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miércoles, 22 de abril de 2020

¿Es mi deber dar limosna o diezmo?


¿ES MI DEBER DAR LIMOSNA O DIEZMO?
Por Padre Jorge Loring 

Digamos aquí algo del deber de dar limosna[1]. «El que tuviere bienes de este mundo y viendo a su hermano pasar necesidad le cierra las entrañas, ¿Cómo mora en él la caridad de Dios?»[2].

No confundamos los deberes de caridad con los deberes de justicia[3].

Sería una equivocación querer suplir con obras de caridad los deberes de justicia[4].

Pero siempre habrá lugar para la caridad, porque siempre habrá desgracias en este mundo.

Y desde luego, mejor que dar pan hoy, es dar la posibilidad de que no tengan que pedirlo mañana: puestos de trabajo, escuelas, etc.

Siempre será verdad aquello de que: «la limosna beneficia más al que la da que al que la recibe»[5].

A la caridad están obligados todos los hombres.

Los que tienen mucho, mucho.

Los que tienen poco, poco.

Cada cual, según sus posibilidades, debe cooperar a remediar las necesidades de los que tienen menos.

Dice el Concilio Vaticano II que la limosna debe darse no sólo de los bienes superfluos, sino también de los necesarios[6].

Dice el Nuevo Código de Derecho Canónico: «Todos tienen el deber de promover la justicia social, así como ayudar a los pobres con sus propios bienes»[7].

Quizás la limosna callejera se preste a abusos y engaños; aunque muchas veces se presentan necesidades reales que no deberíamos desoír. Pero hoy día hay una caridad organizada que permite encauzar las limosnas hacia necesidades reales y urgentes.

«Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente extraordinario y aparezca como tal, es necesario que se vea en el prójimo la imagen de Dios según la cual ha sido creado, y a Cristo Jesús a quien en realidad se ofrece lo que se da al necesitado; se considere con la máxima delicadeza la libertad y dignidad de la persona que recibe el auxilio; que no se manche la pureza de intención con ningún interés de la propia utilidad o por el deseo de dominar; se satisfaga ante todo a las exigencias de la justicia, y no se brinde como ofrenda de caridad lo que ya se debe por título de justicia; se quiten las causas de los males, no sólo los efectos; y se ordene el auxilio de forma que quienes lo reciben se vayan liberando poco a poco de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos»[8].

«Para que la limosna sea auténticamente cristiana, debe tener ciertas cualidades.

»En primer lugar debe ser justa, es decir, hecha de los bienes que uno tiene y de los que legítimamente puede disponer. Nunca tendrá valor la limosna hecha con bienes de otros, como suele a veces suceder.

»La limosna tiene que ser prudente, es decir, que se debe distribuir entre verdaderos necesitados, y se debe dar a aquellos pobres a los que realmente no les va a hacer más daño que bien.

»La limosna tiene que ser pronta, es decir, se debe dar a tiempo, y no “vuelve mañana”.

»La limosna debe darse con alegría, porque Dios quiere al que da alegremente.

»La limosna debe ser secreta, no proclamada a los cuatro vientos, buscando la alabanza de los que la ven hacer.

»La limosna debe ser desinteresada, es decir, al hacer la limosna no buscar satisfacción humana, sino solamente el cumplimiento del precepto del amor al prójimo.

»Por eso, como última cualidad, aunque debe ser la fundamental, señalemos que la limosna debe hacerse por amor al prójimo, y no por otros motivos más o menos humanamente legítimos, pero cristianamente no correctos»[9].

Afortunadamente el deber de dar limosna va entrando poco a poco en la conciencia de los católicos.

Aunque algunos todavía no acaban de comprender que ellos son meros administradores de los bienes que Dios ha puesto en sus manos. Y que Dios, que es el Dueño de todo, desea que esos bienes ayuden también a otros, después de haber remediado sus propias necesidades.

No es justo que la primera parcela que recibe el agua para regar la absorba toda y se encharque, impidiendo que el agua fluya a otras parcelas que también la necesitan.

Dar cifras concretas sobre la cantidad de limosna, resulta siempre algo arriesgado; pero peor es no darlas.

Algo se puede orientar.

Para una orientación de lo que se puede dar, voy a poner aquí un porcentaje sacado de diversas consultas a moralistas, economistas y obreros auténticamente cristianos.

No es para que se tome como norma obligatoria, sino orientadora.
Las circunstancias particulares de alguno le impedirán llegar a ella; pero la generosidad de otros la superará con creces.

Según la Comunidad Económica Europea, se consideran pobres los que disponen menos del 50% de la renta per cápita de su país.

Como en España la renta per cápita es de 12.000 dólares, es decir, de 1.200.000 ptas. al año (7.000 euros), todo el que gane menos de 60.000 ptas. (360 euros) al mes, puede considerarse exento de dar limosna.

Aunque la generosidad cristiana nunca debe tener cerrada la puerta.
Llamo ganancias a lo que queda después de haber liquidado a Hacienda

Ganancias inferiores al millón de ptas. anuales (6.000 euros), dar del 1 al 5%.

Ganancias de un millón de pesetas (6.000 euros) a cinco millones de pesetas. (30.000 euros) anuales: dar del 5 al 10%.

Ganancias de 5.000.000 de pesetas (30.000 euros) a 10.000.000 de pesetas (60.000 euros) . anuales: dar del 10 al 20%.

Ganancias superiores a 10.000.000 de ptas. anuales (60.000 euros): dar del 20 al 50%.

Los matrimonios que tengan hasta tres hijos pueden reducir en un 10% la cantidad que resulte de aplicar estos porcentajes.

De cuatro a siete hijos pueden reducir esta cantidad en un 25%.

Los que tengan más de ocho hijos, pueden reducirla en un 50%.

Pueden presentarse circunstancias de gastos excepcionales que requieran consulta particular.

Y también la generosidad de cristianos ejemplares aumentará estas cantidades orientadoras.

Conozco a personas que dan hasta el 25% de sus ingresos.

Otra forma de calcular lo que se debe dar de limosna, podría ser:

Separar los gastos fijos (casa, electricidad, gas o butano, alimentación, limpieza, servicio doméstico, teléfono, coche, transporte, seguros, letras, parroquia, peluquería, asignación de los hijos, colegios y material de enseñanza).

De lo que sobre de estos gastos fijos, gastar la mitad en vestir, diversiones, etcétera; y de la otra mitad, el 50% para ahorro o gastos extraordinarios y el otro 50% para limosna.

Puede ser interesante mi vídeo (y DVD): Lo que a nadie le gusta oír: el deber de la limosna[10].

Los españoles deberíamos dar mucha más limosna de la que damos.

Lo que cada español da de dinero, por término medio, es setenta pesetas al año; y deberíamos dar unas quince mil, dado el consumo de bienes superfluos. Reuniendo lo que damos para la Campaña del Hambre, Cáritas, Cáncer, Cruz Roja y Domund, según la Memoria de estos Organismos, se suman veinte mil millones de pesetas al año[11]; mientras que al año gastamos en:

1.-Bebidas alcohólicas 272.347 millones de pesetas

2.-Tabaco 455.653 millones de pesetas

3.-Bingo, Loterías, Quinielas: 1 billón 493.895 millones de pesetas

4.-Tragaperras 1 billón 470.260 millones de pesetas

Estos datos de 1999 se pueden comprobar en la Contabilidad Nacional de España que publica el Instituto Nacional de Estadística.

Desde que se ha permitido en España el juego, éste se ha convertido en un vicio nacional.

El hecho de que los españoles se gasten en juegos de azar en un año[12] 4.000.000.000.000 de pesetas (¡doce ceros!) es una atrocidad.

España es el país del mundo que más gasta en juegos de azar, por persona, después de Filipinas[13].

Hay personas que se gastan en el bingo lo que necesitan en su casa. Esto es una inmoralidad.

Y si lo que gastan es lo que les sobra, que lo den de limosna a personas que lo necesiten.

Pero el dinero no es para jugárselo.

A no ser que sea en pequeñas cantidades[14].

El juego es un vicio en el que se empieza por cantidades pequeñas y a veces se termina jugándose lo inconcebible.

La ludopatía (adicción al juego) es hoy en España un problema tan grave como las drogas[15].

Los juegos de azar, están convirtiendo a España en un pueblo de ludópatas. Con tanta lotería el vicio cunde hasta el punto de que el Hospital Ramón y Cajal ha puesto en marcha el ensayo de un medicamento para tratar la ludopatía[16].

Casi dos millones de españoles tienen adicción a los juegos de azar[17].

Según Ramón Marrero, Consejero de Trabajo y Asuntos Sociales, el 5% de la población andaluza -unas 350.000.personas- padece ludopatía.

El año 1994 gastaron en juegos de azar 500.000 millones de pesetas[18].

Un solo ludópata, Ángel Asenjo, de 58 años, se autodenunció de estar esclavizado por el juego. Llegó a robar del Banco donde trabajaba 243 millones de pesetas. Habitualmente jugaba 70.000 pts. diarias[19].

José Sánchez León, atracó veintidós Bancos para gastárselo todo en el juego. Él mismo afirma que se pasaba diez horas seguidas en la mesa, y se jugaba millones cada noche. El fiscal pidió para él 154 años de cárcel[20].

Elfriede Blauensteiner asesinó a dieciséis amantes, ricos y ancianos, envenenándolos, después de lograr su testamento a favor de ella, para jugarse el dinero a la ruleta en diversos casinos[21].

En el programa televisivo Cita con la vida de Nieves Herrero en Antena 3, salió Asunción González el miércoles, 27 de Septiembre de l995, a las once y media de la noche.

Manifestó que se quedó viuda y empezó a ir al bingo por entretenimiento, pero terminó enganchada por el vicio del juego hasta el punto de arruinarse, perdiendo varios millones; y lo que es peor, perdiendo el cariño de su hija, a quien no ve desde hace ocho años.

El Dr. Román Fernández, Presidente de ACOJER, una asociación para la rehabilitación de jugadores empedernidos, afirma que hoy hay en España 380.000 enfermos por adicción al juego.

La ludopatía provoca problemas familiares, laborales, económicos y sociales, ya que el enfermo necesita jugarse todo el dinero que encuentra, y por ello llega a romper con su trabajo, sus amigos y su familia.

La necesidad de dinero para jugárselo le lleva hasta a robar.

Los ludópatas experimentan una necesidad de jugar como la que tiene un heroinómano de pincharse[22].

La ludopatía es una enfermedad mental.

Es una enfermedad que esclaviza.

69.7. «La moral católica ha admitido tradicionalmente dos posibilidades en las que un acto aparentemente en contra de la propiedad privada no es considerado como robo: son los casos de extrema necesidad y de compensación oculta[23].

«Quien se haya en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí»[24], «con tal de no poner al dueño en el mismo grado de necesidad».

«En este caso, tomar lo ajeno no sería un robo, porque el derecho de propiedad cedería al superior derecho a la vida.

»Pero se debería probar que la situación es realmente «necesidad extrema».

»En la práctica ha de evitarse llegar a esta situación, que daría lugar a un evidente desorden social»[25].

Extrema necesidad es más que grave y apremiante necesidad; es una situación tal en la que no sería posible continuar viviendo si no es a costa de los bienes del prójimo «apropiados» por su propia cuenta[26].

Oculta compensación es la posibilidad mediante la cual uno mismo toma lo que en justicia se le debe, adueñándose ocultamente de los bienes propios del deudor y equivalentes a esta deuda[27].

«La deuda ha de ser clara, la voluntad de no satisfacerla también, los otros medios para recuperar lo debido han de estar agotados, y la compensación no ha de dañar a un tercero»[28].

69.8. Es pecado grave, ordinariamente hablando, el robar a una persona una cantidad igual a su salario diario[29].

Los robos pequeños pueden llegar a ser pecado grave, cuando se acumulan: bien por tener intención de robar mucho, poco a poco (uno solo o entre varios); bien por ir guardando lo robado; bien por robar en pequeño espacio de tiempo, aunque en diversas veces, una cantidad que, sumando las partes, llegue a ser grave[30].

El robo será pecado grave o leve según el perjuicio que se haga.

Hay que tener en cuenta la cantidad que se roba y la persona a quien se roba. Aunque hay una cantidad -llamada por los teólogos «absolutamente grave»- que, por ser grande, el robarla siempre es pecado grave.

[1] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2462.

[2] Primera Carta de San Juan, 3:17

[3] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2446.

[4] PÍO XI: Quadragessimo anno, nº 56 y Divini Redemptoris, nº 49.

[5] ANTONIO ROYO MARÍN, O. P.:Teología Moral para seglares,1º, 2ª, III, nº891, b, 3º.Ed. BAC. Madrid.

[6] Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 98

[7] Nuevo Código de Derecho Canónico, nº 222,2.

[8] Concilio Vaticano II: Apostolicam Actuositatem: Decreto sobre el Apostolado de los Seglares, nº 8

[9] ANTONIO ARZA, S. I.: Preguntas y respuestas en cristiano, pg.130. Ed. Mensajero. Bilbao.1982

[10] Pedidos: pedidos@parasalvarte.com; pedidos@spiritusmedia.org; Tel, y FAX:(34) 956 87 46 47

[11] Revista ILLUMINARE, 335 ( X-95 ) 13.

[12] Diario YA, 20-VI-90, pg. 24.

[13] DIARIO DE CÁDIZ del 29-X-96, pg.27.

[14] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2413.

[15] Diario YA, 22-III-90, pg. 7.

[16] Diario YA, 28-III-92, pg. 13.

[17] Diario ABC de Madrid, 29-X-96, pg.73.

[18] DIARIO DE CÁDIZ, 28-X-95, pg. 21.

[19] DIARIO DE CÁDIZ, 29-X-96, pg. 34.

[20] DIARIO DE CÁDIZ, 29-IX-95, pg. E4.

[21] Diario EL PAÍS, 13-I-96, pg. 23.

[22] Diario YA, 24-VI-88, pg. 16.

[23] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2408.

[24] Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 69.

[25] DOMÈNEC MELÉ: Cristianos en la sociedad, VII, 4, c. Ed. Rialp. Madrid. 1999

[26] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para seglares,1º,2ª,III, nº 751. Ed. BAC. Madrid.

[27] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para seglares,1º,2ª III, nº 752. Ed. BAC. Madrid.

[28] Libro básico del creyente hoy, XXXVI, 3. Ed. PPC. Madrid.

[29] AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral, 3ª, IX, 4. 5, a. Ed. Palabra. Madrid.

[30] ANTONIO ROYO MARÍN, O. P.:Teología Moral para seglares, 1º, 2ª, III, nº 750, 5º. Ed.BAC. Madrid.

del libro, Para Salvarte

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 21 de abril de 2020

Mi Cristo roto


MI CRISTO ROTO.

Reflexión de porqué Dios permite en nosotros el sufrimiento.

Hace unos años atrás encontré este Cristo en un negocio que se había caído, y se había roto... en ese momento, aunque no creía mucho en Dios (por no decir nada), no me atreví a tirarlo a la basura, porque aunque no creíamos mucho, en el fondo siempre teníamos cierto respeto a los objetos religiosos.

Lo tiré en una gaveta por mucho tiempo, no recuerdo...

Pasó el tiempo, y llegó a mis manos un libro que se llama "MI CRISTO ROTO, CAMINA SOBRE LAS AGUAS", y tocó mucho mi corazón una parte que decía que DIOS TIENE DOS BRAZOS, UN BRAZO DERECHO Y UNO IZQUIERDO.
Explica que Dios con su dulce amor desde siempre nos está buscando porque él sabe que sin él no somos nada (aunque neguemos esto cien veces por incrédulos).

Son muchos los que reaccionan con ese dulce llamado de Dios: mensajes a través de otras personas, con la lectura de un libro, una predica hermosa, con algo sencillo sienten ese gran deseo de buscar a Dios... ESE DULCE LLAMADO ES EL BRAZO DERECHO DE DIOS".

Sin embargo, otras veces Dios tiene que desprender con dolor su brazo izquierdo para llamar nuestra atención, ya sea disfrazado de una enfermedad, situación familiar, problemas económicos, dificultades laborales, pérdida de alguien especial... y explicaba el libro que ÉSTE ES EL "BRAZO IZQUIERDO DE DIOS".

Inmediatamente corrí a buscar como loco ese crucifijo roto que había guardado alguna vez, y mientras lo buscaba sólo pensaba, QUÉ BRAZO LE FALTARÁ? cuál le faltará?!...

Cuando lo encontré, y vi que era el izquierdo me lo pegué al pecho y lloré, lloré como bebé, y mientras le pedía perdón a Dios por ser tan indiferente a su brazo derecho, que tantas veces con dulzura me llamó, y me hacía la sorda y ciega.

Sabía que Dios había tomado la decisión de desprender su brazo izquierdo, ya que entendí que la situación tan difícil que vivía en esos momentos, era la única forma que provocaría una gran necesidad en mí de buscar a alguien más profesional que un sicólogo, esto era un tema para alguien más especial... pero mi problema lo que no sabía era que aunque me tiró al suelo, EN EL SUELO ME ESPERABA MI DIOS!

HOY AMO EL BRAZO IZQUIERDO DE DIOS con todo mi corazón, porque aprendí que EN LA TORMENTA SE PUEDE MANTENER LA PAZ, que Dios provee cuando hay necesidades económicas, que Dios concede empleos, que Dios sana los corazones heridos, que Dios repara familias, que Dios sana enfermedades, que Dios escucha y responde... BENDITO BRAZO IZQUIERDO DE DIOS que se desprendió por amor a mí...!

Pido a Dios que si alguno de los que lleguen a leer esto no lo conocieran como debieran, que desprenda el brazo que tenga que desprender, PERO QUE A NINGUNO LE PASE ESTA VIDA SIN TENER UNA EXPERIENCIA HERMOSA CON EL, QUE NO PIERDAN LA OPORTUNIDAD DE LLENAR DE PAZ Y FELICIDAD SUS CORAZONES.

EL Soldado de Cristo.

Fuente católicodefiendetufe

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jueves, 26 de marzo de 2020

¿Por qué hay un altar en mi Iglesia?


¿POR QUÉ HAY UN ALTAR EN MI IGLESIA?

Por: Javier Ordovàs
El altar es el centro de la iglesia y que, en realidad, el templo se edifica para altar.

El primer altar hebreo que encontramos en la historia bíblica fue construido por Noé después de salir del arca (Gn 8, 20). La Biblia nos dice además que los primeros hombres hicieron sobre altares sacrificios de animales y ofrecimiento de frutos a Dios Creador: es el caso de Abel y Caín.

Más adelante fueron construidos altares por Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y Josué, la mayoría con fin sacrificial.

Los sacrificios de la Antigua Ley eran una prefiguración del sacrificio de Jesús en el altar de la cruz; pero en sí eran imperfectos. Y por eso la carta a los hebreos afirma: “Pues es imposible que sangre de toros y machos cabríos borre pecados. Por eso, al entrar en este mundo (Cristo), dice: Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: ¡He aquí que vengo -pues de mí está escrito en el rollo del libro – a hacer, oh Dios, tu voluntad!” (Hb 10, 4-7).
Jesús, al ser verdadero Dios y verdadero hombre, es capaz de reconciliar definitivamente el hombre con Dios al ofrecer un sacrificio, por esto Él es sumo y eterno sacerdote. Pero Jesucristo, además de ser sacerdote también es la víctima y es el altar (Misal Romano, Prefacio pascual V).

De esta manera hay una relación directa e intrínseca entre mesa (altar) y cruz y, sobre los cuales está la víctima; conformando una unidad o una fusión entre Jesús y la cruz, entre Jesús y el altar.

La Iglesia empleó los altares desde su origen para la celebración de la misa pero al principio debió servirse de mesas comunes de madera (aunque no exclusivamente), según afirman los historiadores y se infiere de las dos que se dicen fueron utilizadas por San Pedro en Roma. En el siglo III, si no antes y sin abandonar del todo los usos originales, se constituyó el altar con el sepulcro de algún mártir, colocando encima de él una gran lápida a modo de mesa.

Fue a partir del siglo IV cuando los altares empezaron a colocarse en el ábside del templo. Más tarde, hacia el siglo XII, el altar permanecía inamovible, y para su confección se usaba tanto la piedra como el mármol u otros materiales nobles. Generalmente, el altar cubría un sepulcro sellado que contenía las reliquias de los mártires.

Los altares tenían que tener siempre, en el lugar en el que se guardaban la hostia o el cáliz, una piedra de consagración (el ara), que habitualmente se colocaba en el centro del altar, generalmente embutida en su tablero, para la celebración de la Eucaristía.

Los altares mayores están decorados, generalmente, con retablos más o menos elaborados, según el estilo arquitectónico de cada época.

Se quema incienso sobre el altar para significar que el sacrificio de Cristo sube hasta Dios como suave aroma y también para expresar que las oraciones de los fieles llegan a Dios.
El revestimiento del altar con un mantel indica que se convierte en ara (piedra sagrada) del sacrificio eucarístico y al mismo tiempo la mesa del Señor.

Se ilumina el altar para mostrar que Cristo es la “luz para alumbrar a las naciones”.
También se saluda al altar en diversas ocasiones, o cuando se pasa delante de él, ya sea para trasladarse en el templo, proclamar alguna lectura bíblica, etc.
Besan el altar los sacerdotes y diáconos al comenzar la celebración litúrgica, y al finalizar.

Todo esto nos hace ver que el altar es el centro de la iglesia y que, en realidad, el templo se edifica para altar. Tanto los púlpitos, cuando los había, como los atriles para la liturgia de la palabra, son secundarios respecto al altar que ocupa el centro de la liturgia que es la Eucaristía.

Si estamos conectados con esa Piedra (Cristo), ese altar, con los apóstoles y con sus sucesores a través de los siglos, podemos tener la seguridad de que estamos en la Iglesia que Cristo quiso fundar.

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viernes, 14 de febrero de 2020

Carta a mi yerno evangélico


CARTA A MI YERNO EVANGÉLICO

“Voy a tomarme el atrevimiento de exponerte porqué mi esposo y yo desearíamos entregarte a nuestra hija en la Iglesia Católica. Al mismo tiempo, para que nos permitas explicarte por qué no es lo mismo la Iglesia Católica que cualquiera otra”.

Dios te bendiga. Antes que todo, quiero agradecer tu franqueza al expresar tus preferencias y reservas religiosas. Escribir es tan bueno, porque puede uno expresarse con sinceridad y vaciar en el papel lo que está contenido en el corazón y que ya no se quiere mantener ahí. Precisamente esa es la razón por la que también he querido hacer lo mismo.

Gracias a todo esto que ustedes están viviendo, yo también he sido inquietada a indagar más acerca de mi propia fe cristiana. Te pido perdón por lo tarde de mi respuesta, pero quise hacerla con mucha calma y asegurarme de no dejar en el tintero lo que deseaba expresar.

Con relación a tu carta, personalmente no me parece que lo que esté en conflicto sea tu religión o tus creencias, sino la actitud que has adoptado ante la posibilidad expresa de que mi Hija se una a ti en el sacramento del matrimonio por la Iglesia Católica. Aunque no entiendas lo que es un Sacramento, sé que conoces que casarse por la Iglesia Católica no obliga al cónyuge no-católico a cambiar de iglesia ni de religión; tu no pierdes nada (el compromiso solamente consiste en aceptar que los hijos procreados entre ustedes sean educados en la fe católica).

Por otro lado, de no casarse por la Iglesia Católica, Mi Hija Si pierde el poder participar del sacramento de la eucaristía (Comunión) y de la reconciliación (confesión). Ojalá algún día pudieras comprender nuestra fe (aunque no te convirtieras a ella), para que jamás seas piedra de tropiezo en el camino de alguien. Si Mi Hija no es obstáculo en tu salvación, ¿porqué insistes en serlo en el de ella? Ella, que no profesa tu doctrina, participa contigo sin inconvenientes de un culto no-católico; sin embargo, tú jamás has hecho lo mismo con ella de acompañarla a la Santa Eucaristía. No entiendo.

Date cuenta, querido mío, que tu sigues tu conciencia de querer seguir tu tradición pentecostal y ella también quisiera hacer lo propio de seguir el Evangelio completo dado por Jesucristo. Las diferencias de fe entre nosotras y tú no son reconciliables, lamentablemente. Y aunque personalmente conozco una pareja de credo mixto casada por la Iglesia Católica, son personas de mucha madurez emocional y espiritual. Lo que yo veo en ustedes, es que: (1) Mi Hija, católica sólo de tradición, desconociendo a fondo su propia fe y deseando ardientemente aprenderla, no desea imposición de nadie sobre el tema en este momento, y (2) Tú con una idea prejuiciada sobre nuestra fe, tan equivocado que no me parece que vaya a ser posible cambiarte el chip de programación (a menos que sea un trabajo directo del Espíritu Santo).

Para un católico que vive auténticamente su fe cristiana, su fuente primordial de gracia santificante es la Comunión con Cristo recibiendo su cuerpo y sangre en la santa Misa tal como él la estipuló.(Jn 6,48; Jn 6,54: Lc 22,19: Hech 2,42;1 Cor 10,16-17; 1 Cor 11,23, mas explicación sobre todo ello tu sabes que puedes leerla en www.defiendetufe.org ) Lamentablemente, ni lo entiendes ni te importa pues aunque estés apartando a tu novia de esa fuente, insistes en encontrar un punto medio sobre este sacramento en cualquier iglesia protestante-pentecostal, cuando eso no existe. Puedo entender que te aferres a tu posición por querer ser fiel a tu doctrina, pero si con ello no estás comprometiendo tu alma, ¿de qué estamos hablando? Señalas en tu carta por prejuiciar contra los pentecostales y tu anti-catolicismo es mucho más marcado aún.

Mira querido yerno, siempre he insistido con Mi Hija que el noviazgo es una etapa para descubrirse; desviarse de esa fase es dejarse llevar por la pasión, cubriendo los defectos que deben ser identificados, planteados y resueltos desde el principio.

Dices en tu carta que enfatizas en las cosas que ustedes profesan juntos ya que eso los enriquece, pero que las cosas que los separa las dejas a un lado porque no edifican. Una persona madura, con entendimiento y dirigida por el Espíritu Santo como mencionas que ustedes son, reconocería que en lo primero que tienen que trabajar es con todo aquello que los separa pues, de lo contrario, esas mismas cosas los podría DESTRUIR más tarde.

Nadie tiene derecho de obligar a nadie a casarse por la iglesia que no quiera, pero como me consta por Mi Hija que has buscado alternativas para evitar que la boda tenga que ser por la nuestra, voy a tomarme el atrevimiento de exponerte porqué mi esposo y yo desearíamos entregarte a nuestra hija en la Iglesia Católica. Al mismo tiempo, para que nos permitas exponerte por qué no es lo mismo la Iglesia Católica que cualquiera otra:

Me parece que el fondo de todo esto es que, según tus creencias religiosas, para ti puede haber Cristo sin que tenga que haber una iglesia visible, sin un cuerpo de creyentes constatable a los que podamos señalar para corroborar datos acerca de Él. En otras palabras, (con el mayor de los respetos que me merece un hombre tan inteligente como tú), la dificultad está en una deficiencia eclesiológica de tu parte. Por eso, cualquiera que oye esta opinión antieclesiológica (que gusta mucho hoy en día, por lo atractivo que pudiera ser una religión sin criterio fijo de autoridad), se siente atraído por lo sencillo y manejable del argumento "sólo Cristo salva. la Iglesia no importa " . Pero la verdad es que ese argumento no es sino una verdad a medias. No es que estés completamente equivocado, es que te falta un poco más de camino bíblico por recorrer.

Jesucristo fundó una sola Iglesia (en singular). “y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia“, (Mt 16, 18). Pero no se trata sólo de que edificara, estableciera o fundara una iglesia nada más, sino de todo el contenido salvador que ella encierra. Mateo usa la palabra "ekklesía", de la que proviene la nuestra: "iglesia". Mateo traduce también el término hebreo "asamblea", que en el AT se traduce por "congregación", para designar al pueblo elegido por Dios. Cuando Mateo escoge ese término, él designa la comunidad mesiánica y al usarlo paralelamente con "Reino de los Cielos", indica que la comunidad donde reinará el Hijo de David comenzará ya en la tierra como una sociedad organizada. Para interpretar ese texto es necesario entenderlo en su perspectiva judía de pueblo específico, reino geográfico, asamblea de hombres y mujeres concretos. La asamblea del Antiguo Pacto se re-constituye en Cristo, como un redil junto con los gentiles y de ahí surge el único rebaño de Dios (Jn 10, 16): "y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor".

Tanto así, que el Nuevo Testamento no repara en reconocer la importancia de esa Iglesia establecida por el Señor, por ejemplo:

Ø Los seguidores de Cristo son uno con él (Gal 3, 27-28)

Ø La Iglesia es la plenitud de Cristo (Ef 1, 22-23)

Ø El Señor comparte su gloria con la Iglesia (¡ !) (Jn 17, 22)

Ø A él se le da gloria en la Iglesia (Ef 3, 21)

Ø La Iglesia sobrevive a los poderes del infierno (Mt 16, 18)

Ø La columna y fundamento de la verdad es la Iglesia (1Tim 3, 15)

Ø La Iglesia es el cuerpo de Cristo (1 Co 12, 12-29)

Ø Cristo organiza y da cohesión a su cuerpo (Ef 4, 16)

Ø La Iglesia es la Esposa de Cristo por ende inseparable de Èl (Ef 5,25; Mt19,5-6)


Como ves, aquí hay más diferencias entre nosotras y tú de las que yo quisiera admitir, porque si bien podrías estar de acuerdo con estos elementos de establecimiento y unidad, tú prefieres enfatizar el aspecto espiritual, invisible, cósmico; pero para nosotras estos aspectos, que son muy ciertos, tienen que tener una constancia física, corroborable, que se pueda afirmar como un punto de referencia. Esto significa que la Iglesia es visible. Tiene que serlo para que halla un punto de referencia sobre una misma verdad y norma de vida para cuando el Señor no esté presente físicamente (Mt 28, 20; Jn 16, 13; 21, 25; Hch 2, 42).
Creemos que es así porque no todo puede estar en un libro (Jn 21, 25), y este hecho es el que da margen a la diversidad de interpretaciones de la Biblia. Tal y como pasa con la Constitución de cualquier país, cuando no habla explícitamente sobre algún caso a resolverse, entonces tiene que intervenir la interpretación de una autoridad formal (Ej., Corte Suprema). Eso mismo pasa con los grupos religiosos y la Biblia. Y aunque esto se puede entender, el problema consiste en que a veces no están conscientes de que funcionan como un magisterio eclesiástico. Tal parece que no es absolutamente posible depender de un libro y entonces es cuando reconocemos que hace falta el Espíritu. En los capítulos 14 al 16 de San Juan se nos promete un Espíritu que va a acompañar a los seguidores de Jesús cuando éste no esté. En Juan 15, 26, dice que el Espíritu dará testimonio de Jesús. En Juan 14, 26, dice que el Espíritu es un acompañante que les enseñará todo acerca del Señor. En Juan 16, 13, dice que el Espíritu guiará a los seguidores de Jesús a la verdad completa. Pero si Jesús estaba con ellos y les había enseñado ya lo que quería que escribiesen 30 años más tarde, ¿no estaban esas cosas resueltas? NO. Jesús quería seguir revelándose a ellos (la Iglesia) y por eso en Mt 28, 20, y en Mt 10, 40, así como en Lc 10, 16, el Señor es capaz de decir "el que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió".

En el Nuevo Testamento contemplamos una misma Iglesia con un mismo Espíritu enseñando una misma verdad. Para los apóstoles esto era importante, porque cualquier error en la fe y la doctrina terminaba apartando a los fieles de Cristo mismo (1Jn 4, 1-6; 2Jn, 7-12; Jd 3, 16, etc.). De ahí que afirmamos una Iglesia Apostólica (Hch 2, 42; Jn 20, 21; 15, 16; Lc 22, 29-30; Mt 16, 18; Jn 10, 16; Lc 22, 32; Jn 21, 17), con autoridad (Mt 28, 8-20; Jn 20, 23; Lc 10, 16; Mt 28, 20), (perpetua) (Is 9, 6-7; Dn 2, 44; Dn 7, 14; Lc 1, 32-33; Mt 7, 23; Mt 13, 24-30; Mt 16, 18; Jn 14, 16; Mt 28, 19-20), (infalible (Jn 16, 13; Jn 14, 26; 1Tim 3, 15; 1Jn 2, 27; Hch 15, 28; Mt 16, 19). Y en adición a esto, ese Espíritu debe referirnos a una unidad completa que testifique la verdad acerca de Jesús. Te invito a que te refieras al pasaje de San Juan 17, 18-26, el cual es sumamente importante de la Biblia. Se trata de una conversación dentro del ser mismo de Dios; la segunda persona de la Santísima Trinidad le habla a la primera persona de esa misma Esencia divina.

El Señor ruega porque su Iglesia permanezca unida y pide una unidad semejante a la que existe entre él y el Padre, con el propósito de que el mundo crea en él (Jesús). ¿Ves que es necesario que el mundo vea el testimonio corroborable de un cuerpo de creyentes unido, como condición necesaria para que haya fe? La visibilidad de la Iglesia fue mandada y querida por Cristo (vv. 21 y 23). Discúlpame, pero tú creencia, al igual que la de muchos hermanos evangélicos, de que la Iglesia no sirve y da lo mismo pertenecer a cualquiera no es bíblica y por ello no es compatible con la Palabra de Dios.

En segundo lugar, la Iglesia es necesaria como punto de referencia por su apostolicidad. En el libro de los Hechos vemos como la Iglesia primitiva perseveraba todos los días en la doctrina de los apóstoles (Hch 2, 42). En el capítulo 5 se afirma que mentirle a un apóstol es mentirle al Espíritu Santo (vers 9); y en el capítulo 6 son los apóstoles los que tuvieron que poner el orden en la iglesia. Refiérete a la controversia que se plantea en el capítulo 15, en donde a Pablo y a Bernabé se les presenta un gran problema doctrinal… ¿y cómo lo resolvieron? Ellos no abrieron la Biblia para encontrar la solución, ellos se refirieron a los Apóstoles y celebraron en Jerusalén el primer concilio de la Iglesia, y la resolución de ellos fue como un dictamen del Espíritu Santo (versículo 28). Porque el criterio de autoridad en el Nuevo Testamento es apostólico.

En el mundo religioso de hoy día, la Iglesia es necesaria. Con sobre 30,000 denominaciones cristianas que existen actualmente, muchas de ellas enseñando "verdades" contradictorias entre sí, argumentando basarse en la misma Escritura y en un mismo Espíritu, no pueden ser la verdad de Jesús (Ef 4, 1-6; Jn 14, 26; 15, 26; 16, 13; 17, 26).

Mi Hija y yo estamos convencidas de que la evidencia bíblica, el sentido común y la historia nos señalan a la Iglesia Católica como la única y verdadera Iglesia de Cristo. De hecho, ningún hermano no-católico podría negar que la Iglesia Católica se mantuvo diciendo y estableciendo la verdad, aún después de sus consabidas dificultades con el Imperio Romano desde el Siglo IV, sobre la Trinidad (Nicea 325), la personalidad Divina de Cristo (Éfeso 431), la Divinidad del Espíritu Santo (Constantinopla 381) y hasta el canon bíblico (Cartago 493 y Roma 497). En adición, todas estas verdades contradicen la hipótesis anti-católica de la corrupción de la Iglesia por Constantino y el Edicto de Milán del 313. Si la Iglesia hubiera apostatado, como ustedes lo afirman, entonces la Biblia que ustedes usan NO tiene valor pues fue esa misma Iglesia católica quien en ese tiempo decidió cuales libros eran Palabra de Dios.

Y aquí nos encontramos mi hija y yo en este momento en el que nos batimos con un joven al que queremos tanto, y nos cuestionamos muchas cosas. Te darás cuenta, amado mío, después de repasar estas líneas, de que estamos conscientes de la necesidad de la Iglesia y de que la amamos profundamente porque creemos en el misterio del cuerpo de cristo, que nos comunica toda la Biblia. Hubiéramos preferido otra realidad, pero el Señor lo dispuso así. Hay cosas que nunca comprenderemos del todo, como por ejemplo, ¿porqué el Señor señaló a Pedro como el primero (para mí Juan era mejor)? ¿porqué escogió a Judas Iscariote como tesorero, si de seguro Mateo (que era contable profesional) le hubiese resultado mejor? ¿porqué no hizo que la Biblia fuera suficiente ? ¿porqué no se limitó a poner sólo gente santa y perfecta en la jerarquía de la Iglesia Católico para hacernos el trago menos amargo? Sólo se me ocurre una respuesta a estas preguntas: EL ES EL SEÑOR.

Todo lo que te he escrito anteriormente es para que entiendas porqué para nosotros no es lo mismo entregarte a Mi Hija en cualquier otra iglesia. No podemos desvincular a Cristo, la fe, la salvación y a mi familia de la Iglesia. Es entendible que un no-católico piense que hay posibilidad de opciones en cualquier otra Iglesia, pues tienen un criterio de autoridad que no es fijo. Pero nosotros, sí lo tenemos. Por eso creemos que nos jugamos la vida eterna si claudicamos elementos de fe que estamos seguras que son inseparables del misterio-Iglesia que te he tratado de explicar aquí. Por eso, no es posible para nosotros reconocerle a otro grupo, que no podamos identificar con esta Iglesia, los poderes que creemos Jesús le delegó a una sola iglesia, unida, visible y necesaria. Por ejemplo, el milagro de la presencia real-sacramental en la Eucaristía (milagro éste que las Iglesias pentecostales no creen); el poder para perdonar pecados que Jesús delegó a sus apóstoles (Jn 20, 22-23); o el celibato por amor al reino de los cielos (Mt 19, 12), etc. etc. etc.

Estimado yerno, espero que la carta que te he escrito sirva para que veas nuestros puntos de peso (aunque no estés de acuerdo, ni los aceptes; no es mi interés imponer el Evangelio completo a quien amo intensamente y a quien respeto sus creencias y preferencias teológicas. Eso es obra del Espíritu en el corazón humilde que le acepte De corazón te doy las gracias por esta oportunidad de crecer en la fe junto a ti. Espero que continuemos en este proceso de crecimiento y que pueda repercutir en un sano y verdadero desarrollo espiritual de todos. Por favor, permítenos dialogar contigo; déjanos demostrarte que habemos Católicos despiertos, viviendo una vida cristiana plena en Cristo hoy, pero te suplico recuerdes que para nosotros, como cristianos que somos, nos es imposible entender a Cristo fuera de la Iglesia que él mismo nos dejó y que fue comprada con su propia sangre(Ef 5,25): La Católica.

Recibe un beso y un abrazo y que Dios te bendiga. Con todo mi amor, Tu suegra

Los nombres se han omitido o cambiado por respeto a los involucrados. (La autora de esta carta es actualmente Misionera de la Palabra de Dios). La información que ella comparte en su carta y otros temas de defensa de la fe la puedes encontrar en www.defiendetufe.org

Fuente católicodefiendetufe

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sábado, 8 de febrero de 2020

¿Es posible perdonar la infidelidad de mi esposa (o)?


¿ES POSIBLE PERDONAR LA INFIDELIDAD DE MI ESPOSA (O)?
Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE

Perdonar a la esposa o al esposo adúlteros no significa tolerar el estado de infidelidad (o sea, que mantenga una doble vida), sino recibirlo con un perdón sincero cuando se ha arrepentido de su pecado; y esto por un bien mayor natural (el bien de la familia) y sobrenatural (la imitación de Cristo que nos ha perdonado nuestras propias infidelidades).

PREGUNTA:
Hoy me toca vivir una experiencia muy dolorosa en mi matrimonio, como es la infidelidad de mi esposa. Ella llegó incluso a irse un tiempo de nuestra casa para vivir con otro hombre, dejándome solo con mis hijos. Mi esposa me ha pedido que la reciba nuevamente en nuestro hogar, pero a decir verdad, siento que hay demasiadas cosas que se han quebrado entre nosotros. Me cuesta confiar en ella; pero también tengo presente que mi compromiso ante Dios es de por vida y creo que si no le doy una oportunidad estaré fallando a Dios. He estudiado en un colegio de Don Bosco y trato a veces de inspirarme en los consejos de este gran santo, pero no sé qué me diría sobre mi problema. Espero que usted pueda aconsejarme bien.

RESPUESTA:

ESTIMADO:

He leído atentamente su carta y comprendo la dolorosa situación por la que pasa. Mi respuesta (que vale tanto para su caso, como para los casos en que el cónyuge adúltero es el esposo) tiene dos planos:

1. En cuanto a los principios canónicos sobre su situación

Como usted mismo me lo recuerda, su matrimonio ante Dios es para siempre; suceda lo que suceda.

A pesar de eso, la Iglesia contempla que en algunas situaciones muy graves, como por ejemplo el caso del adulterio de uno de los cónyuges, el cónyuge inocente decida lícitamente separarse y no continuar la vida común. Sin embargo, aún en estos casos, la Iglesia recomienda intentar la reconciliación (“Existen… situaciones en que la convivencia matrimonial se hace prácticamente imposible por razones muy diversas. En tales casos, la Iglesia admite la separación física de los esposos y el fin de la cohabitación. Los esposos no cesan de ser marido y mujer delante de Dios; ni son libres para contraer una nueva unión. En esta situación difícil, la mejor solución sería, si es posible, la reconciliación. La comunidad cristiana está llamada a ayudar a estas personas a vivir cristianamente su situación en la fidelidad al vínculo de su matrimonio que permanece indisoluble” 1).

Por tanto, si bien la separación (sin intención de unirse a otra persona) sería lícita en caso de adulterio, es, sin embargo, una “razón extrema”, cuando no hay alternativas de salvar el matrimonio.

2. ¿Hasta dónde debe esforzarse usted en intentar solucionar su situación?

No se puede dar un principio universal. Debe usted examinar su corazón y ver cuánta generosidad le pide Dios. Yo le aconsejaría que no se desaliente y que ponga todos los medios para salvar su matrimonio. Está en juego, como usted mismo lo hace notar, muchas cosas:

a) Su felicidad (pues, de permanecer separado, quedaría obligado a vivir solo el resto de su vida, ya que no puede usted volver a casarse con otra persona).

b) La de su esposa; ella ha pecado, es cierto, pero si se ha arrepentido, hay que tener esperanza de que reforme su vida. En cambio, si queda sola, la expone a que vuelva a vivir mal. ¿Acaso no asumió usted el compromiso de hacer lo posible por “redimirla” al jurarle amor para siempre? Recuerde que el amor del esposo es como el de Cristo por su Iglesia; y Cristo Nuestro Señor se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola (Ef 5,25-26).

c) La felicidad de sus hijos que necesitan la referencia materna y paterna para su educación y para alcanzar la madurez espiritual y psicológica.

Comprendo que no son, éstas, cosas fáciles, sobre todo teniendo en cuenta que han quedado heridos sentimientos muy delicados. Pero Jesucristo no nos ha rechazado a nosotros, ni nos trata con lejanía a pesar de que ninguno de nosotros somos “confiables” (¿Quién garantiza que no volveremos a pecar contra Dios?); y sin embargo, Dios nos vuelve a recibir. Ciertamente no está Usted obligado a hacer esto por justicia, pero la justicia sin misericordia es crueldad…

Si el pecado de su esposa ha sido muy grave, no debe olvidar que cualquiera de los pecados graves que usted haya cometido en su vida (si ha cometido alguno) establece con Dios una deuda impagable para nosotros, tanto como la infidelidad de su esposa; pero Dios a Usted se la saldó. No debe ser, pues, imposible que Usted haga lo mismo con los demás.

Evidentemente, lo que he dicho más arriba se refiere al caso en que la persona que ha sido infiel a su cónyuge tiene la sincera intención de cambiar de vida y reparar el mal hecho. Perdonar a la esposa o al esposo adúlteros no significa tolerar el estado de infidelidad (o sea, que mantenga una doble vida), sino recibirlo con un perdón sincero cuando se ha arrepentido de su pecado; y esto por un bien mayor natural (el bien de la familia) y sobrenatural (la imitación de Cristo que nos ha perdonado nuestras propias infidelidades, ya que la Sagrada Escritura describe todo pecado como una especie de adulterio del hombre respecto de Dios).

¿Qué le aconsejaría Don Bosco? En sus Memorias Biográficas se leen estos consejos: “Cuando un alumno se muestra arrepentido de una falta, perdonadle en seguida y perdonad de corazón: echadlo todo al olvido. Y después que nadie diga jamás a un muchacho o a otro que ha desobedecido, que ha dicho una palabra insolente, o faltado de otra manera al respeto: ¡Ya me las pagarás! Porque este lenguaje no es cristiano” 2. ¡Perdonar en seguida y de corazón! Aunque haya mucha diferencia entre ambas situaciones, ¿no vale la pena intentarlo?

Que María Auxiliadora (la que perdonó a todos los asesinos de su Hijo, estando Ella al pie de la cruz) le ayude a cicatrizar para siempre las heridas de su alma.

A la santísima Magdalena

LXVIII

Buscaba Madalena pecadora
un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos
perdón, que más la fe que los cabellos
ata sus pies, sus ojos enamora.

De su muerte a su vida se mejora,
efecto en Cristo de sus ojos bellos,
sigue su luz, y al occidente dellos
canta en los cielos y en peñascos llora.

«Si amabas, dijo Cristo, soy tan blando
que con amor a quien amó conquisto,
si amabas, Madalena, vive amando».

Discreta amante, que el peligro visto
súbitamente trasladó llorando
los amores del mundo a los [de] Cristo.

(Lope Félix de Vega y Carpio)

P. Miguel A. Fuentes, IVE

1 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1649.
2 Memorias Biográficas, vol. 6, p. 298.

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 21 de enero de 2020

¿Aborto legal? A mi no me hables de aborto legal.


¿ABORTO LEGAL? A MI NO ME HABLES DE ABORTO LEGAL

YO ESTUVE LLORANDO AL LADO DE UNA ENCUBADORA DURANTE DIAS Y NOCHES CUIDANDO A MI BEBE EN NEONATOLOGÍA, PIDIENDOLE A DIOS QUE POR FAVOR LA DEJE CONMIGO.

Hablale de aborto legal a una mamá que estuvo en neonatología junto a su bebe que pesa gramos, que nació antes a pesar que ella hizo hasta lo imposible para llegar a la semana 40.

Háblale si podés, de aborto legal a tu amiga, tu prima, esa conocida, que desde que se casó esta buscando un bebé, después de 9 años queda embarazada y a las 10 semanas de gestación tiene un aborto espontáneo.

Háblale si podés, de aborto legal, a esa vecina que ya pasando los 50 te cuenta que se le fue la vida buscando un bebé que nunca llegó a su vida, y perdió hasta su matrimonio por haber caído en depresión.

Háblale si podés, de aborto legal, a ese matrimonio que hace 15 años está en el registro para adoptar y nunca jamás les llega la oportunidad.

Háblale si podés ,de aborto legal, a esa señora que tiene más de 60,y a los 14 aborto por miedo al que dirán, era soltera, era otra época. Y todavía le pesa en el corazón, y sufre porque tendría que tener 5 hijos, no 4.

Háblale si podés, de aborto legal, a las chicas que se inyectan día a día la panza ,para que la trombofilia no les cobre la vida de su bebé.

Háblale si podés, de aborto legal ,a la que busco con tanto amor su bebé y se le fue horas después de haber nacido.

Háblale si podés, de aborto legal a la que se le durmió su bebé en el vientre y nunca lo pudo tener en brazos.

Hablale de aborto legal a alguien que le practicaron una vasectomía a las 23 años y soñaba con tener otro hijo.

Todos tenemos una amiga, una vecina, una prima, una conocida que estuvo en alguna de estas situaciones. Yo elegí la vida. No me hables de aborto legal.

Fuente anónimo

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martes, 22 de octubre de 2019

Creo Señor, ¡Pero aumenta mi fe!


¡CREO SEÑOR PERO AUMENTA MI FE!

Entre todas la súplicas que se le dirigieron a Jesús durante el anuncio del Evangelio no hay quizá ninguna tan desgarradora como la de aquel pobre hombre:

- ¡Creo, Señor, pero ayúdame en mi incredulidad!

Y el buen hombre puso en nuestros labios una súplica que no se nos debería caer de los
labios:

- ¡Fe, más fe, Señor, necesitamos mucha fe!...

La fe es el fundamento de la vida cristiana. Si la fe se debilita, todo se resiente. Podríamos decir que la falta de fe “impide” la acción de Dios en nosotros y en nuestro mundo.

Siempre me ha impresionado leer en el Evangelio que Jesús, en Nazaret, donde se había criado, no pudo hacer milagros porque no encontró fe allí ( Mc 6, 56).

Jesús reprocha con frecuencia a los mismos apóstoles: “No seáis hombres de poca fe”.

Pidamos al Señor que nos conceda una fe auténticamente cristiana. En este momento cultural que vivimos, tenemos el peligro de pensar que la fe es algo subjetivo: “todo el mundo cree en algo”, “yo creo a mi manera”… Estas expresiones indican una gran difuminación de la fe. Es más, como dice el Papa, “es como una llama que se va apagando”.

La fe cristiana es creer en Alguien, en una Persona, en Jesucristo, el Hijo único de Dios que ha entrado en nuestra historia para mostrarnos el amor del Padre y para abrirnos un horizonte nuevo. Como nos recuerda el Papa Francisco:

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida…”


La fe cristiana es respuesta amorosa y confiada a Dios, que ha venido a nuestro encuentro y se nos ha manifestado. La fe cristiana no es el resultado de nuestras investigaciones intelectuales, sino acogida del Dios que viene a nosotros. Por esta razón, cultivar la fe exige escuchar la Palabra de Dios, adherirse a Jesucristo, profesar la fe en comunión con la Iglesia, que es su depositaria, y tratar de vivirla en el servicio y amor a los hermanos, tal como nos enseñó el Señor.



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martes, 27 de agosto de 2019

Cuando estoy cansado de luchar, Tú estás aquí, eres mi consuelo


CUANDO ESTOY CANSADO DE LUCHAR, TÚ ESTÁS AQUÍ, ERES MI CONSUELO 

¡Ven, Espíritu Santo!

Ven, dador de dones! ¡El mejor de los apoyos!

¡Eres el refresco de mi alma! Su descanso en el trabajo; su refugio protector; su consuelo en la desgracia!

¡Oh, bendita Luz!

Riega nuestra sequedad; cura nuestras heridas; doblega nuestra testaruda voluntad; calienta nuestros fríos corazones; guía nuestros pasos perdidos.

Da a los fieles que en ti esperan tus santos siete dones. Dales alegría sin fin. Amén.


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