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miércoles, 12 de febrero de 2020

El Papa Francisco confirma la Doctrina de la Iglesia. No a la ordenación de hombres casados, no a la ordenación de mujeres, no a las diaconisas. ¡Habemus Papam!


EL PAPA FRANCISCO CONFIRMA LA DOCTRINA DE LA IGLESIA. NO A  LA  ORDENACIÓN DE HOMBRES CASADOS, NO A LA  ORDENACIÓN DE MUJERES, NO A LAS DIACONISAS. ¡HABEMUS PAPAM!
Por Jesús Mondragón

Ha salido la Exhortación apostólica "Querida Amazonía". Y al final, el Papa Francisco no ha cedido ante las presiones de grupos liberales en la iglesia (principalmente obispos alemanes y latinoamericanos). Los agrios presagios de quienes señalaban al Santo Padre como un masón, un antipapa, un anticristo, un traidor a la fe católica, no se han cumplido. ¡Habemus Papam!

La Exhortación "Querida Amazonía" ha confirmado la doctrina de la Iglesia.

El Papa Francisco desecha la ordenación de hombres casados (Numeral 89).

Se desecha la ordenación de mujeres "diaconisas" y "Sacerdotisas" (Numerales 100 y 103).

En cuanto a los sitios con falta de sacerdotes, se propone el rezo por las vocaciones sacerdotales y a alentar a los que muestran vocación misionera a adentrarse en la región amazónica (Numeral 90).

En esto se puede ver la mano de la Divina Providencia que cuida de su Iglesia. Las promesas de Mateo 16,18 "Tú eres Pedro y sobre ésta piedra edificaré mi Iglesia" y Mateo 28,20 "Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo" siguen vigentes.

Bienamados hermanos, tenemos un Papa que tal vez no guste a muchos, que dé mucho que desear en ciertas ocasiones, pero al final de todo, Tenemos un Papa garante de la fe católica. Demos gracias a Dios por ello y ajustemos más fuertemente el casco porque esto no ha terminado, sino que a penas empieza, porque los poderes del infierno no están vencidos aún y su contraataque será más brutal.

LOS PODERES DEL HADES, NO PREVALECERÁN CONTRA ELLA...

PAX ET BONUM

Usted puede descargar la Exhortación apostólica Querida Amazonía en el siguiente enlace.

https://drive.google.com/file/d/1CjfbzwQ9eo3TuM7t5ExhJHk35Xal_cCA/view?usp=drivesdk

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jueves, 6 de febrero de 2020

"Diaconisas" nunca ha habido y nunca podrá haber este oficio en la Iglesia Católica


"DIACONISAS," NUNCA HA HABIDO Y NUNCA PODRÁ HABER ESTE OFICIO EN LA IGLESIA CATÓLICA.

Por Catholikblog

Cuando uso la palabra “diaconisa” en este contexto, quiero decir la contraparte femenina del oficio varonil del diácono. Nunca ha existido tal oficio.

El nombre de diaconisas se refería a ciertas mujeres devotas consagradas al servicio de la Iglesia y que hacían a las mujeres los servicios que no podían prestarles los diáconos con decencia: por ejemplo, en el bautismo que se confería por inmersión a las mujeres, así como a los hombres.

Estaban también encargadas de la vigilancia de las iglesias o lugares de reunión de la parte en que estaban las mujeres separadas de los hombres, según la costumbre de aquellos tiempos. Tenían cuidado de las pobres y enfermas, etc. En tiempo de las persecuciones, cuando no se podía enviar un diácono a las mujeres para exhortarlas y fortificarlas, se les mandaba una diaconisa.

Sí, el término “diaconisa” en la historia de la Iglesia lo encontramos como un término impreciso que no solo variará de era a era, sino también de una ubicación geográfica a otra. El padre Aimé George Martimont autor de un escolástico y definitivo trabajo en este tema, titulado Deaconesses, An Historical Study, observa: “Los cristianos de la antigüedad no tenían ni una idea fija, ni única de lo que las diaconisas suponían ser”. 1

Función extremadamente limitada

Nunca ha habido un oficio de diaconisas en la Iglesia latina.2 Hemos visto algunas referencias a diaconisas en varios ritos griegos y orientales. Pero tal oficio no está uniformemente fundado en las Iglesias orientales y las menciones son esporádicas entre los siglos segundo y décimo. Algunas iglesias en territorios orientales, como la Iglesia en Egipto, Etiopía y los maronitas nunca aceptaron ningún oficio de diaconisas.3

Las mujeres que fueron llamadas “diaconisas” no estaban ordenadas en ningún sentido de la palabra, pero recibían una cierta bendición para algunos servicios eclesiásticos. Esas “diaconisas” eran primeramente mujeres consagradas cuyo trabajo era altamente restringido- usualmente limitado a la asistencia a otras mujeres. Esto incluía asistir a mujeres en bautismos y otros servicios en los que la presencia de varones hubiera ofendido a la modestia.

Por otra parte, debe ser fuertemente enfatizado que a las diaconisas nunca se les permitía enseñar o predicar en público. 4

Ni tiene caso acudir a la Epístola de San Pablo a los Romanos en la cual Phoebe “la diaconisa” es mencionada. La mentalidad de la Iglesia en la materia está resumida en la enseñanzas de santo Tomás de Aquino. Leemos, “el doctor Angélico comentando el Nuevo Testamento… ve a Phoebe en la Epístola a los Romanos solo como una de esas “mujeres” que servían a Cristo y a los Apóstoles, o que llevaban a cabo trabajos de caridad en la manera de la viuda de 1 Timoteo, 5 10”. 5

Así para la Iglesia latina ofrecemos tres antiguos y autorizados textos que demuestran cuan extraña es cualquier idea en la naciente Iglesia sobre mujeres diaconisas, ordenación de mujeres y mujeres sirviendo en el santuario.

Tan temprano como el siglo IV, hay una ardiente directiva de los obispos del Concilio de Nimes celebrado en el año 396 d.C. que dice:

“Igualmente, ha sido reportado por algunos que, contrario a la disciplina apostólica- y en efecto algo que nunca habíamos oído hasta hoy-se ha observado, aunque no se sabe exactamente dónde, que algunas mujeres se han elevado al ministerio de los diáconos. La disciplina eclesiástica no permite esto, por lo que es impropio; dicha ordenación debe anularse, desde que es irregular; y es requerida vigilancia en el futuro para que nadie actúe en esta manera temeraria otra vez”.

El concilio de Orange en 441 d. C., habló de modo similar:

“De ninguna manera deben ser ordenadas diaconisas. Si hubiera alguna, deben inclinar la cabeza bajo la bendición que es dada a todo el pueblo”. 6

Además existe el enérgico decreto Necessaria rerum del papa Gelasio, dirigido a los obispos de Italia meridional. Fechado el 11 de marzo de 494. Aunque no trata directamente de las diaconisas, manifiesta que extraña es la idea de mujeres en el santuario realizando cualquier forma de función sacerdotal:

“Es con impaciencia que nos hemos enterado de: las cosas divinas han sufrido tal degradación que mujeres ministro sirviendo en el altar han sido aprobadas. El ejercicio de roles reservados a los varones han sido entregados al sexo al que no pertenecen”.7

¿Qué dirían los obispos de Nimes, el concilio de Orange y el papa Gelasio acerca de la plétora de lectoras, chicas del altar, lideresas de oración, bailarinas litúrgicas y ministras eucarísticas que ahora revolotean en gran número en los santuarios post-conciliares?

No hay continuidad

Conforme seguimos el trabajo del padre Martimont -cuyo estudio calmado y meticuloso incluye vastas referencias históricas de textos, eucologías (rito oriental), pontificales, legislación eclesiástica, homilías, cartas y otros documentos pertinentes- nos damos cuenta que “falta la continuidad de la verdadera disciplina eclesiástica en el caso de las diaconisas”8. No hay continuidad de los antiguos días de la Iglesia con los actuales. Solo un “pisa y corre” de anticuarianismo modernista –prohibido por la Iglesia—puede “justificar” cualquier pensamiento acerca de establecer el oficio de las diaconisas.

Aun en los ritos orientales, la práctica no fue observada “siempre, en todas partes y por todos”. La presencia de diaconisas era tan infrecuente y dispersa, como lo vemos en los escritos de san Jeremías, un hombre que viajó ampliamente por el Oriente y lo conocía bien y quien en “ninguna parte habla acerca de las diaconisas, ni siquiera en su carta de 394 al sacerdote Nepociano, a quien indica la actitud apropiada a adoptar respecto de las vírgenes y viudas”. 9

Como hemos anotado más arriba, la institución de las diaconisas estaba más frecuentemente relacionada con el bautizo de mujeres adultas. En varios ritos orientales, en ese tiempo, en un ritual que conecta el bautismo con Adán y Eva y el jardín del Edén, los adultos eran bautizados desnudos-una práctica felizmente extinta.10

Así escribe el padre Martimont, “’Como el bautismo de adultos era la norma, la necesidad que trajo su creación (el oficio de diaconisa) estaba geográficamente limitada y rápidamente quedo obsoleta”. Y aun durante ese tiempo, las mujeres que asistían a mujeres adultas siendo bautizadas, no necesariamente debían ser “diaconisas”, pudiendo ser una piadosa matrona. 11 Otra vez, la práctica solo ocurrió en varias iglesias del rito oriental, nunca en el rito latino.

Un sumario conciso sobre las limitadas funciones de las diaconisas, está contenido en Canonical Resolutions de Jacobo Baradaeus obispo de Edesa (rito oriental) escrito entre 683 y 708 d. C. Las instrucciones están en formato de diálogo:

Addai: ¿Las diaconisas, como los diáconos, tienen el poder de poner una porción de la sagrada hostia en el cáliz consagrado?

Jacobo: De ninguna manera pueden hacerlo. Las diaconisas no se volvieron diaconisas en orden para servir al altar, sino más bien por ayudar a las mujeres enfermas.

Addai: Quisiera saber unas pocas palabras sobre cuáles son los poderes de las diaconisas en la Iglesia.

Jacobo: Ellas no tienen poder en el altar, porque cuando fue instituido, no era en nombre del altar, sino solo para cumplir ciertas funciones en la Iglesia. Estas son sus únicas facultades: barrer el santuario y encender las lámparas, y solo les está permitido desempeñar estas funciones si no hay un sacerdote o diácono a mano. Si ella está en un convento de mujeres, puede mover las sagradas hostias del tabernáculo (sagrario) solo no habiendo un sacerdote o diácono a mano y darlas solo a las otras hermanas o niños pequeños que pudieran estar presentes."

(Comentario: téngase en mente que esto es en el contexto del rito oriental, en el que la Eucaristía consagrada no es tocada por manos humanas sino que es entregada al comulgante mediante una pequeña cuchara. JV),

"Pero no le es permitido a ella llevar la hostia fuera del altar ni, por supuesto, de ninguna manera debe tocar la mesa de la vida (el altar). Ella unge a las mujeres cuando son bautizadas; ella visita otras mujeres cuando están enfermas y cuida de ellas. Esas son las únicas facultades tenidas por las diaconisas en relación al trabajo de los sacerdotes".12

Aun si hablamos de los antiguos ritos orientales, cuando se habla de la “ordenación” de las diaconisas, la palabra “ordenación” está siendo usada en un sentido suelto que no tiene nada que hacer con el sacramento de las órdenes sagradas. El patriarca Severo de Antioquía, escribiendo en el siglo VI, explica, “en el caso de las diaconisas, la ordenación es llevada a cabo menos con vistas a las necesidades de ministerio que exclusivamente en vistas a dar honor”. Continúa: “En las ciudades, las diaconisas habitualmente ejercitan un ministerio en relación al divino baño de regeneración en el caso de las mujeres que van a ser bautizadas.13

Anacronismo y ambigüedad

El oficio de diaconisas- esporádico como era- virtualmente desapareció sobre el siglo XI. Fue tan olvidado que los canonistas griegos y orientales de la Edad Media no tenían idea de quién o qué eran las diaconisas, pues para entonces, hacía largo tiempo que habían dejado de existir. 14 El oficio se había convertido en una curiosidad obsoleta.

Nada puede ser más anacrónico que el intento de “revivir” el oficio de diaconisa en una manera no relacionada con su limitada práctica de las Iglesias nacientes y usarla como un título oficial para formalizar la rabiosa novedad de mujeres en el santuario y de “ministras laicas” de la eucaristía.

Estamos dolorosamente alertas de las desgraciadas tácticas de las discusiones modernas que buscan introducir más revolución: enlodando las aguas históricas, imprecisión de términos, uso inteligente de anacronismos, ambigüedad calculada, silencio elocuente concerniendo cualquier hecho histórico que frustre cualquier conclusión contraria al último objetivo del panel.

No hay necesidad de re-estudiar el asunto de las diaconisas, especialmente cuando el definitivo trabajo del padre Martimort ya demostró que el antiguo, esporádico oficio de las diaconisas no tiene nada que ver con mujeres desempeñando funciones sacerdotales.

El padre Martimort concluye: “el hecho es que la antigua institución de las diaconisas, aun en su propio tiempo, estuvo plagada con no pocas ambigüedades, como hemos visto. En mi opinión, si la restauración de la institución de las diaconisas fuera buscada después de tantos siglos, dicha restauración solo pudiera estar cargada con ambigüedades. 16

Cualquier movimiento hacia el establecimiento de “diaconisas” esta ya condenado por las consistentes enseñanzas de los Papas, manifestado por lo dicho por el papa Benedicto XV, quien nos advirtió: “Queremos tener las leyes de los antiguos con gran reverencia, no dejen que nada nuevo sea introducido, sino solo aquello que ya haya sido dictado. Esto tiene que mantenerse inviolable en materia de fe.” 17

Introducir un nuevo oficio de diaconisas en la Iglesia post-conciliar en nada se parecerá a la historia y no contendrá algo que haya sido ya dictado. La práctica solo existió esporádicamente en varias localidades de la Iglesia oriental, fue severamente restringida en su actividad y desapareció durante el siglo XI.

Si las diaconisas son aprobadas, nos enfrentaremos a una embarazosa imitación de una práctica protestante contemporánea: ministras con caricaturescas ropas, pretendiendo ser hombres, usurpando actividades que pertenecen solo al sacerdote. Más allá, el oficio de las diaconisas acostumbrará a los católicos a ver mujeres en roles de líderes eclesiásticos y allanaran el camino para más “discusiones” sobre sacerdotisas”

La introducción de la destructiva novedad de las diaconisas solo puede llevarnos a más degradación de la Iglesia y el sacerdocio. Debe ser firmemente resistida.

1 Deaconesses, An Historical Study, Aimé Georges Martimort, [San Francisco: Ignatius Press, 1986], p. 241. The book is an exhaustive historic and scholarly treatment, probably the best on the topic.

2 For a comprehensive explanation, see in Part II of Father Martimort’s book we’ve been quoting “Deaconesses in the Latin Church.” Here he explains there was no such thing up until the 5th century, and anything remotely regarded as some sort of deaconess was strictly limited to that of a particular office inside – and only inside – a convent of nuns, and even here only between the 6th and 12th centuries.

3 P. 182.

4 Ibid, p. 247.

5 Ibid, p. 226. A fuller discussion of “Phoebe” appears in Father Martimort’s book, pages 18-20.

6 Both quotes (Nimes and Orange), Ibid, p. 193.

7 Ibid., p. 196.

8 Ibid., p. 242.

9 Ibid., p. 192.

10 See Ibid., pp. 131-132.

11 Ibid., p. 242.

12 Ibid., p. 143.

13 Ibid., p. 128.

14 Ibid., p. 242.

15 “Pope’s deaconess commission includes women’s priesthood supporter,” Lifesitenews, Aug. 2, 2016.

16 Deaconesses, Martmort, p. 250.

17 Ad Beatissimi Apostolorum Principis, Pope Benedict XV, Nov. 1, 1914.

Fuente católicodefiendetufe

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miércoles, 9 de octubre de 2019

El cardenal Gerhard Müller afirmó que la prohibición de la Iglesia a las mujeres diaconisas y sacerdotisas es un dogma infalible de la Fe.


EL CARDENAL GERHARD MÜLLER AFIRMÓ QUE LA PROHIBICIÓN DE LA IGLESIA A LAS MUJERES DIACONISAS Y SACERDOTISAS ES UN DOGMA INFALIBLE DE LA FE.

“Estos mismos ‘falsos hermanos’ – que ahora desean convertir la lealtad eclesial de cada católico hacia el Papa en una sumisión incondicional bajo este hombre y en un sacrificio intelectual sin sentido – pertenecían a los enemigos más despiadados del Papa Juan Pablo II y Benedicto XVI”, señaló Müller.

La declaración de Müller se produce inmediatamente después de una afirmación del Obispo Austro-Brasileño Erwin Kräutler – autor principal del ‘Instrumentum Laboris’ herético del Sínodo del Amazonas y organizador del Sínodo, de que la enseñanza se puede cambiar.


Por Stephen


CIUDAD DEL VATICANO – El ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe reitera la enseñanza católica sobre el sacerdocio sólo para hombres.

En una declaración escrita para LifeSiteNews el jueves, el cardenal Gerhard Müller afirmó que la prohibición de la Iglesia a las mujeres diaconisas y sacerdotisas es un dogma infalible de la Fe.

“La exigencia de que el Sínodo del Amazonas dictamine que el sacramento de la orden sacerdotal – en su primer grado, el diaconado – puede administrarse también válidamente a las mujeres, contiene varios errores”, señaló Müller.

“El primer error consiste en la opinión de que el Magisterio está por encima de La Revelación y que un sínodo de obispos (con un carácter meramente consultivo), un concilio ecuménico o sólo el Papa podría alterar la sustancia de los sacramentos”, explicó.

“El segundo error radica en la opinión de que el sacramento de las Órdenes Sagradas realmente consisten en tres sacramentos”, continuó Müller, “de modo que se tendría que decidir si la declaración [del Papa Juan Pablo II] Ordinatio Sacerdotalis (1994) se aplica simplemente a la ordenación al grado del obispo, o del presbítero (el sacerdote), o del diácono”.

“El tercer error consiste en engañar a un público teológicamente desinformado al presentar la tesis de que la decisión definitiva del Papa Juan Pablo II”, señaló el cardenal, “de que la Iglesia no tiene autoridad alguna para conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres y que esto debe ser sostenido definitivamente por todos los fieles de la Iglesia, como que no es un dogma”.

El cardenal Müller refutó los tres errores, declarando:

Es cierto, sin duda alguna esta decisión definitiva del Papa Juan Pablo II es de hecho un dogma de la Fe de la Iglesia Católica y que, por supuesto, este fue el caso ya antes de que este Papa definiera esta verdad como figura de la Revelación en el año 1994. La imposibilidad de que una mujer reciba válidamente el Sacramento del Orden Sagrado en cada uno de los tres grados es una verdad contenida en La Revelación y, por lo tanto, es confirmada infaliblemente por el Magisterio de la Iglesia y presentada como creíble.

“En lo que se refiere a un dogma, uno tiene que diferenciar entre el lado sustantivo y el formal”, explicó Müller. “La verdad revelada que se expresa en ella… por lo tanto, no depende de la forma externa de la definición”.

“Las declaraciones esenciales del Credo, por ejemplo, no se han definido de una manera formal”, señaló, “sino que se han definido en su sustancia y de una manera exquisita, y la Iglesia las presenta como declaraciones que hay que creer por el bien de la salvación”.

“Si el Sínodo del Amazonas ha de convertirse en una bendición para toda la Iglesia y para fortalecer su unidad en la verdad, en lugar de debilitarla, el pensamiento en la línea de los partidos y las ideologías debe detenerse.” (tweet)

La declaración de Müller se produce inmediatamente después de una afirmación del Obispo Austro-Brasileño Erwin Kräutler – autor principal del Instrumentum Laboris herético del Sínodo del Amazonas, o documento de trabajo – de que la enseñanza del Papa Juan Pablo II sobre la invalidez de las ordenaciones femeninas no es un dogma infalible.

“Sé que no es fácil oponerse a la exclusión de las mujeres del sacerdocio ordenado, ya que el Papa Juan Pablo II lo consolidó en su documento apostólico de 1994 Ordinatio Sacerdotalis”, dijo Kräutler a los medios alemanes a fines del mes pasado. “Pero, incluso si el Papa explicó en ese momento que ‘todos los fieles de la Iglesia definitivamente deben sostener esta decisión’, no es un dogma”.

Al comentar sobre la perspectiva de los eclesiásticos como Kräutler, Müller observó:

Algunas personas ahora sugieren que la doctrina de que solo un hombre bautizado (que cumple las condiciones previas objetivas y subjetivas necesarias) puede recibir válidamente el Sacramento de la Orden Sacerdotal debe ser relativizada, es decir, como una opinión privada e intermitente de Juan Pablo II, porque algunos teólogos u obispos son de la opinión subjetiva de que esta doctrina no es un dogma.

“Según la tesis del Modernismo, condenada por el Magisterio… un dogma de la fe católica no es la visión definitiva e irreversible de la Iglesia de que una verdad está contenida en La Revelación”, continuó, “sino que es, más bien, una expresión de la opinión dominante que ha ganado, con la ayuda de estrategias periodísticas, la autoridad del Papa reinante”.

“La Palabra de Dios en las Escrituras y en la Tradición, y el hecho de que el Magisterio está vinculado, en sustancia, a la Revelación única e incomparable en Jesucristo, la Palabra encarnada de la Fe, está siendo reemplazada por una lealtad eclesial-política en línea con el Papa actual”, advirtió el cardenal, “pero solo bajo la condición de que él esté de acuerdo con la propia opinión de ellos”.

“Estos mismos ‘falsos hermanos’ – que ahora desean convertir la lealtad eclesial de cada católico hacia el Papa en una sumisión incondicional bajo este hombre y en un sacrificio intelectual sin sentido – pertenecían a los enemigos más despiadados del Papa Juan Pablo II y Benedicto XVI”, señaló Müller.

“Además, este mismo campo ideológico ahora se presenta en sus conocidas revistas, sitios web y los llamados libros de no ficción como defensores del Papa reformador, sin darse cuenta de que socavan, con su politización de la autoridad papal, la fundación teológica del Oficio Petrino”, escribió.

“Los católicos ya no deben creer en Dios, sino en el Papa, a quien los principales ideólogos dentro y fuera de la Iglesia presentan como ‘su Papa’”, agregó. “Estos ideólogos, ellos mismos condenan, en un choque impactante de manía religiosa, a todos los católicos, obispos fieles y sacerdotes de mente clara, como enemigos de ‘su Papa’”.

Müller concluyó:

“Si el Sínodo del Amazonas ha de convertirse en una bendición para toda la Iglesia y para fortalecer su unidad en la verdad, en lugar de debilitarla, el pensamiento en la línea de los partidos y las ideologías debe detenerse.”

Fuente wordpress

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