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viernes, 17 de septiembre de 2021

Benedicto XVI en su nuevo libro: “El ‘matrimonio homosexual’ es una deformación de la conciencia”


El papa emérito dice en su nuevo libro, publicado hoy en Italia, que la unión de personas del mismo sexo “está en contradicción con todas las culturas de la humanidad”

“Asistimos a una deformación de la conciencia que, evidentemente, ha penetrado profundamente en distintos sectores del pueblo católico”. Son palabras de Benedicto XVI en las que hace referencia a la unión de personas del mismo sexo, en el nuevo libro que se ha publicado hoy en Italia: un compendio de escritos del papa emérito sobre Europa, y, en el cual, se muestra contrariado por la aceptación legal del “matrimonio homosexual” en distintos países del continente.

En un adelanto del texto publicado por Il Foglio, Benedicto XVI afirma que le “parece importante observar que el concepto de ‘matrimonio homosexual’ está en contradicción con todas las culturas de la humanidad que se han sucedido hasta nuestros días, y significa una revolución cultural que se contrapone a toda la tradición de la humanidad”, afirma Joseph Ratzinger, si bien considera que “la concepción jurídica y moral del matrimonio y de la familia difiere extraordinariamente de la cultura del mundo”.

Y es que, para el papa emérito, en la sociedad actual “se pone en duda el hecho de que la existencia como hombre –en masculino y femenino– está orientada a la procreación, y que la apertura a la transmisión de la vida determina la esencia de aquello que llamamos matrimonio”.

Para Ratzinger, el origen de esta situación se encuentra en la “convulsión de esta certeza humana original” que se introdujo en el mundo cuando se creó la píldora anticonceptiva, que hizo posible “la separación de la sexualidad y la fecundidad”. “No se trata de la casuística, ni del cómo y el cuándo el uso de la píldora está moralmente justificado”, aclara, “sino de la novedad fundamental que significa: que todas las formas de sexualidad están equiparadas. Este nuevo mensaje ha transformado profundamente la conciencia de los hombres”.

“¿Quién es el hombre?”


Para Benedicto, a esto “le sigue un segundo paso: si la sexualidad puede ser separada de la fecundidad, entonces, al contrario, la fecundidad puede ser pensada sin la sexualidad”. De esta manera, ejerciendo una “fecundidad planificada”, se sustrae que “el hombre ya no es un don recibido, sino un producto planificado, hecho por nosotros”. “Por otro lado, aquello que se puede hacer se puede también destruir”, continúa. “En este sentido, la creciente tendencia al suicidio como fin planificado de la propia vida es parte integrante de la situación descrita”.

Por todo ello, el papa emérito considera que en la cuestión del ‘matrimonio homosexual’ “no se trata de ser un poco más abiertos”, sino de responder “a la pregunta ¿quién es el hombre? ¿Es una criatura de Dios?” o, por el contrario, “un producto que él mismo sabe crear”. “Cuando”, asevera, “se renuncia a la idea de creación, se renuncia a la grandeza del hombre, a su dignidad que está por encima de cualquier planificación”.

Finalmente, Benedicto vuelve a hacer hincapié en la idea de la naturaleza humana. “El movimiento ecológico ha descubierto el límite de aquello que se puede hacer y ha reconocido que la naturaleza establece para nosotros una medida que no podemos ignorar impunemente”, explica. “También el hombre tiene una naturaleza que le ha sido dada, y violarla o negarla conduce a la autodestrucción. Por esto, la creación del hombre como masculino y femenino es ignorada en el postulado del ‘matrimonio homosexual'”


viernes, 9 de julio de 2021

Benedicto XVI ha estado rezando amorosamente por la salud del Papa Francisco.



El Papa Emérito Benedicto XVI está orando por la recuperación del Papa Francisco, quien fue sometido a una cirugía intestinal el domingo 4 de julio.

Mons. Georg Gänswein, secretario personal de Benedicto XVI, dijo a los medios italianos que el Papa Emérito "dirige amorosamente sus pensamientos al Papa Francisco y reza fervientemente por él", informó la sección alemana de Vatican News.

Durante esta semana, el Papa Francisco, de 84 años, se está recuperando en el Hospital Gemelli de Roma después de la operación del domingo por “estenosis diverticular” en la parte final del colon. La intervención “consistió en una hemicolectomía izquierda que duró unas tres horas”.

“Su Santidad el Papa Francisco está en buen estado general, alerta y respirando espontáneamente”, dijo a los periodistas el portavoz del Vaticano, Matteo Bruni, el 5 de julio.

El 6 de julio, el portavoz dijo que el Papa había “descansado bien durante la noche”, había desayunado, leído algunos periódicos y se había levantado para caminar durante la mañana.

Bruni indicó que la recuperación del Papa Francisco se desarrolla con normalidad.

La estenosis del colon es una afección en la que parte del intestino grueso se vuelve más estrecho de lo habitual. Puede ser peligroso si por su estrechez comienza a impedir el paso seguro de los alimentos.

Asimismo, la diverticulitis, una afección común que involucra la formación de pequeños bultos o sacos en la pared del colon, puede causar la estenosis.

En el Hospital Gemelli también han sido atendidos figuras como el Papa Juan Pablo II después del atentado de 1981. La Madre Teresa de Calcuta recibió atención del departamento de cardiología del hospital en 1992.

La semana pasada, el Papa Francisco agradeció a Benedicto XVI, de 94 años, por su continua oración por la Iglesia, y afirmó que el Papa Emérito es "el contemplativo del Vaticano".

lunes, 27 de julio de 2020

Hermosa oración por los abuelos, escrita por Benedicto XVI


Oración por los abuelos

Señor Jesús: Tú naciste de la Virgen María, hija de San Joaquín y Santa Ana. Mira con amor a los abuelos de todo el mundo. ¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento para las familias, para la Iglesia y para toda la sociedad. Sosténlos! Que cuando envejezcan sigan siendo para sus familias pilares fuertes de la fe evangélica, custodios de los nobles ideales hogareños, tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas.

Haz que sean maestros de sabiduría y valentía, que transmitan a las generaciones futuras los frutos de su madura experiencia humana y espiritual.

Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad a valorar la presencia y el papel de los abuelos. Que jamás sean ignorados o excluidos, sino que siempre encuentren respeto y amor.

Ayúdales a vivir serenamente y a sentirse acogidos durante todos los años de vida que les concedas.

María, Madre de todos los vivientes, cuida constantemente a los abuelos, acompáñalos durante su peregrinación terrena, y con tus oraciones obtén que todas las familias se reúnan un día en nuestra patria celestial, donde esperas a toda la humanidad para el gran abrazo de la vida sin fin. Amén.

S.S. Benedicto XVI

miércoles, 15 de enero de 2020

Cardenal Sarah acepta borrar a Benedicto XVI como coautor del polémico libro sobre el celibato como le ha pedido el secretario de Ratzinger


CARDENAL SARAH ACEPTA BORRAR A BENEDICTO XVI COMO COAUTOR DEL POLÉMICO LIBRO SOBRE EL CELIBATO, COMO LE HA PEDIDO EL SECRETARIO DE RATZINGER
Por Darío Menor (Roma) 

Gänswein le habría invitado a que contactara con los editores para que también eliminaran la firma de la introducción y la conclusión, según ha podido saber Vida Nueva 

El cardenal sostenía aún esta mañana que el Papa emérito le dio el visto bueno al “manuscrito completo” del libro, incluyendo la portada y los supuestos textos comunes 

El arzobispo Georg Gänswein, prefecto de la casa pontificia y secretario personal de Benedicto XVI, habría telefoneado en la mañana de este martes al cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, según ha podido saber Vida Nueva. Gänswein habría pedido al cardenal guineano que hablara con los editores del libro ‘Desde lo más profundo de nuestros corazones’ (editorial Fayard), que está previsto que llegue mañana a las librerías de Francia, para que retiren el nombre del Papa emérito como coautor del volumen y de la introducción y la conclusión, que ambos firman a cuatro manos. 




Según ha confirmado el propio purpurado en Twitter, acata la petición. “Considerando las controversias que provocaron la publicación del libro ‘Desde lo más profundo de nuestros corazones’, se decide que el autor del libro será para futuras publicaciones: Card. Sarah, con la contribución de Benedicto XVI. Sin embargo, el texto completo permanece sin cambios”, explicaba el purpurado.



El volumen, centrado en la defensa del celibato sacerdotal y cuyo contenido fue en parte adelantado el pasado domingo por el diario francés Le Figaro, ha levantado una gran polvareda en el Vaticano, porque en breve será publicada la exhortación apostólica de Francisco que recoja sus reflexiones tras el Sínodo de la Amazonia. En ese texto se espera que el Pontífice se pronuncie sobre la eventual ordenación sacerdotal de hombres casados en zonas remotas, como aprobaron la mayoría de padres sinodales en el documento final de la asamblea celebrada el pasado octubre. 

SARAH DA SU VERSIÓN 

La llamada de Gänswein habría tenido lugar antes de que Sarah publicara un comunicado en las redes sociales en el que afirma que, el pasado 19 de noviembre, le envió al Papa emérito el “manuscrito completo” del libro, incluyendo “la portada, una introducción y una conclusión comunes, el texto de Benedicto XVI y mi propio texto”. El anterior pontífice le habría comunicado más adelante que el texto “puede ser publicado en la forma prevista por usted”. 

Gänswein sostendría en cambio que Joseph Ratzinger no sabía que iba a aparecer en la portada de ‘Desde lo más profundo de nuestros corazones’ como coautor y utilizando además su nombre como obispo de Roma. Tampoco que la introducción y la conclusión serían firmadas por ambos a cuatro manos. El secretario personal de Ratzinger le habría pedido a Sarah que hablara con los editores del libro para que corrigieran estos puntos de manera que el Papa emérito apareciera solo como autor del texto que habría elaborado en solitario.

Comunicado oficial del Cardenal Sarah


Fuentes vaticanas consideraron que la polémica habría estado en parte causada por la forma con que los editores del volumen han presentado la contribución del anterior Pontífice. Garantizaron además que no va a tener repercusión en la exhortación apostólica, cuya redacción ya habría sido concluida por Francisco.


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martes, 14 de enero de 2020

Cardenal Sarah responde con pruebas a quienes lo atacan por libro sobre el celibato


CARDENAL SARAH RESPONDE CON PRUEBAS A QUIENES LO ATACAN POR LIBRO SOBRE CELIBATO 

El prefecto de la Congregación para el Culto y la Disciplina de los Sacramentos, Cardenal Robert Sarah, respondió este lunes a quienes lo atacan por el libro “Desde lo más profundo de nuestros corazones”, escrito con Benedicto XVI y en el que abordan la importancia del celibato sacerdotal. 



“Desde lo más profundo de nuestros corazones” será lanzado en francés por la editorial Fayard y en inglés por Ignatius Press. El libro recoge la riqueza del celibato sacerdotal. Entre otros puntos, Benedicto XVI examina la historia del celibato en el Antiguo y Nuevo Testamento; por su parte, el Purpurado africano presenta un conjunto de consideraciones pastorales. 

Sin embargo, horas después del anuncio, algunos periodistas y medios afirmaron que el Papa Emérito no había tenido parte en la elaboración del texto. 

Uno de ellos es Eva Fernández, corresponsal de la Cadena COPE de la Conferencia Episcopal Española. “Una fuente muy cercana a Benedicto XVI asegura que él no ha escrito el libro ‘a 4 manos’ junto al Cardenal Sarah y que no ha dado su autorización a que se publicara. Tan sólo le facilitó un escrito sobre el sacerdocio en el que estaba trabajando”, aseguró en su cuenta de Twitter. 

Por su parte, la corresponsal del diario argentino La Nación en Italia y el Vaticano, Elisabetta Piqué, escribió en su cuenta de Twitter: “Golpe de escena: Benedicto XVI negó haber escrito un libro con el Cardenal Sarah en el que reivindica el celibato, presionando a @Pontifex_es”, en referencia al Papa Francisco. 

Ante esto, el Cardenal Sarah respondió a los ataques a través de las redes sociales. 

“Los ataques parecen implicar una mentira de mi parte. Estas difamaciones son de gravedad excepcional. Esta noche doy las primeras pruebas de mi estrecha colaboración con Benedicto XVI para escribir este texto a favor del celibato. Hablaré mañana si es necesario”, afirmó en su cuenta de Twitter este 13 de enero. 

Para ello, el Purpurado compartió tres fotos de tres cartas firmadas por Benedicto XVI sobre el libro que estaban trabajando. 

La primera carta es del 20 de septiembre de 2019. “Querida Eminencia, gracias por su carta del 5 de septiembre y por sus oraciones por el sacerdocio en estos tiempos difíciles”, comienza el Papa Emérito. 

Luego afirma que “había ya antes de su carta, comenzado a escribir algunas reflexiones sobre el sacerdocio. Pero escribiendo he sentido que siempre más que mis fuerzas no me permiten más la redacción de un texto teológico”. 

“Además vino su carta con la pregunta inesperada un texto propio sobre el sacerdocio con particular atención en el celibato. Así he retomado mi trabajo y le transmitiré el texto, cuando sea traducido del alemán al italiano. Dejo a usted si estas notas, cuya insuficiencia siento fuertemente, puedan tener alguna utilidad”.




En su segunda carta del 12 de octubre de 2019, Benedicto XVI le expresa al Cardenal Sarah que “finalmente puedo transmitir mis pensamientos sobre el sacerdocio. Dejo a usted si encuentra alguna utilidad en mis pobres pensamientos. 

Finalmente, en la misiva del 25 de noviembre del 2019, el Papa Emérito agradece al Cardenal Sarah “de todo corazón” por el “texto añadido a mi contribución y por toda la elaboración que usted ha hecho”.




“Me ha tocado profundamente como usted ha comprendido mis últimas intenciones: había escrito en realidad siete páginas de aclaración metodológica de mi texto y soy realmente feliz al decir usted ha sabido decir lo esencial en una media página. No veo por tanto una necesidad de transmitirle las siete páginas, dado que usted ha expresado en una media página lo esencial”, afirma Benedicto XVI. 

El Papa Emérito afirma que “de mi parte el texto puede ser publicado en la forma por usted prevista”. 

“Estoy contento por poder verlo antes de que parta a su patria y de expresar a viva voz mis buenos deseos por su doble jubileo. ¡Gracias también por los tres volúmenes de su diálogo con el Sr. Diat! En comunión de oración”, culmina su carta Benedicto XVI.




Quien también rechazó las afirmaciones de que el Papa Benedicto no escribió “Desde lo más profundo de nuestros corazones” es el editor jefe de Ignatius Press, P. Joseph Fessio. 

"¿Estas personas realmente insinúan que el Cardenal Sarah está involucrado en una conspiración para distorsionar la verdad?", preguntó. 

En declaraciones este 13 de enero a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI–, señaló que "si el Cardenal Sarah le dice a [Ignatius Press] que los capítulos del Papa Benedicto son del Papa Benedicto XVI, creemos en su palabra", y agregó que el editor defiende su atribución del libro tanto al Purpurado como a Benedicto XVI. 

Por tanto, afirmó, quienes dicen que Benedicto XVI no escribió “Desde lo más profundo de nuestros corazones” están equivocados. 

Fuente, ACI Prensa 

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Benedicto XVI nunca vio ni aprobó el libro que el Cardenal Sarah presenta como de ambos


BENEDICTO XVI NUNCA VIO NI APROBÓ EL LIBRO QUE EL CARDENAL SARAH PRESENTA COMO DE AMBOS
Por Juan Vicente 

Es un ataque contra Francisco disfrazado de defensa del celibato 

El libro firmado por Benedicto XVI y el cardenal Robert Sarah, lanzado a bombo y platillo ayer por el diario “Le Figaro” y medios conservadores norteamericanos e italianos es una manipulación editorial y mediática en la que el Papa emérito no ha tenido parte alguna, según manifestaron ayer fuentes muy cercanas a Joseph Ratzinger. 

Todo parece indicar una grave manipulación de Benedicto XVI por parte del cardenal guineano, prefecto de la Liturgia y uno de los principales opositores visibles a Francisco. 

“Desde lo profundo de nuestros corazones”, presentado como una defensa ardiente del celibato sacerdotal frente a la propuesta de ordenación sacerdotal de diáconos permanentes indígenas formulada en octubre por el Sínodo de la Amazonia era, en realidad, una maniobra contra Francisco, que pilló completamente por sorpresa al Vaticano. 


Desde hace seis meses, Benedicto XVI no está en condiciones de escribir y apenas de hablar, como han constatado personas que le visitan. Posiblemente mantenga su extraordinaria lucidez, pero las conversaciones, imprecisas, no suelen pasar de los diez minutos, por no mencionar sus dificultades de vista, audición y la debilidad general. 

Al cabo de una jornada de desconcierto, en la que el departamento de Comunicación del Vaticano prefirió inicialmente minimizar el impacto del inusitado gesto de Benedicto XVI y el prefecto de la Liturgia, y reiterar la firme postura de Francisco en favor de mantener el celibato, fuentes muy próximas al Papa emérito “descubrieron el pastel”. 

Benedicto XVI no ha escrito ese libro con el cardenal Sarah, no ha visto ni aprobado la portada ni el hecho de que se presentase como escrito “a cuatro manos”. 

Aparte de la foto demasiado ostentosa, resultaba muy extraño que firmase “Benedicto XVI” cuando, siendo todavía papa, había firmado “Joseph Ratzinger – Benedicto XVI” su gran obra “Jesús de Nazaret, precisamente para dejar claro que no era un libro de magisterio sino una reflexión personal. 

Lo sucedido es que hace unos meses Benedicto XVI trabajaba en un texto sobre el sacerdocio y el cardenal Sarah le pidió verlo. El papa emérito se lo dejó sabiendo que el prefecto de Liturgia estaba escribiendo un libro sobre el sacerdocio y, probablemente, pensando que lo utilizaría solo como “background”. 

A partir de ahí, todo es obra del cardenal guineano y de su publicita, Nicolas Diat, junto con las editoriales Fayard de Francia, Ignatius Press de Estados Unidos y Cantagalli de Italia. 

Si bien es correcto defender el celibato, el modo de hacerlo era una falta de respeto a las iglesias orientales y al Papa Francisco, a quien corresponde la decisión final en conciencia, libre de las presiones mediáticas que los propios autores del libro denunciaban pero a la vez practicaban con ese lanzamiento. 

La edición norteamericana lleva como subtítulo alarmante “Sacerdocio, celibato y la crisis de la Iglesia católica”. El adelanto de parte del contenido en tono catastrofista por el diario “Le Figaro” recuerda el lanzamiento mundial del manifiesto del ex nuncio en Estados Unidos Carlo Maria Viganò, quien pedía la dimisión del Papa Francisco sobre bases absolutamente falsas. 

Un texto atribuido a Benedicto XVI afirma que “de la celebración diaria de la Eucaristía, que implica un estado permanente de servicio a Dios, nace espontáneamente la imposibilidad de un lazo matrimonial”. El cardenal Sarah habla incluso de “sacerdotes de segunda clase”. 

La realidad histórica es que siempre ha habido sacerdotes casados, del mismo modo que continúa habiéndolos en las Iglesias ortodoxas y también en las 23 Iglesias católicas de rito oriental. 

De hecho, la introducción de los sacerdotes casados en la Iglesia latina fue llevada a cabo por Benedicto XVI en 2009 con la constitución apostólica que creó los ordinariatos para sacerdotes y fieles anglicanos que vengan a la Iglesia católica manteniendo su rito y su tradición. 

Fuente, ABC 

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sábado, 13 de abril de 2019

Texto completo: «La Iglesia y el escándalo del abuso sexual» del Papa Emérito Benedicto XVI


TEXTO COMPLETO: «LA IGLESIA Y EL ESCÁNDALO DEL ABUSO SEXUAL» DEL PAPA EMÉRITO BENEDICTO XVI 

En el texto titulado “La Iglesia y los abusos sexuales” [filtrado el miércoles 11 de abril de 2019 por el diario New York Post] el Papa Emérito Benedicto XVI ofrece un análisis histórico sobre la problemática de los abusos sexuales en la Iglesia Católica y ofrece una propuesta para un adecuado combate a este abominable mal que ha dañado gravemente a la Iglesia. 

A CONTINUACIÓN EL TEXTO COMPLETO: 

LA IGLESIA Y LOS ABUSOS SEXUALES 

“Del 21 al 24 de febrero, tras la invitación del Papa Francisco, los presidentes de las conferencias episcopales del mundo se reunieron en el Vaticano para discutir la crisis de fe y de la Iglesia, una crisis palpable en todo el mundo tras las chocantes revelaciones del abuso clerical perpetrado contra menores. La extensión y la gravedad de los incidentes reportados han desconcertado a sacerdotes y laicos, y ha hecho que muchos cuestionen la misma fe de la Iglesia. Fue necesario enviar un mensaje fuerte y buscar un nuevo comienzo para hacer que la Iglesia sea nuevamente creíble como luz entre los pueblos y como una fuerza que sirve contra los poderes de la destrucción. 

Ya que yo mismo he servido en una posición de responsabilidad como pastor de la Iglesia en una época en la que se desarrolló esta crisis y antes de ella, me tuve que preguntar –aunque ya no soy directamente responsable por ser emérito– cómo podía contribuir a ese nuevo comienzo en retrospectiva. Entonces, desde el periodo del anuncio hasta la reunión misma de los presidentes de las conferencias episcopales, reuní algunas notas con las que quiero ayudar en esta hora difícil. Habiendo contactado al Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal (Pietro) Parolin, y al mismo Papa Francisco, me parece apropiado publicar este texto en el “Klerusblatt”. 

Mi trabajo se divide en tres partes. 

En la primera busco presentar brevemente el amplio contexto del asunto, sin el cual el problema no se puede entender. Intento mostrar que en la década de 1960 ocurrió un gran evento, en una escala sin precedentes en la historia. Se puede decir que en los 20 años entre 1960 y 1980, los estándares vinculantes hasta entonces respecto a la sexualidad colapsaron completamente, y surgió una nueva normalidad que hasta ahora ha sido sujeta de varios laboriosos intentos de disrupción. 

En la segunda parte, busco precisar los efectos de esta situación en la formación de los sacerdotes y en sus vidas. 

Finalmente, en la tercera parte, me gustaría desarrollar algunas perspectivas para una adecuada respuesta por parte de la Iglesia”. 

I. 

(1) El asunto comienza con la introducción de los niños y jóvenes en la naturaleza de la sexualidad, algo prescrita y apoyado por el Estado. En Alemania, la entonces ministra de salud, (Käte) Strobel, tenía una cinta en la que todo lo que antes no se permitía enseñar públicamente, incluidas las relaciones sexuales, se mostraba ahora con el propósito de educar. Lo que al principio se buscaba que fuera solo para la educación sexual de los jóvenes, se aceptó luego como una opción factible. 

Efectos similares se lograron con el “Sexkoffer” publicado por el gobierno de Austria (N. DEL T. Materiales sexuales usados en los colegios austríacos a fines de la década de 1980). Las películas pornográficas y con contenido sexual se convirtieron entonces en algo común, hasta el punto que se transmitían en pequeños cines (Bahnhofskinos) (N. del T. cines baratos en Alemania que proyectaban pequeñas cintas cerca a las estaciones de tren). 

Todavía recuerdo haber visto, mientras caminaba en la ciudad de Ratisbona un día, multitudes haciendo cola ante un gran cine, algo que habíamos visto antes solo en tiempos de guerra, cuando se esperaba una asignación especial. También recuerdo haber llegado a la ciudad el Viernes Santo de 1970 y ver en las vallas publicitarias un gran afiche de dos personas completamente desnudas y abrazadas. 

Entre las libertades por las que la Revolución de 1968 peleó estaba la libertad sexual total, una que ya no tuviera normas. La voluntad de usar la violencia, que caracterizó esos años, está fuertemente relacionada con este colapso mental. De hecho, las cintas sexuales ya no se permitían en los aviones porque podían generar violencia en la pequeña comunidad de pasajeros. Y dado que los excesos en la vestimenta también provocaban agresiones, los directores de los colegios hicieron varios intentos para introducir una vestimenta escolar que facilitara un clima para el aprendizaje. 

Parte de la fisionomía de la Revolución del 68 fue que la pedofilia también se diagnosticó como permitida y apropiada. 

Para los jóvenes en la Iglesia, pero no solo para ellos, esto fue en muchas formas un tiempo muy difícil. Siempre me he preguntado cómo los jóvenes en esta situación se podían acercar al sacerdocio y aceptarlo con todas sus ramificaciones. El extenso colapso de las siguientes generaciones de sacerdotes en aquellos años y el gran número de laicizaciones fueron una consecuencia de todos estos desarrollos. 

(2) Al mismo tiempo, independientemente de este desarrollo, la teología moral católica sufrió un colapso que dejó a la Iglesia indefensa ante estos cambios en la sociedad. Trataré de delinear brevemente la trayectoria que siguió este desarrollo. 

Hasta el Concilio Vaticano II, la teología moral católica estaba ampliamente fundada en la ley natural, mientras que las Sagradas Escrituras se citaban solamente para tener contexto o justificación. En la lucha del Concilio por un nuevo entendimiento de la Revelación, la opción por la ley natural fue ampliamente abandonada, y se exigió una teología moral basada enteramente en la Biblia. 

Aún recuerdo cómo la facultad jesuita en Frankfurt entrenó al joven e inteligente Padre (Schüller) con el propósito de desarrollar una moralidad basada enteramente en las Escrituras. La bella disertación del Padre (Bruno) Schüller muestra un primer paso hacia la construcción de una moralidad basada en las Escrituras. El Padre fue luego enviado a Estados Unidos y volvió habiéndose dado cuenta de que solo con la Biblia la moralidad no podía expresarse sistemáticamente. Luego intentó una teología moral más pragmática, sin ser capaz de dar una respuesta a la crisis de moralidad. 

Al final, prevaleció principalmente la hipótesis de que la moralidad debía ser exclusivamente determinada por los propósitos de la acción humana. Si bien la antigua frase “el fin justifica los medios” no fue confirmada en esta forma cruda, su modo de pensar si se había convertido en definitivo. 

En consecuencia, ya no podía haber nada que constituya un bien absoluto, ni nada que fuera fundamentalmente malo; (podía haber) solo juicios de valor relativos. Ya no había bien (absoluto), sino solo lo relativamente mejor o contingente en el momento y en circunstancias. 

La crisis de la justificación y la presentación de la moralidad católica llegaron a proporciones dramáticas al final de la década de 1980 y en la de 1990. El 5 de enero de 1989 se publicó la “Declaración de Colonia”, firmada por 15 profesores católicos de teología. Se centró en varios puntos de la crisis en la relación entre el magisterio episcopal y la tarea de la teología. (Las reacciones a) este texto, que al principio no fue más allá del nivel usual de protestas, creció muy rápidamente y se convirtió en un grito contra el magisterio de la Iglesia y reunió, clara y visiblemente, el potencial de protesta global contra los esperados textos doctrinales de Juan Pablo II. (cf. D. Mieth, Kölner Erklärung, LThK, VI3, p. 196) (N. del T. El LTHK es el Lexikon für Theologie und Kirche, el Lexicon de Teología y la Iglesia, cuyos editores incluían al teólogo Karl Rahner y al Cardenal alemán Walter Kasper) 

El Papa Juan Pablo II, que conocía muy bien y que seguía de cerca la situación en la que estaba la teología moral, comisionó el trabajo de una encíclica para poner las cosas en claro nuevamente. Se publicó con el título de Veritatis splendor (El esplendor de la verdad) el 6 de agosto de 1993 y generó diversas reacciones vehementes por parte de los teólogos morales. Antes de eso, el Catecismo de la Iglesia Católica (1992) ya había presentado persuasivamente y de modo sistemático la moralidad como es proclamada por la Iglesia. 

Nunca olvidaré cómo el entonces líder teólogo moral de lengua alemana, Franz Böckle, habiendo regresado a su natal Suiza tras su retiro, anunció con respecto a la Veritatis splendor que si la encíclica determinaba que había acciones que siempre y en todas circunstancias podían clasificarse como malas, entonces él la rebatiría con todos los recursos a su disposición. 

Fue Dios, el Misericordioso, quien evitó que pusiera en práctica su resolución ya que Böckle murió el 8 de julio de 1991. La encíclica fue publicada el 6 de agosto de 1993 y efectivamente incluía la determinación de que había acciones que nunca pueden ser buenas. 

El Papa era totalmente consciente de la importancia de esta decisión en ese momento y para esta parte del texto consultó nuevamente a los mejores especialistas que no tomaron parte en la edición de la encíclica. Él sabía que no debía dejar duda sobre el hecho que la moralidad de balancear los bienes debe tener siempre un límite último. Hay bienes que nunca están sujetos a concesiones. 

Hay valores que nunca deben ser abandonados por un valor mayor e incluso sobrepasar la preservación de la vida física. Existe el martirio. Dios es más, incluida la sobrevivencia física. Una vida comprada por la negación de Dios, una vida que se base en una mentira final, no es vida. 

El martirio es la categoría básica de la existencia cristiana. El hecho que ya no sea moralmente necesario en la teoría que defiende Böckle y muchos otros demuestra que la misma esencia del cristianismo está en juego aquí. 

En la teología moral, sin embargo, otra pregunta se había vuelto apremiante: había ganado amplia aceptación la hipótesis de que el magisterio de la Iglesia debe tener competencia final (“infalibilidad”) solo en materias concernientes a la fe y los asuntos sobre la moralidad no deben caer en el rango de las decisiones infalibles del magisterio de la Iglesia. Hay probablemente algo de cierto en esta hipótesis que garantiza un mayor debate, pero hay un mínimo conjunto de cuestiones morales que están indisolublemente relacionadas al principio fundacional de la fe y que tiene que ser defendido si no se quiere que la fe sea reducida a una teoría y no se le reconozca en su clamor por la vida concreta. 

Todo esto permite ver cuán fundamentalmente se cuestiona la autoridad de la Iglesia en asuntos de moralidad. Los que niegan a la Iglesia una competencia en la enseñanza final en esta área la obligan a permanecer en silencio precisamente allí donde el límite entre la verdad y la mentira está en juego. 

Independientemente de este asunto, en muchos círculos de teología moral se expuso la hipótesis de que la Iglesia no tiene y no puede tener su propia moralidad. El argumento era que todas las hipótesis morales tendrían su paralelo en otras religiones y, por lo tanto, no existiría una naturaleza cristiana. Pero el asunto de la naturaleza de una moralidad bíblica no se responde con el hecho que para cada sola oración en algún lugar, se puede encontrar un paralelo en otras religiones. En vez de eso, se trata de toda la moralidad bíblica, que como tal es nueva y distinta de sus partes individuales. 

La doctrina moral de las Sagradas Escrituras tiene su forma de ser única predicada finalmente en su concreción a imagen de Dios, en la fe en un Dios que se mostró a sí mismo en Jesucristo y que vivió como ser humano. El Decálogo es una aplicación a la vida humana de la fe bíblica en Dios. La imagen de Dios y la moralidad se pertenecen y por eso resulta en el cambio particular de la actitud cristiana hacia el mundo y la vida humana. Además, el cristianismo ha sido descrito desde el comienzo con la palabra hodós (camino, en griego, usado en el Nuevo Testamente para hablar de un camino de progreso). 

La fe es una travesía y una forma de vida. En la antigua Iglesia, el catecumenado fue creado como un hábitat en la que los aspectos distintivos y frescos de la forma de vivir la vida cristiana eran al mismo tiempo practicados y protegidos ante la cultura que era cada vez más desmoralizada. Creo que incluso hoy algo como las comunidades de catecumenado son necesarias para que la vida cristiana pueda afirmarse en su propia manera. 

II. 

Las reacciones eclesiales iniciales 

(1) El proceso largamente preparado y en marcha para la disolución del concepto cristiano de moralidad estuvo marcado, como he tratado de demostrar, por la radicalidad sin precedentes de la década de 1960. Esta disolución de la autoridad moral de la enseñanza de la Iglesia necesariamente debió tener un efecto en los distintos miembros de la Iglesia. En el contexto del encuentro de los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo con el Papa Francisco, el asunto de la vida sacerdotal, así como la de los seminarios, es de particular interés. Ya que tiene que ver con el problema de la preparación en los seminarios para el ministerio sacerdotal, hay de hecho una descomposición de amplio alcance en cuanto a la forma previa de preparación. 

En varios seminarios se establecieron grupos homosexuales que actuaban más o menos abiertamente, con lo que cambiaron significativamente el clima que se vivía en ellos. En un seminario en el sur de Alemania, los candidatos al sacerdocio y para el ministerio laico de especialistas pastorales (Pastoralreferent) vivían juntos. En las comidas cotidianas, los seminaristas y los especialistas pastorales estaban juntos. Los casados a veces estaban con sus esposas e hijos; y en ocasiones con sus novias. El clima en este seminario no proporcionaba el apoyo requerido para la preparación de la vocación sacerdotal. La Santa Sede sabía de esos problemas sin estar informada precisamente. Como primer paso, se acordó una visita apostólica (N. del T.: investigación) para los seminarios en Estados Unidos. 

Como el criterio para la selección y designación de obispos también había cambiado luego del Concilio Vaticano II, la relación de los obispos con sus seminarios también era muy diferente. Por encima de todo se estableció la “conciliaridad” como un criterio para el nombramiento de nuevos obispos, que podía entenderse de varias maneras. 

De hecho, en muchos lugares se entendió que las actitudes conciliares tenían que ver con tener una actitud crítica o negativa hacia la tradición existente hasta entonces, y que debía ser reemplazada por una relación nueva y radicalmente abierta con el mundo. Un obispo, que había sido antes rector de un seminario, había hecho que los seminaristas vieran películas pornográficas con la intención de que estas los hicieran resistentes ante las conductas contrarias a la fe. 

Hubo –y no solo en los Estados Unidos de América– obispos que individualmente rechazaron la tradición católica por completo y buscaron una nueva y moderna “catolicidad” en sus diócesis. Tal vez valga la pena mencionar que en no pocos seminarios, a los estudiantes que los veían leyendo mis libros se les consideraba no aptos para el sacerdocio. Mis libros fueron escondidos, como si fueran mala literatura, y se leyeron solo bajo el escritorio. 

La visita que se realizó no dio nuevas pistas, aparentemente porque varios poderes unieron fuerzas para maquillar la verdadera situación. Una segunda visita se ordenó y esa sí permitió tener datos nuevos, pero al final no logró ningún resultado. Sin embargo, desde la década de 1970 la situación en los seminarios ha mejorado en general. Y, sin embargo, solo aparecieron casos aislados de un nuevo fortalecimiento de las vocaciones sacerdotales ya que la situación general había tomado otro rumbo. 

(2) El asunto de la pedofilia, según recuerdo, no fue agudo sino hasta la segunda mitad de la década de 1980. Mientras tanto, ya se había convertido en un asunto público en Estados Unidos, tanto así que los obispos fueron a Roma a buscar ayuda ya que la ley canónica, como se escribió en el nuevo Código (1983), no parecía suficiente para tomar las medidas necesarias. Al principio Roma y los canonistas romanos tuvieron dificultades con estas preocupaciones ya que, en su opinión, la suspensión temporal del ministerio sacerdotal tenía que ser suficiente para generar purificación y clarificación. Esto no podía ser aceptado por los obispos estadounidenses, porque de ese modo los sacerdotes permanecían al servicio del obispo y así eran asociados directamente con él. Lentamente fue tomando forma una renovación y profundización de la ley penal del nuevo Código, que había sido construida adrede de manera holgada. 

Además y sin embargo, había un problema fundamental en la percepción de la ley penal. Solo el llamado garantismo (una especie de proteccionismo procesal) era considerado como “conciliar”. Esto significa que se tenía que garantizar, por encima de todo, los derechos del acusado hasta el punto en que se excluyera del todo cualquier tipo de condena. Como contrapeso ante las opciones de defensa, disponibles para los teólogos acusados y con frecuencia inadecuadas, su derecho a la defensa usando el garantismo se extendió a tal punto que las condenas eran casi imposibles. 

Permítanme un breve excurso en este punto. A la luz de la escala de la inconducta pedófila, una palabra de Jesús nuevamente salta a la palestra: “Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo hubieran echado al mar” (Mc 9,42). 

La palabra “pequeños” en el idioma de Jesús significa los creyentes comunes que pueden ver su fe confundida por la arrogancia intelectual de aquellos que creen que son inteligentes. Entonces, aquí Jesús protege el depósito de la fe con una amenaza o castigo enfático para quienes hacen daño. 

El uso moderno de la frase no es en sí mismo equivocado, pero no debe oscurecer el significado original. En él queda claro, contra cualquier garantismo, que no solo el derecho del acusado es importante y requiere una garantía. Los grandes bienes como la fe son igualmente importantes. 

Entonces, una ley canónica balanceada que se corresponda con todo el mensaje de Jesús no solo tiene que proporcionar una garantía para el acusado, para quien el respeto es un bien legal, sino que también tiene que proteger la fe que también es un importante bien legal. Una ley canónica adecuadamente formada tiene que contener entonces una doble garantía: la protección legal del acusado y la protección legal del bien que está en juego. Si hoy se presenta esta concepción inherentemente clara, generalmente se cae en hacer oídos sordos cuando se llega al asunto de la protección de la fe como un bien legal. En la consciencia general de la ley, la fe ya no parece tener el rango de bien que requiere protección. Esta es una situación alarmante que los pastores de la Iglesia tienen que considerar y tomar en serio. 

Ahora me gustaría agregar, a las breves notas sobre la situación de la formación sacerdotal en el tiempo en el que estalló la crisis, algunas observaciones sobre el desarrollo de la ley canónica en este asunto. 

En principio, la Congregación para el Clero es la responsable de lidiar con crímenes cometidos por sacerdotes, pero dado que el garantismo dominó largamente la situación en ese entonces, estuve de acuerdo con el Papa Juan Pablo II en que era adecuado asignar estas ofensas a la Congregación para la Doctrina de la Fe, bajo el título de “Delicta maiora contra fidem”. 

Esto hizo posible imponer la pena máxima, es decir la expulsión del estado clerical, que no se habría podido imponer bajo otras previsiones legales. Esto no fue un truco para imponer la máxima pena, sino una consecuencia de la importancia de la fe para la Iglesia. De hecho, es importante ver que tal inconducta de los clérigos al final daña la fe. 

Allí donde la fe ya no determina las acciones del hombre es que tales ofensas son posibles. 

La severidad del castigo, sin embargo, también presupone una prueba clara de la ofensa: este aspecto del garantismo permanece en vigor. 

En otras palabras, para imponer la máxima pena legalmente, se requiere un proceso penal genuino, pero ambos, las diócesis y la Santa Sede se ven sobrepasados por tal requerimiento. Por ello formulamos un nivel mínimo de procedimientos penales y dejamos abierta la posibilidad de que la misma Santa Sede asuma el juicio allí donde la diócesis o la administración metropolitana no pueden hacerlo. En cada caso, el juicio debe ser revisado por la Congregación para la Doctrina de la Fe para garantizar los derechos del acusado. Finalmente, en la feria cuarta (N. del T. la asamblea de los miembros de la Congregación) establecimos una instancia de apelación para proporcionar la posibilidad de apelar. 

Ya que todo esto superó en la realidad las capacidades de la Congregación para la Doctrina de la Fe y ya que las demoras que surgieron tenían que ser previstas dada la naturaleza de esta materia, el Papa Francisco ha realizado reformas adicionales. 

III. 

(1) ¿Qué se debe hacer? ¿Tal vez deberíamos crear otra Iglesia para que las cosas funcionen? Bueno, ese experimento ya se ha realizado y ya ha fracasado. Solo la obediencia y el amor por nuestro Señor Jesucristo pueden indicarnos el camino, así que primero tratemos de entender nuevamente y desde adentro (de nosotros mismos) lo que el Señor quiere y ha querido con nosotros. 

Primero, sugeriría lo siguiente: si realmente quisiéramos resumir muy brevemente el contenido de la fe como está en la Biblia, tendríamos que hacerlo diciendo que el Señor ha iniciado una narrativa de amor con nosotros y quiere abarcar a toda la creación en ella. La forma de pelear contra el mal que nos amenaza a nosotros y a todo el mundo, solo puede ser, al final, que entremos en este amor. Es la verdadera fuerza contra el mal, ya que el poder del mal emerge de nuestro rechazo a amar a Dios. Quien se confía al amor de Dios es redimido. Nuestro ser no redimidos es una consecuencia de nuestra incapacidad de amar a Dios. Aprender a amar a Dios es, por lo tanto, el camino de la redención humana. 

Tratemos de desarrollar un poco más este contenido esencial de la revelación de Dios. Podemos entonces decir que el primer don fundamental que la fe nos ofrece es la certeza de que Dios existe. Un mundo sin Dios solo puede ser un mundo sin significado. De otro modo, ¿de dónde vendría todo? En cualquier caso, no tiene propósito espiritual. De algún modo está simplemente allí y no tiene objetivo ni sentido. Entonces no hay estándares del bien ni del mal, y solo lo que es más fuerte que otra cosa puede afirmarse a sí misma y el poder se convierte en el único principio. La verdad no cuenta, en realidad no existe. Solo si las cosas tienen una razón espiritual tienen una intención y son concebidas. Solo si hay un Dios Creador que es bueno y que quiere el bien, la vida del hombre puede entonces tener sentido. 

Existe un Dios como creador y la medida de todas las cosas es una necesidad primera y primordial, pero un Dios que no se exprese para nada a sí mismo, que no se hiciese conocido, permanecería como una presunción y podría entonces no determinar la forma [Gestalt] de nuestra vida. Para que Dios sea realmente Dios en esta creación deliberada, tenemos que mirarlo para que se exprese a sí mismo de alguna forma. Lo ha hecho de muchas maneras, pero decisivamente lo hizo en el llamado a Abraham y que le dio a la gente que buscaba a Dios la orientación que lleva más allá de toda expectativa: Dios mismo se convierte en criatura, habla como hombre con nosotros los seres humanos. 

En este sentido la frase “Dios es”, al final se convierte en un mensaje verdaderamente gozoso, precisamente porque Él es más que entendimiento, porque Él crea –y es– amor para que una vez más la gente sea consciente de esta, la primera y fundamental tarea confiada a nosotros por el Señor. 

Una sociedad sin Dios –una sociedad que no lo conoce y que lo trata como no existente– es una sociedad que pierde su medida. En nuestros días fue que se acuñó la frase de la muerte de Dios. Cuando Dios muere en una sociedad, se nos dijo, esta se hace libre. En realidad, la muerte de Dios en una sociedad también significa el fin de la libertad porque lo que muere es el propósito que proporciona orientación, dado que desaparece la brújula que nos dirige en la dirección correcta que nos enseña a distinguir el bien del mal. La sociedad occidental es una sociedad en la que Dios está ausente en la esfera pública y no tiene nada que ofrecerle. Y esa es la razón por la que es una sociedad en la que la medida de la humanidad se pierde cada vez más. En puntos individuales, de pronto parece que lo que es malo y destruye al hombre se ha convertido en una cuestión de rutina. 

Ese es el caso con la pedofilia. Se teorizó solo hace un tiempo como algo legítimo, pero se ha difundido más y más. Y ahora nos damos cuenta con sorpresa de que las cosas que les están pasando a nuestros niños y jóvenes amenazan con destruirlos. El hecho de que esto también pueda extenderse en la Iglesia y entre los sacerdotes es algo que nos debe molestar de modo particular. 

¿Por qué la pedofilia llegó a tales proporciones? Al final de cuentas, la razón es la ausencia de Dios. Nosotros, cristianos y sacerdotes, también preferimos no hablar de Dios porque este discurso no parece ser práctico. Luego de la convulsión de la Segunda Guerra Mundial, nosotros en Alemania todavía teníamos expresamente en nuestra Constitución que estábamos bajo responsabilidad de Dios como un principio guía. Medio siglo después, ya no fue posible incluir la responsabilidad para con Dios como un principio guía en la Constitución europea. Dios es visto como la preocupación partidaria de un pequeño grupo y ya no puede ser un principio guía para la comunidad como un todo. Esta decisión se refleja en la situación de Occidente, donde Dios se ha convertido en un asunto privado de una minoría. 

Una tarea primordial, que tiene que resultar de las convulsiones morales de nuestro tiempo, es que nuevamente comencemos a vivir por Dios y bajo Él. Por encima de todo, nosotros tenemos que aprender una vez más a reconocer a Dios como la base de nuestra vida en vez de dejarlo a un lado como si fuera una frase no efectiva. Nunca olvidaré la advertencia del gran teólogo Hans Urs von Balthasar que una vez me escribió en una de sus postales: “¡No presuponga al Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, preséntelo!”. 

De hecho, en la teología Dios siempre se da por sentado como un asunto de rutina, pero en lo concreto uno no se relaciona con Él. El tema de Dios parece tan irreal, tan expulsado de las cosas que nos preocupan y, sin embargo, todo se convierte en algo distinto si no se presupone sino que se presenta a Dios. No dejándolo atrás como un marco, sino reconociéndolo como el centro de nuestros pensamientos, palabras y acciones. 

(2) Dios se hizo hombre por nosotros. El hombre como Su criatura es tan cercano a Su corazón que Él se ha unido a sí mismo con él y ha entrado así en la historia humana de una forma muy práctica. Él habla con nosotros, vive con nosotros, sufre con nosotros y asumió la muerte por nosotros. Hablamos sobre esto en detalle en la teología, con palabras y pensamientos aprendidos, pero es precisamente de esta forma que corremos el riesgo de convertirnos en maestros de fe en vez de ser renovados y hechos maestros por la fe. 

Consideremos esto con respecto al asunto central: la celebración de la Santa Eucaristía. Nuestro manejo de la Eucaristía solo puede generar preocupación. El Concilio Vaticano II se centró correctamente en regresar este sacramento de la presencia del cuerpo y la sangre de Cristo, de la presencia de Su persona, de su Pasión, Muerte y Resurrección, al centro de la vida cristiana y la misma existencia de la Iglesia. En parte esto realmente ha ocurrido y deberíamos estar agradecidos al Señor por ello. 

Y sin embargo prevalece una actitud muy distinta. Lo que predomina no es una nueva reverencia por la presencia de la muerte y resurrección de Cristo, sino una forma de lidiar con Él que destruye la grandeza del Misterio. La caída en la participación de las celebraciones eucarísticas dominicales muestra lo poco que los cristianos de hoy saben sobre apreciar la grandeza del don que consiste en Su Presencia real. La Eucaristía se ha convertido en un mero gesto ceremonial cuando se da por sentado que la cortesía requiere que sea ofrecido en celebraciones familiares o en ocasiones como bodas y funerales a todos los invitados por razones familiares. 

La forma en la que la gente simplemente recibe el Santísimo Sacramento en la comunión como algo rutinario muestra que muchos la ven como un gesto puramente ceremonial. Por lo tanto, cuando se piensa en la acción que se requiere primero y primordialmente, es bastante obvio que no necesitamos otra Iglesia con nuestro propio diseño. En vez de ello se requiere, primero que nada, la renovación de la fe en la realidad de que Jesucristo se nos es dado en el Santísimo Sacramento. 

En conversaciones con víctimas de pedofilia, me hicieron muy consciente de este requisito primero y fundamental. Una joven que había sido acólita me dijo que el capellán, su superior en el servicio del altar, siempre la introducía al abuso sexual que él cometía con estas palabras: “Este es mi cuerpo que será entregado por ti”. 

Es obvio que esta mujer ya no puede escuchar las palabras de la consagración sin experimentar nuevamente la terrible angustia de los abusos. Sí, tenemos que implorar urgentemente al Señor por su perdón, pero antes que nada tenemos que jurar por Él y pedirle que nos enseñe nuevamente a entender la grandeza de Su sufrimiento y Su sacrificio. Y tenemos que hacer todo lo que podamos para proteger del abuso el don de la Santísima Eucaristía. 

(3) Y finalmente, está el Misterio de la Iglesia. La frase con la que Romano Guardini, hace casi 100 años, expresó la esperanza gozosa que había en él y en muchos otros, permanece inolvidable: “Un evento de importancia incalculable ha comenzado, la Iglesia está despertando en las almas”. 

Se refería a que la Iglesia ya no era experimentada o percibida simplemente como un sistema externo que entraba en nuestras vidas, como una especie de autoridad, sino que había comenzado a ser percibida como algo presente en el corazón de la gente, como algo no meramente externo sino que nos movía interiormente. Casi 50 años después, al reconsiderar este proceso y viendo lo que ha estado pasando, me siento tentado a revertir la frase: “La Iglesia está muriendo en las almas”. 

De hecho, hoy la Iglesia es vista ampliamente solo como una especie de aparato político. Se habla de ella casi exclusivamente en categorías políticas y esto se aplica incluso a obispos que formulan su concepción de la Iglesia del mañana casi exclusivamente en términos políticos. La crisis, causada por los muchos casos de abusos de clérigos, nos hace mirar a la Iglesia como algo casi inaceptable que tenemos que tomar en nuestras manos y rediseñar. Pero una Iglesia que se hace a sí misma no puede constituir esperanza. 

Jesús mismo comparó la Iglesia a una red de pesca en la que Dios mismo separa los buenos peces de los malos. También hay una parábola de la Iglesia como un campo en el que el buen grano que Dios mismo sembró crece junto a la mala hierba que “un enemigo” secretamente echó en él. De hecho, la mala hierba en el campo de Dios, la Iglesia, son ahora excesivamente visibles y los peces malos en la red también muestran su fortaleza. Sin embargo, el campo es aún el campo de Dios y la red es la red de Dios. Y en todos los tiempos, no solo ha habido mala hierba o peces malos, sino también los sembríos de Dios y los buenos peces. Proclamar ambos con énfasis y de la misma forma no es una manera falsa de apologética, sino un necesario servicio a la Verdad. 

En este contexto es necesario referirnos a un importante texto en la Revelación a Juan. El demonio es identificado como el acusador que acusa a nuestros hermanos ante Dios día y noche. (Ap 12, 10). El Apocalipsis toma entonces un pensamiento que está al centro de la narrativa en el libro de Job (Job 1 y 2, 10; 42:7-16). Allí se dice que el demonio buscaba mostrar que lo correcto en la vida de Job ante Dios era algo meramente externo. Y eso es exactamente lo que el Apocalipsis tiene que decir: el demonio quiere probar que no hay gente correcta, que su corrección solo se muestra en lo externo. Si uno pudiera acercarse, entonces la apariencia de justicia se caería rápidamente. 

La narración comienza con una disputa entre Dios y el demonio, en la que Dios se ha referido a Job como un hombre verdaderamente justo. Ahora va a ser usado como un ejemplo para probar quién tiene razón. El demonio pide que se le quiten todas sus posesiones para ver que nada queda de su piedad. Dios le permite que lo haga, tras lo cual Jon actúa positivamente. Luego el demonio presiona y dice: “¡Piel por piel! Sí, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Sin embargo, extiende ahora tu mano y toca su hueso y su carne, verás si no te maldice en tu misma cara”. (Job 2,4f). 

Entonces Dios le otorga al demonio un segundo turno. También toca la piel de Job y solo le está negado matarlo. Para los cristianos es claro que este Job, que está de pie ante Dios como ejemplo para toda la humanidad, es Jesucristo. En el Apocalipsis el drama de la humanidad nos es presentado en toda su amplitud. 

El Dios Creador es confrontado con el demonio que habla a toda la humanidad y a toda la creación. Le habla no solo a Dios, sino y sobre todo a la gente: Miren lo que este Dios ha hecho. Supuestamente una buena creación. En realidad está llena de miseria y disgustos. El desaliento de la creación es en realidad el menosprecio de Dios. Quiere probar que Dios mismo no es bueno y alejarnos de Él. 

La oportunidad en la que el Apocalipsis no está hablando aquí es obvia. Hoy, la acusación contra Dios es sobre todo menosprecio de Su Iglesia como algo malo en su totalidad y por lo tanto nos disuade de ella. La idea de una Iglesia mejor, hecha por nosotros mismos, es de hecho una propuesta del demonio, con la que nos quiere alejar del Dios viviente usando una lógica mentirosa en la que fácilmente podemos caer. No, incluso hoy la Iglesia no está hecha solo de malos peces y mala hierba. La Iglesia de Dios también existe hoy, y hoy es ese mismo instrumento a través del cual Dios nos salva. 

Es muy importante oponerse con toda la verdad a las mentiras y las medias verdades del demonio: sí, hay pecado y mal en la Iglesia, pero incluso hoy existe la Santa Iglesia, que es indestructible. Además hoy hay mucha gente que humildemente cree, sufre y ama, en quien el Dios verdadero, el Dios amoroso, se muestra a Sí mismo a nosotros. Dios también tiene hoy Sus testigos (“martyres”) en el mundo. Nosotros solo tenemos que estar vigilantes para verlos y escucharlos. 

La palabra mártir está tomada de la ley procesal. En el juicio contra el demonio, Jesucristo es el primer y verdadero testigo de Dios, el primer mártir, que desde entonces ha sido seguido por incontables otros. 

El hoy de la Iglesia es más que nunca una Iglesia de mártires y por ello un testimonio del Dios viviente. Si miramos a nuestro alrededor y escuchamos con un corazón atento, podremos hoy encontrar testigos en todos lados, especialmente entre la gente ordinaria, pero también en los altos rangos de la Iglesia, que se alzan por Dios con sus vidas y su sufrimiento. Es una inercia del corazón lo que nos lleva a no desear reconocerlos. Una de las grandes y esenciales tareas de nuestra evangelización es, hasta donde podamos, establecer hábitats de fe y, por encima de todo, encontrar y reconocerlos. 

Vivo en una casa, en una pequeña comunidad de personas que descubren tales testimonios del Dios viviente una y otra vez en la vida diaria, y que alegremente me comentan esto. Ver y encontrar a la Iglesia viviente es una tarea maravillosa que nos fortalece y que, una y otra vez, nos hace alegres en nuestra fe. 

Al final de mis reflexiones me gustaría agradecer al Papa Francisco por todo lo que hace para mostrarnos siempre la luz de Dios que no ha desaparecido, incluso hoy. ¡Gracias Santo Padre! 

Benedicto XVI 

Traducción realizada por ACI Prensa 

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