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martes, 11 de agosto de 2020

¿Por qué los sacerdotes católicos no se casan?

 
¿POR QUÉ LOS SACERDOTES CATÓLICOS NO SE CASAN?
Por Jesús Urones

Uno de los temas que nos suelen cuestionar más los no católicos es el del celibato sacerdotal, pues ellos creen esto es un invento de la Iglesia y que esta doctrina trae consecuencias morales drásticas para los sacerdotes. Además  de que según ellos afirman, no tiene precedente bíblico. Vamos entonces a analizar este tema a la luz de las Escrituras y de la historia de la iglesia.

¿Qué enseña la Iglesia sobre el Celibato Sacerdotal?

Para comenzar creo es muy interesante leer dos numerales del Catecismo que nos pueden dar mucha luz sobre este tema:

1579 Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato "por el Reino de los cielos" (Mt 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus "cosas" (cf 1 Co 7,32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios (cf PO 16).1580 En las Iglesias orientales, desde hace siglos está en vigor una disciplina distinta: mientras los obispos son elegidos únicamente entre los célibes, hombres casados pueden ser ordenados diáconos y presbíteros.

Es decir que en la Iglesia de rito latino, los sacerdotes son célibes, de manera que pueden entregarse por completo a Dios y a los hombres. Sin embargo, en las Iglesias de otros ritos, como el oriental, puede existir sacerdotes casados, esto convierte por tanto al celibato en una “norma eclesiástica” y no en algo “doctrinal”. Esta norma estaría establecida para la Iglesia latina, pero incluso dentro de la Iglesia latina, hay excepciones, por ejemplo aquellos pastores anglicanos protestantes que se convierten a católicos y se les respeta ser sacerdotes y a la vez tener una esposa. Es lo que se conoce como “ordinariato de Ex anglicanos” y fue establecido por Benedicto XVI en el 2009.

Si nos centramos en la Iglesia latina, observamos que sólo el diácono permanente puede ser casado, el resto deben ser célibes. La historia del celibato a nivel magisterial se remonta al Concilio de Elvira (295-302 dC) en España donde se manda que los obispos, sacerdotes y diáconos admitidos a las órdenes sean célibes, o bien dejen a sus legítimas mujeres si quieren recibir las sagradas órdenes. Esta práctica no fue reglamentada de igual modo en las iglesias del mundo oriental (Asia Menor), que no impedían a los obispos y sacerdotes ordenados seguir en comunión con sus respectivas esposas. En occidente, por el contrario, la predicación de los grandes pastores del siglo IV y V testimonia decididamente una clara preferencia por el sacerdocio celibatario. Se pueden encontrar testimonios históricos de la existencia en occidente de sacerdotes que vivían con sus esposas, pero eran los que se encontraban "en el campo", lejos de sus obispos, o por otras razones.

¿Qué enseña la Biblia sobre el celibato?

Este es una pregunta que suelen siempre hacernos los protestantes y las sectas. Por ello, es necesario darles las bases bíblicas del mismo así como algunos ejemplos:

Mat 19, 10-12 "Dijéronle los discípulos: Si tal es la condición del hombre con la mujer, preferible es no casarse. El les contestó: No todos entienden esto, sino aquellos a quienes ha sido dado. Porque hay eunucos que nacieron del vientre de su madre, y hay eunucos que fueron hechos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se han hecho tales por amor del reino de los cielos. El que pueda entender, que entienda”

Es necesario, si queremos entender en plenitud este versículo vayamos al AT donde esta anunciado esto, y veamos las grandes similitudes que existen similitudes con casos del NT. Así pues en el AT tenemos:

3 Que el extranjero que se adhiera a Yahveh, no diga: "¡De cierto que Yahveh me separará de su pueblo!" No diga el eunuco: "Soy un árbol seco." 4 Pues así dice Yahveh: Respecto a los eunucos que guardan mis sábados y eligen aquello que me agrada y se mantienen firmes en mi alianza, 5 yo he de darles en mi Casa y en mis muros monumento y nombre mejor que hijos e hijas; nombre eterno les daré que no será borrado. Isaías 56:3-5

Como estamos en el AT esto se refiere a la Alianza entre Dios y Moisés, cuando Cristo vino en el calvario con su muerte estableció la nueva alianza por tanto ya no se debe guardar el sábado sino el domingo, esto es ser firme a su alianza. Por eso los sacerdotes de la Iglesia Católica así lo son, pero el ser “eunucos” o sea “célibes” fue algo que Cristo no cambió. Todo a quien le da la casa el Señor, y  a quienes les da un nombre eterno que jamás borrada, son los sacerdotes.

San Pablo por su parte nos enseña que el celibato y la virginidad es lo que el prefiere Dios para los que se encargan de sus cosas o asuntos:

7 Mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos de una manera, otros de otra.

8 No obstante, digo a los célibes y a las viudas: Bien les está quedarse como yo. 

1Cor 7:7-8

32 Yo os quisiera libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. 33 El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; 34 está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. 1Cor 7:32-34.

Objeciones al Celibato sacerdotal:

1) 1 Timoteo 3,1-2 nos habla de que los presbíteros y obispos deben ser maridos de una sola mujer. Pero la Iglesia católica de rito latino no cumplen esto.

Cuando San Pablo habla de "casado con una sola mujer" se refiere a las segundas nupcias, bien de aquellos que se convierten del paganismo (algo muy común en esa época, esta carta fue escrita hacia el año 62dC, en ese tiempo solo habían pasado 30 años de la muerte de Cristo, y por tanto estábamos en la primera generación de cristianos, es decir, la gente que se elegía como diáconos u obispos eran convertidos del paganismo). En 1Corintios 7:12-16 y 1Cor 7,39-40 se relata el caso de las segundas nupcias. Es decir, la situación habitual en ese tiempo es que hubiera matrimonios donde uno de los dos era incrédulo. También se puede entender el texto como una prohibición directa de la poligamia, la cual era común entre los paganos de ese tiempo. No que se prohíba realmente el celibato.

Finalmente, debo indicar que si entendemos de manera excluyente que los obispos deben ser casados, entonces tendríamos dos problemas muy graves:

*Cristo no fue casado, y es llamado Obispo nuestro: Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas. 1 Pedro 2:25 . Aquí se usa la palabra griega   Ἐπίσκοπον que se traduce como Episkopon, supervisor, obispo. Luego Cristo no cumple con las condiciones de 1Timoteo 3:2, ¿Por qué entonces la escritura le llama obispo? Esto prueba de que no es la interpretación correcta la que hacen los protestantes, pues contradice la misma escritura.

*Los mismos apóstoles son llamados obispos: Porque está escrito en el libro de los Salmos:  Sea hecha desierta su habitación, Y no haya quien more en ella;  Tome otro su oficio Hechos 1:20. La palabra griega usada para "oficio" es ἐπισκοπή, que significa supervisar , es de donde viene EPISKOPON, Por tanto si los apóstoles tenían la misión u oficio de "supervisar", es que eran obispos. Esta misma palabra se usa en 1Timoteo 3:1:  Palabra fiel: Si alguno anhela obispado(ἐπισκοπή) , buena obra desea. Por tanto en Hechos 1:20 se nos dice que otro tome su obispado, y en 1 Timoteo 3:1 se establecen unas condiciones para los obispos por tanto debemos entender 1 Timoteo 3 como dije anteriormente.

2) 1Corintios 9,5 establece que San Pedro estaba casado, por tanto el primer Papa fue casado, y ahora los Papas no se casan y no siguen la misma regla que seguía San Pedro, esto demuestra la Iglesia católica se desvió de la doctrina apostólica. Sabemos también, Lucas 4,38-39 que Pedro tenía esposa.

Si es cierto que Lucas 4,38-39 nos dice literalmente que Pedro tenía suegra y esto nos lleva a concluir estaba casado. Sin embargo, en ese momento ¿ tenía esposa o era viudo? Es algo que solamente con las Escrituras no podemos descifrar. Si la suegra de Pedro estaba enferma acostada en la cama, lo más lógico es que a su lado estuviera su esposa, pero el Evangelista Lucas e incluso Mateo 8,14-15 no mencionan a la hija de la suegra, ¿por qué? Quizás los evangelistas decidieron centrarse solo en el milagro y dejar de lado los demás sucesos pues tenían poca importancia pero también existe la posibilidad de que la esposa de Pedro ya hubiera muerto, es algo que no sabemos, pero tampoco nos importa, ya que la propia Escritura dice:

Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido.29 Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios,30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna Lucas 18,28-30.

Lo importante es que habían dejado todo, y eso incluye esposa e hijos, por seguir a Cristo. No debemos olvidar entonces que la Tradición nos habla de que la esposa y la hija de San Pedro, Petronila fueron mártires en Roma, al parecer su esposa si se dedicó también como San Pedro a la predicación, pero eso no significa le acompañara en sus viajes. (Historia Eclesiastica Eusebio de Cesarea Libro III, 30.2). Llegados aquí si deseamos creer en la Tradición que Clemente de Alejandría y Eusebio de Cesarea defienden podemos hacerlo, mas sin embargo, no conozco más testigos de este asunto, por lo que el testimonio es escaso y no definitivo, de todas formas como ya vimos, Pedro y su Esposa siguieron caminos diferentes en la predicación-evangelización, pues “dejaron todo por Cristo”.

También se suele citar a veces 1 Cor 9,5 para demostrar Pedro iba a predicar con su esposa, sin embargo eso no es lo que enseña el texto griego. El texto original dice así: "adelphen gynaika". "El primero significa" hermana ", y el segundo puede traducirse como" mujer "o" esposa “, por ello se traduce la frase como “ hermana mujer”, o “ hermana esposa”. El usar la palabra “hermana” en este texto el único sentido que puede tener es en el plano espiritual, o sea, la mujer que les acompañaba era “su hermana en la fe, hermana espiritual” no necesariamente debe implicar una relación marital entre ellos, de hecho no tiene sentido llamar hermana a tu esposa si se refiere a relación marital, por lo tanto, San Pablo esta hablando de una relación espiritual. Tendría sentido que los apóstoles estuvieran acompañados por "mujeres hermanas" que pudieran ayudarlas a ministrar a las mujeres. Durante el tiempo en que Pedro estuvo con Jesús, la Biblia nunca menciona que su esposa viajara con los discípulos en absoluto, lo cual es extraño (si esto es cierto), ya que menciona a muchas otras mujeres (varias por nombre) que estaban conectados con los discípulos, que viajaron con ellos y que los ayudó financieramente (véase, por ejemplo, Mt 27: 55-56; Mc 15: 40-41; Lc 8: 1-3, 23:49, 55 , 24:10, 22). Esta interpretación es defendida por San Jerónimo y San Clemente de Alejandría:

¿No tenemos derecho a dirigir a las mujeres que son hermanas o esposas? Esto deja en claro que el escritor se refirió a otras mujeres santas , quienes, de acuerdo con la costumbre judía, ministraban a sus maestros de sus bienes, ya que nosotros leíamos la práctica incluso con nuestro Señor mismo. Donde hay una referencia previa a comer y beber, y el desembolso de dinero, y después se menciona a mujeres que son hermanas, es bastante claro, como hemos dicho, que debemos entender, no a las esposas, sino a aquellas mujeres que les ayudaban en el ministerio. Y leemos el mismo relato en el Antiguo Testamento de la Sunamita que solía dar la bienvenida a Eliseo, y ponerle una mesa, un pan, un candelero y demás. En cualquier caso, si consideramos que γυναίκας significa esposas , no mujeres , la adición de la palabra hermanas destruye el efecto de la palabra esposas , y muestra que estaban relacionadas en espíritu, no por matrimonio. (Jeronimo contra Joviniano 1,26).

53.2. Y dice en una carta;"¿No tenemos el derecho a llevar una hermana mujer, como también los demás apóstoles?" (1 Co 9,5).53.3. Pero como convenía a su ministerio, atendiendo a la predicación sin distracción (cf. 1 Co 7,35), (éstos) llevaban consigo las mujeres no como esposas, sino como hermanas para que fueran condiaconisas con las mujeres amas de casa; gracias a ellas la doctrina del Señor podía penetrar incluso en el gineceo, sin dar motivos de calumnia. (Clemente de Alejandria Stromata Libro III, Capitulo VI).

 Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religión en Libertad

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martes, 5 de mayo de 2020

15 Recetas para un seguro fracaso en la vida Sacerdotal


15 RECETAS PARA UN SEGURO FRACASO EN LA VIDA SACERDOTAL
Por Juan Ávila Estrada

Manual, o más bien Antimanual, para el sacerdocio

Fracasar como sacerdote es muy fácil, basta con seguir estos quince sencillos pasos y la debacle estará asegurada, a menos que el Señor intervenga con su gracia.

Manual para fracasar como sacerdote:

1. Haberse ordenado sin haber tenido experiencia de Jesús (la más importante de todas).

2. Creer que el ministerio es una carrera y no una vocación.

3. Pensar que aquí se asciende como en la milicia.

4. Abandonar poco a poco la oración, empezando por la Liturgia de las Horas, argumentando demasiado trabajo pastoral.

5. Aislarse de los demás hermanos sacerdotes.

6. Celebrar sólo si hay estipendio de misa e intención. Eso es creer que la comunidad no merece santificarse con la Eucaristía.

7. Celebrar la Eucaristía como un mero rito carente de sentido en el que lo importante es acabar.

8. Perderle sentido a predicar la Palabra de Dios.

9. Hablar de todo en la homilía, menos de la Palabra.

10. Tener nostalgias de amores.

11. Haber pensado que en la Iglesia todo es bondad y que no hay maldad en el corazón de sus miembros.

12. Ver al obispo como un patrón y no como un servidor.

13. No confesarse permanentemente.

14. No tener un director espiritual.

15. Creer que su parroquia es su empresa y no su comunidad.

¡Lo ideal es que NO siga estas recetas! Pero….

Fuente católicodefiendetufe

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martes, 31 de marzo de 2020

¿Quién dijo que el celibato sacerdotal fue una invención medieval?


¿QUIÉN DIJO QUE EL CELIBATO SACERDOTAL FUE UNA INVENCIÓN MEDIEVAL?

Por: Andrés Jaromezuk

Este artículo presenta los diferentes hitos históricos que fueron configurando la disposición del celibato tal como la conocemos actualmente.

Existe un mito bastante difundido según el cual el celibato sacerdotal, lejos de tener un origen evangélico, habría sido impuesto cerca del siglo XII para contrarrestar la vida licenciosa del clero. Claro que no por falso (porque lo es) este error histórico ha dejado de pronunciarse en cada ocasión en que se debate la continencia de los llamados al sacerdocio.

Para introducirnos en el tema hay que tener en claro que las disposiciones respecto al celibato no son un dogma. Esto significa que puede discutirse sobre el asunto sin temor a vulnerar el credo pero teniendo prudencia por la profundidad histórica de esta práctica y por su origen bíblico. Como decíamos, el mito es falso. La práctica del celibato se remonta hasta los primeros años del cristianismo (el propio Cristo fue célibe) y la norma particular se fue configurando con el correr de los siglos.

Lo primero que salta a la vista es la diferencia existente entre la disciplina de las Iglesias Orientales y las Iglesias Latinas. En la primeras, un hombre casado puede ordenarse sacerdote (pero no casarse después de ordenado), en tanto los obispos deben guardar la continencia al igual que en las Latinas. Tal diferencia no radica en que las iglesias de Oriente hayan conservado la tradición originaria en tanto las occidentales la habrían abandonado sino más bien lo inverso. Allí ha faltado una autoridad universal que coordinara la disciplina general y tomara medidas efectivas de control, vigilancia y ejecución; como lo hicieran los Romanos Pontífices.

En este artículo encontrarás los diferentes hitos históricos que fueron configurando la disposición del celibato tal como la conocemos actualmente y descubrirás que esta práctica se remonta en el tiempo hasta el mismo momento en que Cristo predicó. Si te interesa el tema puedes consultar «El celibato eclesiástico. Su historia y fundamentos teológicos» del Cardenal Alfons Stickler o «Historia de la Iglesia» de Hubert Jedin. ¡Espero que te sirva para conocer la historia de nuestra Iglesia!

1. EL ORIGEN EVANGÉLICO

Las primeras menciones concretas al celibato las encontramos en las propia sugerencia de Jesús a los Apóstoles (Lc 18, 28-30). La referencia no tiene la forma de un precepto, pero sí un deseo manifiesto de Cristo para todos los que quieran llevar una plena vida evangélica. La siguiente alusión a la continencia la encontramos en la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto (I Cor 7, 7-8). Vuelve a aparecer aquí una invitación a la comunidad para que adopten voluntariamente una vida célibe e imiten su comportamiento.

El ordenamiento jurídico de estas amplias comunidades de la Iglesia estaba constituido por disposiciones y obligaciones transmitidas sólo oralmente. La persecución esporádica de los primeros tres siglos impidió, en cierta forma, que las leyes se expresaran por escrito. Recién a partir del siglo IV surgirá una producción escrita relacionada con el derecho y la literatura cristiana. Además de los testimonios presentes en el Evangelio, la primera carta del Papa Clemente de Roma (?-97) de finales del siglo I y principios del siglo II, ya describe la práctica de la continencia, así como también las cartas de Ignacio de Antioquía (35-98/110) a los esmirniotas y la carta a Policarpo relatan la existencia de vírgenes que tienen prestigio dentro de sus comunidades.

2. EL ASCETISMO EN EL SIGLO III

Fuentes del siglo III dan testimonio de la existencia de cristianos de ambos sexos que renuncian al matrimonio, se distancian del mundo profano y viven en familias o se ponen a disposición de la Iglesia. En esta centuria, Clemente de Alejandría (150-215/17) escribe su obra «Quis Dives Salvetur» (¿Quién será el hombre rico que se salvará?) donde llama a los ascetas “los escogidos de los escogidos” o Tertuliano con su «De Exhortatione Castitatis» (Exhortación a la castidad) cuyo título es por demás sugerente respecto al tema. De este ascetismo derivará el primitivo monacato de oriente cuyo célebre exponente fuera San Antonio, así como del ideal de virginidad se desarrollarán las bases del futuro celibato clerical.

3. EL CONCILIO DE ELVIRA

En el primer decenio del siglo IV, obispos y sacerdotes de la Iglesia de España se reunieron en el centro diocesano de Elvira para poner bajo una reglamentación común las circunscripciones eclesiásticas de Hispania, perteneciente a la parte occidental del Imperio Romano. Como durante el período anterior, caracterizado por las persecuciones y la desorganización de la Iglesia, muchos aspectos de la disciplina se habían relajado, el concilio sancionó 81 cánones que reafirmaban el antiguo orden. El canon 33 del Concilio fue la primera ley expresa sobre el celibato al afirmar que obispos, sacerdotes y diáconos debían abstenerse de sus mujeres y no engendrar hijos. Caso contrario debían ser excluidos del estado clerical.

Es importante mencionar que muchos de los clérigos mayores de la Iglesia de España eranviri probati, hombres casados antes de ser ordenados como obispos, sacerdotes o diáconos. Sin embargo, a partir del momento de la ordenación, todos estaban obligados a renunciar al uso del matrimonio y a observar una perfecta continencia. Lejos de ser una novedad, este canon fue una reacción contra la inobservancia de una obligación tradicional. Si hubiese sido algo nuevo que obligara a los ordenados a renunciar a su estado conyugal sin que existieran disposiciones anteriores, se hubiesen desatado protestas legítimas, sobre todo en un mundo tan apegado a lo legal como aquel Imperio Romano.

4. LOS CONCILIOS AFRICANOS

En el segundo Concilio de Cartago (actual Túnez) del año 390 se expresó una declaración vinculante que quedó formalizada en el Concilio de Cartago de 419 y que establecía que los tres grados (obispos, sacerdotes y diáconos) estaban ligados por la ordenación a la obligación de la castidad y a la abstención de sus esposas. En este punto se evidencia que gran parte del clero mayor estaba casado antes de la ordenación, y que después de ella debían vivir en continencia. Además, entre los textos de este concilio se establece una relación de la práctica del celibato como una enseñanza de los Apóstoles y mencionada como una antigua usanza. Aquí queda claro que existía una clara conciencia de la tradición del celibato.

5. LAS DISPOSICIONES DE LOS PAPAS

Un testimonio muy importante sobre la continencia de los clérigos lo brindan diversas cartas dirigidas por los Papas a obispos de diferentes diócesis. Así por ejemplo, una Cartadirecta del año 385 del Papa Siricio (384-399) al obispo Himerio de Tarragona menciona que los sacerdotes y diáconos que después de su ordenación engendran hijos, obran en contra de una ley irrenunciable, que obliga a los clérigos mayores desde el inicio de la Iglesia. De igual forma, Inocencio I (401-417) envía una carta Dominus inter a los obispos de la Galia diciendo que muchos clérigos mayores habían abandonado temerariamente la tradición de continencia y que un sínodo celebrado en ocasión decidía que los obispos, sacerdotes y diáconos estaban obligados por las Escrituras y la tradición de los padres a guardar la continencia corporal. Con posterioridad a estos Pontífices, otros Papas como León Magno (440-461) y Gregorio Magno (590-604) continuaron con la exhortación al celibato.

Disposiciones como estas nos permiten reconocer que junto al rol de los Concilios, de los cuales emanan las normas, entre ellas la del celibato, aparece la acción orientadora y el cuidado universal de los Romanos Pontífices. Además nos muestran cómo existía una unidad de fe y disciplina entre las regiones de Europa y África que pertenecía al Patriarcado de Roma.

6. LA REFORMA GREGORIANA

Hacia el siglo XI, la Iglesia atravesó un momento de crisis y de relajación de las costumbres que afectaron la observancia del celibato. En materia moral, los dos grandes males de este tiempo fueron la simonía, es decir, la compra de los oficios; y el nicolaísmo, esto es, la extendida violación del celibato eclesiástico. Para remediar esta situación, el Papa Gregorio VII emprendió un programa de cambios que dieron origen a la célebre Reforma Gregoriana. Con respecto a la práctica de la continencia, se impuso un mayor rigor a la hora de elegir los candidatos para clérigos mayores así como también se impulsó una mejora en la formación del cuerpo eclesiástico. En este sentido se fue limitado progresivamente la aceptación de hombres casados para la ordenación.

Pocos años después, en el Segundo Concilio de Letrán de 1139, se dispuso que los matrimonios contraídos por clérigos mayores, como también los de personas consagradas mediante votos de vida religiosa, fueran no solo ilícitos sino inválidos.

7. EL CONCILIO DE TRENTO

La Reforma Protestante que se desarrolló en el siglo XVI y produjo la defección de numerosos clérigos que pasaron a engrosar las filas de las nuevas corrientes religiosas luteranas, calvinistas o anglicanas (entre otras), produjeron un nuevo golpe a la observancia de la continencia. Algunos emperadores, reyes, príncipes e incluso representantes de la Iglesia se empeñaron en obtener un aligeramiento o una dispensa de dicho deber para intentar recuperar a los sacerdotes apóstatas. Sin embargo, una comisión instituida por los Romanos Pontífices desestimó tal posibilidad al concluir que el origen del celibato era apostólico y no era una ley puramente eclesiástica.

La decisión más importante del Concilio de Trento (1545-1563) para salvaguardar el celibato eclesiástico fue la fundación de seminarios para la formación de sacerdotes (canon 18 de la sesión XXIII). Esta prescripción permitió ir prescindiendo de la ordenación de hombres casados y contar con sacerdotes célibes formados y fortalecidos en el ministerio.

Fuente Catholic-Link

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