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martes, 1 de octubre de 2019

¿A quién salvo?


¿A QUIÉN SALVO?

Era la reunión un domingo por la noche de un grupo de oración en la parroquia de la comunidad. Después que cantaron algunos salmos, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo donde había muchos jóvenes y presentó a un orador invitado; era uno de sus amigos de la juventud, ahora ya de avanzada edad.

Mientras todos lo seguían con la mirada, el orador ocupó el pulpito y después de unas oraciones comenzó a contar esta historia:

"Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparon a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener estable la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres". Al decir esto, el orador se detuvo un momento y miró a dos jóvenes que desde que comenzó la plática estaban mostrando interés; y siguió narrando:

"El padre logró llegar a la barca y agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse. El padre sabía que su hijo era un buen cristiano, y también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas".

"Miró en dirección a su hijo y le gritó: ¡TE QUIERO, HIJO MIÓ! y le tiró la soga al amigo de su hijo. En el tiempo que le tomó al amigo halar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo".

Todos estaban escuchando con suma atención, en especial los jóvenes y atentos a las próximas palabras que pronunciara el orador invitado.

"El padre" -continuó el orador- "sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo, porque él lo conocía, pero no podría soportar el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios, pues en su familia nunca le hablaron de Él. Por eso sacrificó a su hijo".

¡Cuan grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros!"

Dicho esto, el orador volvió a sentarse, y hubo un tenso silencio. Pocos minutos después de concluida la reunión, algunos jóvenes se encontraron con el orador. Uno de ellos le dijo cortésmente:

"Esa fue una historia muy bonita, pero a mí me cuesta trabajo creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo".

"Tienes toda la razón", le contestó el orador mientras miraba su Biblia gastada por el uso.

Y mientras sonreía, miró fijamente a los jóvenes y les dijo:

"Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí. A mí también me costaría trabajo creer la historia que conté, si no fuera porque el amigo de ese hijo era yo."


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martes, 16 de abril de 2019

Muchos dicen: "Acepta a Cristo en tu corazón, como tu señor y salvador y serás salvo"


MUCHOS DICEN: “ACEPTA A CRISTO EN TU CORAZÓN, COMO TU SEÑOR Y SALVADOR Y SERÁS SALVO”
Por Jesús Mondragón (Saulo de Tarso)

Sobre la base de Romanos 10,9 que dice:

“Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”.

Muchos que se hacen llamar “cristianos”, creen que su salvación ya está asegurada, con el solo hecho de creer en Cristo, no hace falta nada más porque ya Él pagó por tus pecados en la cruz.

Pero esta enseñanza no es más que doctrina de hombres. No basta leer un solo texto de la Biblia y pretender que se ha llegado a la verdad, hay que ver qué dice toda la Escritura sobre ese tema.

En primer lugar Romanos 10,9 nunca dice “ya eres salvo” o “ya estás salvado”, sino que está en futuro (serás salvo), y si creer en Cristo es suficiente para salvarse, entonces Satanás y sus demonios están salvados, según la falsa doctrina “cristiana evangélica” pues el Apóstol Santiago dice:

“¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan”. Santiago 2, 19

Tiemblan de miedo porque saben que no serán salvados aunque creen en Dios, pues lo conocen PERO NO LE OBEDECEN.

Todo Católico que celebra la Sagrada Eucaristía los domingos, al realizar su profesión de fe o credo, proclama a Jesucristo como su Señor y Salvador:

Creo en un solo Señor Jesucristo...que 
por nuestra Salvación se hizo hombre…” 

Así que también los Católicos según la doctrina “evangélica” somos salvos. Fácil puede verse la mentira de que aceptar a Cristo como tu Señor y Salvador te hará salvo en ese instante y para siempre.

La salvación es un proceso de toda la vida:

“Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará”. Mateo 10,22

No importan tu fe ni tus obras, si no nos mantenemos fieles hasta el fin no nos salvaremos.

“Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano!”. 1 de Corintios 15,1-2

El Apóstol San Pablo exhortaba a su discípulo Timoteo a luchar por su salvación. ¿Por qué si Timoteo ya había “aceptado a Cristo” muchos años atrás?

“Vela por ti mismo y por la enseñanza; persevera en estas disposiciones, pues obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen”. 1 de Timoteo 40,16

No basta con creer, para salvarse se requiere:

AMOR - Mateo 25,1-46; 1 de Corintios 13,2.
SER JUSTOS - Mateo 5,20.
REALIZAR OBRAS - Mateo 16,27; Santiago 2,17.26; Apocalipsis 22,12.
LOS SACRAMENTOS - Juan 3,3-5; 6,53-55.
OBEDIENCIA - Mateo 28, 19-20; Juan 14,15.

No basta con aceptar a Cristo como Señor y creer en Él o realizar supuestos milagros en su Nombre, pues Él mismo nos dice:

“¿Por qué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo?” Lucas 6,46

“«No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!". Mateo 7, 21-23


PAX ET BONUM

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