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domingo, 26 de abril de 2020

El Papa Francisco llama a los fieles a reconocer sus pecados contra el medio ambiente


EL PAPA FRANCISCO LLAMA A LOS FIELES A RECONOCER SUS PECADOS CONTRA EL MEDIO AMBIENTE

El papa Francisco exhortó el sábado a los fieles a tomar conciencia de sus pecados contra el medio ambiente, y expresó su sorpresa de que raramente se hable de ello en la confesión.

"Cuando administro el sacramento de la reconciliación (la confesión), y también cuando lo hacía antes, es inusual que alguien se acuse de violentar la naturaleza, la Tierra, la Creación" declaró el papa al recibir a expertos en teología moral.

"Todavía no tenemos conciencia de este tipo de pecados" se lamentó, y aludió al "grito de la tierra, violada y herida de mil maneras por una egoísta explotación".

"La dimensión ecológica es un componente imprescriptible de la responsabilidad de cada persona y de cada nación" insistió el pontífice argentino que dedicó en 2015 la encíclica "Laudato si" a la protección del planeta.

Fuente católicodefiendetufe

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miércoles, 4 de marzo de 2020

La confesión de pecados ¿Es bíblica? ¿Creían los primeros Cristianos en la confesión de pecados?


LA CONFESIÓN DE PECADOS YA ERA PRACTICADA POR LOS JUDÍOS DESDE EL ANTIGUO TESTAMENTO Y ORDENADA POR LA LEY DE MOISÉS
Por Jesús Mondragón

LA CONFESIÓN SE REALIZABA ANTE EL SACERDOTE JUDÍO Y LOS PECADOS ERAN PERDONADOS MEDIANTE EL SACRIFICIO DE ANIMALES

Levítico 5,5-6
el que es culpable en uno de estos casos confesará aquello en que ha pecado, y como sacrificio de reparación por el pecado cometido, llevará a Yahveh una hembra de ganado menor, oveja o cabra, como sacrificio por el pecado. Y el sacerdote hará por él expiación de su pecado.

Números 5,6-8
«Habla a los israelitas: Si un hombre o una mujer comete cualquier pecado en perjuicio de otro, ofendiendo a Yahveh, el tal será reo de delito.
Confesará el pecado cometido y restituirá la suma de que es deudor, más un quinto. Se la devolverá a aquel de quien es deudor.

Y si el hombre no tiene pariente a quien se pueda restituir, la suma que en tal caso se ha de restituir a Yahveh, será para el sacerdote; aparte del carnero expiatorio con que el sacerdote expiará por él.

II Samuel 12,13
David dijo a Natán: «He pecado contra Yahveh.» Respondió Natán a David: «También Yahveh perdona tu pecado; no morirás.

Proverbios 28,13
Al que encubre sus faltas, no le saldrá bien; el que las confiesa y abandona, obtendrá piedad.

Eclesiástico 4:26
No te avergüences de confesar tus pecados, no te opongas a la corriente del río.

LA CONFESIÓN DE PECADOS CONTINUÓ AL SER ANUNCIADA LA LLEGADA DEL MESÍAS

Mateo 3,5-6

Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.


LOS FARISEOS, IGUAL QUE LOS PROTESTANTES PIENSAN QUE ES UNA BLASFEMIA QUE UN HOMBRE PUEDA PERDONAR PECADOS
Mateo 9,2-3
En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»
Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando.»

JESUCRISTO NO PERDONÓ AL PARALÍTICO COMO DIOS, LO PERDONÓ COMO HOMBRE

LA BIBLIA DICE QUE DIOS OTORGÓ A LOS HOMBRES EL PODER DE PERDONAR LOS PECADOS
Mateo 9,6-8
Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice entonces al paralítico -: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".»
El se levantó y se fue a su casa.
Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

Juan 20,21-23
Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

LA CONFESIÓN DE PECADOS SIGUIÓ SIENDO PRACTICADA POR LOS APÓSTOLES

Santiago 5,16
Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.

Hechos 19,18
Muchos de los que habían creído venían a confesar y declarar sus prácticas.

¿Y si hoy hemos entendido mal estos pasajes de la Escritura? ¿Cómo podemos saber si hemos comprendido correctamente el tema de la confesión? La respuesta a éstas interrogantes es muy sencilla: ¿Creían los primeros cristianos en la confesión de pecados? Si la respuesta a esta pregunta es NO, entonces siempre hemos estado en el error. Pero si la respuesta es SÍ, los equivocados son las sectas. Veamos.

LOS PRIMEROS CRISTIANOS, LOS SUCESORES DE LOS APÓSTOLES, CONOCIDOS COMO PADRES APOSTÓLICOS ENSEÑAN SOBRE LA CONFESIÓN

Didajé (40 - 90 d.C.)

En la iglesia (asamblea) confiesa tus pecados: y no te acerques a tu oración con mala conciencia. Tal es el camino de la vida. 4,14

Orígenes (185 - 254 d.C.)

“Además de esas tres hay también una séptima (razón)
aunque dura y laboriosa: la remisión de pecados por
medio de la penitencia, cuando el pecador lava su
almohada con lágrimas, cuando sus lágrimas son su
sustento día y noche, cuando no se retiene de declarar su pecado al sacerdote del Señor ni de buscar la medicina, a la manera del que dice «Ante el Señor me acusaré a mí mismo de mis iniquidades, y tú
perdonarás la deslealtad de mi corazón»”

“Observa con cuidado a quién confiesas tus pecados; pon a prueba al médico para saber si es débil con los débiles y si llora con los que lloran. Si él
creyera necesario que tu mal sea conocido y curado en presencia de la asamblea reunida, sigue el consejo del médico experto” Homilías sobre los Salmos 37, 2.5

Tertuliano (160 - 220 d.C.)

"rehúyen este deber como una revelación pública de sus personas, o que lo difieren de un día para otro... ¿Es acaso mejor ser condenado en secreto que perdonado en público?" De Paenitencia


Cipriano de Cartago (200 – 258 d.C.)

“Os exhorto, hermanos carísimos, a que cada uno confiese su pecado,
mientras el que ha pecado vive todavía en este mundo, o sea, mientras su confesión puede ser aceptada, mientras la satisfacción y el perdón otorgado por los sacerdotes son aún agradables a Dios” De Lapsi 28; Epístola 16, 2.
Hipólito Mártir (? - 235 d.C.)
 
“Padre que conoces los corazones, concede a este tu
siervo que has elegido para el episcopado... que en virtud del Espíritu del sacerdocio soberano tenga el poder de «perdonar los pecados» (facultatem remittendi peccata) según tu
mandamiento; que «distribuya las partes» según tu precepto, y que «desate toda atadura» (solvendi omne vinculum iniquitatis), según la autoridad que diste a los Apóstoles” La Tradición Apostólica 3

La confesión de pecados fue enseñada por Moisés en el Antiguo Testamento. Jesucristo dio a los hombres el poder de perdonar los pecados. Los Apóstoles la aconsejan y los primeros Cristianos católicos la han practicado desde el siglo primero. ¿Quiénes son entonces los que están equivocados?

LA CONFESIÓN, SÍ ES BÍBLICA
PAX ET BONUM


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viernes, 14 de febrero de 2020

Haces lo que te da la gana y crees que por eso eres libre. No lo eres, sólo eres esclavo de tus muchos pecados


HACES LO QUE TE DA LA GANA Y CREES QUE POR ESO ERES LIBRE. NO LO ERES. SOLO ERES ESCLAVO DE TUS MUCHOS PECADOS.
Por Álvaro Molina

En la antigüedad, cuando un hombre era esclavo de otro hombre, el esclavo hacía la voluntad de su amo. No tenía libertad de hacer nada que fuera distinto a lo que su amo le mandaba. Obviamente el esclavo tenía sus ratos libres, donde podía hacer lo que quería, pero la mayor parte de su vida estaba dedicada a cumplir con la voluntad de su amo.

En nuestros días, muchos se declaran hombres libres, dueños de sus vidas, que pueden hacer lo que les de la gana. Rechazan todo lo que la Iglesia Católica enseña y con solo escuchar la palabra pecado, señalan a la Iglesia de ser opresiva, de restarle libertades a la humanidad, de oscurantista y muchos otros adjetivos más.

Y así viven sus vidas, practicando toda clase de pecados de forma habitual, ya sea la fornicación, el adulterio, la pornografía, los actos homosexuales, el robo, la mentira, la calumnia, el asesinato, etc.

El que mira pornografía habitualmente no es un hombre libre. Es un esclavo del pecado de la pornografía. Esa pobre persona, sea hombre o mujer, no acepta que su comportamiento es un pecado, y piensa que al rechazar el concepto de pecado, está actuando en plena libertad, haciendo lo que le de la gana, sin que nadie le ponga restricciones.

El esclavo hacía solo lo que el amo le ordenaba. El pecado de la pornografía, o sea el amo, ordena a su esclavo que vea pornografía. Y el esclavo obedece, tontamente convencido de estar actuando en plena libertad. Lo mismo ocurre con quienes son esclavos del pecado del adulterio, de la fornicación, de los actos homosexuales, del robo, de la mentira, del asesinato. Todos ellos creen que son libres, que están actuando por su libre y espontánea voluntad, cuando en realidad solo están obedeciendo las órdenes de su amo, el pecado. Todo comenzó cuando obedecieron la primera orden de su amo, que fue la de creer que lo que están haciendo no es pecado alguno.

El pecado, como amo celoso, le instruye a sus esclavos que no acepten las "opresivas" reglas de la Iglesia, ya que son solo "imposiciones" que no los dejará ser ellos mismos. Los esclavos por su parte, aceptan. Se dejan llevar por esas voces que hablan de "derechos", que les dicen que "si se siente bien, no está mal hacerlo". Son las voces de otros esclavos, repitiendo lo que sus respectivos amos les dicen, para asegurarse de que todos se mantengan esclavizados, sin intención alguna de librarse de las cadenas de sus pecados.

Solo Cristo, por medio de su Iglesia, puede darnos plena libertad. El que escucha la voz de los obispos y presbíteros, escucha a Cristo y también escucha al que envió a Cristo, Dios Padre. Las normas que la Iglesia propone no son cadenas opresivas, ni imposiciones despersonalizantes. Se trata de muy necesarias barreras, para mantenernos alejados de esas zonas de peligro, donde el pecado gobierna a quienes se han aventurado en ellas. No mentir, no matar, no cometer inmoralidades sexuales, obedecer a Dios, todas esas normas son normas de vida, para ser plenamente libres, para no tener al pecado como amo, sino que a Dios como el Señor de nuestras vidas.

Encuentra el dolor por tus pecados, luego ve al templo de tu parroquia. Confiésate, comulga, cumple tu penitencia, y mantente en oración para evitar el pecado.

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 4 de febrero de 2020

Condénanse muchos por callar pecados en confesión


CONDÉNANSE MUCHOS POR CALLAR PECADOS EN CONFESIÓN

(Una lectura impresionante e imprescindible)

Por Padre Juan Eusebio Nieremberg S.J 

Por esto el enemigo común (el demonio) procura poner gran dificultad en la confesión de los pecados, y se ha visto estar ahogando a los penitentes para que no lo pronuncien, en lo cual anda muy solícito, como fue revelado a un santo Padre, que le vio andar muy orgulloso por los confesonarios, y preguntando qué hacía, dijo que restituía lo que había quitado. Quito a los hombres, dice, la vergüenza al tiempo de pecar, para que pequen con mayor desenvoltura, y la restituyo al tiempo de confesar, porque callen alguna culpa, y queden todas sin perdón.

Estando el apostólico Padre Juan Ramírez, de nuestra Compañía, y discípulo del venerable Padre Juan de Ávila, confesando a una señora enferma, de muy buena fama, vio su compañero que, de cuando en cuando, del rincón de junto a la cama salía una mano grande, negra y peluda y con grandes uñas, la cual llegaba a la garganta de la señora, y se la apretaba como que la quería ahogar, y que esto sucedió algunas veces.

Avisado por esto el Padre, que volviese a la casa de aquella mujer, la halló ya muerta. Venido al colegio se puso a encomendar a Dios a la difunta. Al cabo de una hora oyó grandes gemidos y ruido de cadenas, y abriendo los ojos la vio delante, de pies a cabeza rodeada de llamas de fuego azul, declarándole cómo, aunque aquella mañana se había confesado, estaba en los infiernos porque, dice, no confesé bien ni enteramente; y Dios me manda que para confusión mía, y escarmiento de otros, te diga mis pecados.

Sabe que en vida de mi madre, viví bien; muerta ella, como quedé sola y hermosa, se aficionó de mí un mancebo, y tanto me molestó, que di lugar a que hiciese su gusto. Después viéndome echada a perder, quisiera casarme; mas no me atreví, ni tampoco tuve ánimo para confesar mi pecado, por no perder la opinión y buen crédito con mi confesor; y por lo mismo no me quise confesar con otro, ni quise tampoco dejar las confesiones y comuniones que tenía de costumbre.

Proseguí en esto tres años, añadiendo pecados a pecados y sacrilegios a sacrilegios. Quiso el Señor que me volviera a Él y abriese los ojos, y te envió a tí a esta ciudad. Oía tus sermones, y todos ellos clamaban y herían mi corazón, como si a mí solamente los enderezaras. Volvíame a mi casa, encerrábame en un rincón, y allí me hartaba de llorar y me decía a mí misma: ¿Es posible que tú te quieras condenar y padecer para siempre eternos tormentos? ¡Cómo! ¿No tuviste vergüenza de cometer el pecado, y la has de tener para confesarle? ¿No temiste perderte, y temes el remediarte? ¿Qué te ha de hacer el confesor? ¿Ha de matarte? ¿Ha de descubrirte? No. ¿Pues qué temes? Si tienes empacho de uno, busca otro. ¡Cómo! ¿Y has de permitir que se pierdan los consejos saludables de tu buena madre, y la sangre de aquel Señor que la derramó para lavar las manchas de tus pecados? ¡Cómo! ¡Qué en espacio de media hora puedes, si quieres, salir de estas congojas y del infierno, donde estás sumergida, y que no quieras! ¡Ah triste suerte!

De esta manera lamentaba y lloraba mi miseria, pero al fin sin remedio, porque no acababa de resolverme; y de esta suerte andaba batallando conmigo misma muchas veces, ya acometiendo, ya retirándome, hasta que un día fue tanta la Fuerza que en sermón tuyo, ¡Ho Padre!, hizo a mi corazón, que determiné de confesarme contigo; y porque no se notase ni reparase que mudaba confesor, y se sospechase algo de mí, estando buena y sana me fingí enferma, me eché en la cama, y te envié a llamar. Venido, ya te acuerdas, comencé por pecados ligeros, dejando los graves para la postre. ¡Oh, sí por ellos hubiera comenzado! Mas no lo hice, por vergüenza, y ésta fue creciendo tanto, que me hacía llorar, y al fin me resolví de no descubrir mis llagas al que las había de curar, diciéndome el demonio: Qué harto más perdería con un hombre como tú que con cualquiera otro, y que buena estaba entonces, que después cuando enfermase lo confesaría todo. Creyendo, pues; más al demonio que a Dios, acabé mi confesión sin manifestarte mis mortales heridas. Absolvísteme, o por mejor decir, condenásteme. Apenas habías salido de mi casa, cuando a mí se me quitó el habla, y tras ella el sentido, y últimamente la vida, y con ella la esperanza de salvarme, y de salir del infierno, a que estoy para siempre condenada.

Díjole el Padre: Yo te ruego que me digas, qué es ahora lo que más te aflige y acongoja. El ver, dijo, que pude con tanta facilidad librarme de estos tormentos, y no me libré, el ver que me pude confesar y no me confesé; el ver que Dios te trajo de tan lejanas tierras para mi remedio, y me quedé sin él, y que teniéndote a mi cabecera para mi salvación, has sido causa de mi mayor condenación, Esto es, Padre, lo que más me aflige, y me causa trasudores eternos. Y diciendo esto, y dando horribles gemidos, y juntamente haciendo mucho ruido con las cadenas, desapareció.

Otro caso escribe Juan Heroldo, que estando un fraile de San Francisco confesando a otra mujer, vio el compañero, que a cada palabra que decía le salía un escuerzo o sapo por la boca, y yendo a salir una siempre muy grande se tornó a entrar, y luego todos los demás escuerzos que habían salido. Avisado después de esto el confesor tornó a su casa, mas hallóla ya muerta, y encomendándola a nuestro Señor, se le apareció llena de fuego y tormentos infernales, declarándole cómo por haber callado un pecado no se le perdonó ninguno, y era condenada al infierno.

“DIFERENCIA ENTRE LO TEMPORAL Y LO ETERNO”

AÑO 1898

Fuente católicodefiendetufe

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lunes, 6 de enero de 2020

Nunca se deben callar pecados en la confesión. Rogar a Dios para perder la vergüenza y no callarlos


NUNCA SE DEBEN CALLAR PECADOS EN LA CONFESIÓN. ROGAR A DIOS PARA PERDER LA VERGÜENZA Y NO CALLARLOS

En la provincia de Güeldres hubo una mujer que por espacio de once años calló en la confesión un pecado de deshonestidad que había cometido.

Pasando por el pueblo en que vivía esta mujer, dos religiosos de la Orden de Santo Domingo, uno Sacerdote y otro lego, se acercó ella al primero, creyendo ocasión oportuna de confesar a aquel sacerdote desconocido el pecado que tantas veces había callado, y le pidió que la oyese en confesión.

Accedió gustoso el religioso y, mientras la confesaba, el compañero permaneció en oración en la misma iglesia, y luego observó que mientras aquella mujer se confesaba, salían de su cuerpo muchas y asquerosas culebras, y que una más disforme y asquerosa que las demás, asomaba de cuando en cuando la cabeza para salir, pero luego volvía a recogerse, y que cuando se hubo recogido del todo al terminar la confesión, todas las demás que habían salido volvieron a entrar en aquella mujer.

Acabada la confesión, los dos religiosos siguieron su camino, y andadas algunas millas, el religioso lego refirió al otro la visión que había tenido en la iglesia. Este sospechó al momento lo que aquella visión significaba, y determinó volver atrás con el objeto de decir a aquella mujer que volviese al confesonario, más al llegar al pueblo les dieron la infausta noticia de que aquella mujer había muerto repentinamente al entrar en su habitación.

Consternados los religiosos al oírlo, determinaron pasar tres días en ayuno y oración, pidiendo a Dios que se dignase manifestarles el estado de aquella alma en el otro mundo. En la noche del tercer día se les apareció aquella infeliz mujer rodeada de fuego y arrastrada por un demonio en figura de dragón; al rededor del cuello tenía enroscadas dos serpientes que la oprimían la garganta y le mordían cruelmente los pechos; en la cabeza una víbora horrible que la punzaba sin cesar; en los ojos dos sabandijas asquerosísimas que la roían sin descanso; en los oídos saetas encendidas que la penetraban hasta el cerebro; de su boca salían llamas de fuego, y dos monstruosos perros la atenazaban y mordían continuamente las manos y los pies, atados con cadenas de fierro candente; y dando un espantoso grito, dijo:

«¡Ay de mí! Yo soy la misma desventurada mujer que habéis confesado hace tres días! Aquellas asquerosas culebras que salían de mí, eran los pecados que iba confesando, y aquella otra más disforme era figura de un pecado deshonesto que siempre he callado por vergüenza en las confesiones.

Al ver en vos un confesor desconocido, intenté confesarlo, pero el demonio me sugirió tal vergüenza que volví a callarlo como siempre. Por eso ha visto vuestro compañero que al terminar la confesión, se recogió definitivamente, y con él volvieron a mi todos los demás que había confesado. ¡Ay¡ y ¡Cuánto me atormentan ahora y cuan fácilmente pude confesarlos todos y salvarme! Pero cansado Dios de sufrirme tantos pecados y sacrilegios, me mandó una muerte repentina, y terminé en los infiernos, en donde soy atormentada horrorosamente por los demonios en figura de horribles animales… Esta víbora que traigo en la cabeza, es un demonio que me atormenta espantosamente por mi orgullo y soberbia, y por la vanidad y esmerado cuidado en adornarme para servir de lazo a las almas de los jóvenes incautos y lujuriosos; las sabandijas que me roen los ojos, son otros dos demonios que me atormentan sin cesar por mis miradas impuras y libidinosas; estas saetas encendidas me traspasan los oídos, por haber puesto atención y escuchado con gusto murmuraciones, palabras torpes y canciones deshonestas; estas serpientes que traigo enroscadas al cuello son también otros dos demonios que me ahogan la garganta y me muerden los pechos, por haberlos llevado siempre con poco recato, y a veces de un modo provocativo, por los abrazos deshonestos que he admitido, y por las alhajas y preseas con que excesivamente me he adornado; estos perros rabiosos me atenazan las manos y los pies por mis malas acciones y tocamientos impuros, por mis bailes y paseos a los sitios en que se ofendía a Dios; pero lo que más me atormenta sobre todo esto, es este formidable dragón que me arrastra: este me roe y despedaza las entrañas, me punza el corazón, me aprieta y atormenta en todos los miembros que han servido a la iniquidad, me recuerda todos mis pecados, y por cada especie de ellos me da un tormento particular insufrible… ¡Desgraciada de mí! ¡Ya no tengo remedio! ¡Para mí se acabó ya el tiempo de la misericordia! ¡Ay! ¡Y cuan fácilmente pude salvarme! ¡Oh maldita vergüenza que me has abandonado para pecar, pero me has atado para confesarme!»

Dicho esto, dio un grito espantoso, se abrió la tierra y el horrible dragón la arrastró consigo a los infiernos, en donde ningún tormento jamás tendrá fin.

Hay que orar por los que se confiesan, para que sean capaces de vencer la vergüenza y no callen los pecados.


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martes, 29 de octubre de 2019

Haces lo que te da la gana y crees que por eso eres libre. No lo eres, sólo eres esclavo de tus muchos pecados


HACES LO QUE TE DA LA GANA Y CREES QUE POR ESO ERES LIBRE. NO LO ERES. SOLO ERES ESCLAVO DE TUS MUCHOS PECADOS.
Por Álvaro Molina


En la antigüedad, cuando un hombre era esclavo de otro hombre, el esclavo hacía la voluntad de su amo. No tenía libertad de hacer nada que fuera distinto a lo que su amo le mandaba. Obviamente el esclavo tenía sus ratos libres, donde podía hacer lo que quería, pero la mayor parte de su vida estaba dedicada a cumplir con la voluntad de su amo.

En nuestros días, muchos se declaran hombres libres, dueños de sus vidas, que pueden hacer lo que les de la gana. Rechazan todo lo que la Iglesia Católica enseña y con solo escuchar la palabra pecado, señalan a la Iglesia de ser opresiva, de restarle libertades a la humanidad, de oscurantista y muchos otros adjetivos más.

Y así viven sus vidas, practicando toda clase de pecados de forma habitual, ya sea la fornicación, el adulterio, la pornografía, los actos homosexuales, el robo, la mentira, la calumnia, el asesinato, etc.

El que mira pornografía habitualmente no es un hombre libre. Es un esclavo del pecado de la pornografía. Esa pobre persona, sea hombre o mujer, no acepta que su comportamiento es un pecado, y piensa que al rechazar el concepto de pecado, está actuando en plena libertad, haciendo lo que le de la gana, sin que nadie le ponga restricciones.

El esclavo hacía solo lo que el amo le ordenaba. El pecado de la pornografía, o sea el amo, ordena a su esclavo que vea pornografía. Y el esclavo obedece, tontamente convencido de estar actuando en plena libertad. Lo mismo ocurre con quienes son esclavos del pecado del adulterio, de la fornicación, de los actos homosexuales, del robo, de la mentira, del asesinato. Todos ellos creen que son libres, que están actuando por su libre y espontánea voluntad, cuando en realidad solo están obedeciendo las órdenes de su amo, el pecado. Todo comenzó cuando obedecieron la primera orden de su amo, que fue la de creer que lo que están haciendo no es pecado alguno.

El pecado, como amo celoso, le instruye a sus esclavos que no acepten las "opresivas" reglas de la Iglesia, ya que son solo "imposiciones" que no los dejará ser ellos mismos. Los esclavos por su parte, aceptan. Se dejan llevar por esas voces que hablan de "derechos", que les dicen que "si se siente bien, no está mal hacerlo". Son las voces de otros esclavos, repitiendo lo que sus respectivos amos les dicen, para asegurarse de que todos se mantengan esclavizados, sin intención alguna de librarse de las cadenas de sus pecados.

Solo Cristo, por medio de su Iglesia, puede darnos plena libertad. El que escucha la voz de los obispos y presbíteros, escucha a Cristo y también escucha al que envió a Cristo, Dios Padre. Las normas que la Iglesia propone no son cadenas opresivas, ni imposiciones despersonalizantes. Se trata de muy necesarias barreras, para mantenernos alejados de esas zonas de peligro, donde el pecado gobierna a quienes se han aventurado en ellas. No mentir, no matar, no cometer inmoralidades sexuales, obedecer a Dios, todas esas normas son normas de vida, para ser plenamente libres, para no tener al pecado como amo, sino que a Dios como el Señor de nuestras vidas.

Encuentra el dolor por tus pecados, luego ve al templo de tu parroquia. Confiésate, comulga, cumple tu penitencia, y mantente en oración para evitar el pecado.

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lunes, 21 de octubre de 2019

¿Qué pecados impiden comulgar?


¿QUÉ PECADOS IMPIDEN COMULGAR?
Por: P. Julio de la Vega-Haza


¿Se puede comulgar si has cometido pecados veniales?

San Pablo expresó con contundencia que no todos están en condiciones de recibir la Comunión: Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz, porque el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación (I Cor 11, 28-29). Estas palabras ponen de relieve la gravedad del asunto, pero no proporcionan un criterio claro de cuándo uno es digno y cuándo no. Por eso, como tantas otras, esta cuestión también fue sometida a debate.

Da la impresión, sin embargo, que los destinatarios de la carta –los corintios- ya tenían alguna idea al respecto. Es pues importante ver las fuentes conocidas de la vida de la Iglesia primitiva. A finales del siglo I o principios del II se escribió la llamada Didache (o “Doctrina de los Doce Apóstoles”), en la que se habla bastante de la Eucaristía. Tras señalar que el sacramento es solo para los bautizados, añade la siguiente frase: Quien sea santo, acceda; quien lo sea menos, haga penitencia. Aunque necesite una ulterior precisión, sigue siendo un criterio válido, a la luz del cual se entiende lo que está establecido.

Se podría objetar, y con razón, ¿pero quién puede decir que es santo? Libre de todo pecado, nadie. Por eso el acercamiento a la Comunión debe ser penitencial, para purificarnos cuanto podamos. Lo propio es recibir la comunión cuando ya hay una comunión del alma con el Señor.

Ahora bien, hay diversas situaciones, como también hay distintos tipos de pecados. El pecado mortal rompe del todo esa comunión, y en este caso la penitencia requerida pasa por la recepción del sacramento de la Penitencia como condición previa.

Por eso establece el Código de Derecho Canónico que quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental (c. 916) (las excepciones se refieren a necesidades sin posibilidad de recibirlo, en cuyo caso debe haber un acto de contrición perfecta y el propósito de confesarse cuanto antes: o sea, en todo caso se recibe en gracia de Dios, aunque no haya más remedio que posponer la confesión).

Una aclaración al respecto puede ser pertinente: no hay penitencia verdadera ni confesión válida sin propósito de enmienda; es lógico, en caso contrario sería una pantomima. Esto sirve para entender por qué no pueden acceder a la Comunión personas que están y quieren seguir estando en una situación habitual de pecado.

Queda el pecado venial. Nadie escapa de cometer alguno, y pretender estar libre de todo pecado venial resulta presuntuoso. En la historia de la Iglesia existió un puritanismo católico, llamado jansenismo (lo creó un tal Cornelius Jansen), que en este sentido restringía mucho la comunión. Fue rechazado por la Iglesia, pero dejó sentir su influencia, hasta que el Papa San Pío X borró sus vestigios hace un siglo. Con razón: no va por ahí la penitencia requerida.

En estos casos –cuando se está en gracia- la penitencia es la interior, la cual se incluye en la liturgia. El pecado venial no impide la Comunión –al contrario, es alimento interior que da fuerzas para combatirlo-, pero, a la vez, para participar dignamente en los sagrados misterios… comencemos por reconocer nuestros pecados. Palabras familiares para quien asiste a Misa, que van seguidas por un acto de contrición de lo más completo. Luego, la preparación inmediata nos recuerda que vamos a comulgar como invitados y que no somos dignos de recibirle; en cierto modo, también son palabras de contrición. Es interesante comprobar que, en la celebración de la Comunión fuera de la Santa Misa, la liturgia es mucho más breve, pero incluye estas dos partes penitenciales, las mismas.

En resumen. Para comulgar, hay que estar en gracia de Dios. Aún estándolo, nunca somos dignos del todo de recibir al Señor. Eso no es obstáculo para comulgar, pero la dignidad del sacramento postula que procuremos hacernos lo más dignos posible.

Fuente Catholic.net

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miércoles, 16 de octubre de 2019

Los 7 pecados capitales y sus demonios


LOS 7 PECADOS CAPITALES Y SUS DEMONIOS

Los 7 pecados capitales, son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo y el catolicismo, para educar a las almas acerca de la moral cristiana. 
Comencemos. 



La lujuria.

La lujuria es usualmente considerada como el pecado producido por los pensamientos excesivos de naturaleza sexual, la lujuria son los pensamientos posesivos sobre otra persona. Debido a su intrínseca relación con la naturaleza sexual, la lujuria en su máximo grado, puede llevar a compulsiones sexuales o sociológicas. O transgresiones incluyendo la adición al sexo, el adulterio y la violación. Su demonio es "Asmodeo".

En la Biblia, en el libro de Tobías, Asmodeo se enamora de Sara, hija de Ragüel y cada vez que ella contrae matrimonio, mata al marido durante la noche de bodas. Así llega a matar a siete hombres, impidiendo que se consume el matrimonio. Más tarde, Sara se promete a un joven llamado Tobías, hijo de Tobit. Éste recibe la ayuda del Arcángel Rafael, el cuál, le enseña cómo librarse del demonio. De este modo, Tobías coge un pez y le arranca el corazón, los riñones y el hígado, colocándolo sobre las brasas; Asmodeo no puede soportar los vapores así desprendidos y huye a Egipto, en donde Rafael lo encadena. No se sabe más de la suerte que corre este demonio, pero se lo presenta como un símbolo del deseo carnal.

La avaricia

La avaricia aplica sólo a la adquisición de riquezas en particular. Santo Tomás de Aquino escribió que la avaricia es un pecado contra Dios. Al igual que todos los pecados mortales en los que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales. En el purgatorio de Dante, los penitentes eran obligados arrodillarse en una piedra y recitar ejemplos de avaricia y sus virtudes opuestas. Es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados; éstos incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso de dejarse sobornar, la búsqueda y acumulación de riquezas, de objetos, robo y asalto, especialmente con violencia. Los engaños y la manipulación de la autoridad, como la corrupción, son todas acciones que son inspiradas por la avaricia. Su demonio es "Mammón".

Mammón es hijo de Lucifer y príncipe de los infiernos. En la Biblia, Mammón es personificado como símbolo de las riquezas en Lucas 16,13 y Mateo 6,24. Pero en otras versiones se traduce como abundancia deshonesta o equivalentes, dando así entender, que lo que quiso decir Jesús, fue que no podéis servir a Dios y a las riquezas, en el sentido de estar esclavizado al amor al dinero. En otras versiones españolas se traduce como Mammón, pero en otros como dinero.


La gula

La gula se identifica con la glotonería, el consumo excesivo de comida y bebida. En cambio en el pasado, cualquier forma de exceso podía caer en la definición de pecado, marcado por el consumo excesivo, irracional o innecesario. La gula, también incluye ciertas formas de comportamiento destructivo, de esta manera, el abuso de sustancias como drogas o las borracheras, son vistos como ejemplos de gula. En la divina comedia de Dante, los penitentes en el purgatorio, son obligados a pararse entre dos árboles, incapaces de alcanzar y comer las frutas que cuelgan de las ramas de ellos. Y por consecuencia, se les describía como personas hambrientas. Su demonio es "Belcebú".

Se cree que Belcebú es el señor de las moscas, por otro lado, el nombre de Belcebú, era usado por los hebreos como una forma de burla hacia los adoradores de Baal, debido a que en sus templos, la carne de los sacrificios se dejaba pudrir, por lo que estos lugares estaban infestados de moscas todo el tiempo. Belcebú en sus formas alegóricas toma a veces apariencia colosal, de rostro hinchado, coronado por una cinta de fuego, cornudo, negro y amenazante, peludo y con alas de murciélago.

La pereza

La pereza es el más metafísico de los pecados capitales, y en cuanto está referido a la incapacidad de aceptar o hacerse cargo de la existencia en cuanto tal. Es también el que más problemas causa en su denominación. La simple pereza, más aún, el ocio, no parece constituir una falta. Tomado en el sentido propio es una tristeza de ánimo, que aparta al creyente de sus obligaciones espirituales y divinas, a causa de los obstáculos y dificultades que en él se encuentre. Bajo el nombre de cosas espirituales y divinas, se entiende todo lo que Dios nos prescribe para la consecución de la eterna salud, como la práctica de las virtudes cristianas, la observación de los preceptos divinos, de los deberes de cada uno, los ejercicios de piedad y religión. Concebir pues tristeza por tales cosas, abrigar voluntariamente en el corazon desgano, aversión y disgusto por ellas, es un pecado capital. Su demonio es "Belfegor".

De acuerdo con la leyenda, Belfegor fue enviado desde el infierno a la tierra por Lucifer, para averiguar si existía la felicidad conyugal. Tales rumores habían llegado a los demonios, pero ellos sabían que la gente no estaba destinada a vivir en armonía, no obstante, las experiencias de Belfegor en el mundo, pronto convencieron de que tal rumor no tenía fundamento. Belfegor "el señor de la apertura" es descrito como un fuerte demonio de aspecto atlético, de varios metros de estatura, cuernos de carnero, de aspecto humano, que cambia en las piernas, ya que en vez de pies, posee enormes patas de lobo.

La ira 

La ira puede ser descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo. Estos sentimientos se pueden manifestar, como una negación vehemente de la verdad, tanto hacia los demás y hacia uno mismo. Impaciencia con los procedimientos de la ley y el deseo de venganza fuera del trabajo del sistema judicial, llevando a hacer justicia por sus propias manos. Fanatismo en creencias políticas y generalmente deseando hacer mal a otros. Una definición moderna, también incluiría odio e intolerancia hacia otros, por razones como raza o religión, llevando todo esto a la discriminación. Las transgresiones derivadas de la ira están entre las más serias, incluyendo homicidio, asalto, discriminación y en casos extremos genocidio. Su demonio es Ammón.

Algunos satanistas, aseguran que Ammón es un Marqués del infierno, el cual comanda 40 legiones de demonios, supuestamente, él cuenta las cosas del pasado y el futuro. Es descrito como un lobo con cola de serpiente que arroja fuego; un hombre con cabeza de cuervo y dientes de perro o simplemente un hombre con cabeza de cuervo.

La envidia

La envidia se caracteriza por un deseo insaciable, sin embargo, difiere por dos grandes razones: primero, la avaricia está más asociada con bienes materiales, mientras que la envidia puede ser más general. Segundo, aquellos que cometen el pecado de la envidia, desean algo que alguien más tiene y que perciben que a ellos les hace falta, lo que produce, el consiguiente deseo del mal al prójimo y sentirse bien con el mal ajeno. Su demonio es "Leviatán".

La interpretación cristiana de Leviatán, le considera a menudo, como un demonio asociado con Satanás, el Diablo. Es una bestia Marina del Antiguo Testamento. El término Leviatán, ha sido reutilizado en numerosas ocasiones como sinónimo hoy en día, de gran monstruo o gran criatura.

La soberbia 

En casi todas las listas de pecados, la soberbia es considerado el original y más serio de los pecados capitales y de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando el alhagar a los otros. Según la Biblia, este pecado es cometido por Lucifer al querer ser igual a Dios. Genéricamente, se define como la sobrevaloración del "YO" respecto de otros por superar, alcanzar o sobreponerse a un obstáculo o bien, en alcanzar un estatus elevado y subvalorizar al contexto. También se puede definir la soberbia, como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás, también se puede tomar la soberbia en cosas vanas y vacías, como la vanidad y en la opinión de uno mismo exaltada a un nivel crítico y desmesurado. Su demonio es "Lucifer".

Según la Tradición era un ángel muy hermoso, que por soberbia se reveló contra Dios, queriendo ser como Él, por lo que fue confinado al ámbito terrestre. Antes de la rebelión, Lucifer era un Arcángel, estaba por encima de las demás categorías de los Ángeles, ya que él era el más hermoso de todos ellos. El nombre Lucifer, sería lo que en una época habría sido el nombre que recibió de Dios en persona. Luego de su rebeldía ya no sería el "portador de luz" sino que sería llamado "Adversario".

Estos fueron, los 7 capitales pecados capitales y sus demonios. Conoce también los 7 pecados capitales y sus antídotos dando click aquí



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lunes, 14 de octubre de 2019

Pecados que impiden comulgar


PECADOS QUE IMPIDEN COMULGAR
Por: P. Julio de la Vega-Hazas
¿Se puede comulgar si has cometido pecados veniales?

San Pablo expresó con contundencia que no todos están en condiciones de recibir la Comunión: Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz, porque el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación (I Cor 11, 28-29). Estas palabras ponen de relieve la gravedad del asunto, pero no proporcionan un criterio claro de cuándo uno es digno y cuándo no. Por eso, como tantas otras, esta cuestión también fue sometida a debate.

Da la impresión, sin embargo, que los destinatarios de la carta –los corintios- ya tenían alguna idea al respecto. Es pues importante ver las fuentes conocidas de la vida de la Iglesia primitiva. A finales del siglo I o principios del II se escribió la llamada Didache (o “Doctrina de los Doce Apóstoles”), en la que se habla bastante de la Eucaristía. Tras señalar que el sacramento es solo para los bautizados, añade la siguiente frase: Quien sea santo, acceda; quien lo sea menos, haga penitencia. Aunque necesite una ulterior precisión, sigue siendo un criterio válido, a la luz del cual se entiende lo que está establecido.

Se podría objetar, y con razón, ¿pero quién puede decir que es santo? Libre de todo pecado, nadie. Por eso el acercamiento a la Comunión debe ser penitencial, para purificarnos cuanto podamos. Lo propio es recibir la comunión cuando ya hay una comunión del alma con el Señor.

Ahora bien, hay diversas situaciones, como también hay distintos tipos de pecados. El pecado mortal rompe del todo esa comunión, y en este caso la penitencia requerida pasa por la recepción del sacramento de la Penitencia como condición previa.

Por eso establece el Código de Derecho Canónico que quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental (c. 916) (las excepciones se refieren a necesidades sin posibilidad de recibirlo, en cuyo caso debe haber un acto de contrición perfecta y el propósito de confesarse cuanto antes: o sea, en todo caso se recibe en gracia de Dios, aunque no haya más remedio que posponer la confesión).

Una aclaración al respecto puede ser pertinente: no hay penitencia verdadera ni confesión válida sin propósito de enmienda; es lógico, en caso contrario sería una pantomima. Esto sirve para entender por qué no pueden acceder a la Comunión personas que están y quieren seguir estando en una situación habitual de pecado.

Queda el pecado venial. Nadie escapa de cometer alguno, y pretender estar libre de todo pecado venial resulta presuntuoso. En la historia de la Iglesia existió un puritanismo católico, llamado jansenismo (lo creó un tal Cornelius Jansen), que en este sentido restringía mucho la comunión. Fue rechazado por la Iglesia, pero dejó sentir su influencia, hasta que el Papa San Pío X borró sus vestigios hace un siglo. Con razón: no va por ahí la penitencia requerida.

En estos casos –cuando se está en gracia- la penitencia es la interior, la cual se incluye en la liturgia. El pecado venial no impide la Comunión –al contrario, es alimento interior que da fuerzas para combatirlo-, pero, a la vez, para participar dignamente en los sagrados misterios… comencemos por reconocer nuestros pecados. Palabras familiares para quien asiste a Misa, que van seguidas por un acto de contrición de lo más completo. Luego, la preparación inmediata nos recuerda que vamos a comulgar como invitados y que no somos dignos de recibirle; en cierto modo, también son palabras de contrición. Es interesante comprobar que, en la celebración de la Comunión fuera de la Santa Misa, la liturgia es mucho más breve, pero incluye estas dos partes penitenciales, las mismas.

En resumen. Para comulgar, hay que estar en gracia de Dios. Aún estándolo, nunca somos dignos del todo de recibir al Señor. Eso no es obstáculo para comulgar, pero la dignidad del sacramento postula que procuremos hacernos lo más dignos posible.

Fuente enlace catolico

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martes, 1 de octubre de 2019

Han quitado de la biblia el libro de Tobías, porque según ellos, la limosna no perdona pecados como dice Tobías 12,9


HAN QUITADO DE LA BIBLIA EL LIBRO DE TOBÍAS, PORQUE SEGÚN ELLOS, LA LIMOSNA NO PERDONA LOS PECADOS COMO DICE TOBÍAS 12,9

PERO, ¿Y SI EL RESTO DE LA ESCRITURA ENSEÑARA LO MISMO?
Por Jesús Mondragón (Saulo de Tarso) 

En su rechazo a los 7 libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento, en este caso del libro de Tobías, los protestantes esgrimen como motivo o más bien pretexto, que la doctrina contenida en dicho libro, contradice a la doctrina del resto de la Biblia. Ellos aseguran que el siguiente texto, no es compatible con el resto de la Escritura.

Tobías 12:9
La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los limosneros tendrán larga vida.

Al asegurar que la limosna no ayuda a perdonar los pecados, los protestantes demuestran su MALA FE O SU IGNORANCIA. Nosotros preferimos pensar que su aseveración se debe a la segunda causa, ya que si actuaran de mala fe, tendrían graves problemas ante Dios.

Sin muchos comentarios por mi parte, dejemos que la Biblia hable y nos diga si dar limosna a los necesitados ayuda o no, a perdonar los pecados.

PERO...¿QUÉ DICE EL RESTO DE LA ESCRITURA?

Eclesiástico 3:30
El agua apaga el fuego llameante, la limosna perdona los pecados.

Lucas 11:39-41
Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas SERÁN PURAS para vosotros.

Nuestro Señor Jesucristo habla de la rapiña y la maldad, es decir, de los pecados de los fariseos y les asegura que si dan en limosna lo que tienen: TODAS LAS COSAS SERÁN PURAS para ellos, es decir, serán purificados de sus pecados.

ANALIZAR EL SIGUIENTE TEXTO

Eclesiástico 29:12
Encierra la limosna en tus graneros, ella te preservará de todo mal.

COMPARADO CON:

Lucas 12:33
«Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla.

OTRA VEZ EL MISMO TEXTO DE TOBÍAS

Tobías 12:9
La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los limosneros tendrán larga vida.

COMPARADO CON:

Daniel 4:24
Por eso, oh rey, acepta mi consejo: rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea larga.

EN EL ANTIGUO TESTAMENTO LOS MEMORIALES O SACRIFICIOS SE REALIZABAN PARA RECIBIR EL PERDÓN DE LOS PECADOS, LA LIMOSNA ES IGUAL A UN SACRIFICIO OFRECIDO A DIOS

Levítico 5:12
La llevará al sacerdote; y el sacerdote, tomando de ella un puñado como MEMORIAL, lo quemará en el altar, junto con los manjares que se abrasan para Yahveh. ES UN SACRIFICIO POR EL PECADO.

Hechos 10:4
Él le miró fijamente y lleno de espanto dijo: «¿Qué pasa, señor?» Le respondió: «Tus oraciones y tus limosnas han subido como memorial ante la presencia de Dios.

COMPARADO CON:

Eclesiástico 35:2,5
Devolver favor es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza.
La ofrenda del justo unge el altar, su buen olor sube ante el Altísimo.

Hechos 10:31
y me dijo: "Cornelio, tu oración ha sido oída y se han recordado tus limosnas ante Dios.

I Pedro 4:8
Ante todo, tened entre vosotros intenso amor, pues el amor cubre multitud de pecados.

CONCLUSIÓN: LA BIBLIA CONCUERDA COMO UNA UNIDAD, LA LIMOSNA AYUDA A PERDONAR PECADOS.

DESPUÉS DE TODO, LA BIBLIA SE RESUME EN 2 MANDAMIENTOS BÁSICOS Y DAR LIMOSNA CUMPLE CON EL SEGUNDO DE ÉSTOS, EL AMOR AL PRÓJIMO

Marcos 12:28-31
Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.»

PAX ET BONUM


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