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viernes, 31 de enero de 2020

Los 7 errores más comunes de un monaguillo


LOS 7 ERRORES MÁS COMUNES DE UN MONAGUILLO
Por Artemisa

Debemos servir a nuestra Iglesia de la mejor manera posible.

Errar en una u otra cosa mientras estamos aprendiendo a ejercer nuestra función, sucede. Sin embargo, querido amigo, debemos corregirnos para no cometer tales errores de nuevo. Hoy te voy a contar cuáles son los errores más comunes cometidos por los monaguillos, para que usted esté atento y preste un servicio agradable a Dios.

1. No dar importancia al estudio

Como todo en la vida, aprendemos mientras observamos y estudiamos. Por eso, es inevitable y extremadamente importante que usted estudie lo que aprendió en las reuniones de formación. Como monaguillo, usted debe tener interés por la liturgia, para poder desempeñar su misión con amor. Más que saber servir, usted necesita comprender lo que es la santa Misa. ¡Entonces, nada de pereza! Sea dedicado y estudie todo lo que sea necesario, sobre todo el servicio al altar.

También comprueba los principales elementos litúrgicos de la Misa. Mira en el infográfico.

2. Confundir los objetos litúrgicos

Es muy importante que usted conozca bien los objetos litúrgicos para que no se confunda durante la celebración. He visto un un monaguillo, una vez, que no recordaba lo que debía entregar al sacerdote en el momento del ofertorio. Tal vez eso haya ocurrido por nerviosismo, pero cuando tenemos conocimiento, la posibilidad de cometer un error es menor. Sin contar, que el hecho de conocer los objetos litúrgicos ya nos deja más tranquilos, ¿no es así?

3. Olvidarte de la oración

No basta con estudiar y desempeñar bien su función de monaguillo. Necesitas buscar la oración como algo importante para tu vida. La oración es un diálogo con Dios, en el cual, nos presentamos a Él como somos, nuestras tristezas, nuestros errores, nuestros aciertos. Siempre que pueda, entre en su habitación y – en el silencio – reza. Hable con Jesucristo como usted conversa con sus amigos. Dígale a Él todo lo que tiene dentro de su corazón. Pida también la protección de Nuestra Señora y que Ella te ayude a decir siempre “sí” a Dios. En los días en que usted está en la escala de servicio al altar, procure llegar antes del horario para rezar ante el sagrario – entregándose a Jesucristo, como un instrumento de la gracia de Dios.

4. Ir a servir con cualquier ropa

Cuando hablamos en vestiduras, no nos referimos sólo a las vestiduras litúrgicas de los monaguillos. Esas ya saben que necesitan estar limpias y bien pasadas. Aquí quiero llamar la atención sobre la ropa que usted utiliza para ir a la iglesia. Un monaguillo jamás debe ir a la Misa usando bermuda o cualquier otra pieza que exponga su cuerpo inadecuadamente, y mucho menos calzado chanclas. Estas ropas son para otros momentos, jamás para usar por debajo de sus vestiduras litúrgicas. Nuestro cuerpo es sagrado, nuestra misión de monaguillo es sagrada. Esta santidad necesita ser preservada con el comportamiento y la ropa apropiados.

5. Dejar de lado la tradición litúrgica

La liturgia no puede ser recreada o reinventada. Si la regla dice que, durante el servicio litúrgico, hay que mantener ciertas posturas y conservar el silencio, el monaguillo debe preservar rigurosamente esa tradición.

6. Utilizar la Sacristía para conversaciones y bromas

La Sacristía es como una extensión del altar y debe tener su sacralidad respetada. Por eso, procure mantener el silencio en este ambiente y hablar sólo lo que sea necesario, con un tono de voz respetuoso, sin bromas. Es en la sacristía que los monaguillos, los sacerdotes y el equipo de liturgia se reúnen antes de la celebración para revestir los ornamentos.

7. No respetar el ayuno para la celebración eucarística
 
La Iglesia pide a todos que respeten el ayuno de 1 hora antes de recibir a Jesucristo en la Eucaristía. Por eso, el monaguillo debe tener cuidado de no ingerir alimentos cerca del horario de la celebración. Recuerda mi amigo: el que no respeta el ayuno no puede comulgar. Ofrecer un servicio agradable a Dios es primordial a todo monaguillo. Prestando atención en tu conducta puedes corregir posibles errores que esté cometiendo.

Fuente católicodefiendetufe

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sábado, 18 de enero de 2020

El monaguillo arriesgado, hermosa reflexión


EL MONAGUILLO ARRIESGADO, HERMOSA REFLEXIÓN

Un niño se quito su ropa de acólito después de misa, se puso su ropa para el frío y le dijo al padre:

‘OK, padrecito, ¡estoy listo.’

El sacerdote le dijo: ‘¿Listo para qué?’

‘Padre, es hora de salir a repartir nuestros volantes.’

El sacerdote le respondió: ‘Hijo, hace mucho frío y además está lloviznando.’

El niño miró sorprendido al sacerdote y le dijo: 'Pero Padrecito la gente necesita saber de Dios aún en los días lluviosos.'

El sacerdote contestó: ‘Hijo yo no voy a salir con este tiempo.’

Con cierta ansiedad, el acólito dijo: ‘Padre, ¿puedo ir yo solo? ¿Por favor?’

El sacerdote dudó un momento y luego le dijo: ‘Está bien, puedes ir. Aquí tienes los volantes; pero ten cuidado.’

‘¡Gracias padrecito!’

Acto seguido, el acólito salió a la lluvia. El niño de 11 años recorrió todas las calles del pueblo, repartiendo los volantes a las personas que veía.

Después de 2 horas de caminar con frío bajo la lluvia y con su último volante, se detuvo en una esquina esperando ver a alguien a quien darle el último volante, pero las calles estaban totalmente desiertas. Entonces se dirigió a la primera casa que vio, caminó hasta la puerta del frente, tocó el timbre varias veces y esperó, pero nadie salió.

Finalmente, el niño giró para irse, pero algo lo detuvo. El niño volteó nuevamente hacia la puerta y empezó a tocar el timbre y a golpear la puerta fuertemente con los nudillos. Él seguía esperando; algo lo mantenía ahí frente a la puerta. Tocó nuevamente el timbre y esta vez la puerta se abrió suavemente.

Una señora con una mirada muy triste asomó en el umbral y suavemente le preguntó:

‘¿Qué puedo hacer por ti, hijo?’

Con unos ojos radiantes y una sonrisa que le cortaba las palabras, el niño dijo:

‘Señora, lo siento si la molesté, pero sólo quiero decirle que “DIOS REALMENTE LA AMA” y vine para darle mi último volante que habla sobre DIOS y SU GRAN AMOR.

El niño le dio el volante y se marchó.

Ella sólo le dijo:

‘¡Gracias, hijo, y que DIOS te bendiga!’

El siguiente domingo por la mañana, el sacerdote estaba en el púlpito y antes de comenzar la misa preguntó:

‘¿Alguien tiene un testimonio o una anécdota que quiera compartir con nosotros?’

Suavemente, en la fila de atrás de la iglesia, una señora mayor se puso de pie. Cuando empezó a hablar, una mirada radiante y gloriosa brotaba de sus ojos:

‘Nadie en esta iglesia me conoce. Nunca había estado aquí; incluso el domingo pasado aún no creía en Dios.’

‘Mi esposo murió hace poco tiempo y me dejó totalmente sola en este mundo. El domingo pasado fue un día particularmente frío y lluvioso, y también lo fue en mi corazón. Ese día llegué al final del camino; ya que no tenía esperanza alguna ni ganas de vivir.’

‘Entonces, tomé una silla y una soga y subí hasta el ático de mi casa. Subida en la silla, amarré y aseguré bien un extremo de la soga a una de las vigas del techo y luego puse el otro extremo alrededor de mi cuello.’

‘Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado, estaba a punto de tirarme cuando de repente escuché el timbre de la puerta sonar con insistencia.’

‘Entonces me dije: “Esperaré un minuto y quien quiera que sea se irá”. Esperé y esperé, pero el timbre de la puerta sonaba cada vez con más insistente, y luego la persona empezó a golpear la puerta con fuerza.’

‘Entonces me pregunté, “¿QUIÉN PODRÁ SER?” ¡Jamás alguien toca mi puerta o viene a verme!’

‘Me quité la soga del cuello y bajé hasta la puerta, mientras el timbre seguía sonando cada vez con mayor insistencia.’

‘Cuando abrí la puerta no podía creer lo que veían mis ojos: frente a mi puerta estaba el niño más radiante y angelical que jamás hubiera visto.’

‘Su sonrisa, ohhh, ¡nunca podré describirla! Las palabras que salieron de su boca hicieron que mi corazón, muerto hace tanto tiempo, volviera a la vida, cuando me dijo con voz de querubín: “Señora, sólo quiero decirle que DIOS realmente la ama”.’

‘Cuando aquel angelito desapareció en el frío y la lluvia , cerré mi puerta y leí cada palabra del volante.’

‘Entonces subí al ático para bajar la silla y la soga. Ya no las necesitaría más. Como ven, ahora soy una hija feliz del Señor.’

‘Como la dirección de la iglesia venía anotada en la parte de atrás del volante, hoy vine personalmente a decirle GRACIAS a ese pequeño ÁNGEL DE DIOS que llegó justo a tiempo y, de hecho, a rescatar mi vida de una eternidad en el infierno.’

En la iglesia, todos los asistentes lloraban.

El sacerdote bajó del púlpito hasta la primera banca del frente donde estaba sentado su acólito, lo tomó en sus brazos y lloró.

Probablemente la iglesia no volvió a tener un momento más glorioso. 


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