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domingo, 17 de mayo de 2020

Si Pedro era casado, ¿Por qué el Papa no se casa? Preguntan los hermanos protestantes


SI PEDRO ERA CASADO, ¿POR QUÉ EL PAPA NO SE CASA? PREGUNTAN LOS HERMANOS PROTESTANTES
Por Jesús Mondragón (Saulo de Tarso)

Sobre la base del siguiente texto, los hermanos protestantes aseguran que el Apóstol San Pedro tenía esposa y que por lo tanto, el Papa y los sacerdotes Católicos deberían casarse.

Mateo 8,14-15
Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle.

Primeramente, debemos decir que, es incuestionable el hecho de que Pedro tuvo una esposa. La pregunta es: ¿Pedro tenía esposa al hacerse discípulo de Jesús? La evidencia bíblica nos mostrará que no.

Seguidamente, debemos hacer notar que éste versículo jamás menciona a la esposa de Pedro, la cual, debió atender a los invitados y no la suegra de éste. Pero por el contrario, vemos que es la suegra quien atiende a Jesús y a sus discípulos y la pretendida esposa no es mencionada en lo absoluto. Aunque el no ser mencionada, tampoco prueba que no existiera. De modo que, la evidencia es 50% a favor, 50 % en contra, tal vez Pedro era viudo o sí tenía esposa en ese momento, pero el hecho de que no fuera mencionada, nos hace pensar que no. De cualquier forma, este texto bíblico no prueba nada, ni a favor, ni en contra de que Pedro tuviera una esposa.

PEDRO TENIA ESPOSA, LO DICE I CORINTIOS 9,5 ASEGURAN LOS PROTESTANTES

No existe ningún versículo que mencione a alguna esposa de Pedro y seria contrario al Evangelio afirmar que sí la tuvo, pues es el mismo Apóstol San Pedro quien lo niega, no de manera explícita, pero sí implícitamente, como veremos más adelante.

Existe sin embargo un versículo, al que se aferran los protestantes como a clavo ardiendo, para afirmar que Pedro tenía esposa y es este:

¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? 1 Corintios 9:5 Reina-Valera 1960
El problema con este texto de la biblia protestante Reina-Valera, radica en la ignorancia o la mala voluntad de quien realizó la traducción, colocando la frase: "hermana por mujer", es decir, una hermana que es su mujer, una esposa, ya que el texto griego original dice: "adelfen gynaika" (άδελφήν γυναĩκα) que traducido correctamente es: "mujer hermana", evidentemente en el sentido de "hermana en la fe". O traducido de forma literal "hermana mujer" de adelfen, hermana y gynaika, mujer. Pero nunca de los nunca, "hermana por mujer".

La traducción correcta es:

I Corintios 9,5
¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer hermana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?

Es el claro sentido que la Biblia utiliza, se refiere a una mujer hermana en la fe, que los atienda en las labores domésticas: preparación de alimentos, cuidado de la ropa, aseo, etcétera.

Es justo este sentido de "hermana en la fe", la que nos presenta la Biblia de Jerusalén Católica y nos traduce así el texto referido sin hacer violencia al original griego.

I Corintios 9,5
¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?

Mismo Jesucristo y sus Apóstoles, eran seguidos por un grupo de mujeres hermanas que los atendían en las labores domésticas y no eran sus esposas.

Lucas 8,1-3
Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

El propósito de que estas mujeres hermanas "les sirvieran con sus bienes" en las labores domésticas como se desprende del texto anterior es evidente: facilitar la labor de evangelización, la predicación y que los Apóstoles no se distrajeran con otras ocupaciones.

Hechos 6,1-2
Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana.
Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas.

A raíz de esa problemática, los Apóstoles nombraron los diáconos para ocuparse de esas labores, pero cuando viajaban predicando, los acompañaban algunas mujeres para atenderlos, como ya hemos visto.

De ahí la necesidad de llevar una mujer hermana que los ayudara en esas labores. El mismo contexto de 1 de Corintios 9,5 lo menciona de forma explícita:

I Corintios 9,5-11
¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?
¿Acaso únicamente Bernabé y yo estamos privados del derecho de no trabajar?
¿Quién ha militado alguna vez a cosa propia? ¿Quién planta una viña y no come de sus frutos? ¿Quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño?
¿Hablo acaso al modo humano o no lo dice también la Ley?
Porque está escrito en la Ley de Moisés: «No pondrás bozal al buey que trilla.» ¿Es que se preocupa Dios de los bueyes?
O bien, ¿no lo dice expresamente por nosotros? Por nosotros ciertamente se escribió, pues el que ara, en esperanza debe arar; y el que trilla, con la esperanza de recibir su parte.

Si en vosotros hemos sembrado bienes espirituales, ¡qué mucho que recojamos de vosotros bienes materiales!

¡EL APÓSTOL SAN PABLO ESTÁ HABLANDO DE QUE TAMBIÉN ÉL TIENE DERECHO A SER ATENDIDO POR LA IGLESIA!

Si él hablara del derecho a tener una esposa ¿Quién se lo impedía? ¿Necesitaba San Pablo el permiso de sus discípulos para casarse? ¡Absurdo!

LA PRUEBA DE QUE LA BIBLIA PROTESTANTE HA SIDO FALSIFICADA

En el Nuevo Testamento, la palabra esposa en griego se usa siempre con el término "gyné," (γυνή) siendo la única excepción Apocalipsis 22,17, en que se le llama "nimphé" que viene a ser equivalente a "recién casada".

El "Nuevo Testamento interlineal griego-español" protestante, nos da a entender que la palabra "gynaika", mujer, significa también "esposa", veamos:

(9:5) µη→¿No ουκ→no εχοµεν→estamos teniendo εξουσιαν→autoridad αδελφην→a hermana γυναικα→esposa περιαγειν→estar conduciendo alrededor ως→como και→también οι→los λοιποι→demás/sobrantes αποστολοι→apostoles/apostoles/emisarios και→y οι→los αδελφοι→hermanos του→de el κυριου→Señor και→y κηφας→Cefas?

En 1 de Corintios 9,5 como hemos visto, el texto original griego dice: άδελφήν γυναĩκα, adelfen gynaika, mujer hermana. Que "gynaika" significa simple y sencillamente "mujer", y no "esposa", nos lo demuestra el siguiente texto del original griego, donde Jesucristo utiliza exactamente la misma palabra para enseñar que no es lícito a un hombre, mirar a cualquier otra "gynaika", mujer, que no sea su esposa.

Mateo 5,28
Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Nuevamente citamos el "Nuevo Testamento interlineal griego-español" protestante, para probar que la palabra "gynaika" de 1 de Corintios 9,5 y Mateo 5,28 es exactamente la misma.

(5:28) εγω→Yo δε→pero λεγω→digo/estoy diciendo υµιν→a ustedes οτι→que πας→todo ο→el βλεπων→estando viendo γυναικα→a mujer προς→hacia το→el επιθυµησαι→desear αυτην→a ella ηδη→ya εµοιχευσεν→cometió adulterio con αυτην→ella εν→en τη→el καρδια→corazón αυτου→de él

¿Qué le parece a usted querido lector? ¿Es ésta la forma correcta de actuar, en aquellos que dicen buscar la verdad y creer únicamente lo que la Biblia enseña realmente?

PEDRO NO TENÍA ESPOSA, LO DICE LA SAGRADA ESCRITURA

Que Pedro tuviera una esposa cuando seguía a Jesucristo es contrario a lo que dice el Evangelio. En Mateo 19,27, El Apóstol San Pedro pregunta a Jesucristo lo siguiente:

Mateo 19,27
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿Qué recibiremos, pues?»

Es San Lucas quien nos presenta la mejor respuesta que Jesús le dio a Pedro y de paso a nosotros para aclarar este tema.

Lucas 18,28-30
Dijo entonces Pedro: «Ya lo ves, nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido.»
Él les dijo: «Yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por el Reino de Dios, quedará sin recibir mucho más al presente y, en el mundo venidero, vida eterna.»

La respuesta está en la Biblia: Pedro no tenía esposa, y si alguna vez la tuvo, o ya había fallecido o el Apóstol la dejó para seguir a Cristo.

Los Cristianos Católicos no necesitamos falsificar la Biblia para "justificar" nuestras doctrinas, sólo basta dejar que la Sagrada Escritura hable.

PAX ET BONUM

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martes, 5 de mayo de 2020

Si Jesús murió en la cruz, ¿Es correcto decir que Dios murió en esa cruz?


SI JESÚS MURIÓ EN LA CRUZ, ¿ES CORRECTO DECIR QUE DIOS MURIÓ EN ESA CRUZ?
Por: Corazones.org

Este es un tema que hay que entender bien para no caer en el error de pensar que Dios dejó de existir o fue disminuido por la muerte.

Nunca debemos olvidar que en Jesús hay dos naturalezas, él es verdadero Dios y verdadero hombre.


DIOS


Él es adorado (Mt 2, 2; 2, 11; 14, 33; 28, 9)
A Él se le adora (Hch 7, 59; 1 Co 1, 1-2)
Él fue llamado Dios (Jn 20,28; Heb 1, 8)
Él fue llamado "Hijo de Dios" (Mc 1, 1)
Él no cometió pecado (1 Pe 2, 22; He 4:15)
Él sabía todas las cosas (Jn 21, 17)
Él da vida eterna (Jn 20, 28)
En Él habita la plenitud de Dios (Col. 2, 9)

HOMBRE

Él adoró al Padre (Jn 17)
Él le oró al Padre (Jn 17, 1)
Él fue llamado hombre (Mc 15, 39; Jn 19, 5)
Él fue llamado "Hijo del Hombre" (Jn 9, 35-37)
Él fue tentado (Mt 4, 1)
Él creció en sabiduría (Lc 2, 52)
Él murió (Rom 5, 8)
Él tiene un cuerpo de carne y huesos (Lc 24, 39)

Si reconocemos que Jesús murió en la cruz y que El es Dios, ¿podemos decir que Dios murió en la cruz?, si, es correcto decir que Dios murió en la cruz. Pero hay que entender bien para no caer en el error de pensar que Dios dejó de existir o fue disminuido.

La Iglesia enseña que "la naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo que es y hace en ella pertenece a "uno de la Trinidad" -Catecismo #470:

470 Puesto que en la unión misteriosa de la Encarnación "la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida" (GS22, 2), la Iglesia ha llegado a confesar con el correr de los siglos, la plena realidad del alma humana, con sus operaciones de inteligencia y de voluntad, y del cuerpo humano de Cristo. Pero paralelamente, ha tenido que recordar en cada ocasión que la naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo que es y hace en ella proviene de "uno de la Trinidad". El Hijo de Dios comunica, pues, a su humanidad su propio modo personal de existir en la Trinidad. Así, en su alma como en su cuerpo, Cristo expresa humanamente las costumbres divinas de la Trinidad (cf. Jn 14, 9-10):
«El Hijo de Dios [...] trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado» (GS 22, 2).

La segunda persona de la Trinidad asumió la naturaleza humana de manera que todo lo que le ocurre a Jesús (nacer, sufrir, morir, etc) se le atribuye a su persona que es divina. Hay una verdadera unión. Así lo enseña el Catecismo:

"... todo en la humanidad de Jesucristo debe ser atribuido a su persona divina como a su propio sujeto... no solamente los milagros sino también los sufrimientos y la misma muerte" Catecismo #468.
468 Después del Concilio de Calcedonia, algunos concibieron la naturaleza humana de Cristo como una especie de sujeto personal. Contra éstos, el quinto Concilio Ecuménico, en Constantinopla, el año 553 confesó a propósito de Cristo: "No hay más que una sola hipóstasis [o persona] [...] que es nuestro Señor Jesucristo, uno de la Trinidad" (Concilio de Constantinopla II: DS, 424). Por tanto, todo en la humanidad de Jesucristo debe ser atribuido a su persona divina como a su propio sujeto (cf. ya Concilio de Éfeso: DS, 255), no solamente los milagros sino también los sufrimientos (cf. Concilio de Constantinopla II: DS, 424) y la misma muerte: "El que ha sido crucificado en la carne, nuestro Señor Jesucristo, es verdadero Dios, Señor de la gloria y uno de la Santísima Trinidad" (ibíd., 432).

Tal vez nos sea más sencillo comprenderlo con un jemplo: Jesús nace de María, por lo tanto Dios nació de María. Por eso ella es Madre de Dios. Sabemos que Dios existe eternamente y no comienza a existir hace 2000 años. Pero si comienza a ser hombre hace 2000 años.

Igualmente la Iglesia enseña que Jesús murió en la cruz y como la persona de Jesús es divina, Dios murió en la cruz, sin con esto implicar que Dios dejó de existir, ya que sabemos que Dios no tiene principio ni fin. La naturaleza divina de Jesús no murió en la cruz, su naturaleza humana sí.

"Oh Cristo Dios, que por tu muerte has aplastado la muerte" (Tropario, citado en el Catecismo # 469)

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martes, 21 de abril de 2020

¿Puedo comulgar si llego tarde a Misa?


¿PUEDO COMULGAR SI LLEGO TARDE A MISA?
Por: Daniel Alberto Robles Macías

La Eucaristía resulta ser un acto único, por lo tanto, es necesario que se participe en ella de principio a fin.

Recuerdo muy bien que alguna vez me dijeron que para que la Misa dominical “me contara” como precepto dominical, debía llegar antes de las lecturas, para así poder pasar a comulgar. Incluso, he escuchado que si no llegas a tiempo, hay sacerdotes que no dan la comunión por esta razón, lo que me confunde un poco. ¿Qué dice la Iglesia al respecto de esta situación? Vamos a verlo.

Hay que recordar que para los católicos, asistir a Misa los domingos resulta ser una obligación como hijos de Dios, pues es la fuente y el pilar de la vida cristiana. No podemos llamarnos cristianos si no participamos de la Eucaristía, del pan vivo que es Cristo, que se entrega por todos. Pues ya lo dijo el Señor: “quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6, 54). Por lo tanto, cuando participamos de ella, nos preparamos para vivir en la eternidad con Él.

La Misa comprende dos partes importantes: la liturgia de la Palabra y la liturgia de la Eucaristía. Las dos son igual de importantes e indispensables. La Eucaristía resulta ser un acto único, por lo tanto, es necesario que se participe en ella de principio a fin.



Es muy triste ver, cómo muchas personas han perdido el interés y el deseo por ir a Misa. Muchos que se limitan a llegar a la hora que ellos quieren o que simplemente se quedan un rato y se retiran, como si se tratara de una simple charla. Participar de este sacrificio, no se debe ver solamente como un acto obligatorio, sino que formamos parte del acto de amor más grande y único en la tierra. A través de Él nos acercamos cada vez más al cielo, es como ir acumulando puntos para poder entrar a la presencia eterna de Dios.

Ahora bien, ¿Qué pasa si por una situación ajena a mi o por descuido llego tarde a Misa? Lo preferente es que si tenemos previsto asistir a una hora adecuada, tomemos las precauciones necesarias para llegar incluso varios minutos antes. Esto con la intención de prepararnos para poder participar desde el inicio. Si, por alguna razón llegas muy tarde, puedes considerar entonces asistir a otra Misa en horas posteriores para que la escuches entera y participes adecuadamente.

Actualmente no existe una normativa que nos diga hasta qué punto hemos llegado tarde a la Misa, lo que en consecuencia, no nos permita tener por cumplida nuestra obligación. Algunos dicen que antes de que inicie el ofertorio y otros que hasta antes de iniciar la Liturgia de la Palabra. Pero como ya dijimos, las dos partes de la Misa son importantes y únicas, las dos se complementan. Por lo tanto, guardemos la atención y el respeto a ambas.


Aunque te quiero recordar uno de los mandamientos de la Santa Madre Iglesia es: “Oír misa entera todos los Domingos y fiestas de guardar”. Así que cuando dice entera, no es a media liturgia de la Palabra, sino desde el momento en el que el Sacerdote inicia con la procesión de entrada.

Ahora bien, la comunión no puede negarse, a menos que la persona se encuentre dentro de los casos siguientes: “No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave” (915 del Código de Derecho Canónico). Por lo tanto, quien la niegue fuera de estos casos, estaría cometiendo un abuso.

Hagamos el esfuerzo de llegar a Misa a tiempo, con la consciencia de lo que significa acudir cada domingo, no por obligación sino como un gesto de amor y agradecimiento a Dios que nos ha dado tanto. Asimismo, no dejes de participar de la comunión, confiésate y prepárate para recibir al Señor, quien desea habitar en tu corazón. 




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domingo, 19 de abril de 2020

¿Por qué Dios me creó si sabía que me iba a condenar?


¿POR QUÉ DIOS ME CREÓ SI SABÍA QUE ME IBA A CONDENAR?
Por: Padre Eduardo Volpacchio

Quién no se ha planteado alguna vez una pregunta acuciante: si sabía que me iba a condenar ¿por qué Dios me creó?¿Tiene sentido esta pregunta? ¿Cómo se responde?

Esta pregunta, planteada con aparente inocencia, desconcierta a algunos cristianos. Se trata de una pregunta tramposa ya que encierra una grave acusación a Dios y hace muy difícil a quien se bloquea con ella, hacer lo necesario para alcanzar la salvación. Hay quienes la repite ingenuamente: la escucharon, los impactó y no supieron qué responder. Pero también hay quienes la susurran en los oídos de cristianos con la intención de sembrar dudas, abrir grietas en su fe, confundirlos, etc.


I. El cuestionamiento

En primer lugar hay que decir que lo que aparenta ser una pregunta, en realidad es un cuestionamiento a Dios: se lo acusa de injusticia y perversidad. Si me creó sabiendo que me condenaría, es evidente que no tengo chance de escapar al infierno. El lo sabe y lo sabía antes de crearme. De manera que Dios sería injusto al no dame la posibilidad de salvarme. Dios sería cruel: si sabía que me voy a condenar, creándome me condenó a condenarme. Si fuera bueno, cuando sabe que alguien se condenará no lo crearía… de manera que nadie se condenaría.

Como se ve, la frase que analizamos en el fondo sugiere la maldad divina, y -yendo un poco más allá- el ateísmo. El planteo se parece bastante a la tentación del pecado original, en cuanto pretende poner en duda la bondad de Dios.

En efecto, pertenece a una línea de argumentos que intenta demostrar la no existencia de Dios: bastaría con demostrar que Dios carece de atributos divinos para demostrar que ese Dios no existe. Veamos de qué manera.

Por definición Dios tiene que ser bueno. Si se demostrara que ese que llamás Dios es malo, entonces estaría demostrando que sencillamente no es Dios... y al mismo tiempo que no existiría... ya que es contradictorio que un ser por esencia bueno sea malo: y lo contradictorio no puede existir.

II. Es una falacia.

La pregunta parte de algo falso y tiene varios presupuestos igualmente falsos. Además, veremos que carece de lógica, acabando por ser absurda. Y para peor de males, desvía de la verdadera ocupación por la salvación, llevando a preocupaciones estériles.

1. Es falso que Dios nos cree “sabiendo” cuál será nuestra respuesta libre.
El problema no es de «ignorancia», sino de falta temporalidad. La eternidad es un presente absoluto. Por definición supone la no temporalidad: no hay ni pasado ni futuro. De manera que en la eternidad carece absolutamente de sentido pensar en un «antes» y un «después».

Por tanto, no cabe plantearse un conocimiento anterior a la creación, una creación posterior a ese conocimiento y una condenación sucesiva en el tiempo, por el sencillo motivo que de Dios está fuera del tiempo: para El no existe un antes y un después: todo es un continuo presente. De esta manera, el instante en que Dios crea y el momento de mi muerte son el mismo momento eterno. El «sabe» sin más, no hay un antes en el cual calcule mi respuesta, ni una previsión de la misma.

Dios no puede saber mi destino eterno antes de crearme sencillamente porque no existe ese antes. De manera que el problema que la pregunta plantea no existe.

Esto no es fácil de entender. El misterio reside en la conjugación de nuestra temporalidad con la eternidad de Dios. No podemos imaginarnos la eternidad porque carecemos de experiencia de la misma. Pero para nuestro asunto basta entender que en la eternidad, no existe ni el pasado ni el futuro: todo es presente.

2. La sola posibilidad de que Dios pueda crear a alguien para que se condene no sólo es falsa sino también impensable.
Si Dios creara en previsión a la condenación aunque sea de una sola persona, sería perverso. Dios es amor y toda su obra creadora y redentora es de amor. Quiere que todos se salven: no crea a nadie para que se condene, sino a todos para que tengan una vida eternamente feliz en la gloria. Que algunos no acepten el amor de Dios y lo rechacen, no hace malo a Dios... sino a quien lo rechaza... La Teología enseña que no hay predestinación al mal.

3. Supone un error en la consideración de la salvación o condenación como si fuese algo externo a nosotros: que viene de afuera, ajeno a mí.
Esto no es cierto: quien se condena, quiere condenarse. Nadie está en el infierno contra su voluntad. Esto es quizá lo más traumático del infierno. Basta leer el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1033):

«Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. (…) Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".»

4. Es absurdo acusar a Dios de mi posible condenación cuando Dios ofrece la salvación a todos y da todo lo necesario para salvarnos.
Frente a El sólo cabe el agradecimiento: me creó, se hizo hombre para redimirme, murió en la cruz por mí, se me da El mismo como alimento en la Eucaristía, está dispuesto a perdonarme todo lo que haga falta... Es decir, para salvarme ha hecho mucho más de lo que jamás podría haber esperado... Acusarlo de condenarme... es bastante caradura, desagradecido, hipócrita... Es como si el hijo pródigo, a su vuelta, en vez de acoger el perdón y gozar de la fiesta que le ofrece su padre, se volviera a ir, esta vez enojado con su padre porque lo dejó ir la vez anterior, lo culpara de sus pecados y rechazara la amorosa acogida. Como si hubiera vuelto sólo a insultar a su padre…

5. Es absurdo hablar de un futuro libre como si estuviera determinado.
Es ridículo hablar de mi posible condenación como un hecho por la sencilla razón de que ahora no estoy condenado y tengo todos los medios para salvarme. Si quiero me salvo, si no quiero no me salvo: depende de mí.

El cuestionamiento falla al presentar mi condenación como una fatalidad a la que estoy determinado haga lo que haga. Y esto no es cierto.

No es lógico hablar de un futuro que está en mis manos como de algo ya realizado y decidido por otro.

6. Es absurdo pretender poner en Dios la responsabilidad de algo que yo decido libremente.
El cuestionamiento pretende culpar a Dios de mi condenación, cuando en realidad yo soy el artífice de mi salvación o condenación. Supone desconocer la responsabilidad de mis propios actos y decisiones libre. Poner la responsabilidad de mi condenación en Dios es al menos irresponsable.

¿Qué sentido tiene culpar a Dios de algo que yo decido ahora libremente?

7. Supone el rechazo de nuestra libertad.
Hay quienes reniegan de su libertad. Dicen: ¿por qué Dios me creó libre? Preferirían no serlo... Hay un razonamiento implícito: "Dios me crea libre", "yo libremente me condeno", por tanto "Dios -al haberme hecho libre - es culpable de mi condenación".

Por el contrario la libertad es el mayor don que Dios nos ha dado en el plano natural, después de la vida (condición de todo don): ¡ser libre es muy bueno! La libertad es condición del amor: sin libertad no se puede amar. Dios nos hizo libres para que fuésemos capaces de amar. Quiso correr el riesgo de nuestra libertad: que al mismo tiempo fuésemos capaces de odiar… Pero la decisión es nuestra.

8. Supone la contradicción de querer salvarse y -al mismo tiempo- querer hacer lo necesario para condenarse.
Está implícito el deseo de salvación y el rechazo de los medios que conducen a ella. Como única solución se ve el "hubiera sido mejor no haber sido creado".

En el fondo se rechaza el proyecto de Dios para el hombre.

9. Supone rechazar la misericordia divina:
No podemos olvidar que Dios perdona siempre... de manera que sólo se puede condenar quien no acepte la misericordia divina.

Evidentemente el perdón divino exige que nos arrepintamos. Porque respeta nuestra libertad. No puede perdonarnos si nosotros rechazamos el perdón: no nos perdona en contra de nuestra voluntad. Para recibir el perdón hay que querer ser perdonado. Si yo no rechazo mi pecado, Dios «no me lo quita». Sin arrepentimiento (=rechazar mi pecado) no hay perdón posible, porque sería absurdo: yo querría conservar mi pecado y Dios me lo sacaría contra mi voluntad... Dios me obligaría a salvarme, cosa que yo no quiero.

10. Supone un error en la concepción de la conjugación de la libertad y la ciencia divina.

Que Dios «vea» como actúo no me quita libertad.

III. Paraliza y amarga

Un segundo problema con la pregunta que nos ocupa es que no conduce a nada, paraliza y amarga. Produce unos sentimientos que conducen a la condenación, al pretender dar por supuesta mi posible condenación, destruyendo la esperanza que es la que la hace posible.

Lleva a encarar mal la vida. Distrae del objetivo. Su principal gravedad es que desvía del camino de salvación.

Lo absurdo del planteo es que lleva a no poner los medios para la salvación. La hace parecer imposible.

La pregunta es ¿es tan difícil salvarse? La verdad que no. Conocemos el camino: está bien determinado. Cristo nos dejó los sacramentos, su palabra y hasta su cuerpo.

Es muy práctico. ¿Qué hacer para salvarse? Ir a Misa el domingo, confesarse de vez en cuando, rezar un poco todos los días, tratar de cumplir los mandamientos. Está al alcance de la mano. No es tan difícil. Además el premio es grandioso.

Hay que tener en cuenta que plantea las cosas fuera de su contexto real: conseguir la salvación no es fácil ni difícil: depende de la gracia de Dios y de nosotros.
El cauce está claro. Es accesible. Requiere esfuerzo.

Nos viene bien es este momento recordar una idea de C.S. Lewis: el demonio tiene interés en que nuestra atención se centre en lo que puede pasarnos, mientras que Dios quiere que la tengamos en lo que tenemos que hacer. Dejemos pues de pensar si nos condenaremos y comencemos a poner por obra lo que sabemos que nos conduce a la salvación.

Conclusión: el cuestionamiento falla por todos lados y por tanto no es sostenible racionalmente. No dejes que te robe el tiempo y la serenidad.

Lo verdaderamente importante no son las especulaciones rebuscadas. Por ese camino no alcanzaremos la salvación y nos llenaremos de angustias.

La salvación es posible para todos. Dios quiere que nos ocupemos de buscarla por los caminos que El nos ha mostrado y haciendo uso de los medios que El mismo nos ha dado.

Sería ridículo dejar de poner lo que está a nuestro alcance para ser santos y al mismo tiempo lamentarse de supuestas fatalidades condenatorias.


Nota final

Hay otros cuestionamientos semejantes que pretenden negar la omnipotencia divina. Es interesante analizarlos brevemente ya que hacen uso de la negación del principio de no contradicción:

¿Puede Dios hacer una piedra tan grande que no pueda levantar?
¿Puede Dios hacer un círculo cuadrado?

Evidentemente Dios no puede hacer lo contradictorio. Pero esto no es una imperfección ni una limitación. Sencillamente la contradicción no puede existir.
El principio de no contradicción es una ley del ser: "el ser es y el no se no es". "Es imposible que algo sea y no sea al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto".
Si vas al núcleo de la pregunta, lo que se plantea es ¿puede Dios no poder? Y esto es absurdo.
Es como si se preguntara: ¿puede Dios crear algo que no exista? ¿puede crear la nada? No, Dios no puede hacer existir el no ser. Y esto es pura lógica. No existe ningún problema en que Dios no pueda ir contra la lógica.
De la misma manera Dios no puede pecar ni equivocarse, y esto no es una limitación sino perfección suprema.

P. Eduardo Volpacchio
capellania@colegioelbuenayre.edu.ar
Completo la cuestión con un artículo de Louis de Wohl

El antídoto

Sobre saber divino, el tiempo humano, la predestinación y la Redención del hombre.
Louis de Wohl
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Dios es omnisciente», aprendemos. Por tanto tuvo que saber que nosotros los hombres abusaríamos del don que nos hizo de la libre voluntad. O sea, que en definitiva es culpa suya el que haya sucedido así. En definitiva, es Dios quien tiene la culpa de todo.

Con esta lógica falsa intentamos cargar a Dios con nuestras propias culpas. Siempre hemos sido cobardes morales. Ya el propio Adán intentó echar la culpa de su pecado a Eva. El error básico consiste en que aplicamos de modo totalmente erróneo el concepto de omnisciencia. Y esto lo hacemos porque nos imaginamos a Dios como a un hombre omnisciente.

Nosotros los hombres vivimos en el tiempo, es decir en un continuo discurrir de las cosas. Dios, sin embargo, vive fuera del tiempo. Para nosotros existe el pasado, el presente y el futuro. Para Dios todo es un eterno ahora. Por tanto no tiene ningún sentido hablar de que Dios sabía (pasado) lo que pasaría (futuro). Dios sabe. Para nosotros el presente es un instante mínimo, ya se ha convertido en pasado. Para Dios todo es presente. Y precisamente por eso es omnisciente. El no prevé –como el profeta–. El ve. Para Él no existe ni antes ni después. El concepto de tiempo es, como todo lo demás, parte de su Creación. Pero Él está por encima de su Creación y por ello por encima de todo lo temporal. Él crea al hombre (nosotros decimos: creó). El sabe (nosotros decimos: sabía) que el hombre peca (ha pecado). El posee el antídoto ¿Cuál es el antídoto contra la debilidad y la maldad? Todas las madres lo saben. Precisamente para la oveja negra, para el hijo malo y perverso, ellas sienten el doble y el triple de amor. Dios responde a nuestra caída con un Amor inmenso. Su antídoto es hacerse hombre Él mismo soportando en la cruz nuestras culpas, todas las culpas de todos los hombres de todas las épocas.

Y este hecho es el que eleva al cristianismo por encima de todas las demás religiones. El inocente ha cargado con nuestras culpas. Al hacerse hombre Cristo se ha convertido en hermano nuestro. Por eso nos enseñó a llamar «Padre» al Creador del universo. De criaturas de Dios nos convertimos en hijos de Dios. Esta es la respuesta del Amor. Este es el antídoto.

Fuente católicodefiendetufe

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viernes, 20 de marzo de 2020

Si hubiera vida en otros planetas, ¿Cambiaría la fe Católica?


SI HUBIERA VIDA EN OTROS PLANETAS, ¿CAMBIARÍA LA FE CATÓLICA?
Fuente: ACI Prensa

Dios, en su libertad, podría haber creado otras criaturas inteligentes y ellas serían también parte de la creación

El miércoles, 22 de febrero de 2017, la NASA anunció el descubrimiento de un sistema solar con planetas similares a la Tierra, y en la redes sociales surgió la interrogante sobre cómo el eventual hallazgo de vida extraterrestre podría cambiar el cristianismo y su visión del universo.

Según informó la NASA, el nuevo sistema solar está a 40 años luz de la Tierra y posee siete planetas con una masa similar al nuestro. Además, tres de estos se encuentran en una zona habitable y podrían albergar océanos de agua en la superficie, aumentando la posibilidad de que puedan acoger vida.

Ya en el año 2012 el entonces director del Observatorio Astronómico del Vaticano, el jesuita argentino José Gabriel Funes, afirmó que si bien hay grandes probabilidades de que exista vida fuera del planeta Tierra, esto no cambia la visión cristiana del universo. “No veo ninguna dificultad para la fe católica”, aseguró.

En declaraciones a ACI Prensa, el sacerdote señaló que de haber vida extraterrestre, “los católicos no tenemos necesidad de cambiar nuestra visión del universo”, pues “Dios, en su libertad, podría haber creado otras criaturas también inteligentes y poder ser parte de la creación”.

Según el P. Funes, estos seres "se podrían relacionar con Dios, así como lo hemos hecho nosotros" y su existencia no estaría lidiada con la existencia de Jesucristo.

El sacerdote explicó que todo se reduce a probabilidad. Considerando que el universo está hecho de cien mil millones de galaxias y "si dividimos las galaxias por la población mundial, a cada uno le tocarían 14 galaxias, cada una estas galaxias están hechas de unos cien mil millones de estrellas".

Es posible, entonces, "que cada una de estas estrellas tengan planetas que giran alrededor de otras estrellas, como lo hacen alrededor del Sol. Y por lo tanto, sería posible la existencia de vida en el universo".

"Es mucho lo que sabemos, porque podemos reconstruir la historia del universo desde los primeros instantes hasta la formación de la tierra, de los planetas, esto no está en contradicción con la fe. Lo que aprendemos del mensaje bíblico, y también con la reflexión teológica. Lo que sabemos por la fe, y también por la razón, no solo por la fe, es que Dios es el creador, un Padre bueno, que nos sostiene en el ser, en el existir", dijo.

Dentro de este marco, recordó que el universo "existe gracias a la voluntad de Dios, y como dice la Biblia, "cuando al terminar de crear vio Dios que era bueno...", también nos tiene que ayudar a nosotros viendo la bondad del universo, mirar también con ojos de bondad en la historia de la humanidad y también nuestra propia historia en la tierra".

"De todos modos, por ahora, no tenemos ningún resultado. No hay ninguna evidencia de que exista vida fuera de la Tierra. Este descubrimiento podría suceder mañana. Tal vez dentro de mil años, o tal vez jamás suceda", y "que alguna vez tengamos una evidencia de que haya vida, depende de la ciencia, si no, es inútil especular", señaló.

El P. Funes se licenció en Astronomía en el año 1985, posteriormente ingresó en la Compañía de Jesús, y después de su ordenación sacerdotal, se doctoró en astrofísica en la Universidad de Padua, Italia. Posteriormente, los superiores de su congregación lo destinaron como astrónomo al Observatorio Vaticano, y en el año 2006, el Papa Benedicto XVI, lo nombró director del organismo.

El P. Funes señaló entonces que el Observatorio "trata de hacer de puente, un puente entre la Iglesia Católica y los científicos, en particular los astrónomos. Es un desafío que entusiasma, que también permite llegar a más público, porque hay temas muy interesantes, el origen del universo, la posibilidad de vida extraterrestre".

En este sentido, explicó que la relación entre ciencia y fe ocupa un lugar muy importante para el Santo Padre, "se puede ver en sus homilías, en sus discursos...en particular, para el Observatorio Vaticano y para los otros observatorios también en el mundo, 2009 fue una época muy importante, porque fue el año internacional para la astronomía, durante ese año, el Papa (Benedicto XVI) se refirió varias veces a la astronomía en particular, y en ese año, el Papa inauguró las nuevas instalaciones del observatorio".

Se puede afirmar que el origen de Observatorio Vaticano, como se le conoce hoy, se puede fijar al año 1891, cuando el Papa León XIII quiso demostrar que la Iglesia no se opone al desarrollo científico y que, por el contrario, promueve la ciencia de gran calidad.

Hoy en día, el Observatorio Astronómico del Vaticano se divide en dos grupos, uno con una sede histórica en los jardines pontificios de Castel Gandolfo, y otro en Monte Graham, Tucson, Arizona (Estados Unidos), donde los investigadores, principalmente sacerdotes jesuitas, tienen su telescopio más importante. Es uno de los centros astronómicos más importantes del mundo.

Fuente católicodefiendetufe

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viernes, 31 de enero de 2020

¿Y si Dios no existe?


¿Y SI DIOS NO EXISTE?
Por: Fernando de Navascués
La propuesta de Blaise Pascal y la de los papas Benedicto XVI y Francisco

Blaise Pascal fue una mente privilegiada del siglo XVII que murió muy joven, con apenas 39 años. Fue uno de los científicos y pensadores más importantes del occidente cristiano, con una serie de aportaciones fundamentales a la Matemática, la Historia Natural, la Física (sobre todo en el tema de fluidos) y, como hombre de su tiempo, también a la Filosofía y a la Teología. En este último campo, hay una obra especialmente significativa titulada: “Apología de la religión cristiana”, en la que se engloban diferentes pensamientos e ideas, pero uno especialmente llamativo acerca de la posible o no existencia de Dios.

Pascal plantea las posibles respuestas que se puedan dar ante la existencia de Dios. La idea fundamental es, y por la que él apuesta, que optemos por querer y aceptar a Dios en nuestras vidas. Esto puede parecer lógico para un creyente. Y así es. Pero él también plantea esa aceptación para las personas que no creen o dudan de la existencia de Dios.

La tesis de Pascal es que, si una persona cree en Dios, y efectivamente Dios existe, y tiene una vida coherente con esa creencia, ciertamente este creyente ganará la vida eterna.

También existe el caso contrario: afirmar que Dios no existe, y que Dios no exista. En este caso, la persona no pierde nada: no cree, y además Dios no existe. No pierde nada porque no hay nada después.

Otra posibilidad es que haya una persona que no crea en Dios, pero sí exista la divinidad. ¿Qué pasaría entonces? De entrada, hasta donde nosotros podemos llegar, es que el ateo “ha perdido la apuesta” y se encontrará en un serio aprieto.

Con todo, Blaise Pascal plantea una cuarta opción, muy utilitarista, interesada, pero no tan descabellada, una opción destinada a los ateos y agnósticos, y es afirmar y vivir como como si Dios existiera. Si al final del camino resulta que Dios existe… entonces habrás ganado la vida eterna. Y si Dios no existe… pues no ha pasado nada. No había nada que ganar.

Este planteamiento es útil, por decirlo de alguna forma, para aquellos que no tienen fe. Pero en realidad es un planteamiento muy alejado de lo que la fe cristiana cree y profesa. Basta recordar la encíclica Deus Caritas est, del papa Benedicto XVI, en la que se explica que nadie se hace cristiano por una decisión racional, sino por un encuentro personal con Jesucristo: “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, 1).

Esto me lleva a algo que es fundamental: nuestra misión de apóstoles no está relacionada con una parroquia, con un Movimiento, con una asociación… sino con Jesucristo. Como apóstoles no se nos preguntará si hicimos crecer el número de los miembros de nuestro Movimiento, o si hicimos tales o cuales obras de apostolado, sino si presentamos a Cristo a tal o cual persona. No son la pomposidad de las obras o los números, sino más bien si estamos siendo facilitadores del encuentro con Cristo con aquellas personas con las que nos encontramos.

Es una visión radicalmente opuesta a la de Pascal. Lejos del planteamiento utilitarista y filosófico de Pascal, hoy lo que los hombres y mujeres del siglo XXI necesitan son testigos. Testigos de Jesucristo dispuestos a ser misioneros suyos allí donde nos encontremos. El papa Francisco habla de la “parresía” en su exhortación apostólica Gaudete et exultate, y habla de lo que tiene que ser un testigo de Jesucristo: “Nos moviliza el ejemplo de tantos sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que se dedican a anunciar y a servir con gran fidelidad, muchas veces arriesgando sus vidas y ciertamente a costa de su comodidad. Su testimonio nos recuerda que la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida. Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante” (Gaudete et exultate, 138).

Que sea esta nuestra apuesta y no la del cálculo interesado.


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miércoles, 29 de enero de 2020

¿Cómo distinguir si un grupo religioso es una secta?


¿CÓMO DISTINGUIR SI UN GRUPO RELIGIOSO ES UNA SECTA?
Por: Vicente Jara

La «secta» es un grupo cerrado, tanto a otros creyentes como a la sociedad en muchas de sus estructuras, incluso mostrándose replegada y en ocasiones combativa, según los casos; no pretende la universalidad, sino que tiende a ser un gueto de convertidos e iluminados elitista.

Algunas agrupaciones que los especialistas consideramos «secta» tienen en su denominación la palabra «iglesia». Es de esta forma un argumento utilizado por estos grupos para declararse como «no-sectas», sino como «iglesias». Además con ello se defienden de acusaciones peyorativas mostrando que realmente son una iglesia, como los cristianos en cualquiera de sus denominaciones. Pero… ¿puede ser declarada como secta una iglesia?

El origen de la confusión

Serían los sociólogos alemanes Max Weber (1864-1920) y Ernst Troeltsch (1865-1923) quienes en los inicios del siglo XX contrapusieron ambos términos, definiéndolos con características opuestas. De esta forma la «iglesia» sería una agrupación de gran membresía, multitudinaria; que mantiene relaciones abiertas, aceptadas y legítimas con la sociedad e incluso con otras agrupaciones religiosas; en ella existe algún tipo de ritual de pertenencia (bautismo) que se imparte incluso a personas sin la edad suficiente para tomar sus propias decisiones (niños); pretende universalizarse y alcanzar total difusión; no procura mantener los más altos cánones de comportamiento y observancia religiosa entre sus miembros, aspecto ligado al anterior, para así poder llegar a todo tipo de personas en todas las culturas.

Por el contrario, la «secta» es un grupo pequeño, cerrado, tanto a otros creyentes como a la sociedad en muchas de sus estructuras, incluso mostrándose replegada y en ocasiones combativa, según los casos; no pretende la universalidad, sino que tiende a ser un gueto de convertidos e iluminados elitista; se entra en el grupo por una conversión en la vida adulta y la pertenencia significa un cumplimiento exigente moral y religioso.

Aunque esta exposición de contrarios haya sido superada y desde sus mismos inicios fuera criticada por otros autores hemos de decir que esta polarización dicotómica sigue funcionando en gran parte hoy en día entre la población, llevando a muchas agrupaciones sectarias a buscar la denominación de «iglesia» para lavar su verdadera cara y comportamiento, y más cuando la calificación de ser «grupo sectario» es altamente negativa hoy en día y desde hace más de medio siglo.

El sacerdote don Manuel Guerra, en su «Diccionario Enciclopédico de las Sectas» afirma que «no pocas ?sectas? se llaman ?iglesia?, por ejemplo 171 de las descritas en esta obra [aumentadas en 13 en la ampliación del mismo diccionario], a pesar de las notas diferenciales entre ambas realidades y conceptos […] Lo suelen hacer por fines tácticos o proselitistas y de asimilación a la Iglesia católica».

Por otro lado, no podemos negar que en la ciudadanía lo normal a la hora de distinguir y de entender lo ajeno es hacerlo en base a lo conocido, aunque se realice de manera subjetiva. Es por ello que para entender a las sectas psicológicamente los procesos mentales lleven a compararlas con las religiones, y en el contexto de Occidente, el concreto con el cristianismo, con la Iglesia, quien ha modelado y sigue configurando el universo mental de sus ciudadanos, que han ido viendo cómo multitud de agrupaciones confusas, borrosas y también llamativas y a veces extravagantes han ido poblando su espacio geográfico desde el pasado siglo XX.

Algunos ejemplos

Dos de las sectas más grandes en el mundo, y en muchas ocasiones las mayores en muchos países occidentales son los Testigos de Jehová, cuyo nombre completo es Testigos Cristianos de Jehová, y los mormones, cuya denominación es Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Y, sin embargo, todos los especialistas en sectas las califican como sectas.

Jamás han sido cristianos, nunca han pertenecido ni a la Iglesia católica, ni ortodoxa, pero ni incluso a ninguna denominación del protestantismo, a pesar de la gran diversidad existente en estas últimas. Ni ahora ni nunca. No son reconocidas por la cristiandad como iglesias cristianas, a pesar de manifestar con su denominación que lo son, o pretender serlo adjudicándose dicha etiqueta.

Ahondando más, ¿Qué decir por ejemplo de la desorientación (¿se trata de una secta o de una iglesia?) que puede producir en cualquiera saber que un determinado grupo se llama Iglesia Cristiana Milenarista (que es realmente una escisión de los Testigos de Jehová) o Iglesia de Cristo (que no es sino un grupo desgajado del tronco inicial del mormonismo), Iglesia del Cordero de Dios (también otro desgajamiento del mormonismo), Iglesia de la Ciencia Esencial (corporación de corte espiritista) o Iglesia de la Fuente Eterna (congregación esotérica de corte religioso egipcio).

Posiblemente sea la secta Cienciología quien más ha luchado, y continúa en ello, por su reconocimiento como «iglesia». Se afirma que su fundador, Lafayette Ronald Hubbard (1911-1986), tras la creación de su sistema pseudo-científico de corte psicológico y también médico Dianética, vio que el mejor modo de protegerse de ataques del colectivo científico que veía absurdas sus ideas era convertirse en una religión, la Iglesia de la Cienciología. Que además le permitía una serie de garantías legales y beneficios con la Hacienda Pública.

Así, un mismo grupo, Cienciología, según los países es denominado iglesia (España, Portugal, Nueva Zelanda, Suecia…), mientras que otros lo han calificado como secta (Francia, Chile,…), si bien los matices, apreciaciones y status jurídico es sumamente diferente en cada Estado.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Son sectas o son iglesias?
Es claro y nítido tras este breve repaso de algunos ejemplos el deseo de enmascararse y hacerse atractivo usando del calificativo «iglesia» por parte de algunas agrupaciones que en circunstancias normales serían calificadas como agrupaciones sectarias.

El proselitismo engañoso es una característica básica del comportamiento sectario. Ofrece algo atractivo, un señuelo, que suele ser el mundo trascendente y religioso, lo utópico, lo idealista, lo paradisíaco, manteniendo al mismo tiempo un mimetismo, es decir, haciéndose pasar el grupo por lo que no es.

Esta y no otra es la razón por la que la pretensión de que un grupo desee con vehemencia y fuerte afán jurídico y social el lograr la denominación de «iglesia» puede ser el mejor indicio de su verdadero rostro, no ser sino una secta en realidad, muy al margen de su nomenclatura y a pesar de ella. Es cierto que no todas agrupaciones sectarias son igualmente destructivas, hay grupos más inocuos y otros más peligrosos, pero el proselitismo engañoso, no mostrar su verdadero rostro, es el denominador común en todas ellas.

Bibliografía
+ Bryan Wilson. “Sociología de las sectas religiosas”. Editorial Guadarrama. Madrid. 1970.

+ Vicente Jara – Jorge Núñez. “Los Mormones: ¿De verdad sabes quiénes son?”. Digital Reasons. Madrid. 2017.

+ Vicente Jara. “¿Qué es una secta? El criterio de demarcación. El criterio de demarcación”. http://about-sects-and-cults.org/Articulos/CriterioDemarcacion/SectaDefinicionDemarcacion.pdf
+ Infocatólica. “Manuel Guerra actualiza el Diccionario en el que describe 1.500 sectas”. http://www.infocatolica.com/blog/infories.php/1304220122-manuel-guerra-actualiza-el-di

+ Vicente Jara. “Sectas e Iglesias”. Radio María España. https://www.ivoox.com/ries-conoce-sectas-radio-maria-audios-mp3_rf_4228452_1.html

+ Wikipedia. “Scientology status by country”. https://en.wikipedia.org/wiki/Scientology_status_by_country

Fuente Oropel.org

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