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viernes, 22 de mayo de 2020

Algo que todo catolico debe conocer


ALGO QUE TODO CATOLICO DEBE CONOCER.

Decreto del Papa San Dámaso I, explicando como queda conformada la biblia catolica que hoy conocemos.

DECRETO DEL PAPA SAN DÁMASO I. CONCILIO ROMANO, 382

Del canon de la sagrada Escritura [Del mismo decreto y de las actas del mismo Concilio de Roma]

Asimismo se dijo: Ahora hay que tratar de las Escrituras divinas, qué es lo que ha de recibir la universal Iglesia Católica y qué debe evitar.

Empieza la relación del Antiguo Testamento: un libro del Génesis, un libro del Exodo, un libro del Levítico, un libro de los Números, un libro del Deuteronomio, un libro de Jesús Navé, un libro de los Jueces, un libro de Rut, cuatro libros de los Reyes, dos libros de los Paralipóntenos, un libro de ciento cincuenta Salmos, tres libros de Salomón: un libro de Proverbios, un libro de Eclesiastés, un libro del Cantar de los Cantares; igualmente un libro de la Sabiduría, un libro del Eclesiástico.

Sigue la relación de los profetas: un libro de Isaías, un libro de Jeremías, con Cinoth, es decir, sus lamentaciones, un libro de Ezequiel, un libro de Daniel, un libro de Oseas, un libro de Amós, un libro de Miqueas, un libro de Joel, un libro de Abdías, un libro de Jonás, un libro de Naún, un libro de Abacuc, un libro de Sofonías, un libro de Agéo, un libro deZacarías, un libro de Malaquías.

Sigue la relación de las historias: un libro de Job, un libro de Tobías, dos libros de Esdras, un libro de Ester, un libro de Judit, dos libros de los Macabeos.

Sigue la relación de las Escrituras del Nuevo Testamento que recibe la Santa Iglesia Católica: un libro de los Evangelios según Mateo, un libro según Marcos, un libro según Lucas, un libro según Juan.

Epístolas de Pablo Apóstol, en número de catorce: una a los Romanos, dos a los Corintios, una a los Efesios, dos a los Tesalonicenses, una a los Gálatas, una a los Filipenses, una a los Colosenses, dos a Timoteo, una a Tito, una a Filemón, una a los Hebreos.

Asimismo un libro del Apocalipsis de Juan y un libro de Hechos de los Apóstoles.

Asimismo las Epístolas canónicas, en número de siete: dos Epístolas de Pedro Apóstol, una Epístola de Santiago Apóstol, tres Epístola de Juan Apóstol, y una Epístola de Judas Zelotes Apóstol [v. 162] .

Acaba el canon del Nuevo Testamento.

De igual manera se ha estipulado: Después del anuncio de todas estas escrituras proféticas y evangélicas o también apostólicas las cuales hemos enlistado anteriormente como Escrituras, sobre las mismas, por la gracia de Dios, la Iglesia Católica es cimentada, hemos considerado que debe ser anunciado que aunque todas las Iglesias Católicas propagadas en el mundo entero abarcan solo una cámara nupcial de Cristo, no obstante, la santa Iglesia Romana ha sido posicionada al frente no por las decisiones conciliares de otras iglesias, sino porque ha recibido la primacía por la voz evangélica de nuestro Señor y Salvador, quien dijo" Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificare mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que atares sobre la tierra, estará atado en los cielos, lo que desatares sobre la tierra, estará desatado en los cielos".

Esta lista de 46 libros en el Antiguo Testamento y 27 libros en el Nuevo Testamento fue reconfirmada en el Concilio de Cártago en 397 d. de C. La traducción de San Jerónimo "La Vulgata"* es hasta estos días, la Biblia Oficial de la Iglesia Católica. Las Biblias que usan los Católicos actualmente tienen los mismos 46 libros en el Antiguo Testamento como los ha tenido desde antes del principio de la Cristianidad.

Recopilado por Bob Stanley , Julio 12, 1999 Actualizado en Julio 19, 2001 Traducido por Pilar Romo, Septiembre 6, 2001

Fuente católicodefiendetufe

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jueves, 23 de abril de 2020

Cuando Dios te ordena algo... escucha


CUANDO DIOS TE ORDENA ALGO… ESCUCHA

Por: Fernando de Navascués
Nosotros podemos ser sus vasijas, sus enviados, sus siervos, sus escogidos, si prestamos atención a su voz

Muchos hombres y mujeres en la Biblia escucharon la voz de Dios y atendieron su llamado, entre ellos: Noé, Samuel, Jeremías, Amos, María, María Magdalena y Moisés. Este último es un ejemplo claro de obediencia y heroísmo, pero también de lo que muchos hacemos cuando escuchamos el llamado del Señor.

Ya sea para empresas sencillas como ayudar a nuestros padres en el hogar, o para obras más grandes como visitar a un enfermo, o ayudar a alguien en necesidad económica, o bien para comisiones mayores como un ministerio en la iglesia o una misión evangélica en otro continente, para oír el llamado de Dios es necesario no resistirnos, y sobre todo ser humildes, a fin de poder comprender aquello que se nos ha encomendado.

Tener fe, es decir, confiar en Dios, y obedecer, son los elementos finales que nos conducirán al éxito de la empresa encomendada, luego de que el Señor nos haya dotado de su gracia y de todo lo necesario para llevarla a cabo y concluirla cabalmente, de acuerdo a su voluntad y propósito.

En el capítulo 3 del libro de Éxodo se narra cómo Moisés, un pastor de ovejas, vio un día una zarza ardiendo, se acercó y Dios le habló, lo llamó por su nombre. Moisés respondió: “Heme aquí”. Sin embargo, él tuvo miedo y se cubrió el rostro. Dios le pidió que se quitara los zapatos porque estaba pisando tierra santa. Dios le mandó ir ante el Faraón de Egipto, quien tenía en cautividad al pueblo de Israel, y pedirle que los dejara ir.

Moisés presentó diversas objeciones ante Dios: le dijo que el pueblo no le creería, que le preguntarían el nombre de quien lo había enviado, que él no estaba facultado para hablar ante Faraón porque sufría de una especie de tartamudeo, y básicamente declaró su inseguridad ante el llamado del Señor. Sin embargo, Dios tuvo paciencia con él, porque ya había resuelto convertirlo en un líder espiritual.

Dios le mostró el poder que podía darle cuando convirtió su vara en serpiente, y luego en vara nuevamente; también puso lepra en una de sus manos y luego quitó la lepra en un instante. Asimismo, puso junto a él a su hermano Aarón para que hablara por él. Ambos se presentaron ante Faraón en repetidas ocasiones, de quien recibieron múltiples rechazos y negativas, por lo cual Dios envió diez plagas sobre Egipto. Finalmente, Faraón dejó ir al pueblo, que se dirigió a la tierra de Canaán, la tierra prometida donde fluiría leche y miel.

El pueblo de Israel siguió a Moisés, aunque no fue del todo obediente ni fiel a Dios. Pero Moisés sí lo fue. Dios partió las aguas del mar en dos para dejar pasar al pueblo y salvarlo de la persecución final de Faraón. Con mucho esfuerzo, dolor y sacrificio cumplió el mandato de Dios hasta el día de su muerte.

Así que, cuando Dios te mande a hacer algo, cuando escuches su voz en tu corazón o mientras ores, cuando escuches su llamado, no opongas resistencia, piensa en las grandes hazañas que Dios quiere hacer a través de ti. Cuántas personas pueden ser aliviadas, consoladas, liberadas, salvadas o redimidas si tan sólo obedeces a la voz de Dios y dejas que Él te use con poder, tal como usó a tantos profetas, discípulos y apóstoles.

¿Quieres responder: “Pero, Señor, yo no…”? ¿O quieres decirle: “Heme aquí, Señor, envíame a mí”?, tal como lo hizo el profeta Isaías (Isaías 6:8). No es necesario que seas perfecto, sino sólo que estés dispuesto. No importa cuánto tome de ti, Dios te dará la fuerza, los recursos y la habilidad para cumplir aquello que te ha mandado a hacer. Moisés se despojó de su calzado; nosotros deberemos despojarnos de todo aquello que estorbe al llamado de Dios, así como presentarnos ante Él desnudos y dispuestos.

Dios hará el resto. Él es el verdadero héroe de todas las historias, nosotros podemos ser sus vasijas, sus enviados, sus siervos, sus escogidos, si prestamos atención a su voz.

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domingo, 19 de abril de 2020

La Misa católica es la misma en todo el mundo, algo que no sucede con los cultos protestantes


LA MISA CATÓLICA ES LA MISMA EN TODO EL MUNDO, ALGO QUE NO SUCEDE CON LOS CULTOS PROTESTANTES
Por José Leopoldo Fierro Córdova

A principios de este año visite una ciudad de Texas, USA y me propuse un día asistir entre semana a la Santa Misa a un templo de católicos coreanos.

Era el único mexicano entre los asistentes hermanos católicos coreanos. No entendí una sola palabra de su idioma por desconocerlo yo totalmente; no obstante, me sentí plenamente integrado con ellos en la liturgia eucarística.

Era como si estuviera participando en la Misa de mi parroquia católica en México. Por ejemplo, si veía que los fieles oraban y se golpeaban el pecho era el "Yo Pecador". Si se ponían de pie y se persignaban, era la proclamación del Evangelio que yo sabía cuál era, así como la primera lectura de la Biblia por ser la misma en todas las Misas de ese día en el mundo.

Capte cuando oraban con el Padre Nuestro y pase a recibir la sagrada Eucaristía (colocada en la mano del comulgante). El coro de jóvenes coreanas cantaban con mucho fervor, por que se dibujaba en sus rostros y sus bonitos ojos orientales. La música tenía marcada cadencia alegre espiritual, aunque no entendiera la letra. A la hora del saludo de la paz lo recibí de los hermanos coreanos lógicamente en su idioma y yo les respondí en español. Ellos, su saludo lo acompañaron con una sonrisa que yo les correspondí. La ofrenda se deposita en una canasta al pie del altar y luego con mucho orden, banca por banca, cada fiel deposita su ofrenda y regresa a su asiento.

Medité en lo sublime y ordenada que es la liturgia católica. Pensé: si yo fuera protestante mexicano y asisto a un templo protestante coreano, no me sentiría en absoluto integrado al culto allí realizado, ya que el pastor coreano predicaría lo que se le ocurriera o fuera su especialidad y las actitudes físicas de los fieles serían distintas a las de mi templo protestante mexicano. Esto debido a que los protestantes no tienen un calendario litúrgico único universal como el que existe en la Iglesia católica.

Observé, que al momento de la predicación de la homilía, en una pantalla se proyecta en los caracteres coreanos las referencias de dicha predicación. También en cada respaldo de las bancas hay pequeños letreros que creo eran avisos como en mi parroquia de no dañar el tapiz de los reclinatorios.

Después de la Misa coreana, en casa hubo quien me preguntó por qué quise asistir a una Misa en un idioma extranjero tan diferente al mío. Entre otros conceptos les comenté: para sentir la hermosura de mi fe y liturgia católica universal o católica y compartir con mis hermanos de otra raza e idioma nuestra misma adoración a la Santísima Trinidad.

El templo de referencia está consagrado a los Mártires coreanos que dieron su vida a fines del siglo XIX en defensa de su fe católica.

Sugiero a mis hermanos católicos, que cuando tengan una oportunidad semejante a la que aquí comento, no dejen de participar. A un lado del Altar está la imagen de un mártir coreano.

Dios los bendiga.

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jueves, 23 de enero de 2020

El día que fui enojado a misa... Y ocurrió algo maravilloso


EL DÍA QUE FUI ENOJADO A MISA… Y OCURRIÓ ALGO MARAVILLOSO

Por Sergio Arguello Vences

Los sacerdotes también somos humanos

Ese domingo me había despertado muy contento a celebrar en la parroquia. Prácticamente salté de la cama para arreglarme y llegar temprano a mi cita con el Señor y su pueblo. La Eucaristía fue muy bonita y terminando una señoras me dijeron: “Padre, ¿nos puede confesar?”.

Eran solamente tres así que acepté… pero entonces comenzaron a llegar más y más y todavía más, sin decirles cuántas personas para que no me digan exagerado, pero me levanté tres horas después, con hambre, sed y ganas de irme a descansar un ratito.

Iba ya muy contento de regreso al seminario y salió a mi encuentro una señora que me preguntó: “¿Usted es el padre verdad? Mi papá murió ayer y lo van a enterrar hoy y no he podido encontrar un sacerdote”. Interiormente pensé: “Señor, sí que quieres que trabaje en tu nombre hoy, te pido sólo que le des paz a mi estómago”.

Celebré la Eucaristía de don Carlos, en paz descanse, y decidí irme en taxi a mi casa para desayunar y recostarme un poco… aunque parece que no es cansado, celebrar dos misas y confesar tres horas con el estómago vacío no es tan fácil como parece.

Así que rápidamente y con la ilusión de un niño me disponía a comerme un sandwich… y como en cámara lenta llega un hermano y me dice: “Te buscan, el párroco se enfermó y no hay quien celebre misa de una…” De inmediato salió mi humana debilidad y brilló dentro de mí un reclamo a Dios: “Pero Señor, estás viendo que todavía ni desayuno… Con gusto voy pero después, dame un poco de tiempo… o mejor aún: manda a otro cura”.

No deja de sorprenderme cómo es Dios porque acabando de reclamarle escuché claramente que me decía: “El día de tu ordenación me dijiste que te entregarías completamente a mí y a mi pueblo… además ve a esta misa, te tengo una sorpresa”.

Le mordí rápido a mi sándwich y fui a misa francamente enojado, me puse en camino más por obligación que por ganas.

Pero en cuanto entré a la sacristía y me revestía mi enojo comenzó a bajar, se acercaron unos esposos a decirme: “Padre, nuestra hija se intentó quitar la vida hace un mes y hemos logrado que venga a misa, póngala en sus intenciones por favor” (así que esta era la sorpresa, Dios me había enviado a esta misa para que le hablara a esta hija suya que estaba en tanta necesidad).

Y es que siendo sacerdote te das cuenta de que las casualidades no existen, Dios mismo es el que nos pone en camino, era maravilloso porque el evangelio de ese día era justo para esta muchacha: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”.

Salí a la Eucaristía convencido de que era Dios quien me había puesto allí; antes de comenzar le pedí ante el Sagrario que fuera Él mismo el que hablara, no yo, le recordé que tenía hambre y estaba un poco enojado…

La celebración estuvo llena de unción, estoy convencido de que fue Jesús mismo el que la guió, no sé cómo explicarlo, soy muy deficiente hilando ideas, pero la homilía de ese día salió de Dios mismo, hasta el día de hoy no me explicó lo que pasó, las palabras de Jesús eran confortación, caricia, fortaleza, ánimo…

Al terminar la santa misa, se acercaron de nuevo los esposos, esta vez con la joven llorando y abrazándome: “Padre, me hacía tanta falta escuchar todo lo que ha dicho, necesito tanto de la ayuda de Dios, me he alejado tanto de Él, ahora sólo quiero estar delante de Él y pedirle que me ame y me ayude a seguir adelante…”.

Cuando la joven me abrazó, escuché el susurro de Dios: “Te necesitaba en esta eucaristía, por eso hice que vinieras, no lo pude haber hecho sin ti”.

Me encanta el buen Jesús y cómo se las ingenia para llegar a donde lo necesitan. La joven que intentó suicidarse ahora es la más puntual en misa de una, Dios cambió su vida.

Y desde ese día, cada vez que me siento cansado o enojado por el exceso de trabajo pienso: “Anda, dale, ve a misa y vívela como tu primera y última misa, Dios te necesita”.

Y parece que Dios me contesta: “Tranquilo, ve, yo celebraré en tú lugar, préstame sólo tus manos y tu boca…”.

Te pido una oración especial por el sacerdote de tu parroquia, seguramente él también irá enojado y sin desayunar a misa alguna vez…

Padre Sergio

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