Mostrando las entradas con la etiqueta peligro. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta peligro. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de junio de 2020

La proliferación de la nueva religiosidad peligro de la Fe


LA PROLIFERACIÓN DE LA NUEVA RELIGIOSIDAD PELIGRO PARA LA FE
Por: P. Jacome, Director de la Escuela de la Fe

La Vacuna contra las sectas

Introducción

Es un hecho patente e incon­testable que estamos asis­tiendo a una verdadera cri­sis de la fe con la aparición de las nuevas formas de religiosidad alternativas que confunden y seducen a tantas almas incautas. Chesterton resumía muy bien este fenómeno de la siguiente forma: "desde que los hombres han dejado de creer en Dios, no es que no crean en nada. Ahora creen en todo".

Estamos asistiendo a un verdadero despertar de nuevas religiosidades que día a día van ganando terreno en la conquista de las almas, y de las conciencias de las personas. Se trata de un auténtico supermercado de religiones que ofrecen atractivas ofertas seductoras, auténticos paliativos espirituales para llenar un profundo vacío espiritual. No solamente me refiero al fenómeno de las sectas fundamentalistas, sobre todo al creciente aumento del esoterismo y de las ciencias ocultas (quiromancia, cartomancia, astrología, cartas astrales, cábala, teosofía, espiritismo, brujería y satanismo).

Seguramente cada uno de Uds. conocerá a personas, incluso familiares, que participan de alguna manera en alguno de estos movimientos religiosos. Lo peor de todo es que actualmente se está dando un tremendo sincretismo religioso entre la fe católica y otras creencias. Así tenemos a personas que se dicen católicas, pero que asisten a sesiones de espiri­tismo, o aquellas otras que dicen que no se confie­san porque ellos se arreglan direc­tamente con Dios. Esto crea un caos religioso y una vi­vencia inauténtica de la fe católica. A estos se les podría llamar católicos me­diocres, tibios, relajados porque viven un estilo de catolicismo caricaturesco que dista mucho del auténtico perfil ca­tólico delineado en el Evangelio.

Tomando como fuentes de inspira­ción Iglesia en América y la carta pas­toral de los obispos Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, intentaré hacer un breve análisis de este fenómeno religioso, para sugerir en un segundo momento algunas propuestas de acción a fin de colaborar activamente en la nueva evangeliza­ción tan deseada por Juan Pablo 11.

Análisis de la situación

El fondo del problema es el relativismo filosófico y teológico que invade cada vez más la conciencia de los creyentes. Ya no existen verdades absolutas, seguras, puntos de referen­cia inamovibles doctrinalmente. Cada uno se inventa sus propias verdades a conveniencia personal. Hoy día, por ejemplo, se cuestionan los principios fundamenta­les de la fe y de la moral católica: que la Iglesia sea una, santa, católica, apostólica y ro­mana; la infalibili­dad del Papa, el derecho a la vida del no nacido, la familia como núcleo esencial de vida y desarrollo humano.

Ya en el terreno de las religiosida­des alternativas algunos dicen que da igual pertenecer a tal o cual iglesia, al fin y al cabo todas tienen un mismo origen y conducen a Dios. Otros fre­cuentan cursos de superación perso­nal aparentemente inofensivos, pero que van minando los principios funda­mentales de la fe.

La acción proselitista, que las sec­tas y nuevos grupos religiosos desa­rrollan en no pocas partes de México, es un grave obstáculo para el esfuer­zo evangelizador. La palabra "proseli­tismo" adquiere aquí su sentido nega­tivo porque estamos ante un modo de ganar adeptos no respetuoso de la li­bertad de aquellos a quienes se dirige su insidiosa propaganda religiosa. La Iglesia católica censura el proselitismo de las sectas y, por esta misma razón, en su acción evangelizadora excluye el recurso a semejantes métodos. Al proponer el Evangelio de Cristo en toda su integridad, la actividad evangelizadora ha de respetar el san­tuario de la conciencia de cada indivi­duo, en el que se desarrolla el diálogo decisivo, absolutamente personal, en­tre la gracia y la libertad del hombre.

Recordemos también que respecto a las religiones no cristianas la Igle­sia católica no rechaza nada de lo que en ellas pueda haber de verdadero y santo. Subraya los elementos de ver­dad dondequiera que puedan encon­trarse, pero a la vez testifica la nove­dad de la revelación de Cristo, custo­diada en su integridad por la Iglesia Católica.

Los avances proselitistas de las sec­tas y de los nuevos grupos religiosos no pueden contemplarse con indiferen­cia. Exigen un profundo estudio, para descubrir los motivos por los que no pocos católicos abandonan la Iglesia. Según un estudio realizado el año pa­sado por la Comisión Pontificia para América Latina se calcula que diaria­mente hay en América Latina un au­mento de poco más o menos 12 mil no católicos, es decir, 12 mil personas pasan a otro tipo de religiosidad alter­nativa. A la luz de sus conclusiones será oportuno hacer una revisión de los métodos pastorales emplea­dos, de modo que cada Iglesia particular ofrezca a los fie­les una atención religiosa más personalizada, consolide las estructu­ras de comunión y misión, y use las posibilidades evangelizadoras que ofrece una religiosidad popular purifi­cada, a fin de hacer más viva la fe de todos los católicos en Jesucristo, por la oración y la meditación de la pala­bra de Dios.

Por otra parte, como señala Iglesia en América, hay que preguntarse si una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materia­les de los destinatarios no termina por defraudar el hambre de Dios que tie­nen muchos contemporáneos, deján­dolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual.

Por eso, es indispensable que todos tengan contacto con Cristo mediante el anuncio kerigmático gozoso y transformante, especialmente a través de la predicación en la liturgia. Una Iglesia que viva intensamente la dimensión espiritual y contemplativa, y que se entregue generosamente al servicio de la caridad, será de manera cada vez más elocuente testigo creíble de Dios para los hombres y mujeres en su búsqueda de un sentido para la propia vida.

Es necesario que los fieles pasen de una fe rutinaria, quizás mantenida sólo por el ambiente o la tradición, a una fe consciente vivida personalmen­te. La renovación en la fe será siem­pre el mejor camino para conducir a todos a la Verdad que es Cristo.

Muchos católicos habiendo recibi­do el don de la fe en el bautismo, care­cen del sentido del encuentro perma­nente con Jesucristo vivo, no tienen una adecuada formación en la doctri­na cristiana y no participan de manera estable en la vida comunitaria eclesial y viven sin suficiente compromiso cris­tiano y social. Su fe es débil por insufi­ciencia del primer anuncio, por consi­guiente su testimonio como cristianos refleja la incoherencia entre la fe y la vida.

Hay quienes, especialmente los jó­venes que han perdido el sentido mis­mo de la fe y no tienen ya la compren­sión cristiana básica de la vida. Esta­mos en una etapa de fuerte búsqueda de sentido en la que aparecen tanto necesidades profundas de espirituali­dad y trascendencia como expresiones sincretistas neopaganas de religiosi­dad, supersticiones, consulta de los de astros, cultos esotéricos y hasta demoníacos. Ya no se sienten seguros de transitar por el camino de la verdad y abandonan la fe de sus padres recibida en el bautismo, porque nunca la hicieron propia y porque fas vicisitudes de su maduración personal en su inserción en el mundo, prevalecieron sobre su respuesta a la voz de la gracia.

Propuesta de solución

El paso a la conversión como la perseverancia en la fe, no es un logro personal ni una herencia familiar, es fruto de la respuesta a la acción interior de la gracia, es fruto de la respuesta generosa a la acción de Dios que nos atrae a su amor.

El abandono de la fe y el paso a las sectas es antes que nada expresión exterior del abandono de Dios, del Dios revelado en Jesucristo. Es expresión de muerte interior. Si muchos viven un catolicismo debilitado y frágil, por no decir endémico, ¿qué tiene de raro que sus blandos lazos con la Iglesia terminen por romperse. La vacuna contra las sectas es el compromiso con la propia fe.

Al decaimiento espiritual, a la desconfianza de la estructura histórica de la Iglesia y al menosprecio de lo institucional se suman tensiones con la autoridad y crisis de obediencia así como abandono de ciertos elementos esenciales de la fe debido a una formación superficial, a inseguridad doctrinal, así como a falta de asimilación y de síntesis y al ofuscamiento en algunos casos con relación al magisterio papal y episcopal dentro de la misma Iglesia.

Ligado a esta crisis de fe se cae en un cierto vaciamiento de lo sobrenatural y en lo moral falta lucidez en el análisis del propio comportamiento con los consiguientes desajustes personales y la relajación de la conciencia.

En realidad lo que padecen muchos católicos es crisis de identidad, no están bien ubicados en el seno de la Iglesia, nacieron en ella por casualidad y viven sin compromiso sin identificarse con su fe. Se quedan por rutina y están como si no estuvieran o se van a las sectas porque no tienen ningún arraigo en la fe. Son trashumantes de la fe y van de vacío en vacío, porque sólo en el Dios de Jesucristo está la respuesta a la vocación del hombre y al sentido de la vida. Las sectas no hacen mas que ocupar el vacío que les dejamos. Son los vacíos pastorales, allí donde no llega la acción evangelizadora de los agentes de pastoral. Esto es sin duda el mejor caldo de cultivo para las sectas fundamentalistas.

¿Qué hay que hacer? ¿Lamentar­se, desentenderse, cruzarse de bra­zos? Añorar mejores tiempos pasados es iluso. Hay que salvar ahora al hom­bre de ahora. Tampoco hoy la salva­ción es barata y como siempre exige compromiso con la fe, con propuestas tal vez simples pero concretas ancla­das en la realidad de lo posible.

Sin ser exhaustivos proponemos las siguientes, sin mayor comentario por­que se entienden por sí solas:

1. Fomentar el valor y la experiencia de la oración personal y co­munitaria como camino de conversión. Así como la ferviente y asidua parti­cipación litúrgica y sacramental. Debe surgir un encuentro personal con Cris­to que lleve a una auténtica conversión interior. El auténtico católico es aquel que da a Cristo a los demás, hay que transmitir una experiencia personal del Señor resucitado. No se puede ser evangelizador, sin antes ser evangelizado, no se puede ser maes­tro en la fe, si antes no soy discípulo; no se puede ser instrumento de con­versión si antes no hago una profunda experiencia de conversión.

2. Impulsar ampliamente el conocimiento y vivencia de la Sagra­da Escritura leída e interpretada den­tro de la fe viva de la Iglesia para que se convierta en alma de la nueva evan­gelización.

3. Implementar una catequesis progresiva, dinámica e integral a todos los niveles y etapas de desa­rrollo de los bautizados. En este senti­do tenemos que hacer nuestro el objetivo que los obispos nos marcan como prioritario para la catequesis de Méxi­co. Es decir dar más atención a la catequesis de adultos.

4. Aplicar métodos adecuados que respondan a los cambios sociales y a la realidad actual de nues­tro pueblo. Tenemos que tener el cora­je y la valentía de desechar métodos de evangelización que no convencen a nadie para adoptar metodologías más acordes con la forma de pensar y actuar del mundo moderno.

5. Vigilar por la pureza de la doc­trina y la unidad en la verdad, como lo recomienda el Apóstol Pablo. La fidelidad a la doctrina según el pen­samiento del Magisterio de la Iglesia es hoy por hoy uno de los retos más apremiantes ante el pluralismo de opi­niones cada vez más desatado.

6. No vender ni disimular la verdad por el deseo de agradar a los hombres (EN 78) a riesgo de deva­luar cruz de Cristo. Cualquier mutila­ción del Evangelio es una traición a Cristo y a su Iglesia. No olvidemos que nosotros somos servidores y ministros del único Evangelio de Jesucristo, no podemos inventar ni mutilar el mensa­je bimilenario de la Iglesia.

7. Es necesario que las familias que sean verdaderas Iglesias domésticas y se viva en su seno el ardor de la fe, se retorne a la dignidad del hombre y a la escuela del amor.

8. Trabajar con una intención y un programa de Evangelización bien claro y definido. No se trata de hacer algo de bien a las almas, de tra­bajar mas o menos con resultados concretos. No basta la buena intención. Hoy día tenemos que trabajar por la Iglesia de Cristo de forma profesional, organizada, con un programa ambicio­so de evangelización: trazar objetivos, analizar dificultades, planear estrate­gias, proponer soluciones, ponerlas en acción y evaluar los resultados.

9. Es indispensable proyectar a largo plazo y crear estructuras permanentes de Evangelización. El ocasionalismo no educa en la fe, no lleva a la madurez en la fe.

10. Finalmente poner de relieve el papel que María de Guadalupe, Madre de Dios y madre nuestra, ha desempeñado y sigue desempeñando en la Evangelización de nuestros pueblos, inculcando una devoción sólida en la imitación de sus virtudes y el aprendizaje de su fe. Ella es la Estrella de la primera Evangelización y también, como el Papa lo indica, es la Estrella de la Nueva Evangelización.


Conclusión

Estas son solo algunas sugerencias prácticas, la creatividad y el análisis de su propia realidad les ayudará a encontrar las más adecuadas a sus necesidades y a las características de su comunidad.

La Iglesia vive hoy en el centro de lo que Juan Pablo II llama "la lucha por el alma de este mundo". En su libro Cruzando el umbral de la esperanza describe así esa situación:

"...si de hecho, por un lado, en el mundo están presentes el Evangelio y la Evangelización, por el otro hay una poderosa antievangelización, que dispone de medios y programas, y se opone con gran fuerza al Evangelio y a la Evangelización. La lucha por el alma del mundo contemporáneo es enorme allí donde el espíritu de este mundo aparece más poderoso."
Cada uno de nosotros estamos llamados a que el alma de nuestro México siga siendo católica, estamos llamados a que nuestra identidad como pueblo y nación siga teniendo los valores evangélicos para que seamos, como tantas veces nos lo ha dicho Juan Pablo II, ¡México siempre fiel!

Fuente, Tiempos de Fe, Año 2 No. 11, Julio - Agosto 2000

Fuente católicodefiendetufe

Visítanos en Facebook y conoce todas las noticias del mundo Católico de actualidad.

https://www.facebook.com/catholicmagazine.net/

CATHOLIC MAGAZINE depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo nuestra fe Católica, la cultura de la vida, la familia y la libertad de fe. AGRADECEMOS SU DONATIVO, DIOS LE BENDIGA

GRACIAS MIL

NOTA IMPORTANTE: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

Nuestros artículos están hechos para la evangelización y difusión de la verdadera fe católica y pueden ser, usados, compartidos o publicados libremente en distintas páginas o foros, sin fines de lucro, siempre que se haga mención del autor del artículo, los créditos debidos y el nombre de ésta página, CATHOLIC MAGAZINE. 


lunes, 11 de mayo de 2020

¿Cuál es el peligro de la magia blanca y las supersticiones ?


¿CUÁL ES EL PELIGRO DE LA MAGIA BLANCA Y LAS SUPERSTICIONES?
Por: Padre Modesto Lule Zalava M.S.P.

La magia siempre es magia y tiene complicidad con el demonio, siempre interviene una potencia externa que no es Dios.

Algunas personas me han preguntado que si es malo acudir a la magia blanca cuando les han dicho que les hicieron un maleficio, un embrujo o les han hecho mal de ojo. Piensan que acudir a la llamada magia blanca puede ayudarles a deshacer el embrujo de la magia negra. A continuación decimos lo que dice un experto en el tema.

El exorcista canadiense, P. Françoise-Marie Dermine, advirtió a los católicos que creer en supersticiones y usar la magia para solucionar los problemas, es en el fondo confiar más en el demonio que en la Providencia de Dios.

El sacerdote dijo: "La superstición abre las puertas a la magia, y la magia abre las puertas al demonio, porque cuando una persona recurre a la magia no tiene confianza en Dios, piensa que Él no puede darle lo que quiere, entonces acude a los brujos para lograrlo".

"Lo que no saben -añadió el sacerdote exorcista- es que el brujo realiza ritos y emplea signos de los cuales el demonio se sirve para hacer su voluntad".

El sacerdote, explicó que la superstición nace de la falta de fe, pero "también puede deberse a causas psicológicas ocasionadas por carencias afectivas en la infancia, porque cuando una persona no se siente amada por sus padres, empieza a buscar protección en el mundo mágico".

Sin embargo, advirtió que "la magia siempre es magia y tiene complicidad con el demonio, siempre interviene una potencia externa que no es Dios, y esto no trae nada bueno, es contraproducente porque quizás sí obtengas lo que quieres, pero hay un después, y el demonio te cobra lo que tú le pediste".

Asimismo, indicó que una superstición es también otorgar a un santo más poder que Dios, "por ejemplo, cuando una persona enciende una veladora a san Benito y lleva como amuleto una medalla con su imagen, pero sigue viviendo una vida desordenada, eso no sirve de nada".

El exorcista explicó que hay supersticiones pasivas y activas, que son más graves porque tienen el propósito de provocar un efecto, como creer en ídolos, atribuir al demonio el mismo poder de Dios o creer que el diablo es la causa ordinaria y constante de fenómenos que no podemos comprender.

El P. Dermine también advirtió a los católicos sobre el engaño que hacen los brujos al utilizar imágenes de santos o de la Virgen de Guadalupe para tranquilizar a las personas que llegan a solicitar sus servicios. También algo grave es cuando se utiliza a los sacramentales como amuletos, por ejemplo el agua bendita, las palmas o cualquier otro objeto que se haya bendecido. Dijo que es lícito acudir a los sacramentales siempre que lo hagan con fe, pero si es por superstición o para obtener poder, no está bien. Hay personas que usan los sacramentales pero no están en paz con Dios, no quieren cambiar su estilo de vida, no van a Misa, no cumplen con las enseñanzas del Evangelio.

Finalmente, exhortó a los católicos a estar en guardia y no creer en amuletos, pues "si tuvieran fe, más confianza en Dios, todo esto no existiría. Está claro que en la vida hay problemas y dificultades, Jesús habla de que en esta vida vamos a tener afanes, dificultades, que hay una cruz que cargar".

Pero al mismo tiempo, explica el sacerdote, Jesucristo "nos dice que, tener confianza en que Dios está presente, nos da la fuerza espiritual para enfrentar con cualquier dificultad".

Mucho cuidado con los engaños del enemigo de Dios. No existe una magina buena o blanca para remediar los males de la magia negra. Todas son iguales y lo único que hacen es tener un encuentro con el demonio en diferente forma.

Fuente católicodefiendetufe

Visítanos en Facebook y conoce todas las noticias del mundo Católico de actualidad.

https://www.facebook.com/catholicmagazine.net/

CATHOLIC MAGAZINE depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo nuestra fe Católica, la cultura de la vida, la familia y la libertad de fe. AGRADECEMOS SU DONATIVO, DIOS LE BENDIGA

GRACIAS MIL

NOTA IMPORTANTE: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

Nuestros artículos están hechos para la evangelización y difusión de la verdadera fe católica y pueden ser, usados, compartidos o publicados libremente en distintas páginas o foros, sin fines de lucro, siempre que se haga mención del autor del artículo, los créditos debidos y el nombre de ésta página, CATHOLIC MAGAZINE.


viernes, 20 de marzo de 2020

Por qué África va a salvar al Cristianismo del peligro de extinción en el siglo XXI

Así será el número de cristianos en 2050 / AMB 
POR QUÉ ÁFRICA VA A SALVAR AL CRISTIANISMO DEL PELIGRO DE EXTINCIÓN EN EL SIGLO XXI
Por Javier Lozano

Mientras Europa languidece África florece. Cuando muchos dicen que el cristianismo está en vía de extinción la realidad es que no para de multiplicar el número de fieles. Pero el futuro para los cristianos está en África, el llamado continente de la esperanza.

Desde hace décadas se viene anunciando una inminente defunción del cristianismo, una muerte lenta por la falta de fieles. Sin embargo, la realidad dista mucho de este mito que suele ser muy recurrente en Occidente, donde la secularización sí que es preocupante. Pero lo que ha ocurrido es que el foco del cristianismo se está trasladando a otras latitudes como ya pasó en los primeros siglos de nuestra era.

Y el futuro del cristianismo no está evidentemente en Europa sino que vuelve a África como en tiempos de San Agustín cuando el norte de este continente era un auténtico vergel para los seguidores de Cristo.

El sociólogo norteamericano Phillip Jenkins ha realizado un interesante análisis en The Catholic Herald sobre la evolución del cristianismo donde desmonta el mito de que esta religión tiene fecha de caducidad.

Y es que los datos hablan por sí solos. En estos momentos hay el doble de católicos que hace 45 años y serán aún muchos más dentro de poco más de tres décadas.

La esperanza para la Iglesia Católica, pero también para el resto del cristianismo, deben estar puestas en África. En apenas tres décadas será el Continente con más cristianos del mundo y sólo en esta parte del mundo habrá más católicos que en el resto del planeta.

Una de las claves de este fulgurante crecimiento ya lo explicó el Papa Francisco. Hoy en día existe “una colonización ideológica” que pretende destruir la familia y también la fe.

África se está resistiendo más que ninguna otra parte del mundo y por ello allí existe un cristianismo vivo que sobrevive a ideologías perversas, al islamismo, al hambre, a las guerras o a la enfermedad.

Cardenal Robert Sarah: “Estoy seguro que África salvará a la familia, África salvará a la Iglesia”

El cardenal guineano Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ya lanzó una profecía al afirmar: “Tengo confianza absoluta en la cultura africana, tengo una fe absoluta en la fe africana y estoy seguro que África salvará a la familia, África salvará a la Iglesia. África ha salvado la Sagrada Familia, y en estos tiempos modernos salvará también a la familia humana”.

Basta ver la evolución que, por ejemplo, ha experimentado el catolicismo. De 437 millones de personas en 1950, 650 en 1970 y actualmente la cifra ronda los 1.200 millones. Y para 2050 se espera que haya 1.600 millones de católicos. Algo parecido ocurre con otras confesiones cristianas.

Mención especial merece el caso de África puesto que en 1900 apenas había 10 millones de cristianos de todas las denominaciones. Apenas un siglo después hay más de 500 millones y en 2050 superarán los 1.100 millones de cristianos.

Este espectacular cambio viene marcado principalmente por dos aspectos: los cambios demográficos y el gran número de conversiones.

En 1900 había tres europeos por cada africano mientras que en 2050 habrá tres africanos por cada europeo

África es el continente del futuro pues Europa va poco a poco muriendo. En 1900 había tres europeos por cada africano mientras que en 2050 habrá tres africanos por cada europeo.

Esta expansión se debe también a las conversiones en masa. El sociólogo Jenkins explica también la importancia de las conversiones pues durante el siglo XX el 40% de la poblacion africana cambió la religión tradicional africana por el cristianismo.

Desglosando los datos de la Iglesia Católica el caso de África es todavía más espectacular. A comienzos del siglo XX apenas había dos millones de católicos. Ese número aumentó a 130 millones a final del siglo y llegando a 200 en la actualidad. Y para 2040 la previsión es que sean ya 460 millones.

En 2030 África ya superará a Europa en número de católicos y poco después adelantará a América Latina convirtiéndose en el continente más católico del mundo. Con lo que se cumplirán las palabras del cardenal Sarah sobre quién salvaría a la Iglesia.

De este modo, en poco años la lista de los diez países más católicos del mundo tendrá varios países africanos en los que al inicio del siglo XX apenas el catolicismo era algo prácticamente nuevo. Y hablamos de países como Nigeria, Uganda, Tanzania o la República Democrática del Congo.

El futuro del cristianismo es, por tanto, negro. El África subsahariana tendrá mucho que decir a partir de ahora en la Iglesia Católica.


Visítanos en Facebook y conoce todas las noticias del mundo Católico de actualidad.

https://www.facebook.com/catholicmagazine.net/

CATHOLIC MAGAZINE depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo nuestra fe Católica, la cultura de la vida, la familia y la libertad de fe. AGRADECEMOS SU DONATIVO, DIOS LE BENDIGA

GRACIAS MIL

NOTA IMPORTANTE: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

Nuestros artículos están hechos para la evangelización y difusión de la verdadera fe católica y pueden ser, usados, compartidos o publicados libremente en distintas páginas o foros, sin fines de lucro, siempre que se haga mención del autor del artículo, los créditos debidos y el nombre de ésta página, CATHOLIC MAGAZINE. 


martes, 4 de febrero de 2020

Peligro que corre el pecador que tarda en convertirse


PELIGRO QUE CORRE EL PECADOR QUE TARDA EN CONVERTIRSE

Por San Alfonso María de Ligorio

Domine, filia mea modo defunca est. «Señor, una hija mía acaba de morir». (Matth. IX, 18)

¡Cuán bueno es Dios! Si hubiésemos de obtener el perdón de parte de un hombre que tuviese de nosotros algún motivo de queja, ¡cuántos disgustos tendríamos que sufrir! No sucede esto de parte de Dios. Cuando un pecador se humilla y se postra y le abraza, según aquéllas palabras de Zacarías: «Convertíos a mí, dice el Señor de los ejércitos y yo me convertiré a vosotros. (Zach. I, 3). Pecadores, dice el Señor: si yo os volví las espaldas es porque vosotros me las volvisteis primero. Tornad a mí, y yo tornaré a vosotros y os ofreceré mis brazos. Cuando el profeta Natán reprendió a David de su pecado, éste exclamó: Peccavi Domine: «He pecado contra el Señor»; y Dios le perdonó inmediatamente, como le anunció el profeta por estas palabras: Dominus quoque transtulit peccatum tuum(II. Reg. XII, 13). Pero vengamos al Evangelio de hoy, en el que se refiere, que cierto príncipe, cuya hija acababa de morir, recurrió inmediatamente a Jesucristo, suplicándole que le restituyese la vida: «Señor, -le dijo-, mi hija acaba de morir, pero ven tu a mi casa, pon la mano sobre ella, y vivirá». Explicando este texto San Buenaventura, se vuelve hacia el pecador y le dice: Tu hija quiere decir tu alma, que ha muerto por la culpa; conviértete presto. Amados oyentes míos, esa hija es vuestra alma que ha muerto por el pecado; convertíos a Dios; más hacedlo presto, porque si tardáis y diferís la conversión de día en día, la cólera celeste caerá sobre vosotros, y seréis precipitados al Infierno. Este es el objeto de la presente plática. En él os haré ver:

El peligro que corre el pecador que tarda en convertirse.

El remedio que debe emplear el pecador que quiere salvarse.

- Punto I

PELIGRO QUE CORRE EL PECADOR QUE TARDA EN CONVERTIRSE.

1. San Agustín dice, que hay tres especies de cristianos. Los primeros son aquellos que han conservado su inocencia después del bautismo. Los segundos, los que después de haber pecado se convirtieron, y perseveraron en estado de gracia. Y los terceros pertenecen todos aquellos que cayeron y recayeron en el pecado, y llegan a este estado a la hora de la muerte. Hablando de los primeros y de los segundos, asegura que se salvarán, más en cuanto a los terceros, dice que nada presume y que nada promete; y por estas palabras da claramente a entender, que es muy difícil que se salven. Santo Tomás enseña, que el que está en pecado mortal no puede vivir sin cometer otros pecados. Y antes que él lo dijo San Gregorio: «El pecado que no se borra con la penitencia arrastra a otro pecado con su misma malicia; de donde resulta, que no solamente es pecado, sino causa del pecado»(san Greg. I. 3, Mor. c. 9). Y conforme San Antonino con esta idea, dice: que aún cuando el pecador conozca el bien que es estar en gracia de Dios, sin embargo, como se halla privado de ella siempre recae, por más que se esfuerce por no recaer. ¿Y cómo podrá dar fruto el sarmiento que está separado de la vid? Pues todos los hombres que se hallan en pecado, son otros tantos sarmientos de la vid, esto es de Jesucristo. Por esta razón nos dice el Señor: «Al modo que el sarmiento no puede de suyo producir el fruto, si no está unido con la vid; así tampoco vosotros, si no estáis unidos conmigo por la gracia». (Joann. XV, 4).

2. Pero yo, dicen algunos jóvenes, quiero consagrarme presto al servicio de Dios. Esta es la falsa esperanza de los pecadores, que los conduce a vivir en pecado hasta la muerte, y luego al Infierno. Tú, que dices que luego te convertirás a Dios, respóndeme: ¿Quién te asegura que tendrás tiempo para hacerlo, y que no te sorprenderá una muerte repentina que te arrebate del mundo antes de poder practicarlo? Esta posibilidad manifiesta San Gregorio (Hom. 12 in Evang.), donde dice: «El Señor que prometió el perdón al que se arrepiente de su culpa, no prometió conceder tiempo para convertirse al que quiere perseverar en el pecado». Asegura el pecador que se convertirá después; pero Jesucristo afirma, que no nos corresponde a nosotros el saber los tiempos y momentos que Dios tiene reservados a su poder soberano. San Lucas escribe que nuestro divino Salvador vio una higuera que no había dado fruto en tres años seguidos. (Luc. XIII, 7). Por lo cual dijo al que cultivaba la viña : «Córtala; ¿para que ha de ocupar terreno en balde?» (Ibid). Tú pecador, que dices que después te dedicarás al servicio de Dios, respóndeme: ¿para que te conserva vivo el Señor? ¿Acaso para que sigas pecando? No, sino para que abandones el pecado y hagas penitencia. (Rom. II, 4). Y ya que no quieres enmendarte, diciendo que después lo harás, teme no sea que diga el Señor: Córtale; pues ¿para que ha de vivir en la tierra? ¿Acaso para seguir ofendiéndome? ¡Ea! Cortadle presto y echadle al fuego, porque es árbol que no da fruto. Omnis ergo arbor, quæ non facit fructum bonum, excidetur, et in ignem mittetur. (Matth. III, 10).

3. Más supongamos que el Señor te dé tiempo para convertirte; si no lo haces ahora, ¿lo harás acaso después? Sepas que los pecados son otras tantas cadenas que sujetan al pecador, y le impiden entrar por el camino de la gracia. Hermano mío, si no puedes romper las cadenas que te atan al presente, ¿podrás por ventura, romperlas después, cuando sean más fuertes por los nuevos pecados que cometas? Esto mismo demostró el Señor un día al abad Arsenio, como se refiere en las Vidas de los Padres. Para darle a entender a dónde llega la locura de los que dilatan la penitencia, le hizo ver un etíope que no pudiendo levantar del suelo un haz de leña, el seguía aumentándolo; por lo cual le era imposible levantarlo. Y luego le dijo: Lo mismo hacen los pecadores: desean verse libres de los pecados cometidos, y cometen otros nuevos. Estos nuevos pecados los inducen luego a cometer otros de mayor malicia, y en mayor número. Vemos el ejemplo de esto en Caín, que, primeramente, tuvo envidia a su hermano Abel, luego le aborreció, después le mató, y últimamente, desesperó de la divina misericordia, diciendo: «Mi iniquidad es tan grande, que no merece perdón». (Gen. IV, 13). Del mismo modo Judas, primeramente, cometió pecado de avaricia, después entregó a Jesucristo, y, últimamente, se quitó la vida. Todos estos efectos son del pecado; porque atan al pecador, y le esclavizan de tal modo, que el desgraciado conoce su ruina y la busca: Iniquitates suæ capiunt impium. (Prov. v, 22).

4. Los pecados, además, agravan tanto al pecador, que no le permiten pensar en el Cielo ni en su salvación eterna. Dominado de esta idea David, exclamaba: «Mis maldades sobrepujan por encima de mi cabeza, y como una carga pesada, me tienen agobiado». (Psal. XXXVII, 5). Viéndose en semejante estado el desgraciado pecador, pierde el uso de la razón, no piensa sino en los bienes de la tierra, y se olvida del juicio divino, como dice Daniel (13, 9), por estas palabras: «Perdieron el juicio, y desviaron sus ojos para no mirar al Cielo, y para no acordarse de los justos juicios del Señor». Su ceguedad llega hasta el punto de odiar la luz temiendo que la luz turbe sus indignos placeres; porque quien obra mal, aborrece la luz, como dice San Juan (III, 20): Qui male agit, odit lucem. De esta ceguedad dimana, que estando sin vista estos infelices, andan de pecado en pecado, y todo lo desprecian: amonestaciones, divinas inspiraciones, Infierno, Gloria y al mismo Dios. Porque como se lee en los Proverbios: «De nada ya hace caso el impío cuando ha caído en el abismo de los pecados». (Proverb. XVIII, 3).

5. Dice Job (16, 15) : «Me ha despedazado con heridas sobre heridas; el cual gigante se ha arrojado sobre mí». Cuando el hombre vence una tentación, adquiere mayor fuerza para vencer la segunda, y el demonio la pierde. Pero, al contrario; cuando cede a la tentación, el demonio adquiere fuerzas de gigante, y el hombre queda tan debilitado, que no tiene fuerzas para resistirlo. Al sentirse uno herido de la mano del enemigo, le faltan las fuerzas; si luego recibe otra, queda tan debilitado, que ni siquiera podrá defenderse. Pues esto mismo sucede a los necios que dicen: Después me dedicaré al servicio de Dios. ¿Cómo han de poder resistir al demonio, después que hayan perdido las fuerzas y se hayan gangrenado sus heridas? Con razón clamaba el real Profeta, diciendo: «Enconáronse y corrompiéron se mis llagas a causa de mi necedad». (Psal. XXXVII, 6). En un principio es cosa fácil curar las llagas; pero, después que se han gragrenado, es cosa muy difícil, porque entonces es preciso aplicarles el fuego; y aún con esta medicina, hay muchas personas que no curan.

6. Más, dirá alguno: San Pablo dice: que Dios quiere que todos se salven: Omnes homines vult salvos fieri. (I. Tim. I, 15). Y Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, como lo asegura el mismo Apóstol: Christus Jesus venit in hunc mundum peccatores salvos facere. (I, Tim. I, 15). He aquí la contestación: Sí; Dios quiere que todos los hombres se salven; ¿quién lo niega? Pero aquellos que quieren salvarse; más no aquellos que quieren su condenación. También es verdad, que Jesucristo vino a salvar a los pecadores; más no a pecadores obstinados que aman el pecado y desprecia a Dios. Para salvarnos necesitamos dos cosas: la primera, la gracia de Dios; la segunda, nuestra cooperación. Por esta razón dice el Señor: «Yo estoy a la puerta de vuestro corazón, y llamo: si alguno escuchase mi voz y me abriere la puerta, entraré en él». (Apoc. III, 20). Luego , para que la gracia de Dios entre en nosotros, es necesario que obedezcamos a su voz y le demos entrada a nuestra salvación con temor y temblor. Con estas palabras nos manifiesta, que debemos contribuir con nuestras buenas obras al logro de nuestra salvación; porque, de otro modo, el Señor nos dará sólo la gracia suficiente y no la eficaz, sin la cual, como dicen los teólogos, no nos salvaremos. Y la razón de esta conducta es la siguiente: El que esté en pecado y sigue pecando, cuanto más apego tiene a la carne, más se aleja de Dios. ¿Cómo, pues, puede Dios acercársenos con su gracia, cuando nosotros nos estamos alejando más de Dios por el pecado? Es claro que entonces Dios se retira de nosotros, y cierra la mano que antes tenía abierta para dispensarnos mercedes; lo cual confirma el mismo Dios por el profeta Isaías con estas palabras: «Y dejaré que se convierta la tierra en un erial, y mandaré a las nubes que no lluevan gota sobre ella». (Isa. V, 6). Esta tierra es el alma del pecador que Dios va abandonando; y las nubes son sus inspiraciones y su gracia que fecundan nuestras almas, así como el agua de las nubes fecundiza la tierra. Cuando el alma sigue ofendiendo a Dios, el Señor la abandona y le niega sus auxilios. Entonces la desgraciada carece del remordimiento de la conciencia y de la luz, y se aumenta su ceguedad y la dureza de su corazón; y, finalmente, se hace insensible a las divinas inspiraciones y a las máximas evangélicas, y sigue los funestos ejemplos de otras almas rebeldes como ella, que fueron por sus pecados a parar en el abismo del Infierno.

7. A pesar de todo esto, el pecador obstinado suele decir: Más ¿Quién sabe si Dios se apiadará de mí, como ya lo ha hecho con otros grandes pecadores? Pero a esta pregunta responde San Juan Crisóstomo de este modo: «Dices, que quizá se apiadará. ¿Porqué dices quizá? Es cierto que sucede alguna vez; pero piensa que tratas de la salvación de tu alma». (S. Joan Crysost. Hom. 22, in 2 Cor.) Es cierto digo yo también, que Dios ha salvado a grandes pecadores por medio de ciertas gracias extraordinarias; pero estos son casos rarísimos, son prodigios y milagros de la gracia, con los cuales ha querido Dios demostrar a los pecadores la grandeza de su misericordia. Y, regularmente, con aquellos pecadores indecisos que no acaban a determinarse, se determina el mismo Dios a enviarlos al Infierno, con arreglo a las amenazas que les ha hecho Dios tantas veces, como consta en la Sagrada Escritura. Dice el Señor: «Menospreciasteis todos mis consejos y ningún caso hicisteis de mis reprensiones: yo también miraré con risa vuestra perdición a la hora de la muerte». (Prov. I, 25 et 26). Y en el v. 28 añade: «Entonces me invocarán, y no les oiré». Dios sufre las ofensas, más no las sufre siempre; y cuando llega el momento de castigarlas, castiga las pasadas y las presentes.

8. Empero, Dios está lleno de misericordia, dice el pecador. Cierto que está lleno de misericordia; pero no obra sin razón ni juicio. El usar siempre de misericordia con el que quiere seguir ofendiéndole, no sería bondad en Dios, sino estupidez. Y el Señor dice por San Mateo (XX, 15): «¿Has de ser tu malo porque yo soy bueno?». El Señor realmente es bueno, pero también es justo, y por lo mismo nos exhorta a que observemos sus mandamientos si queremos salvarnos.Si Dios tuviese misericordia de los buenos y de los malos, de modo, que concediese la gracia de convertirse indistintamente a todos antes de morir, esta manera de obrar sería hasta para los buenos una grande tentación de perseverar en el pecado. Más no lo hace así; sino que cuando ha apurado su misericordia, castiga y no perdona. «En el invierno no se puede trabajar por el frío, y el sábado porque lo prohíbe la ley». Las palabras de San Mateo significan que vendrá tiempo para los pecadores impenitentes, que querrán dedicarse al servicio de Dios, y se lo impedirán sus malos hábitos.

Punto II

REMEDIO PARA SALVARSE EL QUE SE HALLA EN PECADO.

9. Preguntó uno a Jesucristo, cuando iba enseñando por las ciudades y aldeas de camino para Jerusalén: Señor, ¿Es verdad que son pocos los que se salvan? Él en respuesta, dijo a los oyentes: «Procurad entrar por la puerta angosta; porque os aseguro que muchos buscarán como entrar, y no podrán». (Luc. XIII, 23 et 24). Dice el Señor por estas palabras, que muchos quieren entrar en el Cielo, más no entran. ¿Y porqué no entran? porque quieren entrar sin incomodidad, y sin hacerse violencia para abstenerse de los placeres. La puerta del Cielo es angosta, y es menester fatigarse y esforzarse para entrar en ella. Y debemos persuadirnos, que no siempre podremos hacer mañana lo que podremos hacer hoy. El no creer esta verdad es lo que conduce a tantas almas al Infierno. El alma que hoy es fuerte, mañana será más débil, como hemos dicho antes, estará más obcecada y más dura, le faltarán los auxilios divinos; y de este modo morirá en su pecado. Puesto que conoces, ¡Oh pecador! que es necesario dejar el pecado para salvarte, ¿porqué no lo dejas en el instante que Dios te llama? Si le has de dejar alguna vez, decía San Agustín, ¿Por qué no le dejas ahora? La ocasión que tienes al presente de poner remedio a tu mala vida, quizá no la tendrás después; y aquella misericordia que Dios usa ahora contigo, quizá no la usará mañana. Por tanto, si quieres salvarte, haz presto lo que tendrías que hacer tarde. Confiésate cuanto antes puedas, y teme que cualquier tardanza puede causar la ruina de tu alma.

10. Escribe San Fulgencio: Si estuvieses enfermo, y el médico te ofreciese un remedio seguro para sanarte, ¿dirías acaso entonces, no quiero sanar ahora porque espero sanar mañana? Y cuando se trata de la salud del alma, ¿hemos de querer perseverar en el pecado, diciendo: espero que Dios también será misericordioso conmigo mañana? Y si el Señor no quiere serlo mañana por sus altos juicios, ¿Cuál será tu muerte? ¿No quedarás condenado para siempre? He ahí porqué nos dice el Apóstol, que obremos el bien mientras tenemos el tiempo. Y por lo mismo nos exhorta el Señor a estar en vela y defensa de nuestras almas, «porque no sabemos cuando ha de venir a tomarnos cuenta de nuestra vida». (Matth. XXV, 13).

11. «Tengo siempre mi alma en la mano en un hilo», decía el real Profeta. El que lleva en un dedo un diamante de gran valor, mira en cuando su mano para asegurarse si está allí el diamante. Pues el mismo cuidado debemos tener de nuestra alma, que es el diamante más precioso que poseemos. Y si por desgracia la perdemos por algún pecado, debemos tomar inmediatamente todas las medidas para recobrarla, recurriendo a nuestro divino Salvador, como lo hizo la Magdalena, que corrió a postrarse a los pies de Jesucristo, luego que conoció el estado en que se hallaba, y lloró hasta obtener el perdón. Escribe San Lucas:Jam enim securis ad radicem arborum posita est. (Luc. III, 9). Sabed, pecadores, que la segur de la justicia divina esta amenazando al que vive en pecado. Temblad del golpe que va a descargar su venganza. Pero al mismo tiempo, alentaos almas cristianas; y si os domina algún mal hábito romper sin tardanza sus ligaduras, y no seáis esclavas del demonio. «¡Oh hija de Sión, que vives cautiva! -dice Isaías a las almas de los pecadores-, sacude de tu cuello el yugo». (Isa. LII, 2).

Y San Ambrosio añade: «Has puesto el pie sobre la boca del volcán, que es el pecado que conduce a la puerta del Infierno; levántate y retrocede; porque de otro modo caerás en un abismo de donde no podrás salir».

Yo tengo un mal hábito que me domina, exclama el pecador. Pero si tu quieres dejar el pecado, ¿Quién te obligará a pecar? Todos los malos hábitos y todas las tentaciones del Infierno se vencen con la gracia de Dios. Encomiéndate a Jesucristo, pídele su amparo, y Él te dará fuerzas para vencer. Cuando, empero, te veas en alguna ocasión próxima de pecar, es necesario que se evite prontamente, porque, de otro modo, volverás a caer.

San Jerónimo dice: que no debemos detenernos a desatar la tentación, sino que debemos cortarla de un golpe: Potius præscinde, quam solve. Ve presto, hermano mío, a buscar un confesor, y él te dirá lo que debes practicar. Y si por desgracia cometieses después algún pecado mortal, confiésale aquél mismo día, o aquella noche si puedes. Escucha, finalmente, lo que ahora te digo: Dios está dispuesto a socorrerte, y tu salvación depende de tí. Tiembla, pues ¡Oh Cristiano! porque estas palabras mías te atormentarán como otras tantas espadas por toda la eternidad en el Infierno si ahora las desprecias.

Fuente católicodefiendetufe

Visítanos en Facebook y conoce todas las noticias del mundo Católico de actualidad.

https://www.facebook.com/catholicmagazine.net/

CATHOLIC MAGAZINE depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo nuestra fe Católica, la cultura de la vida, la familia y la libertad de fe. AGRADECEMOS SU DONATIVO, DIOS LE BENDIGA

GRACIAS MIL

NOTA IMPORTANTE: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

Nuestros artículos están hechos para la evangelización y difusión de la verdadera fe católica y pueden ser, usados, compartidos o publicados libremente en distintas páginas o foros, sin fines de lucro, siempre que se haga mención del autor del artículo, los créditos debidos y el nombre de ésta página, CATHOLIC MAGAZINE.


viernes, 17 de enero de 2020

Salmos para cada ocasión: en el peligro, sufrimiento, dificultad, tristezas


SALMOS PARA CADA OCASIÓN: EN EL PELIGRO, SUFRIMIENTO, DIFICULTAD, TRISTEZAS

Por Padre Evaristo Sada LC

Jesucristo aprendió a orar con los salmos, también María y San Pablo. El Espíritu Santo nos enseña a orar con los salmos.

¿Pedagogía de la oración?: Los salmos. El Espíritu Santo nos enseña a orar con los salmos: pone en boca de hombres lo que quiere que le digamos y así nos enseña a orar.

Jesucristo aprendió a orar con los salmos, también María y San Pablo. Los Salmos han sido escuela de oración por siglos para multitud de creyentes.

Con frecuencia no sabemos poner palabras a lo que nos sucede. Tampoco sabemos cómo reaccionar en determinadas situaciones y cómo decírselo a Dios.

Los Salmos nos enseñan a hacerlo. Son oraciones de hombres que vivieron experiencias como las que nosotros vivimos y que nos enseñan a adoptar las actitudes convenientes, sobre todo en nuestra relación con Dios.

Dios mismo inspiró a los salmistas las palabras y los sentimientos con que deberían dirigirse a Él, para que sus oraciones quedaran como andadera del orante. Decía San Agustín:

"Para que el hombre alabara dignamente a Dios, Dios se alabó a sí mismo; y, porque se dignó alabarse, por esto el hombre halló el modo de alabarlo."

Cuántas veces podemos pensar: "no sé orar". "No oro bien". "No sé si a Dios le agrada mi oración".

Dios mismo quiso salir al paso de nuestra pobreza. Nos enseña a orar con palabras sencillas del modo más perfecto: dejando que la Palabra de Dios se haga vida de nuestra vida.

¡Cómo no vamos a agradarle a Dios si le dirigimos, totalmente encarnadas y desde lo más profundo de nuestro corazón, la misma Palabra con la que Él se nos ha revelado!

Me vienen ahora a la mente estos números del Catecismo que nos pueden ayudar:

"Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor" (Ef 5, 19; Col 3, 16). Como los autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen también himnos y cánticos a partir del acontecimiento inaudito que Dios ha realizado en su Hijo: su encarnación, su muerte vencedora de la muerte, su resurrección y su ascensión a su derecha (cf Flp 2, 6-11; Col 1, 15-20; Ef 5, 14; 1 Tm 3, 16; 6, 15-16; 2 Tm 2, 11-13). De esta "maravilla" de toda la Economía de la salvación brota la doxología, la alabanza a Dios (cf Ef 1, 3-14; Rm 16, 25-27; Ef 3, 20-21; Judas 24-25). (Catecismo, 2641)

Por medio de su Palabra, Dios habla al hombre. Por medio de palabras, mentales o vocales, nuestra oración toma cuerpo. Pero lo más importante es la presencia del corazón ante Aquél a quien hablamos en la oración.

"Que nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas" (San Juan Crisóstomo, De Anna, sermo 2, 2). (Catecismo, 2700)

Algo tan sencillo como memorizar algunas frases está al alcance de todos.

He seleccionado algunas oraciones extraídas de los salmos que tal vez quieras apropiar y aprender para decírselas a Dios en momentos semejantes, como lo hizo el mismo Jesucristo cuando exclamó desde la cruz:

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Salmo 21)

CUANDO SIENTAS DESEO DE DIOS 

Señor, mi alma tiene sed de ti (Salmo 63)

A ti, Señor, levanto mi alma (Salmo 25)

Una cosa estoy buscando: morar en tu casa todos los días de mi vida (Salmo 27)

Tu rostro busco, Señor. No me ocultes tu rostro (Salmo 27)

Como anhela la cierva corrientes de agua, así mi alma te anhela a ti, Dios mío. (Salmo 42)

Cuando quieras darle gracias y bendecirle

¿Cómo te pagaré todo el bien que me has hecho? (Salmo 115)

La misericordia del Señor es eterna (Salmo 103)

Dad gracias al Dios de los cielos, porque es eterno su amor (Salmo 136)

Me has tejido en el vientre de mi madre; te doy gracias por tantas maravillas (Salmo 139)

Todo ser que alienta, alabe al Señor (Salmo 150)

CUANDO QUIERAS CONFIRMARLE TU CONFIANZA

El Señor es mi Pastor, nada me falta (Salmo 23)

Sólo en Dios he puesto mi confianza (Salmo 62)

Tú me conoces y me amas (Salmo 91)

Mi corazón está firme en el Señor (Salmo 107)

¿A dónde iré lejos de tu espíritu, a dónde podré huir de tu rostro? (Salmo 139)

CUANDO NECESITAS SU AYUDA

Señor, apiádate de mí. (Salmo 57)

Acuérdate, Señor, que tu amor y tu ternura son eternos (Salmo 25)

Cuando acudí al Señor me hizo caso (Salmo 34)

PARA CUANDO ESTÉS EN PECADO 

Sáname, Señor, he pecado contra ti (Salmo 41)

Crea en mí, Señor, un corazón puro (Salmo 51)

Dios salva al que cumple su voluntad (Salmo 50)

EN LA DIFICULTAD 

Señor, tú eres mi esperanza (Salmo 71)

Guarda mi alma en la paz, junto a ti Señor (Salmo 130)

En ti descargo lo que me agobia ( Salmo 55)

Sálvame, Señor, las aguas me llegan hasta el cuello. (Salmo 69)

EN EL SUFRIMIENTO

El Señor sana los corazones quebrantados (Salmo 147)

Sufrir fue provechoso para mí (Salmo 119)

Desahoga tu corazón en su presencia (Salmo 62)

En tus angustias estaré contigo (Salmo 91)

EN EL PELIGRO

Señor, tú eres mi refugio (Salmo 90)

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? El Señor es el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar? (Salmo 27)

Ten piedad de mí, ¡respóndeme! (Salmo 27)

EN LA TRISTEZA

Señor, que tu amor me consuele (Salmo 119)

En ti busco mi alegría (Salmo 37)

Fuente católicodefiendetufe

Visítanos en Facebook y conoce todas las noticias del mundo Católico de actualidad.

https://www.facebook.com/catholicmagazine.net/

CATHOLIC MAGAZINE depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo nuestra fe Católica, la cultura de la vida, la familia y la libertad de fe. AGRADECEMOS SU DONATIVO, DIOS LE BENDIGA

GRACIAS MIL

NOTA IMPORTANTE: La publicidad que aparece en este portal es gestionada por Google y varía en función del país, idioma e intereses y puede relacionarse con la navegación que ha tenido el usuario en sus últimos días.

Nuestros artículos están hechos para la evangelización y difusión de la verdadera fe católica y pueden ser, usados, compartidos o publicados libremente en distintas páginas o foros, sin fines de lucro, siempre que se haga mención del autor del artículo, los créditos debidos y el nombre de ésta página, CATHOLIC MAGAZINE. 



BÚSQUEDA POR TEMA

DONACIONES

Notas recomendadas