martes, 31 de marzo de 2020

El Apóstol Pablo sólo habló de la fe para salvarse, no de las obras. Eso dicen los protestantes, ¿Qué dijo realmente San Pablo?


«EL APÓSTOL PABLO SÓLO HABLÓ DE LA FE PARA SALVARSE, NO DE LAS OBRAS». ESO DICEN LOS PROTESTANTES, ¿QUÉ DIJO REALMENTE SAN PABLO?
Por Jesús Mondragón

Según nuestros hermanos separados, el Apóstol San Pablo enseñó que el único medio de salvación es la fe en Cristo Jesús. Y aseguran ellos, Pablo se oponía por completo a las obras como medio de salvación.

La salvación por la "sola fe" es un dogma de la doctrina protestante. En cambio, la Iglesia Católica, columna y fundamento de la verdad 1Timoteo 3,15; enseña a la luz de la Biblia, primero que nada que, LA SALVACIÓN ES UNA GRACIA DE DIOS. 

Efesios 2,8
Pues HABÉIS SIDO SALVADOS POR LA GRACIA mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios.

La fe y las obras son el medio por el que el ser humano consigue acceder a la salvación, es decir, ni la sola fe, ni las meras obras, salvan, sino LA GRACIA DE DIOS, que obtiene como respuesta del hombre, LA FE Y LAS OBRAS DE MISERICORDIA.

¿Qué es lo que enseña realmente la Biblia? ¿Es verdad que el Apóstol San Pablo se oponía a la realización de obras como medio de salvación?

Veamos primero qué opina Nuestro Señor Jesucristo:

LAS OBRAS SEGÚN JESUCRISTO

Mateo 5:16

Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Mateo 26:10
Mas Jesús, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una "obra buena" ha hecho conmigo.

Ahora veamos qué fue lo que escribió San Pablo sobre las obras como medio de salvación y justificación para que el hombre pueda acceder a la salvación, les dejo aquí unos cuántos textos.

LAS OBRAS EN SAN PABLO

Hechos 26:19-20
Así pues, rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial, sino que primero a los habitantes de Damasco, después a los de Jerusalén y por todo el país de Judea y también a los gentiles he predicado que se convirtieran y que se volvieran a Dios haciendo obras dignas de conversión.

Romanos 2:5-6
Por la dureza y la impenitencia de tu corazón vas atesorando contra ti cólera para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual dará a cada cual según sus obras.

Romanos 15:18

Pues no me atreveré a hablar de cosa alguna que Cristo no haya realizado por medio de mi para conseguir la obediencia de los gentiles, de palabra y de obra.
 
II Corintios 9:8
Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia a fin de que teniendo, siempre y en todo, todo lo necesario, tengáis aún sobrante para toda obra buena.

II Corintios 11:15

Por tanto, no es mucho que sus ministros se disfracen también de ministros de justicia. Pero su fin será conforme a sus obras.
Gálatas 6:9
No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos.
Efesios 2:8-10
Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.

En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos.
Filipenses 2:12-13
Así pues, queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación,
pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece.


Filipenses 4,9
Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros.
Colosenses 1,10
para que viváis de una manera digna del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda obra buena y creciendo en el conocimiento de Dios.
Colosenses 3,9
No os mintáis unos a otros. Despojaos del hombre viejo con sus obras.

Colosenses 3:17
y todo cuanto hagáis, de palabra y obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre.
II Tesalonicenses 2,16-17
Que el mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra y palabra buena.
I Timoteo 2,9-10
Así mismo que las mujeres, vestidas decorosamente, se adornen con pudor y modestia, no con trenzas ni con oro o perlas o vestidos costosos, sino con buenas obras, como conviene a mujeres que hacen profesión de piedad.

I Timoteo 4:16
Vela por ti mismo y por la enseñanza; persevera en estas disposiciones, pues obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen.

I Timoteo 5,9-10
Que la viuda que sea inscrita en el catálogo de las viudas no tenga menos de sesenta años, haya estado casada una sola vez, y tenga el testimonio de sus buenas obras: haber educado bien a los hijos, practicado la hospitalidad, lavado los pies de los santos, socorrido a los atribulados, y haberse ejercitado en toda clase de buenas obras.
I Timoteo 5,24-25
Los pecados de algunas personas son notorios aun antes de que sean investigados; en cambio los de otras, lo son solamente después. Del mismo modo las obras buenas son manifiestas; y las que no lo son, no pueden quedar ocultas.
I Timoteo 6,18-19
que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma irán atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podrán adquirir la vida verdadera.
II Timoteo 2,21
Si, pues, alguno se mantiene limpio de estas faltas, será un utensilio para uso noble, santificado y útil para su Dueño, dispuesto para toda obra buena.

II Timoteo 3:16-17
Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena.
II Timoteo 4:14
Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal. El Señor le retribuirá según sus obras.
Tito 1,16
Profesan conocer a Dios, mas con sus obras le niegan; son abominables y rebeldes e incapaces de toda obra buena.
Tito 2,7-8
Muéstrate dechado de buenas obras: pureza de doctrina, dignidad, palabra sana, intachable, para que el adversario se avergüence, no teniendo nada malo que decir de nosotros.

Tito 2,14
el cual se entregó por nosotros a fin de rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo que fuese suyo, fervoroso en buenas obras.
Tito 3,1
Amonéstales que vivan sumisos a los magistrados y a las autoridades, que les obedezcan y estén prontos para toda obra buena.

Tito 3,8
Es cierta esta afirmación, y quiero que en esto te mantengas firme, para que los que creen en Dios traten de sobresalir en la práctica de las buenas obras. Esto es bueno y provechoso para los hombres.

Tito 3,14

Que aprendan también los nuestros a sobresalir en la práctica de las buenas obras, atendiendo a las necesidades urgentes, para que no sean unos inútiles.
Hebreos 6:10
Porque no es injusto Dios para olvidarse de vuestras obras y del amor que habéis mostrado hacia su nombre, con los servicios que habéis prestado y prestáis a los santos.

Hebreos 10:24
Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras.
LA IMPORTANCIA DE LAS OBRAS A LA LUZ DE TODA LA BIBLIA

Mateo 16,27
«Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
Romanos 2,5-6
Por la dureza y la impenitencia de tu corazón vas atesorando contra ti cólera para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual dará a cada cual según sus obras.
II Timoteo 4,14
Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal. El Señor le retribuirá según sus obras.
Tito 1,16
Profesan conocer a Dios, mas con sus obras le niegan; son abominables y rebeldes e incapaces de toda obra buena.
Santiago 1:4
pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear.
Santiago 1:22
Poned por obra la Palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos.
Santiago 2,17.26
Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta.
Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.


I Pedro 1,17
Y si llamáis Padre a quien, sin acepción de personas, juzga a cada cual según sus obras, conducíos con temor durante el tiempo de vuestro destierro.

I Pedro 2:12-15
Tened en medio de los gentiles una conducta ejemplar a fin de que, en lo mismo que os calumnian como malhechores, a la vista de vuestras buenas obras den gloria a Dios en el día de la Visita.
Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana: sea al rey, como soberano, sea a los gobernantes, como enviados por él para castigo de los que obran el mal y alabanza de los que obran el bien.
Pues esta es la voluntad de Dios: que obrando el bien, cerréis la boca a los ignorantes insensatos.


I Pedro 3:6,17
así obedeció Sara a Abraham, llamándole Señor. De ella os hacéis hijas cuando obráis bien, sin tener ningún temor.
Pues más vale padecer por obrar el bien, si esa es la voluntad de Dios, que por obrar el mal.
I Juan 3:7,12,18
Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo.

No como Caín, que, siendo del Maligno, mató a su hermano. Y ¿por qué le mató? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran justas.
Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad.
II Juan 1:10-11
Si alguno viene a vosotros y no es portador de esta doctrina, no le recibáis en casa ni le saludéis, pues el que le saluda se hace solidario de sus malas obras.
Apocalipsis 2,23
Y a sus hijos, los voy a herir de muerte: así sabrán todas las Iglesias que yo soy el que sondea los riñones y los corazones, y yo os daré a cada uno según vuestras obras.
Apocalipsis 22,12
Mira, vengo pronto y traigo mi recompensa conmigo para pagar a cada uno según su trabajo.

Apocalipsis 14,13
Luego oí una voz que decía desde el cielo: «Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí - dice el Espíritu -, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.»
Apocalipsis 20,12-13
Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras.

Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras.

De modo que según Jesucristo, el Apóstol San Pablo y la enseñanza bíblica, la salvación es una gracia de Dios que el hombre alcanza mediante la fe y las obras. Así que el pilar de todo el andamiaje protestante sólo es DOCTRINA DE HOMBRES.

Marcos 7,6-7
El les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.

CONCLUSIÓN

Somos salvados por la Gracia de Dios, mediante la fe y las obras manifestadas por quienes desean ser salvados y el Apóstol San Pablo sí habló de las obras de misericordia como medio de salvación. La doctrina paulina no es sólo la fe, sino, fe y obras.

PAX ET BONUM

Fuente católicodefiendetufe

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Oraciones a la Sagrada Familia


ORACIÓN DE LA SAGRADA FAMILIA

Sagrada Familia de Nazaret: enséñanos el recogimiento, la interioridad; danos la disposición de escuchar las buenas inspiraciones y las palabras de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad del trabajo de reparación, del estudio, de la vida interior personal, de la oración, que sólo Dios ve en lo secreto; enséñanos lo que es la familia, su comunión de amor, su belleza simple y austera, su carácter sagrado e inviolable. Amén.

CONSAGRACIÓN A LA SAGRADA FAMILIA I

Oh Jesús, Redentor nuestro amabilísimo, que habiendo venido a iluminar al mundo con la doctrina y con el ejemplo, habéis querido pasar la mayor parte de vuestra vida, humilde y sujeto a María y a José en la pobre casa de Nazaret, santificando a aquella Familia que había de ser el modelo de todas las familias cristianas; acoged benigno la nuestra, que ahora se dedica y consagra a Vos. Dignaos protegerla, guardarla y establecer en ella vuestro santo temor, con la paz y concordia de la caridad cristiana, para que imitando el ejemplo divino de vuestra Familia, pueda alcanzar toda entera, sin faltar uno solo, la eterna bienaventuranza.

María, Madre de Jesús y Madre nuestra, con vuestra piadosa intercesión haced que sea aceptable a Jesús esta humilde ofrenda, y obtenednos su gracia y bendición.

Oh san José, custodio santísimo de Jesús y de María, socorrednos con vuestras plegarias en todas las necesidades espirituales y temporales, a fin de que en unión con María y con Vos, podamos bendecir eternamente a nuestro divino Redentor Jesús. Así sea.

CONSAGRACIÓN A LA SAGRADA FAMILIA II

Señor Jesucristo, quien con María y José consagraste la vida doméstica con Tus inefables virtudes, concede que nosotros, con la asistencia de los dos, podamos aprender con el ejemplo de La Sagrada Familia y podamos atender a su eterna fraternidad. Por quien vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN DE LA SAGRADA FAMILIA

JESÚS, Hijo de Dios e Hijo de María, bendice a nuestra familia. Inspira bondadosamente en nosotros la unidad, la paz y el amor mutuo que tú encontraste en Tu propia familia en la pequeña aldea de Nazaret.

MARÍA, Madre de Jesús y Nuestra Madre, sustenta a nuestra familia con tu fe y tu amor. Consérvanos cerca de tu Hijo, Jesús, en todas nuestras alegrías y en nuestras penas.

JOSÉ, Padre adoptivo de Jesús, guardián y esposo de María, protege a nuestra familia del peligro. Auxílianos en todos los momentos de desánimo y ansiedad.

SAGRADA FAMILIA DE NAZARET, haz a nuestra familia una contigo. Ayúdanos a ser instrumentos de paz. Concédenos que el amor, fortalecido por la gracia, pruebe ser más fuerte que las debilidades y las pruebas que nuestra familia a veces atraviesa. Que siempre tengamos a Dios en el centro de nuestros corazones y hogares hasta que todos seamos una sola familia, feliz y en paz en nuestro verdadero hogar contigo. Amén.

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¿Hubo Papas corruptos?


¿HUBO PAPAS CORRUPTOS ?
Por: P. Juan Carlos Sack

¿Existe la posibilidad de que los Papas sean personas corruptas? ¿La Iglesia registra estos hechos?

Estimado Oscar:

El tema que trata su carta es muy importante. Usted menciona la posibilidad de que los Papas sean personas corruptas, y se pregunta si la Iglesia registra estos hechos.

Cuando Jesucristo estableció su Iglesia, la quiso construir sobre los Apóstoles, aunque se sobreentiende que es el mismo Jesucristo el fundamento último, y que nadie puede poner otro fundamento, como dice la misma Biblia en 1Cor 3,11; pero la misma Biblia nos habla de los Apóstoles como de “columnas” o “fundamentos” o “piedras”, de modo que debemos entender que Jesús ha hecho participar a otros de su oficio – se puede ver como ejemplo Efesios 2,20.

Pero Jesús no hizo que los Apóstoles fuesen “impecables” como lo era él, es decir, que fuesen necesariamente santos. Le doy un ejemplo útil: el mismo San Pedro, elegido por el Señor para “confirmar a sus hermanos” y pastorear “a sus ovejas”, etc, y habiendo recibido ya la plenitud del Espíritu Santo en Pentecostés, fue reprochado por San Pablo (ver Gálatas 2) porque “fingía”, y fingir en cuestiones importantes como lo que se narra en Gálatas, es un pecado grave; ¡y atención que estamos hablando del Pedro que recibió el Espíritu Santo en Pentecostés! Pues bien, ese mismo Pedro, sin errar en su doctrina, ciertamente cayó en la “corrupción” por su modo de obrar. En el ejemplo que le di, se trataba de que no quería comer con los gentiles, por miedo a los judíos: evidentemente una acción corrupta, que llevaba a gran escándalo a los cristianos; San Pablo se enojó mucho con él y lo corrigió en público; no sabemos la respuesta de Pedro, pero se puede suponer que se arrepintió y cambió su modo de obrar.

Pues bien, si San Pedro cayó en esa corrupción -no de doctrina, como sabemos, pues predicaba el evangelio correctamente; se trataba de una mala acción de él- ¿debemos pensar que Jesús renegó de él? ¿o que el evangelio de Pedro estaba equivocado? ¿o que la oración de Jesús falló cuando, según Lucas 22, 31-32, oró para que la fe de Pedro no caiga? ¿o que la Iglesia de Pedro no era la verdadera? O bien, usando las palabras que usted me pone en su carta, que le dicen los evangélicos, ¿acaso Jesús “ampararía estos hechos”? ¿Amparó el fingir de Pedro? Ciertamente que no; pero entonces, la acción corrupta de Pedro ¿indica que el cristianismo –del cual Pedro era sin duda un exponente principal- estaba equivocado? Es lo que de hecho dicen los evangelistas: como los papas (al menos a veces o muchas veces) se corrompen, luego la Iglesia católica no puede estar avalada por Cristo.

La solución a estas cosas es más sencillo de lo que a primera vista parece, y es esta: Jesús no prometió a ninguno de sus apóstoles, ni siquiera a Pedro, que habrían de ser IMPECABLES. Y la historia nos dice (ahí tiene el ejemplo de Pedro, ¡y habrá tantos otros!) que de hecho los pastores de la Iglesia han cometido pecados, quién más, quién menos. Todos eran (y son) pecadores.

Lo que Jesús le prometió a Pedro, y en comunión con él a todos los pastores de su pueblo, es la INFALIBILIDAD, que es algo totalmente distinto: se trata del don del Espíritu Santo que hace que la Iglesia predique sin error, hasta el último día de la historia, el evangelio trasmitido por el Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo; y hay que tener muy en cuenta que la promesa de la infalibilidad (“las puertas del infierno no podrán” contra la Iglesia, etc) se refieren SOLAMENTE a las cuestiones de fe y de moral, y a nada más. En otras palabras, usted y yo podemos estar tranquilos en cuanto sabemos que el Espíritu Santo no permitirá (lo ha prometido Jesús) que la Iglesia, en cuestiones de fe y de moral, equivoque su enseñanza. Ahora bien, que tal Papa sea un santo, y tal otro un corrupto, no cambia nada. Claro está que el ejemplo de santidad es un testimonio vivo del evangelio, y la “corrupción” no lo es. Dios hubiese podido hacer de su Iglesia una sociedad de ángeles... pero no lo hizo. Es más, “quién dice que no tiene pecado hace a Dios mentiroso”, dice San Juan.

Algo que suelen repetir los evangélicos es que Jesús dijo que “el árbol bueno no puede producir frutos malos”, queriendo decir que los frutos malos de los católicos son una prueba clara de que el catolicismo es un “árbol malo”. Parece muy lógico e irrebatible, pero según ellos lo interpretan es un grosero error. El mejor modo de destruir este sofisma es preguntarle, a cualquier evangélico, si él (o ella) NO TIENEN NINGÚN PECADO. Pues si lo tienen, entonces también el evangelismo es un árbol malo, y si dicen que no lo tienen..., pues bueno, yo diría que con semejante respuesta está todo dicho. 1 Juan 1,10 lo dice de un modo clarísimo: “Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos á él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”. También los versículos siguientes ayudan a entender el contexto (se refiere a los pecados de los cristianos).

Otro ejemplo breve pero eficaz: en las primeras comunidades cristianas se cometían también muchos pecados (ver las dos cartas de Pablo a los Corintios, por poner un ejemplo). Ahora bien, ¿podemos concluir entonces que esas comunidades no estaban avaladas por Jesús, siendo que fueron fundadas por los mismos apóstoles? Ciertamente Jesús no avala el pecado, pero el hecho de que alguien cometa un pecado no quiere decir que la comunidad a la que pertenece sea desaprobada por Jesús.

Lo que Jesús estaba diciendo con eso de los frutos y el árbol era que todo lo bueno viene de Dios, lo malo no viene de Dios. De allí a concluir que la religión cristiana querida por Dios es aquella donde NADIE comete NINGÚN pecado, es un abuso, ¿no le parece? En todo caso, tal religión no existió nunca, ni existe hoy.

La historia de la Iglesia ciertamente tiene numerosos ejemplos de Papas, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos corruptos; también de Papas, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos santos; y más que en cualquier otra religión. Esos no nos espanta NI SE OCULTA en la Iglesia; la Iglesia nunca enseñó que sus pastores eran todos santos (aunque algunos cristianos que no conocen demasiado su fe puede que lo piensen así). Al contrario, sabemos que somos todos grandes pecadores, y que el deseo de santidad y la santidad misma son un regalo de la misericordia de Dios. Ojalá tengamos siempre papas santos (como el actual, que creo yo es un gran santo), pero no necesariamente va a ser así. La potencia de Dios se muestra “en la debilidad”, como misteriosamente lo dejaba claro San Pablo (2Cor 12, 9-10); no confiamos en nuestra santidad, sino en la de Dios. Y si Jesús no quiso que los pastores sean necesariamente santos, pienso que tampoco lo debemos esperar nosotros. ¿Cómo puede ser que un Papa o un obispo sean grandes pecadores? Pues pregúntese primero: ¿cómo puede ser que usted y yo, bautizados, rescatados, nueva creación, nacidos de lo alto y de nuevo "por el agua y el Espíritu", creyentes en Jesús, experimentemos sin embargo todos los días los efectos del pecado? La respuesta es la misma para usted, para mí y para los papas.

Finalmente me pregunta usted si la Iglesia tiene registrados estos hechos (de Papas corruptos): pues bien, nada se oculta. Los hechos están ahí, registrados por la historia. Hay grandes enciclopedias con las vidas de los Papas, que se pueden consultar en las buenas bibliotecas. Todos los documentos pontificios y eclesiásticos en general se guardan en los archivos, abiertos a los historiadores sin restricción por motivos religiosos. La fábula de una Iglesia que "oculta" estos hechos es creación de mentes ofuscadas por el fanatismo. Me gustaría saber de alguna institución que se haga más responsable de su gente y de su historia que nuestra Iglesia.

Dios lo bendiga.

Fuente católicodefiendetufe

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El Coronavirus golpea duramente al clero italiano


EL CORONAVIRUS GOLPEA DURAMENTE AL CLERO ITALIANO

Los sacerdotes italianos representan más del 1% de las víctimas de coronavirus en Italia, una enorme y reveladora proporción de los riesgos asumidos por los sacerdotes, que entran en contacto con los enfermos y continúan asegurando, en los cementerios, la bendición de los difuntos, no pudiendo presidir las ceremonias en las iglesias. Según un recuento establecido por "L'Avvenire", el diario vinculado al episcopado italiano, al menos 69 sacerdotes han muerto en Italia desde el comienzo de la pandemia.

Cyprian Viet - Ciudad del Vaticano

El clero italiano vive un momento especialmente difícil, sobre todo en la diócesis de Bérgamo, una ciudad de Lombardía que se ha convertido en el epicentro de esta pandemia que está trastornando la vida de 60 millones de italianos. De 69 sacerdotes fallecidos, 23 están en esta diócesis. Esta cifra, establecida por L'Avvenire en la mañana del 26 de marzo, probablemente esté subestimada, porque no se han registrado todas las muertes que se han producido en las comunidades religiosas.

En todo el país, las comunidades cristianas están perdiendo pastores que se habían puesto al servicio de los más pobres. Sacerdotes ancianos y jubilados, pero también párrocos, capellanes de prisiones y responsables de la atención pastoral de los migrantes han sido afectados por el virus. Un ejemplo es Angelo Moreschi, Vicario Apostólico de Gambela en Etiopía, murió el 25 de marzo en Brescia.

El sacerdote más antiguo de la larga lista de fallecidos tenía 104 años. Fue ordenado apresuradamente y en privado en mayo de 1940, cuando comenzaba la Segunda Guerra Mundial, el obispo Mario Cavalleri también fue enterrado discretamente, en el contexto de otra "guerra mundial", la que se libró contra el coronavirus. Durante sus casi 80 años de sacerdocio, este sacerdote de Cremona había desarrollado numerosos proyectos de cooperación con la Costa de Marfil.

También han sido golpeados sacerdotes mucho más jóvenes. La diócesis de Parma está de luto por la muerte de un sacerdote de 55 años que, como muchos italianos, vivía con su madre enferma, a la que cuidó hasta dar su vida. En la misma ciudad, una comunidad de antiguos misioneros javerianos ya ha perdido 13 de sus miembros. En la diócesis de Piacenza, la muerte con unos días de diferencia de dos sacerdotes gemelos, de 87 años, causó una gran emoción. En toda Italia, los sacerdotes, plenamente integrados en la vida social y conocidos por su compromiso en el contacto con la población, pagan con su vida esta generosidad.

Una pandemia mundial que afecta particularmente a los sacerdotes

En cuanto al resto del mundo, es difícil establecer estadísticas precisas, pero muchos esperan un porcentaje alto de mortalidad en el clero y en las comunidades religiosas. En Francia, por ejemplo, la primera muerte de Covid-19 reportada en el departamento de Ardèche la semana pasada fue la de un sacerdote de 78 años, el abad Marcel Saby. En otras diócesis, los sacerdotes son hospitalizados. En medio de este doloroso panorama, sin embargo, surgieron algunas buenas noticias, como el mes pasado en China la curación de un obispo de 98 años, considerado entonces como el decano de las personas curadas en ese país donde la pandemia comenzó en diciembre.

En Italia, el obispo de Cremona, Antionio Napolioni, afectado por el coronavirus, está ahora curado. Interrogado hace unos días por nuestros colegas del servicio italiano de Radio Vaticano, desde su cama de hospital, hizo una lectura espiritual de estos tiempos difíciles, confiando en que "como todo lo que desafía la inteligencia de los hombres, es una gran oportunidad para la conversión. Una Cuaresma más completa no podría habernos ocurrido, desde cierto punto de vista. Dramáticamente duro, pero por esta misma razón, perfecta".

Fuente vaticannews

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lunes, 30 de marzo de 2020

Vienen los testigos de Jehová : ¿Qué hago?


VIENEN LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ: ¿QUÉ HAGO?
Por: Luis Santamaría

Un buen amigo cura me ha pedido que escriba unas líneas contestando a la siguiente cuestión: ¿Cómo tiene que responder un católico a los testigos de Jehová?

Seguro que todos conocemos a los testigos de Jehová: llaman a las puertas de nuestras casas y nos paran por la calle. Pero no los conocemos bien. Lo primero que hemos de hacer es tener claras unas cuantas ideas. Se trata de una secta fundada en el siglo XIX en los EE.UU. por Charles Taze Russell, en un clima muy peculiar: el adventismo, conformado por personas y grupos que, basándose en cálculos bíblicos, anunciaban entonces –y ahora– el inmediato regreso de Cristo, con fechas concretas y todo.

Además de su origen, es necesario saber cuál es su doctrina: en resumen, no son cristianos, aunque lo ponga en el letrero de sus Salones del Reino. Aferrándose a un monoteísmo estricto, rechazan la doctrina de la Santísima Trinidad y, obviamente, la divinidad de Cristo, que no sería el Verbo encarnado, sino la primera y más excelsa criatura de Dios, a quien llaman obsesivamente Jehová, en un error de transliteración del nombre hebreo de Dios, Yhwh. Es decir, que sería hijo de Dios, pero no "Dios de Dios, luz de luz" como afirmamos en el símbolo de la fe.

Junto a esto, y por su insistencia en que se guían únicamente por principios bíblicos, hay que conocer la versión que utilizan, la denominada Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, y que de traducción no tiene nada. En sus páginas han manipulado y deformado una considerable cantidad de versículos para adaptarlos a sus doctrinas, en todo lo relativo a la divinidad de Jesús, la identidad personal del Espíritu Santo, la presencia de Cristo en la eucaristía (su identificación con el pan y el vino de la última cena), la doctrina sobre el más allá de la muerte, etc. Se trata de algo contradictorio con el fundamentalismo que tienen al acercarse a la Biblia, y que les lleva a rechazar con violencia desde la celebración de los cumpleaños o la Navidad hasta las transfusiones de sangre, como por desgracia de todos es conocido.

Puestas estas bases de forma resumidísima, el primer criterio de actuación para un católico es la caridad. La inmensa mayoría de los testigos de Jehová que se acerquen a nosotros lo harán con la mejor intención de apartarnos de este "inicuo sistema de cosas" –como llaman al mundo apartado de "su" percepción de la revelación de Dios– y ofrecernos la salvación. Pensemos siempre que han sido engañados en algo tan importante, y que se les ha adoctrinado en una tergiversación de la genuina fe. Una correcta actitud cristiana, por tanto, es la hospitalidad y el respeto, o más aún, la simpatía. Desde ahí, caben dos opciones que cada uno tendrá que valorar. Si el que se encuentra con ellos no tiene una sólida formación doctrinal y una fuerte experiencia de fe, es mejor que rechace con cortesía el ofrecimiento de material escrito o de conversación. Y aquí se acaban las recomendaciones.

Ahora bien, si el católico interpelado tiene claras las cosas y posee una cierta capacidad apologética (defensa de la fe, o dar razón de nuestra esperanza, como decía San Pedro), y tiene tiempo y paciencia para entablar un diálogo, puede continuar. Siendo consciente de que está siendo el blanco de una cuidada ofensiva proselitista. ¿Exagero al decirlo así? Nada de eso, ya que los testigos de Jehová son minuciosamente formados para este acercamiento, e incluso se "entrenan" en sus reuniones semanales para saber a qué personas acercarse, qué temas sacar, qué respuestas dar, qué dudas sembrar y qué publicaciones ofrecer. Por lo tanto, ellos no conciben el encuentro interpersonal como un verdadero diálogo, ya que éste exige la receptividad a lo que pueda decirme el otro, e incluye la posibilidad de que yo aprenda algo.

Un católico bien formado no se verá apabullado por la lluvia de citas bíblicas que esgrimirán los testigos de Jehová a diestro y siniestro, porque los cristianos –sea cual sea nuestra confesión, católica o no católica– no entendemos la Sagrada Escritura como un repertorio de frases célebres, un recetario, un libro de autoayuda o un manual de instrucciones. Y podemos hacer el intento –infructuoso a corto y medio plazo– de hacer ver a nuestro pesado interlocutor que la Biblia ha de leerse como un conjunto, que hay pasajes que por su género literario hay que leer en clave alegórica o simbólica, y no literal… y que, por supuesto, hay cosas que son irrenunciables cuando uno se acerca a los evangelios: Jesús se presentó como Hijo de Dios, de la misma naturaleza del Padre, tanto en sus obras como en sus palabras; mostró su voluntad de iniciar un nuevo pueblo elegido en las personas de los apóstoles, fundando así la Iglesia; entendió su muerte no como algo accidental o sobrevenido, sino como una entrega voluntaria para reconciliar a toda la humanidad pecadora con Dios, y así lo expresó en la última cena con sus amigos, dejando toda la densidad de su presencia real, de forma sacramental, en el pan y el vino.

Y podríamos seguir detallando uno por uno todos los elementos centrales de la revelación bíblica que ellos rebaten siguiendo los dictados de la corporación empresarial que dirige la secta, la Watchtower Bible and Tract Society, y de su verdadera herramienta de interpretación de la Biblia: la revista La Atalaya. Si el católico que se encuentra con ellos tiene, además, algunas nociones de griego y hebreo, las lenguas originales de los libros de la Sagrada Escritura, puede ayudarles a entender que Jesús no dijo "esto significa mi cuerpo" en el cenáculo, y que Juan nunca escribió en su prólogo que "la palabra era un dios"… que una cosa es traducir, y otra falsificar.

Y para terminar, aunque creo que es, en el fondo, lo más importante: ¿Cómo tenemos que responder los católicos a los testigos de Jehová? ¿Con elaboradas técnicas y planes pastorales y apologéticos? ¿Con un ejército de creyentes formados que vayan de puerta en puerta ofreciendo la verdad de Jesucristo? Algunos movimientos eclesiales ya lo hacen, y habrá quienes se sientan llamados por Dios a un ministerio particular de predicación de la Palabra, y bienvenidos sean.

Para la Iglesia entera, para unos y otros, una cosa es necesaria y urgente: la nueva evangelización. Hacer que la gente se encuentre con Cristo –y los evangelizadores tienen que ser los primeros en haber tenido esta experiencia radical de transformación a la luz del evangelio–, mostrarles que, como nos recordó Benedicto XVI, la puerta de la fe está siempre abierta. Así habrá mucha menos gente que encuentre en los testigos de Jehová la respuesta –embaucadora siempre– a sus demandas espirituales y sus necesidades de trascendencia.

Fuente católicodefiendetufe

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sábado, 28 de marzo de 2020

Palabras completas del Papa Francisco por la pandemia del Coronavirus durante Bendición Urbi et Orbi


HOMILÍA ÍNTEGRA DEL PAPA DURANTE LA BENDICIÓN Y LA ORACIÓN MUNDIAL POR LA EPIDEMIA DEL CORONAVIRUS:

«Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.

Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, propio en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—. Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40).

Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38). No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás. Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos, solos, nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.

El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios. Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).
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jueves, 26 de marzo de 2020

Los Juries: Sacerdote bendijo y puso un escapulario a policías


LOS JURIES: SACERDOTE BENDIJO Y PUSO UN ESCAPULARIO A POLICÍAS

Los Juries: sacerdote bendijo y puso un escapulario a Policías

El Padre Ariel Miranda Párroco de la Iglesia Nuestra Señora de La Asunción de Los Juríes impuso hace instantes el Escapulario de la Virgen del Carmen a todo el personal Policial que trabaja intensamente con el fin de prevenir la Propagación del Virus y el total cumplimiento del estado de aislamiento en nuestra querida Comunidad. Cabe destacar que en la Época de San Juan Bosco cuando la Epidemia de Cólera azotó Italia el Santo Sacerdote le impuso el escapulario de la Virgen del carmen a los Cuarenta Jóvenes Voluntarios que lo ayudaban con los enfermos y ninguno de ellos se contagió.

Fuente periodico.sursantiago

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Esteban Arce, conductor de Televisa, dio positivo a prueba de coronavirus


ESTEBAN ARCE, CONDUCTOR DE TELEVISA, DIO POSITIVO A PRUEBA DE CORONAVIRUS

El conductor y periodista ya no se presentó durante esta mañana a su programa televisivo; así dieron a conocer la noticia.

El periodista fue diagnosticado con coronavirus. (Especial)

Esteban Arce, conductor de Expreso de la mañana de Televisa, dio positivo a la prueba de coronavirus, Covid-19, así lo informaron al inicio de la transmisión televisiva.

Por este motivo, el conductor ya no se presentó en el programa que conduce para el canal Foro TV de la televisora.

"Informarles que nuestro compañero Esteban Arce nos informa que ha dado positivo a la prueba de Covid-19", indicó una conductora que lo sustituyó en la emisión.

Informaron que hasta el momento, Esteban Arce se encuentra estable en su casa. Sin embargo, el periodista no ha publicado nada en sus redes sociales.

​¿Quién es Esteban Arce, conductor de Televisa?

Esteban Arce es un periodista y locutor de programas en radio y televisión. Nació el 17 de marzo de 1962 en la Ciudad de México. Estudió en la Universidad Iberoamericana. Tiene licenciatura en Relaciones Industriales.


Televisa y el coronavirus 

El pasado 18 de marzo, se dio a conocer por medio de un comunicado interno que en la empresa Televisa había los dos primeros casos de coronavirus.

"En Televisa se han identificado dos casos positivos -de coronavirus, Covid-19", así lo informaron actrices y empleados de la empresa junto a un comunicado interno de la televisora.

A través de redes sociales, distintas actrices y usuarios difundieron el comunicado que el Grupo Televisa mandó a sus empleados. De acuerdo con el documento compartido, los dos casos positivos de coronavirus se detectaron en las instalaciones de Televisa San Ángel, en donde se graban telenovelas y programas de espectáculos.

“Para nosotros es vital informarles que, al día de hoy, se han identificado dos casos positivos en Televisa San Ángel que ya se encuentran en cuarentena”, se lee en el comunicado.

Fuente milenio.com

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Los católicos y las supersticiones de fin de año


LOS CATÓLICOS Y LAS SUPERSTICIONES DE FIN DE AÑO
Por Convertidos Católicos

Se acerca la fiesta de fin de año, y muchos se preparan para recibir el nuevo año siguiendo ciertas tradiciones que se han convertido en superstición, otros creen cualquier superstición o ritual que les dicen o ven pensando que con eso van a tener suerte y el año nuevo que entra les llegará lleno de salud y dinero. Estas prácticas que se realizan el día de nochevieja antes de que termine al año o al comienzo del siguiente ponen su fe en la suerte, la adivinación, los conjuros, pero no en el verdadero Dios y en su Divina Providencia.

El peligro de las Supersticiones:

El peligro de estas prácticas es que nos lleva al olvido de Dios, a reconocer que es él quién dispone y nosotros debemos abandonarnos a su divina providencia. En nochevieja y fin de año suelen ponerse en práctica varias de estas supersticiones o rituales, dando así a los elementos usados un “poder mágico “, que evidentemente no tienen. Veamos algunas de ellas:

*Usar Ropa interior roja y nueva: Da buena suerte y felicidad.

*Puertas y ventanas abiertas durante toda la nochevieja: Con eso empezaras el año sin problemas y tendrás suerte todo el año.

*3 Saltos con una copa de champan en la mano

*Comer 12 uvas según las 12 campanadas: Es una tradición muy arraigada en España y Portugal, con esto la gente cree tendrá suerte el siguiente año.

*Usar ropa amarilla: Cualquier prenda amarilla es necesario llevarla en el momento empiece el año, esto te dará un nuevo año lleno de riquezas.

*Anillo en la copa de Champan: Con esto se atraerá el dinero.

*Tomar lentejas durante el último día del año o en los primeros minutos del nuevo año asegura prosperidad económica.

Estas son algunas de las supersticiones más importantes que circulan por el internet para realizar en fin de año y que garantizan prosperidad económica, suerte, felicidad, salud, viajes , amor etc. ¿Acaso el cristiano debe confiar en estos rituales para ser feliz? ¿Dónde queda la enseñanza de la felicidad cristiana? Recordemos que como cristianos debemos estar siempre alegres en el Señor (Fil 4,4) y para eso San Pablo nunca recomendó este tipo de rituales.

¿Qué dice el Magisterio y la Escritura?
A todo esto ¿Qué podemos decir? ¿Qué enseña la Iglesia católica al respecto. Veamos en primer lugar la enseñanza del Catecismo:

2110 El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.

2111 La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).

2116 Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios.

2138 La superstición es una desviación del culto que debemos al verdadero Dios, la cual conduce a la idolatría y a distintas formas de adivinación y de magia.”

Esta claro que si uno es católico no debe practicar este tipo de supersticiones o cábalas, pues estaríamos cayendo en idolatría y por tanto pecando contra el primer mandamiento de la ley de Dios. El catecismo es muy claro sobre todo el numeral 2111 y 2138 destinado a las supersticiones, que además nos relacionan estas con la adivinación y la magia. ¿Cómo podemos creer que por comer 12 uvas vamos a cambiar los planes de Dios para nosotros? ¿Cómo podemos creer que el usar un objeto como la ropa amarilla va a condicionarnos el tener buen o mal año? Estos objetos no tienen ningún poder, todo viene de Dios y del libre albedrio de los hombres.
La "suerte", entendida como una fuerza que pueda afectar el destino, no existe. El cristiano sabe que depende de la Providencia divina y que es responsable por su libre albedrío. La superstición es producto de ignorancia o de un vacío espiritual.

La propia biblia también tiene palabras muy duras y directas contra aquellos que realicen todo este tipo de prácticas:

10 Que no haya entre ustedes nadie que inmole en el fuego a su hijo o a su hija, ni practique la adivinación, la astrología, la magia o la hechicería.

11 Tampoco hará ningún encantador, ni consultor de espectros o de espíritus, ni evocador de muertos.

12 Porque todo el que practica estas cosas es abominable al Señor, tu Dios, y por causa de estas abominaciones. él desposeerá a esos pueblos delante de ti.

Deuteronomio 18,1012
6 Tienen visiones ilusorias y hacen predicciones engañosas, esos que andan diciendo: «¡Oráculo del Señor!», sin que el Señor los haya enviado. ¡Y todavía esperan que él confirme sus anuncios!
7 ¿O no es verdad que ustedes tienen visiones ilusorias y hacen predicciones engañosas, cuando dicen: «¡Oráculo del Señor!, sin que yo haya hablado?

8 Por eso, así habla el Señor: Por haber hablado falsamente y haber tenido visiones engañosas, yo estoy aquí contra ustedes –oráculo del Señor–.Ezequiel 13,6-8

Incluso vemos como los mismos apóstoles de Cristo combatieron ya en su tiempo esta serie de prácticas:

16 Un día, mientras nos dirigíamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha poseída de un espíritu de adivinación, que daba mucha ganancia a sus patrones adivinando la suerte.
17 Ella comenzó a seguirnos, a Pablo y a nosotros, gritando: «Esos hombres son los servidores del Dios Altísimo, que les anuncian a ustedes el camino de la salvación».

18 Así lo hizo durante varios días, hasta que al fin Pablo se cansó y, dándose vuelta, dijo al espíritu: «Yo te ordeno en nombre de Jesucristo que salgas de esta mujer», y en ese mismo momento el espíritu salió de ella.
19 Pero sus patrones, viendo desvanecerse las esperanzas y de lucro, se apoderaron de Pablo y de Silas, los arrastraron hasta la plaza pública ante las autoridades,
20 y llevándolos delante de los magistrados, dijeron: «Esta gente está sembrando la confusión en nuestra ciudad. Son unos judíos
21 que predican ciertas costumbres que nosotros, los romanos, no podemos admitir ni practicar».
Hechos 16,16-21

En este pasaje se asocia la suerte a un espíritu de adivinación, lo que hacia era dar ganancias a sus patrones, algo que al final tuvo que combatir San Pablo.
Como dijimos antes la superstición es un pecado que se opone al primer mandamiento y consiste en atribuir poder a las cosas creadas, poder que ni Dios, ni la Iglesia les ha comunicado. Por tanto pasan a ocupar el lugar de Dios, convirtiéndose en ídolos. Podríamos decir que es una clase de Adivinación: Consiste en querer conocer cosas futuras por medios supersticiones, por ejemplo echar las cartas, interpretar sueños, etc.
Debemos recordar como católicos que Dios es el único que tiene poder para obrar, y que los objetos no tienen ningún poder sobre el futuro o sobre los nuevos acontecimientos que ocurran:

24 Así habla el Señor, tu redentor, el que te formó desde el seno materno: Soy yo, el Señor, el que hago todas las cosas; yo solo despliego los cielos, yo extiendo la tierra, ¿y quién está conmigo?
25 Yo hago fracasar los presagios de los charlatanes y hago delirar a los adivinos; hago retroceder a los sabios y cambio su ciencia en locura. Isaías 44,24-25

¿Cuál es la respuesta que debe dar el cristiano?
Entonces como cristianos ¿Cómo debemos actuar? Es sencillo, no recurriendo nunca a este tipo de prácticas, y abandonándonos a la providencia de Dios, que Él nos cuida, nos guía, y nunca nos dejará desamparados. Los que creen en Cristo tienen poder sobre hechiceros y adivinos ( Marcos 16,18 y Lucas 10,12-20). La propia escritura nos enseña que debemos creer en la providencia divina, algo que actualmente suele costar mucho a los católicos:

No confíen en los poderosos, en simples mortales, que no pueden salvar:
4 cuando expiran, vuelven al polvo, y entonces se esfuman sus proyectos.
5 Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob y pone su esperanza en el Señor, su Dios:
Salmo 146.3-5

7 Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes.
8 Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Que los pecadores purifiquen sus manos; que se santifiquen los que tienen el corazón dividido.
Santiago 4,7-8

Confía tu suerte al Señor, y él te sostendrá: nunca permitirá que el justo perezca.
Salmo 55,23

Es entonces la providencia divina la mejor medicina espiritual para combatir estas cábalas y supersticiones paganas que el mundo nos quiere inculcar. Pero sobre todo recordar que además de la providencia divina, nosotros tenemos el libre albedrío y a lo largo de nuestra vida este también influirá en muchas cosas.
Por todo esto es fundamental diferenciar entre Religión y superstición, quienes son personas religiosas no deben practicar las supersticiones, ya el obispo San Agustin nos aclara la diferencia entre Religión y superstición:

Así es que según esta exposición tuya, el verdadero culto de Dios se llama religión, y el falso, superstición. Por consiguiente, escúchate a ti mismo, préstate atención a ti mismo, y no rehusarás en absoluto seguirnos. Pues escribiendo al mismo tribuno, en el principio de tu carta ponías estas palabras: "Al venerable y, si así lo aceptas, muy deseable para nosotros, Dulcicio, tribuno y notario, Gaudencio obispo"; y luego añadías: "Recibí la carta de Tu Religión".
¿Por qué dudas aún venir a nosotros? Ahí tienes al tribuno Dulcicio; siendo hombre de nuestra comunión, según tu testimonio, no sigue una superstición, sino la religión; y en conformidad con ello, mantiene no el falso, sino el verdadero culto de Dios, según tu exposición. Por tanto, más bien él que tú está en la Católica, ya que tú estás tan lejos de equivocarte en el significado de esta palabra, que explicas diciendo que la religión dista tanto de la superstición cuanto dista la verdad del error (San Agustin Replica a Gaudencio XI,12).

Cortesía de nuestra página hermana, Blog Convertidos Católicos-Religion en Libertad

Fuente catolicodefiendetufe

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Una buena observación de G. K Chesterton sobre la reforma protestante


UNA BUENA OBSERVACIÓN DE G.K CHESTERTON SOBRE LA REFORMA PROTESTANTE

Por Richbell Meléndez 

Les comparto un extracto del libro donde Chesterton hace una buena observación referente al evento histórico de la reforma protestante.

"En prácticamente todos los cargos importantes de los que la Reforma acusó a Roma, ésta fue absuelta por un jurado universal.
Naturalmente, es cierto que podemos encontrar fallos considerables en la Iglesia católica, fallos que causaron serias revueltas antes de que se produjera la Reforma. Lo que no podemos encontrar es tan sólo uno de esos fallos que fueran reformados por la mencionada Reforma. Por ejemplo, constituía un abominable abuso que la corrupción existente en los monasterios permitiese que el rico noble fuese elegido abad y se quedase con todos los bienes que deberían entregarse caritativamente a los pobres. Pero todo lo que la Reforma hizo fue permitir que ese mismo rico noble se apoderase de las instalaciones conventuales, las convirtiese en su propio palacio o en porquerizas, según el caso, y arrancase de cuajo la vieja leyenda de la fraternidad con los pobres. Los peores fallos que pudo tener el catolicismo fueron incrementados por el protestantismo. Pero los aciertos se mantuvieron a lo largo de esas etapas de corrupción, y hasta lograron sobrevivir a la Reforma. Y siguen sobreviviendo hoy día en todos los países católicos, no solamente en los aspectos externos de su religión, sino también en las lecciones más profundas de un tipo de psicología práctica. Y hasta tal punto se vieron justificadas estas prácticas a lo largo de los siglos, que todas ellas se han visto copiadas incluso por aquellos que las denigraron. El psicoanálisis es un tipo de confesión sin la salvaguarda de lo confesional; el comunismo es el movimiento franciscano sin la moderación que otorga el equilibrio de la Iglesia; y las sectas americanas, tras haber rugido contra la teatralidad de las ceremonias papistas, hacen «refulgir» sus servicios con actuaciones súper teatrales en las que se pueden ver rayos rosáceos que caen desde las alturas sobre la cabeza de sus ministros. Supongo que si dispusiéramos de esa suerte de rayos luminosos no las haríamos descender precisamente sobre la testa de semejantes individuos.

Veamos ahora al protestantismo en su vertiente negativa. En otras palabras, como una lista nueva y totalmente diferente de cargos contra Roma, y en su exclusiva continuidad porque sigue atacando a Roma. En esencia esto es lo que es; y que es, precisamente, lo que el Daily Express quiere decir cuando afirma que nuestro país y nuestros conciudadanos están tan impregnados de protestantismo como el mar lo está de sal. Dicho de otro modo, la leyenda de que Roma siempre encarna el mal sigue siendo un concepto vivo, si bien todas las formas del monstruo se ven modificadas actualmente en la caricatura. Esto es incluso una exageración, cuando se habla de la Inglaterra de hoy; pero hay una verdad en ello. Solamente la verdad, cuando se expresa de forma certera, puede resultar poco atractiva a los auténticos y honestos protestantes. Porque, después de todo, ¿qué clase de tradición es ésta que cuenta una historia diferente cada día o cada década, y se contenta con todas las historias que se puedan decir contra una persona o contra una institución ¿Qué clase de santa causa es ésa que se hereda de nuestros antepasados, y que sigue manteniendo el odio hacia algo y que tan sólo se apoya en el odio, que se muestra débil y falsa en todo lo demás, incluso en nuestros motivos para odiar? ¿Vamos a crear una nueva serie de historias contra el conjunto de nuestros compañeros cristianos? ¿Es esto el protestantismo? ¿Se le puede comparar acaso con el patriotismo o con la sal de los mares?

De todos modos ésta fue la situación a la que tuve que enfrentarme cuando empecé a pensar en estas cosas siendo el hijo de una antigua familia protestante, y miembro de un hogar protestante. Pero, en realidad, mi familia, que se había vuelto liberal, ya no era protestante. Me eduqué en una especie de universalismo y de unitarianismo, a los pies de aquel hombre admirable que se llamó Stopford Brooke; aquello no era protestantismo, salvo en un sentido muy negativo. E, incluso, en ese sentido él se mostraba flagrantemente contrario al protestantismo. Pongamos un ejemplo: el universalista no creía en el infierno, e insistía en decir que el cielo era un estado feliz de la mente, un «estado de ánimo». Pero tenía el suficiente buen sentido para ver que la mayoría de los humanos no viven ni mueren en un estado de la mente tan feliz como el que les asegura el cielo. Y si ese cielo no es más que un estado de ánimo, no lo es en una forma universal; y son muchas las personas que pasan por la vida en un estado de ánimo endiablado. Si todas esas personas iban a acceder al cielo, tan sólo por medio de la felicidad, estaba claro que había tenido que sucederles algo antes. Por lo cual el universalista creía en una evolución tras la muerte, algo que constituía inmediatamente un castigo e iluminación espiritual. Dicho de otro modo, creía en el purgatorio, aunque no creía en el infierno. Cierto o no, contradecía de modo evidente al protestante, que creía en el infierno aunque no en el purgatorio. El protestantismo, a lo largo de toda su historia, ha mantenido una guerra incesante sobre esta idea del purgatorio o de la evolución tras la muerte. He podido ver en la opinión mantenida por los católicos verdades más profundas en tres conceptos; verdades concernientes a la voluntad, la creación y el amor de Dios por la libertad. Pero incluso en un principio, cuando aún no pensaba en el catolicismo, no podía entender por qué tenía problemas con el protestantismo; cosa de la que siempre se dijo que era justo lo contrario de lo que se esperaba que dijera un liberal.

En pocas palabras, descubrí que no existía ningún motivo para apegarse al credo protestante.”

Fuente: Libro: Por qué soy Católico - G.K Chesterton. p. 150-152

Fuente católicodefiendetufe

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