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jueves, 23 de abril de 2020

Hágase tu voluntad en la tierra, como en el cielo


HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA, COMO EN EL CIELO
Por: Oscar Schmidt

¿Cuántas veces al día nos miramos a nosotros mismos desde los ojos de Dios?.

¿Cuántas veces hemos rezado “hágase Tu Voluntad, así en la tierra, como en el Cielo”?. ¿Y hemos realmente entendido el profundo sentido de esta oración hecha por Jesús, Dios hecho Hombre, a Su Padre?.

Quizás hemos escuchado alguna vez que el crecimiento espiritual verdadero pasa por borrar nuestro ego, llegar a la muerte de nuestro yo, vencer a nuestra propia voluntad, reemplazándola por nuestra total entrega a la Voluntad de Dios. Ser instrumentos de Dios en la tierra implica vencer a nuestro propio interés, haciendo que nuestros pensamientos y nuestras acciones estén totalmente inspiradas por la Voluntad Divina, por el deseo de obrar en beneficio del interés de Dios, ya no el nuestro. Sin dudas que esto implica dejar atrás todos los apegos que tenemos al mundo, ya que por allí pasa toda la manifestación de nuestro interés personal.

Cuando uno llega a entender que sólo Dios cuenta, entiende que ni siquiera los afectos más profundos por nuestros seres queridos, pueden ser interpuestos a la realización de la Voluntad de Dios. ¿Por qué?. Porque solo Dios Es, solo Dios cuenta. Todo lo demás debe ser puesto a Su entera disposición, a Su Voluntad, uniendo nuestro querer al querer de Dios, haciendo que nuestro interés personal sea reemplazado por el interés de Dios.

¿Cuántas veces al día nos miramos a nosotros mismos desde los ojos de Dios?. ¿Entendemos que somos hijos, de entera Realeza, del mismo Dios?. Si actuamos haciendo honor a nuestro origen Real, somos verdaderos instrumentos de nuestro Creador, somos una manifestación de Él en la tierra.

Por eso, cuando recemos “hágase Tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo”, entendamos que estamos invitando a nuestro propio interés a desvanecerse, para poder nadar a pleno en el Divino Querer del mismo Dios, para compartir con Él Su Realeza, para ser parte de Su Reino, al unirnos plenamente a Su Voluntad, así en la tierra como en el Cielo.

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domingo, 19 de abril de 2020

El piloto militar que cambió el cielo de Irak por el seminario y ahora es sacerdote


EL PILOTO MILITAR QUE CAMBIÓ EL CIELO DE IRAK POR EL SEMINARIO Y AHORA ES SACERDOTE
Por Pablo Valentín-Gamazo

Don Daniele parece un párroco italiano normal. A sus 48 años, trata de llevar almas al cielo después de casi media vida en el ejército

Daniele Leoni tiene 48 años y ahora es pastor de 750 fieles cerca de la Toscana

Daniele tiene 48 años y lleva tan solo un año como párroco en Arezzo, una localidad italiana al este de la Toscana. El cuidado pastoral de las gentes del lugar y la atención espiritual se han vuelto una nueva rutina para él. Su anterior vida estaba marcada por otras características. La paz que tiene hoy en este lugar eran antes viajes a territorios de conflicto y contextos de guerra. Sin embargo, para sus alrededor de 750 fieles es solo "Don Daniele".

Este sacerdote, antes de serlo, "buscaba el cielo", pero de otra manera. Llevaba otro uniforme y, en lugar de una parroquia, se encontraba al mando de un helicóptero. Su pasado no le persigue, confiesa, pero sí que es consciente de él. Tanto es así, que recuerda que "a principios de noviembre (de 2018) se cumplieron diez años de mi último vuelo". Entre los cielos que ha surcado se encuentran los de Albania, Kosovo, Siria o Irak.

El hoy cura entró en el ejército de Italia con 19 años con una gran proyección. "Primero estuve en la artillería de Udine, el regimiento más operativo de Italia, el único autorizado para disparar bombas nucleares. Luego, fui a la escuela de oficiales no comisionados en Viterbo", recuerda para la revista Credere. Con la graduación de teniente y las pruebas de vuelo hechas, comenzó a preguntarse por Dios. "Mientras estuve allí, me di cuenta de que lo que la Iglesia decía era verdad. Comencé a pensar que si Dios era realmente Dios, valía la pena darle todo..", asegura.

Primer intento

Como respuesta a eso que comenzaba a pensar y sentir, empezó a asistir al seminario de Arezzo. En ese momento, a sus 23 años, hubiera ingresado...de no ser por una llamada. Incluso, ya había dejado a su novia, pero sonó el teléfono. Así lo recuerda Daniele: "Todavía dormía, cuando mi padre vino y dijo: 'Dani, Dani, están los carabineros en el teléfono'. 'Teniente Leoni', me dicen al otro lado, "ha sacado las pruebas de helicóptero".

Nada más colgar el teléfono, lo volvió a descolgar para llamar al seminario. Habló con el rector del seminario y le dijo: "Don Gianca, gracias por la oportunidad, pero voy a ser piloto de helicóptero, adiós", y terminó la llamada.

"Y fui a hacer el mejor trabajo del mundo. Fui a hacer grandes cosas por mi país, que no se trata solo del extranjero. Cuando ayudas a la gente, ya sea a rescatar a una persona lesionada, alejarlo de una zona de combate, recuperar a los desaparecidos e ir al rescate en la montaña, o cuando participas en la lucha contra el fuego, siempre es un servicio", rememora Don Daniele .


Una vida de piloto militar: coraje, valentía...y preguntas
Cada servicio era, literalmente, jugarse la vida. Como el caso de su amiga Simone Cola. En Irak hablaba con ella un día, y era asesinada al siguiente. Como esa, Daniele tiene muchas anécdotas, también buenas: "Compartí grandes cosas con mis amigos".

Cada vez que se montaba en el helicóptero, sentía coraje y miedo. Se hacía las grandes preguntas. Todavía se acuerda de esas sensaciones. "Si sabes que mañana a las 5 hay una misión en la que te disparan y tienes que disparar, el coraje no te viene en ese momento, sino antes. De hecho, es ahí es donde el miedo se manifiesta y te preguntas: 'Si muero, ¿le he dicho a los seres queridos que los amo? ¿Hice algo para mejorar este mundo?", afirma. "Se necesita coraje cuando tienes que montarte en el helicóptero y decir: 'Muy bien, vamos'. Miras a los muchachos que suben a bordo, sabes que sus vidas están en tus manos, empiezas y haces lo que tienes que hacer".

Con Jesús en el ejército

No obstante, lo que había "dejado a medias" en Italia, esa posible vocación de sacerdote que sentía, fue a buscarle a la guerra. Lo hizo en la figura de un sacerdote que fue a visitarlos a Irak. El significado de esa venida de un cura era más de lo que se imaginaba. "En 2004 estábamos en Tallil, Irak, a unas pocas millas al sur de Nassiriya. No había ni siquiera una pequeña capilla en muchos kilómetros. Cuando llegó Monseñor Angelo Bagnasco le llevé desde Kuwait hasta nuestra misión en helicóptero. Celebramos la Misa de Navidad en la tienda de alimentos, con olor a salmuera".

A partir de entonces, comenzó a hacer oración con más asiduidad con un compañero. "La oración me dio mucha paz y, a veces, se me unía un cabo", dice Don Daniele. "Íbamos a un lugar donde nadie nos molestaba y rezábamos". Todo parecía ser normal, hasta que recibió la llamada de su coronel. Daniele y su compañero eran sospechosos de mantener relaciones íntimas. Daniele tuvo que aclarar la situación...y el coronel rectificó: "Quizás ustedes son los únicos que hacen lo correcto aquí". Semanas después, los estadounidenses construyeron una capilla, y los compañeros del comandante de la misión, les regalaron una campana.

Sirvió a su país, ahora a todos los hombres

Daniele tenía una vida trepidante, pero todavía guardaba ese pensamiento sobre Dios. "Mi vida era hermosa, pero los momentos de verdadera paz los experimenté solo cuando estaba con el Señor. Entonces me rendí y entré de nuevo en el seminario" . Esta vez, lo consiguió y "ahora aquí estoy". Se sigue considerando un servidor, pero con una responsabilidad aún mayor.

"Primero ofrecí servicio a una nación, ahora a todos los hombres. Ya no es una ayuda relegada a esta vida, sino que apunta a la vida eterna, donde Cristo es la fuente de toda fortaleza. Nuestro combate ahora no es contra los poderes de la tierra, sino contra los poderes del mal. Satanás está más activo que nunca y continúa su estrategia actuando contra la fe y contra la familia", asegura el sacerdote.

Los hay que podrían escandalizarse por su pasado militar...y por su presente como sacerdote. Para explicarles ese gran cambio, Daniele recurre al Evangelio. "El ejemplo de la mayor fe que el Señor encuentra en todo Israel es el de un centurión romano. Otro soldado, el que hiere a Jesús en el pecho como señal de respeto. Él, un experto en la muerte, reconoce en la muerte de Jesús su dignidad y realeza. Cristo en los ojos del centurión murió como un héroe".

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viernes, 17 de abril de 2020

¿Cuando estemos en el cielo, nos reconoceremos unos a otros?


¿CUANDO ESTEMOS EN EL CIELO, NOS RECONOCEREMOS UNOS A OTROS?

Nacemos con cero conocimientos.

Siendo el cerebro humano una maravilla de la creación de Dios, cuando nacemos, salvo algunas sensaciones experimentadas en la gestación, no conocemos nada de nada. No hay ninguna idea dentro de la cabecita del bebé, tan sólo millones de neuronas ávidas de empezar a trabajar. Poco a poco, por medio de los sentidos, conocemos por experiencia, el mundo que nos rodea. Vamos almacenando en la memoria caras, sonidos, sabores y lenguaje, palabra por palabra. A mayor experiencia y estudio, mayor conocimiento.

Pero en el Cielo las cosas son distintas

San Pablo tuvo una probadita de la Gloria en un éxtasis y nos dice que:

"Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, es lo que Dios preparó para los que lo aman" 1a Cor 2,9

Nacidos en el tiempo y en un espacio muy limitado y con cero conocimientos, no podemos ni imaginar lo que conoceremos estando ya en presencia de Dios, que es lo que llamamos "Visión Beatifica" o sea, lo que ven o conocen los Bienaventurados, los Santos y Ángeles.

La verdad total

En un instante, en la presencia de Dios, conoceremos todas las verdades en una sola verdad, todos los interrogantes, todos los misterios: "en su Luz, veremos toda Luz", No más aprendizaje, no más penoso esfuerzo. Conoceremos todo de todo. Y nos reconoceremos, por supuesto, en la Luz de Dios.

San Cipriano, en su sermón sobre la muerte nos escribe:

"Allí está el coro celestial de los Apóstoles, la multitud de los Profetas, la innumerable muchedumbre de los Mártires, allí las Vírgenes, allí los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practican el bien...."

"Nos encontramos con la Virgen Santísima, con nuestros Santos Patronos, nuestros Ángeles de la Guarda y aquellos que desde la tierra admiramos por sus virtudes: padres y madres de familia, jóvenes rectos y piadosos, trabajadores honestos, niños llevados al Cielo en su inocencia, etc."

No lo dudemos: en el Coro Celestial, nos abrazaremos gozosos con nuestros seres queridos, padres, abuelos, hijos y amigos.

¡Que alegría, que consuelo! ¡Todos en compañía de Jesús nuestro Salvador!

San Cipriano añade:

"Cuál no será tu gloria y tu dicha! Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar de las alegrías de la salvación, de la Luz Eterna en compañía de Cristo el Señor tu Dios....gozar en el Reino de los Cielos en compañía de los justos y los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada!"

No nos perdamos de la felicidad eterna! Vivamos esta vida con la mira bien puesta en lo que nos aguarda si vivimos permanentemente en la Gracia de Dios!

Fuente, E.V.C.

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jueves, 26 de marzo de 2020

¿Dios lleva al cielo a los niños abortados y a los nacidos que mueren sin bautismo?


¿DIOS LLEVA AL CIELO A LOS NIÑOS ABORTADOS Y A LOS NACIDOS QUE MUEREN SIN BAUTISMO?
Por: José María Iraburu, sacerdote

Los niños abortados y los que, sin llegar al uso de razón, mueren sin bautismo, son seres humanos que tienen alma.

En la fiesta de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, celebramos en toda la Santa Iglesia, venera a aquellos niños de Belén y alrededores que, sin tener la fe cristiana, ni haber recibido el Bautismo, «murieron por Cristo». Son bienaventurados en el cielo e interceden por nosotros. Es, pues, una buena ocasión que Dios nos da para meditar en las grandes verdades sobre el misterio de la vida humana, creada por Dios con la colaboración de los esposos.

–Dios infunde el alma del ser humano concebido. Todo ser humano es «engendrado» por sus padres y por Dios. Es Dios el «Creador en cada hombre del alma espiritual e inmortal» (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 1968,8). Y el Bto. Juan Pablo II enseña: «Ningún hombre viene a la existencia por azar; es siempre el término del amor creador de Dios […] De esta capacidad [procreadora] el hombre y la mujer no son dueños, puesto que están llamados a compartir en la decisión creadora de Dios» (17-IX-1983).

Por tanto la anticoncepción es intrínsecamente mala, porque resiste, poniendo obstáculos físicos o químicos, la posible acción de Dios, creador de la vida humana; y «el aborto es un crimen abominable» (GS 52) porque mata un ser humano, al que Dios ha infundido el alma. En uno y otro caso el hombre y la mujer se rebelan contra Dios, constituyéndose en señores de la vida humana, impidiéndola o matándola. La vida humana es sagrada desde el primer momento de su concepción, porque Dios es su Señor, ya que Él es quien infunde la vida en el ser humano concebido.

Juan Pablo II, en la encíclica Evangelium vitæ (1995, 53): «Dios se proclama Señor absoluto de la vida del hombre, creado a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26-28). Por tanto, la vida humana tiene un carácter sagrado e inviolable, en el que se refleja la inviolabilidad misma del Creador. Precisamente por esto, Dios se hace juez severo de toda violación del mandamiento “no matarás” (Ex 20,13), que está en la base de la convivencia social. Dios es el defensor del inocente (cf. Gn 4,9-15; Is 41,14; Jr 50,34; Sal 19/18,15).

También de este modo, Dios demuestra que “no se recrea en la destrucción de los vivientes” (Sb 1, 13). Sólo Satanás puede gozar con ella: por su envidia la muerte entró en el mundo (cf. Sb 2,24). Satanás, que es “homicida desde el principio”, y también “mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44), engañando al hombre, lo conduce a los confines del pecado y de la muerte, presentados como logros o frutos de vida».

–¿Y cuál es el destino eterno que da Dios a «sus» niños que mueren sin bautismo, y concretamente a aquellos que han sido abortados? Es ésta una cuestión de inmensa importancia. Se trata del destino eterno de los niños que, sin haber llegado al uso de razón y libertad, mueren sin bautismo, y de los que son abortados involuntaria o criminalmente. La Comisión Teológica Internacional (CTI), dependiente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó un amplio estudio sobre La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo. El Card. William J. Levada, prefecto de la Congregación de la Fe, presentó el texto al Papa Benedicto XVI, quien autorizó su publicación (19-I-2007). Es un tema que hoy, señala el documento, pide más que nunca la respuesta de la fe y de la esperanza en Cristo.

«En nuestros tiempos crece sensiblemente el número de niños que mueren sin haber sido bautizados. En parte porque los padres, influenciados por el relativismo cultural y por el pluralismo religioso, no son practicantes, en parte también como consecuencia de la fertilización in vitro y del aborto. A causa de estos fenómenos el interrogante acerca del destino de estos niños se plantea con nueva urgencia. […] Los padres experimentan un gran dolor y sentimientos de culpa cuando no tienen la certeza moral de la salvación de sus hijos, y las personas encuentran cada vez más difícil aceptar que Dios sea justo y misericordioso si excluye a los niños, que no han pecado personalmente, de la salvación eterna, sean cristianos o no. Desde un punto de vista teológico, el desarrollo de una teología de la esperanza y de una eclesiología de la comunión, juntamente con el reconocimiento de la grandeza de la misericordia de Dios, cuestionan una interpretación excesivamente restrictiva de la salvación» (2).

Los precedentes inmediatos de este documento son el Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia.

–El Concilio Vaticano II (1965): «Cristo murió por todos y la vocación última del hombre es realmente una sola, es decir, la vocación divina. En consecuencia, debemos mantener que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido sólo por Dios, se asocien a este misterio pascual» (GS 22; cf. LG 16 y AG 5). Ofrece a todos: no solamente a los integrados en la Iglesia por el bautismo.

El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) aplica ese principio a la cuestión que tratamos:

1261. «En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que “quiere que todos los hombres se salven” (cf. 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: “dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis” (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo».

La Comisión Teológica Internacional (2007) adelanta en síntesis su conclusión en el inicio del documento aludido.
«El principio según el cual Dios quiere la salvación de todos los seres humanos permite esperar que haya una vía de salvación para los niños muertos sin bautismo (cf. Catecismo n. 1261). Esta afirmación invita a la reflexión teológica a encontrar una conexión lógica y coherente entre diversos enunciados de la fe católica: la voluntad salvífica universal de Dios / la unicidad de la mediación de Cristo / la necesidad del bautismo para la salvación / la acción universal de la gracia en relación con los sacramentos / la ligazón entre pecado original y privación de la visión beatífica / la creación del ser humano “en Cristo”.

«La conclusión del estudio es que hay razones teológicas y litúrgicas para motivar la esperanza de que los niños muertos sin Bautismo puedan ser salvados e introducidos en la felicidad eterna, aunque no haya una enseñanza explícita de la Revelación sobre este problema. Ninguna de las consideraciones que el texto propone para motivar una nueva aproximación a la cuestión puede ser utilizada para negar la necesidad del bautismo ni para retrasar su administración. Más bien hay razones para esperar que Dios salvará a estos niños».

Esquema del documento La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo

Destaco en él algunas frases que me parecen más importantes.

Inicio, presentación del documento.

«La enseñanza tradicional recurría a la teoría del limbo, entendido como un estado en el que las almas de los niños que mueren sin bautismo no merecen el premio de la visión beatífica, a causa del pecado original, pero no sufren ningún castigo, ya que no han cometido pecados personales. Esta teoría, elaborada por los teólogos a partir de la Edad Media, nunca ha entrado en las definiciones dogmáticas del Magisterio, aunque el mismo Magisterio la ha mencionado en su enseñanza hasta el concilio Vaticano II. Sigue siendo por tanto una hipótesis teológica posible».

Introducción (1-7). La Iglesia ora por la salvación eterna de los niños muertos sin bautizar. Y esto es muy significativo.

«Teniendo presente el principio lex orandi, lex credendi, la comunidad cristiana tiene en cuenta que no hay ninguna mención del limbo en la liturgia. Ésta comprende la fiesta de los Santos Inocentes, venerados como mártires, aunque no habían sido bautizados, porque fueron muertos “por Cristo”. Ha habido [después del Vaticano II] un importante desarrollo litúrgico con la introducción de los funerales por los niños muertos sin bautismo. No rezamos por los condenados. El Misal Romano de 1970 introdujo una misa funeral por los niños no bautizados cuyos padres deseaban presentarlos para el Bautismo. La Iglesia confía a la misericordia de Dios a los niños que mueren sin Bautismo» (5).

1. «Historia quæstionis». Historia y hermenéutica de la enseñanza católica

(8-10) Fundamentos bíblicos.

Es patente «la ausencia de una enseñanza explícita en el Nuevo Testamento sobre el destino de los niños no bautizados» (9). Pero sí se dan en él verdades fundamentales que permiten establecer tesis teológicas bien fundamentadas en la Revelación.

(11-14) Los Padres griegos.

«Muy pocos Padres griegos han tratado del destino de los niños que mueren sin Bautismo (11). Gregorio de Nisa es el único que le dedica una obra, en la que dice que «la muerte prematura de los niños recién nacidos no es motivo para presuponer que sufrirán tormentos» en la otra vida (12).

(15-20) Los Padres latinos.

En la Iglesia latina los Padres, siguiendo a San Agustín, que combate los errores de Pelagio, mantienen una convicción rigorista, pensando que «Dios condena a aquellos que tienen en su alma sólo el pecado original. Incluso los niños que no han pecado por su voluntad» (20).

(21-25) La Escolástica medieval.

«Puesto que los niños que no han alcanzado el uso de la razón [y a fortiori los abortados] no han cometido pecados actuales, los teólogos llegaron a la opinión común según la cual estos niños no bautizados no experimentan ningún dolor, e incluso gozan de una plena felicidad natural por su unión con Dios en todos los bienes naturales (Tomás de Aquino, Duns Scoto)». (23) «La expresión “limbo de los niños” fue acuñada entre los siglos XII y XIII para designar “el lugar de reposo” de estos niños» (24).

(26) La era moderna post-tridentina.


Contra los jansenistas, «Pío VI defendió el derecho de las escuelas católicas a enseñar que los que mueren sólo con el pecado original son castigados con la ausencia de la visión beatífica (“pena de daño”), pero no con sufrimientos sensibles (castigo del fuego, “pena de sentido”)» (Auctorem fidei, 1794).

(27-31) Del Vaticano I al Vaticano II. (32-41) Problemas de naturaleza hermenéutica.

2. «Inquirere vias Domini». Investigar los caminos de Dios.

(42-52) Principios teológicos. La voluntad salvífica universal de Dios realizada a través de la única mediación de Jesucristo en el Espíritu Santo. (53-56) La universalidad del pecado y la necesidad universal de salvación. (57-60) La necesidad de la Iglesia. (61-67) La necesidad del Bautismo sacramental. (68-69) Esperanza y oración por la salvación universal.

3. «Spes orans». Razones de la esperanza

(70-79) El nuevo contexto. (80-87) La filantropía misericordiosa de Dios. (88-95) Solidaridad con Cristo. (96-99) La Iglesia y la comunión de los santos. (100-101) Lex orandi, lex credendi.

«Antes del Vaticano II, en la Iglesia latina, no había un rito de exequias para los niños no bautizados, que eran sepultados en tierra no consagrada. En rigor tampoco existía un rito fúnebre por los niños bautizados, aunque en este caso se celebraba una Misa de Ángeles, y naturalmente se les daba sepultura cristiana.

Gracias a la reforma litúrgica postconciliar, el Misal Romano contiene ahora una Misa por los niños que mueren sin bautismo, y además se encuentran plegarias especiales para este caso en el Ordo exequiarum. Aunque en ambos casos el tono de las plegarias sea particularmente cauto, de hecho hoy la Iglesia expresa en la liturgia la esperanza en la misericordia de Dios a cuyo cuidado amoroso es confiado el niño. Esta oración litúrgica refleja y a la vez da forma al sensus fidei de la Iglesia latina acerca del destino de los niños que mueren sin bautismo: lex orandi, lex credendi. Es significativo que en la Iglesia Católica griega haya solamente un rito fúnebre para los niños, bautizados o no, y la Iglesia ruega por todos los niños difuntos para que puedan ser acogidos en el seno de Abraham, donde no hay dolor ni angustia, sino sólo vida eterna» (100).

(102-103) Esperanza.

«Nuestra conclusión es que los muchos factores que hemos considerado ofrecen serias razones teológicas y litúrgicas para esperar que los niños que mueren sin bautismo serán salvados y podrán gozar de la visión beatífica. Subrayamos que se trata de motivos de esperanza en la oración, más que de conocimiento cierto. Hay muchas cosas que simplemente no nos han sido reveladas (cf. Jn 16,12). Vivimos en la fe y en la esperanza en el Dios de misericordia y de amor que nos ha sido revelado en Cristo, y el Espíritu nos mueve a orar en acción de gracias y alegría constantes (cf. 1 Tes 5,18)» (102).

Termino recordando lo que la Virgen María dijo a los niños de Fátima (13-VII-1917): «Quando rezais o terço, dizei, depois de cada mistério: Ó meu Jesus, pordoai-nos, livrai-nos do fogo do inferno; levai as alminhas todas para o Céu, principalmente aquelas que mais precisarem». «Cuando recéis el Rosario, diréis después de cada misterio: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, principalmente las más necesitadas».

Los niños abortados y los que, sin llegar al uso de razón, mueren sin bautismo, son seres humanos que tienen alma. Seamos obedientes a la exhortación de la Virgen de Fátima, y oremos: Ó meu Jesus, levai as alminhas todas para o Céu.

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jueves, 5 de marzo de 2020

¿Que debo hacer para ganarme el cielo?


¿QUE DEBO HACER PARA GANARME EL CIELO?
Por: Xavier Villalta A.

Jesús nos invita a ser santos, a alcanzar el Cielo, pero ¿Qué debemos hacer para lograrlo?

Sería fantástico que todos le hiciéramos al Señor aquella pregunta que un día un joven le planteara: "Maestro bueno, ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?" (Mc. 10, 17; Mt. 19, 16) ¿Cómo me puedo ganar mi entrada al Cielo?

Dejemos que sean las Escrituras las que nos muestren lo que debemos hacer.

1.- CUMPLIR LOS MANDAMIENTOS
A aquel joven Nuestro Señor Jesucristo le respondió así: "Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre" (Mc. 10, 19; Mt. 19, 18)... porque "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre" (Jn. 14, 21)

San Pablo nos recuerda el camino a seguir:
 
"Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.

Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias" (Gal. 5, 19-24)

Y lo acentúa:

"El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna" (Gal. 6, 8)


2.- CREER, PERSEVERAR HASTA EL FINAL Y OBRAR EN CONCORDANCIA A LA FE
Ante esto surge una escusa en mi mente: las tentaciones son muchas, y soy débil, ¿Cómo podré lograr semejante hazaña?, ¿acaso no está escrito que "el adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar" (1 Pe. 5, 8)?... sí, eso es verdad, pero también está escrito que no sufriremos "tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito (1 Cor. 10, 13)" y aunque parezca que el león nos va a devorar, si acudimos a Él buscando su auxilio, saldremos victoriosos porque

"Si Dios está por nosotros ¿Quién contra nosotros?" (Rom. 8, 31)

Pero, entonces, ¿no vasta con creer?, ¿no dijo Nuestro Señor a Nicodemo "el que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Jn. 3, 36)?, sí, es verdad, lo dijo, y esto no contradice lo anterior, porque quien cree en alguien sigue todo lo que él ha enseñado, por lo tanto quien cree en Cristo Jesús sigue fielmente todas sus enseñanzas (aunque no seamos capaces de entenderlas completamente), no tan sólo las que nos sean más cómodas y fáciles, sino principalmente aquellas que nos cuesta más por nuestra propia debilidad, porque es en esa batalla, "la buena batalla", la que nos permitirá decir al final "he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe" (2 Tim. 4, 7), no me he "cansado de hacer el bien" (2 Tes. 3, 13), tendiendo siempre presente que sólo

"Aquel que persevere hasta el final se salvará" (Mt. 10, 22).

Parte de los frutos de esa batalla son nuestras obras, obras que si son realizadas por amor a Dios no serán olvidadas por Él (Heb. 6, 10), y nos dará como recompensa la deseada vida eterna (Rom. 2, 6-7) y en el día del juicio nos dirá:

"Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver" (Mt. 25, 34)

Probaron vuestra fe gracias a vuestras obras (Sant. 2, 18).

3.- LA EUCARISTÍA

Finalmente, no me puedo olvidar de mencionar otro requisito para lograr el cielo, último en este escrito, pero no el menos importante, veamos que nos dice el Señor:

"En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.

Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre". (Jn. 6, 47-58)

Jesús mismo nos indica, en la noche que fue entregado, como podemos comer su carne y beber su sangre, dones que nos darán la vida eterna, ya que

"Tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío. Asimismo tomó también la copa después de cenar diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre" (1 Cor. 11, 23-25; Mc. 14. 22-25; Lc. 22. 19-20; Mt. 26, 26-27)

Eso sí, no podemos olvidar que el comer el cuerpo y beber la sangre de Nuestro Señor es algo muy serio, y que si lo hacemos inadecuadamente, sin el debido discernimiento (1 Cor. 11, 27-29) estaríamos negándonos la posibilidad de recibir aquella vida eterna prometida y en su lugar recibiríamos el más temido de los castigos.

Estos pasos no son los únicos, pero si los principales, iniciemos con ellos, y en nuestro peregrinar hacia el cielo anhelado Dios nos irá permitiendo descubrir aquello que aquí falte, pero sin olvidar nunca que las puertas del Cielo están abiertas gracias al infinito amor de Jesús por cada uno de nosotros, amor que nos probó en la cruz (Rom. 5, 8), sin esa entrega total y amorosa ninguno de nuestros actos lograrían los méritos necesarios para ingresar al cielo.

Fuente católicodefiendetufe

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viernes, 21 de febrero de 2020

¿Los que se quitan la vida van al cielo?


¿LOS QUE SE QUITAN LA VIDA VAN AL CIELO?
ALGUNAS CUESTIONES SOBRE EL SUICIDIO
Por Daniel Alberto Robles Macías
El último momento de la vida de alguien es trascendental, pues allí decidiremos si aceptamos el amor y la misericordia de Dios o simplemente lo rechazamos

Hace unos días veía en las noticias el caso de una chica de 18 años que se había quitado la vida en su casa. Según afirman sus padres, sufría una terrible depresión, consecuencia de una ruptura amorosa. Inmediatamente después, llegó a mi mente la pregunta ¿Qué pasará con su alma? ¿se salvará o se condenará por suicidarse? Esto fue lo que encontré.

Hay que recordar las palabras de San Pablo, quien nos dice que, Dios: “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tm 2, 4). El Señor quiere que, todos y cada uno de nosotros, gocemos de su presencia y su compañía en la vida eterna. Pero también hay que dejar claro que Dios siempre respetará nuestra libertad para rechazar ese deseo.

El último momento de la vida de alguien es trascendental, pues es allí donde podremos arrepentirnos de nuestras faltas y decidiremos si aceptamos el amor y la misericordia de Dios o simplemente lo rechazamos. El Catecismo de la Iglesia Católica claramente nos dice cómo es que un alma puede perderse: “Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra “infierno”. (CEC 1033) Dios nos extiende su mano también hasta en el último momento de nuestra vida, pero somos libres de aceptarlo o no.

La vida es un don de Dios y cada uno es el responsable de aprovecharla adecuadamente a los ojos del Creador. Nadie es dueño de su propia vida, sólo es administrador, de modo que habremos de cuidarla y dar cuenta de ello. Por lo tanto, el suicidio contradice el fin de este regalo divino. Es un acto egoísta que va en contra del amor infinito de Dios. En consecuencia, queda claro que quitarse la vida es un acto grave.

Ahora bien, cuando alguien se suicida, nadie en esta tierra puede afirmar si esa persona se fue cielo o al infierno. La Iglesia nos explica: “No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador” (CEC 2283).

Si bien, como ya dijimos, el suicido es un acto de gravedad, nadie debe concluir por sí mismo los motivos que llevaron a esa persona a cometer tal hecho. Pues hay que saber que quien decide acabar con su vida, ordinariamente no tiene un dominio completo de su voluntad. Nadie que se encuentre en un sano equilibrio emocional, psicológico y espiritual, atentaría en total libertad (con todo el sentido de lo que implica) con su vida; por ende, quien se quita la vida, lo está buscando, desesperadamente, como una salida fácil.

De tal modo que, su grado de culpabilidad, es menor y posiblemente Dios no la juzgará como si lo hubiera realizado plenamente consciente y de manera libre. Ya sea por: “trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida” (CEC 2282).

La Misericordia de Dios es grande y nunca se acaba, bien lo sabemos. Por eso, guardamos la esperanza de que todos aquellos que tristemente han decidido terminar con su vida, puedan gozar también de la vida eterna. Nadie puede afirmar su condenación ni su salvación, esto sólo le toca a Dios juzgarlo.

Recordemos que Dios mira siempre el interior de nuestro corazón y nos dará siempre, hasta el último momento de nuestra vida, oportunidades para estar con Él. De tal modo que no dejemos de pedir por su eterno descanso.

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sábado, 8 de febrero de 2020

Los protestantes no creen en santos, pero "canonizan" a sus muertos; no creen en el juicio particular, pero creen que sus muertos ya están en el cielo

Imagen sólo de carácter ilustrativo
LOS PROTESTANTES NO CREEN EN SANTOS, PERO "CANONIZAN" A SUS MUERTOS, NO CREEN EN EL JUICIO PARTICULAR, PERO CREEN QUE SUS MUERTOS YA ESTÁN EN EL CIELO

Por José Leopoldo Fierro Córdova

Incongruencias de los protestantes incompatibles con sus doctrinas. Critican a la Iglesia por tener miles de santos canonizados y sucede que sus pastores a diario "CANONIZAN" a infinidad de santos.

Me refiero cuando celebran un servicio cultico en sus templos de funeral de sus adeptos. Siempre el pastor o la pastora en turno, declara que el hermano o hermana fallecido ya ESTÁ EN EL CIELO.

¿Cómo se atreven a declarar esto? Ninguna secta protestante cree que exista un JUICIO PARTICULAR inmediato a la muerte de cada ser humano. Entonces, si el difunto según sus doctrinas no será juzgado hasta el JUICIO UNIVERSAL al final de los tiempos, ¿Cómo puede el pastor o la pastora que preside el servicio de funeral, afirmar que dicho difunto, su alma ya está en el cielo? ¿Cómo pueden decir esto cuando muchos de ellos creen que las almas de los muertos están dormidas y no despertarán sino hasta el fin del mundo? ¿Es el cielo un dormitorio de almas? ¿Saben más que Dios?

Una persona que ya está en el cielo es UN SANTO. Entonces los protestantes cada vez que muere uno de ellos, su pastor o pastora está de hecho "canonizado" santos. Entonces, ¿Por qué critican a la Iglesia católica que canoniza santos?

En el funeral de un católico, la Iglesia nunca decreta por voz del sacerdote que celebra la Misa de funeral, que existe la certeza que el hermano fallecido ya esta en el cielo. Sólo implora al Altísimo por medio de Nuestro Señor Jesucristo, tenga misericordia del alma del hermano fallecido. No se asegura, como lo afirman los protestantes, de que ya está en el cielo, sino que se hacen rogativas a la misericordia de Dios, para que el hermano fallecido sea merecedor de su misericordia y entre al cielo a contemplar y gozar de Dios por toda la eternidad.

Nuestros hermanos protestantes aseguran que no se debe orar por los muertos. Sin embargo, en los funerales protestantes se proclaman oraciones como estas: nuestro(a) hermano(a) N. diciendo:

TE LO PEDIMOS, SEÑOR.

!Señor, tú que lloraste ante la tumba de Lázaro, dígnate
enjugar nuestras lágrimas, roguemos al Señor.
!Tú que resucitaste a los muertos, dígnate dar la vida
eterna a nuestro(a) hermano(a) N., roguemos al Señor.
!Tú que perdonaste en la cruz al buen ladrón y le
prometiste el paraíso, dígnate perdonar y llevar al cielo
a nuestro(a) hermano(a), roguemos al Señor.
!Tú que purificaste a nuestro(a) hermano(a) con el agua
del bautismo, dígnate admitirlo entre tus santos y
elegidos, roguemos al Señor.
!(Tú que alimentaste a nuestro(a) hermano(a) con tu
cuerpo y con tu sangre, dígnate también admitirlo(a) en
la mesa de tu reino, roguemos al Señor.
!Y a nosotros que lloramos su muerte, dígnate
confortarnos con la fe y la esperanza de la vida eterna,
roguemos al Señor.

LOS PROTESTANTES como ya desde esta vida se creen salvos aun siendo pecadores y rechazando la confesión sacramental instituida por Nuestro Señor Jesucristo, Juan 20,22; así como el sacramento de la unción de los enfermos Santiago 5,14.15. El pastor o pastora les reafirma INFALIBLEMENTE que su entrada al cielo es AUTOMÁTICA, aunque el difunto aún no haya sido juzgado por Dios en un juicio particular.

El pastor o pastora realiza ese juicio particular en el servicio del culto de funeral "canonizando" al difunto como Santo en el cielo. Su cuerpo se le sepulta y ya jamás se ora por él, ni en el templo, ni en la casa o familia del difunto implorando a Dios misericordia por el eterno descanso de su alma, porque ya para ellos es un "santo" canonizado por su líder.

La tumba del difunto se abandona para siempre. No como en el caso de la de difuntos católicos, que se visita y se le da mantenimiento a su lápida y se adorna con flores como se adorna un templo, porque sabemos que allí descansa el cuerpo del ser amado que en vida, fue templo del Espíritu Santo 1 Cor.6,19. En espera de su resurrección prometida por Jesucristo a todo aquel que depositó su fe en Él y realizó buenas obras unidas a Él, como el sarmiento a la Vid. Juan 15,5; reafirmando lo que la Biblia en Apocalipsis 14,13 Nos dice:

"Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus OBRAS con ellos siguen".

CONCLUSIÓN

El protestantismo es un yermo desierto de espiritualidad para sus adeptos aún en vida y aún más después de que estos mueren. Nunca más se les vuelve a recordar en oración alguna y su tumba queda en total olvido.

El protestantismo es un mar de confusión y contradicciones. Aseguran no creer en tantas cosas, pero de hecho las practican. Oremos por su conversión.


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miércoles, 29 de enero de 2020

Hasta que la muerte nos separe y en el cielo amarnos más y por siempre...


HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE Y EN EL CIELO AMARNOS MÁS Y POR SIEMPRE...

UNA VERDADERA HISTORIA DE AMOR

"Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana, mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno, sufrió un infarto y cayó. Mi padre la levantó como pudo y, casi a rastras, la subió a la camioneta. A toda velocidad, sin respetar semáforos, la condujo hasta el hospital.

Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló; su mirada estaba perdida. Casi no lloró.

Esa noche, sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia, recordamos hermosas anécdotas y él pidió a mi hermano, teólogo, que le dijera donde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, y de conjeturas de cómo y dónde estaría ella.

Mi padre escuchaba con atención. De pronto pidió que lo lleváramos al cementerio.

"¡Papá!", respondimos, "¡son las 11 de la noche, no podemos ir al cementerio ahora!".

Alzó la voz, y con una mirada vidriosa dijo:

"No discutan conmigo, por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años".

Se produjo un momento de respetuoso silencio, no discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador. Con una linterna llegamos a la tumba. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos, que veíamos la escena conmovidos:

"Fueron 55 años... ¿saben? Nadie puede hablar del amor verdadero, si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer".

Hizo una pausa, y se limpió la cara. "Ella y yo, estuvimos juntos en aquella crisis. Cambié de empleo...", continuó. "Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de los seres queridos, oramos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores... Hijos, ahora se ha ido, y estoy contento, ¿saben por qué?

Porque se fue antes que yo. Ella no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto, que no me hubiera gustado que sufriera...".

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado en lágrimas. Lo abrazamos, y él nos consoló: "Todo está bien, podemos irnos a casa; ha sido un buen día".

Esa noche entendí lo que es el verdadero amor; dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, ni con el sexo, más bien se vincula al trabajo, al complemento, al cuidado y, sobre todo, al verdadero amor que se profesan dos personas realmente comprometidas".


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jueves, 23 de enero de 2020

Así entran al cielo las madres de los sacerdotes


ASÍ ENTRAN AL CIELO LAS MADRES DE LOS SACERDOTES

Por Philip Kosloski

Como santa Mónica, a veces una madre derrama muchas lágrimas cuando un hijo responde a su vocación divina

Antes de que san Agustín regresara al ejercicio de la fe y fuera ordenado sacerdote, su madre lloró abundantes lágrimas de intercesión. De similar forma, muchas madres del mundo actual harán innumerables sacrificios para que sus hijos puedan responder libremente a cualquier vocación que Dios les tenga guardada.

En reconocimiento de esta realidad, una tradición piadosa ha ido pasando a lo largo de los años para presentar respetos al papel que la madre tiene en la vida de un sacerdote.

Cuando un sacerdote es ordenado, sus manos son ungidas con óleo por el obispo. Después, sus manos son limpiadas con una toalla de lino blanca llamada maniturgium. El óleo usado sobre las manos del sacerdote es sagrado, bendecido previamente por el obispo, de modo que el maniturgium, o manutergio, no puede desecharse en la basura. Aunque sí podría terminar en un cesto de lavandería para ser limpiado, los sacerdotes de la historia tomaron la costumbre de conservar estos paños de lino para presentarlos a sus madres durante su primera misa.

Según una antigua tradición, la madre conserva la toalla en lugar seguro hasta el día de su muerte. Luego, cuando su cuerpo es preparado para el funeral, el manutergio se deposita entre las manos de la madre. Entonces, la tradición piadosa cuenta lo que sucede cuando la madre del sacerdote llega a las nacaradas puertas del Cielo.

Cuando llega a las puertas del Cielo, es acompañada directamente hasta nuestro Señor. Nuestro Señor le dirá: “Te he dado vida. ¿Qué me has dado tú?”. Ella entregará el manutergio para luego responder: “Te he dado a mi hijo como sacerdote”. Y con ello Jesús le concede la entrada en el paraíso.

Es una tradición hermosa y reconfortante que siempre conmueve a quien la presencia. También corren las lágrimas cuando un joven sacerdote presenta el lienzo a su madre, lágrimas de alegría en vez de pena.

Más recientemente ha crecido una tradición que reconoce el papel del padre de un sacerdote. Consiste en que el recién ordenado sacerdote entrega a su padre una estola confesional morada después de que el sacerdote escuche su primera confesión. De hecho, en ocasiones el sacerdote escuchará también a su padre en confesión, algo que resulta ser una experiencia muestra una gran humildad.

Esta tradición reconoce el hecho de que los padres son esenciales para la formación de hombres buenos y santos, ya que los hijos miran constantemente a sus padres para saber lo que significa ser un hombre.

Estas dos costumbres están siendo recuperadas por muchos jóvenes sacerdotes y son una magnífica forma de honrar los numerosos sacrificios que hacen los padres para criar hijos santos. Los sacerdotes no surgen de la nada, sino que dependen mucho de la educación recibida en el hogar. A fin de cuentas, la única manera segura de incrementar las vocaciones al sacerdocio es cultivar familias unidas y santas.

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martes, 5 de noviembre de 2019

Creemos que cuando muere un familiar o amistad se reencontrara con sus familiares en el cielo, ¿esto es verdad?


CREEMOS QUE CUANDO MUERE UN FAMILIAR O AMISTAD SE REENCONTRARA CON SUS FAMILIARES EN EL CIELO, ¿ESTO ES VERDAD?


Nacemos con cero conocimientos.
Siendo el cerebro humano una maravilla de la creación de Dios, cuando nacemos, salvo algunas sensaciones experimentadas en la gestación, no conocemos nada de nada. No hay ninguna idea dentro de la cabecita del bebé, tan sólo millones de neuronas ávidas de empezar a trabajar. Poco a poco, por medio de los sentidos, conocemos por experiencia, el mundo que nos rodea. Vamos almacenando en la memoria caras, sonidos, sabores y lenguaje, palabra por palabra. A mayor experiencia y estudio, mayor conocimiento.

Pero en el Cielo las cosas son distintas
San Pablo tuvo una probadita de la Gloria en un éxtasis y nos dice que:

"Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, es lo que Dios preparó para los que lo aman" 1a Cor 2,9

Nacidos en el tiempo y en un espacio muy limitado y con cero conocimientos, no podemos ni imaginar lo que conoceremos estando ya en presencia de Dios, que es lo que llamamos "Visión Beatifica" o sea, lo que ven o conocen los Bienaventurados, los Santos y Ángeles.


La verdad total

En un instante, en la presencia de Dios, conoceremos todas las verdades en una sola verdad, todos los interrogantes, todos los misterios: "en su Luz, veremos toda Luz", No más aprendizaje, no más penoso esfuerzo. Conoceremos todo de todo. Y nos reconoceremos, por supuesto, en la Luz de Dios.


San Cipriano, en su sermón sobre la muerte nos escribe:

"Allí está el coro celestial de los Apóstoles, la multitud de los Profetas, la innumerable muchedumbre de los Mártires, allí las Vírgenes, allí los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practican el bien...."

"Nos encontramos con la Virgen Santísima, con nuestros Santos Patronos, nuestros Ángeles de la Guarda y aquellos que desde la tierra admiramos por sus virtudes: padres y madres de familia, jóvenes rectos y piadosos, trabajadores honestos, niños llevados al Cielo en su inocencia, etc."

No lo dudemos: en el Coro Celestial, nos abrazaremos gozosos con nuestros seres queridos, padres, abuelos, hijos y amigos.

¡Que alegría, que consuelo! ¡Todos en compañía de Jesús nuestro Salvador!

San Cipriano añade:

"Cuál no será tu gloria y tu dicha! Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar de las alegrías de la salvación, de la Luz Eterna en compañía de Cristo el Señor tu Dios....gozar en el Reino de los Cielos en compañía de los justos y los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada!"

No nos perdamos de la felicidad eterna! Vivamos esta vida con la mira bien puesta en lo que nos aguarda si vivimos permanentemente en la Gracia de Dios!

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martes, 22 de octubre de 2019

Lleva todas tus batallas al cielo


LLEVA TUS BATALLAS AL CIELO

Leva todas tus batallas al cielo, una pequeña reflexión con una enorme sabiduría 


El águila no lucha con la serpiente en el suelo. Lleva a la serpiente para el cielo, cambia el campo de batalla y después la suelta.

La serpiente no tiene ninguna resistencia, poder ni equilibrio en el aire.

En su terreno la serpiente es poderosa y mortal, pero en el aire es inútil, débil y vulnerable.

Lleva todas tus batallas al CIELO en oración y Dios tomará el control de tus batallas. No luches contra el enemigo en su zona de dominio; cambia el territorio de la batalla. Llévalas para lo alto y tendrás certeza de la victoria. Cuando la tierra no tiene solución, ¡el cielo ya está tomando providencias!"

"En el Nombre de Jesucristo Nuestro Señor y por intercesión de María Santísima"

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martes, 15 de octubre de 2019

Recuerda el infierno donde has vivido y nunca olvides que el cielo siempre está al alcance de tu mano.



RECUERDA EL INFIERNO DONDE HAS VIVIDO Y NUNCA OLVIDES QUE EL CIELO SIEMPRE ESTÁ AL ALCANCE DE TU MANO. 

Una mujer que se llevaba muy mal con su esposo sufrió un paro cardíaco. Casi a punto de morir, un ángel se presentó ante ella para decirle que, evaluando sus buenas acciones y sus errores no podría entrar al cielo; y le propuso permitirle estar en la tierra unos días más hasta lograr cumplir con las buenas acciones que le faltaban. La mujer aceptó el trato y se regresó otra vez en su hogar junto a su esposo. El hombre no le dirigía la palabra porque hacía tiempo que estaban peleados.

Ella pensó:


- Me conviene hacer las paces con este hombre. Está durmiendo en el sofá, hace tiempo dejé de cocinarle. Él ahora está planchando su camisa para salir a trabajar, le daré una sorpresa.


Cuando el hombre salió de la casa, ella empezó a lavar y planchar toda la ropa de él. Preparó una rica comida, puso flores en la mesa con unos candelabros, y un cartel en el sofá que decía: “Creo que puedes estar más cómodo durmiendo en la cama que fue nuestra. Esa cama donde el amor concibió a nuestros hijos, donde tantas noches los abrazos cubrieron nuestros temores y sentimos la protección y la compañía del otro. Ese amor, aún con vida, nos espera en esa cama. Si puedes perdonar todos mis errores, allí nos encontraremos”.


Tu Esposa

Cuando terminó de escribir el último renglón “Si puedes perdonar todos mis errores” pensó: ¿me he vuelto loca?, ¿yo voy a pedirle perdón cuando fue él quien empezó a venir enojado de la calle cuando lo echaron de la fábrica y no conseguía trabajo? Yo tenía que arreglarme con los pocos ahorros que teníamos haciendo malabares, y todavía tenía que soportar su ceño fruncido. Él empezó a tomar, aplastado en el sillón, exigiendo silencio a los niños que sólo querían jugar. Él empezó a gritarme cuando yo le decía que así no podíamos seguir, que yo necesitaba dinero para mis hijos. Él lo arruinó todo; y ¿ahora yo tengo que pedirle perdón?

Enfurecida rompió la carta y escuchó la voz del ángel que decía:


- “Recuerda: algunas buenas acciones y alcanzarás el cielo, de lo contrario no podrás entrar”.

La mujer pensó:


- ¿Valdrá la pena?, y rehízo la carta agregando aún más palabras cariñosas: “No supe comprender nada entonces, no supe ver tu preocupación al quedarte sin empleo, luego de tantos años con un salario seguro en esa fábrica. ¡Debiste haber sentido tanto miedo! Ahora recuerdo tus sueños de “cuando me jubile haremos”. Cuántas cosas querías hacer al jubilarte. Pude haberte impulsado a que las hicieras en lugar de obligarte a aceptar estar todo el día sentado en ese taxi.

Ahora recuerdo aquella noche de locura cuando rompí esas cartas de amor que habías escrito para mí, y prendí fuego a todas las telas de los cuadros que pintabas. En ese momento me enfurecía verte allí, encerrado en ese cuarto gastando nuestro dinero en pomos de pintura para nada, o sentado en ese escritorio escribiendo tonterías para mí. Debí haberte impulsado a vender esos cuadros. Eran realmente hermosos. Estaba desesperada, yo también me sentía segura con el salario de la fábrica y no supe ver tu dolor, tu miedo, tu agonía.


Por favor perdóname mi amor. Te prometo que de hoy en adelante, todo será diferente. Te amo.

Tu Esposa

Cuando el marido regresó del trabajo, al abrir la puerta notó algo distinto; el olor a comida, las velas en la mesa, su música favorita sonando suavemente y la nota en el sofá. Cuando la mujer salió de la cocina con la fuente en la mano, lo encontró tirado en el sillón llorando como un niño. Dejó la fuente, corrió a abrazarlo y no necesitaron decirse nada, lloraron juntos, él la alzó en sus brazos y la llevó hasta la cama; hicieron el amor con la misma pasión del primer día. Luego comieron la exquisita comida que ella había preparado, rieron mucho mientras recordaban anécdotas graciosas de los niños haciendo travesuras en la casa.
.
Él la ayudó a levantar la mesa como siempre lo hacía, y mientras ella lavaba los platos, vio por la ventana de la cocina que en el jardín estaba el ángel. Salió llorando y le dijo:


- Por favor ángel, intercede por mí. No quiero a este hombre sólo en este día. Necesito un tiempo más para poder impulsarlo con sus cuadros, y tratar de reconstruir esas cartas que sólo para mí y con tanto amor había escrito. Te prometo que en poco tiempo, él estará feliz, seguro; y ahí sí podré ir donde me lleves.

El ángel le contestó:


- No tengo que llevarte a ningún lado, Mujer. Ya estás en el cielo, te lo has ganado. Recuerda el infierno donde has vivido y nunca olvides que el cielo siempre está al alcance de tu mano.

La mujer oyó la voz de su marido que desde la cocina le gritaba:
- “Mi amor, hace frío, ven a acostarte, mañana será otro día”.
Sí -pensó ella-, gracias a Dios, mañana será otro día…

Para meditarlo:


Usted, que reclama lo que no recibe, ¿ya pensó en lo que no da?
Usted, que se lamenta porque sufre, ¿ya pensó en cuánto hace sufrir?
Usted, que acusa a la ignorancia, ¿ya evaluó sus conocimientos?
Usted, que condena el error, ¿ya percibió cuánto erró?
Usted, que se dice amigo sincero, ¿ya se analizó con sinceridad?
Usted, que se queja de penurias, ¿ya vio cuánto posee más que los otros?
Usted, que critica el mundo, ¿ya hizo algo para mejorarlo?
Usted, que sueña con el cielo, ¿cuánto ha hecho para extinguir el infierno?
Usted, que se dice modesto, ¿se sentiría orgulloso de parecer humilde?
Usted, que condena el mal, ¿ha procurado difundir el bien?
Usted, que deplora la indiferencia, ¿ha sembrado el amor?
Usted, que se aflige con la pobreza, ¿ha usado bien sus riquezas?
Usted, a quien le duelen las espinas, ¿ha cultivado rosas?
Usted, que tanto lamenta las tinieblas, ¿ha esparcido luz?
Usted, que se ocupa de sí mismo, ¿se ha preocupado de los demás?
Usted, que se siente tan pequeñito, ¿ha procurado crecer?
Usted, que se queja de soledad, ¿ha brindado su compañía a un amigo?
Usted, que se asusta ante la enfermedad, ¿qué ha hecho por su salud?
Usted, que anhela la concordia, ¿ha combatido la discordia?

Por anónima

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