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miércoles, 4 de agosto de 2021

Un fondo de caridad del Papa ha ayudado a 2,500 personas a salir de la pobreza

 


En el Vicariato de la diócesis de Roma se han presentado los resultados de las ayudadas a quienes más han sufrido la crisis abierta por la pandemia del coronavirus

2,500 personas han salido de la pobreza y la soledad en el último año gracias al ‘Fondo Gesù Divino Lavoratore’, promovido por la diócesis de Roma por iniciativa del papa Francisco. Una respuesta que ha funcionado durante la pandemia por el coronaviros como una ‘Alianza por Roma’ de la Iglesia y de diversas instituciones sociales. La alcaldesa de la Ciudad Eterna, Virginia Raggi, ha destacado que se han dado “respuestas rápidas para combatir el abismo de la delincuencia”.


Un ejemplo de resiliencia

El desarrollo de esta iniciativa ha ayudado a “sacar a muchas personas del abismo de soledad al que el encierro y otras medidas restrictivas les han empujado”, según se ha señalado en la presentación de este primer balance, según recogen los medios vaticanos. El ayuntamiento y el gobierno regional han apoyado esta propuesta con 500.000 euros, que se sumaron al millón de euros asignado por el Papa, obispo de Roma.

“Con este proyecto hemos intentado, cada uno a su manera y con sus propias habilidades, contrarrestar la tendencia al egoísmo ayudando a los demás”, ha destacado el arzobispo Gianpiero Palmieri, vicario de la diócesis. Para Raggi, este ha sido un “ejemplo de resiliencia” ya que “al inventar esta herramienta, gracias a una intuición del Santo Padre, creamos en equipo un colchón, un paracaídas, para reaccionar ante un choque inesperado. Hemos sido capaces de resistir y de apoyar a nuestra comunidad”.

“Cuando decimos que nadie debe quedarse atrás, significa que tenemos que inventar proyectos para llegar a los últimos”, reclamó la alcaldesa. “Tenemos que llegar a los que todavía no tienen fuerzas para pedir ayuda. No podemos permitir que la gente se sienta abandonada, no podem
os permitir que la delincuencia dé respuestas”, reclamó la primera edil.

viernes, 25 de junio de 2021

Papa Francisco: “Ahí está Cristo. El centro del Evangelio son los pobres”



La Iglesia de Mar del Plata alquiló dos hoteles para la atención de las personas en situación de calle para mitigar las inclemencias del clima, durante los tres meses de invierno

“¡Muchas gracias por lo que hacen! Especialmente, lo que me cuenta el obispo Gabriel (Mestre, obispo de Mar del Plata), que han alquilado dos hoteles para tener más lugar para todos en el crudo y húmedo invierno de la costa marplatense”, expresó el Pontífice con un mensaje dirigido a los servidores de la Noche de la Caridad y del Hogar de Nazaret.

Agradeció especialmente a los laicos, laicas, pastores, benefactores de la Iglesia y a todos los que brindan su atención “a Cristo en el rostro de los hermanos más pobres y marginados”.

A través de un video, el papa Francisco alentó esta iniciativa y les recordó: “Ahí está Cristo. El centro del Evangelio son los pobres. ¡Gracias, gracias de corazón por lo que hacen!”.

Desde la diócesis dieron a conocer este mensaje y agradecieron “esta delicadeza” de Francisco. Asimismo, comprometieron, más que nunca, su oración por la vida y el ministerio del Papa.
Las noches de Caridad

Este servicio surgió en el año 2001, fecha en la cual, por la crisis económica, creció enormemente el número de personas en situación de calle.

Distintas parroquias diocesanas adhirieron al proyecto y comenzaron a brindar, no sólo un plato de comida caliente sino abrigo y compañía, a quienes viven a la intemperie.

Quienes deseen colaborar pueden sumarse a las tareas muy concretas y específicas que requiere el servicio:
Elaboración de comidas.
Preparar la logística para que el alimento llegue en condiciones, con envases descartables, cubiertos y vasos.
Retirar donaciones de comercios o colaboradores.
Realizar los recorridos, en auto o sin ellos, a la noche, en compañía de 3 o más personas.
Campaña apadrinamiento invierno 2021

Teniendo en cuenta que el Estado no abrirá un refugio para este invierno, se organizó una campaña para apadrinar a las personas en situación de calle, durante los meses de invierno (junio-julio-agosto).

La diócesis tiene, actualmente, 150 hermanos vulnerables, con distintas patologías que requieren de un espacio para pasar estas jornadas. Por eso, lanzaron esta campaña para conseguir padrinos que puedan comprometerse a pagar un costo mensual durante este tiempo.

“La calle no es un lugar para vivir. Todos necesitamos un techo y una comida caliente”, expresaron en 
la convocatoria.


 

miércoles, 19 de agosto de 2020

Papa Francisco "La opción preferencial por los pobres está en el centro del Evangelio"


Catequesis - “Curar el mundo”: 3. La opción preferencial por los pobres y la virtud de la caridad

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La pandemia ha dejado al descubierto la difícil situación de los pobres y la gran desigualdad que reina en el mundo. Y el virus, si bien no hace excepciones entre las personas, ha encontrado, en su camino devastador, grandes desigualdades y discriminación. ¡Y las ha incrementado!

Por tanto, la respuesta a la pandemia es doble. Por un lado, es indispensable encontrar la cura para un virus pequeño pero terrible, que pone de rodillas a todo el mundo. Por el otro, tenemos que curar un gran virus, el de la injusticia social, de la desigualdad de oportunidades, de la marginación y de la falta de protección de los más débiles. En esta doble respuesta de sanación hay una elección que, según el Evangelio, no puede faltar: es la opción preferencial por los pobres (cfr. Exhort. ap. Evangelii gaudium [EG], 195). Y esta no es una opción política; ni tampoco una opción ideológica, una opción de partidos. La opción preferencial por los pobres está en el centro del Evangelio. Y el primero en hacerlo ha sido Jesús; lo hemos escuchado en el pasaje de la Carta a los Corintios que se ha leído al inicio. Él, siendo rico, se ha hecho pobre para enriquecernos a nosotros. Se ha hecho uno de nosotros y por esto, en el centro del Evangelio, en el centro del anuncio de Jesús está esta opción.

Cristo mismo, que es Dios, se ha despojado a sí mismo, haciéndose igual a los hombres; y no ha elegido una vida de privilegio, sino que ha elegido la condición de siervo (cfr. Fil 2, 6-7). Se aniquiló a sí mismo convirtiéndose en siervo. Nació en una familia humilde y trabajó como artesano. Al principio de su predicación, anunció que en el Reino de Dios los pobres son bienaventurados (cfr. Mt 5, 3; Lc 6, 20; EG, 197). Estaba en medio de los enfermos, los pobres y los excluidos, mostrándoles el amor misericordioso de Dios (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 2444). Y muchas veces ha sido juzgado como un hombre impuro porque iba donde los enfermos, los leprosos, que según la ley de la época eran impuros. Y Él ha corrido el riesgo por estar cerca de los pobres.

Por esto, los seguidores de Jesús se reconocen por su cercanía a los pobres, a los pequeños, a los enfermos y a los presos, a los excluidos, a los olvidados, a quien está privado de alimento y ropa (cfr. Mt 25, 31-36; CIC, 2443). Podemos leer ese famoso parámetro sobre el cual seremos juzgados todos, seremos juzgados todos. Es Mateo, capítulo 25. Este es un criterio-clave de autenticidad cristiana (cfr. Gal 2,10; EG, 195). Algunos piensan, erróneamente, que este amor preferencial por los pobres sea una tarea para pocos, pero en realidad es la misión de toda la Iglesia, decía San Juan Pablo II (cfr. S. Juan Pablo II, Enc. Sollicitudo rei socialis, 42). «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres» (EG, 187).

La fe, la esperanza y el amor necesariamente nos empujan hacia esta preferencia por los más necesitados,[1] que va más allá de la pura necesaria asistencia (cfr. EG, 198). Implica de hecho el caminar juntos, el dejarse evangelizar por ellos, que conocen bien al Cristo sufriente, el dejarse “contagiar” por su experiencia de la salvación, de su sabiduría y de su creatividad (cfr. ibid.). Compartir con los pobres significa enriquecerse mutuamente. Y, si hay estructuras sociales enfermas que les impiden soñar por el futuro, tenemos que trabajar juntos para sanarlas, para cambiarlas (cfr. ibid., 195). Y a esto conduce el amor de Cristo, que nos ha amado hasta el extremo (cfr. Jn 13, 1) y llega hasta los confines, a los márgenes, a las fronteras existenciales. Llevar las periferias al centro significa centrar nuestra vida en Cristo, que «se ha hecho pobre» por nosotros, para enriquecernos «por medio de su pobreza» (2 Cor 8, 9).[2]

Todos estamos preocupados por las consecuencias sociales de la pandemia. Todos. Muchos quieren volver a la normalidad y retomar las actividades económicas. Cierto, pero esta “normalidad” no debería comprender las injusticias sociales y la degradación del ambiente. La pandemia es una crisis y de una crisis no se sale iguales: o salimos mejores o salimos peores. Nosotros debemos salir mejores, para mejorar las injusticias sociales y la degradación ambiental. Hoy tenemos una ocasión para construir algo diferente. Por ejemplo, podemos hacer crecer una economía de desarrollo integral de los pobres y no de asistencialismo. Con esto no quiero condenar la asistencia, las obras de asistencia son importantes. Pensemos en el voluntariado, que es una de las estructuras más bellas que tiene la Iglesia italiana. Pero tenemos que ir más allá y resolver los problemas que nos impulsan a hacer asistencia. Una economía que no recurra a remedios que en realidad envenenan la sociedad, como los rendimientos disociados de la creación de puestos de trabajo dignos (cfr. EG, 204). Este tipo de beneficios está disociado por la economía real, la que debería dar beneficio a la gente común (cfr. Enc. Laudato si’ [LS], 109), y además resulta a veces indiferente a los daños infligidos a la casa común. La opción preferencial por los pobres, esta exigencia ético-social que proviene del amor de Dios (cfr. LS, 158), nos da el impulso a pensar y a diseñar una economía donde las personas, y sobre todo los más pobres, estén en el centro. Y nos anima también a proyectar la cura del virus privilegiando a aquellos que más lo necesitan. ¡Sería triste si en la vacuna para el Covid-19 se diera la prioridad a los ricos! Sería triste si esta vacuna se convirtiera en propiedad de esta o aquella nación y no sea universal y para todos. Y qué escándalo sería si toda la asistencia económica que estamos viendo —la mayor parte con dinero público— se concentrase en rescatar industrias que no contribuyen a la inclusión de los excluidos, a la promoción de los últimos, al bien común o al cuidado de la creación (ibid.). Hay criterios para elegir cuáles serán las industrias para ayudar: las que contribuyen a la inclusión de los excluidos, a la promoción de los últimos, al bien común y al cuidado de la creación. Cuatro criterios.

Si el virus tuviera nuevamente que intensificarse en un mundo injusto para los pobres y los más vulnerables, tenemos que cambiar este mundo. Con el ejemplo de Jesús, el médico del amor divino integral, es decir de la sanación física, social y espiritual (cfr. Jn 5, 6-9) —como era la sanación que hacía Jesús—, tenemos que actuar ahora, para sanar las epidemias provocadas por pequeños virus invisibles, y para sanar esas provocadas por las grandes y visibles injusticias sociales. Propongo que esto se haga a partir del amor de Dios, poniendo las periferias en el centro y a los últimos en primer lugar. No olvidar ese parámetro sobre el cual seremos juzgados, Mateo, capítulo 25. Pongámoslo en práctica en este repunte de la epidemia. Y a partir de este amor concreto, anclado en la esperanza y fundado en la fe, un mundo más sano será posible. De lo contrario, saldremos peor de esta crisis. Que el Señor nos ayude, nos dé la fuerza para salir mejores, respondiendo a la necesidad del mundo de hoy.

[1] cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre algunos aspectos de la "Teología de la Liberación", (1984), 5

[2] Benedicto XVI, Discurso inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (13 de mayo de 2007), 3.


domingo, 14 de junio de 2020

Mensaje completo del Papa Francisco para la IV Jornada Mundial de los Pobres


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

IV JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES


Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
15 de noviembre de 2020

“Tiende tu mano al pobre” (cf. Si 7,32)

“Tiende tu mano al pobre” (cf. Si 7,32). La antigua sabiduría ha formulado estas palabras como un código sagrado a seguir en la vida. Hoy resuenan con todo su significado para ayudarnos también a nosotros a poner nuestra mirada en lo esencial y a superar las barreras de la indiferencia. La pobreza siempre asume rostros diferentes, que requieren una atención especial en cada situación particular; en cada una de ellas podemos encontrar a Jesús, el Señor, que nos reveló estar presente en sus hermanos más débiles (cf. Mt 25,40).

1. Tomemos en nuestras manos el Eclesiástico, también conocido como Sirácida, uno de los libros del Antiguo Testamento. Aquí encontramos las palabras de un sabio maestro que vivió unos doscientos años antes de Cristo. Él buscaba la sabiduría que hace a los hombres mejores y capaces de escrutar en profundidad las vicisitudes de la vida. Lo hizo en un momento de dura prueba para el pueblo de Israel, un tiempo de dolor, luto y miseria causado por el dominio de las potencias extranjeras. Siendo un hombre de gran fe, arraigado en las tradiciones de sus antepasados, su primer pensamiento fue dirigirse a Dios para pedirle el don de la sabiduría. Y el Señor le ayudó.

Desde las primeras páginas del libro, el Sirácida expone sus consejos sobre muchas situaciones concretas de la vida, y la pobreza es una de ellas. Insiste en el hecho de que en la angustia hay que confiar en Dios: «Endereza tu corazón, mantente firme y no te angusties en tiempo de adversidad. Pégate a él y no te separes, para que al final seas enaltecido. Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y sé paciente en la adversidad y en la humillación. Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación. En las enfermedades y en la pobreza pon tu confianza en él. Confía en él y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él. Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia y no os desviéis, no sea que caigáis» (2,2-7).

2. Página tras página, descubrimos un precioso compendio de sugerencias sobre cómo actuar a la luz de una relación íntima con Dios, creador y amante de la creación, justo y providente con todos sus hijos. Sin embargo, la constante referencia a Dios no impide mirar al hombre concreto; al contrario, las dos cosas están estrechamente relacionadas.

Lo demuestra claramente el pasaje del cual se toma el título de este Mensaje (cf. 7,29-36). La oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. Para celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en sí la imagen de Dios. De tal atención deriva el don de la bendición divina, atraída por la generosidad que se practica hacia el pobre. Por lo tanto, el tiempo que se dedica a la oración nunca puede convertirse en una coartada para descuidar al prójimo necesitado; sino todo lo contrario: la bendición del Señor desciende sobre nosotros y la oración logra su propósito cuando va acompañada del servicio a los pobres.

3. ¡Qué actual es esta antigua enseñanza, también para nosotros! En efecto, la Palabra de Dios va más allá del espacio, del tiempo, de las religiones y de las culturas. La generosidad que sostiene al débil, consuela al afligido, alivia los sufrimientos, devuelve la dignidad a los privados de ella, es una condición para una vida plenamente humana. La opción por dedicarse a los pobres y atender sus muchas y variadas necesidades no puede estar condicionada por el tiempo a disposición o por intereses privados, ni por proyectos pastorales o sociales desencarnados. El poder de la gracia de Dios no puede ser sofocado por la tendencia narcisista a ponerse siempre uno mismo en primer lugar.

Mantener la mirada hacia el pobre es difícil, pero muy necesario para dar a nuestra vida personal y social la dirección correcta. No se trata de emplear muchas palabras, sino de comprometer concretamente la vida, movidos por la caridad divina. Cada año, con la Jornada Mundial de los Pobres, vuelvo sobre esta realidad fundamental para la vida de la Iglesia, porque los pobres están y estarán siempre con nosotros (cf. Jn 12,8) para ayudarnos a acoger la compañía de Cristo en nuestra vida cotidiana.

4. El encuentro con una persona en condición de pobreza siempre nos provoca e interroga. ¿Cómo podemos ayudar a eliminar o al menos aliviar su marginación y sufrimiento? ¿Cómo podemos ayudarla en su pobreza espiritual? La comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros. Y para apoyar a los pobres es fundamental vivir la pobreza evangélica en primera persona. No podemos sentirnos “bien” cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra. El grito silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea, siempre y en todas partes, para darles voz, defenderlos y solidarizarse con ellos ante tanta hipocresía y tantas promesas incumplidas, e invitarlos a participar en la vida de la comunidad.
Es cierto, la Iglesia no tiene soluciones generales que proponer, pero ofrece, con la gracia de Cristo, su testimonio y sus gestos de compartir. También se siente en la obligación de presentar las exigencias de los que no tienen lo necesario para vivir. Recordar a todos el gran valor del bien común es para el pueblo cristiano un compromiso de vida, que se realiza en el intento de no olvidar a ninguno de aquellos cuya humanidad es violada en las necesidades fundamentales.

5. Tender la mano hace descubrir, en primer lugar, a quien lo hace, que dentro de nosotros existe la capacidad de realizar gestos que dan sentido a la vida. ¡Cuántas manos tendidas se ven cada día! Lamentablemente, sucede cada vez más a menudo que la prisa nos arrastra a una vorágine de indiferencia, hasta el punto de que ya no se sabe más reconocer todo el bien que cotidianamente se realiza en el silencio y con gran generosidad. Así sucede que, sólo cuando ocurren hechos que alteran el curso de nuestra vida, nuestros ojos se vuelven capaces de vislumbrar la bondad de los santos “de la puerta de al lado”, «de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 7), pero de los que nadie habla. Las malas noticias son tan abundantes en las páginas de los periódicos, en los sitios de internet y en las pantallas de televisión, que nos convencen que el mal reina soberano. No es así. Es verdad que está siempre presente la maldad y la violencia, el abuso y la corrupción, pero la vida está entretejida de actos de respeto y generosidad que no sólo compensan el mal, sino que nos empujan a ir más allá y a estar llenos de esperanza.

6. Tender la mano es un signo: un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. En estos meses, en los que el mundo entero ha estado como abrumado por un virus que ha traído dolor y muerte, desaliento y desconcierto, ¡cuántas manos tendidas hemos podido ver! La mano tendida del médico que se preocupa por cada paciente tratando de encontrar el remedio adecuado. La mano tendida de la enfermera y del enfermero que, mucho más allá de sus horas de trabajo, permanecen para cuidar a los enfermos. La mano tendida del que trabaja en la administración y proporciona los medios para salvar el mayor número posible de vidas. La mano tendida del farmacéutico, quién está expuesto a tantas peticiones en un contacto arriesgado con la gente. La mano tendida del sacerdote que bendice con el corazón desgarrado. La mano tendida del voluntario que socorre a los que viven en la calle y a los que, a pesar de tener un techo, no tienen comida. La mano tendida de hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad. Y otras manos tendidas que podríamos describir hasta componer una letanía de buenas obras. Todas estas manos han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo.

7. Esta pandemia llegó de repente y nos tomó desprevenidos, dejando una gran sensación de desorientación e impotencia. Sin embargo, la mano tendida hacia el pobre no llegó de repente. Ella, más bien, ofrece el testimonio de cómo nos preparamos a reconocer al pobre para sostenerlo en el tiempo de la necesidad. Uno no improvisa instrumentos de misericordia. Es necesario un entrenamiento cotidiano, que proceda de la conciencia de lo mucho que necesitamos, nosotros los primeros, de una mano tendida hacia nosotros.
Este momento que estamos viviendo ha puesto en crisis muchas certezas. Nos sentimos más pobres y débiles porque hemos experimentado el sentido del límite y la restricción de la libertad. La pérdida de trabajo, de los afectos más queridos y la falta de las relaciones interpersonales habituales han abierto de golpe horizontes que ya no estábamos acostumbrados a observar. Nuestras riquezas espirituales y materiales fueron puestas en tela de juicio y descubrimos que teníamos miedo. Encerrados en el silencio de nuestros hogares, redescubrimos la importancia de la sencillez y de mantener la mirada fija en lo esencial. Hemos madurado la exigencia de una nueva fraternidad, capaz de ayuda recíproca y estima mutua. Este es un tiempo favorable para «volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo [...]. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad [...]. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente» (Carta enc. Laudato si’, 229). En definitiva, las graves crisis económicas, financieras y políticas no cesarán mientras permitamos que la responsabilidad que cada uno debe sentir hacia al prójimo y hacia cada persona permanezca aletargada.

8. “Tiende la mano al pobre” es, por lo tanto, una invitación a la responsabilidad y un compromiso directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino. Es una llamada a llevar las cargas de los más débiles, como recuerda san Pablo: «Mediante el amor, poneos al servicio los unos de los otros. Porque toda la Ley encuentra su plenitud en un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. [...] Llevad las cargas los unos de los otros» (Ga 5,13-14; 6,2). El Apóstol enseña que la libertad que nos ha sido dada con la muerte y la resurrección de Jesucristo es para cada uno de nosotros una responsabilidad para ponernos al servicio de los demás, especialmente de los más débiles. No se trata de una exhortación opcional, sino que condiciona de la autenticidad de la fe que profesamos.

El libro del Eclesiástico viene otra vez en nuestra ayuda: sugiere acciones concretas para apoyar a los más débiles y también utiliza algunas imágenes evocadoras. En un primer momento toma en consideración la debilidad de cuantos están tristes: «No evites a los que lloran» (7,34). El período de la pandemia nos obligó a un aislamiento forzoso, incluso impidiendo que pudiéramos consolar y permanecer cerca de amigos y conocidos afligidos por la pérdida de sus seres queridos. Y sigue diciendo el autor sagrado: «No dejes de visitar al enfermo» (7,35). Hemos experimentado la imposibilidad de estar cerca de los que sufren, y al mismo tiempo hemos tomado conciencia de la fragilidad de nuestra existencia. En resumen, la Palabra de Dios nunca nos deja tranquilos y continúa estimulándonos al bien.

9. “Tiende la mano al pobre” destaca, por contraste, la actitud de quienes tienen las manos en los bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza, de la que a menudo son también cómplices. La indiferencia y el cinismo son su alimento diario. ¡Qué diferencia respecto a las generosas manos que hemos descrito! De hecho, hay manos tendidas para rozar rápidamente el teclado de una computadora y mover sumas de dinero de una parte del mundo a otra, decretando la riqueza de estrechas oligarquías y la miseria de multitudes o el fracaso de naciones enteras. Hay manos tendidas para acumular dinero con la venta de armas que otras manos, incluso de niños, usarán para sembrar muerte y pobreza. Hay manos tendidas que en las sombras intercambian dosis de muerte para enriquecerse y vivir en el lujo y el desenfreno efímero. Hay manos tendidas que por debajo intercambian favores ilegales por ganancias fáciles y corruptas. Y también hay manos tendidas que, en el puritanismo hipócrita, establecen leyes que ellos mismos no observan.

En este panorama, «los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 54). No podemos ser felices hasta que estas manos que siembran la muerte se transformen en instrumentos de justicia y de paz para el mundo entero.

10. «En todas tus acciones, ten presente tu final» (Si 7,36). Esta es la expresión con la que el Sirácida concluye su reflexión. El texto se presta a una doble interpretación. La primera hace evidente que siempre debemos tener presente el fin de nuestra existencia. Acordarse de nuestro destino común puede ayudarnos a llevar una vida más atenta a quien es más pobre y no ha tenido las mismas posibilidades que nosotros. Existe también una segunda interpretación, que evidencia más bien el propósito, el objetivo hacia el que cada uno tiende. Es el fin de nuestra vida que requiere un proyecto a realizar y un camino a recorrer sin cansarse. Y bien, la finalidad de cada una de nuestras acciones no puede ser otra que el amor. Este es el objetivo hacia el que nos dirigimos y nada debe distraernos de él. Este amor es compartir, es dedicación y servicio, pero comienza con el descubrimiento de que nosotros somos los primeros amados y movidos al amor. Este fin aparece en el momento en que el niño se encuentra con la sonrisa de la madre y se siente amado por el hecho mismo de existir. Incluso una sonrisa que compartimos con el pobre es una fuente de amor y nos permite vivir en la alegría. La mano tendida, entonces, siempre puede enriquecerse con la sonrisa de quien no hace pesar su presencia y la ayuda que ofrece, sino que sólo se alegra de vivir según el estilo de los discípulos de Cristo.

En este camino de encuentro cotidiano con los pobres, nos acompaña la Madre de Dios que, de modo particular, es la Madre de los pobres. La Virgen María conoce de cerca las dificultades y sufrimientos de quienes están marginados, porque ella misma se encontró dando a luz al Hijo de Dios en un establo. Por la amenaza de Herodes, con José su esposo y el pequeño Jesús huyó a otro país, y la condición de refugiados marcó a la sagrada familia durante algunos años. Que la oración a la Madre de los pobres pueda reunir a sus hijos predilectos y a cuantos les sirven en el nombre de Cristo. Y que esta misma oración transforme la mano tendida en un abrazo de comunión y de renovada fraternidad.
Roma, en San Juan de Letrán, 13 de junio de 2020, memoria litúrgica de san Antonio de Padua.


Francisco

miércoles, 13 de mayo de 2020

COVID 19: La Curia Romana dona el sueldo a los pobres, como pidió el Papa


COVID-19: LA CURIA ROMANA DONA EL SUELDO A LOS POBRES, COMO PIDIÓ EL PAPA
por Vandeville Eric/ABACA/EAST NEWS

Ary Waldir Ramos Díaz

Lo hicieron con “generosidad evangélica”, confirmó a Aleteia el cardenal Konrad Krajewski

El papa Francisco pidió a cardenales, obispos, arzobispos y prelados de la Curia romana de donar ‘voluntariamente’ un salario mensual para destinar a las personas más pobres y que sufren durante la pandemia.

250 superiores eclesiales, secretarios y otros han respondido a este acto concreto de solidaridad, algunos han donando no solo uno, sino dos mensualidades confirmó a Aleteia el cardenal Konrad Krajewski, limosnero del papa.

La Limosnería Apostólica es la Oficina de la Santa Sede que tiene la tarea de practicar la caridad a favor de los pobres en nombre del Sumo Pontífice.

Antes de Semana Santa, el ‘brazo derecho de la caridad del Papa’ había escrito una carta a los líderes curiales y a los prelados que componen la Capilla Papal, proponiendo un acto concreto de solidaridad para “participar en el sufrimiento de los que están en la prueba” a causa del Covid-19.

La respuesta de la curia al llamado del Papa

“Ellos han respondido con una generosidad inesperada, los canónicos, las Basílicas organizaron una colecta…todos donaron más de los que se les invitó a dar, lo hicieron con una solidaridad evangélica extraordinaria” confirmó el cardenal Krajewski (nacido en 1963).

A causa de la pandemia, las celebraciones litúrgicas presididas por el Papa durante la Semana Santa se vivieron “sin la presencia de los que, según el Motu Proprio Pontificalis Domus, componen la Capilla Pontificia”.

Y así el cardenal polaco exhortó a los curiales a estar “unidos íntimamente y de manera especial al Pontífice, Obispo de Roma” que “preside la comunión universal de la caridad”, a través de una ofrenda. “El Santo Padre – se lee en la misiva – decidirá entonces el destino de las limosnas recogidas para la emergencia sanitaria”.

Somos el brazo de la misericordia

El cardenal polaco nos confirmó al teléfono, mientras se preparaba para una intervención caritativa, que las ayudas llegaron con ‘generosidad’ y su trabajo es llevarlas a donde sea necesario y hasta que no quede ni un euro por gastar. En este sentido, debido al covid-19 envió respiradores de hospital a Rumania, a Nápoles, a Padua, Lecce, Locri. Ultimamente, también a Madrid y República Centroafricana.

“Nosotros somos el brazo de la misericordia del papa Francisco, somos como un servicio de primeros auxilios porque si hay alguna necesidad debemos correr enseguida donde soliciten ayuda. Por lo tanto, yo no sé que sucederá en unos meses o en unos dos días, pero debemos estar listos.

Cuando los hospitales solicitaron los respiradores mandábamos respiradores, cuando demandaron medicinas, pues enviábamos medicinas, cuando es necesario ayudamos a los comedores. En nombre del Santo Padre vamos a donde nos lo pidan ”.

Para el cardenal Krajeswski la caridad no tiene límites, así lo instruyó Francisco cuando le encargó la Limosnería apostólica el 3 agosto de 2013, debe concederse a todos: “El Evangelio no hace distinciones”.

El 1 de mayo, la caridad del Papa ha llegado también a Ostia Lido (Roma) destinada a personas que se prostituían en el litoral romano y que debido al confinamiento se quedaron sin clientes. Personas ya marginadas que solicitaron ayuda a la iglesia local porque sufrían hambre y varias necesidades.

Esta ayuda no es nueva, ya lo había hecho unos días antes, cuando visitó otra parroquia en Torvainica en la costa romana para ayudar a personas transexuales.

¿A quién ayudaba Jesús?

“Si alguien se maravilla que recuerde: ¿A quién ayudaba Jesús? Es suficiente leer el Evangelio y la respuesta está en las Escrituras. Así todos en el mundo pueden saberlo. Nosotros seguimos a Jesús, sólo a Jesús”, anotó el “cardenal de los pobres”, como le reconocen en las calles y periferias de Roma.

El cardenal Krajewski fue a Ostia, distante 35 kilómetros desde el Vaticano, conducía una furgoneta con una carga de comida. En un reten policial explicó con su acento polaco cuál era su destino final: él no viajaba vestido de cardenal.

“El Papa me ha confiado una misión precisa: dar consuelo a los más débiles. Y mi misión se cumple cuando la cuenta bancaria y la reserva del almacén están vacías. El Evangelio me lleva a quien llama sin juzgar a nadie”.

La pandemia y la crisis económica y social

El cardenal Krajeswski gestiona varias estructuras vinculadas con la pastoral de la “iglesia en salida” del Papa, ahora apoyada con el dinero que fue donado por la Curia romana para la emergencia coronavirus y que sigue su misión: proporciona comidas, duchas, barbería, ropa para los sin techo, dinero para el alquiler a las familias, paga los estudios de los niños, acoge a los que tienen frío, apoya a los comedores de la caridad.

La pandemia ha desvelado otro lado de la pobreza en la diócesis del Papa, muchos padres y madres de familia han perdido sus trabajos, incluso ya precarios o sin contrato. Todas las tardes Don Corrado entrega trescientos paquetes de comida a la comunidad de San Egidio destinados a las personas que buscan ayuda en la parroquia romana de Santa Maria in Trastevere: “Son personas que tienen una casa, pero nada en la nevera”. Además regala diariamente 200 litros de leche y yogurt que provienen de la producción de la granja de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo.

La Limosnería apostólica donó más de 4 millones de euros el año pasado. La mayor parte del dinero proviene de la venta en el mundo de los pergaminos con la bendición apostólica.

Fuente aleteia.org

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martes, 7 de abril de 2020

AMLO lee mensaje del Papa Francisco en su conferencia mañanera (Video)


Durante su Conferencia diaria, el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se dio a la tarea de leer un mensaje del Papa Francisco. Las palabras del Papa que fueron leídas en “la mañanera”, habían sido publicadas en su cuenta de Twitter oficial en español, y eran un resumen a su vez de la Homilía de la Misa que el Sucesor de San Pedro celebró el lunes 6 de abril en la capilla de Santa Marta, en el Vaticano.

En su “tweet”, el Papa Francisco señaló que al final de nuestras vidas seremos juzgados en nuestra relación con los pobres, citando las palabras de Jesús tomadas de la lectura del Evangelio de San Juan prescrita para la Celebración Eucarística de este lunes: “a los pobres siempre los tendréis con vosotros”.

El Santo Padre hizo alusión a estas palabras enseñando que con ellas Jesús había querido decirnos que siempre estaría con nosotros, revelándonos su presencia entre los pobres, de ahí que es en nuestra relación con nuestros hermanos más pobres, con los más débiles con los más necesitados, que nos relacionamos con Jesús y le servimos en ellos.

El Presidente López Obrador expresó que las palabras del Papa nos ayudaban a recordar en plena Semana Santa que la preferencia por los pobres no solo debe darse por un acto de humanidad, sino que además, en un país como México, con tantos cristianos, tanto católicos como de otras denominaciones, la atención a los más necesitados es lo más congruente con la esencia del Evangelio.

En un momento de la conferencia, el Presidente pidió que se buscara el mensaje del Papa Francisco, el cual apareció en el muro posterior de la escenografía donde AMLO suele dar sus conferencias. Antes de darle lectura, López Obrador señaló:

“Es muy importante que ayer el Papa haya dado a conocer este mensaje, porque luego decimos que somos evangélicos, presbiterianos o somos católicos apostólicos romanos o somos católicos ortodoxos, de distintas religiones, pero olvidamos los Evangelios o no somos consecuentes, entonces, ¿por qué primero los pobres? Por humanismo, por solidaridad, pero también en el caso de los que son creyentes porque esa es la esencia de los Evangelios”.

Luego de terminar de leer las palabras del Papa, entre otras cosas AMLO señaló que durante los años recientes se dejó avanzar mucho al pensamiento materialista, dejándose de lado los valores culturales, morales y espirituales, y pidió que ahora que las familias están en sus casas debido a la cuarentena por la pandemia del coronavirus, se den tiempo para la reflexión de estos temas.

El Presidente atrajo este tema en medio del debate que hay en el país sobre las medidas económicas que debiesen tomarse para enfrentar la crisis que traerá la contingencia por el coronavirus. Muchos sectores, críticos del Presidente, denuncian que no hay apoyos para las grandes empresas, ya que las medidas anunciadas el pasado domingo se concentran en el apoyo a los pobres, los ancianos, las micro, pequeñas y medianas empresas, sin contemplarse “rescates” públicos a los grandes capitales.



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lunes, 6 de abril de 2020

El Papa dona 700.000 euros y crea un fondo de asistencia afectados en zonas pobres y países en desarrollo


EL PAPA DONÓ 700.000 EUROS Y CREÓ UN FONDO DE ASISTENCIA PARA AFECTADOS EN ZONAS POBRES Y PAÍSES EN DESARROLLO DURANTE PANDEMIA

El Papa instituyó un fondo para recaudar dinero a través de las Pontificias Obras Misioneras (OMP) radicadas sobre todo en zonas pobres o en países en vías de desarrollo para ayudar a los afectados por coronavirus y lo inauguró con una donación de casi 700.000 euros (750.000 dólares).

"El Papa ha destinado la suma de 750.000 dólares USA como contribución inicial para el fondo y ha pedido a las distintas realidades de la Iglesia que tengan la posibilidad y lo deseen que contribuyan a él a través de las Pontificias Obras Misioneras de cada país", señaló el Vaticano en un comunicado.

El fondo, fue gestionado por las OMP, el organismo vaticano encargado de la promoción del catolicismo en todo el mundo, fue utilizado para "acompañar a las comunidades golpeadas en los países de misiones a través de las estructuras y las instituciones de la Iglesia"

El cardenal filipino Luis Tagle, lider de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos de la que dependen en última instancia las OMP, destacó que en su tarea de evangelización, la Iglesia está "en primera línea" en las principales amenazas a la dignidad humana.

Las OMP es el canal oficial del Papa para el apoyo a más de 1.100 diócesis del mundo, y que solo en África tiene bajo su órbita a más de 74.000 religiosas y 46.000 sacerdotes que gestionan cerca de 45.000 escuelas en las que se educan 19 millones de niños.

Fuente europapress

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