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jueves, 23 de abril de 2020

Dios me pide amar a mis enemigos. ¿Cómo será esto posible?


DIOS ME PIDE AMAR A MIS ENEMIGOS ¿CÓMO SERÁ ESTO POSIBLE?
Por: Daniel Alberto Robles Macías

Creo que éste es uno de los mandatos del Señor más difíciles de imaginar, mucho más de vivir ¿No lo crees?

El Señor Jesús lo dijo muy claro: “Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos” (Mt 5, 44-45). Pero ¿Cómo sería esto posible? ¿Amar a los que me han hecho daño y me han ofendido? ¿Es esto posible? Vamos a verlo.

De manera personal, creo que éste es uno de los mandatos del Señor más difíciles de imaginar, mucho más de vivir ¿No lo crees? Está claro que el “enemigo” es aquel que me ha causado un mal y que sólo busca lastimarme y destruirme. ¿Cómo puedo amarlo, si ni siquiera puedo tolerar su presencia? ¡Qué complicado!

Hay que entender que Jesús, al expresar estas palabras, no nos pide que sintamos cariño por nuestros enemigos. En definitiva, creo que nadie puede experimentar aprecio por alguien que le ha hecho mucho daño. Más bien, lo que Él nos pide es que debemos pedir e interceder ante Dios por ellos, nunca desearles un mal sino todo lo contrario. Este es el camino que, sin duda, nos lleva a cumplir con este mandamiento.

Dice el Papa Francisco: “Jesús nos pide amar a los enemigos. ¿Cómo se puede hacer? Jesús nos dice: rezad, rezad por vuestros enemigos. La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; sino también cuando percibimos alguna antipatía, alguna pequeña enemistad” (18 de junio de 2013. Misa matutina en la capilla de la Domus Sanctae Marthae).

Asimismo, Santo Tomás de Aquino nos dice: “Amar es desear el bien a alguien”. Por lo tanto, no se nos pide experimentar en nuestro corazón un sentimiento de amor como el que sientes por un ser querido, sino que el amor debe transformarse en respeto y preocupación, en una oración sincera. Recordemos que todos somos hijos del mismo Padre.

Porque tratar bien a quien bien nos trata, no tiene mucho mérito ni reconocimiento, cualquiera es capaz de hacerlo. Lo que nos hace crecer viene cuando guardamos atención, respeto y preocupación por aquellos que, a nuestros ojos, no merecen nuestro cariño. Cristo nos hace un llamado mayor, nos pide que busquemos la perfección de Dios: “Sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo” (Mt 5, 48), es decir, nos pide ser santos.

Si bien, el amor a los enemigos no es algo lógico para el mundo, pero sí es el camino que Dios nos ha marcado para poder encontrarnos con él. Así no dice el Santo Padre en la misma homilía: “El amor a los enemigos nos empobrece, nos hace pobres, como Jesús, quien, cuando vino, se abajó hasta hacerse pobre. Tal vez no es un buen negocio, o al menos no lo es según la lógica del mundo. Sin embargo, es el camino que recorrió Dios, el camino que recorrió Jesús, hasta conquistarnos la gracia que nos ha hecho ricos”.

Te comparto esta oración por los enemigos de San Anselmo: 

Todopoderoso y eterno Señor Jesucristo, deseo que seas bondadoso con mis amigos, ya sabes lo que deseo para mis enemigos. Oh Dios que escudriñas los corazones, Tú conoces los secretos de mi pensamiento.

Señor, único poderoso y misericordioso, concédele a mis enemigos lo que Tú me haces desear para ellos, y recompénsame a mí.

En el caso de que deseara para ellos algo contrario al precepto del amor, por mi ignorancia o debilidad, o por mi malicia, oh Señor de bondad, ni me lo concedas, ni me lo reproches.

Oh verdadera luz, ilumina su ceguera.

Oh verdad soberana, corrige su error.

Oh verdadera vida, vivifica sus almas.

Oh tierno Señor, para mis hermanos que no sea yo ocasión de muerte, ni piedra de escándalo, ni roca para estrellarse.

Es bastante ya y más que suficiente, que sea un escándalo para mí mismo: confieso mi propio pecado. Te pido por mis pares: que por mi causa no ofendan tu bondad, oh Señor grande y bueno.

Al contrario, que se reconcilien contigo y se amiguen conmigo, según tu Voluntad, no por mí, sino por Ti. Ese es el castigo que pido para mis pares y enemigos: amarte a Ti y amarnos nosotros unos a otros, como Tú quieres y nos conviene.

Guiados por la Caridad, que tengamos un solo corazón aceptando los deseos del Señor de todos para bien de todos. Éste, tu pobre pecador, pide esta venganza para quienes le han deseado y hecho el mal.

Amén.

Fuente católicodefiendetufe

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miércoles, 12 de febrero de 2020

Los 3 grandes enemigos del Alma: Mundo, Demonio y Carne


LOS 3 GRANDES ENEMIGOS DEL ALMA: MUNDO, DEMONIO Y CARNE
Por: Padre Gaspar Astete

Las Escrituras nos enseñan que no debemos amar al mundo, a no satisfacer los deseos de la carne y a luchar contra el demonio.

Debemos tener algo muy claro en nuestra vida, si queremos seguir los mandatos del Señor. Debemos estar preparados y saber que los enemigos del alma son tres: Mundo, Demonio y Carne. Éstos nos llevan a desobedecer a Dios.

1.- MUNDO:

Se lo vence aprendiendo a valorar las cosas como las valoran Dios y los santos, no como lo hace la gente sin fe que tiene un modo de pensar completamente materializado, restándole importancia a Dios y a sus mandamientos.

Esto es a lo que llamamos secularismo, es decir, obrar de acuerdo a las costumbres, modas o ideas de la gente sin fe, sin moral y sin Dios, organizando la vida como si Él no existiera dándole importancia solamente a lo que le guste a nuestro cuerpo, al orgullo, o a la avaricia.

La escala de valores para Dios es la siguiente:

Amar a Dios y cumplir sus mandamientos

Amar al prójimo y tratarlo como deseamos que nos traten a nosotros

Perfeccionarse a si mismo lo más posible

En contraposición a esta pirámide, la escala de valores del mundo es:

Tener mucho dinero e idolatrarlo

Darle al cuerpo todos los gustos que quiera

Querer obtener muchos honores, mucha fama y muy altos puestos

Obviamente seguir la escala de valores de Dios nos dan paz en esta vida y premio eterno en el cielo, mientras que la del mundo sólo trae angustias, miedos, preocupaciones y el peligro de condenarse eternamente.

2.- DEMONIO:

¿Quién es el demonio? El demonio es un ángel creado por Dios en el cielo, que por haberse rebelado contra el mismo Dios, le precipitó en los infiernos con otros muchos compañeros de su maldad, que llamamos demonios.

El Diablo acosa, acusa, tienta, engaña y miente en su lucha contra el cristiano. El trabaja a través de sus aliados, el mundo y la carne. El Diablo usa el mundo y la carne para causar el mayor daño al pueblo de Dios, para entorpecer el progreso de lo correcto, para acobardar a los cristianos, parar la proclamación del evangelio y debilitar la ofensiva del cristiano para favorecer el Reino de Dios.

La única forma de vencerlo es con oración, con fe, con sacrificios y rechazando todo lo malo. Pero sobre todo al demonio se le vence con la humildad. Como él es tan soberbio, huye de los humildes.


3.- CARNE

La forma de vencerla es no dando consentimiento a las tentaciones impuras que produce nuestro cuerpo. No es pecado tener tentaciones, el pecado radica en consentirlas. Dios las permite para darnos ocasión de aumentar nuestros méritos y premio en el cielo al luchar contra ellas para demostrarle a Dios que lo amamos a Él antes que nada.

Dios colocó cierto placer en las cosas para el disfrute de los seres humanos, como placer el comer para no morir de hambre, en el dormir para que el cuerpo descanse, y placer en el sexo, para que podamos procrear. El placer es solamente un estímulo, no es el fin, el problema está en que perseguimos es estímulo en las cosas y no el fin.

Decía San Agustin “yo no le tengo tanto miedo al demonio, al mundo le tengo más miedo, pero nuestro peor enemigo es nuestra propia Carne”.

Para no caer en la tentación la Iglesia nos recomienda confesarse, comulgar, asistir a la Santa Misa, evitar las ocasiones de pecar, evitar las amistades peligrosas, pensar en el Juicio y la Eternidad que nos esperan, y hacer sacrificios.

VENCIENDO A NUESTROS ENEMIGOS

Los santos despreciaban el mundo y le vencían considerándole que estaba rematadamente loco. En el mundo se dice que los listos, los inteligentes, los que son felices, son los que han sabido hacerse ricos y ahora disfrutan de fama, de riquezas y de placeres. En cambio, Jesucristo, sabiduría eterna, dijo todo lo contrario: “Felices los pobres, los perseguidos, los que sufren, los que lloran”. (Evangelio de San Mateo, 5,3-11).

Las escrituras nos enseñan que no debemos amar al mundo y que no debemos satisfacer los deseos de la carne. Las escrituras también nos enseñan como luchar contra el Demonio. Si nos ponemos de pie y resistimos al Demonio, él se alejará de nosotros. El Diablo tiembla cuando oramos. El es vencido cuando citamos o leemos un pasaje de la escritura, porque Cristo se hace presente de inmediato.

No temamos. Si Dios con nosotros, ¿Quién contra nosotros?


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