó por la alabanza, en un grupito muy pequeño en mi parroquia". '¿Quiénes son estos que cantan?', se dijo.

Más adelante empezó a involucrarse en el ministerio de liberación. Muchas personas acudían a él sabiendo que se dedicaba a este ministerio.

A sus 73 años, y recuperándose de meses de convalecencia por el coronavirus, insiste en la entrevista en que a través de la oración “el poder de Dios obra verdaderos prodigios, sanaciones y liberaciones".

"He visto escenas terribles"

“He visto escenas terribles. No es exagerado lo que muestran las películas. Por más que muchos quieran negarlo o ignorarlo, el demonio existe. Lo dice la Palabra de Dios y yo les aseguro que sí, y que está empeñado en hacernos mucho mal. En cambio, Dios nos quiere felices”.

Las posesiones propiamente dichas son escasas, advierte. En esos casos el exorcista designado por el obispo puede intervenir, dice él, con “toda la artillería”: crucifijo, rosario, agua bendita y el ritual completo de exorcismo.

Pero en la mayoría de los casos basta con la oración de liberación, sin el ritual de exorcismo. Perdonar a los enemigos, abandonar rencores y venganzas, entregarse al amor de Dios... todo eso tiene un poder sanador y liberador, recuerda.

“Muchas curaciones psicológicas, emocionales y hasta físicas se dan después de que la persona se libera espiritualmente de los rencores o de heridas del pasado. En esos casos hago una liberación a través de la oración, pero solo 'funciona' si la persona está predispuesta a cambiar, y si quiere recibir a Dios. Recién entonces se produce la liberación o la transformación, y la gente recupera la paz. En más de un caso he visto cómo se sana, incluso físicamente”.

Dice ser testigo de curaciones de cánceres y de haber visto personas que volvían a caminar tras recibir una oración de liberación.

Los exorcismos a veces incluyen escenas muy agresivas. “En un exorcismo te encontrás, a veces, no siempre, con personas totalmente enajenadas. Ante la presencia de lo sagrado, el demonio se pone furioso y, en general, la persona poseída empieza a gritar, con una voz que no es propia, chilla, se estremece y hasta larga espuma por la boca. Muchas veces intenta golpearme, pero nunca lo consiguió. Lo que sí me pasa casi siempre es que me insulta muchísimo, me desprecia, pero no tengo miedo”, explica el sacerdote.

Carrizo, como muchos otros exorcistas, intenta realizar su ministerio acompañado de otras personas que le ayudan con oración. Pero “no todos soportan esas situaciones, son muy feas y la gente se impresiona, se estremece cuando ve la escena”.

Carrizo en esos casos no pierde la calma y recita el ritual en nombre de la Iglesia, “no en nombre propio”.

"Se desplazaba como una víbora"

“Recuerdo el caso de una chica de 16 años, que gruñía con una voz tan gruesa que no podía ser humana, gritaba como un chancho [un cerdo]. Estaba en el suelo de espalda y se movía, se desplazaba como una víbora, estaba inconsciente. Al hacerle una oración de liberación, el Señor obró y quedó totalmente bien. Fue una transformación total”, rememoró el sacerdote.

“Hay gente con afecciones interiores, psicológicas o físicas cuya causa se debe a intervenciones del demonio. He presenciado cómo enfermos de cáncer o con parálisis graves recuperan la salud después de una oración de liberación. Es porque estaban atados a algo maligno”, añade el sacerdote.

“Esto no significa que no hay que ir al médico o al psicólogo", puntualiza.

"El tema es cuando hay quienes deambulan por diversos profesionales, durante muchos años, y no consiguen curarse de ninguna manera. Esos son los casos en los que tal vez se necesita una sanación interior o una liberación”, propone.

La liberación que transforma

La liberación transforma a las personas, constata. “Es como si se derribara un muro e irrumpe de pronto toda la vida y la luz de Dios. Se descubre un camino de felicidad sobrenatural en medio de las situaciones difíciles de la vida”, explicó.

¿Cómo atrapa el demonio a las personas?

 “Involucrarse en prácticas esotéricas, consultar a brujos o videntes no es gratis, contamina a las personas porque esas cosas son “puertas” por las que entra la influencia del demonio. También hay quienes hacen pactos con el diablo para conseguir algo y luego empiezan a sufrir dolencias físicas o psíquicas sin causa aparente”, enumera Carrizo.

El demonio utiliza el engaño y el miedo

“El demonio trabaja con el engaño y el miedo. Hay quienes tienen pánico de cortar con aquello que los tiene atrapados, y por eso hay gente que no puede vivir sin un amuleto o una superstición, amistades tóxicas o ambientes que dañan; hay que cortar del todo para conseguir liberarse”. Quien quiere liberarse de la opresión del demonio necesita "el rechazo a lo que se está haciendo mal y el deseo de recibir la ayuda de Dios. Esa es la forma de recuperar la paz. Si una persona no está dispuesta a hacer este cambio, ningún exorcismo tendrá efecto”, opina.

Cambiar de vida es cambiar por dentro y por fuera. “Es necesario elegir el camino de los 10 mandamientos, eliminar el pecado, el rencor, cortar con lo negativo y disponerse hacia lo positivo; buscar la fortaleza de Dios que está en la gracia, que llega a través de los sacramentos, por eso la confesión es algo realmente liberador y sanador, y por supuesto la Eucaristía tiene un valor que no llegamos a darnos cuenta, no alcanzamos valorar su infinito potencial”, detalló.

Carrizo no vive en ningún entorno oscuro ni siniestro, sino que es un párroco cercano y social, como tantos otros; en este vídeo se recoge la animada fiesta parroquial por sus 40 años de ministerio

Perdonar es muy sanador; el rencor daña y esclaviza

“Me suelo encontrar con gente que sufre algún mal, que no detecta la causa de su dolencia, o que no tiene paz y, cuando se va al fondo de la cuestión, la causa es que no ha podido perdonar y hay mucho rencor. Esas personas se liberan cuando logran perdonar desde Cristo con su mismo amor. Es un camino a veces largo, que se hace con acompañamiento y oración, y soy testigo de curaciones físicas que se dieron cuando las personas perdonaron. Si alguien se abre con fe al poder y al amor de Dios, Él le regala una fuerza y una alegría que va más allá de todo".

Cuenta un caso, "un hombre que padecía de una úlcera sangrante, de muchos años, crónica, y por más tratamientos que hacía no se curaba. Al hacerle oración imponiendo las manos como nos enseñó Jesús, salió que guardaba un terrible odio a una persona que lo había hecho despedir del trabajo. Él lo reconoció con humildad, se arrepintió y perdonó de corazón. A partir de allí ocurrió la sanación, se cerró la úlcera. Aquí se conjugan por un lado el poder de Dios que obra maravillas sanando, restaurando, y la disposición del enfermo”, sumó el sacerdote.

El aborto es demoníaco: requiere sanación y perdón

Entre las cosas que dañan a muchas personas está el aborto. “El aborto es algo demoníaco, al igual que todo lo relacionado con la cultura de la muerte. Es lo que logra el diablo. En cambio nuestro Dios es un Dios de vida, de luz, de paz, de felicidad. Y es muy duro ver tantas mujeres que sufren mucho después de un aborto. A ellas también las tiene que atender el sacerdote y ayudarlas a sanar las secuelas que deja el aborto, de las que no se quiere hablar porque ahora se promociona el aborto. En estos casos también es fundamental que puedan perdonarse, y perdonar a quienes las indujeron a llegar a esa instancia", propone.

La Virgen María puede ser de gran ayuda en muchas circunstancias. “El rol de la Virgen María es importantísimo en la lucha contra Satanás. Ella es quien, trayendo a Jesucristo, nuestro divino Salvador, le aplastó la cabeza, y lo sigue haciendo; por eso la detesta y todo lo que tenga que ver con ella, como por ejemplo el Santo Rosario. Siempre es conveniente llevar estampas de la Virgen porque contra la Virgen María el demonio no puede hacer nada”, añade el veterano exorcista.

El infierno es el lugar donde no está Dios

Preguntado por el infierno, explica que "es un lugar donde no está Dios. Aquí quiero aclarar que cada uno elige si quiere o no estar con Dios. Los que no lo desean van al infierno porque así lo han decidido. Dios no es un vengador, Él nos da a elegir y cada uno hace su opción. Hay mucha confusión e ideas erradas de Dios, pero eso también es fruto de la ignorancia del plano de la fe y de la acción del demonio”.

miércoles, 19 de mayo de 2021

El demonio odia al papa Francisco: “yo a ese, lo mataré”, dijo en un exorcismo al padre Mattatelli



El P. Antonio Mattatelli es sacerdote exorcista de la diócesis de Tricarico, y realiza exorcismos desde hace más de 11 años; está autorizado por el Obispo y tiene una ampllia experiencia en casos de que el maligno ha actuado a través de acciones extraordinarias en las almas desgraciadamente víctimas de su influencia. Ha sido entrevistado varias veces por Cristiani Today y firma una columna mensual en Radio María. Le hicimos algunas preguntas sobre los exorcismos que practica.

El diablo y los tiempos en los que vivimos

El P. Antonio está convencido de que la experiencia de un exorcismo cambia a cualquiera y afecta profundamente el alma de quienes lo presencian. De hecho, según él, todos los laicos pero también los sacerdotes (y por qué no, también los seminaristas) deberían asistir al menos una vez en su vida a un exorcismo real. “Es una experiencia mística en la que las verdades de nuestra fe cristiana y la realidad de la comunión de los santos se perciben física y sensorialmente, durante el exorcismo”, dice Don Antonio.

El diablo es un mentiroso desde el principio, es muy hábil para mostrar el bien como mal y el mal como bien y esto sucede en nuestra era moderna.

El diablo, sin embargo, gracias al Poder de Dios, a veces se ve obligado a decir la verdad.

Y esto es lo que dice: este mundo está en sus manos, mueve las filas de todos los que tienen poder en la tierra, dando dinero, placer, poder sensual.

Muchas veces dice que está causando tanta confusión en la Iglesia, menciona que en los últimos tiempos molesta y quiere destruir a la Iglesia mediante la persecución y la confusión.

De hecho en Occidente, muchos dicen que son católicos pero luego no tienen ideas católicas y en países no occidentales vemos en cambio que los cristianos son martirizados.

“Una vez el diablo también habló de los teólogos y refiriéndose a ellos dijo que la mayoría de ellos están en sus manos”, dice el P. Antonio. De hecho, hay escritos que reducen la Biblia solo a una lectura historicista y no a una lectura sagrada y espiritual.

El demonio y el Papa Francisco

“Durante un exorcismo, el demonio hablando del Papa actual dijo “Yo a éste, lo mataré” e inmediatamente después habló de un cisma que deberá producirse en la Iglesia.

Lo que dice el diablo sobre Nuestra Señora y el rezo del Rosario

“Durante un exorcismo que he practicado el 14 de agosto, el demonio hablando de San Maximiliano Kolbe dijo que cuando ‘aquella ahí’, es decir Nuestra Señora, inaugurará su reino o cuando tenga lugar el Triunfo del Inmaculado Corazón de María, en en ese período la masonería no tendrá más poder”, dijo Don Antonio a Cristiani Today.

La Virgen también está presente durante los exorcismos, y una vez el P. Antonio le preguntó al diablo por qué le tenía miedo a la Virgen y él respondió que “porque ella está llena de luz y no puedo soportar la luz que emana esa mujer”. Después para no hablar del rezo del rosario, éste es llamado por el maligno de “herramienta” y a través de él, “esa ahí”, siempre refiriéndose a Nuestra Señora “destruye todos mis planes pero sobre todo cuando se reza con esa ‘herramienta’ cielo y tierra son una sola cosa”, ha dicho el maligno en varios exorcismos.

jueves, 15 de abril de 2021

El Papa te lo advierte: el demonio trata de impedir que reces.



Durante la audiencia general de este miércoles 14 de abril, el Papa Francisco destacó que la tarea esencial de la Iglesia es “rezar y educar a rezar” y advirtió que cuando el demonio “quiere combatir la Iglesia, lo hace primero tratando de secar sus fuentes, impidiéndoles rezar”.

“La tarea esencial de la Iglesia: rezar y educar a rezar. Transmitir de generación en generación la lámpara de la fe con el aceite de la oración. Lámpara de la fe que ilumina… pero que solo puede ir hacia adelante con el aceite de la fe, por el contrario, se apaga. Sin la luz de esta lámpara, no podremos ver el camino para evangelizar; no podremos ver el camino para creer bien; no podremos ver los rostros de los hermanos a los que acercarse y servir; no podremos iluminar la habitación donde encontrarnos en comunidad... Sin la fe, todo cae; y sin la oración, la fe se apaga. Fe y oración juntos, no hay otro camino. Por esto la Iglesia, que es casa y escuela de comunión, es casa y escuela de fe y de oración”, explicó el Papa.

En su catequesis dedicada al tema de “la Iglesia maestra de oración” el Santo Padre reconoció que “el hábito de la fe no es inmediato, se desarrolla con nosotros, no es rígido, crece, también a través de momentos de crisis y resurrecciones” y añadió que “de hecho, no se puede crecer sin momentos de crisis, porque la crisis te hace crecer. Es un modo necesario para crecer, entrar en crisis”.

El Papa alentó a recordar las oraciones aprendidas durante la infancia en familia y, posteriormente, los encuentros con otros testigos y maestros de oración.

Luego, el Santo Padre señaló que “la respiración de la fe es la oración: crecemos en la fe tanto como aprendemos a orar'' y agregó que “después de ciertos pasajes de la vida, nos damos cuenta de que sin la fe no hubiéramos podido lograrlo y que la oración ha sido nuestra fuerza. No solo la oración personal, sino también la de los hermanos y de las hermanas, y de la comunidad que nos ha acompañado y sostenido, de la gente que nos conoce y de la gente a la que le pedimos rezar por nosotros”.

En esta línea, el Pontífice subrayó que en la Iglesia “florecen continuamente comunidades y grupos dedicados a la oración” y recordó a las personas que sienten “la llamada a hacer de la oración la acción principal de sus jornadas”.

“En la Iglesia hay monasterios, conventos, ermitas, donde viven personas consagradas a Dios y que a menudo se convierten en centros de irradiación espiritual. Son centros de comunidad de oración que irradian espiritualidad. Son pequeños oasis en los que se comparte una oración intensa y se construye día a día la comunión fraterna. Son células vitales, no solo para el tejido eclesial sino para la sociedad misma... Rezar y trabajar en comunidad lleva adelante el mundo, es un motor”, afirmó.

En este sentido, el Papa explicó que “todo en la Iglesia nace en la oración, y todo crece gracias a la oración” y alertó que cuando el Enemigo, el Maligno, quiere combatir la Iglesia, lo hace primero tratando de secar sus fuentes, impidiéndoles rezar”.

“Por ejemplo, lo vemos, en ciertos grupos que se ponen de acuerdo para llevar hacia adelante cambios en la vida de la Iglesia, todo es organización, los medios que informan, pero la oración no se ve, no se reza: ‘debemos cambiar esto, debemos tomar esta decisión que es un poco fuerte’. Es interesante la propuesta, es interesante, solo con discusiones, solo con los medios, pero ¿dónde está la oración?”, advirtió el Papa.

De este modo, el Santo Padre resaltó que “la oración es la que abre la puerta al Espíritu Santo quien es quien lleva hacia adelante. Los cambios en la Iglesia sin oración no son cambios de Iglesia, son cambios de grupo” y añadió que “si cesa la oración, por un momento parece que todo pueda ir adelante como siempre, por inercia, pero poco después la Iglesia se da cuenta de haberse convertido en un envoltorio vacío, de haber perdido el eje de apoyo, de no poseer más la fuente del calor y del amor”.
Fuerza de los santos

Por otro lado, el Papa destacó que la fuerza de los santos es la oración quienes “sacan siempre del ‘pozo’ inagotable de la madre Iglesia. Con la oración alimentan la llama de su fe, como se hacía con el aceite de las lámparas. Y así van adelante caminando en la fe y en la esperanza”.

“Los santos, que a menudo a los ojos del mundo cuentan poco, en realidad son los que lo sostienen, no con las armas del dinero, del poder, de los medios de comunicación, sino con las armas de la oración”, dijo el Papa.

En esta línea, el Santo Padre reconoció que “las mujeres y los hombres santos no tienen una vida más fácil que los otros, es más, ellos también tienen sus problemas que afrontar y, además, a menudo son objeto de oposiciones”.

Finalmente, el Papa indicó la importancia de rezar con perseverancia, sin cansarse, pues “la lámpara de la fe estará siempre encendida sobre la tierra mientras esté el aceite de la oración. La lámpara de la verdadera fe de la Iglesia estará siempre encendida sobre la tierra mientras esté el aceite de la oración. Es lo que lleva hacia adelante la fe, lo que lleva hacia adelante nuestra pobre vida, débil, pecadora”.

Por ello, el Santo Padre invitó a preguntarnos: “¿rezo? ¿rezamos? ¿cómo rezo? ¿rezo como los loros o rezo con el corazón? ¿cómo rezo? ¿rezo seguro que estoy en la Iglesia y rezo con la Iglesia o rezo según mis ideas y hago que mis ideas sean ‘oración’? Esa es una oración pagana, no cristiana”.

miércoles, 12 de agosto de 2020

"El demonio es protestante" asegura un pastor evangélico convertido al catolicismo

 

«EL DEMONIO ES PROTESTANTE» ASEGURA UN PASTOR EVANGÉLICO CONVERTIDO AL CATOLICISMO

Por: Luis Miguel Boullón

“El Demonio es protestante”, fue la primera frase que pronuncié, tras mi conversión, a quienes me escucharon por más de doce años como su pastor. El escándalo fue mayúsculo. Algunos ya habían notado que mis vacaciones fueron demasiado precipitadas y quizá hasta exageradamente prolongadas. Fueron unas vacaciones raras incluso para mi familia, que me veía reticente a las prácticas habituales en casa, como la lectura y explicación de la Biblia. Ya habíamos tenido demasiadas rencillas a causa de mis nuevos pensamientos.

“Al principio fue el Verbo”

Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en esta Revista que ahora aprecio tanto, como es la que me honra publicando este trabajo. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer.

No me dejaba muchos ‘flancos’ descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenia sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos.

En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como “leyendas negras”, porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente.

Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al “adversario” diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda.

El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino.

Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un “cura nuevo”, con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí.

Primera confesión de mala fe

Yo aprovechaba – Dios me perdone – de sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importaba tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina.

Otra cosa que solía hacer – me avergüenzo al recordarla – era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones.

En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer ‘dinámicas de vida’, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada.

Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar.

Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan “cálido” en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó.

A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían ‘castigado’ relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante.

Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa.

El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga.

En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi… porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura.

En un aprieto que me puso, le dije: “Padre M… comencemos desde el principio” Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: “De acuerdo: al principio era el Verbo y…”

Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia!

“Pastor Boullón”, me dijo luego, “No avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen… y por eso también fue el primer Evangélico”.

Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó:

– Si… fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!

– Pero Cristo les respondió con la Biblia…

– Entonces usted me da la razón, Pastor… los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien… y le tapó la boca.

Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, II-12): “Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra”

Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: Pero también está escrito “No tentarás al Señor tu Dios”. Y el demonio se alejó confundido.

Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto!

Creo que fue la plática más saludable de mi vida.

La táctica del demonio

Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan ‘evangélicos’ como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban.

Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado.

Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí – creo – brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia. Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí hechos XVI, 31: ¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús – respondió Pablo – y te salvarás tú y toda tu casa.

Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio.

Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo:

– “¿Continuará la lectura de San Pablo?”

– “Ya terminé, Padre M.”

– “¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a 1ª Corintios, XIII, 32.

– Leí en voz alta: “Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy”

– Entonces la fe…

– La fe… la fe… la fe es lo que salva

– ¡Vaya novedad! Me dice riendo. ¡No se bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse.

– ¿Salvarse?

– Si.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva…

– …

– No se quede en silencio, Pastor… siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque “como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta” (c.II) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice “Si quieres salvarte, guarda los mandamientos” Ahí tiene usted la respuesta completa.

Me acompañó hasta la puerta y me dijo: Le dejo con dos recomendaciones. La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica – sólo una me basta – en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia.

Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil.

“Sólo la Biblia”

Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. “Si es sólo la Biblia”, me dije, “entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba”.

Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición.

Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de esta revista y de mucha literatura escrita con fines apologéticos.

El pago del mundo

Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un “Pastor” protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas “no estrictamente ecuménicas”.

Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban.

Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio – pensaba – me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones.

Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso.

Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me sentí y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención.

Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto… para ella.

Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón.

Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía.

Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento.

Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia.

Mi querido amigo se despide

No he querido exponer aquí todas las cosas que charlamos con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y el me acogía con amable paternalidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón!

El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos.

Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades… o quedar como un tonto o verificar por mi mismo esa estupidez. Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba – si tenía sentido – desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad.

Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía – jamás dio muestras de sufrir – y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo.

Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia.

Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza.

Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba.

Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. “Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades”, sentenció.

Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. “¡El Demonio es protestante!” les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones.

Mas tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M. quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos. El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma… y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe

Roma… mi dulce hogar

Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas. Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión.

Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado.

A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino mas bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron.

Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada.

Bien se por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto – por superficiales y emocionales – de las verdaderas conversiones, esas que producen santos. La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas. La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas!

Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre Sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo.

Fuente, Cristiandad.org

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martes, 16 de junio de 2020

¿Qué son los sacramentales? ¿Cuántos hay y de qué tipo? ¿Nos protegen del demonio?


¿QUÉ SON LOS SACRAMENTALES? ¿CUÁNTOS HAY Y DE QUÉ TIPO? ¿NOS PROTEGEN DEL DEMONIO?

Los sacramentales recogen una gran variedad de bendiciones y han permanecido como una parte de la vida de la Iglesia a lo largo de los siglos

El Concilio Vaticano II sobre la Sagrada Escritura nos dice en su artículo 60:

“La santa madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados creados según el modelo de los sacramentos, por medio de los cuales se expresan efectos, sobre todo de carácter espiritual, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida.”

Es importante entender que los sacramentales NO son lo mismo que los sacramentos. Los primeros fueron creados e instituidos por nuestra Santa Madre Iglesia y operan por medio de su intercesión (i.e. son signos de la oración de la Iglesia) para disponernos a recibir el efecto de los sacramentos tal a como nos dice el Concilio.

Y más importante aún es saber que los sacramentos son necesarios para alcanzar la salvación, a diferencia de los sacramentales.

¿Qué son los Sacramentales?

De manera más sencilla, los sacramentales son los ritos de bendición y consagración que se encuentran en el Ritual y en el Pontifical Romano.

A pesar de que tienen raíces bíblicas, muchos se sorprenden al saber que el número de sacramentales ha cambiado a lo largo de los siglos.

La Iglesia, en su sabiduría, puede cambiar, modificar, añadir o sustraer sacramentales de acuerdo a las circunstancias culturales.


¿Cuántos Sacramentales existen?
Así que, ¿Cuántos sacramentales existen? ¿Hay alguna lista donde podamos ir y consultar los sacramentales disponibles? Antes de discutir cualquier lista de sacramentales, debemos conocer brevemente la historia detrás de la compilación de sacramentales de la Iglesia.

Aunque los sacramentales han estado presentes desde el inicio de la Iglesia misma, no tenemos ninguna compilación sino hasta el siglo V.

En ese tiempo, la Iglesia Romana comenzó a juntar los textos litúrgicos de los sacerdotes en un volumen único llamado "Sacramentario". Éste incluía, además del texto para celebrar la Misa, "las oraciones [que los obispos] quieren al consagrar una iglesia y muchos exorcismos, bendiciones y consagraciones que se encuentran ahora en el Pontifical Romano y el Ritual".

Este tipo de libro litúrgico fue generalmente usado hasta la Edad Media, cuando el Rituale Romanum fue introducido para separar las oraciones de la Misa de las diversas bendiciones sacramentales.

Durante la Edad Media, cada diócesis tenía su propio Ritual de forma que hacía falta uniformidad. Es por tal razón, que el Papa Pablo V instituyó el Rituale Romanum en 1614 para ser utilizado ampliamente en la Iglesia.

Este libro fue revisado en 1752 y contenía una larga colección de bendiciones para varios objetos.

Desde ese momento, el Ritual ha sido revisado en múltiples ocasiones y refinado hasta el día de hoy.

La lista de bendiciones sacramentales se ha reducido a lo largo de los siglos y se han brindado instrucciones más directas.

Sin embargo, cada diócesis (y orden religiosa) está aún autorizada a elaborar su propio suplemento para el Ritual y puede instituir sus propios sacramentales con la aprobación del Papa.

Dado que los sacramentales son instituidos por la Iglesia y son adaptados a la cultura, el número de sacramentales ha fluctuado y nunca ha habido un número permanente.

Los sacramentales están destinados a santificar nuestra vida cotidiana y dependen grandemente en la situación actual. Lo que era aplicable en el siglo V puede que no necesariamente aplique hoy en día. Ellos no tenían computadoras, por ejemplo, y una bendición para el Internet hubiese sido algo extraño para ellos.

Es por esto, además, que es casi imposible elaborar una lista completa de todos los sacramentales actualmente en uso. Se debería contactar a cada diócesis y orden religiosa en el mundo para determinar qué sacramentales han instituido.

Tipos de Sacramentales
Sin embargo, al menos podemos categorizarlos para tener una idea de lo que son y cuántos hay. Primero que todo, la Iglesia define bendiciones sacramentales (de personas, comidas, objetos y lugares) así como exorcismos, que están destinados a alejar la presencia del maligno de lugares, personas y objetos.

Las bendiciones de personas incluyen, entre otros:

"Bendición del abad o abadesa de un monasterio, consagración de vírgenes y viudas, el rito de profesión religiosa y la bendición de ciertos ministerios de la Iglesia (lectores, catequistas, acólitos, etc.)”.

Las bendiciones de objetos diseñados para uso sagrado incluyen:

"La dedicación o bendición de una iglesia o altar, la bendición de los óleos santos, recipientes, vestimentas, campanas, etc.”.
Las bendiciones sacramentales incluyen también aquellas cosas que rodean la “piedad popular” tales como las estaciones de la cruz, rosarios, medallas, etc.

Hay además, numerosas bendiciones de objetos usados cotidianamente como campos de deportes, escuelas, bibliotecas, equipos de pesca, máquinas de comunicación, hornos, etc. Para una lista mucho más amplia de sacramentales, pueden revisar el Ritual Romano o el Bendicional.

CONCLUSIÓN

En conclusión, los sacramentales recogen una gran variedad de bendiciones y han permanecido como una parte de la vida de la Iglesia a lo largo de los siglos.

La Iglesia instituye estas bendiciones no para complicar nuestras vidas o para hacerla menos bíblica, sino para infundir nuestras vidas diarias con gracias espirituales adicionales que nos ayudarán a ser Cristianos virtuosos.

A medida que avanzamos, mantengamos siempre en mente ese fin y no hagamos estos rituales sólo por hacerlos.

La peor cosa que podemos hacer es utilizar estas bendiciones sacramentales como una especie de libro de “hechizos” o “encantamientos” que trabajan de forma “mágica” para alcanzar un objetivo deseado.

A Satanás le gusta burlarse de Dios y por eso ha influenciado las artes negras de tal forma y es por esto que magos y brujos tienen algo similar al Ritual, pero de una manera mucho más perversa y maligna.

El demonio busca controlar y poseer el mundo, mientras Dios busca santificar el mundo y nos anima a volver siempre a Él.

Por pildorasdefe.net

Fuente católicodefiendetufe

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sábado, 25 de abril de 2020

¿Puede el demonio leer nuestros pensamientos y usarlos en nuestra contra?


¿PUEDE EL DEMONIO LEER NUESTROS PENSAMIENTOS Y USARLOS EN NUESTRA CONTRA?
Por: Charlie McKinney

Vamos a hablar sobre una acción específica del demonio, y comenzamos con la primera pregunta: ¿Puede el diablo conocer nuestros pensamientos´ ¿Es capaz de entender lo que estamos pensando en cierto momento de nuestra vida? La respuesta es simple:¡absolutamente no!

La teología está de acuerdo en esta pregunta. Solo Dios, que es omnisciente, que posee íntimamente los secretos de la realidad creada, la de los hombres y los ángeles, y la de la realidad increada, que es su propia esencia, conoce en profundidad los pensamientos de cada hombre.

El demonio solo puede crear conjeturas

Aunque el demonio es una criatura espiritual, él no comprende lo que está en nuestra mente y en nuestro corazón; él solo puede sacar conjeturas al observar nuestras acciones y comportamiento. No es una operación complicada para él ya que tiene una inteligencia extremadamente fina.

Si un joven fuma marihuana, por ejemplo, el demonio puede deducir que en el futuro también usará drogas más fuertes. En una palabra: de lo que leemos, vemos, decimos y experimentamos, y de los compañeros que elegimos, incluso de nuestras miradas, de todo esto, el demonio puede usar su discernimiento espiritual para saber dónde nos tienta y en qué momento particular hacerlo. Y eso es lo que hace.

Esto trae al recuerdo un pasaje de la primera carta de San Pedro:

"Hermanos y hermanas, estén sobrios, estén atentos. Tu adversario, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a alguien para devorar. Resístalo, firme en tu fe". (1 Pedro 5,8-9)
Mi interpretación de este pasaje, en la que varios académicos están de acuerdo, suena a esto:

"Hermanos y hermanas, estén atentos. El demonio se pasea alrededor de cada uno de ustedes, buscando dónde devorar".

Esa palabra "dónde" es importante: el demonio mira a cada persona precisamente por su punto débil y "trabaja" en ella, creando su próxima ocasión pecaminosa. Será la persona elegida, quien en su propia libertad, cometerá el pecado, después de haber sido bien "cocinado" por la tentación de Satanás.


Los puntos débiles más frecuentes en el hombre son, de vez en cuando, siempre los mismo: orgullo, dinero y lujuria...

Y, notemos bien, no hay límites de edad para pecar. Cuando escucho confesiones, a menudo les digo a mis penitentes, en tono de broma, que sus tentaciones terminarán solo cinco minutos después de que hayan exhalado su último aliento.

Por lo tanto, no debemos suponer o esperar que a una edad avanzada estemos exentos del pecado.

Un vicio que se cultiva en la juventud no disminuirá en la vejez sin algún trabajo e intervención. Consideremos la lujuria: cuando escucho confesiones, no es raro que los ancianos confiesen mirar pornografía con más frecuencia que los jóvenes.

La voluntad de luchar contra el pecado debe cultivarse incluso hasta el final de nuestros días.

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 31 de marzo de 2020

Exsatánica: La Iglesia Católica es la única que puede hacer frente al demonio


EXSATÁNICA: LA IGLESIA CATÓLICA ES LA ÚNICA QUE PUEDE HACER FRENTE AL DEMONIO
Por: Catholic World Report

Una de las maneras más rápidas para que el demonio entre en nuestras vidas, es por el pecado no confesado.

Cuando decimos que el satanismo es algo grave y destructivo es algo que en realidad sólo lo puede comprender en toda su dimensión quien ha vuelto de ese mundo para contárnoslo. Es el caso de Deborah una mujer de 51 años que ha vuelto a la Iglesia Católica y que ahora colabora en el rescate de personas que viven ese infierno en la tierra.

El mundo del satanismo es un secreto, a menudo vulgar y a veces peligroso, explica Deborah, aunque las creencias de los satanistas varían enormemente, se centran en la permisividad de los apetitos más sensuales y en la burla del cristianismo. Los satanistas son aparentemente respetables ciudadanos de su comunidad, “son personas que usted encuentra en la calle”.

Deborah nació en 1961 y creció en Salem, Massachusetts. Asistió a escuelas católicas y públicas. Como adolescente, ella se involucró en el satanismo. Volvió a la Iglesia Católica en 2009. Hoy, ella está casada y vive en una granja en Maine.

Pregunta: Cuénteme un poco acerca de sus antecedentes y cómo se involucró en el satanismo.

Deborah: En primer lugar, como adulta, me diagnosticaron un alto funcionamiento autista. Cuando yo era niña, estaba sin diagnosticar, y mostraba una gran cantidad de síntomas autistas. Entre ellas el balanceo, el aleteo de manos y el tarareo. También discutía con mis maestros y no quería socializar con mis compañeros. Hoy en día, sigo siendo incapaz de vivir de forma independiente.

Además, mi madre era una alemana en un barrio judío anti-alemán. Mi padre abandonó a la familia cuando yo era joven. Los otros niños en la escuela se burlaban de mí, robaban mis juguetes y me llamaban “retrasada”. También me golpeaban físicamente todos los días. Le rogué a mi madre que no me dejara ir a la escuela. Me sentía herida, enojada y quería estar sola. Me aislé de los demás.

Asistí a una escuela católica en los grados 7 al 10. Fui a las monjas que dirigían la escuela para pedir ayuda. A causa de mi comportamiento, yo era impopular con ellas y me sugerían que merecía el trato que recibía. Yo estaba enojada con las monjas, así, como una broma y para vengarme, empecé a ir a la escuela con el pentagrama satánico. También lo dibujaba en mis tareas. Entonces me pidieron que dejara la escuela.

Ahora bien, como todavía no existía internet, empecé leyendo libros sobre satanismo y luego me puse en contacto con satanistas.

¿Ha asistido a misas negras?

Sí. Ellas eran absolutamente asquerosas… la Eucaristía se contaminaba… estatuas y crucifijos se ponían al revés, cualquier cosa para burlarse de la cristiandad. Es la depravación en su peor momento. El satanismo se trata de permisividad, y destrucción de la Iglesia y la moral tradicional.

Dejé de asistir a las misas negras, me fui y formé mi propio grupo. Tenga en cuenta que hay diferentes tipos de satanismo, y varían en nivel de la intensidad. Es todo muy secreto y peligroso, usted está en peligro de muerte si intenta dejar un aquelarre, que es un grupo satánico de 13 miembros. El mundo del satanismo es muy secreto. Si usted está involucrado, usted no quiere que sus miembros divulguen este secreto. Si eres un bocazas, vendrán a por ti. Algo de lo que hacen es tan horrible que no quieren exponerlo.

¿Has visto a gente herida?

Sí.

¿Niños?

No, eran adultos que consienten.

¿Hasta dónde fuiste como Satanista?

Yo no podía ir más profundo. Hice un pacto de sangre con Satanás.

¿Muchos Satanistas dejan sus aquelarres y encuentran a Cristo?

No. La mayoría termina suicidándose.

Si le hubiera conocido cuando era satanista, ¿Qué habría observado en Ud.?

Si usted fuera amable conmigo, yo habría sido agradable con usted. Si usted fuera antipático para mí, me habría vuelto antipática y le podría haber enviado un demonio.

Usted podría haber estado incómodo conmigo, porque podría haberle dado algunas miradas de odio; me encontraría muy manipuladora y se habría sorprendido que a una edad joven yo hubiera acumulado una enorme riqueza, aunque sólo trabajaba a tiempo parcial.

¿Satanás recompensa por seguirlo?

Sí. Parecía que dondequiera que estuviese, las cosas materiales sólo caían en mi regazo.

¿Y cuánto tiempo estuvo involucrada en el satanismo?

Estuve involucrada siete años, y 30 años en el ocultismo. Mientras estuve en el ocultismo, me involucré en la evocación de demonios, y experimenté todas las cosas que se ven en las películas de terror de Hollywood, incluyendo manifestaciones físicas y apariciones. No me gustaría compartir detalles específicos. En mi libro, “Mensaje de esperanza…”, me centro en cómo operan los demonios y cómo podemos efectivamente combatirlos.

¿Y cómo entran los demonios en nuestras vidas?

La forma más común es que les invitemos a entrar. Abrimos los portales. Usted puede hacer uso de tablas de Ouija, ir a una psíquica, asistir a una sesión de espiritismo o tratar de comunicarse con los fantasmas. También podemos invitarlos cuando nos dejamos consumir por la rabia y nos negamos a perdonar.

Los demonios tienen la capacidad de alterar nuestros pensamientos, y nos llevan a las adicciones.

Deme un ejemplo de dónde se ve el trabajo de lo demoníaco en nuestra sociedad.

Lo veo en la violencia manifestada en los videojuegos y en las películas sobre asesinatos.

¿Qué pasa con la masacre de inocentes en la Escuela Primaria Sandy Hook en Connecticut?

Sí, yo creo que el tirador fue influenciado por demonios. Sin embargo, los demonios no nos pueden obligar. Tenemos libre albedrío. Nosotros tenemos que optar por seguir sus sugerencias.

¿Qué le hizo decidirse a abandonar el satanismo?

Fue difícil. Los demonios me estaban aterrorizando. Ellos vinieron a recoger mi alma o querían plena posesión. Tuve un sueño en el que un ángel vino a rescatarme. Me levanté a la mañana siguiente y decidí: “Yo voy a ser católica de nuevo.” El infierno es real y dura para siempre.

Fui a ver a un sacerdote católico, y él me echó de la iglesia. No me creyó. Terminé uniéndome a un culto religioso durante 18 años. Un día, oré: “Dios, yo no sé si existes, pero si existes, envíame una monja que me lleve de vuelta a la Iglesia Católica”. Unos meses más tarde, lo hizo. Ella me presentó a algunos sacerdotes con experiencia en el trato con el demonio, entre ellos uno que vive en Maine. Volví a la Iglesia Católica en 2009.

¿Y cómo están las cosas ahora?

Amo a la Iglesia, y voy a dedicar vida a Ella. Quiero servir a la Iglesia, y estoy en el proceso de convertirse en una Terciaria de la Orden Dominicana.

Nuestra Señora ha tenido un papel increíble en mi vida, también. He visto grandes milagros que suceden a través de María.

¿Qué le aconsejaría a los fieles para mantener al diablo fuera de sus vidas?

En primer lugar, en esta vida siempre va a estar en su vida y cerca. Por lo tanto, usted tiene que protegerse yendo a misa y recibiendo la Eucaristía. Es una protección de gran alcance. El agua bendita es extremadamente eficaz. Yo lo llamo la “potencia limpiadora espiritual”. La guardo en mi casa y regularmente me bendigo.

El sacramento de la confesión es importante. Una de las maneras más rápidas para que el demonio entre en nuestras vidas, es por el pecado no confesado. Yo digo a la gente libremente, católicos o no, que la Iglesia Católica es la única iglesia que tiene las herramientas para hacer frente eficazmente a lo demoníaco. Eso incluye la devoción a la Santísima Virgen.

Además, tenga cuidado acerca de sus hobbies y entretenimiento. La bebida, fiestas, el estilo de vida de parrandas puede crear una apertura para que el diablo entre, yo también recomiendo a la gente evitar las películas de miedo.

Cuéntanos algo sobre el ministerio de Nuestra Señora de la Luz.

Es una obra que fundé para ayudar a liberarse a las personas involucradas en el ocultismo. Como parte del ministerio, yo también investigo las denuncias de apariciones demoníacas y ofrezco ayuda espiritual. No expulso demonios, mi papel es el de evaluar y ayudar a las personas a encontrar los recursos que necesitan. Yo siempre hago mi trabajo en coordinación con un sacerdote.

Yo introduzco a la gente a la oración, los sacramentos y a la Virgen, aunque la mayoría de las personas que ayudo son protestantes o paganas. A pesar de que no hago publicidad de mis servicios, la gente se pone en contacto conmigo a través de mi sitio web y atiendo entre 10 y 15 personas a la vez. Nunca cobro por mis servicios.

Ya sea en el ministerio o en mi charla en público sobre este tema, mi objetivo es compartir con la gente un mensaje de esperanza. Quiero que la gente sepa la gran misericordia de Dios. Si te avergüenzas de tus pecados, les digo que realmente no sabes lo que es pecado hasta que adoras al diablo. He dedicado mi vida a Cristo y a su Iglesia, y quiero colaborar en la obra de salvar almas.

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religion en Libertad

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