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sábado, 4 de julio de 2020

Quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea.


QUIEN SE INCLINA ANTE JESÚS NO PUEDE Y NO DEBE POSTRARSE ANTE NINGÚN PODER TERRENO, POR MÁS FUERTE QUE SEA.
Por Benedicto XVI. Dominus Est.

La Eucaristía no puede ser nunca un hecho privado, reservado a personas escogidas según afinidades o amistad. La Eucaristía es un culto público, que no tiene nada de esotérico, de exclusivo.

Ser cristianos quiere decir reunirse desde todas las partes para estar en la presencia del único Señor y ser uno en Él y con Él.

Arrodillarse en adoración ante el Señor. Adorar al Dios de Jesucristo, que se hizo pan partido por amor, es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad.

Quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea. Los cristianos sólo nos arrodillamos ante Dios, ante el Santísimo Sacramento.

Queridos hermanos y hermanas:

Después del tiempo fuerte del año litúrgico, que, centrándose en la Pascua se prolonga durante tres meses —primero los cuarenta días de la Cuaresma y luego los cincuenta días del Tiempo pascual—, la liturgia nos hace celebrar tres fiestas que tienen un carácter “sintético”: la Santísima Trinidad, el Corpus Christi y, por último, el Sagrado Corazón de Jesús.

¿Cuál es el significado específico de la solemnidad de hoy, del Cuerpo y la Sangre de Cristo? Nos lo manifiesta la celebración misma que estamos realizando, con el desarrollo de sus gestos fundamentales: ante todo, nos hemos reunido alrededor del altar del Señor para estar juntos en su presencia; luego, tendrá lugar la procesión, es decir, caminar con el Señor; y, por último, arrodillarse ante el Señor, la adoración, que comienza ya en la misa y acompaña toda la procesión, pero que culmina en el momento final de la bendición eucarística, cuando todos nos postremos ante Aquel que se inclinó hasta nosotros y dio la vida por nosotros. Reflexionemos brevemente sobre estas tres actitudes para que sean realmente expresión de nuestra fe y de nuestra vida.

Así pues, el primer acto es el de reunirse en la presencia del Señor. Es lo que antiguamente se llamaba “statio“. Imaginemos por un momento que en toda Roma sólo existiera este altar, y que se invitara a todos los cristianos de la ciudad a reunirse aquí para celebrar al Salvador, muerto y resucitado. Esto nos permite hacernos una idea de los orígenes de la celebración eucarística, en Roma y en otras muchas ciudades a las que llegaba el mensaje evangélico: en cada Iglesia particular había un solo obispo y en torno a él, en torno a la Eucaristía celebrada por él, se constituía la comunidad, única, pues era uno solo el Cáliz bendecido y era uno solo el Pan partido, como hemos escuchado en las palabras del apóstol san Pablo en la segunda lectura (cf. 1 Co 10, 16-17).

Viene a la mente otra famosa expresión de San Pablo:

“Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Ga 3, 28). “Todos vosotros sois uno”.

En estas palabras se percibe la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, la revolución más profunda de la historia humana, que se experimenta precisamente alrededor de la Eucaristía: aquí se reúnen, en la presencia del Señor, personas de edad, sexo, condición social e ideas políticas diferentes.

La Eucaristía no puede ser nunca un hecho privado, reservado a personas escogidas según afinidades o amistad. La Eucaristía es un culto público, que no tiene nada de esotérico, de exclusivo. Nosotros, esta tarde, no hemos elegido con quién queríamos reunirnos; hemos venido y nos encontramos unos junto a otros, unidos por la fe y llamados a convertirnos en un único cuerpo, compartiendo el único Pan que es Cristo. Estamos unidos más allá de nuestras diferencias de nacionalidad, de profesión, de clase social, de ideas políticas: nos abrimos los unos a los otros para convertirnos en una sola cosa a partir de Él.

Esta ha sido, desde los inicios, la característica del cristianismo, realizada visiblemente alrededor de la Eucaristía, y es necesario velar siempre para que las tentaciones del particularismo, aunque sea de buena fe, no vayan de hecho en sentido opuesto.

Por tanto, el Corpus Christi ante todo nos recuerda que ser cristianos quiere decir reunirse desde todas las partes para estar en la presencia del único Señor y ser uno en Él y con Él.

El segundo aspecto constitutivo es caminar con el Señor. Es la realidad manifestada por la procesión, que viviremos juntos después de la santa misa, como su prolongación natural, avanzando tras Aquel que es el Camino. Con el don de sí mismo en la Eucaristía, el Señor Jesús nos libra de nuestras “parálisis”, nos levanta y nos hace “pro-cedere“, es decir, nos hace dar un paso adelante, y luego otro, y de este modo nos pone en camino, con la fuerza de este Pan de la vida. Como le sucedió al profeta Elías, que se había refugiado en el desierto por miedo a sus enemigos, y había decidido dejarse morir (cf. 1 R 19, 1-4). Pero Dios lo despertó y le puso a su lado una torta recién cocida: “Levántate y come —le dijo—, porque el camino es demasiado largo para ti” (1 R 19, 5. 7).

La procesión del Corpus Christi nos enseña que la Eucaristía nos quiere librar de todo abatimiento y desconsuelo, quiere volver a levantarnos para que podamos reanudar el camino con la fuerza que Dios nos da mediante Jesucristo. Es la experiencia del pueblo de Israel en el éxodo de Egipto, la larga peregrinación a través del desierto, de la que nos ha hablado la primera lectura. Una experiencia que para Israel es constitutiva, pero que resulta ejemplar para toda la humanidad.

De hecho, la expresión “no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca del Señor” (Dt 8, 3) es una afirmación universal, que se refiere a todo hombre en cuanto hombre. Cada uno puede hallar su propio camino, si se encuentra con Aquel que es Palabra y Pan de vida, y se deja guiar por su amigable presencia. Sin el Dios-con-nosotros, el Dios cercano, ¿Cómo podemos afrontar la peregrinación de la existencia, ya sea individualmente ya sea como sociedad y familia de los pueblos?

La Eucaristía es el sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que nos acompaña y nos indica la dirección. En efecto, no basta avanzar; es necesario ver hacia dónde vamos. No basta el “progreso”, si no hay criterios de referencia. Más aún, si nos salimos del camino, corremos el riesgo de caer en un precipicio, o de alejarnos más rápidamente de la meta. Dios nos ha creado libres, pero no nos ha dejado solos: se ha hecho él mismo “camino” y ha venido a caminar juntamente con nosotros a fin de que nuestra libertad tenga el criterio para discernir la senda correcta y recorrerla.

Al llegar a este punto, no se puede menos de pensar en el inicio del “Decálogo”, los diez mandamientos, donde está escrito:

“Yo, el Señor, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí”(Ex20, 2-3).

Aquí encontramos el tercer elemento constitutivo del Corpus Christi: arrodillarse en adoración ante el Señor. Adorar al Dios de Jesucristo, que se hizo pan partido por amor, es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy.

Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea.

Los cristianos sólo nos arrodillamos ante Dios, ante el Santísimo Sacramento, porque sabemos y creemos que en él está presente el único Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el punto de entregar a su Hijo único (cf. Jn 3, 16).

Nos postramos ante Dios que primero se ha inclinado hacia el hombre, como buen Samaritano, para socorrerlo y devolverle la vida, y se ha arrodillado ante nosotros para lavar nuestros pies sucios. Adorar el Cuerpo de Cristo quiere decir creer que allí, en ese pedazo de pan, se encuentra realmente Cristo, el cual da verdaderamente sentido a la vida, al inmenso universo y a la criatura más pequeña, a toda la historia humana y a la existencia más breve. La adoración es oración que prolonga la celebración y la comunión eucarística; en ella el alma sigue alimentándose: se alimenta de amor, de verdad, de paz; se alimenta de esperanza, pues Aquel ante el cual nos postramos no nos juzga, no nos aplasta, sino que nos libera y nos transforma.

Por eso, reunirnos, caminar, adorar, nos llena de alegría. Haciendo nuestra la actitud de adoración de María, a la que recordamos de modo especial en este mes de mayo, oramos por nosotros y por todos; oramos por todas las personas que viven en esta ciudad, para que te conozcan a ti, Padre, y al que enviaste, Jesucristo, a fin de tener así la vida en abundancia. Amén.

Benedicto XVI

Atrio de la Basílica de San Juan de Letrán

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lunes, 27 de abril de 2020

Cardenal Müller publica declaración de fe ante creciente confusión sobre la doctrina Católica


CARDENAL MÜLLER PUBLICA DECLARACIÓN DE FE ANTE CRECIENTE CONFUSIÓN SOBRE LA DOCTRINA CATÓLICA

El Cardenal alemán Gerhard Müller, quien fue Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe entre 2012 y 2017, publicó una “Declaración de Fe” que busca hacer frente a la creciente confusión sobre la enseñanza de la doctrina católica.

“Ante la creciente confusión en la enseñanza de la doctrina de la fe, muchos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de la Iglesia Católica, me han pedido dar testimonio público de la verdad de la Revelación”, comienza el texto del Cardenal titulado: “Declaración de fe: ¡No se turbe vuestro corazón! (Juan 14,1)”.

“Hoy en día muchos cristianos ya no son conscientes ni siquiera de las enseñanzas básicas de la fe, por lo que existe un peligro creciente de apartarse del camino que lleva a la vida eterna”, prosigue el Purpurado.

El Cardenal recordó que el texto principal para orientar a los fieles, y que sirvió de base para su declaración, es el Catecismo de la Iglesia Católica publicado en 1992 durante el pontificado de San Juan Pablo II. El Catecismo, afirmó, responde a los cuestionamientos de la dictadura del relativismo.

El primer punto del manifiesto recuerda que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, la revelación de Dios uno y trino, por lo cual “la recaída en antiguas herejías, que veían en Jesucristo solo a un buen hombre, a un hermano y amigo, a un profeta y a un moralista, debe ser combatida con clara determinación”.

El segundo punto de la declaración recuerda que fue el mismo “Jesucristo quien fundó la Iglesia como signo visible e instrumento de salvación, que subsiste en la Iglesia Católica”.

El texto también subraya que “la Iglesia no es una asociación fundada por el hombre cuya estructura es votada por sus miembros a voluntad. Es de origen divino”. “La mediación de la fe está indisolublemente ligada a la credibilidad humana de sus mensajeros, que en algunos casos han abandonado a los que les fueron confiados, los han perturbado y han dañado gravemente su fe”, agrega.

El tercer punto se refiere a los sacramentos confiados a la Iglesia. Sobre la Eucaristía, la presencia real de Cristo, explica que para recibirla los fieles deben estar en gracia. “De la lógica interna del sacramento se desprende que los fieles divorciados por lo civil, cuyo matrimonio sacramental existe ante Dios, los otros cristianos, que no están en plena comunión con la fe católica como todos aquellos que no están propiamente dispuestos, no reciben la Sagrada Eucaristía de manera fructífera porque no les trae la salvación. Señalar esto corresponde a las obras espirituales de misericordia”.

Sobre la Confesión, sacramento que todo católico debe recibir al menos una vez al año, el Cardenal Müller indica que “cuando los creyentes ya no confiesan sus pecados ni reciben la absolución, entonces la redención cae en el vacío, ya que ante todo Jesucristo se hizo hombre para redimirnos de nuestros pecados”.

El Purpurado alemán lamenta que “la práctica actual de la confesión deja claro que la conciencia de los fieles no está suficientemente formada. La misericordia de Dios nos es dada para cumplir sus mandamientos a fin de convertirnos en uno con su santa voluntad y no para evitar la llamada al arrepentimiento”.

Sobre el sacerdocio, el Cardenal destaca que, “en cuanto a la recepción de la consagración en las tres etapas de este ministerio, la Iglesia se reconoce a sí misma ‘vinculada por esta decisión del Señor. Esta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación’. Asumir esto como una discriminación contra la mujer solo muestra la falta de comprensión de este sacramento, que no se trata de un poder terrenal, sino de la representación de Cristo, el Esposo de la Iglesia”.

El cuarto punto de la declaración se titula “la ley moral” y en este el Prefecto Emérito recuerda que todo fiel católico debe observarla ya que es necesaria “para la salvación de todos los hombres de buena voluntad. Porque los que mueren en pecado mortal sin haberse arrepentido serán separados de Dios para siempre”.

“La ley moral no es una carga, sino parte de esa verdad liberadora por la que el cristiano recorre el camino de la salvación, que no debe ser relativizada”, señala.

El quinto punto de la declaración se titula “La vida eterna” y aquí el Cardenal Müller resalta que “muchos se preguntan hoy por qué la Iglesia está todavía allí, aunque los obispos prefieren desempeñar el papel de políticos en lugar de proclamar el Evangelio como maestros de la fe”.

A continuación recuerda que toda persona tiene un alma inmortal “que es separada del cuerpo en la muerte, esperando la resurrección de los muertos. La muerte hace definitiva la decisión del hombre a favor o en contra de Dios. Todo el mundo debe comparecer ante el tribunal inmediatamente después de su muerte”.

“O es necesaria una purificación o el hombre llega directamente a la bienaventuranza celestial y puede ver a Dios cara a cara. Existe también la terrible posibilidad de que un ser humano permanezca en contradicción con Dios hasta el final y, al rechazar definitivamente su amor, ‘condenarse inmediatamente para siempre’”, en el “castigo de la eternidad del infierno”.

“Ocultar estas y otras verdades de fe y enseñar a la gente en consecuencia, es el peor engaño del que el Catecismo advierte enfáticamente. Representa la prueba final de la Iglesia y lleva a la gente a un engaño religioso de mentiras, al ‘precio de su apostasía de la verdad’; es el engaño del Anticristo”, alerta el Purpurado alemán.

El Cardenal Müller afirma que es importante formar a los fieles sobre estas verdades, obedeciendo los mandamientos de Dios. Esta tarea se hace más urgente ante la advertencia que está en las Escrituras en 2 Tm 4, 1-5:

“Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio”.

“Que María, la Madre de Dios, nos implore la gracia de aferrarnos a la verdad de Jesucristo sin vacilar”, concluye su declaración el Cardenal Müller.

Por ACI Prensa

Fuente católicodefiendetufe

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viernes, 25 de octubre de 2019

El prior del Valle de los Caídos denuncia ante el Papa que la exhumación de Franco no respeta "la inviolabilidad" de la Basílica. video


EL PRIOR DEL VALLLE DE LOS CAÍDOS DENUNCIA ANTE EL PAPA QUE LA EXHUMACIÓN DE FRANCO NO RESPETA "LA INVIOLABILIDAD" DE LA BASÍLICA. video



Comunicado de los benedictinos


El prior del Valle de los Caídos denuncia ante el Papa que la exhumación de Franco no respeta "la inviolabilidad" de la basílica

La exhumación. Extremas medidas de seguridad para la exhumación de Franco

Protestas. Los marmolistas que levantarán la losa de Franco denuncian insultos y amenazas

El Gobierno. El Ejecutivo sobre el prior: "Ya no tenemos que pedir permiso a nadie, no puede ser un obstáculo"

El prior de la abadía del Valle de los Caídos, Santiago Cantera, ha avisado al Papa Francisco, al abad de Solesmes, a la Conferencia Episcopal Española y al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro de que no se está respetando "la inviolabilidad" de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos como lugar sagrado, en el marco de los preparativos por la exhumación de Francisco Franco, que se producirá este jueves.

Asimismo, y de forma paralela, el prior ha presentado una denuncia ante el juez por el "acceso inconsentido" de los efectivos de la Guardia Civil al templo. "Queremos dejar constancia de que la actuación de las Fuerzas de Seguridad y de los operarios ha sido y es totalmente incompatible con el principio de inviolabilidad de los lugares de culto y los derechos de esta comunidad benedictina; lo que hemos puesto, igualmente, en conocimiento de la jerarquía eclesiástica", ha explicado la comunidad benedictina en un comunicado difundido este miércoles.

En concreto, los benedictinos han trasladado esta denuncia al Arzobispado de Madrid, a la Conferencia Episcopal Española -presidida por Ricardo Blázquez-, a la abadía de Solesmes y a la Santa Sede, según han señalado a Europa Press fuentes cercanas a la abadía del Valle de los Caídos.

El pasado lunes 21 de octubre el prior Cantera presentó una denuncia ante el Juzgado de Guardia de San Lorenzo de El Escorial (Madrid) por "impedir el acceso de los monjes" a la basílica. Los benedictinos señalan en el comunicado que desde el 11 de octubre, tras el acuerdo del Consejo de Ministros que decretaba el cierre del recinto del Valle de los Caídos, "la Guardia Civil, sin autorización judicial que lo permitiera, accedió y deambuló por dependencias de la abadía y, lo que es más grave, accedió y deambuló por la basílica".

Todo ello lo hicieron, según denuncian, "sin autorización eclesiástica alguna y ocupándola durante las 24 horas del día, vulnerando, de esta manera, tanto el derecho a la inviolabilidad domiciliaria como el derecho a la libertad religiosa".

Los benedictinos también denuncian que desde el domingo 20 de octubre se impidió el acceso de los monjes a la basílica a pesar de ser, según precisan, los "únicos titulares y custodios del templo". Además, manifiestan que se colocaron "cadenas y candados en la puerta de acceso entre la abadía y la basílica" para bloquear el paso. En este sentido, denuncian que es una "paradoja" que puedan entrar terceras personas.

Dicho esto, advierten de que no se ha permitido "la más mínima vigilancia" por parte de los benedictinos, que no tienen "garantía alguna" de que las conductas de esas personas "no contravinieran el carácter sagrado del templo, desconociendo si se han producido actuaciones incompatibles con el culto, la piedad o la religión".

Además, exponen que "se impide que los miembros de la abadía asistan al responso religioso en el acto de exhumación", pues el Gobierno sólo ha autorizado que esté presente el prior Santiago Cantera.

Así, resumen que "las actuaciones producidas en el Valle de los Caídos desde finales de septiembre, dirigidas al parecer por la Delegación del Gobierno, se han excedido, y mucho, de los términos de los acuerdos del Consejo de Ministros de 15 de febrero y 15 de marzo de 2019".

Fuente elmundo

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