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miércoles, 12 de agosto de 2020

Los testigos de Jehová son politeístas. Ellos sí creen en tres dioses

LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ SON POLITEÍSTAS. ELLOS SÍ CREEN EN TRES DIOSES

Por Israel Octavio Hernández

Cuántas veces hemos visto en las revistas "La atalaya" y libros de la Sociedad Watchtower artículos en contra de la Trinidad de Dios, alegando que sus orígenes son paganos y aunque en La Santísima Trinidad se habla de UN SOLO DIOS en tres personas distintas, la Watchtower dice que es similar a las triadas paganas, inclusive editaron un folleto sobre el tema titulado: "¿Debería usted creer en la trinidad?".

Lo que resulta curioso es que la Sociedad Whatchtower ¡Sí enseña en su literatura a creer en tres dioses! Pues dicen que:

-Jehová es el Dios todopoderoso.
-Jesús es el dios poderoso y
-Satanás es el dios de este mundo.

¡Una triada de dioses!

El dios Jehová

Es el dios que se a creado la Sociedad Watchtower, pues NO es el mismo Dios Bíblico. El dios jehovista prohíbe las transfusiones de sangre, revela fechas del fin del mundo falsas, destruirá a los que no son testigos de Jehová en el Armagedón, tiene un pequeño grupo como sus hijos y una gran muchedumbre como sus nietos, etc.

El dios Jesús

dios con minúscula, pues así lo traducen en (Juan 1,1) siendo así un dios menor, Ya que Jehová es el Dios todopoderoso, Jesús es inferior al padre, pues él sólo es dios poderoso, basándose en Isaías 9,6 (aunque la traducción del Nuevo Mundo ahí si traduce Dios con mayúscula), pero aquí hay un problema, pues en Apocalipsis 22,12-13 Jesús dice que Él es el Todopoderoso.

Jesús según la sociedad WT aparte de ser un dios también es sólo una "COSA" creada por el padre (Col 1;16 TNM)

Ahora, todo esto es contradictorio, pues la Biblia dice que hay sólo UN Dios verdadero (Juan 17,3) y si solo hay un Dios verdadero entonces Jesús vendría siendo el dios falso. De locos, ¿No cree usted?

El dios Satanás

Los testigos creen 100% que Satanás ¡Sí es un dios! ¡Hasta defienden tal idea! Inclusive han sacado a la luz un folletito llamado "¿Quién es el gobernante de este mundo?".

Pero Satanás NO es un dios, sino que nosotros los humanos somos los que que lo hacemos tal, como puede ocurrir con el dinero, la lujuria, la gula, el vicio etc.etc.

Todo eso NO es un dios, pero nosotros al hacerlo el centro de nuestra vida lo ponemos en lugar de Dios y lo hacemos un dios.
Así Satanás, él NO es un dios, nosotros lo hemos hecho tal, como dice la Escritura 2Cor 4,4.

A los testigos se les olvida que la palabra dios o dioses, también pueden tener un significado principesco, como en Sal 82,6-7 Jn 10,34.

Es por eso que en el Evangelio de San Juan se le llama a Satanás más correctamente como "el Príncipe de este mundo": Juan 12,31; 14,30 16,11.

Así como vemos, NO hay tres dioses, NO existen tales dioses, Jn 17,3 es claro y dice que hay UN solo Dios verdadero, al Igual que Isa 43,10.

Pero la Sociedad Watchtower se aferra a enseñar que hay tres dioses y todos los testigos lo creen así. Eso los hace POLITEISTAS, pues creer en varios dioses los adjudica como tales.

Entonces....¿Quiénes son los que sí creen en una TRIADA de dioses? Sin duda alguna... los testigos de Jehová

"Pues aun cuando se les dé el nombre de dioses, bien en el el cielo bien en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y de señores, para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros." 1Cor 8,5-6.


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domingo, 17 de mayo de 2020

Explosivo reporte: Testigos de Jehová escondieron miles de casos de abuso sexual infantil


EXPLOSIVO REPORTE: TESTIGOS DE JEHOVÁ ESCONDIERON MILES DE CASOS DE ABUSO INFANTIL

Por años han surgido reportes de una supuesta red de abusos sexuales en contra de menores de edad en el seno de la iglesia de los Testigos de Jehová. Ahora, un explosivo reporte publicado por la prestigiada publicación The Atlanticthis link opens in a new tab está dando mucho de qué hablar al arrojar nueva luz sobre dichos abusos supuestamente ocultos.

Según Douglas Quequa, autor del artículo, recientemente tuvo contacto con Mark O’Donnell, un ex Testigo de Jehová que abandonó la religión en 2013 y que desde entonces se ha dedicado a exponer las controversias que rodean a dicho culto.

O’Donell, de 51 años y residente en Baltimore, Maryland, mostró documentos, cartas y mensajes enviados a Watchtower Bible and Tract Society, organismo que encabeza dicha religión, donde se delataban diversas fallas cometidas por sus integrantes. Algunas ellas van desde fumar marihuana, hasta el abuso sexual de menores.

Los documentos fueron extraídos de las oficinas de Watchtower y enviados a O’Donell por medio de una fuente anónima.

Según se ha informado en el pasado, en 1997 la alta jerarquía de los Testigos de Jehová ordenó la creación de un reporte que recaudara la información de los pederastas y abusadores. Por medio de una encuesta privada se pidió a los integrantes de la iglesia -que actualmente suman unos 8. 5 millones- el denunciar los abusos. A partir de entonces 10,883 sobres con distintas quejas fueron enviados a Watchtower detallando los abusos en múltiples comunidades.

La encuesta se cerró en 2011 y desde entonces la información quedó en manos de los Testigos de Jehová sin que se reportara abuso alguno a las autoridades. A pesar de las múltiples demandas surgidas en su contra, Watchtower se ha rehusado a cumplir con varias órdenes de la corte de hacer público el contenido de su base de datos con los supuestos abusos y ha pagado millones para mantenerlo en secreto, incluso de aquellos que fueron abusados y cuyos casos fueron reportados a la iglesia, según explica Quequa.

“Nuestra políticas sobre la protección de menores obedecen a las normas de l ley, incluyendo los requerimientos de los mayores de reportar acusaciones de abuso a las autoridades”, dijeron por su parte portavoces de Watchtower.

Por peopleenespanol.com

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lunes, 11 de mayo de 2020

El costo del paraíso para los testigos de Jehová es levantando escombros y cadáveres, sin ayuda de su padre


EL COSTO DEL PARAÍSO PARA LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ ES LEVANTANDO ESCOMBROS Y CADÁVERES, SIN AYUDA DE SU PADRE
Por: José Leopoldo Fierro Córdova

Imaginemos esta historia:

Un padre millonario se niega a que su hijo estudie una carrera universitaria, ya que es posible próximamente estalle una guerra y no podría graduarse debido a ella, ya que las universidades de su región o país quedarán aniquilados. Su padre mejor le sugiere que su hijo se prepare en oficios artesanales, ya que estos le serán útiles para reparar todos los daños que la guerra cause en forma material.

En caso de que su hijo llegue a salvarse de dicha guerra. El hijo debe obedecer a su Padre, estudia en la Universidad y se gradúa en una excelente profesión... le avisa a su padre de este gran logro y le dice: Padre, después de varios años que no hemos podido vernos personalmente, ahora mi mayor deseo es regresar contigo y ejercer mi profesión cerca de ti y ayudarte en lo que yo pueda, como prueba del amor que siempre te he procesado.

El padre le responde, yo no te considero mi hijo, quizás sólo como un nieto y no permito que vengas a mi casa jamás, yo aquí por siempre tendré que atender a unos norteamericanos a los que si considero mis hijos.

Yo lo que te OFREZCO solamente, es que vivas en un amplio terreno de mi propiedad, que quedó en ruinas por una guerra en ese sitio... levanta el escombro y varios esqueletos de los que perecieron y cuyas carnes consumieron las aves de rapiña ( ya vez que estas no se comen las osamentas) y haz de ese sitio un paraíso con tu esfuerzo y no esperes que yo o mis amigos norteamericanos vayamos a ayudarte a tan asquerosa labor.

¿Qué pensaríamos de un Padre así? Un verdadero monstruo de desamor a su hijo.

Pues así es el Dios de los Testigos de Jehová.

Sólo los 144 mil ungidos vivirán eternamente en el cielo con él.
Digo norteamericanos, por que la Watchtower en su literatura identifica a uno de ellos, siempre resultan de esa nacionalidad y sólo a éstos se los considera hijos de Dios.

El resto de los TJ que son de clase terrenal, jamás vivirán con Jehová en el cielo.

Terminado el Armagedon, ellos y no JEHOVA tendrán que recoger el escombro y esqueletos de los inicuos que perecieron en él, por el pecado de no ser testigos de Jehová ungidos y serán millones.

Así es el paraíso prometido a los pobres testigos por sus líderes.

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miércoles, 29 de abril de 2020

Vea cómo los testigos de Jehová falsifican citas para engañar a las personas


VEA CÓMO LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ FALSIFICAN CITAS PARA ENGAÑAR A LAS PERSONAS
Por Israel Octavio Hernández (Agustín Hipona)

Los dirigentes de la Wachtower tienen la cara más dura que una roca, pues no les importa falsear la Biblia, distorsionar documentos, o comentarios de algún personaje político para validar sus falsas espectativas, y así tener a sus miembros sometidos a sus pies. No importándoles los sentimientos o buena fe de estas personas. Claro ejemplo de ello lo vemos en el Libro de Estudio, "La Verdad que lleva a la Vida Eterna", un libro que editó la Watchtower en 1968, los tiempos en los cuales esperaban el fin del mundo para 1975 y comenzaron hacerle propaganda a esa fecha en toda su literatura, ya sea directa o indirectamente.

Así en la primera edición de 1968 en la página 9, citando a un anterior secretario de estado:

"También se informó allá en 1960, un anterior secretario de estado de los Estados Unidos, Dean Achenson, declaró que nuestro tiempo es "un periodo de inestabilidad sin igual, de violencia sin igual." Y advirtió: "Se suficiente de lo que esta pasando para asegurarles que, quince años desde hoy, este mundo va a ser demasiado peligroso para vivir en él." La Verdad que lleva a la Vida Eterna. Página.9 edición de 1968.

Pongamos atención en que el secretario realizó esa declaración en 1960, y dice: "quince años desde hoy" la cuenta nos da el año 1975.

Es por eso que la Watchtower lo cita, pero....

El fin esperado no llegó, y el libro lo siguieron utilizando para dar estudios bíblicos, entonces los cara dura tuvieron que cambiar las palabras del ex secretario en la revisión de 1981, y en la misma pag.9 dice:

"pronto esté mundo va a ser demasiado peligroso para vivir". La Verdad que lleva a la Vida Eterna. Página 9 edición de 1981.

Añadieron la palabra PRONTO, y sus adeptos ya no tuvieron ningún problema para seguir enseñando sus falsas expectativas, y sus cálculos erróneos, como dije... Los testigos de Jehová tienen LA CARA MUY DURA.

Fuente católicodefiendetufe

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lunes, 27 de abril de 2020

Desesperados discursos en los salones del reino de los testigos de Jehová


DESESPERADOS DISCURSOS EN LOS SALONES DEL REINO DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ
Por José Leopoldo Fierro Córdova

Es ya muy conocida la situación de crisis de captación de nuevos adeptos a la religión de Testigos de Jehová. Está secta está "en picada" y agonizante. Varios factores le han dado el golpe mortal que la hará desaparecer pronto. Entre estos, la aparición de la Internet que ha debilitado su producción de literatura a nivel mundial, su principal fuente de ingresos $$$$ y que permite a sus adeptos enterarse en la privacidad de su hogar de las falsedades de la doctrinas de las secta y de su origen y pasado borrascoso desde que la fundó Carlos Rusell a finales del siglo XIX en EUA.

En Internet existen multitud de sitios administrados por ex TJ que hacen INTENSA labor de poner en evidencia de la falsedad de la secta y sus malos manejos. Lo más terrible, es que reciben información privada, de Testigos de Jehová aún dentro de la secta, de adeptos que ya no son fieles a ella y filtran esa información a los ex TJ para cooperar al derrumbamiento de ésta, que al suceder esto, ellos saldrán libres de ésta de entre sus escombros, ocasionando la salida de muchos de la secta y a otros los vuelve inactivos dentro de ella. Que sólo no se salen por temor a las represalias que les aplican a los desertores de esta falsa religión.

Por estos y otros factores que sería largo enumerar... Actualmente los ancianos de la secta han intensificado armar motivaciones de cuentecitos ficticios de supuestos nuevos conversos y mensajes a sus adeptos aún fieles a la secta, para que sigan dentro de ella.

Me comentaron dé uno de estos "discursos" de los ancianos para "cargarles las pilas" a los TJ que aún están cautivos en el sistema jehovista. Les decía el discursante en las Asambleas de Distrito de septiembre y octubre 2018 a sus 'hermanos" entre otros conceptos los siguientes:

"Hermanos ya falta muy poco para la llegada del paraíso... quizás se sientan cansados y Satanás busca que perdamos la fe... más consideren un corredor en un tramo de 10 kmts. Inicia con mucho vigor; pero ya al llevar recorridos 9 kmts. 950 m. ya se siente cansado; más la meta ya está cerca... así ustedes hermanos, ya han corrido mucho al servicio de Jehová, falta ya muy poquito para llegar a la meta, no deben desanimarse. No permitan que Satanás erosione nuestra fe y perdamos el gozo. Visualicen cómo será la hermosa casa que recibirán en el Paraíso... debemos seguir trabajando y adquiriendo el conocimiento exacto de las promesas de Jehová, no DEJAR DE ASISTIR A LAS REUNIONES Y PREDICAR... hay que acelerar el paso y seguir adelante, ya falta muy poco para llegar a la meta. HERMANOS imagínense: ya podemos desde ahora percibir el agradable olor de los árboles frutales y del pasto verde y el agua cristalina del paraíso, mantengamos viva nuestra alma en la fe, ahora que ya falta tan poquito tiempo para llegar a la meta, bla, bla,bla..."

Este es el panorama que se vive en la predicación cotidiana dentro de los Salones del Reino y Asambleas de la religión jehovista, cada vez más vacíos de adeptos. UTILIZAN EL CACAREADO paraíso, siempre anunciado desde Rusell ya cercano, como un objetivo a seguir y esperar, pero como siempre, nunca presente.

Un ex TJ que permaneció fiel a esa religión como 30 años, me comentó : "ahora que ya estoy fuera, comprendo que siempre nos hicieron correr tras de una quimera... como los perros de los galgodromos que los hacen correr contra una liebre mecánica que nunca alcanzan".

Fuente católicodefiendetufe

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sábado, 25 de abril de 2020

El origen de los testigos de Jehová


EL ORIGEN DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ
Por José Leopoldo Fierro Córdova

Es característica de toda secta el ocultamiento de su origen y fundador. Los Testigos de Jehova no pueden quedarse fuera de esta evaluación:

Si analizamos el libro de la WT titulado " Los Testigos de Jehova, proclamadores del reino de Dios", donde sus editores pretenden narrarnos su historia " sin imparcialidad, con objetividad ya que ellos dicen conocer su historia por ser ellos mismos los protagonistas..."

1.- Para los siglos que transcurrieron de Adán a Cristo, ocupa el relato 32 páginas de las 750 que contiene la obra citada.

2.- Para los siglos que van desde finales del siglo I de la E.C. hasta la aparición del fundador C.Rusell, el libro ocupa solamente 9 páginas ( de la 33 a la 41).

3.- En cambio para el corto lapso de 1870 cuando inicia sus labores el supuesto "7° Ángel del Apocalipsis " como se autoproclamó el Sr. Rusell hasta los tiempos actuales, el libro utiliza 708 páginas ( de la 42 a la 750).

He aquí la mayor prueba de su origen humano y made en Usa.

Solamente un ciego no ve en esto el gran vacío que justifica el origen supuestamente divino de la secta TJ. Esta situación se refleja siempre en toda literatura WT que pretenda auto narrarnos su "historia", ejemplo sucede lo mismo en el libro de Textos Bíblicos para 1975 y otros semejantes. En cambio es significativo ( y en el mismo libro Proclamadores se confirma, pag. 35 ), que si tienen registro de católicos muy antiguos como Cipriano obispo de Cartago. Conocen más de la supuesta "prostituta católica" y de su congregación inmaculada están en el vacío. Ellos mismos lo dicen en:

" En cuanto a precisamente como existió y sirvió la clase del esclavo fiel y discreto " a través de los siglos después de la muerte de los apóstoles del Amo Jesucristo no tenemos un cuadro histórico claro" (mayúsculas mías). Pag. 345, libro " El Reino de los 1000 años de Dios se ha acercado edición 1975 en español. En el libro antes citado, en cambio vuelven a citar a Cipriano de Cártago identificándolo no solamente como católico, sino algo más contundente: " Aunque este obispo africano (se refieren a S. Cipriano de Cartago) se le consideró uno de los "padres" de la Iglesia y fue hecho santo por la Iglesia Católica romana, subsiste el hecho de que era un clérigo, uno del clero que llego existir después de la muerte de los Apóstoles de Jesucristo y los que estuvieron estrechamente asociados con ellos" Pag. 379 libro " El Reino de los 1000 años de Dios se ha acercado..."

! Qué incongruencia ! Están más informados de la "prostituta" católica que de ellos mismos y para colmo asocian su origen a Jesús y los apóstoles. y para colmo, en el pie de pag. (pag.379) en pregunta de estudio dicen así:

¿ Quién fue este Cipriano y qué puesto tuvo en la congregación durante el tercer siglo?

Si vamos ahora a la pag.48 del libro Sea Dios Veraz de la WT, aquí se afirmaba que la Iglesia Católica tuvo su origen en el siglo IV con Constantino.

¿ Entonces como se comprende que había católicos en el siglo III si aún la I. Católica no existía ?

Volvemos a comprobar las contradicciones de la secta y la imposibilidad de que sus adeptos razonen y encuentren estas evidencias de su fraude doctrinal.

Dios te siga bendiciendo en abundancia.

Fuente católicodefiendetufe

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miércoles, 22 de abril de 2020

Los testigos de Jehová y los cuentos de las Mil y una Noches


LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ Y LOS CUENTOS DE LAS MIL Y UNA NOCHES
Por José Leopoldo Fierro Córdova

Es muy conocida la recopilación de muchos cuentos en lengua árabe titulada "Las mil y una noches"; más en la religión de testigos de Jehová se supera esa publicación de cuentos antes referida.

Es muy frecuente que en sus salones, los "ancianos" comentan historias inventadas de supuestas vivencias de Testigos de Jehová, como ejemplos siempre de final feliz, de apoyo a sus doctrinas jehovistas. Nunca dan el nombre o domicilio del o los protagonistas.

También estos "cuentos" los publican en su literatura, dentro del infaltable dato de ADULACIÓN para motivar a sus adeptos a creerlos e imitar a los actores del falso relato.

Todo esto es con el fin de manipularlos en beneficio de los dueños de la Secta. Comento uno de tantos. La secta se enriquece con su inmensa producción de literatura, los primeros compradores de ésta, son sus adeptos. Se les motivaba (antes de aparecer la Internet) que en una familia de Testigo de Jehová, cada uno de ellos debía tener su propio ejemplar de estudio del Atalaya.

Ellos los adquirían en ejemplares sueltos y a fin de año les volvían a vender los mismos ejemplares, en tomos encuadernados. Más el colmo de esto, llegó hasta motivar a los matrimonios TJ a que adquirieran el mismo ejemplar de estudio de Atalaya para sus hijos bebés de 2 años, que lógico, no saben aún leer; mucho menos entender los enredos de sus doctrinas anticristianas.

Para lograr este propósito publican un "cuento" (que pueden leer en la imagen de la revista Atalaya anexada en este post). Obsérvese que no se da el nombre del o los actores de este cuento, ni dónde sucedió. No falta la dosis de ADULACIÓN. Califican de PADRES SABIOS a quienes creen esas patrañas... y esto motiva a todos los padres TJ a seguir ese ejemplo para auto creerse que son PADRES SABIOS.

¿Quién recibe el beneficio de ésta sucia maniobra? Evidentemente el negocio millonario de venta de literatura el receptor es la Watchtower. Ya lo comenta Raymond Franz ex Testigo de Jehová, que fue miembro del Cuerpo Gobernante de la secta, quien y afirma de los ríos de dinero, que llega a la central mundial de ésta religión en New York, USA por este concepto.

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 21 de abril de 2020

Los asesinatos de fe: La verdadera historia de crimen en la comunidad de los testigos de Jehová



LOS ASESINATOS DE FE: LA VERDADERA HISTORIA DE CRIMEN EN LA COMUNIDAD DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ
Por James Kostelniuk


Un padre que perdió a sus hijos habla de crimen y traición dentro de la comunidad de los Testigos de Jehová


Ilustración por James McMullan

Estaba en casa con mi esposa, Marge, al tiempo que llegó el oficial del RCMP. Mi mente hizo un frenético recorrido por todas las posibles razones para su visita. Vestía de paisano y entendí por su porte que no se trataba de una llamada rutinaria. Recuerdo que no parecían las maneras que se espera de un policía, es decir, de forma calmada e impersonal. De hecho aparentaba estar muy nervioso.

El oficial parecía como si tuviera necesidad de algo firme sobre lo que sentarse y le ofrecí una silla en la mesa de la cocina. Tomó el asiento cautelosamente, como si pudiera romperse. Bajando la mirada hizo una pausa que pareció larga. Oí el papel que había sacado de su bolsillo y que sonaba entre sus manos, siendo entonces cuando advertí que estaba tembloroso. Pensé, "algo terrible ha sucedido". Entonces me di cuenta de que también yo estaba temblando.

Al fin le afloraron las palabras. "¿Es usted el padre de Juri y Lindsay Kostelniuk"? Sobrepuse mi ánimo y le dije que sí. "Siento comunicarle que ellos y su madre, Kim Anderson, han sido asesinados hoy hacia las 12, 30 del medio día en Burnaby, British Columbia. Jeff Anderson, marido de Kim, está bajo custodia de la policía".

Me descompuse y una especie de náusea me recorrió el cuerpo. Me sentí hecho añicos, como si una parte de mí estuviera estuviera observando desde cada rincón de la habitación.

"¿Cómo... han muerto?" , llegué a preguntar. ¿"Qué tipo de arma"?.

El oficial echó una ojeada a su papel y carraspeó. "Ha sido por disparos de escopeta, señor".

De nuevo las náuseas. Estreché mi estómago y me retorcí de dolor. ¿Una escopeta?

La voz de Marge sobresalió emocionada. "¿Por qué los niños?", gritó. "¿Qué han hecho? ¿Por qué...?"

El oficial hizo una mueca y se encogió de hombros impotente. "Lo siento", dijo. Es todo cuanto sé.

¿Qué otra cosa podría decir? ¿Qué podría decir nadie?

Ese día, 29 de agosto de 1985, marcaría el final de la vida que había llevado hasta entonces, así como el comienzo de un inconcebible estado de angustia y una pena interminable. También daría comienzo a una despiadada búsqueda de respuestas que me llevaría a hacer un examen de los rincones más oscuros de la experiencia humana.

A manera de terapia, comencé a escribir un diario, anotando mis sueños y los recuerdos de mi primera esposa y de los niños. Este ejercicio me llevó a darme cuenta de lo poco que llegué a saber de ellos después de nuestra separación. Empecé a trasladar el gran vacío que su asesinato dejó hacia una necesidad de información, sin la cual nunca llegaría a entender sus muertes. Y comencé de manera creciente a enfocar la atención sobre Jeff Anderson, el hombre que los había asesinado, como la única fuente de información.

A principios de abril de 1987, al recoger el correo, entre otros documentos, encontré un sobre delgado, color blanco, tamaño correo de negocios, pulcro y dirigido a mí. En el extremo superior izquierdo ponía: "Jeff Anderson, Internado, Kent Institution, Agassiz, British Columbia".

La carta estaba fechada el 2 de abril de 1987 y comenzaba así: "No hay palabras que puedan expresar la angustia por lo horrible de lo que hice...

Tomé la decisión de contestarle un mes después. Ese primer intercambio fue el comienzo de una correspondencia que durraría unos cinco años. Eventualmente serviría para poner de manifiesto toda la información que ansiaba.

Cuando conocí a Kim Evans en la primavera de 1972, en casa de un amigo, yo tenía veinticinco años, estaba soltero y andaba en busca de una chica testigo de Jehová apropiada para mí. Kim contaba con dieciocho años, recién graduada de la escuela superior. Era una testigo de Jehová de segunda generación, no una conversa como lo era yo, y tan sólo había conocido esa clase de vida.

Nos casamos al año siguiente y permanecimos juntos por casi seis años, no muy felices en su mayor parte. Kim era una ama de casa práctica y una excelente madre para Juri, nacido en 1974, y Lindsay, que nació en 1977, pero a menudo se sentía deprimida. Yo cumplía con mi obligación como proveedor de la casa, pero estaba un tanto alejado de la imagen que tenía Kim del marido ideal como Testigo. Según la doctrina de los testigos, el hombre de la familia ha de ser su cabeza espiritual, el que conduzca a sus miembros a través del camino recto y estrecho y manteniéndolos fieles. En lugar de proporcionar estabilidad, comencé a expresar profunda insatisfacción con la fe de los testigos de Jehová. Mis dudas amenazaban con alejar cada vez más a Kim y a los niños de lo que ella consideraba como su seguridad.

En abril de 1975 observé en las noticias de la noche que la guerra de Vietnam iba a terminarse. La guerra y todas sus atrocidades era algo repugnante para mí, pero los testigos de Jehová casi veían con displicencia su final. La doctrina de los Testigos ve en la guerra la señal del desorden que pudiera ser el desencadenante de Armagedón y la venida del Reino de Cristo. Los Testigos se veían desilusionados por el hecho de que el mundo parecía estar dando pasos hacia la paz. Comencé a darme cuenta de que 1975 no iba a ser un año diferente a cualesquiera otras fechas anteriores marcadas para ser el día del gran juicio, e intenté convencer a Kim de que aquellas predicciones eran disparatadas. Ella rehusó cuestionar o incluso considerar conmigo la doctrina de los testigos. Una y otra vez me decía que cualesquiera dudas o cuestiones que tuviera las expusiera a los ancianos.

Tres años más tarde decidí abandonar la religión de los Testigos de Jehová. Sabía que ello supondría el fin de mi matrimonio, y sabía que tendría que afrontar lo que ello representaría para mis hijos: Los Testigos de Jehová creen que los niños estarían mejor muertos que a cargo de un familiar incrédulo. Sabiendo cuán fuerte era el sentimiento de Kim hacia su fe, había decidido dejar la educación religiosa de nuestros hijos en sus manos.

Kim decía que encontraría un nuevo padre, alguien que asumiera el modelo espiritual para los niños y que fuera capaz de proporcionarle la vida de familia ideal que siempre deseó.

En mayo de 1980, un mes después de que Kim recibiera la notificación oficial de nuestro divorcio, ella dejó a los niños con su madre, Jackie, y se ausentó un fin de semana de vacaciones en Maui. Estuvo en un pequeño establecimiento con derecho a cama y desayuno en donde varios otros testigos de Jehová hacían vacaciones.

Allí conoció a Jeff Anderson, un testigo cinco años más joven que se presentó a sí mismo. Sin que Kim estuviera al tanto de ello, él acababa de escapar a Maui desde su casa en Texas, en donde era buscado por la policía local por robo. Había escapado con algo más de 300 dólares, una maleta y ropa. Al final de la semana había declarado su amor hacia Kim. Al pedirle una respuesta, ella sonrió nerviosa y dijo: "no sé. Me siento asustada.". Anderson le dijo que le gustaría irse cerca de ella (A Canadá) para continuar su relación. Ella contestó que le gustaría.

Después de un número de llamadas telefónicas de larga distancia y muchas cartas, Anderson abandonó Maui para vivir cerca de Tacoma, Washington, en donde contó a Kim que había obtenido un trabajo "en unos negocios". Los fines de semana había de cruzar la frontera a Canadá para visitar a Kim. En junio de 1981 propuso el matrimonio a Kim y ella aceptó. Poco después se casaron en Texas. Kim se fue a vivir con los niños a Houston.

Rápidamente Kim descubrió que Anderson le había mentido desde el primer momento que se conocieron. Le había hecho entender que llevaba una vida estable, pero su llamada carrera, en la radio, fue algo casual. Le reveló también que carecía de dinero para pagar el billete desde Canada, o el alquiler y depósito de garantía para su nuevo apartamento.

Anderson comenzó a ganar un pequeño sueldo como mecánico en la tienda de sus hermanos, pero no era suficiente para el sostén de dos niños y dos personas adultas. Kim tuvo que retirar dinero de sus escasos ahorros para mantener la familia y eventualmente hubo de echar mano de las cuentas de ahorro de los niños para atender las necesidades.

Kim llegó a estar temerosa por su situación financiera y el cada vez más enrarecido entorno de Anderson. Este insistió en llevar control de todo cuanto hacía la familia: las compras, la limpieza, la vestimenta de los niños, a dónde iban y lo que Kim hacía con su tiempo. Kim sintió una repugnancia hacia el sexo, cosa que también sintió en nuestro anterior matrimonio, pero que ahora se acentuó debido a la creciente crispación y temor ante Anderson. Cuando ella rechazó "el cumplimiento de su deber de esposa", él la amenazó con violencia y la intervención de los ancianos Testigos.

Kim se volvió a Calgary. Aterrorizada por lo que yo pudiera descubrir en ralación a su situación familiar e intentar obtener la custodia de los niños, a nadie habló de sus problemas.

Perplejo por las razones que la hubieran llevado a regresar tan pronto de Houston, la llamé por teléfono. Me dijo que no había razón para que me preocupara. Cuando le mencioné que deseaba visitar a los niños objetó con vehemencia. Dijo tajante que una Atalaya de septiembre de 1981 había puesto de manifiesto una normativa con respecto a la "desasociación" o expulsión de la comunidad. Todos los Testigos de Jehová corrían el riesgo permanente de ser expulsados si se asociaban con un Testigo expulsado o descarriado de alguna manera. Ella trataba de seguir al pie de la letra esa política.

"Pero Juri y Lindsay son pequeños", dije. "No son lo suficientemente adultos como para poder tomar una decisión como esa con respecto a su padre".

Kim replicó lenta y seriamente, "ellos probablemente no quieren tomar esa decisión, pero ellos quieren agradar a Jehová".

Entre tanto Anderson se desplazó en coche a Burnaby, B.C., a donde, a la sazón, Kim se había trasladado, con la determinación de solucionar el asunto de su matrimonio. Sus discusiones se intensificaron a tal grado que los niños llegaron a sentirse emocionalmente perturbados, gritando con frecuencia o enfureciéndose . Incapaz de manejar la situación, Kim se puso en contacto con los ancianos locales. Formuló acusaciones contra Anderson, en la confianza de que lo que ella les contaba llegaría a convencer a los ancianos de la justificación para una separación matrimonial. Al contrario de eso, ellos ordenaron a la pareja a que volvieran a convivir. Kim regresó a casa contrariada y desconcertada.

En julio de 1984, Kim se contactó con un asistente social del Ministerio de Servicios Sociales, quien le aconsejó que de inmediato abandonara a Anderson a fin de proteger a los niños. Anderson se puso en contacto con los ancianos Testigos, quienes ordenaron a Kim que volviera con su marido. Ella rehusó y pudo recobrar la aprobación de la congregación mediante la dedicación de más y más horas como precursora en la predicación de puerta en puerta. Así quedó restaurada su honorabilidad.

Yo hacía frecuentes llamadas telefónicas a Kim solicitándole visitar a los niños, pero, salvo en una ocasión en la que me permitió visitar a Lindsay, siempre recibía la misma respuesta: Los niños deseaban obedecer a Jehová y evitar la asociación con quienes han sido expulsados. Kim se mostraba cortés y amable, pensando que era natural y razonable lo que decía, pero calmadamente me explicaba que no podía esperar ver de nuevo a mis hijos a menos que regresara al redil de los Testigos.

Siendo muy improbable que yo volviera a ser nuevamente Testigo de Jehová, fui aceptando de mala gana el hecho de que, probablemente, no llegaría a tener una relación con ninguno de mis hijos hasta que alcanzaran suficiente madurez como para poder decidir por sí mismos. Sólo me quedaba la esperanza de que no siguieran ciegamente las enseñanzas de los testigos por el resto de sus vidas.

Mi propia vida había tomado un mejor rumbo cuando conocí a Merge Erhart Romanyshyn en 1980. Nos casamos en 1981 en una ceremonio de la Iglesia Unificada. Nuestro matrimonio era estable y placentero.

Con frecuencia mis hijos, físicamente separados de mí, aparecían en mis sueños; a menudo experimenté períodos de intensa tristeza y ansias por ellos. También tuve sentimientos de culpa por haber dejado a mi familia en manos de los Testigos de Jehová. De muchas maneras llegué a sentir que había obtenido mi felicidad personal a expensas de mis hijos y esperaba castigo de Dios por mi egoismo.

En mayo de 1985, observé un pequeño animal muerto en la carretera. Al acercarme vi que se trataba de un pequeño petirrojo ricién atropellado. La vista del cuerpo aplastado me perturbó profundamente y no pude alejar aquella imagen de mi mente. Me dije que me estaba comportando irracionalmente, pero llegué al convencimiento de que aquello era un mal presagio y que algo tenía que hacer con mis hijos. Durante muchos días después estuve preocupado por ellos.

Aunque los sentimientos eventualmente remitieron, continué sintiéndome inquieto y en diversas ocasiones tuve que vencer el impulso de llamar a Kim para ver cómo les iba a los niños.

Entre tanto Jeff Anderson se había mudado a un apartamento sótano por debajo del complejo de apartamentos de Beta Avenue en Burnaby, donde vivía Kim con los niños, y asistía a las reuniones de la misma congregación de los Testigos.

Kim rehusó dar contestación a sus largas y frecuentes cartas, y Juri y Lindsay eventualmente dejaron de reconocerlo en público.

El entorno de Anderson se hizo cada vez más perturbador. Kim se vio obligada a cambiar la cerradura de las puertas y cerrar las ventanas por la noche después de darse cuenta de que Anderson andaba al acecho en más de una ocasión por los alrededores del apartamento. Habiendo tenido noticia de que ella y los niños se tomaban unas vacaciones, pinchó los neumáticos del coche de Kim para evitar que se marcharan.

La madre de Anderson visitó Burnaby a finales de julio con la esperanza de hablarle para que se volviera con ella a Houston, pero él estaba absorto en la idea de regresar con Kim y los niños y rechazó marcharse de Barnaby sin ellos. Su madre le rogó que se olvidara de todo lo referente a Kim, pero fue en vano.

Anderson comenzó a pensar en la compra de un arma esa primavera, pero no estaba familiarizado con las leyes de tenencia de armas del Canadá. Se interesó por un revólver 357 Magnun de un anuncio en el periódico. Se trataba del mismo modelo que había tenido en Houston, pero el propietario rehusó vendérselo sin el Certificado de Adquisición de Armas de fuego. De modo que por 100 dólares logró comprar ilegalmente una escopeta. Después de comprar una caja de veinticinco proyectiles, recortó buena parte del cañón del arma, colocó tres balas en la cámara y la guardó junto a la munición debajo de su cama. Así mismo comenzó a escribir una carta a la madre y al padrastro de Kim.

A finales de julio de 1985, unos dos años después de que visité a Lindsay y tres años después de haber visto a Juri, tuve una serie de sueños aterradores, todos ellos en una misma noche. Estaba tan angustiado que al día siguiente llamé por teléfono a Kim tan pronto como me fue posible para interesarme por los niños.

En su respuesta había un tono de buen humor que hacía tiempo que no lo había oído. Me puso al corriente del progreso escolar de los niños. A Lidsay de ocho años le había ido especialmente bien en sus dos primeros años de enseñanza primaria e iba en camino de graduarse de tercero; Yuri de diez años se iba convirtiendo en un joven responsable, sintiendo predilección por las matemáticas y los programas de televisión que trataban sobre el espacio exterior. Tuve la sensación de que Kim había encontrado estabilidad y había logrado ser feliz después de separarse de Anderson y que estaba afrontando una nueva etapa en su vida. Mis inquietudes se desvanecieron.

Una vez más le pregunté si podía ir a Burnaby para visitar a los niños y, de nuevo, me respondió que los niños no querían desobedecer a Jehová. Ante mi insistencia me propuso que fueran los propios muchachos quienes por teléfono me lo expresaran. Recordando la última vez en que había intentado hablar por teléfono con Juri (una penosa conversación en la que él había apenas pronunció palabra), decliné la propuesta.

Kim pareció complacida con mi cooperación y continuó hablándome de los niños, haciéndome saber una vez más que probablemente ellos se sentirían muy felices de encontrarse conmigo en caso de que llegara a ser de nuevo un testigo de Jehová. En ningún momento de nuestra conversación hizo mención alguna sobre Anderson.

Juri y Lidsay Kostelniuk
con su madre, Kim Anderson, por cortesía de the Vancouver Sun

A primeros de agosto, Jeff Anderson partió de Burnaby en una gira de tres semanas en motocicleta por el sudoeste de los Estados Unidos. Durante su ausencia, su apartamento sótano en 250 Beta Avenue se inundó accidentalmente y una de las mantenedoras del edificio, también testigo de Jehová, descubrió el arma junto con la munición entre las pertenencias de Anderson. Comprensiblemente preocupada, consultó a dos ancianos Testigos de la localidad, quienes se entrevistaron con Anderson cuando éste volvió. Conocedores de que estaba deprimido, le preguntaron sobre lo que pensaba hacer con el arma. Al principio Anderson alegó que lo necesitaba como autodefensa para después confesar que había estado considerando el suicidio. Exigió de forma airada la devolución de lo suyo. Los ancianos se negaron y el arma fue entregada al RCMP el 24 de agosto de 1985.

Ese mismo dia Anderson se fue a comprar a crédito una escopeta semi-automática del calibre del doce, mediante una nueva tarjeta de crédito que acababa de obtener. Una vez más recortó los cañones, compró una caja de munición y cargó la recámara.

Al dia siguiente un policía de la RCMP de Burnaby fue al apartamento de Anderson para inquirir sobre la tenencia del arma. Anderson exhibió un pasaporte de los Estados Unidos y contó al oficial que había venido a Burnaby para reconciliarse con su esposa. Explicó que estaba familiarizado con las armas de fuego por haber sido guarda de seguridad en Texas y que no disponía del obligado Cerrtificado de Adquisición de Armas para la escopeta, porque no se había percibido de que fuera necesario. Preguntado por la razón para recortarle los cañones, respondió que de esa manera facilitaba su manejo. El oficial le explicó que era ilegal recortar los cañones a una escopeta y le dijo que haría indagaciones sobre él en Texas.

El policía no obtuvo información alguna procedente de Texas con respecto a Anderson y, como resultado, no vio necesidad de completar la investigación. Al tiempo de su visita, carecía de noticias relativas a la nueva escopeta que Anderson había adquirido el día anterior, la cual había colocado en un armario junto a la escalera, recién engrasada y puesta a punto en el momento en que el oficial llamaba a la puerta de Anderson.

En la mañana del 29 de agosto de 1985 Anderson terminó de redactar la nota de suicidio que había comenzado al principio de la primavera. La nota iba dirigida a la madre y al padrastro de Kim, Jackie y Norman Cole. En la misma expresaba su pesar por "la cosa terrible que he hecho", lamentándose por el "dolor", la "angustia", la "rabia" y la "frustración" que la "indiferencia" de Kim le había causado, el hecho de que Kim parecía estar "disfrutando de su liberación" y "retregándoselo por el rostro". Terminaba la carta afirmando que no merecía la pena vivir más y "en modo alguno lo deseaba sin Kim".

Al terminar la carta hizo una corta gira en motocicleta. Cuando volvió a su apartamento colocó la escopeta de cañones recortados verticalmente en una gran bolsa de papel de una tienda y cubrió los cañones cocn una funda de trípode. Había tres balas en el arma y el resto de la munición (veintidós balas) en los bolsillos de su chaqueta. Poco después de las once de la mañana telefoneó a Kim.

Cuando Kim atendió al teléfono, él colgó sin decir palabra. Pensando que podría haber sido su madre, Kim telefoneó inmediatamente a Jackie.

Después de colgar el telófono Anderson dejó la carta de suicidio en su apartamento y caminó media manzana hasta el apartamento de Kim en 107-205 Beta Avenue. Al llegar frente a la puerta sacó el arma de la bolsa. Al encontrar la puerta abierta entró al apartamento, cerró sigilosamente la puerta tras sí y avanzó dos o tres pasos por el salón hacia la cocina.

Anderson encontró a Kim en camisón sentada a la mesa de la cocina, hablando por teléfono con su madre. Apoyando el arma a la altura del cuello, la apunto hacia ella y esperó a que ella lo advirtiera. Le pidió que colgara el teléfono y le dijo que necesitaba hablarle. Kim lo observó por un momento y tranquilamente dijo a su madre: "He de dejarte. Hay un arma apuntándome". Jackie preguntó si podía llamar a la policía y Kim le dijo que sí. Kim colgó el teléfono y se levantó.

Momentos después volvió a sonar el teléfono, pero ninguno de ellos se movió para contestar. De pie a la entrada, entre el salón y la cocina, Anderson pidió a Kim que fuera al dormitorio. Creyendo que intentaba forzarla sexualmente, como había hecho antes, ella se negó. "Eso sería violación". Anderson dijo que lo único que quería era hablar. Le advirtió, además, que lo tomara en serio y le preguntó si sabía "lo que una escopeta de cañones recortados podria hacer". Ella movió la cabeza afirmativamente, pero cuando él se le acercó más, ella confiadamente pasó por delante de él, empujando el arma un poco a un lado y diciendo: "No sé con respecto a ti, pero por mi parte voy a preparar la comida de los niños".

Anderson fue en busca de Juri y Lindsay y los encontró juntos en su dormitorio cerca de una ventana, mirando atónitos. El asomó su cabeza a la entrada y dijo: "Chicos, tranquilos, estoy aquí sólo para hablar. Nadie va a salir lastimado". A continuación volvió a la cocina. Kim parecía más preocupada ahora que Anderson había encontrado a los muchachos. "Déjalos", dijo, "y puedes tenerme". Anderson rehusó.

Volvió a sonar el teléfono y atendió Kim. El policía del RCMP, Mel Trekofski, le dijo que llamaba a petición de Jackie Cole. Kim suspiró aliviada y se produjo un diálogo de cuatro minutos en el que Trekofski habló en primer lugar con Kim y después con Anderson.

Kim: "Ah, por favor... Mis hijos están... El va hacia el dormitorio donde están mis hijos con un arma. Espere, por favor."

Trekofski: "De acuerdo, ¿Quién está ahí?, ¿Quién es?"

Kim: "Es Jeff, mi marido".

Trekofsky: "¿Está bebido?"

Kim: "No, está muy sobrio"

Después de algunas otras palabras, Trekofski preguntó: "¿Qué cree que va a hacer?". Kim respondió: "No sé. Ahora mismo está colocando una cadenilla en la puerta". Poco más tarde ella añadió: "Está cerrando las cortinas. No desea que la gente observe". Después Trekofski preguntó: "¿Por qué no quiere hablar conmigo ahora?"

Kim: "¿Por qué no quieres hablar con él, Jeff? [A Trekofski] Me dice que deje el telófono y vaya con él".

Trekofski: ¿"Perdón"?

Kim: "Me ha dicho que deje el telófono y vaya para allá. A dónde no lo sé, si a la habitación de mis hijos o a la mía, y no quiere hablarme. No, parece que no quiere hacerlo, pero tiene una escopeta de cañones recortados".

Trekofsky: "¿De cañones recortados?"

Kim: "Estoy muy preocupada por mis hijos".

Después de posterior diálogo, Anderson se puso finalmente al teléfono. Trekofski se identificó y dijo: "Nos gustaría aclarar las cosas, lo sabes. Nos gustaría ayudar, si se puede".

Anderson: "No creo que pueda. Se ha llegado a una situación límite. Ahora, existe una posibilidad que pensaré mientras usted permanezca ahí. Nosotros dos... Cada cual ve las cosas según le va. Sabemos cómo ocurre. Dejémoslo así durante tres o cuatro horas. Quizá ella llegue a sentir el sufrimiento y la desdicha que siento yo".

Trekofski: "Bien, así no va por el buen camino, Jeff"

Anderson: "Estoy seguro de que ahora se están apostando fuera. Si intervienen, si hacen algo, tendré que herirla. Tendré que dispararle a ella y luego a los niños"

Trekofski: "No haga eso".

Anderson: "Hay la posibilidad de que me pueda hablar de ello si permanece ahí. Me mantendré en contacto con usted a través del teléfono. Permanezca ahí de momento".

A continuación, Anderson colgó el teléfono. Eran las once y dieciséis de la mañana. Para entonces los oficiales de la RCMP habían rodeado la casa. No intentaron entrar debido a la intención de Anderson de disparar contra Kim y los niños, si intentaban intervenir.

En ese preciso momento Anderson entró en el dormitorio de los niños. Kim les había dado instrucciones para que se separaran de la ventana y se sentaran en la litera inferior. Lindsay se sentó en la esquina de la cama junto a la pared y Juri lo hizo a su izquierda. Entre ellos había un juego de cartas sobre la cama. Kim se sentó sobre una caja amarilla crema al final de la cama, cerca de la ventana.

Anderson apuntó el arma a Kim y le dijo que tenían que hablar. La habitación era pequeña y calurosa, y no permitió que Kim o los niños salieran. Durante aproximadamente una hora se dedicó a censurar airadamente el rechazo de Kim. ¿Por qué le era tan indiferente? ¿No se daba ella cuenta que lo estaba pasando mal, cuán deplorable era su situación? ¿No había recibido sus muchos mensajes, sus cartas? Pidió explicación sobre todo lo que siempre había querido saber, asuntos a los que ella no había dado respuesta por carta, por teléfono o en su puerta cuando la había llamado.

Kim se sentó al lado de Anderson con preocupación y temor en sus ojos. Se sentó inclinada hacia delante con sus manos juntas, apoyando en ocasiones su barbilla en sus palmas. A medida que Anderson hablaba, ella ocasionalmente volvía la cabeza y le echaba una ojeada fugaz.

El le preguntó si ella se daba cuenta de que él había intentado llevar el asunto según "la manera de Jehová". Dijo que había intentado vivir de acuerdo el patrón de ella, conforme a las normas de los Testigos. ¿Por qué estaba ella prolongando la separación? ¿No se daba cuenta cuán desgraciados eran todos? Parecía que su matrimonio permanecería para siempre en el limbo. ¿Nunca se había planteado volver con él?

Kim mencionó algo respecto a haber fracasado en dos matrimonios y que se acababa para ella el matrimonio completamente. Intentó distraerlo preguntándole otras cosas, principalmente con respecto a sus vacaciones en motocicleta. Los niños comenzaron a quejarse de que "tenían hambre y estaban cansados". En un momento determinado preguntaron a Anderson si les iba a disparar, a lo que éste replicó: "No, os quiero demasiado".

Anderson explicó a Kim cuánto la amaba, cuánto quería a los niños, cómo había deseado que volvieran a estar juntos de nueva ella, los niños y él.

Anderson se preguntaba en voz alta si siempre había estado un poco chiflado. Pensaba que tal vez la situación por resolver entre ellos había hecho aflorar su estupidez. Pidió excusas por lo que iba a hacer, diciendo a ella que había esperado tener suficiente coraje para dispararse después. Dijo a Kim que temía, si no lo hacía así, que el castigo fuera peor, la vida en la prisión en donde un hombre podría ser violado y apuñalado.

Anderson: "Lo siento. He de hacer eso".

Kim: "Tú no tienes por qué hacer eso".

Anderson: "No, he de hacerlo. Lo siento, soy un hombre enfermo".

Kim: "No, no estás enfermo. Puedes obtener ayuda".

Preguntó a Kim si ella le había amado alguna vez y ella le dijo que no le había querido desde que le abandonó en Houston. El le preguntó por qué ella no le amaba ahora, por qué había dejado de quererle. Las últimas palabras de Kim fueron: "No lo sé".

Anderson pidió a Kim un último abrazo. Cuando ella lo rechazó, él comenzó a disparar.

¿Por qué Jeff Anderson mató a Kim y a mis hijos? ¿Por qué fracasé en evitarlo? ¿Por qué permitió Dios que murieran?

Después de los asesinatos, mi vida se vio afectada por estas tres cuestiones. No importa las veces que me dijera que nunca podría obtener una respuesta. Continuamente estas cuestiones iban y venían en mi subconsciente como una machacona cantinela. Desesperado volví a la visita del sicoterapeuta. Repetidamente solicité la opinión de mi terapeuta sobre la mente y las motivaciones de Anderson. Semana tras semana el terapeuta me informaba de que probablemente Anderson padecía un trastorno de personalidad y resultaba imposible la interpretación sobre un acto irracional. Amablemente siempre me llevaba al mismo punto: "Anderson no es su problema, Jim".

Unos meses después de la muerte de mis hijos tuve un sueño extraordinario. Juri, Lindsay y yo estábamos en una extensa piscina cubierta. El agua era azul brillante en la superficie y más oscura hacia el fondo. Juri se sumergió hasta el fondo, desapareciendo por largo rato. Al salir a la superficie vino caminando hacia mí, ofreciéndome joyas relucientes recogidas del fondo de la piscina.

Por vez primera comencé a creer que mis hijos se encontraban a salvo en otra dimensión. Empecé a sentir el hálito curativo del soplo de Dios sobre mí.

Un día de aquel verano Marge se sentó en nuestro balcón con una bebida fría en la mano, gimiendo silenciosamente. Aquello me hizo ver hasta qué grado había llevado ella su propio dolor el pasado año a fin de mostrarse fuerte. "Lo siento", dije, tratando interiormente de mostrarme como fuerte soporte para ella, al igual que ella lo había sido para mí. Dí gracias a Dios por proporcionarme una mujer tan extraordinaria.

El 29 de agosto de 1986, en el primer aniversario de la muerte de los niños, Marge y yo visitamos su tumba. La habíamos visitado muchas veces antes en primavera y verano y, en cada ocasión, Marge había cortado cuidadosamente la hierba que la cubría. Al observar con cuánta uniformidad cortaba cada brizna, frunciendo el entrecejo, le pregunté por qué siempre hacía esa tarea tan concienzudamente.

Ella se puso en cuclillas y me miró: "Es cuanto puedo hacer por ellos ahora", dijo.

Jeffery Lynn Anderson fue condenado a tres sentencias de cadena perpetua por asesinato en primer grado. Actualmente cumple condena en la prisión B.C. y no podrá gozar de libertad condicional hasta el 2011. Sin embargo, el 29 de agosto de 2000 pudo solicitar reducción de ese tiempo bajo Bill C-45, una cláusula con escasa posibilidad.

James y Marge Kostelniuk fundaron en 1988 el grupo de apoyo a los Familiares Supervivientes de Homicidio. James Kostelniuk y Jeffery Anderson mantuvieron correspondencia durante cinco años, hasta que Kostelniuk descubrió que Anderson había revelado a un criminalista de Vancouver que él había estado abusando sexualmente de uno de los hijos de Kostelniuk. Posteriormente Anderson lo negó, alegando que cuaalesquiera comentarios que hubiera hecho fueron debidos a presión y manipulación.

El libro de Kostelniuk, del que se ha extraido este artículo, se titula Lobos entre Ovejas: La Verdadera Historia de Crimen en la Comunidad de los Testigos de Jehová.

Fuente católicodefiendetufe

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lunes, 20 de abril de 2020

Los testigos de Jehová antes sí veneraban la Cruz


LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ ANTES SÍ VENERABAN LA CRUZ
Por: Israel Octavio Hdez

Los testigos de Jehová en tiempos de sus presidentes Russell y Rutherford, aparte de haber enseñado que Jesús había muerto en una Cruz (no en un madero, como hoy enseñan), también la ¡VENERABAN!

En el libro "El arpa de Dios" del juez Rutherford, dice que:

"El precio del rescate se proveyó en la cruz. La cruz de Cristo es la gran verdad centrica del arreglo divino, y de ella emanan esperanzas para el hombre." Pag.142

Y también en esa misma página dice que todas las creaturas del Cielo y de la tierra podrán cantar:

"De Jesús la cruz se yergue A través de las edades; Majestuosa y bella surge como prenda de bondades"

Y en el "Anuario de 1975" pag.38 hablando del separamiento de Russell con su socio Barbour, y describiendo el inicio de su nueva revista "Zion's Wachtower adn Herald of Christ's Presence" Russell escribe:

"Por eso entendí que era la voluntad del Señor que yo empezara otra revista, en la cual se sostuviera en alto el estandarte de la cruz...."

ERA LA VOLUNTAD DEL SEÑOR, escribió Russell, si era la voluntad del Señor que la revista la "Atalaya" sostuviera en alto el estandarte de la cruz, ¿Por qué ahora despotrican en contra de la cruz, y del rescate?

(Pues según ellos, el rescate se proveyó sólo para 144,000).

Como hemos podido ver, la "verdad revelada por Dios" a los testigos es cambiante y una verdad que cambia, sencillamente no es verdad, ni Dios la ha revelado.

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