… Se preguntan quienes prefieren no hacerlo por diferentes motivos, pero que han escuchado al Papa invitar a la inoculación. Inclusive, Francisco de Roma la llamó “un acto de amor”, y los obispos de Puerto Rico fueron más allá, pues exigieron a diáconos y sacerdotes vacunarse antes del 15 de septiembre, y mostrar el respectivo certificado en las Cancillerías de sus diócesis.
Inquietudes semejantes surgen de vez en vez cuando aparecen posibles conflictos en la toma de decisiones claves, fundamentales para nuestra vida. Una de estas oportunidades la constituyen las elecciones políticas, y no son pocos los fieles que se cuestionan si abstenerse de votar llega a constituir una falta grave.
Creo que conviene recordar que estamos ante el problema moral de la conciencia bien formada, parámetro absoluto para normar nuestro actuar. Nadie, ni Dios ni el Papa puede interferir en mi decisión personal, que deberá estar bien fundamentada en la Palabra de Dios, el Magisterio de nuestra Iglesia, lo que dicen las ciencias sociales al respecto, las implicaciones personales y comunitarias de una eventual resolución, etc. Sólo si al decidir no someto mi criterio a todos estos elementos en juego podríamos hablar de un serio desliz moral.
Ante la duda de vacunarse o no, entonces, habría que preguntarse si, una vez analizados todos los aspectos que rodean al hecho, acabo decidiendo por el no. Dado que estamos ante una indicación papal y, en el caso de los curas portorriqueños, una exigencia episcopal, no vacunarse sólo podría ampararse en otra figura de la moral católica: la objeción de conciencia (los obispos de la isla, sin embargo, son tajantes: “no hay objeción moral, ni ética, ni de conciencia, para aplicársela”).
Quien base su decisión en este principio deberá recordar que la abstención exige hacer algo a cambio, en la misma proporción, para atender lo que dice la norma. Un ejemplo clásico: el joven que se resiste a participar en el ejército de su país, porque su conciencia no le permite asistir a una guerra y matar enemigos, debe hacer algo equivalente para servir a su patria (en Alemania los abstencionistas trabajan durante un año en hospitales, asilos, parroquias, etc.).
Además, otro cariz a analizar en lo concerniente a la vacunación es la responsabilidad que tenemos de no contagiar a los demás. Una cosa es que yo decida no inocularme, con el riesgo de afectar mi salud y, en última instancia, mi vida, y otra provocar en los demás la enfermedad y la posible muerte.
Por ello, ante la pregunta de si es pecado el no vacunarse, la respuesta es sencilla: lo que su conciencia bien formada le indique.
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lunes, 30 de agosto de 2021
viernes, 11 de junio de 2021
Presidente dominicano: "Quien no se vacuna comete pecado"
Momentos después de encabezar el lanzamiento del plan piloto para la Estrategia de Seguridad Ciudadana “Mi País Seguro” en el sector de Cristo Rey, el presidente de la República, Luis Abinader, procedió a vacunarse con la segunda dosis contra el COVID-19 y tuvo una amena conversación con una señoras que también se inoculó.
Abinader recibió ayer en el liceo Benito Juárez, ubicado en Cristo Rey, la segunda y última dosis de la vacuna china Sinovac, como refuerzo para lograr la inmunidad contra el coronavirus.
Luego de inocularse y mientras estuvo sentado en reposo por unos minutos, como se recomienda tras haber sido inyectado, Abinader conversó con dos mujeres de avanzada edad que, curiosamente, estaban colocándose la primera dosis.
Tras conversar unos momentos, las dos mujeres admitieron al mandatario que era su primera dosis, lo que sorprendió a Abinader, ya que aparentemente ambas aplicaban para las primeras etapas del Plan Nacional de Vacunación.
Según explicó una de ellas, el motivo de la demora se debió a temas religiosos, porque primero “pidió dirección a Dios” quien le habría confirmado recientemente que hacía bien en vacunarse.
Ante esto, Abinader le replicó que “Yo soy católico creyente, cristiano, y el que no se vacuna es el que comete un pecado, no el que se vacuna… no hay ninguna razón dentro de la iglesia evangélica o católica para no vacunarse”.
En otro orden, el mandatario fue cuestionado sobre la posibilidad de que el Gobierno obligue a las personas a vacunarse, idea que fue desestimada por Abinader, quien agregó que el Gabinete de Salud no ha pensado en algún tipo de imposición.
viernes, 22 de mayo de 2020
¿Ser homosexual es pecado? Esto ha dicho el Papa Francisco
¿SER HOMOSEXUAL ES PECADO? ESTO HA DICHO EL PAPA FRANCISCO
Redacción ACI Prensa
El Papa Francisco habló sobre la homosexualidad en su entrevista con el periodista español Jordi Évole, transmitida hoy por el canal La Sexta, y reflexionó sobre si es o no pecado.
Consultado por la frase “¿quién soy yo para juzgar?”, el Santo Padre precisó que “las tendencias no son pecado. Si vos tenés tendencia a la ira no es pecado. Ahora, si sos iracundo y haces daño a la gente, el pecado está ahí”.
“El pecado es actuar, de pensamiento, palabra y obra, con libertad, una tendencia”, dijo.
En efecto, tal como señala el Catecismo de la Iglesia Católica en su numeral 2358, “un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba”.
“Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”, añade el Catecismo, que indica a línea siguiente que “las personas homosexuales están llamadas a la castidad”.
El Santo Padre también se refirió a unas declaraciones suyas en el vuelo papal de retorno de Irlanda a Roma en agosto de 2018, en que aconsejó a los padres de niños que muestren aparente tendencia homosexual recurrir a un psiquiatra.
“Toda persona tiene derecho a tener un padre y una madre, a tener un hogar. Y un padre y una madre tienen derecho a tener un hijo, venga como venga el crío o la cría. Si hay un caso de homosexualidad, yo comprendo que la familia eso provoca dolor, por la cultura actual todas esas cosas. Pero dialogo, dialogo, vos sos papá y mamá, vos sos hija o hijo, pero nunca se echa del hogar a una persona porque tenga tendencia homosexual”.
En esa ocasión, dijo el Papa, “hice una distinción: otra cosa es cuando la persona es muy joven, muy pequeña y empieza a mostrar síntomas raros y ahí conviene ir… y yo dije ‘psiquiatra’. En ese momento te sale la palabra que te sale hablando un idioma que no es el tuyo”.
A lo que se refería, explicó, es que se debe “ir a un profesional, a un psicólogo, que más o menos vea a qué se debe eso antes del diagnóstico”.
“Los medios publicaron el Papa manda a los homosexuales al psiquiatra, y no vieron lo otro. Y eso es mala entraña”, indicó.
“Estoy hablando de un chico que se está desarrollando, los papás empiezan a ver cosas raras. Consulten por favor y vayan a un profesional y ahí se verá a qué se debe, puede ser que no sea homosexual, que se deba a otra cosa”, dijo.
Por ACI prensa
Fuente católicodefiendetufe
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El Papa Francisco habló sobre la homosexualidad en su entrevista con el periodista español Jordi Évole, transmitida hoy por el canal La Sexta, y reflexionó sobre si es o no pecado.
Consultado por la frase “¿quién soy yo para juzgar?”, el Santo Padre precisó que “las tendencias no son pecado. Si vos tenés tendencia a la ira no es pecado. Ahora, si sos iracundo y haces daño a la gente, el pecado está ahí”.
“El pecado es actuar, de pensamiento, palabra y obra, con libertad, una tendencia”, dijo.
En efecto, tal como señala el Catecismo de la Iglesia Católica en su numeral 2358, “un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba”.
“Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”, añade el Catecismo, que indica a línea siguiente que “las personas homosexuales están llamadas a la castidad”.
El Santo Padre también se refirió a unas declaraciones suyas en el vuelo papal de retorno de Irlanda a Roma en agosto de 2018, en que aconsejó a los padres de niños que muestren aparente tendencia homosexual recurrir a un psiquiatra.
“Toda persona tiene derecho a tener un padre y una madre, a tener un hogar. Y un padre y una madre tienen derecho a tener un hijo, venga como venga el crío o la cría. Si hay un caso de homosexualidad, yo comprendo que la familia eso provoca dolor, por la cultura actual todas esas cosas. Pero dialogo, dialogo, vos sos papá y mamá, vos sos hija o hijo, pero nunca se echa del hogar a una persona porque tenga tendencia homosexual”.
En esa ocasión, dijo el Papa, “hice una distinción: otra cosa es cuando la persona es muy joven, muy pequeña y empieza a mostrar síntomas raros y ahí conviene ir… y yo dije ‘psiquiatra’. En ese momento te sale la palabra que te sale hablando un idioma que no es el tuyo”.
A lo que se refería, explicó, es que se debe “ir a un profesional, a un psicólogo, que más o menos vea a qué se debe eso antes del diagnóstico”.
“Los medios publicaron el Papa manda a los homosexuales al psiquiatra, y no vieron lo otro. Y eso es mala entraña”, indicó.
“Estoy hablando de un chico que se está desarrollando, los papás empiezan a ver cosas raras. Consulten por favor y vayan a un profesional y ahí se verá a qué se debe, puede ser que no sea homosexual, que se deba a otra cosa”, dijo.
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jueves, 23 de abril de 2020
¿Son pecado las cosas malas que hago en sueños?
¿SON PECADO LAS COSAS MALAS QUE HAGO EN SUEÑOS?
Por Padre Jorge Loring
Tampoco es pecado nada de lo que se hace en sueños -aunque fuera pecado hacerlo despierto-, pues soñando se obra inconscientemente. Pero sí lo sería si estando despierto se ha puesto con previsión o intencionadamente su causa, o se continúa complacidamente despierto, lo que comenzó dormido.
Para que sea pecado grave hace falta que uno se deleite en lo que está prohibido, completamente despierto, y con plena voluntad y deliberación. Lo que se hace soñoliento y medio dormido, a lo más es pecado venial. No puede llegar a pecado grave por faltar la advertencia plena y consentimiento perfecto. Por esto, en cuestiones de castidad, aunque se esté despierto, si se producen movimientos fisiológicos inevitables, prescinde: no hay pecado ninguno.
Los pecados dudosos, en los que no se sabe con certeza si ha habido plena advertencia y consentimiento perfecto, conviene decirlos como dudosos al confesor, para más tranquilidad; pero no hay obligación. La duda puede ser también sobre si se cometió o no se cometió el pecado; si se confesó o no se confesó; si la materia del pecado fue grave o leve.
En ninguno de los tres casos hay obligación de confesarlo; aunque está mejor hacerlo manifestando la duda.
Pero si dudas sobre si una cosa es o no es pecado grave, y te vas a ver en la ocasión de hacerlo de nuevo, tienes obligación grave de preguntarlo antes de hacerlo, si hay razones serias para sospechar que pueda ser pecado grave.
Hay circunstancias en las que una persona puede verse en una situación en la que no sabe cómo evitar una mala acción.
Para salir de esta situación se puede aplicar la doctrina moral del mal menor, conflicto de deberes, o la acción de doble efecto.
Evidentemente que si, haga lo que haga, tengo que hacer algo malo, el sentido común me dice que elija el mal menor.
Cuando me encuentre entre dos obligaciones que parecen contradictorias, lo lógico es escoger la obligación que me parezca más importante, según las circunstancias del momento.: es lo que se llama conflicto de deberes.
Otras veces hay que efectuar acciones con doble efecto. En estos casos la moral dice lo siguiente:
a) Que la acción no sea mala en sí misma.
b) Que el efecto bueno no se produzca mediante el efecto malo.
c) Que la intención del agente sea conseguir el efecto bueno.
d) Que haya motivos proporcionados para permitir el efecto malo[1].
«Existe otro tipo de acciones humanas, imputables al sujeto, por ser voluntarias en la causa. Para ello se requieren tres condiciones:
a) Previsión, al menos confusa, del efecto malo que se ha de seguir.
b) Libertad para no poner la causa, o para quitarla, una vez puesta.
c) Obligación de evitar que de tal causa se siga tal efecto»[2].
61.4. Cuando dudes si es o no lícita una acción, puedes aplicar lo que los teólogos llaman probabilismo.
La ley ahora dudosa para ti, no te obliga con tal de que se trate de algo que no perjudique a nadie, ni material ni espiritualmente.
Por ejemplo, vas a comulgar y no tienes seguridad si ha pasado ya la hora del ayuno eucarístico; pues te parece que sí, pero no recuerdas la hora exacta.
En ese caso puedes salir de la duda sabiendo con certeza que puedes obrar tranquilamente pues esa ley, ahora dudosa para ti, no te obliga.
Aunque el probabilismo es lícito, las personas que tienen delicadeza de conciencia saben que lo meramente lícito no es siempre lo que más agrada a Dios; por amor a Él y por generosidad se puede superar lo que es lícito por lo que más agrada a Dios.
Conviene instruirse bien de lo que es pecado y de lo que no lo es, pues si creo que algo es pecado grave -aunque de suyo no lo sea- y a pesar de eso lo hago voluntariamente, cometo un pecado grave.
«La educación de la conciencia es indispensable»[3].
«La formación de la conciencia es una grave obligación moral: el hombre está obligado a formar una conciencia recta. En caso contrario, se hace responsable de todas sus faltas, aun las cometidas con ignorancia»[4].
«Una conciencia equivocada es culpable si se debe a despreocupación por conocer la verdad y el bien»[5].
«La conciencia es la norma subjetiva próxima del actuar. Es decir, que en la determinación última, la conciencia decide. Esto parece obvio cuando se trata de la conciencia recta, asentada en criterios verdaderos.
»Pero, ¿también en caso de error invencible, el hombre ha de seguir el dictamen de su conciencia? La respuesta es afirmativa. (...) Pero la conciencia errónea plantea hoy serios problemas pastorales dado que, debido a la situación doctrinal confusa, (...) no es fácil discernir cuándo alguien está en ignorancia culpable, o simplemente se debe a que ha sido instruido en tales errores»[6].
Por lo tanto, una acción pecaminosa no será pecado, si al hacerla yo no sé que es pecado.
Una acción lícita y permitida será pecado, si al hacerla yo creo erróneamente que es pecado y la hago libremente.
El pecado será grave, si al hacerlo yo lo tenía por grave, aunque de suyo la materia no sea grave.
El pecado será leve, si al hacerlo yo lo tenía por venial, aunque después me entere que la materia fue grave.
El pecado ya cometido fue leve, pero si lo repito después de conocer su gravedad, la misma acción será ahora pecado grave.
La razón de todo esto es que Dios juzga nuestros pecados tal como los tenemos en la conciencia.
Lo que Dios castiga es la mala voluntad que tenemos al hacer una cosa, no las equivocaciones o errores involuntarios.
Pero debemos procurar tener bien formada la conciencia.
«Quien duda de si está en la verdad, ha de poner los medios para salir de esa situación»[7].
Evidentemente que la moralidad de un acto está condicionado por circunstancias que pueden ser agravantes, atenuantes y hasta excusantes. Pero esto no obsta para que haya normas morales objetivas.
La moral de situación descarta estas normas objetivas y sólo atiende, como norma de moralidad, al juicio particular de cada uno, prescindiendo del recto orden objetivo[8].
Algunos, siguiendo la doctrina de Max Weber, de la «ética de la intención», sostienen que la fuente de la moralidad es el fin que se proponga el agente.
Pero Juan Pablo II, en su encíclica Veritatis splendor rechaza esta doctrina diciendo: «Si el objeto de la acción concreta no está en sintonía con el verdadero bien de la persona, la elección de tal acción es moralmente mala»[9].
Para pecar basta tener intención de hacer lo que es pecado, aunque después no se realice.
Soy culpable del pecado en el momento en que he decidido cometerlo. »
Por ejemplo: peca gravemente quien ha tenido intención de cometer un adulterio, aunque después, por alguna dificultad que surgió, no lo haya realizado en la práctica.
El pecado realizado es más grave, pero sólo el intentarlo ya es pecado.
Uno coge cierta cantidad de dinero con intención de robar, y luego se entera que robó su propio dinero: ha cometido pecado formala unque no haya sido pecado material.
Dos palabras sobre la doctrina del doble efecto:
«Se puede tener en cuenta la doctrina clásica sobre las cuatro condiciones que se requieren para actuar cuando de la acción se siguen dos efectos, uno bueno y otro malo. Son las siguientes:
a) Que la acción, en sí misma, sea buena o al menos indiferente.
b) Que el fin perseguido sea obtener el efecto bueno y, simplemente, permitir el malo.
c) Que el efecto primero o inmediato que se ha de seguir sea el bueno y no el malo.
d) Que exista causa proporcionalmente grave para actuar»[10].
El 6 de agosto de 1993 el Papa Juan Pablo II firmó la encíclica «Veritatis splendor». La encíclica ha venido a terminar con elsubjetivismo moral que se estaba extendiendo en la Iglesia.
Muchos se creen con el derecho de decidir ellos mismos lo que es bueno y lo que es malo, según su conciencia; prescindiendo de la ley de Dios, tanto natural como positiva.
El bien y el mal tienen un valor objetivo, y no dependen de las opiniones de los hombres. Hay bienes relativos y bienes absolutos.
Por ejemplo, una temperatura será buena para unos y no para otros.
Pero hay bienes absolutos, que lo son para todos: la verdad, la justicia, la paz, etc.
Es importante la opción fundamental de orientar la vida hacia Dios. Pero, aunque no haya un rechazo explícito de Dios, se incurre en pecado mortal por una trasgresión voluntaria de la ley moral en materia grave.
No sólo se peca con una actitud de pecado.
El pecado grave se puede cometer con una sola acción, libre y deliberada: el tabaco mata poco a poco, pero un plato de setas venenosas mata de golpe.
Monseñor Yanes, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, ha dicho: «Veritatis splendor» es una presentación amplia de algunos aspectos fundamentales de la moral cristiana. (...). La encíclica es una invitación a la reflexión. Supone el sincero deseo de buscar y encontrar la verdad.
»Exige tomar en serio nuestra vida y nuestra vocación delante de Dios»[11].
Dice la encíclica: «La conciencia no está exenta de la posibilidad de error (nº62). El mal cometido a causa de una ignorancia invencible o de un error de juicio no culpable puede no ser imputable a la persona que lo hace (...), pero cuando la conciencia es errónea culpablemente porque el hombre no trata de buscar la verdad, compromete su dignidad (nº63).
»El hombre tiene obligación moral grave de buscar la verdad y seguirla una vez conocida (nº34).
»Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento (nº70).
»Con cualquier pecado mortal cometido deliberadamente, el hombre ofende a Dios que ha dado la ley (...); a pesar de conservar la fe pierde la gracia santificante (nº68).
»La opción fundamental es revocada cuando el hombre compromete su libertad en elecciones conscientes de sentido contrario en materia moral grave (nº67). Los cristianos tienen en la Iglesia y en su Magisterio una gran ayuda para la formación de la conciencia (nº64).
»La Iglesia ilumina sobre la verdad objetiva de la ley natural, obra de Dios (nº40).
»El hombre que se desengancha de la verdad objetiva de la ley natural se equivoca (nº61).
»Es inaceptable que se haga de la propia debilidad el criterio de la verdad para justificarse uno mismo (nº104), adaptando la norma moral a los propios intereses (nº105).
»La conciencia no es una fuente autónoma para decidir lo que es bueno o malo (nº60).
»Por voluntad de Cristo la Iglesia Católica es maestra de la verdad, y su misión es (...) declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana (nº64).
»El Señor ha confiado a Pedro el encargo de confirmar a sus hermanos (nº115).
»La Iglesia se pone al servicio de la conciencia ayudándola a no desviarse de la verdad (nº 64, 110, 116).
»Los fieles están obligados a reconocer y respetar los preceptos morales específicos declarados y enseñados por la Iglesia en el nombre de Dios (nº76).
»Los fieles, en su fe, deben seguir el Magisterio de la Iglesia, no las opiniones de los teólogos (Prólogo).
»La Iglesia tiene autoridad no sólo en cuestiones de fe sino también en cuestiones de moral (nº28 y 95).
»La fe tiene un contenido moral: suscita y exige un compromiso coherente con la vida (nº83).
»Una verdad no es acogida auténticamente si no se traduce en hechos, si no es puesta en práctica (nº88).La libertad no es un valor absoluto (nº32).
»La libertad debe someterse a la verdad (nº34).
»No hay libertad fuera de la verdad (nº96). Se llegaría a una concepción relativista de la moral (nº33).
»La revelación enseña que el poder de decidir sobre el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios (nº35).
»La doctrina moral no puede depender de una deliberación de tipo democrático (nº113).
»La ley natural es universal en sus preceptos, y su autoridad se extiende a todos los hombres (nº51).
»A ella deben atenerse tanto los poderes públicos como los ciudadanos (nº97 y 101).
»Las opiniones de los teólogos no constituyen la norma de enseñanza (nº116).
»En la oposición a la enseñanza de los Pastores no se puede reconocer una legítima expresión de la libertad cristiana ni de las diversidades de los dones del Espíritu Santo (nº113).
»Los Pastores tienen el deber (...) de exigir que sea respetado siempre el derecho de los fieles a recibir la doctrina católica en su pureza e integridad (nº113).
»Hay verdades y valores morales por los cuales se debe estar dispuesto a dar incluso la vida (nº94).
»Ninguna doctrina filosófica o teológica complaciente puede hacer verdaderamente feliz al hombre: sólo la cruz y la gloria de Cristoresucitado, pueden dar paz a su conciencia y salvación a su vida (nº120).
[1] ANTONIO ARZA, S.I.: Preguntas y respuestas en cristiano, pg. 12. Ed. Mensajero. Bilbao.
[2] JUAN A. GONZÁLEZ LOBATO: Razones de la Fe, II, 2, g. Ed. EMESA. Madrid. 1980
[3] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1783.
[4] AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral,1ª, IX, 6. Ed. Palabra. Madrid.1995.
[5] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1791.
[6] AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral, 1ª, IX, 4, 1, a. Ed. Palabra. Madrid.1995.
[7] JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, III, 7. Ed. Rialp. Madrid. 1992.
[8] AUGUSTO SARMIENTO: 39 Cuestiones doctrinales, IV, 4. Ed. Rialp. Madrid. 1990.
[9] JUAN PABLO II: Encíclica Veritatis splendor, nº 72.
[10] AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral, 1ª, VIII, 3. Ed. Palabra. Madrid.
[11] Revista ECCLESIA, 2653-54 (9-16, X, 93) 6.
Fuente católicodefiendetufe
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Por Padre Jorge Loring
Tampoco es pecado nada de lo que se hace en sueños -aunque fuera pecado hacerlo despierto-, pues soñando se obra inconscientemente. Pero sí lo sería si estando despierto se ha puesto con previsión o intencionadamente su causa, o se continúa complacidamente despierto, lo que comenzó dormido.
Para que sea pecado grave hace falta que uno se deleite en lo que está prohibido, completamente despierto, y con plena voluntad y deliberación. Lo que se hace soñoliento y medio dormido, a lo más es pecado venial. No puede llegar a pecado grave por faltar la advertencia plena y consentimiento perfecto. Por esto, en cuestiones de castidad, aunque se esté despierto, si se producen movimientos fisiológicos inevitables, prescinde: no hay pecado ninguno.
Los pecados dudosos, en los que no se sabe con certeza si ha habido plena advertencia y consentimiento perfecto, conviene decirlos como dudosos al confesor, para más tranquilidad; pero no hay obligación. La duda puede ser también sobre si se cometió o no se cometió el pecado; si se confesó o no se confesó; si la materia del pecado fue grave o leve.
En ninguno de los tres casos hay obligación de confesarlo; aunque está mejor hacerlo manifestando la duda.
Pero si dudas sobre si una cosa es o no es pecado grave, y te vas a ver en la ocasión de hacerlo de nuevo, tienes obligación grave de preguntarlo antes de hacerlo, si hay razones serias para sospechar que pueda ser pecado grave.
Hay circunstancias en las que una persona puede verse en una situación en la que no sabe cómo evitar una mala acción.
Para salir de esta situación se puede aplicar la doctrina moral del mal menor, conflicto de deberes, o la acción de doble efecto.
Evidentemente que si, haga lo que haga, tengo que hacer algo malo, el sentido común me dice que elija el mal menor.
Cuando me encuentre entre dos obligaciones que parecen contradictorias, lo lógico es escoger la obligación que me parezca más importante, según las circunstancias del momento.: es lo que se llama conflicto de deberes.
Otras veces hay que efectuar acciones con doble efecto. En estos casos la moral dice lo siguiente:
a) Que la acción no sea mala en sí misma.
b) Que el efecto bueno no se produzca mediante el efecto malo.
c) Que la intención del agente sea conseguir el efecto bueno.
d) Que haya motivos proporcionados para permitir el efecto malo[1].
«Existe otro tipo de acciones humanas, imputables al sujeto, por ser voluntarias en la causa. Para ello se requieren tres condiciones:
a) Previsión, al menos confusa, del efecto malo que se ha de seguir.
b) Libertad para no poner la causa, o para quitarla, una vez puesta.
c) Obligación de evitar que de tal causa se siga tal efecto»[2].
61.4. Cuando dudes si es o no lícita una acción, puedes aplicar lo que los teólogos llaman probabilismo.
La ley ahora dudosa para ti, no te obliga con tal de que se trate de algo que no perjudique a nadie, ni material ni espiritualmente.
Por ejemplo, vas a comulgar y no tienes seguridad si ha pasado ya la hora del ayuno eucarístico; pues te parece que sí, pero no recuerdas la hora exacta.
En ese caso puedes salir de la duda sabiendo con certeza que puedes obrar tranquilamente pues esa ley, ahora dudosa para ti, no te obliga.
Aunque el probabilismo es lícito, las personas que tienen delicadeza de conciencia saben que lo meramente lícito no es siempre lo que más agrada a Dios; por amor a Él y por generosidad se puede superar lo que es lícito por lo que más agrada a Dios.
Conviene instruirse bien de lo que es pecado y de lo que no lo es, pues si creo que algo es pecado grave -aunque de suyo no lo sea- y a pesar de eso lo hago voluntariamente, cometo un pecado grave.
«La educación de la conciencia es indispensable»[3].
«La formación de la conciencia es una grave obligación moral: el hombre está obligado a formar una conciencia recta. En caso contrario, se hace responsable de todas sus faltas, aun las cometidas con ignorancia»[4].
«Una conciencia equivocada es culpable si se debe a despreocupación por conocer la verdad y el bien»[5].
«La conciencia es la norma subjetiva próxima del actuar. Es decir, que en la determinación última, la conciencia decide. Esto parece obvio cuando se trata de la conciencia recta, asentada en criterios verdaderos.
»Pero, ¿también en caso de error invencible, el hombre ha de seguir el dictamen de su conciencia? La respuesta es afirmativa. (...) Pero la conciencia errónea plantea hoy serios problemas pastorales dado que, debido a la situación doctrinal confusa, (...) no es fácil discernir cuándo alguien está en ignorancia culpable, o simplemente se debe a que ha sido instruido en tales errores»[6].
Por lo tanto, una acción pecaminosa no será pecado, si al hacerla yo no sé que es pecado.
Una acción lícita y permitida será pecado, si al hacerla yo creo erróneamente que es pecado y la hago libremente.
El pecado será grave, si al hacerlo yo lo tenía por grave, aunque de suyo la materia no sea grave.
El pecado será leve, si al hacerlo yo lo tenía por venial, aunque después me entere que la materia fue grave.
El pecado ya cometido fue leve, pero si lo repito después de conocer su gravedad, la misma acción será ahora pecado grave.
La razón de todo esto es que Dios juzga nuestros pecados tal como los tenemos en la conciencia.
Lo que Dios castiga es la mala voluntad que tenemos al hacer una cosa, no las equivocaciones o errores involuntarios.
Pero debemos procurar tener bien formada la conciencia.
«Quien duda de si está en la verdad, ha de poner los medios para salir de esa situación»[7].
Evidentemente que la moralidad de un acto está condicionado por circunstancias que pueden ser agravantes, atenuantes y hasta excusantes. Pero esto no obsta para que haya normas morales objetivas.
La moral de situación descarta estas normas objetivas y sólo atiende, como norma de moralidad, al juicio particular de cada uno, prescindiendo del recto orden objetivo[8].
Algunos, siguiendo la doctrina de Max Weber, de la «ética de la intención», sostienen que la fuente de la moralidad es el fin que se proponga el agente.
Pero Juan Pablo II, en su encíclica Veritatis splendor rechaza esta doctrina diciendo: «Si el objeto de la acción concreta no está en sintonía con el verdadero bien de la persona, la elección de tal acción es moralmente mala»[9].
Para pecar basta tener intención de hacer lo que es pecado, aunque después no se realice.
Soy culpable del pecado en el momento en que he decidido cometerlo. »
Por ejemplo: peca gravemente quien ha tenido intención de cometer un adulterio, aunque después, por alguna dificultad que surgió, no lo haya realizado en la práctica.
El pecado realizado es más grave, pero sólo el intentarlo ya es pecado.
Uno coge cierta cantidad de dinero con intención de robar, y luego se entera que robó su propio dinero: ha cometido pecado formala unque no haya sido pecado material.
Dos palabras sobre la doctrina del doble efecto:
«Se puede tener en cuenta la doctrina clásica sobre las cuatro condiciones que se requieren para actuar cuando de la acción se siguen dos efectos, uno bueno y otro malo. Son las siguientes:
a) Que la acción, en sí misma, sea buena o al menos indiferente.
b) Que el fin perseguido sea obtener el efecto bueno y, simplemente, permitir el malo.
c) Que el efecto primero o inmediato que se ha de seguir sea el bueno y no el malo.
d) Que exista causa proporcionalmente grave para actuar»[10].
El 6 de agosto de 1993 el Papa Juan Pablo II firmó la encíclica «Veritatis splendor». La encíclica ha venido a terminar con elsubjetivismo moral que se estaba extendiendo en la Iglesia.
Muchos se creen con el derecho de decidir ellos mismos lo que es bueno y lo que es malo, según su conciencia; prescindiendo de la ley de Dios, tanto natural como positiva.
El bien y el mal tienen un valor objetivo, y no dependen de las opiniones de los hombres. Hay bienes relativos y bienes absolutos.
Por ejemplo, una temperatura será buena para unos y no para otros.
Pero hay bienes absolutos, que lo son para todos: la verdad, la justicia, la paz, etc.
Es importante la opción fundamental de orientar la vida hacia Dios. Pero, aunque no haya un rechazo explícito de Dios, se incurre en pecado mortal por una trasgresión voluntaria de la ley moral en materia grave.
No sólo se peca con una actitud de pecado.
El pecado grave se puede cometer con una sola acción, libre y deliberada: el tabaco mata poco a poco, pero un plato de setas venenosas mata de golpe.
Monseñor Yanes, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, ha dicho: «Veritatis splendor» es una presentación amplia de algunos aspectos fundamentales de la moral cristiana. (...). La encíclica es una invitación a la reflexión. Supone el sincero deseo de buscar y encontrar la verdad.
»Exige tomar en serio nuestra vida y nuestra vocación delante de Dios»[11].
Dice la encíclica: «La conciencia no está exenta de la posibilidad de error (nº62). El mal cometido a causa de una ignorancia invencible o de un error de juicio no culpable puede no ser imputable a la persona que lo hace (...), pero cuando la conciencia es errónea culpablemente porque el hombre no trata de buscar la verdad, compromete su dignidad (nº63).
»El hombre tiene obligación moral grave de buscar la verdad y seguirla una vez conocida (nº34).
»Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento (nº70).
»Con cualquier pecado mortal cometido deliberadamente, el hombre ofende a Dios que ha dado la ley (...); a pesar de conservar la fe pierde la gracia santificante (nº68).
»La opción fundamental es revocada cuando el hombre compromete su libertad en elecciones conscientes de sentido contrario en materia moral grave (nº67). Los cristianos tienen en la Iglesia y en su Magisterio una gran ayuda para la formación de la conciencia (nº64).
»La Iglesia ilumina sobre la verdad objetiva de la ley natural, obra de Dios (nº40).
»El hombre que se desengancha de la verdad objetiva de la ley natural se equivoca (nº61).
»Es inaceptable que se haga de la propia debilidad el criterio de la verdad para justificarse uno mismo (nº104), adaptando la norma moral a los propios intereses (nº105).
»La conciencia no es una fuente autónoma para decidir lo que es bueno o malo (nº60).
»Por voluntad de Cristo la Iglesia Católica es maestra de la verdad, y su misión es (...) declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana (nº64).
»El Señor ha confiado a Pedro el encargo de confirmar a sus hermanos (nº115).
»La Iglesia se pone al servicio de la conciencia ayudándola a no desviarse de la verdad (nº 64, 110, 116).
»Los fieles están obligados a reconocer y respetar los preceptos morales específicos declarados y enseñados por la Iglesia en el nombre de Dios (nº76).
»Los fieles, en su fe, deben seguir el Magisterio de la Iglesia, no las opiniones de los teólogos (Prólogo).
»La Iglesia tiene autoridad no sólo en cuestiones de fe sino también en cuestiones de moral (nº28 y 95).
»La fe tiene un contenido moral: suscita y exige un compromiso coherente con la vida (nº83).
»Una verdad no es acogida auténticamente si no se traduce en hechos, si no es puesta en práctica (nº88).La libertad no es un valor absoluto (nº32).
»La libertad debe someterse a la verdad (nº34).
»No hay libertad fuera de la verdad (nº96). Se llegaría a una concepción relativista de la moral (nº33).
»La revelación enseña que el poder de decidir sobre el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios (nº35).
»La doctrina moral no puede depender de una deliberación de tipo democrático (nº113).
»La ley natural es universal en sus preceptos, y su autoridad se extiende a todos los hombres (nº51).
»A ella deben atenerse tanto los poderes públicos como los ciudadanos (nº97 y 101).
»Las opiniones de los teólogos no constituyen la norma de enseñanza (nº116).
»En la oposición a la enseñanza de los Pastores no se puede reconocer una legítima expresión de la libertad cristiana ni de las diversidades de los dones del Espíritu Santo (nº113).
»Los Pastores tienen el deber (...) de exigir que sea respetado siempre el derecho de los fieles a recibir la doctrina católica en su pureza e integridad (nº113).
»Hay verdades y valores morales por los cuales se debe estar dispuesto a dar incluso la vida (nº94).
»Ninguna doctrina filosófica o teológica complaciente puede hacer verdaderamente feliz al hombre: sólo la cruz y la gloria de Cristoresucitado, pueden dar paz a su conciencia y salvación a su vida (nº120).
[1] ANTONIO ARZA, S.I.: Preguntas y respuestas en cristiano, pg. 12. Ed. Mensajero. Bilbao.
[2] JUAN A. GONZÁLEZ LOBATO: Razones de la Fe, II, 2, g. Ed. EMESA. Madrid. 1980
[3] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1783.
[4] AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral,1ª, IX, 6. Ed. Palabra. Madrid.1995.
[5] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1791.
[6] AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral, 1ª, IX, 4, 1, a. Ed. Palabra. Madrid.1995.
[7] JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, III, 7. Ed. Rialp. Madrid. 1992.
[8] AUGUSTO SARMIENTO: 39 Cuestiones doctrinales, IV, 4. Ed. Rialp. Madrid. 1990.
[9] JUAN PABLO II: Encíclica Veritatis splendor, nº 72.
[10] AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral, 1ª, VIII, 3. Ed. Palabra. Madrid.
[11] Revista ECCLESIA, 2653-54 (9-16, X, 93) 6.
Del libro, Para Salvarte
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domingo, 19 de abril de 2020
¿Es pecado hacerse tatuajes o ponerse piercings?
¿ES PECADO HACERSE TATUAJES O PONERSE PIERCINGS?
Por: P. Modesto Lule msp
Un cristiano católico debe reflexionar las cosas antes de llevarlas a cabo.
El tatuaje no es una práctica moderna. En Egipto y Libia se han encontrado momias con tatuajes que datan de cientos de años antes de Cristo, y lo mismo ha sucedido en Sudamérica. Muchas de las imágenes que dichas momias tienen grabadas están directamente relacionadas con la adoración de dioses paganos. El investigador Steve Gilbert señala: “El tatuaje no abstracto más antiguo que se conoce representa a Bes, que según la mitología egipcia es la lasciva deidad de la diversión”. Los adoradores paganos, como por ejemplo los egipcios, se tatuaban los nombres o los símbolos de sus dioses en el pecho o en los brazos. Ante estos casos en el pasado algunos me preguntan:¿Es pecado hacerse tatuajes?
En la Biblia, en el Antiguo Testamento, Dios prohibía a su pueblo hacerse tatuajes: «No se hagan heridas en el cuerpo por causa de un muerto. No se hagan ninguna clase de tatuaje. Yo soy el Señor». (Lev. 19, 28) También podemos decir que prohibía hacerse heridas: «Ustedes son los hijos del Señor su Dios. No se hagan heridas en el cuerpo». (Deut. 14, 1) Con estos versículos podemos preguntarnos si es pecado ponerse aretes en el cuerpo de forma exagerada o hacerse cortes en la piel con la mera intención de llamar la atención. Pero antes de responder si es pecado o no, analicemos un poco más estos casos.
El tatuaje fue redescubierto por los europeos cuando entraron en contacto con los indios americanos y polinesios en la época de las grandes exploraciones. La misma palabra tatuaje (tattoo) fue introducida en la lengua inglesa y en otras europeas provenientes de Tahiti, donde fue recogido por la expedición de James Cook en 1769. Con el paso del tiempo y el aumento de personas tatuadas, tanto Indios y polinesios, y más tarde europeos en el extranjero, atrajeron mucho interés en exhibiciones, ferias y circos de Europa y Estados Unidos, durante los siglos XVIII y XIX.
El primer implemento eléctrico para tatuar fue patentado en los Estados Unidos en 1891. Los Estados Unidos se convirtieron en un centro de influencia en tatuajes. Y no es algo solamente de aquel tiempo, consideramos que en la actualidad siguen con el mismo perfil.
Ante la pregunta de si es pecado tatuarse o ponerse aretes por todas partes, respondemos que no es pecado. Nadie hasta el momento me ha llegado confesando ese pecado. Pero un cristiano católico debe reflexionar las cosas antes de llevarlas a cabo. En este caso se deben considerar algunas cosas, como por ejemplo la salud. Deben tener en cuenta que pueden contagiarse de enfermedades como el SIDA y el Hepatitis C. Esta última fue la causa por la que en Estados Unidos de Norteamérica prohibieron hacerse tatuajes allá en el 1961 por el brote de esta enfermedad propagada por la poca higiene al hacerse los tatuajes. Otra cosa que debe tener en cuenta un cristiano, es que no debemos marcarnos con imágenes que ofendan a los demás ni con aquello que contradiga nuestra religión. Muchos pueden decirse católicos y marcarse con imágenes de mujeres semidesnudas o con consignas groseras, satánicas y todo aquello que ofende la religión. El otro motivo es el verse impedidos por cierto tiempo de donar sangre. Muchas veces donando sangre podemos salvar una vida pero al estar tatuados nos vemos imposibilitados para esto ya sea por la contaminación que al tinta provoca en la sangre o también por contagiarse de alguna enfermedad.
Una de las cosas muy personales por las cuales yo les cuestionaría sería: ¿por qué te quieres tatuar? ¿Es vanidad? ¿Cuánto vas a gastar en dicho tatuaje, ese dinero no lo puedes usar para algo más productivo? O ¿quieres llamar la atención de otros? Porque al final, eso a mi modo de ver, sería la única intención de hacerse un tatuaje: Sólo por llamar la atención de otros. La persona no se siente contenta con su cuerpo, con su imagen y busca ponerse algo para sentirse realizado. Pareciera ser que no somos felices con lo que somos o tenemos. Pareciera ser entonces que no nos sentimos amados por los demás, nos sentimos rechazados. Creo que debemos analizar muy bien las cosas antes de hacerlas. Como cristiano católico debemos buscar vivir nuestra religión en todos los aspectos, y recordar que nuestro cuerpo es un regalo de Dios y corresponde cuidarlo y amarlo, no maltratarlo.
En la Biblia encontramos: «¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? Ustedes no son sus propios dueños, porque Dios los ha comprado. Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo». (1 Cor. 6, 19-20)
Dios nos ama con tatuajes o sin tatuajes, eso no se duda. Pero tratemos de reflexionar nuestras acciones antes de hacerlas para que siempre por medio de ellas demos un buen testimonio del nombre cristiano. No solamente con la predicación se anuncia a Cristo, también con nuestras actitudes damos razón del Evangelio. Que de hoy en adelante tus actitudes correspondan siempre a la de un hijo de Dios. Si ya tienes tatuajes, pues no hay más que cargarlos, pero si no tienes, mejor piensa bien las cosas. No recomiendes a otros a hacerlos. Hazles reflexionar para que no lo hagan.
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Un cristiano católico debe reflexionar las cosas antes de llevarlas a cabo.
El tatuaje no es una práctica moderna. En Egipto y Libia se han encontrado momias con tatuajes que datan de cientos de años antes de Cristo, y lo mismo ha sucedido en Sudamérica. Muchas de las imágenes que dichas momias tienen grabadas están directamente relacionadas con la adoración de dioses paganos. El investigador Steve Gilbert señala: “El tatuaje no abstracto más antiguo que se conoce representa a Bes, que según la mitología egipcia es la lasciva deidad de la diversión”. Los adoradores paganos, como por ejemplo los egipcios, se tatuaban los nombres o los símbolos de sus dioses en el pecho o en los brazos. Ante estos casos en el pasado algunos me preguntan:¿Es pecado hacerse tatuajes?
En la Biblia, en el Antiguo Testamento, Dios prohibía a su pueblo hacerse tatuajes: «No se hagan heridas en el cuerpo por causa de un muerto. No se hagan ninguna clase de tatuaje. Yo soy el Señor». (Lev. 19, 28) También podemos decir que prohibía hacerse heridas: «Ustedes son los hijos del Señor su Dios. No se hagan heridas en el cuerpo». (Deut. 14, 1) Con estos versículos podemos preguntarnos si es pecado ponerse aretes en el cuerpo de forma exagerada o hacerse cortes en la piel con la mera intención de llamar la atención. Pero antes de responder si es pecado o no, analicemos un poco más estos casos.
El tatuaje fue redescubierto por los europeos cuando entraron en contacto con los indios americanos y polinesios en la época de las grandes exploraciones. La misma palabra tatuaje (tattoo) fue introducida en la lengua inglesa y en otras europeas provenientes de Tahiti, donde fue recogido por la expedición de James Cook en 1769. Con el paso del tiempo y el aumento de personas tatuadas, tanto Indios y polinesios, y más tarde europeos en el extranjero, atrajeron mucho interés en exhibiciones, ferias y circos de Europa y Estados Unidos, durante los siglos XVIII y XIX.
El primer implemento eléctrico para tatuar fue patentado en los Estados Unidos en 1891. Los Estados Unidos se convirtieron en un centro de influencia en tatuajes. Y no es algo solamente de aquel tiempo, consideramos que en la actualidad siguen con el mismo perfil.
Ante la pregunta de si es pecado tatuarse o ponerse aretes por todas partes, respondemos que no es pecado. Nadie hasta el momento me ha llegado confesando ese pecado. Pero un cristiano católico debe reflexionar las cosas antes de llevarlas a cabo. En este caso se deben considerar algunas cosas, como por ejemplo la salud. Deben tener en cuenta que pueden contagiarse de enfermedades como el SIDA y el Hepatitis C. Esta última fue la causa por la que en Estados Unidos de Norteamérica prohibieron hacerse tatuajes allá en el 1961 por el brote de esta enfermedad propagada por la poca higiene al hacerse los tatuajes. Otra cosa que debe tener en cuenta un cristiano, es que no debemos marcarnos con imágenes que ofendan a los demás ni con aquello que contradiga nuestra religión. Muchos pueden decirse católicos y marcarse con imágenes de mujeres semidesnudas o con consignas groseras, satánicas y todo aquello que ofende la religión. El otro motivo es el verse impedidos por cierto tiempo de donar sangre. Muchas veces donando sangre podemos salvar una vida pero al estar tatuados nos vemos imposibilitados para esto ya sea por la contaminación que al tinta provoca en la sangre o también por contagiarse de alguna enfermedad.
Una de las cosas muy personales por las cuales yo les cuestionaría sería: ¿por qué te quieres tatuar? ¿Es vanidad? ¿Cuánto vas a gastar en dicho tatuaje, ese dinero no lo puedes usar para algo más productivo? O ¿quieres llamar la atención de otros? Porque al final, eso a mi modo de ver, sería la única intención de hacerse un tatuaje: Sólo por llamar la atención de otros. La persona no se siente contenta con su cuerpo, con su imagen y busca ponerse algo para sentirse realizado. Pareciera ser que no somos felices con lo que somos o tenemos. Pareciera ser entonces que no nos sentimos amados por los demás, nos sentimos rechazados. Creo que debemos analizar muy bien las cosas antes de hacerlas. Como cristiano católico debemos buscar vivir nuestra religión en todos los aspectos, y recordar que nuestro cuerpo es un regalo de Dios y corresponde cuidarlo y amarlo, no maltratarlo.
En la Biblia encontramos: «¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? Ustedes no son sus propios dueños, porque Dios los ha comprado. Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo». (1 Cor. 6, 19-20)
Dios nos ama con tatuajes o sin tatuajes, eso no se duda. Pero tratemos de reflexionar nuestras acciones antes de hacerlas para que siempre por medio de ellas demos un buen testimonio del nombre cristiano. No solamente con la predicación se anuncia a Cristo, también con nuestras actitudes damos razón del Evangelio. Que de hoy en adelante tus actitudes correspondan siempre a la de un hijo de Dios. Si ya tienes tatuajes, pues no hay más que cargarlos, pero si no tienes, mejor piensa bien las cosas. No recomiendes a otros a hacerlos. Hazles reflexionar para que no lo hagan.
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viernes, 17 de abril de 2020
El que diga que no tiene pecado es un mentiroso
EL QUE DIGA QUE NO TIENE PECADO ES UN MENTIROSO
Por: Israel Octavio Hernández
Los hermanos separados, acostumbran a calificar al Católico como pecador, dando a entender que ellos no tienen pecados.
Suelen decir:
"Los Católicos son borrachos, mujeriegos, mentirosos, asesinos, violadores, etc. etc."
A veces me han dicho que las cárceles de México están llenas de Católicos. Aunque no se ponen a pensar que si van a las cárceles de E.U. están llenas de Protestantes, al igual que en Inglaterra, o si nos vamos al medio Oriente, están llenas de Musulmanes, en Rusia de Ortodoxos y así sucesivamente. Lo único que hacen es criticar y no son objetivos.
A veces suelen decir:
"Cuando yo era Católico era borracho, mujeriego, perezoso, etc.etc."
Pero no se ponen a pensar que realmente eran malos Católicos, irresponsables en su fe, pues si hubieran sido buenos Católicos no hubieran hecho tales cosas y nunca se hubieran salido de la Iglesia.
Pero hablando de pecadores, ¿Jesús los rechazaba?
"Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.
Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?»
Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.» Mc 2,15-17
"Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»" Lc 15,1-2
NO, Jesús no los rechazaba, como sí lo hacen los hermanos separados.
Acusan a los Católicos de ser borrachos e irresponsables?
Lo mismo decían del Señor Jesús los fariseos:
"Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»" Mt 11;19
Los hermanos dicen que los Católicos son de lo peor, y que ellos sí cumplen la Palabra de Dios, tienen según una vida recta etc. etc. (Aunque todos conocemos o tenemos familiares evangélicos que no tienen una vida muy piadosa que digamos). Eso es fariseísmo, y me recuerda la parábola del fariseo y el publicano, veamos:
"Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola:
«Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.
El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: "¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano.
Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias."
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!"
Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»" Lc 18,9-14
Otros hermanos se han atrevido a decirme ¡que ellos ya no tienen pecados!
¿Qué les responde el Apóstol San Juan?
"Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros.
Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia.
Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros." 1aJn 1,8-10
Así que hay que tener cuidado de estar criticando a los demás por los pecados que cometan, no caigamos en el mismo error de los hermanos separados, pues nadie es perfecto, todos somos como los leprosos de Luc 17,12-19 los cuales Jesús no sanó al momento, si no que en el camino se fueron sanando, así nosotros, somos leprosos que nos vamos sanando en el camino, hasta alcanzar la santidad.
"Sean Santos como Yo soy Santo" 1Pe 15,16.
Fuente católicodefiendetufe
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Por: Israel Octavio Hernández
Los hermanos separados, acostumbran a calificar al Católico como pecador, dando a entender que ellos no tienen pecados.
Suelen decir:
"Los Católicos son borrachos, mujeriegos, mentirosos, asesinos, violadores, etc. etc."
A veces me han dicho que las cárceles de México están llenas de Católicos. Aunque no se ponen a pensar que si van a las cárceles de E.U. están llenas de Protestantes, al igual que en Inglaterra, o si nos vamos al medio Oriente, están llenas de Musulmanes, en Rusia de Ortodoxos y así sucesivamente. Lo único que hacen es criticar y no son objetivos.
A veces suelen decir:
"Cuando yo era Católico era borracho, mujeriego, perezoso, etc.etc."
Pero no se ponen a pensar que realmente eran malos Católicos, irresponsables en su fe, pues si hubieran sido buenos Católicos no hubieran hecho tales cosas y nunca se hubieran salido de la Iglesia.
Pero hablando de pecadores, ¿Jesús los rechazaba?
"Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.
Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?»
Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.» Mc 2,15-17
"Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»" Lc 15,1-2
NO, Jesús no los rechazaba, como sí lo hacen los hermanos separados.
Acusan a los Católicos de ser borrachos e irresponsables?
Lo mismo decían del Señor Jesús los fariseos:
"Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»" Mt 11;19
Los hermanos dicen que los Católicos son de lo peor, y que ellos sí cumplen la Palabra de Dios, tienen según una vida recta etc. etc. (Aunque todos conocemos o tenemos familiares evangélicos que no tienen una vida muy piadosa que digamos). Eso es fariseísmo, y me recuerda la parábola del fariseo y el publicano, veamos:
"Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola:
«Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.
El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: "¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano.
Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias."
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!"
Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»" Lc 18,9-14
Otros hermanos se han atrevido a decirme ¡que ellos ya no tienen pecados!
¿Qué les responde el Apóstol San Juan?
"Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros.
Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia.
Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros." 1aJn 1,8-10
Así que hay que tener cuidado de estar criticando a los demás por los pecados que cometan, no caigamos en el mismo error de los hermanos separados, pues nadie es perfecto, todos somos como los leprosos de Luc 17,12-19 los cuales Jesús no sanó al momento, si no que en el camino se fueron sanando, así nosotros, somos leprosos que nos vamos sanando en el camino, hasta alcanzar la santidad.
"Sean Santos como Yo soy Santo" 1Pe 15,16.
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jueves, 26 de marzo de 2020
¿Cuál fue el pecado que cometieron Adán y Eva?
¿CUÁL FUE EL PECADO QUE COMETIERON ADÁN Y EVA?
Por Jesús Mondragón
De todos es conocido que el pecado de Adán y Eva fue desobedecer a Dios. Pero, ¿En qué lo desobedecieron? Dirán algunos: "porque tuvieron relaciones sexuales". No, no fueron las relaciones sexuales el pecado original, pues Dios mismo les dijo:
Génesis 1,27-28
Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.
Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos...
De modo que, el sexo entre hombre y mujer es una bendición de Dios. Luego entonces, no es éste el pecado cometido por Adán y Eva. Otros dirán: "por comerse la manzana". Pero la Biblia no habla de ninguna manzana. El fruto prohibido era el del "árbol de la ciencia del bien y del mal".
Génesis 2,16-17
Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»
CIENCIA- Es el conjunto de conocimientos de una persona adquiridos por el estudio y la aplicación de la inteligencia.
En griego, la palabra conocimiento, se dice: "gnosis". El término gnosis, es igual a ciencia, conocimiento.
De manera que, el pecado de Adán y Eva es un pecado de gnosis, de conocimiento. Adán y Eva adquirieron un conocimiento falso, equivocado, un conocimiento ilegítimo. En pocas palabras, el pecado cometido por Adán y Eva fue ¡LA HEREJÍA!
HEREJÍA- Afirmación o posición contraria a los principios y las reglas establecidos y aceptados comúnmente en cualquier cuestión.
¿En qué consistió esa herejía?
Adán y Eva conocían a Dios por el trato directo que tenían con Él. Como dijo San Pablo:
Romanos 1,19-20
Pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó.
Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que no tienen excusa.
Sin embargo, hubo un ser maligno que sembró en sus mentes ideas extrañas a lo que ya conocían Adán y Eva:
Génesis 3,1-6
La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?»
Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín.
Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.»
Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis.
Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.»
Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió.
Dios creó al hombre en un infinito acto de amor, pues Él no necesita nada de nosotros y toda su creación se la entregó al hombre.
Génesis 1,28
Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»
Pero al escuchar a Satanás, el hombre adquirió un conocimiento equivocado de Dios. Ahora, Dios era un egoísta "Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses". El pecado de herejía cometido por Adán y Eva, es un pecado ¡En contra de Dios!
¿Qué harían ahora Adán y Eva? ¿Se arrepentirán? ¿Pedirían perdón? Si lo hubieran hecho, ciertamente que Dios los habría perdonado, pero en vez de eso...
Génesis 3,9-12
Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?»
Este contestó: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.»
El replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?»
Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.»
Lejos de reconocer su pecado y pedir perdón a Dios por haberlo ofendido, !Adán le echa la culpa a Dios! "La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí."
A partir de ahí, la raza humana, herida mortalmente aprenderá a inventarse dioses a su gusto y a crear religiones falsas: Babilonia, Egipto, Grecia... Y la proclividad del hombre a abrazar doctrinas mentirosas irá cada vez en aumento. Hoy en día, ya son 70,000 sectas cristianas y cada una asegura ser la verdadera Iglesia de Jesucristo.
No basta con ser sinceros y buscar a Dios con honestidad. Es necesario también adherirse a la verdad.
"Es el mismo Dios", afirman muchos. Pero, ¿En verdad es el mismo? Adán y Eva cometieron la herejía de concebir la idea de un Dios opresor, egoísta y así, pecaron, no contra su prójimo, no contra la creación, no contra ellos mismos, sino ¡Contra Dios mismo!
Así, el dios de los testigos de Jehová, prefiere que un niño muera a que se le realice una transfusión de sangre. El dios de los "cristianos" evangélicos es un megalómano que sólo le importa ser reconocido como el "Señor" y que lo aceptes en tu corazón y ya con eso te regala la salvación, sin importar cuánto peques después. El dios de los mormones era Adán, un hombre normal, y que gracias a su esfuerzo personal se convirtió en dios. Tuvo relaciones sexuales con María y con ella concibió a Jesús. Y así, cada uno ha inventado a su dios.
El neo-paganismo, mejor conocido como la new age o la nueva era, que reúne en sí a todas las herejías antiguas y modernas, una verdadera mezcolanza. Yoga, horóscopos, espiritismo, brujería, santería y un sinfín de supersticiones. El "panteísmo" donde Dios es una simple energía, Dios es el universo, convirtiendo a la creación de Dios, en dios.
Romanos 1,25
Ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
I Timoteo 4,1
El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas.
II Timoteo 4,3
Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades.
El pecado de Adán y Eva consistió en abandonar la verdad por la mentira, igual a como hoy muchos, miles, millones, lo continúan haciendo. El pecado de Adán y Eva es el pecado de toda la raza humana.
I Juan 2,18-19
Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora.
Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.
Que no te engañen, ni todas las religiones son iguales, ni todas las religiones son buenas, ni todas las religiones te llevan al mismo camino. Sólo existe una verdad...
Efesios 4,4-6
Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados.
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.
I Timoteo 3,15
Pero si tardo, para que sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
ESA IGLESIA, TÚ YA LO SABES, ES LA IGLESIA CATÓLICA.
PAX ET BONUM
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Nuestros artículos están hechos para la evangelización y difusión de la verdadera fe católica y pueden ser, usados, compartidos o publicados libremente en distintas páginas o foros, sin fines de lucro, siempre que se haga mención del autor del artículo, los créditos debidos y el nombre de ésta página, CATHOLIC MAGAZINE.
De todos es conocido que el pecado de Adán y Eva fue desobedecer a Dios. Pero, ¿En qué lo desobedecieron? Dirán algunos: "porque tuvieron relaciones sexuales". No, no fueron las relaciones sexuales el pecado original, pues Dios mismo les dijo:
Génesis 1,27-28
Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.
Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos...
De modo que, el sexo entre hombre y mujer es una bendición de Dios. Luego entonces, no es éste el pecado cometido por Adán y Eva. Otros dirán: "por comerse la manzana". Pero la Biblia no habla de ninguna manzana. El fruto prohibido era el del "árbol de la ciencia del bien y del mal".
Génesis 2,16-17
Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»
CIENCIA- Es el conjunto de conocimientos de una persona adquiridos por el estudio y la aplicación de la inteligencia.
En griego, la palabra conocimiento, se dice: "gnosis". El término gnosis, es igual a ciencia, conocimiento.
De manera que, el pecado de Adán y Eva es un pecado de gnosis, de conocimiento. Adán y Eva adquirieron un conocimiento falso, equivocado, un conocimiento ilegítimo. En pocas palabras, el pecado cometido por Adán y Eva fue ¡LA HEREJÍA!
HEREJÍA- Afirmación o posición contraria a los principios y las reglas establecidos y aceptados comúnmente en cualquier cuestión.
¿En qué consistió esa herejía?
Adán y Eva conocían a Dios por el trato directo que tenían con Él. Como dijo San Pablo:
Romanos 1,19-20
Pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó.
Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que no tienen excusa.
Sin embargo, hubo un ser maligno que sembró en sus mentes ideas extrañas a lo que ya conocían Adán y Eva:
Génesis 3,1-6
La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?»
Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín.
Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.»
Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis.
Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.»
Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió.
Dios creó al hombre en un infinito acto de amor, pues Él no necesita nada de nosotros y toda su creación se la entregó al hombre.
Génesis 1,28
Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»
Pero al escuchar a Satanás, el hombre adquirió un conocimiento equivocado de Dios. Ahora, Dios era un egoísta "Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses". El pecado de herejía cometido por Adán y Eva, es un pecado ¡En contra de Dios!
¿Qué harían ahora Adán y Eva? ¿Se arrepentirán? ¿Pedirían perdón? Si lo hubieran hecho, ciertamente que Dios los habría perdonado, pero en vez de eso...
Génesis 3,9-12
Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?»
Este contestó: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.»
El replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?»
Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.»
Lejos de reconocer su pecado y pedir perdón a Dios por haberlo ofendido, !Adán le echa la culpa a Dios! "La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí."
A partir de ahí, la raza humana, herida mortalmente aprenderá a inventarse dioses a su gusto y a crear religiones falsas: Babilonia, Egipto, Grecia... Y la proclividad del hombre a abrazar doctrinas mentirosas irá cada vez en aumento. Hoy en día, ya son 70,000 sectas cristianas y cada una asegura ser la verdadera Iglesia de Jesucristo.
No basta con ser sinceros y buscar a Dios con honestidad. Es necesario también adherirse a la verdad.
"Es el mismo Dios", afirman muchos. Pero, ¿En verdad es el mismo? Adán y Eva cometieron la herejía de concebir la idea de un Dios opresor, egoísta y así, pecaron, no contra su prójimo, no contra la creación, no contra ellos mismos, sino ¡Contra Dios mismo!
Así, el dios de los testigos de Jehová, prefiere que un niño muera a que se le realice una transfusión de sangre. El dios de los "cristianos" evangélicos es un megalómano que sólo le importa ser reconocido como el "Señor" y que lo aceptes en tu corazón y ya con eso te regala la salvación, sin importar cuánto peques después. El dios de los mormones era Adán, un hombre normal, y que gracias a su esfuerzo personal se convirtió en dios. Tuvo relaciones sexuales con María y con ella concibió a Jesús. Y así, cada uno ha inventado a su dios.
El neo-paganismo, mejor conocido como la new age o la nueva era, que reúne en sí a todas las herejías antiguas y modernas, una verdadera mezcolanza. Yoga, horóscopos, espiritismo, brujería, santería y un sinfín de supersticiones. El "panteísmo" donde Dios es una simple energía, Dios es el universo, convirtiendo a la creación de Dios, en dios.
Romanos 1,25
Ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
I Timoteo 4,1
El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas.
II Timoteo 4,3
Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades.
El pecado de Adán y Eva consistió en abandonar la verdad por la mentira, igual a como hoy muchos, miles, millones, lo continúan haciendo. El pecado de Adán y Eva es el pecado de toda la raza humana.
I Juan 2,18-19
Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora.
Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.
Que no te engañen, ni todas las religiones son iguales, ni todas las religiones son buenas, ni todas las religiones te llevan al mismo camino. Sólo existe una verdad...
Efesios 4,4-6
Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados.
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sábado, 21 de marzo de 2020
¿En qué se parecen el coronavirus y el pecado?
A través de diferentes mensajes y videos que se difunden hemos visto que el coronavirus covid-19 es realmente indefenso fuera de nuestro cuerpo. Un simple jabón lo mata, estar a más de 2 mts lo hace caer al suelo, cualquier mascarilla lo retiene, el alcohol lo acaba, poner la ropa al sol por varias horas también y no dura más de varios días en las distintas superficies. ¿Qué es lo que lo hace peligroso entonces? Cuando entra a nuestro cuerpo, parece increíble que algo tan inofensivo por fuera, al entrar no tenga vacuna ni medicina que lo venza. ¿Y por donde entra? Por las mucosas de los ojos, nariz y boca, fíjate, por los sentidos. Es decir, ahí está la real puerta de entrada y es invisible a los ojos.
Cuando vemos lo que hace el pecado en nuestra vida podemos ver el mismo paralelo. El pecado aparece así por fuera, inofensivo, algo "manejable", algo que no me obliga a afectarme a menos que yo lo permita. Las tentaciones están a la orden del día tanto como las formas de encontrar el coronavirus. Pero a diferencia del coronavirus, el pecado no asusta tanto a la gente. La gente desesperada busca mascarillas pero no mide lo que dice con sus palabras, usa guantes quirúrgicos, pero no la mano para ayudar y ser solidario. Evita tocarse los ojos para no contraer el virus pero no mide lo que ve, y es ahí por donde entra muchas veces el pecado. La gente se desespera por lavarse los manos a cada rato pero no busca confesarse para recuperar la gracia de Dios. Y al final, y lo que más nos debe poner a pensar, es que en la gran mayoría, aun sin vacuna, el virus es vencido y sale del cuerpo, pero, ¿y el pecado?
Así como el virus, tan minúsculo afuera, se hace fuerte adentro, así ocurre con el pecado. Nos va destruyendo poco a poco y la gente lo que hace es irse acomodando. Verdad que nadie le diría a otro con coronavirus: eso es una simple gripita, ¿cierto que cambiarle el nombre no lo hace más inofensivo? Igual sucede con el pecado, cambiarle el nombre como hace mucha gente no lo hace más inofensivo. Lo importante para vencer a un enemigo es descubrirlo y desenmascararlo. Pues eso debemos hacer con el pecado. Vencerlo sabiendo a dónde nos lleva y cómo nos aparta de Dios y de su amor.
Ya hay gente desesperada por el encierro, por no poder salir, ahora imagínate una eternidad sin Dios, es peor aun. No quiero asustar a nadie, pero sí que pensemos, que así como nos cuidamos, y con justa razón para que todos podamos vencer esta pandemia, también lo hagamos con el pecado. Hay que vencerlo, hoy una botella de alcohol es oro, un jabón también, pues valoremos lo que tenemos a distancia. Valoremos a nuestros sacerdotes, valoremos la Eucaristía, que muchas veces miramos como algo más de la vida, hoy sí reconocemos cuan importantes son cuando nos toca verlos detrás de una pantalla.
Pidamos a Dios que nos haga siempre escucharlo a través de cada cosa que vivimos, y sepamos que Cristo ha vencido al mundo.
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miércoles, 12 de febrero de 2020
¿Cuál es el pecado contra el Espíritu Santo?
¿CUÁL ES EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO?
Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE
Este pecado corta todas las vías para el arrepentimiento y la vuelta a Dios.
Pregunta:
Me interesaría saber cuál es el pecado contra el Espíritu Santo. He sentido hablar sobre él en una reunión, pero no entiendo a qué se refiere.
Respuesta:
Estimado amigo:
La expresión “pecado contra el Espíritu Santo” está tomada del Evangelio, en el cual leemos en Mateo 12,32:
Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará en este mundo ni en el otro.
Hay que tener en cuenta que estas palabras las pronuncia Cristo después que los fariseos intentan desacreditar sus milagros diciendo que los obra por el poder de Beelzebul, Príncipe de los demonios (Mt 12,24). Algunos Santos Padres, como Atanasio, Hilario, Ambrosio, Jerónimo y Crisóstomo, consideraron que este pecado es aquella blasfemia que atribuye las obras del Espíritu Santo a los espíritus diabólicos (como ocurre en el episodio relatado en el Evangelio). San Agustín enseñó, en cambio, que este pecado es cualquier blasfemia contra el Espíritu Santo por quien viene la remisión de los pecados. Muchos otros después de San Agustín lo identificaron con todo pecado cometido con plena conciencia y malicia (y se llamaría “contra el Espíritu Santo” en cuanto contraría la bondad que se apropia a esta divina Persona).
Santo Tomás, complementando estas tres interpretaciones señaló que el “pecado contra el Espíritu Santo” es todo pecado que pone un obstáculo particularmente grave a la obra de la redención en el alma, es decir, que hace sumamente difícil la conversión al bien o la salida del pecado; así:
(1) Lo que nos hace desconfiar de la misericordia de Dios (la desesperación que excluye la confianza en la misericordia divina) o nos alienta a pecar (la presunción, que excluye el temor de la justicia).
(2) Lo que nos hace enemigos de los dones divinos que nos llevan a la conversión: el rechazo de la verdad (que nos lleva a rebatir la verdad para poder pecar con tranquilidad) y la envidia u odio de la gracia (la envidia de la gracia fraterna o tristeza por la acción de la gracia en los demás y por el crecimiento de la gracia de Dios en el mundo).
(3) Y finalmente, lo que nos impide salir del pecado: la impenitencia (la negativa a arrepentirnos y dejar nuestros pecados) y la obstinación en el mal (la reiteración del propósito de seguir pecando).
Evidentemente a este pecado no se llega de repente, sino después de haberse habituado en el pecado. La malicia de este pecado implica muchos otros pecados que van deslizando al hombre hasta rechazar la conversión. Dice Nuestro Señor que este pecado no será perdonado ni en este mundo ni en el otro (Mt 12,32). No quiere decir esto que este pecado no “pueda” ser perdonado por Dios, sino que de suyo no da pie alguno para el perdón (corta todas las vías para el arrepentimiento y la vuelta a Dios). Sin embargo, nada puede cerrar la omnipotencia y la misericordia divina, que puede causar la conversión del corazón más empedernido así como puede curar milagrosamente una enfermedad mortal.
Bibliografía:
Paul Lamarche, Pecado, en: Xavier Léon-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder 1978, 660-672;
Francesco Roberti, Pecado contra el Espíritu Santo, en: Diccionario de Teología Moral, Editorial Litúrgica Española, Barcelona 1960, pp. 924-925.
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Me interesaría saber cuál es el pecado contra el Espíritu Santo. He sentido hablar sobre él en una reunión, pero no entiendo a qué se refiere.
Respuesta:
Estimado amigo:
La expresión “pecado contra el Espíritu Santo” está tomada del Evangelio, en el cual leemos en Mateo 12,32:
Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará en este mundo ni en el otro.
Hay que tener en cuenta que estas palabras las pronuncia Cristo después que los fariseos intentan desacreditar sus milagros diciendo que los obra por el poder de Beelzebul, Príncipe de los demonios (Mt 12,24). Algunos Santos Padres, como Atanasio, Hilario, Ambrosio, Jerónimo y Crisóstomo, consideraron que este pecado es aquella blasfemia que atribuye las obras del Espíritu Santo a los espíritus diabólicos (como ocurre en el episodio relatado en el Evangelio). San Agustín enseñó, en cambio, que este pecado es cualquier blasfemia contra el Espíritu Santo por quien viene la remisión de los pecados. Muchos otros después de San Agustín lo identificaron con todo pecado cometido con plena conciencia y malicia (y se llamaría “contra el Espíritu Santo” en cuanto contraría la bondad que se apropia a esta divina Persona).
Santo Tomás, complementando estas tres interpretaciones señaló que el “pecado contra el Espíritu Santo” es todo pecado que pone un obstáculo particularmente grave a la obra de la redención en el alma, es decir, que hace sumamente difícil la conversión al bien o la salida del pecado; así:
(1) Lo que nos hace desconfiar de la misericordia de Dios (la desesperación que excluye la confianza en la misericordia divina) o nos alienta a pecar (la presunción, que excluye el temor de la justicia).
(2) Lo que nos hace enemigos de los dones divinos que nos llevan a la conversión: el rechazo de la verdad (que nos lleva a rebatir la verdad para poder pecar con tranquilidad) y la envidia u odio de la gracia (la envidia de la gracia fraterna o tristeza por la acción de la gracia en los demás y por el crecimiento de la gracia de Dios en el mundo).
(3) Y finalmente, lo que nos impide salir del pecado: la impenitencia (la negativa a arrepentirnos y dejar nuestros pecados) y la obstinación en el mal (la reiteración del propósito de seguir pecando).
Evidentemente a este pecado no se llega de repente, sino después de haberse habituado en el pecado. La malicia de este pecado implica muchos otros pecados que van deslizando al hombre hasta rechazar la conversión. Dice Nuestro Señor que este pecado no será perdonado ni en este mundo ni en el otro (Mt 12,32). No quiere decir esto que este pecado no “pueda” ser perdonado por Dios, sino que de suyo no da pie alguno para el perdón (corta todas las vías para el arrepentimiento y la vuelta a Dios). Sin embargo, nada puede cerrar la omnipotencia y la misericordia divina, que puede causar la conversión del corazón más empedernido así como puede curar milagrosamente una enfermedad mortal.
Bibliografía:
Paul Lamarche, Pecado, en: Xavier Léon-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder 1978, 660-672;
Francesco Roberti, Pecado contra el Espíritu Santo, en: Diccionario de Teología Moral, Editorial Litúrgica Española, Barcelona 1960, pp. 924-925.
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sábado, 8 de febrero de 2020
El pecado de omisión
EL PECADO DE OMISIÓN
Por Manuel Antonio Cano
Dijo Voltaire “Todo hombre es culpable del bien que no hace”, es decir, no sólo somos responsables de lo que hacemos, sino también de lo que NO hacemos, de lo que NO defendemos y de lo que NO hablamos. Este es el grave pecado de omisión y nuestro mundo lo padece en extremo.
Culturalmente vemos solo por lo nuestro; estamos inmersos en una cultura individualista, nos centramos solo en nosotros, nuestros intereses y nada más. No nos damos tiempo para atender al mundo, para actuar por él y mejorarlo Cuántas veces justificamos nuestras omisiones argumentando que no pude, no me interesa, no tengo dinero, no quiero, no estoy disponible para alguien, ni para protestas o marchas porque soy pacifista no grillo; me da flojera, ó simplemente no me interesa hacer favores porque YO NO HAGO MALES y con NO hacer males basta. Recordemos que no sólo estamos mal cuando hacemos cosas malas, sino también cuando dejamos de buscar, de ver y actuar a favor del bien. Algunos se dan latigazos por el mal que hicieron, pero no ven el bien que pueden hacer y que no lo hacen.
No se puede ser feliz buscando solamente la felicidad propia. Hacer el bien a los demás y a nuestra sociedad eso sí es vivir en plenitud, ¿Cuánto bien dejamos de hacer o dejamos pasar por alto? Existen mil formas de pecar de omisión del bien, hay miles de excusas que va desde negar una sonrisa, un perdón sincero, un favor no realizado, cuando no aportamos nada, cuando dejamos de hacer cosas que fácilmente están a nuestro alcance; cuando cumplimos por cumplir sin alegría y hasta ahí, o cuando somos mediocres. Logremos hacer algo realmente bueno como acompañar al triste, al anciano, regalar la comida o los pesos que traemos. La clave es hacer las cosas con amor y en el momento; dar ese “poquito más” venciendo limitaciones, negatividades, faltas de participación, comodidades, o dejando para mañana las cosas etc.
Varios filósofos de la antigüedad como Plutarco, tenían razón al decir “La omisión del bien, no es menos reprensible que la comisión del mal.” Así, en vez de enfocarnos solamente en dejar de hacer el mal, enfoquémonos en hacer el bien; reconocer que el pecado de omisión es pariente cercano del mal, de la cobardía y la destrucción de nuestro mundo. Fijémonos en los santos, ellos jamás fueron tibios o mediocres; busquemos como ellos realizar obras buenas, ofrecernos en algo; preguntar por necesidades, participar por buenas políticas, no permitir que la desidia ni los malos gobernantes nos dominen; hay que poner la mira en ayudar, no dejar para otra ocasión las cosas buenas, aprender de lo bueno, acompañar al que ande mal; al solo, al triste, dar de comer a los que no tienen, defender a los débiles, enseñar al que no sabe, corregir en positivo, existe un sin fin de maneras de hacer el bien.
Hay que ser menos sordos, menos mudos y menos tercos; al final de nuestra vida, seremos recordados por el bien que hicimos; eso que hizo sentir bien a otros y ese bien por más pequeño que parezca, trasciende. La gente puede olvidarlo, nosotros podemos olvidarlo, pero Dios lo deja grabado en el libro de nuestra vida. Así sea.
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Dijo Voltaire “Todo hombre es culpable del bien que no hace”, es decir, no sólo somos responsables de lo que hacemos, sino también de lo que NO hacemos, de lo que NO defendemos y de lo que NO hablamos. Este es el grave pecado de omisión y nuestro mundo lo padece en extremo.
Culturalmente vemos solo por lo nuestro; estamos inmersos en una cultura individualista, nos centramos solo en nosotros, nuestros intereses y nada más. No nos damos tiempo para atender al mundo, para actuar por él y mejorarlo Cuántas veces justificamos nuestras omisiones argumentando que no pude, no me interesa, no tengo dinero, no quiero, no estoy disponible para alguien, ni para protestas o marchas porque soy pacifista no grillo; me da flojera, ó simplemente no me interesa hacer favores porque YO NO HAGO MALES y con NO hacer males basta. Recordemos que no sólo estamos mal cuando hacemos cosas malas, sino también cuando dejamos de buscar, de ver y actuar a favor del bien. Algunos se dan latigazos por el mal que hicieron, pero no ven el bien que pueden hacer y que no lo hacen.
No se puede ser feliz buscando solamente la felicidad propia. Hacer el bien a los demás y a nuestra sociedad eso sí es vivir en plenitud, ¿Cuánto bien dejamos de hacer o dejamos pasar por alto? Existen mil formas de pecar de omisión del bien, hay miles de excusas que va desde negar una sonrisa, un perdón sincero, un favor no realizado, cuando no aportamos nada, cuando dejamos de hacer cosas que fácilmente están a nuestro alcance; cuando cumplimos por cumplir sin alegría y hasta ahí, o cuando somos mediocres. Logremos hacer algo realmente bueno como acompañar al triste, al anciano, regalar la comida o los pesos que traemos. La clave es hacer las cosas con amor y en el momento; dar ese “poquito más” venciendo limitaciones, negatividades, faltas de participación, comodidades, o dejando para mañana las cosas etc.
Varios filósofos de la antigüedad como Plutarco, tenían razón al decir “La omisión del bien, no es menos reprensible que la comisión del mal.” Así, en vez de enfocarnos solamente en dejar de hacer el mal, enfoquémonos en hacer el bien; reconocer que el pecado de omisión es pariente cercano del mal, de la cobardía y la destrucción de nuestro mundo. Fijémonos en los santos, ellos jamás fueron tibios o mediocres; busquemos como ellos realizar obras buenas, ofrecernos en algo; preguntar por necesidades, participar por buenas políticas, no permitir que la desidia ni los malos gobernantes nos dominen; hay que poner la mira en ayudar, no dejar para otra ocasión las cosas buenas, aprender de lo bueno, acompañar al que ande mal; al solo, al triste, dar de comer a los que no tienen, defender a los débiles, enseñar al que no sabe, corregir en positivo, existe un sin fin de maneras de hacer el bien.
Hay que ser menos sordos, menos mudos y menos tercos; al final de nuestra vida, seremos recordados por el bien que hicimos; eso que hizo sentir bien a otros y ese bien por más pequeño que parezca, trasciende. La gente puede olvidarlo, nosotros podemos olvidarlo, pero Dios lo deja grabado en el libro de nuestra vida. Así sea.
Fuente católicodefiendetufe
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martes, 22 de octubre de 2019
¿Qué es el pecado Original? ¿Por qué bautizamos a los niños?
¿QUÉ ES EL PECADO ORIGINAL? ¿POR QUÉ BAUTIZAMOS A LOS NIÑOS?
Por Jesús Mondragón
El dogma del pecado original es sin duda uno de los más cuestionados por los protestantes y grupos sectarios como los testigos de Jehová y otros. Es también de los más incomprendidos, incluso por buen número de católicos.
Comencemos diciendo que a la luz de la revelación de Dios y el entendimiento humano, el "pecado original" es un misterio que no nos es del todo comprensible, como la Trinidad de Dios, la encarnación del Verbo; incomprensible en muchos sentidos es cierto, pero no por ello deja de ser verdad.
EN PECADO SOMOS CONCEBIDOS, TODOS NACEMOS EN PECADO
La Sagrada Escritura nos lo manifiesta en diversos lugares y épocas, siendo la explicación del pecado original cada vez un poco más clara.
Génesis 8,21
Salmos 51,7
Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre.
Job 15:14-15
¿Cómo puede ser puro un hombre? ¿Cómo ser justo el nacido de mujer?
Si ni en sus santos tiene Dios confianza, y ni los cielos son puros a sus ojos.
Job 25:4
¿Cómo un hombre será justo ante Dios? ¿Cómo puro el nacido de mujer?
Isaías 48:8
Ni las oíste ni las hiciste ni de antemano te fue abierto el oído, pues sé muy bien que tú eres pérfido y se te llama rebelde desde el seno materno.
¿EN QUÉ CONSISTE EL PECADO ORIGINAL?
Deuteronomio 24,16
No morirán los padres por culpa de los hijos ni los hijos por culpa de los padres. Cada cual morirá por su propio pecado.
¿Cómo conciliar ésta afirmación con el resto de la Escritura y con el dogma del pecado original?
La mejor forma de comprender esto, es comenzando por explicar lo que el pecado original no es. El pecado original no es un pecado cometido, sino asumido, no significa que se nace con pecado, sino en pecado, es más bien un estado, no algo que se tiene, sino algo que nos hace falta al nacer.
Un bebé por ejemplo, no tiene pecado propio que él haya cometido, sino que a nacido sin algo, ¿Qué es ese algo que nos hace falta al nacer? El Apóstol San Pablo nos lo explica.
Romanos 3,21-23
Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen - pues no hay diferencia alguna; TODOS PECARON Y ESTÁN PRIVADOS DE LA GLORIA DE DIOS-.
A ese nacer privados de la gloria, de la gracia santificante de Dios que poseían Adán y Eva, y que perdieron con la primera transgresión, se le llama "pecado original", que como ya explicamos, no es un pecado propio, pues un bebé por ejemplo, no puede pecar por sí mismo, ese recién nacido no es culpable directamente del pecado de Adán, pero a causa de eso, todos fuimos privados de la gracia de Dios.
Romanos 5,14
Con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán...
Tal vez parezca injusto que por el pecado cometido por uno sólo, todos nacemos privados de la gracia. Pero podemos explicarlo de esta manera: Adán nació siendo rico por la gracia de Dios, pero a causa de sus malas decisiones, él perdió la fortuna que debía heredar a sus hijos y descendientes, es decir, toda la raza humana, y no teniendo Adán nada que heredar, esa es la causa por la que todos nacemos en la miseria, sin riqueza y sin gracia alguna, es decir, en pecado original.
Romanos 5,12
Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
JESUCRISTO VINO A SANTIFICARNOS DEVOLVIÉNDONOS LA GRACIA
Romanos 5,18-19
Así pues, como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que da la vida.
En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos.
MEDIANTE LA GRACIA SE BORRAN LOS PECADOS
Efesios 1,6-7
Para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado.
En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia.
Ese perdón, ese hacernos santos, el limpiarnos de toda mancha de pecado, se consigue mediante el bautismo, que nos borra toda mancha y nos unge con la gracia del Espíritu Santo.
Efesios 5,25-27
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada.
I Pedro 3,21
a ésta corresponde ahora el bautismo que os salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo.
Este limpiarnos de toda mancha de pecado y concedernos el don del Espíritu Santo, ya había sido profetizado por el profeta Joel, quien manda reunir al pueblo para que escuchen las promesas de Dios para el futuro y en esas promesas se incluye también a los niños.
Joel 2,15-16
¡Tocad el cuerno en Sión, promulgad un ayuno, llamad a consejo, congregad al pueblo, convocad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a los pequeños y a los niños de pecho! Deje el recién casado su alcoba y la recién casada su tálamo.
Joel 3,1-2
Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.
Dicha promesa fue cumplida por el día de Pentecostés, cuando Dios derramó su Espíritu al bautizar (sin agua por cierto) a su naciente Iglesia. El Apóstol San Pedro nos recuerda que tal promesa del perdón de los pecados y el Espíritu Santo es también para nuestros hijos, es decir, niños.
Hechos 2,38-40
Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; PUES LA PROMESA ES PARA VOSOTROS Y PARA VUESTROS HIJOS, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro.»
Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: «Salvaos de esta generación perversa.»
Pero un niño no puede convertirse y no ha cometido pecados, ¿Por qué bautizarlos entonces?
Como hemos visto, el bautismo es para arrepentimiento y conversión, para el perdón de los pecados y para recibir el Espíritu Santo. Jesucristo no tenía pecados, ni necesitaba conversión pues no tenía de qué arrepentirse, pero sí recibió el Espíritu Santo.
Mateo 3,16-17
Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él.
Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»
Un bebé recién nacido no tiene pecados propios, no tiene necesidad de arrepentimiento ni de conversión, pero sí tiene el pecado de origen, porque ha nacido privado de la gracia, necesita por tanto de la gracia de Dios y recibir el Espíritu Santo. Ha nacido en la carne, ahora necesita nacer del agua y del Espíritu.
Juan 3,5-7
Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto.
La redención universal es una doctrina aceptada aún por los protestantes, todo ser humano necesita la redención de Cristo, ¿O a caso los niños no? Ya no sería entonces redención universal. Por eso Jesucristo ordenó:
Mateo 28,19-20
Id, pues, y haced discípulos A TODAS LAS GENTES BAUTIZÁNDOLAS en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.
¿Quién eres tú, para decir que los niños no?
Mateo 19,14
Mas Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.»
El pecado original es una enseñanza bíblica, el perdón de los pecados y el nacer del agua en el Espíritu Santo por medio del Bautismo también lo es, de igual forma el bautismo de niños. Lo que otros opinen, no son más que mandatos de hombres.
PAX ET BONUM
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El dogma del pecado original es sin duda uno de los más cuestionados por los protestantes y grupos sectarios como los testigos de Jehová y otros. Es también de los más incomprendidos, incluso por buen número de católicos.
Comencemos diciendo que a la luz de la revelación de Dios y el entendimiento humano, el "pecado original" es un misterio que no nos es del todo comprensible, como la Trinidad de Dios, la encarnación del Verbo; incomprensible en muchos sentidos es cierto, pero no por ello deja de ser verdad.
EN PECADO SOMOS CONCEBIDOS, TODOS NACEMOS EN PECADO
La Sagrada Escritura nos lo manifiesta en diversos lugares y épocas, siendo la explicación del pecado original cada vez un poco más clara.
Génesis 8,21
Al aspirar Yahveh el calmante aroma, dijo en su corazón: «Nunca más volveré al maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho.
Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre.
Job 15:14-15
¿Cómo puede ser puro un hombre? ¿Cómo ser justo el nacido de mujer?
Si ni en sus santos tiene Dios confianza, y ni los cielos son puros a sus ojos.
Job 25:4
¿Cómo un hombre será justo ante Dios? ¿Cómo puro el nacido de mujer?
Isaías 48:8
Ni las oíste ni las hiciste ni de antemano te fue abierto el oído, pues sé muy bien que tú eres pérfido y se te llama rebelde desde el seno materno.
¿EN QUÉ CONSISTE EL PECADO ORIGINAL?
Deuteronomio 24,16
No morirán los padres por culpa de los hijos ni los hijos por culpa de los padres. Cada cual morirá por su propio pecado.
¿Cómo conciliar ésta afirmación con el resto de la Escritura y con el dogma del pecado original?
La mejor forma de comprender esto, es comenzando por explicar lo que el pecado original no es. El pecado original no es un pecado cometido, sino asumido, no significa que se nace con pecado, sino en pecado, es más bien un estado, no algo que se tiene, sino algo que nos hace falta al nacer.
Un bebé por ejemplo, no tiene pecado propio que él haya cometido, sino que a nacido sin algo, ¿Qué es ese algo que nos hace falta al nacer? El Apóstol San Pablo nos lo explica.
Romanos 3,21-23
Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen - pues no hay diferencia alguna; TODOS PECARON Y ESTÁN PRIVADOS DE LA GLORIA DE DIOS-.
A ese nacer privados de la gloria, de la gracia santificante de Dios que poseían Adán y Eva, y que perdieron con la primera transgresión, se le llama "pecado original", que como ya explicamos, no es un pecado propio, pues un bebé por ejemplo, no puede pecar por sí mismo, ese recién nacido no es culpable directamente del pecado de Adán, pero a causa de eso, todos fuimos privados de la gracia de Dios.
Romanos 5,14
Con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán...
Tal vez parezca injusto que por el pecado cometido por uno sólo, todos nacemos privados de la gracia. Pero podemos explicarlo de esta manera: Adán nació siendo rico por la gracia de Dios, pero a causa de sus malas decisiones, él perdió la fortuna que debía heredar a sus hijos y descendientes, es decir, toda la raza humana, y no teniendo Adán nada que heredar, esa es la causa por la que todos nacemos en la miseria, sin riqueza y sin gracia alguna, es decir, en pecado original.
Romanos 5,12
Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
JESUCRISTO VINO A SANTIFICARNOS DEVOLVIÉNDONOS LA GRACIA
Romanos 5,18-19
Así pues, como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que da la vida.
En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos.
MEDIANTE LA GRACIA SE BORRAN LOS PECADOS
Efesios 1,6-7
Para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado.
En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia.
Ese perdón, ese hacernos santos, el limpiarnos de toda mancha de pecado, se consigue mediante el bautismo, que nos borra toda mancha y nos unge con la gracia del Espíritu Santo.
Efesios 5,25-27
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada.
I Pedro 3,21
a ésta corresponde ahora el bautismo que os salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo.
Este limpiarnos de toda mancha de pecado y concedernos el don del Espíritu Santo, ya había sido profetizado por el profeta Joel, quien manda reunir al pueblo para que escuchen las promesas de Dios para el futuro y en esas promesas se incluye también a los niños.
Joel 2,15-16
¡Tocad el cuerno en Sión, promulgad un ayuno, llamad a consejo, congregad al pueblo, convocad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a los pequeños y a los niños de pecho! Deje el recién casado su alcoba y la recién casada su tálamo.
Joel 3,1-2
Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.
Dicha promesa fue cumplida por el día de Pentecostés, cuando Dios derramó su Espíritu al bautizar (sin agua por cierto) a su naciente Iglesia. El Apóstol San Pedro nos recuerda que tal promesa del perdón de los pecados y el Espíritu Santo es también para nuestros hijos, es decir, niños.
Hechos 2,38-40
Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; PUES LA PROMESA ES PARA VOSOTROS Y PARA VUESTROS HIJOS, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro.»
Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: «Salvaos de esta generación perversa.»
Pero un niño no puede convertirse y no ha cometido pecados, ¿Por qué bautizarlos entonces?
Como hemos visto, el bautismo es para arrepentimiento y conversión, para el perdón de los pecados y para recibir el Espíritu Santo. Jesucristo no tenía pecados, ni necesitaba conversión pues no tenía de qué arrepentirse, pero sí recibió el Espíritu Santo.
Mateo 3,16-17
Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él.
Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»
Un bebé recién nacido no tiene pecados propios, no tiene necesidad de arrepentimiento ni de conversión, pero sí tiene el pecado de origen, porque ha nacido privado de la gracia, necesita por tanto de la gracia de Dios y recibir el Espíritu Santo. Ha nacido en la carne, ahora necesita nacer del agua y del Espíritu.
Juan 3,5-7
Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto.
La redención universal es una doctrina aceptada aún por los protestantes, todo ser humano necesita la redención de Cristo, ¿O a caso los niños no? Ya no sería entonces redención universal. Por eso Jesucristo ordenó:
Mateo 28,19-20
Id, pues, y haced discípulos A TODAS LAS GENTES BAUTIZÁNDOLAS en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.
¿Quién eres tú, para decir que los niños no?
Mateo 19,14
Mas Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.»
El pecado original es una enseñanza bíblica, el perdón de los pecados y el nacer del agua en el Espíritu Santo por medio del Bautismo también lo es, de igual forma el bautismo de niños. Lo que otros opinen, no son más que mandatos de hombres.
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jueves, 17 de octubre de 2019
¿Cuál es la diferencia entre pecado mortal y pecado venial?
Por Jesús Mondragón
A fin de negar a priori la doctrina Católica, en este caso sobre el pecado, las denominaciones “cristianas” no-católicas rechazan la distinción entre “pecado mortal” y “venial”. Sin embargo, la Biblia habla muy claro al respecto, pero primero expliquemos qué se entiende por pecado mortal.
Todo pecado es malo y se define como el acto u omisión que ofenden a Dios y al prójimo. Existen pecados más graves que otros, no es lo mismo ofender a una persona, que matarla. Todo pecado, por leve que sea nos separa de Dios. Pero al pecado que por su perversión y gravedad pone en serio peligro nuestra salvación eterna, se le llama “pecado mortal”. Lo de mortal no se refiere a la muerte física, pues más de una persona han llegado a pesar, que por cometer pecado mortal la persona puede morir. ¿Qué significa según la Biblia la muerte?
La Sagrada Escritura nos habla de dos tipos de muerte: la muerte física, que se define como la separación del alma y el cuerpo.
Génesis 35,18
Entonces ella, al exhalar el alma, cuando moría, le llamó Ben Oní; pero su padre le llamó Benjamín.
Mateo 10,28
Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehena.
La segunda muerte es la separación definitiva y eterna del hombre y Dios.
Mateo 7,23
Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!"
Mateo 25,41
Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.
Apocalipsis 20,13-15
Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego - este lago de fuego es la muerte segunda - y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.
Siendo así las cosas, veremos cómo define la Biblia el pecado mortal.
I Juan 5,16-17
Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y le dará vida - a los que cometan pecados que no son de muerte pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida -. Toda iniquidad es pecado, pero hay pecado que no es de muerte.
De modo que, quien comete o vive en pecado mortal es separado de Dios y pierde la Salvación eterna o corre el grave peligro de perderla. Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica nos explica más detalladamente el pecado mortal y venial, es un poco extenso de leer, pero bien vale la pena, tu salvación podría depender de ello y eso no es poca cosa.
1854 “Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal y venial, perceptible ya en la Escritura (cf 1Jn 5, 16-17) se ha impuesto en la tradición de la Iglesia. La experiencia de los hombres la corroboran.”
1855 El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior. El pecado venial deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere.
1856 El pecado mortal, que ataca en nosotros el principio vital que es la caridad, necesita una nueva iniciativa de la misericordia de Dios y una conversión del corazón que se realiza ordinariamente en el marco del sacramento de la Reconciliación: «Cuando [...] la voluntad se dirige a una cosa de suyo contraria a la caridad por la que estamos ordenados al fin último, el pecado, por su objeto mismo, tiene causa para ser mortal [...] sea contra el amor de Dios, como la blasfemia, el perjurio, etc., o contra el amor del prójimo, como el homicidio, el adulterio, etc [...] En cambio, cuando la voluntad del pecador se dirige a veces a una cosa que contiene en sí un desorden, pero que sin embargo no es contraria al amor de Dios y del prójimo, como una palabra ociosa, una risa superflua, etc., tales pecados son veniales» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae,
1-2, q. 88, a. 2, c).
1857 Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: “Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento” (RP 17).
1858 La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre” (Mc 10, 19). La gravedad de los pecados es mayor o menor: un asesinato es más grave que un robo. La cualidad de las personas lesionadas cuenta también: la violencia ejercida contra los padres es más grave que la ejercida contra un extraño.
1859. El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento. Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal. La ignorancia afectada y el endurecimiento del corazón (cf Mc 3, 5-6; Lc 16, 19-31) no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado.
1860. La ignorancia involuntaria puede disminuir, y aún excusar, la imputabilidad de una falta grave, pero se supone que nadie ignora los principios de la ley moral que están inscritos en la conciencia de todo hombre. Los impulsos de la sensibilidad, las pasiones pueden igualmente reducir el carácter voluntario y libre de la falta, lo mismo que las presiones exteriores o los trastornos patológicos. El pecado más grave es el que se comete por malicia, por elección deliberada del mal.
1861 El pecado mortal es una posibilidad radical de la libertad humana como lo es también el amor. Entraña la pérdida de la caridad y la privación de la gracia santificante, es decir, del estado de gracia. Si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno; de modo que nuestra libertad tiene poder de hacer elecciones para siempre, sin retorno. Sin embargo, aunque podamos juzgar que un acto es en sí una falta grave, el juicio sobre las personas debemos confiarlo a la justicia y a la misericordia de Dios.
1862 Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento.
1863 El pecado venial debilita la caridad; entraña un afecto desordenado a bienes creados; impide el progreso del alma en el ejercicio de las virtudes y la práctica del bien moral; merece penas temporales. El pecado venial deliberado y que permanece sin arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal. No obstante, el pecado venial no nos hace contrarios a la voluntad y la amistad divinas; no rompe la Alianza con Dios. Es humanamente reparable con la gracia de Dios. “No priva de la gracia santificante, de la amistad con Dios, de la caridad, ni, por tanto, de la bienaventuranza eterna” (RP 17): «El hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar todo pecado, al menos los pecados leves. Pero estos pecados, que llamamos leves, no los consideres poca cosa: si los tienes por tales cuando los pesas, tiembla cuando los cuentas. Muchos objetos pequeños hacen una gran masa; muchas gotas de agua llenan un río. Muchos granos hacen un montón. ¿Cuál es entonces nuestra esperanza? Ante todo, la confesión...» (San Agustín, In epistulam Iohannis ad Parthos tractatus 1, 6)..
1864 “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada” (Mc 3, 29; cf Mt 12, 32; Lc 12, 10). No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (cf DeV 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna.
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A fin de negar a priori la doctrina Católica, en este caso sobre el pecado, las denominaciones “cristianas” no-católicas rechazan la distinción entre “pecado mortal” y “venial”. Sin embargo, la Biblia habla muy claro al respecto, pero primero expliquemos qué se entiende por pecado mortal.
Todo pecado es malo y se define como el acto u omisión que ofenden a Dios y al prójimo. Existen pecados más graves que otros, no es lo mismo ofender a una persona, que matarla. Todo pecado, por leve que sea nos separa de Dios. Pero al pecado que por su perversión y gravedad pone en serio peligro nuestra salvación eterna, se le llama “pecado mortal”. Lo de mortal no se refiere a la muerte física, pues más de una persona han llegado a pesar, que por cometer pecado mortal la persona puede morir. ¿Qué significa según la Biblia la muerte?
La Sagrada Escritura nos habla de dos tipos de muerte: la muerte física, que se define como la separación del alma y el cuerpo.
Génesis 35,18
Entonces ella, al exhalar el alma, cuando moría, le llamó Ben Oní; pero su padre le llamó Benjamín.
Mateo 10,28
Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehena.
La segunda muerte es la separación definitiva y eterna del hombre y Dios.
Mateo 7,23
Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!"
Mateo 25,41
Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.
Apocalipsis 20,13-15
Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego - este lago de fuego es la muerte segunda - y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.
Siendo así las cosas, veremos cómo define la Biblia el pecado mortal.
I Juan 5,16-17
Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y le dará vida - a los que cometan pecados que no son de muerte pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida -. Toda iniquidad es pecado, pero hay pecado que no es de muerte.
LOS PECADOS CAPITALES O MORTALES SON
Soberbia
Lujuria
Gula
Avaricia
Pereza
Ira
Envidia
ALGUNOS EJEMPLOS DE PECADOS MORTALES
Contra el primer mandamiento:
Soberbia: Es la sobrevaloración del YO personal, creerse más que los demás.
Idolatría: Adorar a otros dioses o darle veneración a objetos, sentimientos o personas por encima de Dios.
Adivinación y hechicería: Pedir espiritual ayuda a poderes fuera de los de Dios.
Sacrilegio: profanar o tratar indignamente los sacramentos o todo lo referente a Dios.
Ateísmo: Dejar de creer en Dios.
Contra el segundo mandamiento:
Blasfemia: Hablar mal de Dios.
Perjurio y falsos juramentos: Jurar de algo que se sabe que no es verdad.
Contra el tercer mandamiento:
Faltar a Misa los domingos, Misas de precepto y días de guardar.
Contra el cuarto mandamiento:
Faltar el respeto a tus padres, no ayudarlos económicamente.
Contra el quinto mandamiento:
Asesinato
Aborto: Apoyarlo, incentivarlo y, sea el caso, haberlo cometido.
Eutanasia: Apoyarla, incentivarla y, sea el caso, haberlo cometido.
Suicidio: Intento de suicidio.
Escándalo: Generar escándalo por llamar la atención o herir a otras personas.
Uso indebido de drogas
Glotonería, Gula: Tener gusto por comer de más a pesar de estar satisfecho.
Abuso de Alcohol
Terrorismo: Hacer propaganda terrorista y cometer actos terroristas es pecado.
Ira
Envidia
Extorsión
Contra el sexto mandamiento:
Adulterio: Tener ralaciones sexuales con cualquier otra persona que no sea tu esposo o esposa, mirar con deseo sexual a las personas.
Divorcio
Fornicación: Tener relaciones sexuales antes del matrimonio.
Pornografía: Mirarlo en videos eróticos o participar de la industria pornográfica.
Prostitución
Violación
Actos homosexuales
Incesto
Masturbación
Contra el séptimo mandamiento:
Robo
Hacer trampa
Estafa
Apuesta
Fraude
Aprovecharse del inocente
Retener el salario del trabajador
Contra el octavo mandamiento:
Ser testigo falso
Adulación: Mentir sobre atributos de un tercero para sacar un beneficio.
Mentir
Calumniar o inventar chismes
Contra el noveno mandamiento:
Lujuria: Consentir pensamientos sexuales y ver de manera sexual a los demás.
Contra el décimo mandamiento:
Avaricia: No querer compartir tus bienes.
Envidia: No alegrarte por las cosas buenas del otro, codiciar las cosas que otros poseen.
De modo que, quien comete o vive en pecado mortal es separado de Dios y pierde la Salvación eterna o corre el grave peligro de perderla. Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica nos explica más detalladamente el pecado mortal y venial, es un poco extenso de leer, pero bien vale la pena, tu salvación podría depender de ello y eso no es poca cosa.
1854 “Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal y venial, perceptible ya en la Escritura (cf 1Jn 5, 16-17) se ha impuesto en la tradición de la Iglesia. La experiencia de los hombres la corroboran.”
1855 El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior. El pecado venial deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere.
1856 El pecado mortal, que ataca en nosotros el principio vital que es la caridad, necesita una nueva iniciativa de la misericordia de Dios y una conversión del corazón que se realiza ordinariamente en el marco del sacramento de la Reconciliación: «Cuando [...] la voluntad se dirige a una cosa de suyo contraria a la caridad por la que estamos ordenados al fin último, el pecado, por su objeto mismo, tiene causa para ser mortal [...] sea contra el amor de Dios, como la blasfemia, el perjurio, etc., o contra el amor del prójimo, como el homicidio, el adulterio, etc [...] En cambio, cuando la voluntad del pecador se dirige a veces a una cosa que contiene en sí un desorden, pero que sin embargo no es contraria al amor de Dios y del prójimo, como una palabra ociosa, una risa superflua, etc., tales pecados son veniales» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae,
1-2, q. 88, a. 2, c).
1857 Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: “Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento” (RP 17).
1858 La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre” (Mc 10, 19). La gravedad de los pecados es mayor o menor: un asesinato es más grave que un robo. La cualidad de las personas lesionadas cuenta también: la violencia ejercida contra los padres es más grave que la ejercida contra un extraño.
1859. El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento. Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal. La ignorancia afectada y el endurecimiento del corazón (cf Mc 3, 5-6; Lc 16, 19-31) no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado.
1860. La ignorancia involuntaria puede disminuir, y aún excusar, la imputabilidad de una falta grave, pero se supone que nadie ignora los principios de la ley moral que están inscritos en la conciencia de todo hombre. Los impulsos de la sensibilidad, las pasiones pueden igualmente reducir el carácter voluntario y libre de la falta, lo mismo que las presiones exteriores o los trastornos patológicos. El pecado más grave es el que se comete por malicia, por elección deliberada del mal.
1861 El pecado mortal es una posibilidad radical de la libertad humana como lo es también el amor. Entraña la pérdida de la caridad y la privación de la gracia santificante, es decir, del estado de gracia. Si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno; de modo que nuestra libertad tiene poder de hacer elecciones para siempre, sin retorno. Sin embargo, aunque podamos juzgar que un acto es en sí una falta grave, el juicio sobre las personas debemos confiarlo a la justicia y a la misericordia de Dios.
1862 Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento.
1863 El pecado venial debilita la caridad; entraña un afecto desordenado a bienes creados; impide el progreso del alma en el ejercicio de las virtudes y la práctica del bien moral; merece penas temporales. El pecado venial deliberado y que permanece sin arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal. No obstante, el pecado venial no nos hace contrarios a la voluntad y la amistad divinas; no rompe la Alianza con Dios. Es humanamente reparable con la gracia de Dios. “No priva de la gracia santificante, de la amistad con Dios, de la caridad, ni, por tanto, de la bienaventuranza eterna” (RP 17): «El hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar todo pecado, al menos los pecados leves. Pero estos pecados, que llamamos leves, no los consideres poca cosa: si los tienes por tales cuando los pesas, tiembla cuando los cuentas. Muchos objetos pequeños hacen una gran masa; muchas gotas de agua llenan un río. Muchos granos hacen un montón. ¿Cuál es entonces nuestra esperanza? Ante todo, la confesión...» (San Agustín, In epistulam Iohannis ad Parthos tractatus 1, 6)..
1864 “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada” (Mc 3, 29; cf Mt 12, 32; Lc 12, 10). No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (cf DeV 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna.
PAX ET BONUM
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